El camino hacia adelante

Refexión tras leer ayer Dios ha muerto de Irkus (M) Zebeiro y Gran bola de helado de Conxita Herrero. No es este post un análisis ni una crítica (ambos me gustaron, uno por sus destellos increíbles, otro por su monumental ambición y resultado).Pero lo primero que pensé es que al cómic ya no lo conoce ni la madre que lo parió (cita de un político de la transición) y que mejor así, y que si mandaran los rancios por doquier no tendríamos los discos de Aries o el cine de Carlos Vermut, por ejemplo. Y que todo sería Capitán América Civil War (peli que me gustó, con lo cual esto no es un ataque a la convención, digamos, si no una defensa de la ruptura, que no es lo mismo).

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Páginas de irkus (M) Zebeiro y Conxita Herrero, respectivamente.

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EL DÍA DE JULIO, de Beto Hernandez

Beto Hernandez nos ha entregado una obra por la que será recordado dentro de años, cuando nos dediquemos con pizpireta alegría a censar lo mejor de una década (clic para ampliar/leer):

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Darwyn Cooke

Toca hablar de Darwyn Cooke (Toronto, Ontario, 16 de noviembre de 1962–Florida, 14 de mayo de 2016), cuya muerte ayer, triste e injusta, noticiamos estos días. Su carrera es vasta y enmarcada en las más grandes editoriales de cómic del mundo: DC, Marvel. Además ha creado Parker, un poco lo que sería su proyecto personal al margen de la “industria”.
Se posicionó con fuerza a partir de su colaboración con Bruce Timm en las series de animación de Batman y Superman, éxitos catódicos que le abrieron las puertas a DC Comics. Su relación con las grandes editoriales fue intensa (con obras del calado de New Frontier, posiblemente su obra más exitosa) pero no por ello acrítica. De DC llegaría a decir que “solo me llama cuando quiere hacer algo divertido. Soy algo específico para ellos.”

No soy un gran seguidor de la obra de Cooke, pero reconozco sus virtudes. Con su dolorosa y temprana muerte perdemos un gran dibujante de cómics, dueño indudablemente de un dibujo fabuloso donde, prevaleciendo por encima de modas generales del maistream más hueco, siempre se ha mostrado estilizadamente exquisito y elegante:

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PACIENCIA, de Daniel Clowes

El nuevo libro de Daniel Clowes sigue ubicando al pater del comic independiente en el pedestal qeu ocupa desde Ghost World. Muy alto.

Amplia para leer con un clic en la imagen:

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Tonterías sin importancia.

En un hilo de comentarios de un diario generalista me topaba esta mañana con una de esas frases descalificativas y prejuiciosas hacia los cómics. “La literatura, la de verdad, es otra cosa. El cómic es entretenimiento, con más o menos ínfulas”. Uno cuando lee estas cosas se siente Teseo en el laberinto, en medio de una encrucijada.

¿OCTAVIO LEYENDO MAUS? No, no... "Octave Maus Reading", de Theo van Rysselberghe (1883-84)

Ínfulas: ¿OCTAVIO LEYENDO MAUS? No, no… “Octave Maus leyendo”, de Theo van Rysselberghe (1883-84)

Encrucijada, sí: es evidente que este tipo de comentarios no buscan nada, solo cierta ofensa gratuita. Lo que la era virtual ha denominado “trollear” y que la era sensata siempre ha denominado “querer tocar las pelotas sin más”. Por otro lado quien piense eso respecto a la historieta, y con esa llanura y atrevimiento público, no es objeto de mi interés. El no aprecio es lo mejor en esos casos.
PERO… cuando este tipo de boutades las manifiesta alguien en un medio generalista este Teseo se siente en el dilema: lo mejor es no apreciar, cierto… pero si contestamos, educada y razonadamente, quizá otro lector del medio —uno que no es un troll “con más o menos ínfulas” de intelectual diletante a 140 caracteres— razone sobre mi respuesta (siempre gloriosa, iluminadora y brillante, no puedo evitarlo) y decida que, bueno, igual no es así, quizá hay que entender los cómics como algo más que pseudo literatura ocasionalmente pretenciosa. Quizá puedan gustar a cualquiera y solo sea cosa de buscar el que te puede ser enriquecedor, dentro de los gustos de cada cual.
Tampoco creo que sea algo importante. Para lograr eso lo que hay es que escribir ponderada y sensatamente en todas partes sobre cómics, los buenos, los que te gustan. Hacerlo honradamente, da igual que lo hagas en tu muro de Facebook o en El País, en tu blog o en una web cultural. Lo que varía es el alcance, claro, pero no el objetivo y, con suerte, los resultados.

