ZUBEROA

Me mandan recuerdos del perro de Gamere

A veces entran la pereza o el desánimo y me dan ganas de dejar aparcado el blog. Pero de pronto vuelvo a descubrir que algunas historias son anzuelos que de vez en cuando traen de vuelta unas piezas tan hermosas…

El zumaiarra Xabier Azkue y su pareja vieron los cinco recorridos temáticos que publiqué en la revista Nora de este mes. Andaban de escapada por Zuberoa y decidieron acercarse a Gamere (Camou, en francés), para hacer el itinerario de las lamias, esas sirenas mitológicas que se bañan en pozas.

Cuando llegaron al manantial de agua caliente de Gamere se encontraron con un perro. Y como Xabier es lector de este blog, lo reconoció: era el perro que me acompañó durante cuatro horas y media por montes, bosques y cuevas, que no se apartó de mí cuando nos cayeron varios chaparrones ni cuando encontró un ligue por el camino. Cuenta Xabier que el perro se fue con ellos, por delante, marcándoles la ruta. No sé yo para qué me tomé tanta molestia de ir anotando el itinerario y de escribirlo después, si basta con decir a los excursionistas que obedezcan al chucho.

Sigue contando Xabier: el perro se paró a saludar a unos niños y a otra pareja, que le hacían mucho más caso y más mimos, pero enseguida reanudó la marcha para acompañarles a ellos. Como yo, comprobaron que es un perro de palabra. En un cruce, Xabier y su pareja pensaron que el recorrido completo se les haría muy largo y decidieron bajar atajando por la carretera hasta el punto de partida. Entonces el perro les dejó y regresó por el sendero. Dice Xabier que iría en busca de otros excursionistas a los que guiar por el recorrido.

Me manda esta foto y recuerdos de parte del perro.

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Zooberoa

Eché a andar y me siguió.

Pasé cuatro horas y media patiperreando por los bosques de Gamere, Zihiga, Altzai y Altzürükü (Zuberoa). Dudé en un cruce, subí por una ladera y me siguió; di media vuelta para retroceder al cruce y también me siguió; caminé monte a través y me siguió. Me metí en un par de cuevas y entró conmigo. Sólo se alejó un poco para chapotear en un par de barrizales hasta las trancas. Vio seis vacas, le entró la locura y corrió a por ellas. Las vacas huyeron al galope y él volvió a mis talones, creo que satisfecho.

En esas tuvo un encuentro feliz:

 

 

 

 

 

Como vi que tenía plan, me marché. Hombre, entre amigos estas situaciones se entienden. Di una curva, lo perdí de vista, pero antes de un minuto oí su galope y lo tuve de nuevo a mi vera.

Sonaron varios truenos justo cuando salíamos a un collado raso, nos cayó un chaparrón de veinte minutos y no buscó ningún refugio. Siguió caminando un metro detrás de mí, con temple.

Más bosques, más cuevas, más despistes míos en los cruces, más idas y vueltas absurdas, y siguió conmigo. Yo paraba un minuto a comer unas onzas de chocolate, él bebía de los charcos y se tumbaba, mirándome, a la espera. Otro chaparrón de veinte minutos. Ni quejas ni renuncias.

Por fin llegamos de vuelta a Gamere. Compartimos un sándwich de queso. Al marcharme, creo que me quiso decir algo. Y serán las propiedades estupefacientes del queso Ossau-Iraty o las emanaciones del manantial cálido de Lamiñen Ziloa, pero encima creo que le entendí.

*

“Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”, le dijo el zorro al Principito.

Este zorro apareció en el bosque de Issaux. Dio dos vueltas a nuestro alrededor, nos miró un poco y se marchó.

*

En Santa Grazi nos miró una bruja.

*

Y va el vizconde y escoge como símbolo de este territorio… un león. Hay que ser txotxolo.

*

Las fotografías del zorro, el gato y la última del perro las sacó Nerea.

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Partidos a vida o muerte

En Gotaine (Zuberoa), donde el frontis es a la vez muro de cementerio, los pelotazos buenos caen del lado de la vida y los pelotazos malos entretienen a los muertos con visitas inesperadas.

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Escribo con los veinte dedos.
Kazetari alderraia naiz
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