Primer premio, por partida doble

20 feb

En La Habana, un babalao me dijo: “Estás sentada encima de la fortuna, y no la ves”. Unos días después me conecté a internet y encontré un email en el que se me notificaba que he ganado mi primer premio periodístico. Hasta hoy no podía hacerlo público. Lo del babalao es por empezar el post con algo de color, no me hagáis caso.

Pikara Magazine, la revista digital feminista que he puesto en marcha junto con Itziar Abad, Lucía Martínez Odriozola y Maite Asensio Lozano, publicó su primer reportaje el 18 de noviembre de 2010. Lo firmamos Paloma Migliaccio y yo, y arrancaba así:

¿Será niño o niña?

June Fernández y Paloma Migliaccio

El sistema sanitario decide en qué género vivirán los bebés que nacen con algún tipo de intersexualidad. Activistas e investigadoras debaten si la cirugía de asignación es necesaria para crecer en una sociedad binaria, o una forma de mutilación genital que atenta contra la autonomía sexual de quienes no encajan en las etiquetas “hombre” y “mujer”. La discusión esconde una pregunta de fondo: ¿es la intersexualidad una patología o una clara manifestación de la diversidad sexual?

Leer el artículo completo

El reportaje iba acompañado de las entrevistas a dos activistas que nacieron con una intersexualidad: Mauro Cabral y Gabriel Martín.

Pues bien, esos textos han recibido el galardón nacional del Premio de Periodismo de la Unión Europea ‘Juntos contra la discriminación’. Esto nos permite optar a uno de los tres premios que se entregarán entre los trabajos ganadores de los 27 concursos nacionales.

Estoy eufórica porque me siento premiada por partida doble. Es la primera vez, como decía, que recibo un reconocimiento así, y también es la primera vez que un texto escrito para Pikara Magazine es galardonado. Y, además, se trata del reportaje con el que estrenamos la revista. Hay otro elemento simbólico: me enteré de la noticia durante mi primer viaje periodístico, en Cuba. Qué alegría.

Especifico lo de “un texto escrito para Pikara”, porque sí que tuvimos el honor de publicar dos reportajes galardonados de Ander Izagirre: ‘Once voces en el desierto‘ (Premio Gomis de periodismo solidario 2011; fuimos el primer medio en publicar el texto íntegro, pero había salido una versión más breve en un diario) y ‘Las madres guaraníes saltan a la cancha‘ (Premio Trinidad Arroyo de periodismo e igualdad, 2010 / Premio Gomis de periodismo solidario 2011; publicado antes en Frontera D).

Dado que es mi primera vez, que en España no hay acto de entrega,y que ayer fueron los Goya, no voy a reprimirme mi lista de agradecimientos. Y, sí, me voy a poner cursi:

- A Lucía, porque todo empezó cuando un buen día que yo estaba desmotivada con mi vida profesional, me dijo: “¿Y por qué no montas una publicación digital?”. Porque ha sido (y sigue siendo) mi maestra. Porque cree en Pikara, cree en mí, y eso me da mucha fuerza.

- A Itziar y Maite, por acompañarme en esta aventura, y en tantas otras. También al resto de personas que contribuyeron a la puesta en marcha de Pikara y que hoy trabajan por que siga consolidándose. Y a Paloma, por supuesto, porque su entusiasmo hacia el tema y su colaboración fueron muy importantes para sacar adelante la idea en plena vorágine pikara.

- A Ander, porque corrigió el reportaje… Qué leches: porque tenerle cerca es un subidón. Su trabajo (que se me cae la baba con sus libros, reportajes y crónicas, vaya) y su apoyo como amigo tienen mucho que ver con que, después de dos años alejada del periodismo, volviera a escribir, a centrarme en proyectos como Pikara y atreverme con viajes como el de Cuba. También me animaron a volver al periodismo y a montar Pikara otros amigos periodistas como Iñaki Mendizabal Elordi y Zigor Aldama. Cuando se me olvida que es esto a lo que siempre me he querido dedicar, disfruto con sus textos, y  vuelve el gusanillo. Más que envidia sana, me provocan envidia constructiva. Me ponen las pilas.

- A las compañeras transfeministas (como Medeak) que me enseñaron qué es la intersexualidad y me hicieron cuestionar el binarismo. Recomiendo también la película de Lucía Puenzo XXY, porque fue otra referencia fundamental para interesarme por este tema.

- Y, cómo no, a mis familiares, amistades y profesoras que me han acompañado tanto en mi proceso de hacerme periodista como en mi inmersión en el feminismo y en la defensa de la libertad sexual.

En los últimos dos años me he sentido muy reconocida por poner en marcha en Pikara, por mantener este blog, y demás actividades ligadas a la comunicación y el género, pero para mí es muy importante que se reconozca también lo que escribo. Porque el día a día, todo lo que hago para llegar a fin de mes (mas la militancia), me absorbe, y este premio me anima a reservar cada vez más tiempo para hacer el periodismo en el que creo y con el que disfruto.

Qué bien.

