Los gunas planean abandonar sus islas

Los gunas planean abandonar sus islotes coralinos sin relieve, en el Caribe panameño, preocupados por la subida del nivel del mar y la falta de espacio. Aquí está el reportaje que publiqué en la web de El País.

“Los dos cerdos viven sobre las aguas, dos cerdos flacos, de pelaje negro y morro rosa, encerrados en jaulas de troncos que los vecinos construyeron un metro mar adentro, un metro encima del mar. La isla Gardi Sugdub es un grumo de coral en el Caribe panameño, un islote que se recorre a lo ancho en cuatro minutos, a lo largo en dos, que no se levanta más de un metro sobre las aguas, y que está ocupado hasta el último centímetro por las cabañas de sus 927 vecinos. No les caben los cerdos.

En esta orilla occidental de la isla, a los cerdos los pusieron en plataformas sobre el mar y las cabañas las construyeron sobre terrenos ganados a las aguas con rellenos de coral, roca y tierra. En noviembre y diciembre, época de vendavales y oleajes, a veces se inundan. Nunca fue tan angustioso como en 2008, cuando el mar entró con furia a la isla”.

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En la niebla

Subimos a Zelatun -con viento, lluvia, frío-, a esparcir las cenizas de Marijuli. Zelatun era su paisaje preferido pero apenas lo vimos, tan envuelto en la niebla.

Llegó gente caminando desde Asteasu, Iturriotz, Errezil. Nos reunimos entre las bordas de Zelatun. Hablaron de Marijuli y así la tuvimos entre nosotros, le cantamos, le bailaron un aurresku con botas de monte que chapoteaban en el barro, caminamos doscientos metros hasta un árbol recién plantado en la ladera, volvimos a cantar contra el viento y el frío, nos juntamos para darnos un poco de calor, esparcieron las cenizas al pie del árbol.

Copio de ‘La muerte de la bien amada’, de Marc Bernard:

“Un universo que no se conociera a sí mismo sería igual que la nada. No le bastó con que las criaturas siguieran sus leyes; todo sucedió como si necesitase un testigo, aunque éste lo acusara de crueldad, de absurdidad, como si el odio, la rebelión se le antojasen preferibles a una sumisión bestial desprovista de voluntad. Solo entonces ese dios-universo adquirió forma, color, cobró vida. El primer cadáver que no se dejó a merced de las alimañas, a quien flexionaron las rodillas para colocar en la posición del feto original, que fue sepultado en una tierra ocre, alrededor del cual fueron depositadas herramientas, armas y calaveras de animales, aquel muerto fue la primera criatura que unió cielo y tierra. Fue él quien otorgó su resonancia al universo, quien lo hizo vibrar como un arpa. Y fue, también, la primera vez que nos impregnamos de tragedia.

A esos hombres y mujeres respetuosos con aquello que hasta entonces se desechaba junto con los detritus de la cueva, que de improviso creen que más allá del frío y la descomposición comienzan otra vida, otros peligros que requerirán de las armas; a ellos me siento muy cercano, excavo la tierra, la rocío con arcilla, tomo al difunto amorosamente entre mis brazos, lo recuesto con delicadeza en la fosa, lo deslizo en ella como en una falla de la pared que llamamos, sin saber lo que decimos, “realidad”. Y experimento también yo, ante la desaparición de Else, la misma extrañeza que sentía un hombre de las cavernas”.

Zelatun hoy sin Marijuli:

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Aquel Zelatun con Marijuli:

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Estimado editor que va a reinventar el periodismo

Estimado editor de un nuevo medio que va a renovar por fin el periodismo:

Siento que usted no haya entendido la situación y el compromiso que le pido. Soy un periodista independiente que últimamente no ha escrito nada nuevo. En este momento de refundación del periodismo, estoy pidiendo a los editores que apuesten por darme dinero, sin pensar todavía en mis textos. En esta primera fase es importante la implicación y la confianza. Le invito a enviarme dinero y más adelante, si las cosas van bien, intentaré enviarle algún texto, claro.

He pedido dinero a cincuenta editores muy prestigiosos y todos me lo van a dar sin pedir nada a cambio, usted es el único que me ha pedido un texto por adelantado. Además, sus pretensiones de que el texto sea interesante, novedoso y sin faltas de hoctografía resultan desmesuradas en este momento. Siento que no entienda las dinámicas y los compromisos que necesitamos en esta época para renovar el periodismo. Le deseo mucha suerte,

Frílans Tontogoitia

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Qué año

Por ir adelantando trabajo, comparto con vosotros los mejores momentos de mi año 2015. Ayer por la mañana subí al Adarra, luego comí en casa de mis padres y por la noche vi una película. Me encantaría poner una selección de fotos pero no saqué ninguna. Qué 2015 tan maravilloso, gracias a todos, viva, viva.

