Yomimé

Nominado, ay

Estoy entre los siete nominados al Premio Europeo de Periodismo (European Press Prize), en la categoría de periodismo de investigación, por el reportaje Así se fabrican guerrilleros muertos, publicado en El País.

No sé cuándo lo fallan. Vistos los otros nominados, me parece casi imposible ganarlo. Si sabéis hacer algo en mi favor con muñecos, alfileres, velas, patas de conejo, estampitas o media docena de huevos para las clarisas de Copenhague, donde se celebrará la entrega del premio, os estaré agradecido.

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Qué año

Por ir adelantando trabajo, comparto con vosotros los mejores momentos de mi año 2015. Ayer por la mañana subí al Adarra, luego comí en casa de mis padres y por la noche vi una película. Me encantaría poner una selección de fotos pero no saqué ninguna. Qué 2015 tan maravilloso, gracias a todos, viva, viva.

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Pues así toda la vida

Ved por favor el vídeo de esta niña, hacia la que siento una inmensa y cálida ola de solidaridad (lo he visto vía @anucita).

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Así pasamos algunos la vida.

Todas las personas que han estado conmigo más de diez minutos saben que en cualquier momento puedo derramarles encima una cerveza o volcarles un plato de ensaladilla rusa; saben que mientras yo atornillo una bisagra ellos tienen tiempo para montar una estación espacial; saben, por mis cortes sangrantes en la nuez, que cada vez que me afeito corro el riesgo de morir degollado; saben que hace meses llevo la cinta del manillar atada con una goma de pelo en su extremo izquierdo (eskerrik asko, Nekane) porque se me soltó y no soy capaz de ponerla bien; saben que conduzco una vespa desde hace siete años y aún no sé cómo hay que hacer cuando no arranca, si tengo que abrir el paso del aire o no, si tengo que acelerar o no, si tengo que lanzar una bengala de socorro o echarme a llorar;  y saben, en fin, que cuando intento bailar confundo los brazos con las piernas.

Pero hay algo que no saben, algo que nunca he contado a nadie: los inventores de las zapatillas con cierre de velcro salvaron mi infancia. Yo fui el último niño de la clase en aprender a atarme los cordones, que era el ejercicio final y obligatorio de las clases de Ritmo, unas clases de psicomotricidad que dábamos descalzos. La profesora, cuyo nombre y aspecto he olvidado convenientemente, me obligaba a seguir intentando anudar el lacito, una vez y otra vez y otra vez, y los cordones siempre se me quedaban sueltos, no había manera de anudar el maldito lazo, y yo me quedaba el último otra semana más en el aula de Ritmo, arrodillado en aquella moqueta que acolchaba mis pesadillas, entre todos esos balones y aros y cintas que siempre se me enredaban y me espantaban, con ganas de llorar y maldecir mi destino, porque otra semana más me quedaba hincado de rodillas mientras se alejaban corriendo todos mis compañeros y toda posibilidad de relaciones sociales.

Y así me iba hundiendo yo hacia la psicopatía, hacia un pozo del que quizá saldría años más tarde solo para comprar un rifle y ropa de camuflaje,  escribir un manifiesto y volver con paso firme a mi escuela. Pero entonces empezaron a vender zapatillas con cierre de velcro, imploré a mi madre para que me las comprara, nunca olvidé calzármelas los días en que teníamos clase de Ritmo y así crecí hasta convertirme en la persona sensata y equilibr[*+*error**#

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Un Premio Joven a mis espaldas

Interrumpo la retransmisión del viaje en vespa por Sicilia y por Cerdeña (sí: yo solo pretendía dar la vuelta a Sicilia,  pero por el camino me he calentado y volveré hasta casa en vespa si todo va bien: ya estoy en Cerdeña). Interrumpo la retransmisión, digo, para contaros dos alegrías.

Una: me han dado el Premio Joven de Comunicación 2011 de la Universidad Complutense, por el conjunto de mis reportajes sobre Pakistán, Groenlandia y Bolivia.

Dos: el reportaje “Los ocho goles de las guaraníes” ha quedado finalista en el premio Colombine de periodismo.

Con el Premio Joven, al que nunca más podré optar porque en 2012 he cumplido 36 tacos y ya me salgo de los requisitos, me despido de la juventud. Fue bonito, chavales. Al menos con este premio confirmo una idea: tengo un gran futuro a mis espaldas.

En cualquier caso, para confirmar mi lozanía vital, dejo esta foto como prueba de que en el momento de conocer el premio ando viajando con una de veinte años.

Con ella he pasado dos semanas recorriendo Sicilia y el archipiélago de las Eolias, 1.559 kilómetros de propopopó. Ayer cruzamos en barco a Cerdeña. Esperamos recorrer juntos esta isla durante varios días, luego tomar otro barco a Barcelona y volver juntos hasta casa, inshallah (hinshalá, hinshalá bien para no quedarte tirado otra vez).

