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eldiario.es

16 may

Cádiz. Semana Santa. Plácida desconexión. Me prohíbo entrar a internet más de una vez al día, apago el móvil durante ratos largos, me olvido todo lo que puedo de Pikara, con el sentimiento de culpa de la madre que se va por primera vez de vacaciones dejando a la niña con los abuelos. Me despierto de la siesta que me he echado en una torre de cristal desde la que se ve el mar, la catedral, y un paisaje calcado a mi añorada Habana, pero en blanco. Entro al correo y me encuentro con un escueto mensaje de Juanlu Sánchez pidiéndome mi teléfono. Se lo doy. Me entero por su firma de que ahora es el subdirector del periódico digital que está montando Nacho Escolar. Empiezo a fantasear con que me va a proponer colaborar. “No me voy a ilusionar, que seguro que quiere pedirme el contacto de alguien, hablar de colaboraciones con Pikara…”

Me llamó uno o dos días después, en los que ya no apagué tanto el teléfono y en los que la curiosidad me reconcomía por más que intentase centrarme en el pescaíto frito y las canaíllas. Charlamos sobre eldiario.es y me empezó a hablar de opciones de colaboración con Pikara. (Jo). Siguió: “Bueno, June, nos gustaría contar contigo. A ver qué te apetece, pero a nosotros nos gustaría que hicieras…” “Que diga ‘información’, que diga ‘información’…”, pensé. “Información”. Cómo no podía ver mi sonrisa de oreja a oreja, me mantuve en mi papel de feminista dura y coherente: que para sumarme quiero garantías de que se me va a escuchar, de que se van a tomar en serio la perspectiva de género, que no quiero ser la nota violeta en un medio androcéntrico… Pero estaba eufórica.

¿Por qué? Porque hace un año dejé mi trabajo en una organización social porque tenía un síndrome de abstinencia de periodismo de la leche. Tenía los ojos puestos en Pikara, pero descubrí que cuando una dirige un medio (por muy pequeño que sea) y además necesita otros trabajos para comer, hace de todo menos escribir en esa revista que montó precisamente para escribir a sus anchas. Además, arranqué este blog, que reforzó mi faceta de opinóloga, con lo que la gente pensaba en mí para escribir artículos de opinión, participar en tertulias, comentar noticias en la radio (casi todo gratis, por cierto)…  En enero me animé a irme a Cuba por mi cuenta, a modo de auto-regalo (financiado finalmente vía crowdfunding): 28 días haciendo entrevistas y escribiendo como loca. Lejos de saciarme, me recordó que eso es lo que quiero hacer.

Total, que para mí fue muy importante la llamada de Juanlu. Frente a quienes me proponen bloguear sin cobrar (porque piensan que bloguear no es un trabajo), en eldiario.es quieren que haga información, y pagan. (Hay que ver cómo anda el patio para que haya que elogiar a una empresa porque pague a quienes trabajan para ella). Lo dicho: estoy encantada porque supone adquirir el compromiso de dedicarme a lo que realmente me gusta, para lo que estudié Periodismo, para lo que renuncié a un contrato indefinido en plena crisis. Además, voy a aprender un montón del equipazo que están formando.

eldiario.es arranca como tal en septiembre, pero hasta entonces han montado Zona Crítica, un “blog de urgencia” para informar sobre la que nos está cayendo.

 

Casete

29 feb

Cassettes de La Onda Vaselina, banda sonora de mi infancia junto con Mecano, Sabina, Silvio, Urtz y Blur. Así he salido

 

Ahora que ya he dejado muy atrás la edad del pavo, que miro de frente al malote que me hacía bullying en clase cuando me lo cruzo por el barrio, que he aprendido bastante a reírme de mí misma, y que las burradas que me dicen los trolls convierten las burlas del insti en caricias, he decidido salir del armario. Me llamo June Fernández Casete. Sí, sí, Casete, como las cintas, pero con una ese y una te. Yo, que soy como un libro abierto, me guardo medio en secreto muy pocas cosas. Una de ellas es mi segundo apellido. Me ha parecido una faena, motivo constante de cachondeo, pero a día de hoy cada vez me gusta más: gracioso y con muchas posibilidades.