Y por supuesto, hay respuesta para la astracanada del anónimo comentarista del que parte toda esta diatriba sin importancia: no hay literatura “de verdad “como no hay literatura “de mentira”. La literatura ES, es algo, una disciplina, arte, con sus propios códigos de creación, desarrollados a lo largo del tiempo. Y el cómic NO es literatura como el teatro griego no es música. Son cosas distintas. De hecho, desde el “lado defensor” creo que se le hace flaquísimo favor a la historieta cuando se argumenta que “también es literatura”, porque insisto, NO lo es. En todo caso, como ella, tiene la capacidad, en tanto que arte narrativo, de emocionarnos y de tratar cualquier tema, del más banal al más trascendente. Eso sí.

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El cómic es un arte… pero bueno, da un poco igual

Esas cosas de las redes sociales. Resulta que parece ser que ayer fue el día del beso o una tontería así, y la gente en alardes de originalidad ha empezado a colgar “besos” en la red. Que está bien, mejor besos que culos, quizá… Como otras veces, me disponía a aprovechar la parida del día para hacer proselitismo con una historieta, y llego a la necesidad cascarrabias e imperiosa de hablar en este blog de algo evidente. Luego volveremos a la anécdota que lo origina todo pero ahora centrémonos un poco en cuestiones generales.
El cómic es un arte. No se si alguna vez lo he comentado por aquí. Pero lo es, tengo el convencimiento y evidentemente a estas alturas de la historia del medio quien piense lo contrario ya no solamente no tiene razón, si no que no tiene una base mínima. A mí no me gusta la zarzuela pero jamás pensaría que no tiene valores artísticos. Un arte puede gustar más o menos, pues claro. Pero si se es (por historia, por desarrollar una expresividad propia e intransferible, etc) pues no hay más que discutir. Ni es bueno o mejor, ni malo o peor ser o deja de ser algo artístico. Si acaso, merece la fidelidad, para reconocer una obra no hay que tergiversarla, hay que intentar conocerla en su pureza. Por eso es mejor ver una película en versión original que doblada, ¿no?.
Por otro lado, como producto industrial que también es, la historieta se ha visto sometida a caprichos tan delirantes como las ediciones Vértice en formato bolsillo, que es lo opuesto a no tergiversar un original. Para adentrarse en esa dimensión psicotrópicosomática de Vértice, os recomiendo leer este artículo simplemente maravilloso del Sr. Ausente.
Es así: las editoriales durante mucho tiempo no se paraban en pensar que tuvieran entre manos nada más que un producto-basura de entretenimiento pueril y de consumo rápido, sin importar si ese producto constituía un eslabón más en una larga tradición, si era un arte que hay que respetar. Ellos producían entretenimiento masivo y barato (low cost, se dice hoy). No se ponderaba la fidelidad al original ni el respeto al trabajo de los autores. Por ejemplo: un autor de cómics va a pensar muy bien la página que dibuja. Toda ella es un juego de equilibrios, narrativo y también estético. Es uno de los muchos elementos que deberían importar, y que hacen de la historieta algo único, y maravilloso porque no puede compararse con nada. Una muestra:

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En estas dos páginas del famoso Watchmen, Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins orquestan un juego especular (y espectacular también), aplican un eje central (la separación de ambas páginas) para crear una serie de simetrías entre cada una de sus mitades.
Cuentan, para ello, con la doble pagina. Venías leyendo tan tranquilo tu tebeo y en un determinado momento (mitad del capítulo exacta) doblas la página y te topas con todo esto. El efecto es potente, sí, y evidentemente los autores contaban con ese “pase de página” y su efecto en la narración y sobre el lector.

De hecho en el comic book más comercial (piensa en Spiderman, Superman etc) los tebeos llevan en medio del cuaderno, por cualquier parte, páginas de publicidad. Estas se aprovechan o son contadas también a la hora de programar dobles páginas, por ejemplo. Y claro, hay que tenerlo en cuenta cuando se edita en castellano.
O te encuentras que esta magnífica escena de/con beso (sí, volvemos a la anécdota que origina este post)

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…se convierte, en la edición “de lujo” en castellano -un grueso tomo de más de 400 páginas, que costó en su día 35 € en la edición de Planeta de 2010- en este despropósito:

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No sé si el troceado, infame, es cosa de los autores en un ataque de dineritis para una edición de lujo. En Alan Moore, Stephen Bisette, John Totleben y Tatjana Wood (firmantes de este Swamp Thing #34 en 1985) me extrañaría mucho, y más conociendo la relación de Moore con la editorial DC. Intuyo que realmente debe ser cosa de DC Comics, que la editorial americana haya perpetrado semejante remontado con la edición en comic book para vender el tomo lujoso sin contar con las propiedades de la obra. Puede ser cosa de Planeta, en España.

En todo caso, y perdonando la expresión, menudo cagarro.

Bueno, el caso práctico me sirve para la reflexión obvia: que la historieta, si se la quiere como lo que es, un arte, debe ser respetada. Que un editor debe honrarla, mostrarla en toda su riqueza. Toda adaptación por modas (ah, esas “novelas gráficas” que no lo son realmente, esos álbumes europeos reducidos…) o por necesidad (la imposibilidad de recuperar color, por ejemplo) son heridas  a la obra original. A veces inevitables, otras, fácilmente subsanables.Es cuestión de tacto y de entender la historieta como yo, nada más.

