Me mudo

20 dic

Quiero dar las gracias a Gente Digital por acogerme estos años, una invitación que me revitalizó un montón como bloguera. Agradezco además la libertad que me han dado. Por más macarras que hayan sido mis posts, nunca me han pegado un toque. Eso debería ser lo normal, pero no lo es, así que lo agradezco.

Mudo ‘Mari Kazetari’ al periódico Diagonal como forma de apoyar ese proyecto de periodismo crítico, que sigo desde el primer día. Lo siento como mi hogar, como un espacio lleno de amigas y amigos, en el que también podré llegar a gente con mis mismas inquietudes. A no ser que Gente decida lo contrario (o yo cambie de idea más adelante), este blog seguirá abierto para quien quiera (y yo misma) relea o descubra lo que he venido contando estos años, sobre feminismo, antirracismo, deseos, identidades, Cuba, Nicaragua y más historias.

Seguimos enredad@s.

Si no puedo perrear, no es mi revolución

24 jul

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Bailando en casa de Kevin, atención a su lengua

El pasado año, después de un mes en Cuba, me decían que lo único que me falta para ser cubana es sacar la lengua al bailar. Es algo superior a mis fuerzas. Ni bailando sola en mi casa logro hacerlo. Probad en casa a ver cómo os sentís. Esa incapacidad de hacer un inofensivo gesto de desinhibición sexual y descaro refleja la rigidez y represión en la que crecemos por estos lares, creo yo.

En mi perfil de Twitter pone: “Si no puedo perrear, no es mi revolución”. Mi afición por el reguetón es de sobra conocida en mi entorno. En realidad disfruto más escuchando y bailando otras músicas, pero la imagen de feminista que perrea rompe los esquemas, y eso me mola, así que la exploto. Para la gente con resistencias antifeministas, cuestiona el estereotipo de que las feministas vivimos amargadas, de que somos unas ‘malfolladas’ que no sabemos disfrutar de la vida y nos lo tomamos todo a la tremenda. Para muchas feministas, que una de las suyas disfrute restregando voluntariamente su culo contra el paquete del maromo de turno, puede generar un cortocircuito interesante.

¿Por qué me gusta el reguetón? Como dice Calle 13, porque se me mete por el intestino, por debajo de la falda como un submarino, y me saca lo de indio taíno: (más…)

‘Yo quería sexo, pero no así’. Por qué me emociona ganar un premio con ese reportaje

4 abr

Me han dado el II Premio de Periodismo Colombine. Un reconocimiento así es en todo caso un subidón, pero el texto premiado no es un reportaje más para mí.

“Yo quería sexo, pero no así”

Lo que iba a ser un encuentro deseado, se convierte en una agresión sexual. Esa situación es más frecuente que el estereotipo de violación por parte de un desconocido en la calle, pero para las mujeres es más difícil de identificar como un delito contra su libertad sexual. La culpa, la vergüenza de exponer su sexualidad y el miedo a que no las crean hace que pocas denuncien e incluso lo cuenten.

Como ya he dicho alguna vez, por diferentes motivos personales, si hay un tema de la agenda feminista que me remueve, es el de la libertad sexual. En nuestra sociedad (lo dejo así por no entrar en el berenjenal de las comparaciones) las mujeres no sólo seguimos estando expuestas al riesgo de que nos violen por la calle, sino que vivimos una pila de situaciones que lastran nuestra sexualidad.