Que se lo digan si no a Ander, que desde que se enteró me ha dedicado bromas como “entonces, cuando se quedó embarazada de tí, tu madre estuvo en-cinta” o “qué buen apellido para una maqueta”. Ander se ha dado cuenta además de que yo soy ‘casetari’ y, por tanto, bien podría haber bautizado mi blog como ‘Mari Casetari’ o, directamente, ‘Mari Casete’. Y Maite me grita “Caseteee” en tono ‘Muchachada Nui’. Que duda cabe que si algún día me hacen algo similar a un Celebrities, mi apellido dará mucho juego.

Además, la gracia del apellido es que su significado varía de unas generaciones a otras. Saco este tema animada por Lucía, que me pasa por Facebook la noticia de que el cassette cumple 50 años (no he podido ver el vídeo aún porque escribo con mala conexión). Antes de su nacimiento, nuestro ilustre apellido era original, pero sin más implicaciones. Cuando aparecieron las cintas, mi bisabuelo, Ventura Casete Casete (sí, doble pletina, hijo de madre soltera), zapatero gallego que ya peinaba canas, dijo a sus hijos: “vaya por Dios, qué bajo hemos caído, que ya estamos de oferta”. Mi madre y mi tío fueron la primera generación en sufrir el apellido. Para cuando yo llegué a la adolescencia, el cassette ya estaba en riesgo de extinción: “ahora te tienes que pasar a cedé”, me decían. O a minidisc. Yo no lo tenía tan mal, porque la gente no se enteraba de mi segundo apellido más que el primer día de clase, cuando leían la lista con todos los nombres completos. Imagino que a mi prima, que lo tiene de primero, le han tocado más vaciladas. A su hermano pequeño, en cambio, el declive de este emblemático soporte le ha sentado bien. Apenas le toman el pelo, puesto que a sus compis de 2º de ESO, conectados al Spotify y el Ipod, eso del cassette les suena a prehistoria. (más…)

Sola (3. parte)

7 dic

Hoy es mi cumpleaños, y por primera vez en mi vida adulta, lo paso sin pareja. Me voy a la cama sola, y cuando mañana me despierten (espero) las primeras llamadas de seres queridos, no habrá nadie abrazado a mí con quien comentar la ilusión que me ha hecho esa llamada. No hay cena romántica, ni la curiosidad por saber con qué regalo me sorprenderá mi pareja.

Hoy (bueno, ayer) tenía como una cierta sensación de extrañeza, como que hay algo diferente este año. Y me he dado cuenta de que es eso, que estoy sola. Y no me he puesto triste ni nada. Me apetece empezar este cumpleaños sola, celebrándolo en silencio, tal vez con una copa de vino ahora, con un desayuno rico por la mañana, mientras escucho el recopilatorio de Pink Martini que me he autoregalado.

Estar soltera por primera vez en nueve años está siendo muy satisfactorio. El modelo de amor romántico (que ha regido mis relaciones casi todo el rato) absorbe mucho tiempo y energía, y en mi caso el drama ha estado más presente de lo debido. Me encanta sentirme el centro de mi vida, hacer tantos planes con mis amigas y amigos, disfrutar de la soledad, ligar sin sentimiento de culpa, sentirme libre para hacer viajes largos… Y sobre todo, la paz que da vivir libre de escenitas de celos, de esperar ansiosa una llamada de teléfono, libre de lloreras… Sinceramente, creo que no podría estar trabajando tanto y gestando tantos nuevos proyectos si siguiera en una de esas relaciones tormentosas.

En este proceso, hemos publicado en Pikara Magazine un artículo de mi querida Itziar Ziga que me ha inspirado y reafirmado mucho. Dice así:  ”Si las mujeres pudieran contemplar con mayor serenidad la posibilidad de una vida sin pareja, sin sentirse por ello solas o fracasadas, o con una pareja mujer, sin sentirse por ello abyectas y rechazadas, no aguantarían tanto la violencia de los machos”. Habla del amor como “ese maldito pegamento mágico”: “En una sociedad que nos programa a mujeres y a hombres para no entendernos a la vez que nos obliga a emparejarnos, algo místico tenía que inventarse para que sigamos perseverando en esta fórmula absurda que tanto nos vulnerabiliza”.