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Marijuliren postalak

Marijuli Azkue laguna joan zaigu. Etxean hilda aurkitu zuten abenduak 20an, Asteasun.

 Postal bat jaso nuen etxean, 2005eko maiatzean, eta zeinek bidali zidan asmatu ezinik ibili nintzen. “Ni” sinatzen zuen egileak.

Argazkian laku bat ageri zen gatz lautada baten erdian, mendi beltz bolkanikoz inguratuta. Ezaguna egin zitzaidan eta seiluan République de Djibouti irakurri nuenean, misterioaren zati bat argitu nuen: argazkian agertzen zena Assal lakua zen, Afrikako depresiorik sakonena, Pangea espedizioaren azken etapan bisitatu genuena. Zigilu-markak 2005eko apirilaren 27ko data zeukan: zein ote zebilen munduko zoko ahaztu hartan, niri euskaraz idatzitako postala bidali zidana?

Orduan etorri zen sorpresarik handiena, egileak postalari eskuz jarri zion datari erreparatu nionean: 2001eko ekainaren 29a. Lau urte lehenagokoa! Eta 2001eko egun hartan ni Djibutin nengoela konturatu nintzen, Josu Iztueta eta Marijuli Azkuerekin batera.

Enigma argitu nuen azkenik: “ni” misteriotsu hori Marijuli bera zen. Lau urte lehenagoko egun hartan, Josuri eta bioi ezer esan gabe, postal bana bidali zigun Marijulik, bueltatzen ginenerako etxean zain izango genituela pentsatuz. Josuk eta biok ez genuen jakin Marijulik postal hori bidali zigunik. Eta postalak, antza denez, lau urte pasa zituen Djibutiko gutunontzian edo funtzionario afrikar baten bulegoan zokoratuta.

Marijulik lagun batzuen umeari ere postala bidali zion Djibutitik, orduan urte bat zeukan neskatoari. Neskak bost urte zeuzkan postala heldu zitzaionean eta irakurtzeko gai zen ordurako. Jakintsua da denbora. Edo funtzionario afrikarrak.

Bidaia hartan ezagutu nuen Marijuli, Josuren lehengusina, eta aurrerantzean halako keinuak uzten zizkidan beti: tarteka sorpresa bat, laztan bat, kuku bat. Eskutitzak maiz. Eta eskutitz bat urtero garai honetan bertan, urte berri ona opatzeko, Marijulik munduan zehar ateratako argazki batekin. Iazkoa -eskuetan daukat orain- Cabo Verdeko krater bat zen, lautada berde, berde, berde bat, harrizko txabola eta behi batzuekin, eta 2014ko egunerokotasuna koloreztatzeko adina berde bidali nahi zidala idatzi zidan. Eta ederra izango zela urte hau. Ederra izan da, Marijuli, ia azkenera arte.

Bidaia hartan ezagutu ninduen Marijulik, Djibutin. Zazpi hilabete eta bost kontinenteren ondoren, Pangea espedizioaren azken bidai horretan oso nekatuta geunden Josu eta biok, munduko herrialderik beroenean abailduta, itota eta muturtuta, mango-zukua edaten ari ginen terrazatik altxatzeko eta Djibutiko basamortu bolkanikoan barrena bidaiatzeko gogo izpirik gabe. Marijulik azken etapa hartan lagundu gintuen. Marijuli ezagutu dutenek erraz ulertuko dute nolako deskarga elektrikoa izan zen bere umorea Josu eta biontzat. Dantzan jarri gintuen, eta inoiz egin dugun bidaiarik arraro, dibertigarri eta gogoangarrienetako bat burutu genuen. Liburu baterako ere eraman zuen: nire lehenengo liburua, azalean Marijulik ateratako argazki bat zeramana.

Aurrerantzean ere halaxe izan zen beti: egun arraroak, dibertigarriak eta gogoangarriak oparitu zizkigun Marijulik, bere postalak bezala. Orain hutsik gelditu zaigu buzoia.

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Argazkia: Aiurri.com

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Solo se preocupan por hacer el amor y correr en bicicleta

Va otro fragmento de ‘El ciclismo, esa religión italiana’, texto que he publicado en el número 9 de la revista Jot Down en papel.