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¡GARCÍA! 2, de Santiago García y Luis Bustos

350 palabras (aprox.) no pueden hacer justicia a ¡García!, dos volúmenes que cierran uno de los más interesantes tebeos nacionales de última generación. Pero al menos, ojalá, podrían animar en el entorno del diario a la curiosidad del lector generalista.

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INTRUSOS, de Adrian Tomine

Una de las novelas gráficas importantes de la temporada, una temporada, añado, en que se editan bastantes, bastantes trabajos importantes:

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SIRIO, de Martín López Lam

 

 

Sirio, de Martín López Lam, una muestra de cómic explorador que arroja excelentes resultados.2016.3 Sirio.Lam

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Mejor donde no te conocen

Psicoexpo

Psicoexpo

Ayer he inaugurado una exposición (información aquí). Bueno, he… hemos, todos los implicados. Yo como comisario hice una “visita guiada” y tengo sensaciones demasiado buenas como para no comentarlas. Creo que es un buen punto de reflexión.
La expo, que hace una panorámica sucinta de la historia del cómic gallego desde Castelao hasta hoy (con paradas significativas, también con ausencias lamentadas) está en un pueblo, Porriño, de algo menos de 20.000 habitantes. Un sitio pequeño, seguramente con una actividad cultural más o menos voluntariosa, pero con todo, nunca un 
epicentro cultural.
Y lo que me ha llamado la atención para bien es comprobar que ante mi charla tenía a unos cuarenta o cincuenta visitantes. No solo las autoridades de rigor y familiares varios, si no gente que efectivamente se había acercado a ver “eso”. Gente muy diversa, además. Había padres con sus hijas adolescentes, había gente mayor y gente joven, hombres y mujeres, un poco de todo.
Hablé (porque se acercaron a hacer comentarios al final de la charla) con algunos de ellos, y creo que en términos generales no se trataba de espectadores “del mundillo” (y cada vez que usamos esa expresión una viñeta de Rob Liefeld sustituye a una de Will Eisner en el cielo de los tebeos, lo sé).
Lo que me interesó de todo este panorama es comprobar, en fin, que quizá es muy buena idea salir de los lugares comunes, los grandes eventos, las potentes capitales: es BUENO llevar el cómic a otros espacios, otros lugares ¿más modestos? Bueno, la actitud de interés genuino de la gente que he visto ayer es enteramente elogiable y digna de alabanza y nada menor. Me gusta pensar que el cómic, como arte, puede llegar a todo el mundo, y que descubrirlo, su historia, sus cualidades, su presente (con tanto, tanto futuro pese a los agoreros) puede ser un objetivo a cumplir en cualquier parte. Se puede descubrir el cómic también en villas más pequeñas que las grandes ciudades, es de perogrullo, pero no sé si se dice suficientemente. Se puede, sí.

Tal vez la irrupción de algo tan “exótico” como una exposición de cómic en un Porriño no genere una peregrinación de lectores “de casta”, típicos habitantes de “sus” librerías especializadas. Quizá el caballero que ayer se presentó como desconocedor del cómic pero vinculado a los archivos de prensa histórica, e interesado por ese aspecto, los cómics antiguos, pueda ser un tan buen objetivo para el noveno arte este como el fiel lector de DC. O mejor, porque un lector, fiel o no, si lo es ya está ganado. Además hay una diferencia. Uno acudirá a una exposición a ver algo que le ya le gusta (lo cual es genial, aquí me tienes haciendo lo propio siempre) y el otro lo hará por curiosidad ante algo cultural novedoso, que quizá, quién sabe, empiece a atraerle como nunca.
Sea así o no, creo que micromuestras de cambio como esta, una exposición en pequeños pueblos de provincias (será itinerante, sí), tienen mucho que ver con el presente. Estamos ya en 2016, hace por tanto unos ocho años que algo ha cambiado y los que no quieren comprender como fenómeno la novela gráfica no se van a desenrocar, pero lo que ese término ha traído es una nueva percepción, al menos en casos. Se tiene que salir del camino trillado, porque igual ya no es válido hoy (es otro tema, la “industria”, término caducado para el cómic hoy, o las expectativas para el medio en la sociedad actual y las que tiene la tradición menos dúctil del sector de la historieta), y sobre todo porque es bueno hacerlo, como modo de revolucionar las expectativas personales, singulares, que cualquiera puede llegar a tener respecto al cómic. Creo que es más importante convencer a un archivero que no ha leído un cómic en su vida de las posibilidades del medio, desde un interés genuino por el mismo, que no a diez lectores fandom de que todas las iniciativas para sacar al cómic de sus muchos tópicos (bienes coleccionables, librerías especializadas, endogamia…) es a la larga buena.

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