Ciclismo

Cabestany y Lejarreta, los mejores del planeta

Hace 25 años, en clase de 5º de EGB, la andereño Eulali colocó en el fondo de la clase un enorme papel de estraza que cubría toda la pared, de lado a lado. Me nombró encargado del asunto: todos los días me tocaba coger El Diario Vasco, recortar las clasificaciones y las fotos de la Vuelta al País Vasco y de la Vuelta a España, y pegarlas en ese papel. Creo que fue mi segundo blog (aquí el primero).

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Acabó confesando que había ganado el Tour

En el ciclismo actual, parece más fácil predecir quién ganará el próximo Tour que adivinar quién ganó el anterior. Los demarrajes de los corredores en el Tourmalet son ya leves pasatiempos de julio, gesticulaciones de telonero antes de que se celebren las verdaderas competiciones, las más emocionantes y decisivas,  las épicas batallas entre analistas de laboratorio y abogados.

Cuando hace un tiempo escribí los siguientes párrafos, pensé que estaba narrando peripecias estrafalarias que sólo podían ocurrir un siglo atrás:

“Henri Cornet ganó el segundo Tour de la historia pero él no se enteró hasta cuatro meses más tarde. El 30 de noviembre de 1904, la Unión Velocipédica Francesa anunció que descalificaba a los cuatro primeros (Maurice Garin, René Pottier, César Garin e Hypolitte Aucoutourier) por maniobras ilegales durante la prueba, y declaró ganador al quinto clasificado, Cornet, que había terminado a tres horas de Garin. Gracias a esta carambola, Cornet se convirtió en el vencedor más joven de la historia, con 19 años, marca jamás rebajada.

¿Por qué esperaron cuatro meses para anunciarlo? Porque la segunda edición del Tour había sido un tumulto continuo, los ciclistas cometieron todo tipo de trampas y en plena carrera se vivieron batallas campales entre rebaños de fanáticos que apoyaban al ídolo local y los ciclistas rivales. La Unión Velocipédica Francesa prefirió comunicar las descalificaciones en invierno, cuando los ánimos ya se habían enfriado, para evitar turbamultas y linchamientos. De hecho, a partir de esa decisión, el inocente Cornet padeció un calvario de persecuciones, insultos y amenazas. Nadie tenía menos interés que él en alcanzar la fama: su verdadero nombre era Henri Jardy y había corrido el Tour bajo seudónimo para evitar que su familia supiera que se dedicaba al ciclismo, un deporte de brutos, golfos y desesperados. Con el revuelo organizado a finales de noviembre, Cornet tuvo que confesar a su familia que había ganado el Tour. Y después se retiró del ciclismo un par de años, para huir de las iras familiares y las amenazas de los fanáticos”.

(Del capítulo “Doce chuletas en el maillot”, del libro Plomo en los bolsillos).

Ahora pienso en el caso Contador, en Schleck, Rasmussen, Landis, Pereiro. En las victorias y derrotas de noviembre. Los ciclistas actuales tardan más que Cornet en enterarse de que han ganado el Tour.  Y descubren en su palmarés victorias que no celebran y apenas confiesan.

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Náufragos en el Tourmalet

Ayer subí el Tourmalet en bici, trece años después de la última vez, y tardé el mismo tiempo que entonces. Con un pequeño matiz: hace trece años en la bici llevaba una parrilla cargada con alforjas, tienda de campaña, saco de dormir, hornillo y ropa para varios días de viaje. La ecuación es sencilla y significativa: en el aspecto físico, tener 33 años es como tener 20 años más un equipaje a cuestas.

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Nací en Donostia-San Sebastián en 1976.
Soy periodista satélite.
Kazetari alderraia naiz
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