Si eres de esas personas que piensan que soy una paranoica, una histérica o una feminazi por hacer esa afirmación, pregunta a la mujer que tengas más a mano (si eres mujer, pregúntatelo a ti misma también) a ver si le ha pasado alguna o varias de las siguientes cosas. Las cuatro primeras son aplicables a cualquier mujer, las siguientes a mujeres que hayan tenido relaciones sexuales y de pareja con hombres:

- Un desconocido le tocó el culo, las tetas o el coño por la calle, en un bar o en el metro

- Un desconocido le enseñó la polla e incluso se masturbó delante de ella

- Un pariente o alguien cercano a la familia la tocó o se le insinuó de forma lasciva siendo menor de edad

- Un jefe, compañero de trabajo o de piso la acosó sexualmente

- Un tío la llamó calientapollas por no querer tener sexo después de haber estado tonteando

- Un amante la presionó para realizar prácticas sexuales que le desagradaban o no le apetecían, o la tachó de estrecha por no acceder a ellas, o incluso se las impuso (por ejemplo, eyacular en su boca o en su cara sabiendo que a ella le desagrada)

- Un novio la juzgó por sus experiencias sexuales pasadas

- Ha follado cientos de veces sin ganas, por miedo a que el novio de turno la dejase por otra más dispuesta al sexo, a veces incluso cuando implicaba que la penetración le doliera por falta de lubricación

- Descarta el sexo anal porque alguna vez que accedió a practicarlo, el compañero de cama la penetró bruscamente ignorando su dolor

- Ha vivido cientos de polvos sin orgasmos porque el compañero o amante ignoraba su clítoris y ella no se atrevía a pedirle que lo acariase ni a tocarse ella misma, por miedo a ser juzgada

- Ha tomado la píldora del día después, ha abortado o ha tenido un bebé no deseado como consecuencia de polvos en los que él no quiso ponerse el condón (ya sea que se negó o que la convenció con el típico “venga, sólo un rato, luego me lo pongo”). Es más, su pareja eyaculó dentro de ella de forma premeditada (sí, varias chicas me han contado que les ha pasado esto en relaciones en crisis, ya tuviera el tipo como objetivo dejarla embarazada para estar siempre vinculado a ella, ‘joderla’, someterla…)

Que a la mayoría de las mujeres nos hayan ocurrido varias de las situaciones anteriores desde muy jóvenes  es el contexto que explica lo que cuento en el reportaje: que más allá de las violaciones en la calle por parte de desconocidos (que tanto nos enseñan a temer), las experiencias de sexo no consentido, la incapacidad para defender nuestro placer e identificar abusos, y la determinación de muchos hombres (no todos, pero si a todas nos han pasado estas cosas, no son pocos) a no aceptar los límites que marcamos, están a la orden del día. Así empieza el reportaje:

La ‘primera vez’ de Blanca fue una violación, pero le costó años reconocerla como tal. Tenía 17 años y ligó con un compañero de clase en una fiesta de fin de curso. El chico le gustaba, y se sentía preparada para tener sexo con él. Pero en un momento dado su actitud le desagradó, y le pidió que parara. Él, lejos de atender sus ‘no’, la empotró contra la pared, le tapó la boca y la forzó. Ella respiró hondo e intentó relajarse para no sufrir lesiones. Se lo contó a sus amigas sin darle mayor importancia: que había tomado dos cervezas y se dejó hacer. Después de nueve años y dos relaciones de pareja marcadas por las humillaciones y los abusos, fortalecida por la terapia y el contacto con el feminismo, Blanca se reconoció como una mujer violada y lloró por primera vez.

Lo que no cuento es que Blanca es una de mis mejores amigas. Yo soy una de las amigas a las que contó que había follado por primera vez, y yo soy una de las amigas con las que verbalizó diez años después que había afrontado la dolorosa certeza de que lo que vivió fue una violación. Y también soy una de las amigas a las que le pesa no haber sabido apoyarla más cuando se embarcó en relaciones abusivas, aunque la otra cara de la moneda es que creo que sí influí en que se acercase al feminismo, que le ha ayudado a entender lo que le pasó como parte de un entramado de violencias que todas las mujeres vivimos por el hecho de ser mujeres en una sociedad patriarcal en la que estas violencias son sistemáticamente obviadas, ninguneadas, relativizadas o incluso justificadas.