Ziga critica que se nos venda el amor romántico como única forma de intensidad genuina. Anima también a combatir el estigma “puta”, que no afecta sólo a las trabajadoras del sexo sino a todas las mujeres, “porque mientras sigamos reproduciendo esa división social entre chicas buenas y malas, todas estaremos en peligro”. Es algo que siempre he tenido muy claro. Yo he vivido siempre esa tensión entre sentirme más chica mala que buena, pero a la vez preocuparme demasiado por ser juzgada por ello. Este año de soltería también estoy en proceso de superar ese miedo al juicio social. Qué tres grandes claves: vivir con serenidad el estar sola, salirnos de la heteronorma, y ser (si se me permite una expresión que me encanta) más putas que las gallinas, sin complejos, centradas en nuestros deseos. Y en esas andamos.

Claro que yo que he sido tan parejista, no puedo evitar seguir con un runrún de fondo, añorando de vez en cuando ese sentirse enamorada, esa complicidad que hay en la pareja. A ratos intento quitarme esa idea de la cabeza, pero en Pikara Magazine publicamos también otro artículo sobre el amor no menos interesante que el de Ziga: “Zer ez dugun nahi maitasunaz”, de Kattalin Miner. Miner dice que las feministas no tenemos que renunciar al amor, y se declara locamente enamorada de una mujer. Dice verdades (políticamente incorrectas en ciertos ambientes alternativos) como que no es lo mismo follar con alguien a quien amas que con cualquier otra persona.

La cuestión, por tanto, no sería dejar de amar, sino pensar cómo queremos amar, aprender o inventar formas más sanas y libres de amar, pero siendo honestas con nosotras mismas (Miner cita que hemos probado fórmulas que no nos han funcionado, como la del poliamor; creo que intentar ser más progres que nadie obviando cómo nos sentimos no es buena idea).

El otro día hablaba de esto con mi padre (sí, tengo la suerte de tener un padre con el que puedo debatir sobre estas cosas) y me dijo que él cree que es bueno tener parejas (no necesariamente una para toda la vida) porque son un espacio fundamental de crecimiento personal (corriente que para mi padre representa lo que para mí el feminismo). Estoy muy de acuerdo y me pareció una reflexión muy interesante. Creo que quienes apuestan por no tener pareja como forma de insumisión al amor romántico, se pierden muchas oportunidades para crecer y aprender. (Hay que decir que encuentran otras, como construir otro tipo de relaciones interesantes, vivir otras formas de intensidad).

Antes he hablado de lo malo de mis dos primeras relaciones de pareja (la tercera y última ha sido otro mundo). Podría hablar de lo bueno. Pero sobre todo (más allá de buenos o malos recuerdos) me quedo con eso, con todo lo que he aprendido. Con ver la evolución de unas parejas a otras, de lo que me ha aportado de cada una, y sentirme hoy más preparada para embarcarme eventualmente en una relación sin perder el norte, manteniendo el centro en mí.

Miner da por su parte otras dos claves que me grabo a fuego: a la hora de amar, el cuidado es fundamental (buscar relaciones en las que nos cuiden y cuidemos, relaciones de calidad), y que mientras vamos aprendiendo a construir un modelo diferente, al menos se trata de saber lo que no queremos. Saber decir no, esto no es para mí, no aguantar. Y esto enlaza mucho con lo que decía Ziga: cuando contemplamos con serenidad la idea de no tener pareja, cuando vemos más opciones que buscar hombres con los que emparejarnos, cuando no somos víctimas de ese mito de la media naranja que nos hace preguntarnos “¿Y si le dejo y resulta que era el amor de mi vida?”, es más fácil romper con una relación cuando nos está haciendo daño.

Así que cumplo 27 añitos contenta por haberme pasado 9 aprendiendo con mis parejas, y más contenta aún por seguir en esta etapa de soledad elegida, amando a mi gente, viviendo con intensidad, diversificando fuentes de afecto, disfrutando, creciendo, y sabiendo que, si vuelvo a enamorarme, tendré más recursos para no traicionarme a mí misma y seguir siendo la naranja entera que soy ahora.

Y dicho esto, hala, me voy a comer un trozo de tarta, a vuestra salud.

