Los jueves, columna

A partir de hoy, los jueves publicaré una columna en la última página de ‘El Diario Vasco’. Mucho ánimo a todos y que sea leve.

4

votar

Los tres mil güeros que parlan talián

He publicado este reportaje sobre Chipilo, el pueblo de los tres mil mexicanos que hablan véneto (en El Mundo).

(Foto: Andrea Mantovani)

cerrados

votar

Dicen de ‘Potosí’

Aquí dejo algunas de las reseñas, menciones y premios que ha recibido ‘Potosí‘ este año.

  • Martín Caparrós, en El País:

“Potosí te cuenta la historia pequeña de una niña minera y, a través de ella, te cuenta una historia universal. Cumple lo que decía Kapuscinski: encontrar la gota de agua en la que se refleja todo lo que hay alrededor. Y eso está muy bien trabajado en este libro.

Lo que más me interesó es cómo toma a contrapié lo que uno imagina a priori sobre cómo va a ser este relato. Es un relato sobre pobres mineros, gente muy explotada, gente muy jodida, sobre víctimas. Pero te muestra cómo esas víctimas a veces se convierten en victimarios, cómo ellos mismos ejercen mucha violencia sobre los demás. Los relatos, cuando hablan de víctimas, suelen limar sus asperezas y silenciar sus contradicciones. Izagirre las muestra. Es una actitud muy valiente y le da espesor al relato”.

  • Txani Rodríguez, Radio Euskadi:

“Izagirre hace un documentado recorrido histórico por Bolivia, con su pericia habitual para la narración, y consigue situarnos ante nuestras propias contradicciones. Se lleva por delante un puñado de nuestras certezas bienintencionadas”.

  • Revista Letras corsarias:

“Izagirre, en la más pura tradición del periodismo narrativo, explica los mecanismos que determinan que cada mañana una niña tenga que entrar a la mina: la ciudad sin ley que rodea al yacimiento, la pobreza extrema junto a la riqueza natural, el asesinato de legisladores reformistas, la corrupción política, la violencia cotidiana”.

  • Jorge Raya, The Objective:

“Cada libro de Ander Izagirre es un respiro. Nos ofrece un periodismo que necesita tiempo, valor, paciencia y sentido de la responsabilidad”.

  • Ricardo Martínez Llorca, revista Culturamas:

“Eduardo Galeano y su espíritu flotan en Potosí, como también Naomi Klein y La doctrina del shock. Pero Izagirre siempre se arrima más al suelo que la escritora canadiense, y en el suelo se topa con personas humildes, con vidas en la miseria. Si Naomi Klein escribe sobre el bosque, Izagirre lo hace sobre cada uno de los árboles.

Algo hay que hacer para torcer el rumbo del horror. Potosí contiene el azote que nos debemos dar. Gracias, Izagirre, por acribillarnos con esa bala. Nos la hemos merecido”.

  • Javier Pérez de Albéniz, El descodificador:

“Ander Izagirre es uno de los grandes tapados del periodismo español. Un reportero a la vieja usanza, si hablamos de técnica exquisita y respeto por la profesión. Un periodista del siglo XXI, si nos referimos a asumir riesgos, a una cintura prodigiosa, a la ironía y el humor.

“Potosí es una historia escrita por un tipo que trabaja sin chubasquero, que se mueve con soltura en el barro y que no duda en mancharse las manos. Por un escritor que hace periodismo, o por un reportero al que se lee con entusiasmo. El equilibrio perfecto entre datos, información, y una literatura luminosa. Un placer que nos arrastra a las entrañas de la tierra, uno de los lugares más peligrosos del planeta, cementerio de mineros y, como cuenta Izagirre, lugar de nacimiento del primer capitalismo boliviano.

El hombre explotado por el hombre. La riqueza más gloriosa junto a la pobreza más atroz. Eso es Potosí, y así lo cuenta Ander Izagirre, uno de los últimos reporteros puros, un periodista de aquellos que se debe leer absolutamente todo cuanto escribe. Incluido, por supuesto, este intenso, claustrofóbico y brillante “Potosí”.

2

votar

‘Potosí’ gana el premio Euskadi de literatura

Esto es un alegrón: me han dado el premio Euskadi de literatura, en la categoría de ensayo, por el libro Potosí.

La crónica periodística intenta abrir huecos para que entre la luz de otras historias, de otras personas, de otros lugares que no suelen ser muy atendidos. Me parece bueno que una sociedad mire a otras, que conozca otros modos de vivir y cuestione los propios, que piense cómo están relacionadas las vidas de aquellos con las vidas nuestras. Que piense, también, en los mecanismos que producen la injusticia y en sus beneficiarios. ‘Potosí’ es un intento de abrir un poco la ventana. Espero que el premio sirva para que otros lectores se asomen. 

Y como me quedé sin abuelas, copio aquí las palabras del jurado. 

“Ander Izagirre ha elaborado un relato certero sobre las condiciones infrahumanas en las que miles de personas luchan por sobrevivir. A través del día a día de una niña minera y de su pequeña historia de miseria y esperanza, se refleja el terrible drama que durante siglos, y hoy más que nunca, están padeciendo los mineros del Cerro Rico de Potosí. Alejado de sentimentalismos y derivas estériles, el lector se encuentra ante un libro de encomiable calidad literaria y que posee la doble virtud de informarnos e interpelarnos”.

