En los zapatos del asesino

(Ilustración de Nerea Armendáriz | Artículo también publicado en Pikara Magazine)

A principios de los años ochenta, los diarios españoles relataban cómo “los activistas” habían asesinado “con dos certeros disparos” a una persona, y remataban la crónica explicando que “en algunos círculos del pueblo” a la víctima se le tenía por chivata. Cuando una bomba mató a un obrero de la central nuclear de Lemoiz, unos días después El País recogió la reivindicación de Eta y sus detalladas explicaciones, y tituló así: “La muerte del trabajador se debió a motivos imprevisibles”.

En estos años hemos aprendido que es inmoral escribir desde el punto de vista del asesino, desplegando sus razones y sus justificaciones, mientras con el pie empujamos un poco el cadáver para que quede tapadito debajo de la mesa y no incomode. Por eso, por ese aprendizaje, ahora a muchos nos repugna semejante prosa complaciente con el terrorismo.

Pero hay violencias con las que aún no hemos hecho ese recorrido. Existe un tipo de violencia bien concreta que en España mata a unas 60 o 70 personas todos los años, hiere a cientos y asfixia la vida de miles. Si esa violencia se cebara con otros grupos –no sé, imaginad a cinco o seis periodistas, políticos o futbolistas asesinados todos los meses, y docenas de ellos heridos y cientos de amenazados- se produciría una gran reacción social, una indignación.

Pero en el caso de la violencia contra las mujeres esa reacción apenas se produce. Todos los años mueren 60 o 70, sufren malos tratos unos cuantos miles, muchísimas otras padecen infiernos silenciosos o como mínimo controles y coacciones más sutiles. Es una violencia ejercida por hombres para dominar la vida de esas mujeres. Y los culpables gozan, todavía, de cierta tolerancia social. Mucha mayor tolerancia de la que nos gustaría reconocer.

Esta violencia se minimiza y los medios de comunicación a menudo construyen relatos comprensivos con los agresores, que aparecen caracterizados como buenos vecinos que saludan en el ascensor cuando sacan a pasear al perro, ¡era un chico normal!, incluso estudiantes modélicos y trabajadores honrados a los que de repente les ha entrado una ofuscación y han matado a su pareja. Un arrebato, un cortocircuito, una reacción aislada que queda dentro de los límites del cráneo del asesino. La disculpa del “crimen pasional”: es que cualquiera podría reaccionar así.

El arrebato le puede dar a cualquiera, decía precisamente un famoso articulista que dedicó una columna a comprender al asesino y a decirle “te has pasao, macho”, mientras le daba palmaditas en la espalda. Le puede pasar a cualquiera: la gran falacia. Yo no la acepto para mí: si mi pareja me engaña, me jodo y punto. Tomo una decisión pero desde luego no reacciono con violencia. Sin embargo, el articulista describía al asesino como “un chico normal”, que había sufrido una gran decepción amorosa y por eso había matado a su pareja. El crimen es terrible, escribía el tipo, pero también es comprensible que el dolor del hombre le llevara a asesinar a la mujer. Es que ella le había puesto los cuernos y, oye, “hay muchas formas de violencia”.

“Hay muchas formas de violencia”. ¿No os suena de algo esta excusa?

El machismo: un paisaje

La justificación de la violencia machista es minoritaria. Sí, claro. Pero las cifras no son para tomarlas a broma: si una mujer decide abandonar a un hombre, al 6% de la población española le parece justificable una reacción violenta. El porcentaje parece pequeño, pero supone casi tres millones de personas.

De ahí salen los 400.000 casos anuales de violencia machista, que se traducen en unas 135.000 denuncias. Y en 70 asesinatos. Añado un dato interesante sobre las famosas denuncias falsas de malos tratos, inventadas por mujeres malévolas que quieren arruinar al hombre y quedarse con los críos, la casa y el coche: sólo el 0,018% de las denuncias por maltrato resultaron falsas, el porcentaje más bajo entre todos los delitos.

Todos estos datos los repasó Miguel Lorente, delegado del Gobierno para la violencia de género, en una charla que dio ayer en Bilbao.

Si bien la justificación resulta minoritaria, Lorente subrayó que la reacción social ante esta violencia es bajísima: sólo el 1,5% de la población la considera un asunto grave. La sociedad considera que no hay tanto machismo o que no es preocupante.