En el reportaje, la psicóloga Norma Vázquez, responsable de una investigación sobre agresiones sexuales en la que entrevistó a unas 70 chicas, afirma que la actitud masculina tan extendida y normalizada de insistir y presionar para tener sexo, hace que las mujeres acepten esa conducta “como algo consustancial a salir de fiesta”. Que las mujeres se suelen sentir culpables o al menos responsables de lo que los ocurrió, y que no denuncian entre otras cosas por el miedo a exponer su sexualidad ante desconocidos, en una sociedad que sigue juzgando a las mujeres que salen de fiesta con ganas de sexo.

El jurado ha destacado lo siguiente: “Es significativa la frescura periodística del trabajo galardonado con un tema que no es común que sea tratado por los llamados medios generalistas. Era uno de los pocos trabajos que tocaba un tema totalmente tabú en nuestra sociedad, del que la mujer no se atreve a hablar, por dolor o por vergüenza”.

Cuando alguien rompe el silencio, muchas otras se animan a terminar con el suyo. Entre los comentarios que ha recibido hoy el reportaje en Pikara, una chica contaba la violencia sexual (disfrazada de sadomasoquismo consentido) que sufrió con su pareja, que la violó tiempo después de haber terminado la relación. Me parece muy importante facilitar espacios para que las mujeres dejen de llevar estas historias en secreto. No sé si los medios digitales son el mejor espacio, porque siempre hay mucho trol cabrón y mucho machista a secas que las cuestionan, pero bueno, quiero pensar que es terapéutico escribir sobre ello.

En Pikara también se ha dado un debate de lo más interesante sobre cómo reaccionar ante una agresión sexual. Esto tiene que ver con un matiz importante: mi enfoque no es en absoluto victimizador. No me quiero recrear en lo pobrecitas que somos y lo jodidas que estamos por vivir agresiones. Como explica Maitena Monroy en una entrevista que le hice para Beldur Barik, el problema es que a las mujeres nos educan en el terror de ser violadas, pero al mismo tiempo no se explicitan los riesgos ni se nos dan recursos para afrontar esa posibilidad. Por eso, yo creo que lo primero es romper el silencio, lo segundo compartir estrategias de autodefensa para no bloquearnos ante una agresión, y lo tercero recuperar la agencia sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad. Me voy a poner en tono panfletero, pero si algo le jode al patriarcado (o a los machistas, si esto del ente abstracto no os convence) es que no dejemos que estas experiencias nos afecten de por vida y que disfrutemos del sexo libres y empoderadas. Tampoco lo cuento en el reportaje, pero Blanca lo ha logrado. Claro que no es fácil. Ser feministas no nos ha librado de encontrarnos con dificultades para defender nuestro placer en la cama sin miedo a juicios, como comentaba antes. Pero ser feministas sí que nos proporciona cierta consciencia y ciertas herramientas para entender cómo nos sentimos respecto a la sexualidad y poder vivirla de otra manera.

Hoy, cuando he difundido la noticia, las compañeras de Pandora Mirabilia, una cooperativa de género y comunicación, me han contado que han usado este reportaje en unos talleres sobre prevención de violencia sexual con adolescentes. “Es muy clarificador y muy útil para trabajar las distintas violencias que vivimos, da claves para detectarlas y para no sentirnos culpables por sufrirlas”, me dicen. Ese es uno de los comentarios que más ilusión me han hecho de todos los que he recibido. Sentir que el reportaje tiene vida propia, que no es sólo un texto para leer, sino también para debatir e incluso trabajar con él a favor de la libertad sexual.

*

Como la otra vez, es una alegría que el reportaje se publicase en Pikara (también en eldiario.es, a quien agradezco mucho que aceptase cuando propuse el tema y que me han transmitido mucho cariño hoy), y doble alegría porque entre los finalistas también se encuentra el compañero Jairo Marcos, con un reportaje sobre la plataforma de mujeres feministas Kuña Pyrenda, que se presentó a las pasadas elecciones en Paraguay. También es finalista Zigor Aldama (con el reportaje ‘Demuestra que no eres bruja, publicado en El País), quien también publica de forma esporádica en Pikara. El año pasado también quedó finalista nuestra compañera Emi Arias. Estos reconocimientos nos sirven como un argumento más para defender nuestro proyecto, para demostrar que no sólo ofrecemos periodismo con perspectiva de género, sino buen periodismo, sin más adjetivos. Como decía el otro día, ponernos las gafas lilas no nos nubla el criterio, sino que nos permite entender y explicar mejor la realidad, y contar historias que los medios generalistas a menudo no cuentan.