Muchas gracias al jurado y al Gobierno Vasco. Felicidades a los ganadores en las demás categorías: Arantxa Urretabizkaia, Fernando Aramburu, Asier Serrano, Leire Bilbao, Matias Mujika y Mikel Valverde. 

cerrados

votar

Las primeras páginas de ‘Potosí’

Publicamos en Zenda las primeras páginas de ‘Potosí’ (Libros del K.O.): 

Las mujeres no pueden entrar a la mina -dice Pedro Villca-.

cerrados

votar

‘Potosí’ ya está en Potosí

Esto sí que es la cumbre de una carrera literaria: una presentación a 4.067 metros de altitud.

La editorial El Cuervo presentará la edición boliviana de ‘Potosí’ en Potosí (el 28 de septiembre, a las 19.00, en la Casa de la Moneda). Y como aperitivo han montado este vídeo de un minutillo.

Imagen de previsualización de YouTube

 

 

cerrados

votar

Viaje a las penúltimas palabras

Aquí está La batalla para salvar la lengua de los siete hablantes: mi reportaje sobre el ixcateco, sobre otros idiomas a punto de extinguirse en México y sobre las curiosas estrategias de los hablantes y los lingüistas que intentan salvarlos. En la revista Papel. 

Don Hilarino Torres Mendoza, el primer protagonista del reportaje, murió hace unas semanas. Era la única persona que tenía un teléfono móvil en Chontecomatlán, un pueblo de 400 habitantes en las montañas de Oaxaca. Se empeñó en comprarlo. No podía hablar con nadie, porque la cobertura no llega a este rincón de la sierra, pero él hablaba y hablaba sin parar con el teléfono en la mano: grababa las últimas palabras del idioma chontal.

cerrados

votar

El mejor trabajo del mundo

Este es el trabajo que más envidio: el de la persona que decide exactamente cuáles son los tramos de las carreteras -incluidas las más minúsculas y remotas- que merecen ir subrayados en verde en los mapas Michelin porque son los más bonitos.

cerrados

votar

Una vez conocido, es imposible olvidarlo

“Una vez conocida esta realidad, es imposible olvidarla”.

Me alegra mucho que Edurne Portela haya escrito una reseña de ‘Potosí’ en La Marea y me alegra que haya escrito precisamente esa frase.

 

 

cerrados

votar

Dame una bomba atómica

Ayer, subiendo de Orio a Igueldo, tuve una avería en el cambio de la bicicleta. La rueda trasera quedó bloqueada, no podía moverme, así que pedí ayuda a los coches que pasaban en dirección a San Sebastián. Creí que alguno me llevaría.

Mi bici con una o dos ruedas desmontadas y yo mismo cabemos en el asiento trasero de cualquier coche, no digamos ya si tiene espacio en el maletero.

En algunos coches venían familias con niños en silletas, con los trastos de la playa, con perros: no tenían sitio. Dos hombres pasaron en un todoterreno pero solo iban hasta el siguiente caserío. Un chico apareció muy rápido con su coche y paró un poco, pero solo para decirme que iba con mucha prisa al trabajo, y aceleró de nuevo.  Paré cinco o seis coches, sin suerte. Hasta ese momento me pareció bastante normal.

Entonces aparecieron dos coches seguidos. En cada uno de ellos iba una pareja joven: chico al volante y chica de copiloto. Pensé que esta vez sí, que alguno de los dos sí. Levanté la mano para pedirles que se pararan. El primer coche empezó a frenar pronto, unos cuantos metros más abajo, y yo no me acerqué: pensé que vendría despacio hasta mí.  Pues sí. Pasó por mi lado, el conductor me miró un poco, apartó rápido la mirada y siguió adelante. El segundo coche tampoco paró.

Yo estaba en la cuneta, con una bici tirada en la hierba, levantando la mano para pedir ayuda en una carreterita de montaña.

Oh, dame una pequeña bomba atómica, no demasiado grande, lo suficiente para matar a un caballo por la calle –pero no hay caballos por la calle, decía B.-.

Tuve que llamar por teléfono a mi padre. Me dijo que iría a por el coche y que vendría a buscarme.

Me quité las zapatillas con calas, me eché la bici al hombro y caminé descalzo cuesta abajo, para acercarme a la salida de la autopista por la que llegaría mi padre. Mientras bajaba así, ya no pedí ayuda, claro. Pero a ver: en ese tramo pasaron casi una docena de coches y furgonetas, todos me miraron con curiosidad, yo era un ciclista descalzo, con las zapatillas en la mano, con la bici al hombro, caminando por la cuneta, ¿y creéis que alguno de esos diez o doce conductores bajó la ventanilla para preguntar al menos ‘oye, ¿todo bien?, ¿necesitas algo?, ¿te podemos ayudar?’”.

Oh, dame una bomba atómica, suficiente al menos para derribar las flores de una maceta.

He hecho autostop dos o tres veces en el último año –bajando del Pirineo con la mochila, por ejemplo- y veo que la gente de los pueblos suele parar, pero los turistas y los excursionistas, incluidas muchas parejas montañeras con sus furgonetazas, miran casi siempre para otro lado.

Me vienen ideas sobre una sociedad que merece una pequeña bomba atómica y que huele como a calzoncillos en julio, luego también pienso que quizá yo tengo aspecto peligroso y que asusto a las nobles gentes y entonces sí que me vienen ganas de lanzar una bomba atómica, un poco más grande, más luminosa.

12

votar

Escribe tu correo:

Delivered by FeedBurner



Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
(Más sobre mí)