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La generación USB

10 feb

Me cuentan que Alexander, uno de los líderes del popular grupo de reguetón cubano Gente de Zona, se acostó con dos chicas en un hotel. Mientras él dormía, ellas le estuvieron grabando desnudo con el móvil, para probar después que realmente se habían montado un trío con nada más y nada menos que Alexander de Gente de Zona. A falta de Youtube, el vídeo corrió como la pólvora de celular en celular.

Una guagua cochambrosa avanza entre almendrones (los míticos carros americanos de los años cuarenta y cincuenta), en una carretera flanqueada por edificios coloniales semiderruidos. Una joven cubana que viaja en la guagua saca del bolso su blackberry. A mí me parece una escena propia de Regreso al Futuro, pero ese contraste de smartphones en un paisaje anclado en la mitad del siglo XX es constante en La Habana. “Mira, este móvil me lo ha mandado mi hijo desde España, es tactíl“, presume Mercedes ante su sobrino, que le responde mostrándole su Iphone.  (más…)

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Tertulias blogueras nocturnas: hoy, el poliamor

8 feb

¿Es factible que dos personas se pasen juntas 30 años sin amar ni querer acostarse con otras? Si pensáis que no, ¿cuál es la solución: aprender a gestionar la frustración, poner cuernos con más o menos alegría, o probar nuevos modelos de pareja diferentes a la monogamia? Mucha gente habitual de este blog pensará que la tercera (que no se diga que no somos progres). Nuestra sexóloga preferida, Mónica Quesada Juan, dedicó a este tema su último artículo para Pikara. Sin embargo, se limitaba a recomendar que no asumamos la monogamia por inercia, por considerarlo lo normal o natural, y que nos demos permiso para probar el pacto que nos permita crecer más, como pareja y como personas. Así es que yo dejé el siguiente comentario:

Sí, yo también creo que esto merece una segunda parte, porque el tema me parece super complejo. No creo que la cuestión sea sólo la genitalidad. En mi opinión, la cuestión es que el sexo también implica intimidad. En nuestra sociedad el encuentro sexual es, de hecho, una de las situaciones en las que más intimidad y afecto se comparte entre dos personas. Si fuera una cuestión de genitalidad, creo que lo llevaría mucho mejor que sabiendo que una relación sexual es mucho más.

Me interesa sobre todo profundizar en el tema de cómo se negocia la no monogamia, porque ahí también veo que el asunto es muy complejo. Por ejemplo, respecto a contarse o no las cosas. Yo soy una persona exageradamente comunicativa. Cuento todo lo que me pasa no sólo a mis eventuales parejas, sino a mis amistades. Si yo no le cuento el encuentro, de alguna forma parece que tiene más importancia de la que tiene. Y además supone mentir. “¿Qué hiciste ayer por la noche?” ¿Qué contestas a eso? No digamos ya cuando hay convivencia. Si el pacto es contárselo, habrá ocasiones en las que realmente no apetezca contarlo, que sea una experiencia que quieres guardarte para ti. ¿Y si no sólo ha sido sexo? ¿Y si estas atravesada por la emoción e ilusionada? ¿Cómo haces para compartirlo o para no compartirlo y que no se note?

A todo esto, desde el boom Paranoicas-Histéricas-Feminazis, mi Facebook está más animado que nunca. El otro día me dio por plantear un debate sobre ligoteo y machismo, y a lo tonto nos enfrascamos en tres hilos de conversación que rondan los 100 comentarios cada uno. Y en cada hilo sale algún nuevo tema sobre el que nos apetece debatir. El problema del FB es que no da opción al anonimato, y a mucha gente no le nace hablar de sus experiencias personales en una plataforma tan indiscreta. Así es que vamos a intentar mudar esta racha de tertulias animadas aquí, y así además quedarán recogidas para la posteridad:

¿Cómo véis esto de las parejas abiertas? ¿Lo habéis probado? ¿Cómo lo habéis gestionado (o lo gestionáis)? ¿Y la posibilidad de mantener relaciones de pareja simultáneas? ¿Alguna otra experiencia que queráis compartir: intercambio, tríos sentimentales-sexuales estables en el tiempo, etc.?

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Periodismo en Cuba: lista de mecenas

7 feb



Ainhoa Ispizua - Ainhoa - Ander IzagirreBeatriz Gimeno - Brígida Ridruejo - Carles Guinart - Carmen Acero - Cuerdos de Atar - Diego M. Roig - Ekhi Belar - Fundación Iniciativa Social - G. Vilarinho - Gisela Bianchi - Glogour – J.A. Moral – José M. Osuna - Joseba Pando - Ianire Estébanez – Iñaki Mendizabal Elordi – Itxaso - Kasry - Laia MarquésLucía Martínez OdriozolaLuciano Busto - Lupita - Magapola - Maiteder - Make Irigoien Perurena - María- Marta - Marta Entrenomadas – Marta Nielisse – Miguel Martínez – Minerva – Mireia Gallardo Avellan- Mireia Martínez Mulero - Mogonal - Mujeres Imperfectas - Nendivei - Nere – Noé González Rodrigo - Norma Vázquez - Ritxar - Sancau - Sergio - Susana - Tebbel - Tina Simón - Txus Mungia - Xabier Mendiguren - Zigor Aldama

Son las 51 personas que han apoyado como mecenas a través del crowdfunding mi proyecto periodístico en Cuba.