El problema consiste en identificar el machismo sólo con la violencia, con sus manifestaciones más brutales. Y como los 60 o 70 asesinatos, por muy trágicos que sean, no tienen mayor relevancia estadística, pues ahí se queda la cosa. Todos tranquis, que tampoco es para tanto. Cuatro bestias a los que se les va la olla.

Pero el machismo no son sólo los estallidos. El machismo es un paisaje: un terreno amplio y común de desigualdades, en el que el poder y la autoridad de los ámbitos públicos sigue en manos abrumadoramente mayoritarias de hombres, y en el que muchas relaciones de pareja están marcadas por el dominio habitual del hombre sobre la mujer; ese es el paisaje en el que arraiga la violencia, más sutil o más brutal, física o psicológica, en el que encuentra justificaciones, un cierto amparo o una indiferencia que le deja hacer. Ese es el terreno abonado del que brotan, de repente, los estallidos.

El machismo no es la violencia: es la desigualdad. Y la violencia es la manifestación extrema de esa desigualdad.

No es casual que las peores violencias se desaten cuando la mujer decide separarse del hombre; es decir, cuando ella reacciona contra la desigualdad y contra el control que ejerce él. El machista vive la pérdida de control sobre su mujer como una mengua de su hombría (que la mujer le abandone no le resulta triste sino humillante) y la manera última de reivindicar su hombría y su autoridad es la violencia.

Los encarcelados por homicidios machistas, explicó Lorente, no presentan alteraciones psicológicas. No son enfermos mentales. No se les ha ido la olla. El problema es que han construido un sistema de dominio y que en los casos extremos recurren a la violencia más brutal para mantenerlo: tienen pleno conocimiento de lo que hacen cuando atacan a la mujer, los testimonios de las víctimas están plagados de frases amenazantes del tipo “ya te dije lo que te iba a hacer, no lo ves”. La mayoría de los asesinos de mujeres se entrega después a la policía o llama a un familiar para contarle lo que acaba de hacer o intenta suicidarse. Aceptan las consecuencias, porque lo primordial para ellos es que han restablecido su posición dominante, y han llegado hasta el extremo para lograrlo.

Por eso es necesario entender que los asesinatos machistas no son simples arrebatos, sino que se alimentan de la desigualdad. El problema de fondo es este sistema social en el que todavía las mujeres tienen menos oportunidades y papeles más limitados y sumisos, en el que los hombres cumplen a menudo unos roles típicos que les dan ventaja pero que crean relaciones injustas (y que a menudo son un lastre y una fuente de frustraciones para los propios hombres), en el que muchas relaciones de pareja derivan en sentimientos de posesión y control…  No hay que perderlo de vista: son las reacciones contra esa desigualdad las que suelen desatar la violencia de los dominadores.

Y diría que el asunto de la indiferencia atañe especialmente a los hombres. Es significativo lo que ocurre con el 016, el teléfono confidencial para maltratadas: cuando la persona que llama para pedir ayuda no es la víctima, sino alguien de su entorno, en el 80% de los casos son amigas, madres, hijas, hermanas… Sólo una llamada de cada cinco la hacen hombres. O sea, que en general estamos a por uvas.

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14 Comentarios Dejar comentario

  1. Ander, creo que esta realidad es a nivel mundial , acá en nuestro país ocurre lo mismo, hay muchos casos y se hace nada al respecto , algunos que otros programas para tomar atención y nada mas. Terrible realidad del mundo, mas aun justificar lo injustificable.

    • Ander Izagirre #

      Ricardo, dicen que cuando te enteras de algo, ya no puedes hacer como que no sabes. Supongo que ese es el primer paso y que faltan muchos más. Saludos.

  2. Enhorabuena por lo que has escrito te felicito por escribirlo y sobretodo siendo hombre (aqui tengo prejuicios de estereotipos) ya que me parece que te has puesto en el lugar de las mujeres que pocos lo hacen hasta este punto al escribir sobre esto y por como lo has escrito sobretodo minimizando las denuncias falsas ya que los cavernicolas que normalmente llaman a las mujeres «feminazis» por hablar sobre esto suelen argumentar lo de las denuncias falsas.
    Sobre la poca implicacion de la sociedad en esto es cierto en mi casa mi padre biologico (aunque para mi no lo sea) era un maltratador (afortunadamente ya no está aqui viviendo) la gente lo sabía y no llamaban cuando había movida aunque no eran palizas afortunadamente y luego cuando yo decía que para mi no es mi padre o hablaba mal de él después de contarles lo que nos había hecho que es de todo casi seguían diciendo que era mi padre que no hable así de el o estupideces de esas y les costaba entender que para mi no es mi padre que es un cabrón y ya está que para mi no existe

    • Ander Izagirre #

      Gracias, Carolina. Espero que la situación ya sea mejor ahora y que la hayáis superado lo mejor posible. Saludos.