 

Un año pikareando

17 nov

 

Pancarta que recoge las palabras con las que nuestras lectoras definen Pikara, hecha por Andrea y Flor para la fiesta

 

Este es un email que envíe a un grupo de amigas el 18 de febrero de 2010. El asunto era: “Mi última locurilla: ¿me ayudáis a montar una revista digital?”.

Hola, chicas:

Mis ciber-amigas sabéis que he abandonado el blog. Mis amigas más terrenales, que llevo un invierno un poco apático en lo profesional y que ando buscando algo con lo que ilusionarme. (…)

Ayer Lucía Martínez Odriozola (periodista y mi madrina y pepita grillo profesional) me dijo hablando de esto: “¿Y por qué no montas una publicación digital?” En el momento me pareció una marcianada, pero en seguida me puse a pensar cómo podría ser para que no fuera una más, para que se distinga de los proyectos de comunicación no sexista que hay. Y se me ocurrió que fuera una revista para (en principio) mujeres, jóvenes (vitalmente, no por fecha de nacimiento), urbanas entre comillas, con inquietudes sociales y, sobre todo, feministas. Vaya, básicamente lo que soy yo y la mayoría de vosotras. Lo más parecido que conozco es unarevista estadounidense que se llama Bitch. (…)

Yo estoy pensando en una revista digital abierta, transgresora e incluso un poco caótica. Llena de amigas, o sea de vosotras, que aportéis lo que os apetezca. En principio me gustaría hablar de lo que tiene que ver con sociedad y cultura contemporánea, pero siempre con mirada de género y buscando un equilibrio entre temas ligeritos y resultones con reportajes en profundidad, hechos con sosiego.  (…) En el peor de los casos, si antes tenía un blog, ahora tendría algo más elaborado en lo que escribir de lo que quiera, con vuestra participación(…). No supone mucha más inversión que tiempo e ilusión, y no tengo grandes expectativas.

Terminaba preguntándoles qué les gustaría leer y qué les gustaría aportar. Todas me apoyaron un montón. Algunas de las destinatarias de ese email son colaboradoras habituales de Pikara; otras, lectoras y comentaristas incondicionales. Con ellas y con toda la gente a la que fuimos contagiando con nuestro entusiasmo, fuimos gestando Pikara, hasta que exactamente 9 meses después, el 18 de noviembre de 2010, publicamos el primer reportaje: “¿Será niño o niña?”, en el que Paloma Migliaccio y yo abríamos el debate sobre qué hacer con los bebés intersexuales.

Hoy nuestra revista, Pikara Magazine, cumple un año. En fin, me emociona mucho ver que la idea-calambre que surgió una tarde gris de invierno en la que me sentía en crisis, se ha materializado siendo en esencia lo que imaginé, pero llegando a mucha más gente de la que esperaba, creando tantos lazos, y acompañada por un equipo de compañeras tan estupendas.

Con motivo de nuestro aniversario, hemos animado a los y las lectoras a que contesten a un cuestionario para evaluar el proyecto y seguir mejorándolo. Una de las preguntas era “Define Pikara con tres palabras”. Podéis ver en la foto lo que contestaron. No puedo describir la satisfacción que siento al comprobar que nuestro público percibe exactamente lo que queremos transmitir. Efectivamente, yo también definiría así Pikara: fresca, comprometida, crítica, diferente… Pero sobre todo me ha gustado que nos definan como sinceras.

En estas ocasiones siempre me entran tentaciones de ponerme en plan Almodóvar a repartir agradecimientos lacrimógenos. No voy a dar nombres, (aquí están casi todos), aparte de mis queridas Lucía, Itziar y Maite, (ilustre consejo de redacción de Pikara Magazine)  pero sí que quiero expresar lo profundamente agradecida que estoy a las personas que me han metido o renovado el veneno del periodismo, y el del feminismo. Una maravilla de año.

¡¡¡Y esta noche fiestaaa!!!! Van a acompañarnos protagonistas de este año de Pikara como Barbarina Dar-Dar, Raketa Brokobitx, Olaia Aretxabaleta, DJ Patty Hearst y, por supuesto, la mayoría de nuestras colaboradoras y fieles lectoras. No podéis faltar.