Alguna gente ha dicho en las redes que la labor de Pikara es impagable. Bueno, pues lo cierto es que hay que pagarla. Necesitamos dinero para poder seguir comprando reportajes de premio, y para que las coordinadoras de la revista (Andrea Momoitio y yo) podamos empezar a cobrar algo, porque hasta ahora no lo hemos hecho. Por tanto, os animo a que, si creéis en el proyecto y/o disfrutáis con reportajes como los citados, nos apoyéis.

*

El tercer motivo por el que este premio me sienta genial tiene que ver con la reafirmación sobre decisiones que he ido tomando. La historia se repite. El primer premio lo gané con el primer reportaje que escribí después de tomar la decisión de dejar un trabajo estable para dedicarme a Pikara y al periodismo. Este segundo reportaje coincidió con que volví a dejar un trabajo bien pagado porque quería disponer de más tiempo y energía para escribir y para mimar mi revista. A mucha gente de mi entorno le costó mucho entender que rechazase empleos en plena crisis y yo también a veces me cuestionaba si no estaba arriesgando demasiado y si no tenía pajaritos en la cabeza. Así que me da mucho gustito recibir estos espaldarazos para seguir haciendo lo que me pide el cuerpo.

Muchas gracias a todas las personas que, de una u otra forma, me habéis apoyado para que siga avanzando por este camino.

Entrevista a psicóloga cubana que investiga e interviene contra la violencia de género

1 abr

Como conté en un anterior post, Cuba se encuentra en el lento proceso de asumir la violencia de género como un problema social, después de años de ser obviada, tanto por la ciudadanía como por las instituciones. En los últimos años ha habido gestos significativos, como que el Partido Comunista incluyera en 2011 la lucha contra la violencia de género entre sus  ejes de trabajo. El pasado marzo, un grupo de feministas lanzó una campaña de recogida de firmas con el fin último de reclamar una ley contra la violencia de género, una red de atención jurídica y de salud que asista a las víctimas, y llamar a que se debata sobre el tema en todos los espacios sociales.

En mi viaje a Cuba en enero de 2012, cuando pregunté por expertas en violencia de género a feministas académicas y autónomas, me dieron referencias contadas, lamentando que aún hoy escasean las iniciativas institucionales y académicas para estudiar y abordar en profundidad este problema social. Me hablaron de la Universidad de Cienfuegos como pionera en trabajar el tema, con la psicóloga Laura López al frente de un equipo multidisciplinar que investiga sobre violencia, atiende a las víctimas, capacita a diversos agentes sociales y sensibiliza a la población. Así que me puse en contacto con ella y la entrevisté en su despacho de la Facultad de Medicina. Como me ocurrió en otras muchas entrevistas, noté a la experta a la defensiva ante una periodista extranjera, poco dispuesta a reconocer carencias en el sistema cubano. Aunque me interesaba que me hablase de la situación en todo el país, como buena científica, evitó opinar y se ciñó a hablar de su trabajo en la provincia. Ahí va la entrevista:

Laura Magda López Angulo, psicóloga especializada en violencia de género

“La mayoría de mujeres denuncian malos tratos diez años después de empezar a sufrirlos, lo que implica que perdieron libertad y calidad de vida a edades tempranas” (más…)

Periodismo y testosterona

30 mar

JotDown publica una entrevista de Samuel Sacristán a Diego Redolar Ripoll, doctor en Psicología especializado en neurociencia. Sacristán opta por titular así:

