Ciclismo

Ha muerto Walkowiak

Ha muerto a los 89 años Roger Walkowiak, el ciclista que se arrepintió de ganar el Tour.

Hace poco amplié y reescribí el capítulo que le dedico en  Plomo en los bolsillos, para que salga en la inminente 9ª edición del libro.

Hemos colgado aquí el capítulo reescrito, que comienza así:

Roger Walkowiak es un señor de 63 años que acaba de jubilarse como tornero en un taller mecánico industrial, y se pone muy nervioso cuando un periodista le pregunta por cierto asunto que él preferiría olvidar: su victoria en elTour de Francia de 1956. 

—Nunca hablo de eso, ni siquiera con mi mujer.

Walko

Walkowiak se mira al espejo con el maillot amarillo que acaba de conseguir tras una escapada. Nadie imaginaba que lo llevaría puesto al terminar el Tour, ni siquiera él mismo.

0

Lo que Horrillo deja fuera de los libros

Ayer presentamos en la librería Garoa el primer volumen de ‘El Afilador’, recopilatorio anual de “artículos y crónicas ciclistas de gran fondo”, editado por Libros de Ruta. Yo ayudo a engordar el libro con un par de textos sobre el ciclismo italiano, sobre lo chalados que están allá con las bicis y cuánto nos gusta que sea así.

Los artistas de Subiendo Puertos montaron este pequeño vídeo con algunos momentos de la presentación:

Imagen de previsualización de YouTube

Quedan fuera del vídeo las tremendas batallitas que contó Horrillo: desde el debate de cuarenta minutos en el autobús del Mapei para decidir si Bettini atacaba justo antes o justo después de una curva determinada de la subida al Poggio, en una Milán-Sanremo que acabó ganando, y los obsesivos detalles con los que se justificó la decisión final; hasta el viaje que hizo él, Horrillo, al puerto donde se cayó 80 metros por un barranco en el Giro de Italia de 2009, y cómo bajó con un arnés y una cuerda hasta el fondo de aquel precipicio en el que le dieron por muerto. Horrillo volvió -de la caída-, volvió -de su viaje posterior para intentar recuperar la memoria en aquel barranco-, y creo que seguirá volviendo muchas veces a muchas historias magníficas. Que no se nos escapen.

0

El Afilador

¡Ya llega a su barrio ‘El Afilador’! Mañana, miércoles 26 de octubre, presentamos en San Sebastián el primer volumen de esta colección anual de relatos ciclistas. Lo edita Libros de Ruta  y estaremos tres de los seis autores: Pedro Horrillo, Jesús Gómez Peña y yo, que ayudo a engordar un poco el libro con dos textos sobre el ciclismo italiano, sobre lo chalados que están allá con las bicis y cuánto nos gusta que sea así.

CvjHbNdXEAAY7Kp

0

Los cuentos de Lance Armstrong

“El ataque más memorable de Lance Armstrong fue el más absurdo: a falta de dos jornadas para terminar el Tour de Francia de 2004, con el maillot amarillo ya asegurado, se fugó del pelotón para perseguir a un ciclista que estaba clasificado en el puesto 117, con un retraso de 2 h y 42 min. Era Filippo Simeoni. Y Armstrong solo quería arruinarle la vida”.

He escrito en la revista Cinemanía sobre ‘The Program’, la película que habla de las trampas de Lance Armstrong.

Imagen de previsualización de YouTube

0

El ciclista que hablaba con las moscas

Primero se preocupó un poco: pedaleaba en solitario por el desierto de Túnez, no sabía muy bien hacia dónde tirar y siguió una pista. Luego se agobió: la pista se colaba entre unas montañas áridas y se fue desvaneciendo, hasta que desapareció. Luego se asustó: se le echó la noche encima, acampó bajo las estrellas, siguió perdido por las montañas un día más, se le terminó la bebida, se le terminó la comida, se le echó encima una segunda noche, siguió arrastrando la bici un día más, se le echó encima una tercera noche de sed pedregosa. Al tercer día se emocionó: consiguió situarse por fin en el mapa, salió a un oasis y encontró a un hombre que le ofreció un té. El hombre le indicó el camino para llegar hasta una aldea. Allí Sergio Fernández Tolosa se hartó de beber, comer y dormir. La experiencia había sido terrible, así que decidió repetirla.

Y se puso a cruzar los mayores desiertos del mundo en bicicleta, siempre solo.

Sigue aquí: ‘El ciclista que disputaba la sombra a los camellos‘, en la revista Yorokobu.

portada1-1

1

La taza de Vicente Trueba

Esta mañana me ha llegado un paquete postal, lo he abierto y me he encontrado con una taza y un platillo de porcelana.

“Esta es la taza en la tomaba café Vicente. Quiero que tengas un recuerdo de él”.