¿Jóvenes sin futuro?

9 oct

Se licenció en Biología con buenas notas, pero no encontró trabajo de lo suyo y con lo que ganaba en empleos precarios no le daba para sobrevivir en Madrid. Así que se volvió a Extremadura, al pueblo de sus padres. Ahí necesita menos dinero para vivir, y vive mejor. Cultiva en la huerta, charla con las ancianas, respira. Es una de las protagonistas del documental que acaban de emitir en Documentos TV, titulado “¿Generación perdida?”

Cada vez que escucho la expresión “jóvenes sin futuro” para definir a mi generación me pregunto: “¿Pero cuál es ese futuro que esperábamos y que se nos ha negado?”. Porque claro, si creemos que el futuro que nos corresponde incluye una vivienda en propiedad, un sueldo de 2.000 euros, un coche nuevo y ahorros como para irnos al Caribe todos los años, indignarse por no poder llegar a eso me parece un poco injustificado.

No dudo de que la inmensa mayoría de personas implicadas a fondo en el Movimiento 15-M estén defendiendo la transformación social. Lo que me gustaría es que fuéramos capaces de explicar a la juventud que no se trata de recuperar los privilegios de la generación de nuestros padres. Que tenemos que discernir entre los derechos que conquistaron (las 40 horas de trabajo, las pensiones de jubilación, las prestaciones sociales) de los privilegios de los que se beneficiaron (un chalé adosado y un Mercedes). Que se trata de construir otro modelo económico y social porque este es injusto e insostenible.

Siempre me chirrió el concepto “mileurista”. Que se considerara un agravio ganar 1.000 euros en un mundo en el que hay unos índices de pobreza brutales, me parecía cuanto menos arrogante y clasista. En vez de apuntar a la carestía de la vida como la fuente del problema, no pedíamos que las cosas costasen menos dinero, sino que nos pagasen más. Las y los mileuristas sentían que merecían ganar más, entre otras cosas por estar sobrecualificados. ¿Pero por qué estaban sobrecualificados? Vale que se nos vendiera que en cuanto más nos preparásemos mejor, pero ¿acaso para mucha gente encadenar posgrados no era una forma de retrasar el acceso al mercado laboral y, por tanto, el paso de la vida de estudiante a la vida de adulto? Quien se encuentra con que con 32 años no ha cotizado en su vida, ¿no es responsable al menos de haber elegido no currar en tiempos de bonanza?

Luego está el tema del derecho a la vivienda. ¿De qué derecho estamos hablando exactamente? Cuando yo reivindico el derecho a una vivienda digna tengo en mente fundamentalmente a las personas sin techo. Tengo en mente a las personas inmigrantes que sufren discriminación a la hora de alquilar un piso. Tengo en mente a las personas que están siendo desahuciadas de sus casas. No tengo en mente a quienes siguen viviendo con sus padres hasta tener el suficiente dinero como para pagar la entrada de un piso.

Yo he vivido de alquiler desde los 17 años, primero compartiendo piso y desde hace tres años sola. He tenido que escuchar miles de veces, en boca de gente de todas las edades, eso de que estaba tirando el dinero. Mis parejas me han intentado convencer de meterme en una hipoteca con ellas, bajo la lógica de que me va a costar poco más que el alquiler mensual, y que alquilar es tirar el dinero.  Pero yo seguía erre que erre con que no creo en la propiedad privada, con que no quiero atarme a un piso, ni a una ciudad ni a un banco, y que me va mucho mejor así. Entre trabajillos que iba buscando, una pequeña ayuda social y bastante austeridad, me daba como para pagar en torno a 200 euros por mi habitación y para vivir sin estrecheces. Y el corto periodo en el que disfruté de una nómina de mileurista, me daba para vivir sola pagando un alquiler de 510 euros mas gastos (bueno, se me quedaba en eso gracias a la ayuda para la emancipación), y todavía ahorraba un poquillo.