  3. No sé quién dijo que el mayor de los asesinos es capaz de ayudar a cruzar la calle a una anciana. Por eso no tiene ningún sentido que esos pasos de cebra aparezcan en los medios de comunicación. Lo que lleva a las personas a decir «pues siempre te saludaba en el portal» pienso que es más el extrañamiento que produce el que uno de tu grupo cometa una atrocidad. Nos gustaría que los asesinos no se parecieran a nosotros, que vinieran de muy lejos y fueran muy chungos. Pero no es así y eso no nos gusta nada.
    En lo de que un asesino no tiene desórdenes psicológicos discrepo, la pérdida del control de los impulsos sería uno de ellos, lo que no tienen con tanta frecuencia son enfermedades psiquiátricas (pongo la esquizofrenia como paradigma).
    Un abrazo Ander.

    • Ander Izagirre #

      Pues sí, Princesa. Lo extraño no es que los vecinos se sorprendan de la apariencia normal de un asesino: nos pasaría a todos. Lo cuestionable es por qué los medios recurren a esos testimonios. Qué interés tiene que salga el señor del 4ºB diciendo que el chico parecía majo y salía todas las mañanas temprano a trabajar.

      En cuanto a lo de los desórdenes psicológicos, supongo que tendrás razón. Es un tema del que no sé nada. Sólo me imagino que los expertos quieren desmentir la idea de la enajenación y subrayar que esa violencia es un paso más de todo un proceso anterior.

    • Lo que dicen las y los expertos es que no se trata de pérdida de control sobre los impulsos, sino que el agresor controla y mucho: gestiona la violencia, sabe cuándo usarla para ejercer la dominación. Si los violadores agredieran movidos por un impulso irracional, violarían a su jefa, por ejemplo, o violarían en público. Si agreden a la mujer que perciben desprotegida y no a otras, es porque controlan, y porque la violencia se ejerce desde una posición de poder. Lorente contaba, por ejemplo, que normalmente el maltratador golpea en el tronco para que no se vean las marcas. Explicaba que la violencia no es el objetivo en sí mismo, sino el medio que usan cuando lo consideran necesario para mantener el control sobre la mujer.

      Enhorabuena por el artículo, Ander

      • Ander Izagirre #

        Gracias a ti por las explicaciones… y por publicarme el artículo en Pikara.

      • En mi opinión, más que el término «violencia» deberíamos usar «agresión». Hay muchos tipos de violencia, y no todas se ejercen desde una posición de poder, muchas veces se producen desde una posición de «contra-poder» u opresión. Sin embargo la agresión sí tiene esa connotación de «superioridad» -la palabra «poder» tampoco me parece la más adecuada, porque niega poder a la persona agredida, es decir, la victimiza- y de dominación.

  4. Creo que las dos cosas son ciertas, son grandes controladores de sus impulsos, dosifican su violencia para ejercer el dominio sobre la víctima y pierden ese control por completo cuando asesinan. He conocido casos y es alucinante ver cómo son capaces de actuar como grandes seductores frente a la autoridad. Muy interesante tu explicación MariKazetari, gracias.

  5. Estanislao #

    De acuerdo con una gran parte del artículo, no tan de acuerdo en varias de las generalizaciones. Pero vamos, que tengo asumido que como discuto una gran parte del discurso feminista actual debo de ser un postmachista de esos.

    • A mi por lo menos me interesaría saber qué partes del discurso feminista actual -teniendo en cuenta de que existen diversos discursos feministas-. Creo que el debate libre, cr´tico y autocrítico es enriquecedor liberador. Un saludo

  6. Marta #

    Un artículo muy interesante. La violencia de género no se da solamente en España. Muchos países luchan para que termine y otros la tienen tan enquistada que lo consideran «normal».

  7. Vaej #

    Gracias, Ander, por el artículo.

    Me parece interesante, razonable y loable lo que escribiste en él. Pero, si me permites, voy a hacer un poco de abogado del diablo, contrapunto, intentando comprender por qué a veces pasan cosas tremendas.

