VIGALONDO Nacho

Entre primates sociales. Cómo conseguí que Pérez-Reverte me siguiera

La clave del éxito de Twitter es tan sencilla como profunda: un chimpancé aislado no es un chimpancé.

La frase es del etólogo Konrad Lorenz (el tipo que engañaba a ocas recién nacidas para que siguieran como si fuera su madre a una caja de zapatos de la que él tiraba con un cordel). Y nosotros por ahí andamos: somos unos primates sociales, cuya pulsión más poderosa es la de estar en grupo.

Esto lo explicó el paleontólogo Juan Luis Arsuaga en el diálogo que mantuvo con el escritor Arturo Pérez-Reverte durante la clausura del congreso iRedes en Burgos. Esto y muchos otros asuntos apasionantes sobre nuestra naturaleza social; sobre la cultura como amplificadora (pero no sustitutiva) de la biología; sobre la evolución que nuestra especie ya no necesita continuar porque dispone de la tecnología, mucho más rápida y eficaz para conseguir lo que nos haga falta, como volar o movernos bajo el agua; sobre la maravillosa aparición en el universo de una forma de materia que es consciente de sí misma (o sea, nosotros, salvo algunos lunes por la mañana); sobre el afán de inmortalidad; sobre las profecías de Un mundo feliz y la manía de posar sonriendo en las fotos… («Las redes sociales, desde Atapuerca hasta Twitter», audio completo).

Pérez-Reverte completó el diálogo con ideas sobre los riesgos de la inmediatez y la falta de reflexión, sobre la manera en la que las nuevas herramientas han cambiado el papel clásico del reportero, sobre la tecnología que nos protege pero que nos hace inconscientes de la hostilidad y el dolor que siempre acaban llegando…

Con la polémica de su tuiteo sobre Moratinos sobrevolando, pero sin mencionarla, Pérez-Reverte habló del peligro que supone sacar una frase de Twitter y publicarla como titular en los medios de comunicación. Dijo que Twitter es como una charla en una  barra de bar y que los comentarios que allí se hacen entre amigos no pueden llevarse a titulares sin descontextualizarlos.

Es cierto que a veces se sacan de madre algunas frases lanzadas por ahí, pero la de Pérez-Reverte me parece una concepción equivocada de Twitter: una barra de bar en la que te escuchan 80.000 personas ya no es una barra de bar. No es, por supuesto, una charla entre amigos. A mí me encanta contar chistes burros y soltar de vez en cuando comentarios disparatados que incluso dicen lo contrario de lo que pienso, pero se los suelto en privado a mis amigos, a los que entienden el contexto, saben qué pienso en realidad y entienden por qué me hacen gracia esas burradas;  ni se me ocurriría contarlos con un micrófono ante una audiencia de cientos o miles de personas. Eso no es hipocresía sino una conciencia elemental de que en un público amplio muchos no conocen las claves de  la conversación ni tienen por qué comprender si en ese momento soy irónico o si hablo en sentido recto. Si no eres capaz de distinguir los ámbitos, te puede pasar lo que a Nacho Vigalondo.

Hablando de estas cosas con Allendegui, nos dio vértigo imaginarnos cómo será tener 80.698 seguidores en Twitter, los que tiene Pérez-Reverte en el momento en que escribo esta línea.  A la vez sentimos mucha curiosidad por saber quiénes son los 72 selectos tuiteros a los que él sigue, nos preguntamos qué habrá que hacer para que te siga alguien tan popular… y nos propusimos intentarlo.

En Burgos, con la ayuda de Allendegui y Nacho de la Fuente, lo conseguimos: esto es lo que hay que hacer para que te siga Pérez-Reverte.

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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