Claro que por ahorrar un poquillo me refiero a lo suficiente como para pagarme pequeños caprichos de vez en cuando, no lo suficiente como para comprar un piso, que es para lo que ahorra la gente. Quienes se quejan de que les cuesta llegar a fin de mes, resulta que tienen coche, o se hacen viajes internacionales todos los años, o se dejan el sueldo en cañas y porros. Poca gente está por la labor de ser austera. Ojo, sé que es difícil ser austera en una sociedad cuya gasolina para seguir funcionando es el consumo. En la que en tiempos de crisis la clase política anima al “consumo patriótico”.

Otra queja que me choca es la de tener que depender del colchón familiar, es decir, las personas que argumentan que si no tenemos en cuenta el apoyo de sus padres, se encuentran por debajo del umbral de la pobreza. Ya, claro, pero lo cierto es que no viven en la pobreza, que no les falta de nada.

Creo que esa obsesión por la independencia y la autosuficiencia es nueva. Cuando mis abuelos emigraron de Galicia a Barakaldo en 1960 se vino toda mi familia materna (o sea, mis abuelos y bisabuelos maternos, mis tías abuelas, y mi madre, que era un bebé). Se apoyaban entre ellos. Mis padres se casaron en 1980 y tardaron un tiempo en irse de casa; se compraron el piso con la ayuda de la familia, que les hizo algún préstamo. Mis tíos, otro tanto.  El hermano pequeño de mi abuelo emigró años después que él, y estuvo un año y medio viviendo en el salón de mis abuelos hasta que pudo hacer su vida. Y vaya, yo no estaba ahí, pero creo que nadie vivía esas situaciones como un síntoma de pobreza, que nadie lloraba por no poder irse a vivir solo a un piso de más de 60 metros cuadrados.

No podemos creer que vivir solos, en un piso de dos habitaciones en un barrio céntrico de una ciudad cara sea un derecho. ¿No os acordáis de aquello de los minipisos? ¿De cuando la juventud se escandalizaba porque los gobiernos les proponían vivir de alquiler en pisos de 30 metros cuadrados por poco dinero? Es algo que (yo que era un poquito rara) tampoco entendía. Hubiera firmado sin dudarlo. Volviendo a mis abuelos, vivían cinco o seis personas en un piso de unos 60 metros cuadrados, y a nadie se le ocurría llamarlo  ”piso patera”.

No hay que tener una conciencia social de la pera para saber que hay unas desigualdades flagrantes entre los países del Norte y del Sur, para saber que somos tan afortunadas de haber nacido en este lado del planeta que resulta insultante considerar que un sueldo de mileurista es mísero, para tener en cuenta además que sería insostenible un mundo en el que todo quisqui llevase nuestro nivel de consumo y que por tanto nos toca a nosotras y nosotros decrecer. Pero claro, entiendo que es una putada ser la generación en la que se interrumpe el crecimiento y asumir con naturalidad que los tiempos de bonanza fueron algo excepcional. Además, la clase política se empeña en seguir hablando de recuperación de la economía, como si la crisis hubiera sido un bachecillo del que saldremos en cualquier momento para volver a esa dinámica del “sueño ibérico”, por llamarlo de alguna manera: ese en el que un matrimonio de origen humilde, con trabajos normalitos, termina siendo propietario de seis viviendas; tres para uso y disfrute propios y otras tres para alquilar (estoy pensando en unos parientes míos).

Sí, debemos indignarnos y movilizarnos, pero no para recuperar privilegios de nuevos ricos sino para defender los derechos sociales conquistados por la clase obrera, y por apoyar también a quienes están sufriendo de verdad la crisis; a personas desahuciadas, a viudas que sí que viven por debajo del umbral de la pobreza, a inmigrantes que se quedan sin trabajo y por tanto sin papeles, a parados de larga duración…

Pero, además de indignarnos y movilizarnos, tenemos que cambiar nuestra mentalidad y nuestras expectativas. Agradezco un montón que en la tele salga una chica que entienda que el problema no son los sueldos, sino que el problema es el sistema, y se pire al pueblo a cultivar tomates. Que entienda que no se trata de conseguir adaptarnos con nuestros sueldos mileuristas al ritmo loco del capitalismo, sino de aprender a vivir de otra manera. No es la única. Yo he tenido la suerte de tener cerca a personas que han optado por otros modelos.