“El 24 de agosto de 1913 se celebró en Imola el primer Congreso Nacional de Ciclistas Rojos. Aprobaron unos estatutos que decían lo siguiente: “En los periodos especiales (elecciones, agitaciones, huelgas), los ciclistas rojos asegurarán los medios rápidos para la comunicación y la correspondencia (…). Las bicicletas rojas serán la vanguardia de nuestra propaganda y nuestro movimiento, el medio por el que nuestros afiliados de todas las comarcas permanecerán en contacto, en tiempo de paz y de guerra”. Consideraban la bicicleta como “el vehículo del pueblo” para la lucha de clases y denostaban el ciclismo de competición: “El deporte es un problema gravísimo, que desvía la atención de los obreros y especialmente de los jóvenes. Los distrae del estudio de los problemas sociales y los aleja de las asociaciones políticas”. Y condenaban a “esos jóvenes más deseosos de leer La Gazzetta dello Sport que el Avanti! [el diario socialista], esos jóvenes preocupados solo por hacer el amor y correr en bicicleta”.

La bicicleta también inquietaba al criminólogo Cesare Lombroso, aquel que dictaminaba si alguien era un delincuente por la forma de su cráneo, sus mandíbulas o sus orejas. En 1900 escribió que la bici “es el vehículo más rápido en el camino a la delincuencia, porque la pasión por el pedal arrastra al robo, la estafa y el atraco (…). Es un instrumento frecuentísimo para el robo, también para la gente relativamente adinerada, que se siente atraída por la facilidad de la ocasión”.

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Andrea Carrea, superviviente del campo de concentración nazi de Buchenwald, viste el maillot amarillo del Tour de Francia por primera y última vez en su vida.

Relacionado: La bicicleta, ese vehículo de la lujuria.

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El ciclismo, esa religión italiana

En el número 9 de la revista Jot Down en papel, dedicado a Italia, publico un texto titulado ‘El ciclismo, esa religión’. Empieza con esta historia:

“La foto es del 4 de julio de 1952. Andrea Carrea, superviviente del campo de concentración nazi de Buchenwald, viste el maillot amarillo del Tour de Francia por primera y última vez en su vida. Agacha la cabeza, avergonzado, mientras el campionissimo Fausto Coppi le acaricia el mentón y sonríe tratando de consolarlo.

Carrea, uno de los gregarios más fuertes y más fieles de Coppi, se había sumado la víspera al ataque de siete ciclistas secundarios. Una tarea de equipo habitual: colarse en las fugas, adelantar un peón en el tablero. Pero el pelotón se lo tomó con calma y los escapados llegaron con muchos minutos de ventaja a la meta de Lausana. Ganó el suizo Diggelmann. Carrea se marchó al hotel y cuando estaba a punto de ducharse apareció la policía para darle un disgusto: le comunicaron que era el nuevo líder del Tour y que debía subir al podio. Carrera llegó al podio acompañado por policías y temblando.

“Cuando le pusieron el maillot amarillo, lloró”, escribió el periodista Jean-Paul Ollivier. “Pensó que el cielo había caído sobre su cabeza. Cuando apareció Coppi, Carrea se dirigió hacia él sollozando como un niño y se deshizo en disculpas. ‘No quería el maillot, Fausto, perdóname, qué hace un pobre hombre como yo con el maillot amarillo…’”. Coppi lo abrazó y lo felicitó.

En la salida del día siguiente, Carrea se presentó de amarillo y no sabía dónde esconderse. Cuando se acercaron los fotógrafos, se arrodilló delante de Coppi y se puso a lustrarle las zapatillas. Por suerte para él, ese día subieron al Alpe d’Huez por primera vez en la historia, Coppi ganó la etapa y se vistió el maillot amarillo ya hasta París. Carrea terminó noveno: era un ciclista notable.

Pero los gregarios de Coppi no formaban solo un equipo de ciclistas, no eran una familia, “constituían una especie de secta en la que todos se entregaban al líder, 365 días al año, y permanecieron unidos con el paso de las temporadas”, escribe el historiador John Foot en su libro Pedalare. Valerio Bonini, otro de los gregarios de Coppi, habló así: “Estar junto a él era como estar junto a Jesucristo. No quiero blasfemar pero Fausto era un poco como él: un ser fuera de la norma, un santo en carne y hueso”. El sociólogo Roger Bastide escribió que la figura de Coppi parecía sacada “de la vidriera de una iglesia, con su cuerpo tan largo y delgado, con las líneas del rostro marcadas por el sufrimiento como las de un monje en éxtasis. Cuando se le ve sufrir, viene a la mente el camino al Calvario”. El periodista Gianpaolo Ormezzano habló de Coppi como “el campeón con una cruz a la espalda”.

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Solo se preocupan por hacer el amor y correr en bicicleta.

