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Otro fútbol, por favor

El fútbol de élite me da cada vez más náuseas. Con excepciones, me parece una sopa en la que bullen los peores comportamientos sociales, los valores más cutres, el chanchullismo bien visto, los pufos y las hiperdeudas pagadas con dinero público y sin que chirríe demasiado. Me parece escandaloso, por ejemplo, que se recorten ayudas sociales y que mi equipo, la Real Sociedad, reciba una subvención foral de 1,2 millones de euros encubierta como “promoción del euskera” porque en la camiseta lleva el lema “Euskararekin bat”, y que ese pastón se saque de los presupuestos de Cultura.

Tendrán el morro de rescatar el fútbol, escribe Javier Cuchí.

Aunque ya bastante atenuada, sigo sintiendo esa irracional y curiosa atracción por mi equipo de toda la vida, un ramalazo que tiene su punto, que me gusta, pero fantaseo con una Real a la que admiraría sin complejos: una Real que renunciara a los privilegios, a las ayudas públicas injustas, que aceptara bajarse del tren loco del fútbol de élite, y que jugara siempre en Segunda si hiciera falta, pero sin burbujas hinchadas con dinero público, sólo con los recursos que el propio club fuera capaz de conseguir con su propia actividad. Me encantaría un equipo así de humilde y honesto, que alguna vez bajara a Segunda B y otra vez diera la campanada de subir a Primera; eso me gustaría mucho más que ver todos los años al Barça y al Real Madrid en Anoeta pero a cambio de participar en el lodazal millonario. Sé que eso no va a pasar nunca y yo seguiré apechugando con mis contradicciones, cuando oiga en la radio un gol de la Real y pegue un bote de alegría.

Mientras tanto, sigo creyendo que el fútbol puede ser una actividad fantástica, muy potente y muy beneficiosa. El fútbol crea historias emocionantes y esperanzadoras. Como muestra, os dejo:

-El otro fútbol (un reportaje mío sobre el fútbol en Groenlandia, el Sáhara y Bolivia).

-Las madres guaraníes saltan a la cancha (sobre las mujeres bolivianas que impulsaron una revolución social a balonazos, esas mujeres que el próximo jueves aterrizarán en San Sebastián para participar en la Donosti Cup, de las que os iré hablando).

-Y L’equip petit, esta joya de nueve minutos sobre un equipo de niños y niñas que nunca ha conseguido marcar un gol, aunque una vez estuvieron a punto:

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Nací en Donostia-San Sebastián en 1976.
Soy periodista satélite.
Kazetari alderraia naiz
(Más sobre mí)







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