Anderiza

El mejor trabajo del mundo

Este es el trabajo que más envidio: el de la persona que decide exactamente cuáles son los tramos de las carreteras -incluidas las más minúsculas y remotas- que merecen ir subrayados en verde en los mapas Michelin porque son los más bonitos.

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Cinco reportajes en la radio

El pasado 30 de julio empecé mis colaboraciones veraniegas en Onda Cero, en el programa ‘Un alto en el camino’, dirigido por Susana Pedreira. Serán cinco reportajes durante cinco domingos, siempre a las 8.30 de la mañana, minutillo arriba, minutillo abajo.

Aquí se puede oír -incluso escuchar- el primero de los cinco: Luis Ortiz Alfau, superviviente del campo de concentración de Gurs.

El domingo 6 de agosto hablaremos del campesino que ordeñó las nubes en la isla de El Hierro.

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Presentamos ‘Potosí’ en San Sebastián, Tolosa y resto del mundo

Empezamos con las presentaciones del libro Potosí.

24 de enero, a las 19.30: SAN SEBASTIÁN. En la cripta de la Biblioteca Central, calle San Jerónimo, Parte Vieja. Presentará don Daniel Burgui.

25 de enero, a las 20.00: TOLOSA.  Bidaiarien Txokoan. Josu Iztuetak aurkeztuko du.

21 de febrero: MADRID. En la librería Traficantes de sueños. C/ Duque de Alba, 13.

2 de marzo: BARCELONA. En la librería Altaïr. Gran Vía, 616. Presentará Martín Caparrós.

También lo presentaremos en Pamplona y Bilbao, pero todavía no hemos concretado la fecha. Avisaremos.

‘Potosí’ llega pronto a las librerías y ya está a la venta en la web de Libros del K.O.

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Copio de la contraportada:

“El Cerro Rico de Potosí, emperador de todos los montes, pirámide de todos los minerales, palacio de todos los tesoros, es hoy un vertedero de escombros que amenaza con derrumbarse sobre los diez mil mineros que entran todos los días.

Potosí fue el escenario de los conquistadores españoles que acumularon la plata, de los barones mineros que instauraron el primer capitalismo boliviano, de la revolución de 1952, las masacres militares y la última guerrilla del Che. Del subsuelo salieron los obreros que tumbaron dictaduras; ahora salen niños que se manifiestan y consiguen leyes para trabajar a partir de los diez años.

En ‘Potosí’ están los mecanismos de la riqueza extraordinaria y de la pobreza tan ordinaria. En ‘Potosí’ está la violencia. Al final de la cadena hay una niña de doce años que entra a trabajar en la mina. Esa niña se llama Alicia y ‘Potosí’ cuenta su historia”.

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Encontré el tesoro zapoteco

El 30 de noviembre, San Andrés, mi abuela Maritxu me hacía siempre uno de mis regalos favoritos: “Vete a la librería Zubieta, elige el libro que quieras y que nos lo apunten en nuestra cuenta”.

Se lo conté ayer a doña Rebeca Llaguno. Es una maestra jubilada que vive en Yatzachi, un pueblo remoto, pequeño y menguante de la Sierra Juárez (Oaxaca, México). Como era víspera de San Andrés y yo ya no tengo abuelas, doña Rebeca entró en su habitación y salió con un regalo para mí: un librito amarillento de 1985. Es el alfabeto zapoteco que ella elaboró, con otros cuatro maestros y lingüistas, y que sirvió para empezar una escritura común de la lengua zapoteca: una joya.

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Doña Rebeca fue maestra en muchas comunidades indígenas de las sierras de Oaxaca. Ahora sus hijos le preguntan a veces si no quiere irse con ellos a la ciudad, pero ella no quiere moverse de su casa de adobe. En Yatzachi apenas quedan unas 180 personas. Muchos emigraron a California, otros a la ciudad de Oaxaca, se marcharon los jóvenes, se instalaron lejos y ahora solo vuelven para llevarse a los viejos.

-Cuando veo a alguno caminando por el pueblo, me alegro: ¡todavía queda gente!

-¿Y qué hace usted durante el día?

-Tengo dos pollos, arranco hierbas, visito a algunos vecinos que ya no pueden caminar, les hago la compra.

Cada vez hay menos gente: los pumas, las panteras y los jaguares bajan de vez en cuando a las calles de Yatzachi, de noche, cuando no hay humanos a la vista. Algún vecino tiene diez o quince borregos: el puma se come un par de borregos pero los mata a todos.

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Cuando era niña, los maestros castigaban a los alumnos si hablaban zapoteco: les cobraban una multa de cincuenta centavos -el jornal de sus padres-. “Si veíamos a un maestro por la calle, nos escapábamos. Para que no nos oyera hablar en zapoteco. Para que no nos preguntara en español, porque teníamos que responderle en español. Entonces, cuando venían y nos hablaban en español, los niños teníamos miedo y nos quedábamos mudos. Así nos fuimos quedando mudos.  Hoy ya nadie habla el zapoteco”.

Su hijo Salvador Galindo trabaja en proyectos para revitalizar las dieciséis lenguas indígenas que se hablan en el Estado de Oaxaca. Ya contaré esa historia.

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La guía de Donostia-San Sebastián, en inglés y francés

Dear visitors, mesdames et messieurs les touristes, hemos publicado la versión inglesa y la versión francesa de la guía para conocer Donostia-San Sebastián caminando, pedaleando, leyendo, zampando… Las saca la editorial Sua.