“La testosterona influye en la toma de decisiones” (más…)

Isabel Moya, directora de la Editorial de la Mujer de Cuba, habla de periodismo y feminismo

21 feb

(En enero de 2012 entrevisté largo y tendido a Isabel Moya, pero sólo llegué a publicar la parte de su entrevista en la que habla sobre la relación con su cuerpo. Aquí va el resto de la entrevista)

Los medios cubanos tienen que pasar de visibilizar a las mujeres a problematizar la discriminación de género” (más…)

“¿Violencia de género? No, de eso no hay en Cuba”

21 feb

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Historia 1: “Estoy deseando que me levante la mano para echarle de una vez”

Asisto en La Habana a una reunión de tres amigas que rondan los cincuenta años. Le preguntan a una de ellas cómo le va con su pareja, un hombre con el que convive desde hace unos pocos años. Ella dice que la verdad es que no muy bien, que el tipo la controla, que quiere saber siempre a dónde va y con quién. “Invade mi espacio, estoy harta, me siento asfixiada. Y a veces se pone bravo. Me da miedo. Pero por otra parte estoy deseando que se atreva de una vez a levantarme la mano, porque entonces ya sí lo saco de la casa y lo mando pa’ la pinga”. Las amigas le dan la razón. (más…)

¿Qué pasa con el reguetón en Cuba?

22 ene

Antes de leer el post, les propongo un ejercicio práctico. Vean estos tres videoclips y adivinen: ¿cuál de ellos ha censurado la televisión cubana?

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Asedio policial

16 ene

Mi amiga se fue a la cama agotada y una hora después un fuerte picor la despertó. Tenía la cara llena de ronchas. Entendió que el camarón que se había comido le había dado alergia. Se tomó un antihistamínico que tenía, pero su hermana, enfermera, le dijo que debía tomar leche. Así que me fui a buscar leche por La Habana Vieja a las 11.30 de la noche. Fui por el Boulevard de Obispo buscando una shopping abierta.

Caminaba concentrada en ese objetivo y los hombres me silbaban y me decían los recurrentes “lady, where are you from?”, “qué linda”, “déjame hacerte una preguntita”:.. Yo les ignoraba pero me iba cabreando más y más. Pasé junto a dos policías y ellos también me silbaron. Les ignoré. Pasé juntos a otros dos y también me silbaron. Seguí para adelante y seguían haciendo ese ruidito como de llamar a los gatos. (más…)

Prostitución lésbica de ida y vuelta en La Habana

16 ene

En mi primer sábado de mi tercer viaje a La Habana, mi amiga C. me propuso ir a una fiesta de gais y lesbianas. Ya había ido a alguna otra y me daba un poco de pereza la perspectiva de gente super jovencita y música comercial en plan David Guetta, pero la entrada sólo costaba un dólar y me prometieron que sonarían ritmos variados. Me puse un vestido corto, tacones y me maquillé, como ritual para esa primera noche en La Habana. Llegamos, conversamos con unas jovencitas mulatas que vestían trajes masculinos, bailamos, observamos a los muchachos gais (mayoría abrumadora, para variar) disfrutando sin miedo a toparse con miradas homófobas.

Cuando fuimos a repostar a la barra, una chica empezó a mirarme y ponerme morritos con descaro. Yo me quedé desconcertada y miré para otro lado sonrojada. La chica era muy linda, mulata menudita, con una larga cabellera lacia que llevaba rapada por un lado y un minivestido negro con lentejuelas con el que exhibía varios tatuajes a los brazos y en la espalda. Una femme cubana, vaya. Me pidió un cigarro, me dijo que se llamaba Gioggia porque había nacido en Italia, y me invitó a bailar. Salimos a la pista y la tía se puso a perrearme de una forma de lo más escandalosa. Yo me moría de la vergüenza porque de repente todas las chicas nos miraban, pero bueno, me pareció una nueva experiencia e intenté aguantar el tipo, un poco perdida por salirme del rol habitual de perreadora. (más…)