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Foto: La Gazzetta dello Sport.

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Hacia el Etna, hacia

Hasta aquí llegó la lava en 2001, aquí empezamos la caminata:

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Para mí era el tercer intento de caminar Etna arriba. En llegando a esta pasión / un volcán, un Etna hecho / quisiera sacar del pecho / pedazos del corazón.

Hace dos años hablé con la señora que barre el Etna. Entonces quise subir al volcán pero el cráter llevaba varios días lanzando cenizas, hasta cubrir los pueblos más cercanos con una capa negra de cinco centímetros. En Zafferana aquella señora barría la entrada de su casa con resignación geológica. La efusión del magma, la regeneración de la corteza continental, la orogenia y esas cosas están muy bien, pero luego se queda todo perdido y alguien tiene que barrer la creación del mundo.

Diez días después, cuando el mayor volcán de Europa ya se había calmado, hice un segundo intento de caminar hacia su cumbre. Hacia, al menos. Conocí a un montañero turinés que, después de escalarse todos los Alpes, llevaba ocho meses trabajando en un refugio del Etna. Cuando le pregunté si no se cansaba de estar siempre en la misma montaña, me dijo que el Etna nunca es la misma montaña. Que en ocho meses había visto ya muchas erupciones, que el paisaje se transforma constantemente, y para qué buscar montañas distintas si estás en una que no para de transformarse.

La mañana siguiente llovió a mares y una niebla espesa no dejaba ver más allá de treinta metros. Esperé una tregua hasta las once de la mañana, di un paseíllo apurado bajo el aguacero, subí por una ladera de pinos y abedules, gocé con la experiencia de pisar nieve y ceniza, crunch, crunch. Luego volví rápido y con cara de mala leche.

-No te disgustes, porque la lluvia te conviene –me dijo el guarda-. Así se limpia de cenizas la carretera y al menos podrás irte de aquí.

Hace unos días, tercer intento, las laderas del Etna eran de nuevo diferentes.

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Al llegar a los 2.600 metros -la cumbre está a 3.322- empezó a nevar y bajó una niebla muy espesa. Nos dimos media vuelta.

Al día siguiente el cráter del Etna empezó a echar gases. Y lo vimos mejor que nunca. Desde el avión.

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Publicamos el libro ‘Regreso a Chernóbil’

Ya sale Regreso a Chernóbil, el libro que he escrito siguiendo los criterios de la Lectura Fácil. Lo publica la editorial Gaumin, con quien ya sacamos hace unos meses este mismo libro en euskera: Txernobil txiki bat etxe bakoitzean.

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A un 30% de la población le cuesta mucho leer y comprender textos, según explica el movimiento Lectura Fácil, y esas carencias apartan a mucha gente de la información y el conocimiento. A mí ese dato también me hace pensar que mucha gente se está perdiendo muchas cosas. Que la lectura te multiplica la vida y que es una pena no tener la opción de disfrutarla. Por eso me pareció preciosa la propuesta de la editorial Gaumin. El movimiento Lectura Fácil se fundó en varios países escandinavos en la década de 1970. Los catalanes empezaron a publicar libros con este formato en 2002. Este año han empezado a salir en euskera. Y he traducido el mío al castellano.

La colección de Gaumin pretende ofrecer historias atractivas, narradas de forma sencilla, para jóvenes, adultos y mayores, para estudiantes del idioma, para personas con problemas de lectura y comprensión…

SINOPSIS:

Cuando ocurrió el accidente nuclear de Chernóbil,
Julia tenía 13 años y estuvo todo el día jugando al aire libre.
Igor era un soldado de 18 años
y le ordenaron ir deprisa a la central, a trabajar.
Nadie les explicó nada.
Ahora Julia quiere escribir un reportaje,
donde contar qué ocurrió en Chernóbil
y cómo se encuentra todo hoy día.
Le ha pedido ayuda a Igor,
para recordar juntos aquella catástrofe
y para tener un amigo mientras visita el lugar.

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‘Las mujeres que nadaban en la guerra’, en Vitoria-Gasteiz

Mañana, martes 2 de diciembre, daré una charla a las 19 en Vitoria-Gasteiz (centro cívico Lakua). La charla se titula ‘Las mujeres que nadaban en la guerra’ y repasa las extraordinarias historias de las mujeres que se rebelan contra el crimen más silenciado del conflicto colombiano: la violencia sexual como estrategia premeditada de guerra, ejercida por todos los bandos, sistemática, masiva y casi absolutamente impune. Pondré algunos fragmentos del documental ‘Huellas que no callan’, del compañero Pablo Tosco.

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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