Me toca mucho la moral cuando se critica con brocha gorda a la gente de izquierdas y se piensa que nadie es coherente con lo que piensa y que todo el mundo termina apoltronándose. Pues no, en mi entorno abunda la gente que con treinta, cuarenta y hasta cincuenta años sigue sin creer en la propiedad privada, la gente que sigue compartiendo piso no como solución transitoria sino como apuesta vital, la gente que ni tiene carné de conducir porque se mueve estupendamente en transporte público y bici. Compran la comida a través de grupos de consumo ecológico. Intentan vivir más despacio, coger menos aviones y tirar por carreteras secundarias. Visten el mismo jersey durante diez años, ese jersey que se ponen en casa en vez de fijar el termostato a 22 grados.

Hay mucha gente trabajando muy bien a favor de un mundo mejor, empezando por lo más cotidiano. Lo difícil es mostrar al resto de la juventud que se puede salir de la rueda, convencer de que sí que hay futuro, pero que no incluye un apartamento en Jaca.

*

Me apetece dedicar este post a algunas de esas personas que con su ejemplo me estimulan a llevar una vida más austera, solidaria y sostenible: Aitziber, Patxi, Itziar, Iván, Ander y mi aita, Mikel.

 

Yo no soy escéptica

15 ago

Desde que volví de Cuba, me gusta pensar que soy hija de Changó y de Ochún. Me gusta ver cómo mis amigos derraman sobre el suelo el primer trago de ron (hay que dar de beber a los santos),  me gustan los vasos de agua que tienen en casa para honrar a sus muertos, y las pulseras y collares con los que se sienten protegidos. Y no es que la rumba y el ron me hayan nublado el sentido (que también). Es parte de la evolución que estoy teniendo respecto a la religión, la espiritualidad y el misticismo desde que de adolescente me declaraba cien por cien atea.

El año pasado disfruté de una estancia maravillosa en una casa de reposo en la que estaban impartiendo un taller de kundalini yoga (yo participé de forma muy satélite). Se trata de una disciplina de yoga que da más importancia a la parte espiritual y energética (sea lo que sea eso) que a hacer posturas imposibles. Por las noches cantábamos mantras: se supone que cada canción genera una vibración en nuestro cuerpo que propicia sentir una emoción positiva (puede ser paz, serenidad, alegría, etc.). Os podéis creer lo de la vibración (yo lo sentí así) o podéis pensar que simplemente cantar en grupo mola y sienta bien, tanto me da.

A lo que voy es que las diferentes religiones del mundo tienen muchas cosas en común: rituales para celebrar la vida y la muerte, rezos y cantos, los rosarios, la costumbre de dar gracias por los alimentos… Creo que las personas necesitamos tener ritos. Me parece un error prescindir de ellos. Las religiones han hecho mucho daño, han promovido una moral rancia y masoquista, han servido para defender los intereses de los poderosos y oprimir a los que pensaban diferente… Estar luchando contra la hegemonía de la iglesia católica me parece un logro importantísimo de las últimas décadas. Pero creo que hay que sustituir todos esos ritos que hemos mamado. Me parece un error que borremos todo lo que nos ha llegado a través de la religión sin crear nada nuevo, que dejemos de celebrar los nacimientos y el amor y de llorar en grupo la muerte, que dejemos de dar gracias por los alimentos, que dejemos de dedicar ratos a la oración y la meditación. (más…)

Censura

4 ago

Foto de Sergio Parra censurada por el Festival de Mérida

 

Confieso que este post no es más que un pretexto para colgar la foto que ha decidido retirar la dirección del Festival de Mérida y que me tiene embelesada. Se trata de una de las obras de Sergio Parra que componen la exposición Camerinos, que muestra a actores y actrices preparándose para salir a escena. Se ve que la dirección recibió unos 200 e-mails de personas molestas con la imagen de Asier Etxeandia desnudo y cubriéndose el pene con la imagen de un cristo. (más…)

Beldur barik

6 jul

Ilustración de Alterna, sacada de su blog http://alter-nati-va.blogspot.com

Esta vez no fue una soledad elegida. Pero la experiencia ha sido igual de empoderadora y liberadora que cuando he viajado sola. El sábado llevé a cabo otra pequeña transgresión: ir a un concierto sola. Y no a cualquier concierto, sino a uno de reggaeton cubano. Gente de Zona fue nuestra banda sonora en Cuba. Ya es casualidad que un mes después de mi regreso actuasen en Bilbao. Pues hay más: el mismo día del concierto coincidí con los músicos de Gente de Zona en un avión y fuimos charlando. Tenía pensado ir al concierto con dos amistades, pero a última hora cancelaron por distintos motivos. Podía quedarme en casa frustrada o irme sola. Y me decanté por lo segundo.