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Mi primer libro electrónico (que viene, que viene)

Voy a publicar mi primer libro electrónico: Groenlandia cruje (y tres historias islandesas). Saldrá en eCícero, una nueva editorial de libros electrónicos de periodismo. Empiezan en marzo, con una crónica sobre Guinea de Jon Lee Anderson. Seguirán en abril, con una colección de entrevistas de José Martí Gómez. En mayo, justo cuando en Kulusuk el mar empieza a crujir, agrietarse y descongelarse, aparecerá mi librito, en cuya cubierta aúlla el perro de Dani Burgui (el perro fotografiado por él). Yo acabo de comprarme un e-book, para ir salseando.

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Alimente a un escritor

Como recordaréis, me escribieron de una casa rural alavesa para contarme que ‘Plomo en los bolsillos‘ era el libro que los clientes más veces les habían robado (tres). Hace unos días mandé tres ejemplares a la dueña de la casa y ayer recibí un paquete con el pago:

El lote: ¡un queso de Idiazábal!; el libro-guía de una caminata alrededor de la Llanada Alavesa; la revista local de Asparrena -en cuya portada sale una pastora que es amiga de un amigo-; un bloc de notas de un museo -la dueña de la casa rural no lo sabe, pero los textos de ese museo los escribí yo-; y unos cuantos bolígrafos y lápices -incluido “ese rojo que puedes llevar encima de la oreja, que puedes afilar con la navaja o con una piedra, y con el que puedes escribir en las paredes, en el suelo, en una piedra o una teja”.

Hace años, un amigo biólogo navarro, al que corregí los textos de un libro sobre el oso pirenaico, me pagó con varios kilos de hongos cocinados y congelados. En un pueblo guipuzcoano minúsculo, con mucho entusiasmo y poco presupuesto, a Josu y a mí nos pagaron una charla con un queso y varias botellas de sidra. Así que ya sabéis, que cunda el trueque: podéis pagarme con un bocata de tortilla y una caña, con otro libro, con unas babuchas kirguisas, con un masaje, con un cenicero hecho de macarrones…

Y si queréis hacer una escapada preciosa, no lo dudéis: el agroturismo Mendiaxpe es una delicia. Está en Araia-Asparrena, al pie de las sierras de Aizkorri y Aratz, y además tiene unos libros fantásticos para robar.

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Entrevista en TV3

El programa “Signes dels temps”, de TV3, me hizo una entrevista en Barcelona la víspera de volar a Bolivia. Me preguntaron sobre los mineritos, las guaraníes futbolistas y los refugiados saharauis. Podéis verlo en este vídeo de ocho minutos, en el que incluyeron fotos de las guaraníes tomadas por Daniel Burgui.

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¡El más robado en Álava!

Me escriben desde un agroturismo alavés para contarme que Plomo en los bolsillos es el libro que los clientes más veces les han robado (tres). Y usted ¿todavía no lo ha robado?

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Premio Gomis de periodismo solidario

Queridos, queridas:

Me han dado el premio Joan Gomis de periodismo solidario, que se concede a periodistas que trabajan “contra las desigualdades, la pobreza y la exclusión social”. Lo otorgan la revista El Ciervo y las asociaciones Cristianisme i Justícia, Justícia y Pau, Fundació por la Pau, la Fundació Cultura de Pau y Foc Nou.

Me han premiado tres reportajes: ‘Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia‘ , ‘Las madres guaraníes saltan a la cancha‘ y ‘Once voces en el desierto‘.

El jurado premia “especialmente el titulado “Mineritos”, por su calidad periodística, por la fuerza de la historia de los niños mineros bolivianos, en quien centra la atención del reportaje huyendo de una visión fácil y en clave paternalista, y por la interesante reflexión final sobre el trabajo infantil; así mismo, han sido premiados los reportajes “Las madres guaraníes saltan a la cancha”, por el tono esperanzado en que retrata el coraje de unas madres decididas a impulsar una pequeña revolución social en el durísimo entorno de la región del Chaco boliviano y finalmente  “Once voces en el desierto”,  por el acierto en la elección de los testimonios de refugiados del campamento de Tinduf (Argelia), haciendo visible el largo y silenciado conflicto saharaui, así como el mantenido soporte de la sociedad civil española”.

También han premiado la trayectoria profesional del fotoperiodista Kim Manresa: muchas felicidades.

Doy las gracias de manera muy especial a los editores que decidieron publicar estas historias: Javier Marrodán (Nuestro Tiempo), June Fernández (Pikara), Iñaki Mendizabal y Unai Larrea (Deia), Alfonso Armada (FronteraD), Eider Goenaga (Berria), Stefano Femminis (Popoli, Italia), Francisco Campillo (Shukran) y Álex Ayala (Pie Izquierdo, Bolivia).