Mi objetivo está más que cumplido. Sobre todo, pude vivir durante un mes en la Cuba que más me interesa: esa construyen personas cuyo compromiso revolucionario no les lleva a la complacencia hacia un sistema que cincuenta años después sigue siendo autoritario, vertical, patriarcal y discriminatorio. Son feministas, antirracistas, ecologistas y defensoras de la libertad sexual. Trabajan (o lo intentan) de forma autónoma, al margen del Gobierno, pero también de la llamada disidencia organizada; y no dejan que ni los unos ni los otros les controlen ni les instrumentalicen. Denuncian los atropellos del sistema cubano con la misma fuerza con la que se oponen al capitalismo y al neocolonialismo. Os iré contando en este blog y en medios de comunicación alternativos (en forma de entrevistas y reportajes) los discursos y proyectos de estas personas.

Respecto al segundo objetivo, el de compartir con esas personas los debates y experiencias del feminismo, el antirracismo y el periodismo con visión de género, también se cumplió con creces, dado que finalmente participé en los siguientes encuentros:

- Debate sobre transfeminismo, organizado por Observatorio Crítico

- Mesa redonda junto con Las Krudas, acerca de cómo nos modelan los medios, celebrada en la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) en el marco de los coloquios sobre feminismo Mirar desde la sospecha, y a iniciativa de Sandra Álvarez, Negra Cubana.

- Charla-taller para periodistas en la Editorial de la Mujer de Cuba (responsable de las revistas Mujeres y Muchacha) sobre qué aporta (y qué riesgos supone) internet para el empoderamiento de las mujeres. Les mostré ejemplos de blogs feministas, campañas digitales dirigidas a jóvenes como Beldur Barik, campañas tuiteras como #machismomata, y medios feministas como Pikara. Algunas de las redactoras son blogueras, otras se encargan de las redes sociales de la editorial, y otras reconocían necesitar esos mensajes positivos para lanzarse a la Red.

Además, participé como oyente en otros encuentros, como un debate en la UNEAC sobre ‘Género, ética y nación’; una mesa redonda sobre sexualidad en CENESEX (el Centro Nacional de Educación Sexual), y una presentación sobre racismo organizada por la Casa de las Américas para un grupo de estudiantes estadounidenses.

También he atendido las propuestas realizadas por mis mecenas, y que me han llevado a tratar temas que de otra forma no hubiera indagado. Por ahora he hablado sobre VIH. Pronto habrá posts sobre violencia machista, la sexualidad entre jóvenes, modelos no normativos de jóvenes, periodismo en Cuba, fanzines, familias homoparentales, normalización de la diversidad sexual, masculinidades… Y en el camino he recogido también pequeñas historias, relatos y análisis sobre temas diversos que iré desgranando por aquí.

Mis mecenas han enriquecido el proyecto no sólo por haber puesto dinero, sino por haber propuesto temas interesantes para que los investigase, porque su confianza me ha obligado a ponerme mucho las pilas, y porque he disfrutado haciéndoles partícipes de mi trabajo, sintiendo desde el principio que había gente interesada en mis crónicas y pequeñas historias. Mil gracias a cada uno y a cada una de ellas. Con ello, creo que el crowdfunding se presenta como una vía muy esperanzadora para que el periodismo autónomo siga siendo posible en estos tiempos de crisis económica y de la prensa de papel.

También quiero agradecer el apoyo de quienes, en Cuba, han organizado los debates en los que he participado, han donado y dedicado materiales, han contestado a todas mis preguntas (a veces durante horas), me han dado referencias de gente interesante, y me han acogido con mucho cariño. Especialmente:

Observatorio Crítico (en especial a Yasmín Portales) – Sandra Álvarez (Negra Cubana) – Mirar desde la sospecha (Helen, Danae y Lirians) – Isabel Moya y la revista Mujeres – los grupos de hip-hop Las Krudas y Obsesión - Havana Times

Habría que sumar a la lista a todas las personas que he entrevistado; a mi anfitriona y segunda mamá, Caridad; y a un montón de buenas amistades a las que también he sacado mucho jugo en nuestras conversaciones.

Podéis seguir todo lo que escriba sobre Cuba en este enlace.

 

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El secreto de la longevidad cubana

28 ene


Esta senyora tiene 81 anyos. Esta bailando en El Palenque, rumba afrocubana, delante de toda una multitud.

Como veis, se empieza desde joven. Como mas vale tarde que nunca, yo he recibido dos horas de clase de guaguanco. Y hoy toca mas rumba.