    En la entrada pusiste: «[…] si mi pareja me engaña, me jodo y punto. Tomo una decisión pero desde luego no reacciono con violencia […]». Creo que esto lo podríamos firmar muchas personas y concretamente lo de no usar la violencia todo el mundo que esté en un momento de calma, paz, … Pero la realidad indica que muchas personas, a veces, mentimos, insultamos, molestamos, engañamos, …; y algunas, en alguna ocasión, acosamos, pegamos, robamos, violamos, matamos, … Es decir, no creo que nadie, a priori (dejamos los militares, etc. aparte), piense que va a querer o llegar a pegar fuertemente y, mucho menos, matar a otra persona. Pero, a veces, sucede.

    ¿Por qué a veces alguna persona mata a otra (dejamos los accidentes de tráfico, etc. fuera)? ¿Le puede pasar a cualquiera? Creo que la primera es una pregunta difícil de responder y puede haber muchas combinaciones de diferentes causas que lleven a lo dicho. Y, posiblemente, la respuesta a la segunda sea que sí: en ciertas circunstancias cualquier persona puede entrar en una situación muy complicada, … que puede llevarle a lo que nunca nadie quisiera …

    Claro, la cita tuya, unos la firmarían de forma más consciente que otros. Es decir, algunos pueden tener la no violencia, el pacifismo, mucho más interiorizada y afianzada en su vida que otros. Pero, por desgracia, en la vida hay recaídas, retrocesos de todo tipo, que puede que no libren a personas que parecen muy pacíficas, estables, etc. a que, tras una época de varios cambios a peor o crisis, a cometer asesinatos.

    El machismo: ¿de dónde viene? Digo yo que de nuestros antepasados que vivían en un mundo con menos ciencia, conocimiento, leyes, … De épocas más salvajes, donde contaba más lo físico o animal que lo psíquico, moral o humano. Como sólo la mujer puede gestar y parir y el hombre tiene normalmente más fuerza física, velocidad, etc. pues ellos se dedicaban a la dura y letal tarea de cazar mientras ellas a gestar, dar a luz y criar niños, cocinar, cuidar la casa, … Y como el hombre se juega la vida en su difícil trabajo (también la mujer en la reproducción) y tiene más fuerza pues a la mujer le toca hacer más variedad y cantidad de labores. Ya llevamos un par de milenios de historia (quedando algunos grupos humanos remotos en la prehistoria), pero son muy pocos respecto a los aprox. dos millones de años anteriores del ser humano, por lo que nuestros seres todavía tienen aquello más o menos presente.

    En estos últimos milenios todo ha cambiado, y cada vez más rápido. Se habla de progreso, civilización, … Por desgracia, posiblemente siempre hay cosas que van para atrás, especialmente en épocas como la actual, de grandes y variados retrocesos …

    Pero hagamos un esfuerzo y seamos optimistas y consideremos y esperemos que, en líneas generales, vamos avanzando en humanidad, … Así, la mujer va consiguiendo derechos formales (leyes) y reales (en su casa, en la calle, trabajo, …).

    Pero, por ahora, queda tanta desigualdad, no sólo entre varones y damas, sino también entre ricos y pobres, … ¿Conseguiremos vivir en armonía y respeto, ya sin guerras, fraudes, corrupción, violencia de género …? Parece que falta mucho por hacer. ¿Se podrá conseguir? Ojalá más adelante sí pero, por ahora, parece una utopía. Habrá quien lo intente y ojalá todo mejore, Pero, por desgracia, cada avance o solución humana trae nuevos, inesperados, … problemas …. Y cada vez todo es más complejo … Está un rato complicado …

    Por otro lado: ¿qué es la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Es factible, cuando somos tan diferentes (y tan parecidos al mismo tiempo)? ¿O es sólo una utopía nada realista? ¿Nos traerá un futuro mejor buscarla? ¿O tal vez lo hará mejor luchar por el respeto de todas las personas fijándonos en las características diferentes de cada una? Vamos, que tal vez sea mejor buscar el respeto y la solidaridad que la igualdad. Puede que la igualdad no existe, por lo que no sería bueno ni realista perseguirla. Es tan complicado el asunto … y hablar y escribir, aunque cueste a veces, mucho más sencillo posiblemente …

    Que siga otro, que yo no tengo la solución para todo esto … ¿Tenemos remedio? ¿Alguna vez la vida dejará de ser cruel …?

    Mientras quede algo de ilusión habrá que disfrutar de cada día, intentando que sea mejor que el anterior … Mejor no pensar tanto (aunque algo sí) …

    ¡Salud!

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