También a los amigos que me acompañaron en algunos de esos viajes: Daniel Burgui, Elena Antúnez, Laura Herrero y Josema Cestero.

Y tengo un recuerdo muy intenso para las personas que conocí en Bolivia y en Argelia, que me dieron una ayuda y una confianza crucial para escribir estos trabajos, y a quienes espero ver y escuchar pronto otra vez.

¡Alegría!

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Arrancar

Hace poco celebré conmigo mismo y con una sesión nostálgica de fotos el quinto aniversario de Vespaña, la vuelta a España en vespa. Tuve recuerdos especiales para Francis y Josema, que me acompañaron al final y al principio del viaje, y para sus peculiares habilidades sobre la moto: dormirse en marcha y disfrutar de una caída.

Después releí viejos textos del blog Vespaña, como supongo que releería Thor Heyerdahl el cuaderno de bitácora de la Kon-tiki, muchos años después, en algún jardín de Oslo, levantando la cabeza de vez en cuando para mirar al horizonte.

 

Un año después, en 2007, empecé el primer blog A topa tolondro, precisamente con una entrada sobre el arrebato que nos acababa de dar a Josema y a mí para salir con la vespa, para una semana de viaje cercano y lento. Si hay algo que me gustaría mantener en la vida, es esa sencillez y esa facilidad de arrancar. O sea:

 

“La vespa llevaba siete meses guardada en el garaje de mis padres, quieta parada, acumulando polvo y convirtiéndose en metáfora. Anoche, mientras hablaba por teléfono con Josema, saltó una de esas ideas-calambrazo (“oye, espera, y si…”) y esta misma mañana he ido a casa de mis padres a comprobar si la moto arrancaba después de tanto tiempo.

 

A la primera. He pisado el pedal de arranque y ha atronado el motor (¡rugido de brontosaurio!). Otro triunfo de la sencillez. El arranque de la vespa es tan simple –no tiene ni batería- que basta con la pura fuerza mecánica: pisa fuerte la palanca y ya está. Dentro de cien años, cuando se termine de descongelar Siberia, los arqueólogos desenterrarán una vespa y serán capaces de ponerla en marcha como si fuera la primera vez.

La sencillez es la clave. La sencillez permite que las vespas y los viajes arranquen a la primera. En cuanto surge la idea-calambrazo, basta con hinchar las ruedas, renovar el seguro, cargar la tienda de campaña… y marcha. No hace falta nada más. Y desde que se toma la decisión repentina -sin ninguna elaboración, sin ningún razonamiento, sin ninguna duda- hasta el instante de arrancar la moto, se viven unas horas de excitación tremenda. Son las horas PetaZeta. Y ese momento de arrancar la moto justo debajo de casa, meter primera y salir a la calle -propropopopo…- es quizá el mejor momento de todo el viaje. Creo que salir de viaje me gusta todavía más que viajar.

Y supongo que esa euforia viene por un pequeño chute de libertad en vena. Cuando teníamos 17 años y salimos por primera vez (aquel día pedaleamos desde las siete de la mañana hasta las siete de la noche), nos dijeron que esos arranques viajeros eran cosas de la edad y que debíamos aprovecharlos bien porque más adelante no podríamos seguir así. En estos últimos años, cuando surge una de esas ideas-calambrazo en una llamada, unas horas más tarde suele venir una segunda llamada telefónica, de asimilación, en la que Josema dice una frase como ésta: “Lo mejor es que con 31 años tenemos las mismas ganas de salir con la vespa que con 17 años con la bici”. En esa segunda llamada de anoche también añadió que ve a su padre, de 65 años y trepador de tresmiles y cuatromiles, con esa misma ilusión. Parece, por tanto, que no es cuestión de edad.

Nuestras vidas son ahora bastante más complicadas que hace 14 años. Pero una vez cada tantos meses, cuando nos da el momento filosófico, repetimos la misma canción: es importante seguir con el empeño, es importante mantener una vida lo más ligera y sencilla posible. De ahí viene la euforia cada vez que arrancamos con un viaje repentino: en el fondo celebramos que seguimos siendo capaces de plegar bártulos en cinco minutos”.

*

En una carpeta remota encontré dos folios escritos a tres columnas: largas listas con nombres de pueblos y kilometrajes. Sin Google Maps, entonces abríamos el mapa y sumábamos los kilómetros entre un punto y el siguiente y el siguiente, y lo íbamos apuntando en un folio. Era más lento pero aprendíamos geografía. En casa tengo varias listas así, como testimonios de amagos de viajes fantásticos, nunca cumplidos pero muy fantaseados. Uno de ellos es este extracto del Códex Vespino, en el que tracé un borrador de recorrido para darle la vuelta a España en vespa, que no tuvo nada que ver con lo que hice después:

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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