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El feminismo institucional nos hace un hueco

27 ene

De izquierda a derecha, Pasita, Olivia, Sandra y una servidora

 

“No nos engañemos: en cada familia cubana hay una prostituta. ¿Es así, o no?”. La mitad del público grita que sí; la otra mitad murmura indignada. Habla Pasita, una de las dos integrantes en la actualidad del grupo de hip-hop feminista cubano Krudas Cubensi. Es su forma de desmarcarse del abolicionismo y explicar que el tema del trabajo sexual es complejo, y que hay que respetar a las mujeres que han sacado adelante a sus familias y contribuido a la economía nacional a través del jineteo, tanto dentro de Cuba como emigrando a través del matrimonio con turistas. Las Krudas intervinieron junto conmigo en un debate sobre feminismo y cuerpos celebrado en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la UNEAC, ante un numeroso público en el que estaban las caras más reconocidas del feminismo institucional cubano. (más…)

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Matanzas, capital de la hospitalidad

27 ene

22-01-2012

Han pasado tres horas desde que he vuelto a La Habana y sigo estupefacta con la hospitalidad que me he encontrado en Matanzas. Fue una escapada improvisada, nada planificada. No tenía dónde dormir: mi idea era tantear si un contacto con el que iba a quedar allá me acogía, y si no buscar una casa particular en la que alquilar una habitación por dos noches. Yusdel, el amigo al que Yoendry pidió que me recogiera en la parada, me dijo que podía quedarme en su casa. “Lo único es que sólo tengo una cama; si eso no te importa…”. Un desconocido dispuesto a hacerme un hueco en la cama (y no penséis en sexo, porque no era una opción). (más…)

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Drag queens para sensibilizar contra el sida

22 ene

Dairon Martínez López tiene 25 años y vive en Matanzas. Trabajaba como cámara de televisión hasta que a principios de 2011 descubrió que había contraído el virus del sida. Decidió dedicar su vida a la prevención del VIH: se incorporó al Centro de Prevención Infecciones de Transmisión Sexual y VIH-Sida de Matanzas e ideó una iniciativa que vio la luz el pasado noviembre: espectáculos de transformismo como una propuesta lúdica que utiliza para colar de forma atractiva mensajes de sensibilización. Es parte del proyecto nacional de prevención de sida ‘Hombres que tienen sexo con otros hombres’, del que es coordinador en la provincia.

En Cuba hay más de 15.000 personas seropositivas. En 2007 se estimaba que afectaba a menos del 0,1% de la población, una de las tasas más bajas del mundo, pero el número de contagios crece rápido. Sólo en 2011 en el municipio de Matanzas (cerca de 145.000 habitantes) se diagnosticaron 62 nuevos casos de VIH. Tres personas murieron como consecuencia del virus. Son más de 450 personas las contagiadas desde 1986, y 76 las fallecidas. Se estima que en la Isla 8 de cada 10 personas con VIH son hombres. Se define a los homosexuales como el colectivo más expuesto.

Por ello, el proyecto de Dairon se dirige al público gay, y utiliza para llegar a él los shows de transformismo, cada vez más populares en la Isla. Sin embargo, mientras que proliferan (desde hace unos años incluso en locales del Estado) las actuaciones de drag queens, son pocos los espacios en los que esas propuestas lúdicas tienen un contenido más social. El Mejunje, en Santa Clara, es la referencia más consolidada y reconocida. Se trata de un centro cultural en el que confluyen personas de lo más diversas. Cada día de la semana se puede disfrutar de un tipo de música diferente (trova, rock…), siempre desde la apuesta a favor de la diversidad sexual,  y dos días a la semana se dedica al transformismo. El Mejunje se ha destacado por editar también publicaciones dedicadas a la prevención de las enfermedades de transmisión sexual.

Para implementar algo similar en Matanzas, Dairon presentó el proyecto al Ministerio de Salud, y obtuvo además financiación del Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la tuberculosis y la malaria.  “Me costó mucho trabajo que se aprobara. Los dirigentes cubanos todavía tienen muchas resistencias para trabajar estos temas”, lamenta. Él hace un esfuerzo constante por mantener su confianza. “Cada viernes voy a rendir cuentas a la institución: les cuento lo que se va a organizar esa noche y la del domingo”. Con esa actitud, logró ser aceptado como miembro permanente de la Comisión de Recreación de Matanzas, requisito fundamental para poder organizar actividades de ocio en el municipio.

Las fiestas se celebran los viernes y domingos en un local nocturno establecido por cuenta propia en la ciudad. La primera tuvo lugar el pasado 23 de noviembre. A quienes asisten se les cobran 10 pesos en moneda nacional (menos de 50 céntimos de euro), un precio asequible en comparación con los que manejan el resto de discotecas que ofrecen espectáculos de transformismo (entre 3 y 5 CUC; es decir, más de 75 pesos cubanos en todo caso). Lo que se recauda es para la propietaria del local y para pagar impuestos. A Dairon le apoyan alrededor de 10 personas voluntarias (todas ellas hombres, salvo dos travestis, que es como se refieren en Cuba a las transexuales femeninas no operadas). Los artistas de transformismo actúan de forma altruista. Ese es uno de los obstáculos por los que al joven se le resiste su sueño de trasladar los eventos a Las Ruinas, la discoteca gay de la ciudad, propiedad del Estado y con un aforo mucho mayor, para más de 300 personas. “El Ministerio de Turismo, del que dependen los locales del Estado, exigen que quienes actúen en ellos sean artistas profesionales”. A la discoteca actual asisten unas 150 personas, la mayoría gays.