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Los recorridos de la guía pretenden dos cosas. Al caminar por los paisajes y escenarios más clásicos, pretenden ir más allá de la mera contemplación, pretenden explicar cuál es su historia, cuáles fueron las apuestas de la ciudad y por qué son así esos paisajes de postal (no: el paseo de La Concha no ha existido siempre, en su lugar estuvieron a punto de convertir el perímetro de la bahía en un gran puerto mercante con muelles, almacenes y vías de tren). Y al recorrer los barrios, los parques, los montes y las riberas, también pretenden descubrir algunas pequeñas sorpresas, como algunas atalayas balleneras o restos de fuertes y batallas carlistas.

La guía incluye recorridos a pie y una vuelta en bici, caminatas por los montes y las costas, varias excursiones en coche por los alrededores, diez hayques, rutas de pintxos, fiestas, eventos culturales, planes deportivos  y una extensa guía de alojamientos, bares, restaurantes, tiendas y servicios turísticos.

Copio el final de la introducción: “De los diez recorridos a pie que propone esta guía, el más interesante será quizá un undécimo: un vagabundeo sin rumbo, guiado por la intuición y abierto al asombro. Caminar por la ciudad como por un bosque. Pero perderse en la ciudad es una destreza que requiere mucho aprendizaje. Empezamos: adelantamos un pie, luego el otro y paseamos por paisajes de postal, rincones con miga y relatos con sorpresa”.

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Gurs

Hoy es el aniversario de la liberación del campo nazi de Mauthausen. Hay un eslabón de esa cadena de exterminio a 130 km de Donostia: el campo de Gurs. Entre 1939 y 1945, allí encerraron en barracones inmundos a más de 60.000 personas -republicanos, gudaris, judíos, comunistas, putas, extranjeros en general-. Más de mil personas murieron allí de hambre, frío y enfermedades; miles de judíos fueron enviados en trenes desde Gurs hasta los campos de exterminio (3.907 a Auschwitz; otros muchos, a campos en los que se perdió su pista). El bosque de Gurs no es natural: lo plantaron después de la guerra para tapar cuanto antes el campo de concentración. La barraca es una reconstrucción reciente.

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Sorpasso

Kilómetro 1.880 del viaje y ya vamos cogiendo la forma: empezamos a adelantar a otros ciclistas.

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Un amigo

Hicimos juntos el primer viaje de nuestras vidas -aquella primera vez en que salimos de casa pedaleando sin saber dónde íbamos a dormir: teníamos 17-; y hace dos semanas salimos otra vez pedaleando desde casa sin saber dónde íbamos a dormir -tenemos 40 y casi 40-.

En medio, tantos viajes. Y siempre las mismas conversaciones. Me animo a decir que una de las gracias de la vida consiste en encontrar a alguien con quien pedalear y con quien hablar. Siempre el mismo pedaleo, siempre la misma charla: tanto, que a las conversaciones les hemos puesto números y así ya no tenemos que repetirlas enteras. Dice él: “La siete”, y nos reímos. Digo yo: “La cuatro”, y nos enfadamos.

En el quinto día de este viaje, reventé la cubierta trasera en Montréjeau.

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Él cogió mi rueda y se fue pedaleando diez kilómetros hasta el siguiente pueblo en el que había un taller de bicis: Saint Gaudens. Yo cogí las mochilas y mi bici coja, me fui a la estación, esperé una hora y media y me subí al tren.

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Cuando llegué a Saint Gaudens, él lo había arreglado ya todo y yo tenía rueda trasera otra vez.

Esta mañana, tras 1.070 kilómetros de pedaleo conjunto, nos hemos despedido con un abrazo en Ventimiglia. Ha cumplido otra vez su palabra: ha venido conmigo hasta el primer pueblo de Italia, ha cenado conmigo una pizza y esta mañana se ha vuelto. Ha girado hacia el oeste, yo he girado hacia el este. A los cincuenta metros, le he silbado, se ha girado, nos hemos saludado con los brazos en alto y hemos seguido pedaleando.

Me quedan cuatro o cinco días para llegar hasta el pueblo de S. También me gusta ir solo, voy a disfrutar estos días. Pero he escrito esta entrada, tumbado en la habitación de un hostal de Villanova di Albenga, porque he dicho “la nueve” y nadie me ha respondido.

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PD: En esta foto -durante este viaje- yo llevo el mismo maillot que a los 17. No importa nada, pero me da risa.

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El octavo Plomo, con la Pulga de Torrelavega

Sacamos la octava edición de Plomo en los bolsillos, con un capítulo añadido: ‘Aquel Tour que le robaron a la Pulga de Torrelavega’. Para los lectores de las ediciones previas y para cualquiera que tenga interés, hemos colgado aquí ese texto nuevo:

La Pulga de Torrelavega – Plomo en los bolsillos by Libros del K.O.

Cuando salió la quinta edición, también colgamos el capítulo dedicado a Armstrong, reescrito tras su confesión. Aquí está:

Lance Armstrong y la nieve negra.

Foto: Vicente Trueba corona el Galibier en 1933. La imagen es del desaparecido ‘Le Miroir des Sports’.

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Leer el mundo con los pies

Las trampas de la escritura viajera, el humor, el pudor, la falsa aventura, la poca diferencia entre los muertos y los vivos -gente que recorre el mismo monte, solo que en días distintos-, y ese asunto tan peliagudo de Tommaso Masini, el hombre que saltó de un precipicio con la máquina voladora de Da Vinci.

Estas cosicas y algunas otras, en “Leer el mundo con los pies”: una lectura que ha hecho Mario Trigo del libro ‘Cansasuelos’, para la revista Altaïr, y que me ha gustado mucho.

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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