Vicente: Vicente Trueba, la Pulga de Torrelavega, primer rey de la montaña de la historia del Tour de Francia, en 1933. Reglamento en mano, Trueba también debió ser el ganador final en París, pero en la clasificación aparece sexto.

En la octava edición de ‘Plomo en los bolsillos’ incluimos el capítulo ‘Aquel Tour que le robaron a la Pulga de Torrelavega’ (se puede leer aquí), y envié un ejemplar del libro a Rosi Gómez, sobrina de Trueba (gracias a Libros del K.O.).

Ahora Rosi me manda la taza, el platillo, tres sobres de azúcar con el retrato y la biografía de Vicente Trueba (de la colección de sobres “Ilustres de Cantabria”), una caja de bombones belgas y un montón de recortes de prensa y de fotos de hace cincuenta, sesenta, ochenta años -en la imagen solo he puesto algunos-.

Josefina Bedia, viuda de la Pulga, vino con Rosi a la presentación de ‘Plomo’ en la librería Gil de Santander hace tres años. Entonces ella tenía 98. Murió hace unos meses, con 100. Además de recordarnos que a su marido le habían robado el Tour, nos explicó que en aquella época ni sabían lo que era el dopaje, que no habían visto ni una aspirina en su vida. Y que el secreto dietético de Trueba era otro:

-La leche de sus vacas. Las ordeñaba él mismo, eso era lo mejor que había. 

Vicente Trueba comprim

0

Aquel Tour que le robaron a ‘la Pulga de Torrelavega’

“Los ciclistas terminaron de cenar y se fueron levantando de las mesas. Quedó uno solo: Vicente Trueba, que rebañaba los restos del plato. Cuando pasó la camarera, le pidió el postre: jamón, huevos fritos y otro filete. Y más pan, por favor.

José Bobillo, un federativo cántabro, asistió a la escena y pensó que Trueba se iba a gastar todo su dinero antes de terminar el Tour de Francia, si seguía comiendo tanto. El ciclista de Torrelavega se había ganado ya un cierto prestigio en el Tour de 1930, y consiguió que en 1932 la organización le pagara al menos una dieta para sus gastos de alojamiento, comida y reparaciones: 50 francos diarios. Trueba le mostró al periodista Ramón Torres una factura de 80 francos por la reparación de una rueda torcida, y le explicó que se apañaba con otros dos ciclistas modestos franceses para contratar a un masajista entre los tres.

Trueba corría sin equipo. Y escalaba para comer: gracias a los dos mil francos de premio por coronar primero el col d’Aubisque, podía repetir huevos fritos, jamón y filete. Y más pan, más pan”.

Sigue en la revista Jot Down Smart, que se vende hoy con El País.

La Pulga de Torrelavega

3

Las cuatro vueltas de don Gerardo

El amigo Gerardo Fuster me felicita las Navidades y me cuenta que en septiembre completó 160.300 kilómetros con esta bici que le regaló Fausto Coppi en 1957: el equivalente a cuatro vueltas al mundo por el ecuador.

No se me ocurre un rey mago mejor, para felicitaros las Navidades a todos.

Gerardo Fuster

Aquí está Gerardo, cuando era un periodista pipiolo, con Fausto Coppi.

Coppi Fuster

1

El ciclismo, un invento de periodistas

En el Tour de Francia de 1903, el primero de la historia, pedaleaban 60 corredores y un periodista: Géo Lefèvre rodaba en el pelotón durante algunos kilómetros, paraba en una estación, se subía al tren para adelantarse, se unía de nuevo a los corredores de cabeza y recogía sus testimonios en marcha.

El texto sigue en Papel (la revista dominical del diario El Mundo).

0

A su enemigo le esperaba una mujer

Vicente Trueba, la Pulga de Torrelavega, corona primero casi todas las montañas de los Alpes. Pero desde las cumbres hasta la meta quedan muchos kilómetros, los perseguidores se organizan y lo atrapan siempre. Un día se cae en la bajada, otro día pincha, otro se encuentra con un viento en contra terrible. Nunca consigue ganar una etapa. El día en que dos ciclistas lo atrapan casi al final y queda tercero en el sprint entre los tres, Trueba rompe a llorar.

El 12 de julio de 1933, el diario ABC publica estas líneas:

“Nadie podrá arrebatarle ya una doble satisfacción: la de que su imagen fulgure en la actualidad cinematográfica y la de haber perdido, en provecho de Archambaud, y a causa de la rotura de un freno, el primer puesto de la etapa Niza-Cannes. Porque en Cannes aguardaba a Archambaud una mujer: su madre”.

En la foto, Archambaud en la meta de Cannes.

Archambaud

(Photo by Keystone-France/Gamma-Keystone via Getty Images)

8

Escribe tu correo:

Delivered by FeedBurner



Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
(Más sobre mí)