La iniciativa ha servido para animar la noche en una ciudad alicaída desde que se construyó una circunvalación que evita pasar por Matanzas para llegar de La Habana a Varadero, uno de los destinos turísticos más potentes del Caribe. Pero Dairon insiste en la labor de sensibilización que realiza. En la fiesta se distribuyen preservativos y folletos informativos, en los que se explica por qué los hombres contraen más enfermedades, se proponen formas de erotizar el sexo seguro, y también se sensibiliza contra la homofobia, explicando que “respetar, entender y aceptar las diversidades ayuda a disminuir las infecciones de transmisión sexual y el VIH-Sida”. Se realizan incluso tests rápidos. Las transformistas integran en sus números alusiones a la necesidad de protegerse de enfermedades de transmisión sexual.

Además de la actividad en la discoteca, Dairon imparte talleres en los que enseña técnicas de autoexploración y muestra fotos impactantes de genitales de hombres y de mujeres afectados por diferentes enfermedades venéreas. “La gente sabe que existe pero no tiene percepción del riesgo; por eso hay que mostrarles con esa crudeza lo que le ocurre al cuerpo”. Además, atiende en consulta, e incluso en su propia casa, a personas que buscan más privacidad que la que ofrece el centro. El proyecto pretende también combatir mediante la sensibilización el estigma que pesa sobre las personas seropositivas. Por ejemplo, se propone educar en los centros de trabajo para que sean espacios libres de discriminación, dado que “si por temor a ser rechazadas u objeto de represalias, las personas ocultan el hecho de ser VIH positivas, no buscarán tratamiento ni apoyo”, señala uno de los trípticos.

Desde el proyecto explican que la mayor incidencia de las ETS sobre hombres es “resultado de la influencia de exigencias sociales y grupales propias de la cultura”: “Generalmente, los hombres, sin importar la orientación sexual, asumimos comportamientos que nos exponen al VIH, cmo cambiar frecuentemente de pareja sexual o tener relaciones sexuales siempre que se tenga la oportunidad”, se argumenta en otro folleto. Pero las mujeres también se encuentran en riesgo. A menudo, por confiar en la fidelidad de sus compañeros sentimentales. “A los hombres bisexuales los categorizamos como  población puente, porque transmiten el virus a las mujeres”, explica Dairon. Él trata de sensibilizar a las parejas heterosexuales para que usen preservativo, pero admite que no es fácil: “En una sociedad machista como la nuestra, los hombres no reaccionan bien si las mujeres les proponen usar preservativo”.

Cuenta que la situación que más le conmovió fue la de una mujer que llevaba 15 años casada con su marido, en el que confiaba plenamente. Fue al Centro a hacerse la prueba, con su hija veinteañera. “Nos dijo que lo que tuviéramos que decir se lo dijéramos delante de la hija, que no tenían secretos. Nadie se atrevía a confirmarle el diagnóstico. Me tocó a mí. Fue muy duro verlas llorar juntas”.

Aunque reconoce que el proyecto implica revivir continuamente el proceso de descubrir y aceptar su propia enfermedad, Dairon afirma que su trabajo le hace bien. “En ese momento sólo encontré un hombro en el que llorar, el de mi pareja. Me gusta pensar que el resto de la gente de Matanzas tendrá al menos mi hombro”.


 

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¡A veinte pesos pa’ Matanzas!

22 ene

Así empieza la famosa canción de Los Confidenciales. El estribillo dice así: “Aceite, agua, yo soy una guagua, cuidao que te coge la jimagua”. La hemos bailado mil veces en el Modesto, y dicen que cuando se puso de moda en Cuba, hace dos veranos, cada vez que sonaba, toda la guagua se ponía a cantar y bailar. No me molesté en buscar la forma más rápida, cómoda o barata de viajar de La Habana a Matanzas. Mi pregunta fue muy concreta: “¿Cómo se va por veinte pesos a Matanzas?”. Se va en las guaguas que Transtur que pasan por la carretera de Guanabo, municipio habanero situado en las Playas del Este, a donde va a bañarse media Habana.

Yoendry, un amigo de mi anfitriona, me acompañó gentilmente hasta Guanabo. Él antes acostumbraba a ir de fiesta a esta tranquila ciudad situada a 90 kilómetros de la capital cubana. Caminamos un buen rato por La Habana Vieja y esperamos unos veinte minutos hasta que se dignó a pasar la guagua pequeña y cochambrosa que va a Guanabo. Disfruté del  trayecto, porque cruzamos la bahía por el túnel y fuimos bordeando el mar dejando atrás barrios míticos que he visitado o al menos leído sobre ellos: Regla, Guanabacoa, Cojimar, Alamar… Y ya. En Tarará (gran nombre; Yoendry afirma que es un campamento de pioneros reconvertido en residencia de personas afectadas por el desastre nuclear de Chernobil) la guagua empezó a oler a quemado más de lo habitual. “Ya se estropeó”, murmuró la gente. Nos bajamos contrariados. “¿Y ahora qué?”, pregunté. “Pues ahora a esperar que pase otra guagua”, me contestó Yoendry.