Ir de fiesta en solitario es un tabú, más aún en una cultura en la que no somos especialmente sociables. Cada quien sale con su cuadrilla e interactúa lo justo, y casi siempre con la intención de ligar. Creo que casi cualquier persona tiene reparos en salir sola, por el miedo a aburrirse y por el miedo a parecer algo patética. En el caso de las mujeres, se suman dos temores más: el de sufrir algún tipo de agresión sexista y el de ser juzgada, el miedo al qué dirán. Creo que son los dos miedos más potentes que nos meten hasta el tuétano. El miedo a la violación, el terror sexual, nos condiciona hasta a la hora de caminar del metro a casa. Y el miedo a que te tachen de puta parece más liviano, pero por mucho que una intente, sigue pesando. (más…)

El 15M y los medios

26 jun

La plataforma del 15M se queja de la manipulación mediática que sufre, y en especial de los intentos por parte de la prensa conservadora de criminalizar al movimiento. Además, el 15M se caracteriza por su crítica a los estamentos de poder, lo que incluye cuestionar el papel que juegan en la sociedad los medios de comunicación hegemónicos.

La Defensora de El País, Milagros Pérez Oliva, publica hoy un artículo titulado “Indignados con los periodistas” que aporta alguna clave interesante (y muchas afirmaciones que no comparto para nada, como que se esté cuestionando el papel del periodismo como intermediario innecesario). Por ejemplo, me ha parecido necesario el siguiente apunte que hace Joaquín Estefanía (consultado por la autora): “[Los indignados] Todavía no han caído en que muchos de los que trabajan en los medios de comunicación podrían formar parte de ese movimiento por sus condiciones económicas, su desafección política o su crítica a los procedimientos con los que se elaboran los programas informativos y de entretenimiento”. Efectivamente, creo que hay que tener eso en cuenta y protestar de otra forma que no sea la de abuchear a la redactora precaria de turno.

Mientras que en España se habla de estas cosas, en Euskadi parece que vivimos en otra galaxia. Dentro de los argumentos que he escuchado a la gente de izquierda que se empeña en no creer en el 15M, uno de los que más atónita me ha dejado es que se trata de un movimiento mediático, y que resulta sospechoso que medios como El País den cancha a una iniciativa que se plantea como transformadora y revolucionaria. Alucino. Hay argumentos más terribles, como que se trata de un movimiento español, pero eso es tan estúpido, sectario y xenófobo que no me voy a detener en ello. A pesar de que, por desgracia, es lo que se encuentra detrás de ese desapego y el hipercriticismo de buena parte de la izquierda vasca. (más…)

Las paradojas del turismo

22 jun

 

Una servidora esperando a la guagua en Regla. ¿A que parezco cubana? Foto de Beatriz Uriarte Alonso

 

“¿Es tu primera vez en Cuba?” “Sí”. “¿Y en América Latina?”. “No, estuve de pequeña en Perú, y el año pasado en Colombia. El año que viene espero hacer un viaje a Chile y Argentina”. Fue decir eso y morderme la lengua. Turista = Poder adquisitivo y libertad de circulación. O sea, las dos cosas que añora buena parte de la gente. La gran paradoja de Cuba (a mi humilde modo de ver) es que depende del turismo, pero que el contacto con el turismo es una de las grandes amenazas para el sistema, porque hace recordar todo el rato lo que no se tiene y se desea.

Por ejemplo, sorprende la obsesión por viajar. Al fin y al cabo, viajar por placer es un lujo que se puede permitir una ínfima minoría de la población mundial. ¿Estará la población de Bolivia, Sri Lanka o Etiopía tan emperrada con la idea de ver mundo? Lo dudo. Creo que se debe a estar todo el rato conociendo a viajeros que te recuerdan que tú no puedes hacer lo mismo. (más…)