Alguna gente se impacientó y se puso a parar máquinas (taxis colectivos). Otros se lo tomaron con filosofía y se acercaron a la tienda de la carretera a comprar botellas de Habana Club. “Siempre que ese chófer prieto [negro oscuro] conduce, estropea la guagua”, le dijo un señor a otro con sorna.

Afortunadamente, en seguida nos recogió otra guagua, y además era más moderna, tipo autobús escolar español. La gente se agolpó ansiosa e intentó colarse en plan estampida, sin pagar. Alguien recuerda que hay bebés entre la multitud. El chófer pone orden: “¿Cuánto tiempo llevan aquí?”. “Cinco minutos”, contesta alguien que por lo visto ha perdido la noción del tiempo. “¡Pues saquen todos su cabrón peso!”, vocifera arrancando una carcajada colectiva con esa extraña expresión. Y empezamos a apoquinar. Ya sentada en el mullidito asiento, me invadió cierta nostalgia al escuchar la melosa voz de Amaia Montero (que por lo general me horroriza), en el viejo CD de La Oreja de Van Gogh que tiene puesto el conductor. “Por eso esperaba con la carita empapada a que llegaras con rosas, mil rosas para mí”. Yoendry la canta con falsete desafinado. Yo silbo.

Llegamos a Guanabo, pero la guagua no nos dejó en la misma parada, sino que tocó caminar, y ya se había hecho de noche. Me despedí de Yoendry, quien, por si fuera poco su gesto, había llamado a un amigo de Matanzas para pedirle que me recogiera en la parada. Me senté en el último asiento que quedaba libre en el Transtur, un moderno autobús tipo Alsa. Son buses dedicados a trasladar a turistas, pero cuando deshacen el camino para recoger a otro grupo, van recogiendo a cubanos. “Qué suerte que había asientos justos”, me dice de la misma mi compañera de fila. Le pregunto si va para Matanzas y me dice que no, que se queda antes, en Santa Cruz. Ella vive en un pueblo cercano. “¿Cuánto has pagado?”, me pregunta. “20 pesos”. “Ay, no chica, hubieras pagado 10 pesos”. “¿Cómo?”. “Sí, es que a Santa Cruz vale 10 pesos. Si tú se los das al chofer sin decir nada, luego él no anda mirando quién sigue hasta Matanzas. Aprende, chica, aprende”, me dice con desparpajo.

Es super graciosa. Habla a toda leche, con una mezcla de salero y de candidez. En la oscuridad su rostro negro parece joven; luego me dirá que tiene 41 años. “Bastante es que no me han cobrado de más por yuma”, le replico. No dejamos de charlar hasta que llega a su destino. Me cuenta que no le gusta La Habana, que se le hace demasiado violenta, que de noche le da miedo. Me pregunta si en España la gente tiene pistolas. Le digo que no, que eso es en Estados Unidos y Canadá. “Y en Venezuela y México, ¿no?”. “Bueno, sí, hay más armas de fuego que aquí”. “Ah, es que yo como no  he salido de aquí… Pero tengo una amiga que fue de misión [internacionalista] a Venezuela y su novio venezolano se fajó a tiros con un compañero cubano”. Le hablo de la violencia de género en España. Me hace muchas preguntas. “Aquí también pasa, pero menos. Hay un pueblo cerca en el que los hombres matan a sus mujeres cuando los dejan”. Pongo cara de póker. “¿Y les meten en la cárcel?”. “Sí, sí, por supuesto”, me tranquiliza.

Como me pregunta qué hago en Cuba y no se conforma con mis respuestas vagas, termino contándole que soy periodista, que escribo sobre temas sociales como el racismo, la situación de las mujeres, y de los gays y lesbianas. “¿También escribes sobre lesbianas? Mira tú”, dice divertida. Me pregunto qué se le pasará por la cabeza. “Qué periodismo más bonito haces. ¿Y luego publicas los reportajes en periódicos?”. Le hablo del blog y la revista, y responde quejándose de la falta de acceso a internet y de que los medios cubanos “no cuentan nada, parece que todo está bien”. “En cambio en vuestros medios lo cuentan todo, todo, todo”. “Tampoco te creas”, le digo. “Por ejemplo, muchos medios sólo Cuentan lo malo de Cuba, para demostrar que es una dictadura terrible”. “Pero tú que has estado ves que es mentira, ¿no?”. “Bueno, creo que no es para tanto, no. Pero hay cosas que están muy mal”. “Sí, como los pesitos, que hay pocos; que un CUC vale 25 pesos, y que no podemos viajar”, enumera. “A ti te dicen que Cuba es una dictadura, y puedes venir a comprobar si es verdad o no. Yo no puedo hacer eso con otros países, ni aunque reúna la plata. Me gustaría ir a México, a Italia y a Brasil. A Estados Unidos no”. Me cuenta que es podóloga y que tiene una hija de 12 años, que por ella no intentó ir de misión. Llegamos a Santa Cruz y me quedo sola. El ambiente se ha vuelto tan europeo como el autobús. Nadie habla, no hay música, la gente se limita a siestear.

Llegué a Matanzas y en seguida me recogió Yusdel, el amigo de Yoendry, quien me dará una clase magistral de hospitalidad cubana. Pero ese es otro post.

 

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La Habana real

18 ene

El boulevard de Obispo es un circo. Una vieja con ropajes folclóricos blancos vende puros acompañada de su gata, a la que ha ataviado con un vestido de volantes y lunares. Una estatua humana plateada toca la flauta dulce. Frente a ella, un hombre de avanzada edad y estilizado porte se pasea vestido de señorito: traje de chaleco ocre, gafas redondas, sombrero pintoresco, zapatos lustrosos y bastón. A dos metros de él, otro pasea a dos perros basset disfrazados de mujer y hombre de época en una carreta en la que ondean sendas banderas cubanas.

Caminamos hacia el Parque Central por el boulevard y cada dos por tres una vieja nos venderá tabacos, un viejo el Granma, una chica banderitas de Cuba, y casi al final toparemos con la pancarta humana de apoyo a los 5 héroes (espías cubanos encarcelados en Estados Unidos). Imaginaos uno de esos anuncios humanos de “Compro oro”. Multiplicad por tres el tamaño del anuncio y llenadlo de mensajes a Obama, fotos de los héroes y consignas patrióticas.

Por supuesto, en todo el paseo suenan dulzones ‘El cuarto de Tula’, ‘Lágrimas Negras’ y demás greatest hits de la vieja trova, ya sea desde las lujosas cafeterías para turistas o por cortesía de pequeños conjuntos que cantan en la calle.

Hay que respetar este circo porque es el que proporciona las ansiadas divisas a mucha gente, la mayoría además anciana y negra. Los yumas caminan dóciles por esa avenida sin salirse del rebaño, porque les han advertido que fuera del boulevard, siempre iluminado y vigilado con cámaras de seguridad, la Habana Vieja es peligrosa. Yo, que por algo vivo en el barrio bilbaíno de San Francisco, prefiero arriesgarme a la vida real. Y no deja de sorprenderme que la vida real de la Habana esté en las calles de al lado, en O’Reilly o en Lamparilla. Ahí el empedrado presenta grandes boquetes, no hay shoppings sino talleres mecánicos, el reguetón chabacano de Osmany García sustituye a la vieja trova, grupos de jóvenes se sientan en la acera a charlar, y no se ve un yuma en horas.

Yo me alojo al final de Lamparilla, llegando a la Plaza San Francisco de Asís (donde empieza el Malecón). La zona es estupenda, rodeada de grandes cafeterías y hoteles, una zapatería que luce espectaculares sandalias de tacón de aguja a entre 40 y 100 dólares, y centros clave de la cultura cubana como la Casa de África (que acoge de vez en cuando conciertos de entrada libre) o la Oficina del Historiador, donde trabaja Eusebio Leal, encargado de rehabilitar el histórico barrio, y de quien la gente habla como si fuera el cacique de la villa.”Es el dueño de todo esto”.

Vivo en casa de la madre de un amigo (ahora ya mi amiga), en un duplex en muy buen estado bajo los parámetros cubanos. La mantiene pintada; de hecho le gusta ir cambiando los colores periódicamente. Ahora la planta baja, en la que se encuentran la cocina y el salón, se encuentra pintada de blanco y morado. La de arriba, un dormitorio amplio, de verde. La vivienda cuenta con un pequeño baño (que no tiene lavabo; sólo ducha y váter) y un balcón estupendo. El suelo de la planta de arriba (lo que aquí llaman barbacoa) está formado por tablas rudimentarias. Cuando caminas tiembla todo y se menea peligrosamente el ventilador del piso de abajo.

Dado que no es una casa de alquiler, puedo vivir en las condiciones habituales para la población habanera media, como vive la anfitriona. La casa no tiene agua caliente. Para lavarse hay que calentar agua en cazuelas, pasarla a un balde y usar un cacito o jarrita a modo de ducha. Más aún, salvo durante unas pocas horas, no hay agua corriente. En el balcón hay dos tanques grandes que se van rellenando (todavía no he preguntado cómo, pero todo el rato pasa un camión que proporciona agua a las viviendas), y de ahí vamos llenando baldes para echarlos por el váter, fregar los cacharros, hervir agua y filtrarla para beberla. Evidentemente, no hay ni vitrocerámica, ni microondas, ni tostadora. En cambio, todas las casas habaneras en las que he estado cuentan con un invento que sirve para cocinar cómodamente el arroz (base de la dieta cubana). En realidad no vivo en las condiciones habituales: conmigo no faltan nunca productos que la los cubanos son privativos, como el pan o el papel higiénico. Y la nevera siempre está llena.

Me gusta la rutina de recorrer los mercados a por comida, procesión que para los cubanos y cubanas debe ser exasperante. Primero se va a la bodega, que es el lugar en el que les dan la comida que les corresponde según la cartilla de racionamiento (arroz, frijoles, aceite y azúcar). Luego se pasa por las tiendas de moneda nacional para conseguir lo que ofrezcan ese día, que puede ser algo de carne, unas salchichas, ron y poco más. Suele haber mucha cola. Después se recorren los mercados agropecuarios y las carretas ambulantes, en los que se compra la verdura y fruta que haya. Sólo productos de temporada. El último paso es ir a la shopping (pequeño supermercado en divisas) a comprar el resto. Sólo estas tiendas en pesos convertibles venden a precios europeos (a cubanos que cobran míseros sueldos en moneda nacional) productos básicos como los de limpieza e higiene. El aceite de la cartilla no es suficiente, y una botella del de soja cuesta 2 CUC (el de oliva más de 8). Recordemos que el sueldo medio al cambio es de 15 CUC. Un día nos dimos el capricho de ir a la pescadería de divisas (por moneda nacional sólo se consigue pescado una vez al mes, de forma ilegal). Me gasté 21 pesos convertibles (o sea, más del salario de un mes) en unos filetes de panga, dos calamares y ocho yogures.

Otra buena parte del día se va en el transporte. Las guaguas pasan sin periodicidad fija. Un sábado tardé tres horas (no exagero) en ir de Habana Vieja a Miramar, un trayecto que en taxi hubiera durado veinte minutos. Me dijeron que cogiera en el Malecón el 8. Llegué a las 10.30. Ilusa de mí, pensé que media hora era suficiente para llegar a mi cita, a las 11. Después de veinte minutos esperando, me desesperé, y un señor me recomendó que cogiera en la acera del frente el P-5, que me llevaría a la terminal de tren para coger ahí el P-4, que también va a Miramar y además pasa más a menudo. El P-5 pasó justo mientras hablábamos. Lo tomé, y ya llega a la Terminal, me encontré con una cola multitudinaria. Pregunté a una señora dónde terminaba la cola y me dijo que me quedase ahí mismo (super bien posicionada).

Estuve una hora de reloj esperando, y la gente llevaba todavía más tiempo. En ese rato, la señora me preguntó si en España se ven muchachas con pantalones bajos enseñando las nalgas. También me contó que era peluquera, que hacía trenzas. El muchachito que iba delante de mí en la fila canturreaba un reguetón terrible tipo “Te voy a dar por todas partes”. A las 12, después de haber intentado sin éxito parar varias máquinas (taxis colectivos) sin éxito desde la fila, me dispuse a caminar hacia el Capitolio para coger ahí un taxi. Iba caminando por la calle perpendicular cuando oí unos gritos detrás de mí. Era el joven, que venía corriendo para avisarme de que la guagua había llegado. Tuvieron además el gesto de guardarme el sitio privilegiado en la cola. Conseguí sentarme y todo. Aún así, a ratos pensaba que me iba a desmayar, en ese autobús sin oxígeno, tan lleno que la gente se agolpaba en las puertas: cuando cerraban de golpe, lo raro era que no se llevaran ningún brazo o pierna por el camino.

Cuando vi el ritmito del autobús, pregunté a un pasajero cuánto tarda en llegar a Miramar. Me dijo: “Huy, chica, si no llevamos ni una cuarta parte del camino; tardará una hora”. Mi cara debió ser un poema. Me recomendó bajarme por Coppelia y parar una máquina. Seguí su consejo. Tardé como cuarto de hora en parar una, y además me dejó como a siete cuadras de la casa. Llegué hacia las 13.45.

Es que las máquinas, los almendrones, los taxis colectivos, tienen su aquél. Circulan por rutas fijas, en las que van recogiendo a los pasajeros que hacen la señal. Tú tienes que saber dónde ponerte y por qué ruta preguntar. Cobran 10 pesos cubanos (40 céntimos o algo así) por trayectos que en taxi normal costarían alrededor de 5 euros. Últimamente es prácticamente el único sistema que uso para desplazarme. Unas tres veces al día me planto en la esquina de Prado y Neptuno junto con un porrón de gente. Van pasando las máquinas y nos agolpamos todo el mundo alrededor de ellas gritando la zona a la que vamos: “¡23!” “¡Línea!” Si esa no es la ruta, el chófer hace un gesto seco de negación. Si es su ruta, asiente y nos montamos a toda leche antes de que alguien nos quite el sitio. Algunos hombres se dedican a gritar las rutas de los carros que llegan para agilizar que se llenen (no arrancan hasta llenar las cinco plazas; dos adelante y tres atrás). El chófer les da unos pesos por el apoyo. Estoy muy orgullosa de la soltura con la que me manejo ya con ese sistema.

Si algo me gusta de la vida real cubana es la sociabilidad. Por la casa de mi anfitriona se pasan casi cada día la hermana, la vecina, alguna amistad y alguna persona vinculada a la espiritualidad (hoy un babalao, mañana una astróloga). A cada persona que llega se le ofrece un café, el almuerzo o un juguito natural, según la hora. Y charlamos. La otra vez que estuve en Cuba, lo que más me deprimió al volver fue enclaustrarme en mi apartamento en un sexto piso de un frío edificio de hormigón en el que, aparte del saludo de ascensor, sólo hablo con los vecinos cuando hay un conflicto. El buen propósito que me marco siempre es que mi casa sea un espacio más abierto. Pero ya tú sabes.

Nuestro aislamiento me parece mucho más triste que los edificios semiderruidos de La Habana.

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