KANN, de Víctor Puchalski.

Mientras completa el que seguramente será uno de los cómics a destacar en la temporada (Enter the Kann, con salida prevista para noviembre), Víctor Puchalski entrega una pequeña muestra de su convulso arte en Kann, un desplegable recargado de imágenes, textos, ideas y provocación que abreva de influencias diversas: el manga más violento y las venas de Son Goku in flames; la ironía y el hieratismo de Benjamin Marra; la potencia cinética de David Rubín; el sentido cósmico de Jack Kirby; la provocación sucia de Johnny Ryan y el delirio kith de la estética hardrock-heavy-glam. Un delirio brutal que mezcla a Anarcoma con Conan en una fiesta hiperbólica de hostias como panes.

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La violencia desplegada

A mayores, Puchalski atesora, a mi juicio, otra bondad que lo hace muy único en el pelotón de nuevas firmas del cómic español. Se me antojan pocos autores hoy que, como él, aúnen la capacidad irrefrenable de una apisonadora cayendo sin frenos por un terraplén con una sintonía especial con los tiempos que corren, que le otorga un potencial casi, casi comercial. O comercial en el ámbito de las lecturas samurai, esas que sabes que te enfrentas a un mihura con katana y ganas de cortarlo todo a su paso incluidas tus pupilas. ¿Es un concepto posible? Digamos, en fin, comercial como el cine de Rob Zombie o como un disco de metal extremo.

Metal extremo y épico, como Neurosis:

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Ese tipo de cómics…

Cada vez me alejo más de esa BD europea de corte artesanal y toque histórico, deudora de la obra de Françoise Bourgeon, pero suelo pasear por la red a ver qué novedades se editan, y he visto un cómic “de esos”, que, intuyo, no llegaré a leer en mi vida, La Balada de la Magdalena.

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Página de La Balada de la Magdalena (Integral), de Christophe Dubois, Norma editorial.

En un blog dicen de él: “es el tipo de cómic que te preguntas si de verdad lo es y no se ideó para ser un libro y conformar una gran historia con derecho a película”. Lo dice como alabanza.
La idea, pese a un regusto peligroso a hermano pobre, no es tan absurda. Esos cómics franceses tan “depurados” y realistas, ¿tienen alma de historieta, o de literatura-folletín o de superproducción cinematográfica gala, por ej? ¿Suponen una vía sincera para el cómic en pleno siglo XXI, o son un producto con esencia de “otra cosa”, para poder expandirse a otros medios? En el fondo, cada caso será un mundo y habrá de todo. Y también es verdad que el mercado francés tiene una batería de “superproducciones en viñetas” que indudablemente, calidades al margen, tiene sus seguidores. Pero caben dos maneras de enfrentar el trabajo cuando tu estilo, tu estética, tu concepción del asunto va por estos derroteros: ser un artesano (del cómic realista) que se aplica con pasión a la página, o ser el que lo enfoque como trabajo en cadena. Ninguna opción personal me parece mala, ni peor, solo distinta, porque no es lo mismo hacer las cosas desde un propósito que desde otro. Aunque cuando ojeo este tipo de cómic en mi librería tiendo a pensar más en la cadena que en el pequeño y encantador taller familiar. Yo personalmente prefiero el amor del cestero a la producción masiva de tupperwares, auqneu los tupper son maavillosos para su función.

Y con todo, llámalo genética, cómics como el que inició este post (que luego leo y generalmente no me gustan, y raro es que acabe alguno cuando lo pillo en biblioteca, por ejemplo) tienen algo que aún me atrae, lo confieso. Guilty.

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Dios ha muerto, de Irkus (M) Zeberio.

Del pelotón de autores abonados a este excitante caldo de cultivo de firmas de la vanguardia, que aglutina a nombres como Begoña García-Alén, Gabriel Corbera, Julia Huete, Martín López Lam o José Ja Ja Ja, ha destacado en 2016 uno: Irkus (M) Zeberio. Más que nada por la osadía, la extensión y el formato de su última propuesta.

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Frente al océano inabarcable de minicómics, autoediciones y micro editoriales que abona la actual catarsis de historieta de vanguardia, Dios ha muerto es un grueso libro en tapa dura (edita Bang), 208 páginas para destilar ideas provocadas por la lectura de Así habló Zaratrusta en el autor. Combinando historieta silente de regusto risográfico con textos escogidos de Friedrich Nietzsche, este cómic marca el punto de inflexión en que debería mirarse “el mundillo” (sé que a todos os gusta esa palabra). Porque no abundan artefactos de este palo más allá de la voluntad de las firmas más consolidadas de la novela gráfica. Y dentro de esa novela gráfica sí que hemos visto casos de obras extensas y ambiciosas. Nadar se estrenó con Papel estrujado, se me ocurre en caliente: una novela gráfica, autoral, con un contenido entre el costumbrismo generacional y la crítica social que asombró por su ambición en volumen (casi 400 páginas) y lo sólido de sus resultados. Pero su estética, su temática y sus intenciones sintonizaban con una generación de “novelagrafistas” en la que podríamos meter a Álvaro Ortiz, Pablo Ríos, Paco Roca o Santiago García: crear con libertad un tipo de cómic transgeneracional, una lectura madura que puede atraer a lectores no habituales a esto de “los tebeos”. Zeberio juega otra liga, diferente, que no mejor o peor. Él plantea su trabajo como reto a los límites y a los márgenes del cómic.

Dios ha muerto es la mezcla de ambición y resultados más potente  del momento, un tour de force que mezcla la tradición y la renovación. Un salto sin red que termina entre aplausos y éxito rotundo. Cada párrafo de Nietzche escogido tiene un reflejo, o mejor decir un eco libre, en las páginas dimámicas, aparentemente espontáneas y repletas de sinergia que dibuja Zeberio. No se trata de transcribir contenidos, sino de plasmar el impacto que la obra original supone en el cerebro y el corazón y las tripas de Irkus, creando así un relato de primitivismo cósmico surreal, mántrico como una danza febril y ritualística, libre de ataduras y expresiva como un tam-tam en una invocación bajo la tormenta eléctrica, en un futuro apocalíptico.

Dios ha muerto podría leerse con la última encarnación de los Swans de fondo, uno de esos temas chamánicos y volcánicos que Michael Gira y su banda extienden durante decenas de minutos. La experiencia será duplicada por el apocalipsis sonoro.

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ICELAND, de Yuichi Yokoyama.

La editorial Mincho Press, afín al mundo de las artes gráficas, se estrena en el campo del cómic con uno de los grandes autores de la vanguardia creativa, el japonés Yuichi Yokoyama.

Iceland_bisYuichi Yokoyama (prefectura de Miyazaki, 1967) estudia arte y pintura pero pronto siente la picadura del manga, que practica en obras como New Engineering, Travel (Viaje, editado en 2010 en España por Apa Apa), Outdoor o Baby Boom. Una obra no escasa, precisamente, que define un universo personal, tan atractivo como hermético al mismo tiempo, usualmente ajeno al empleo de lenguaje escrito (salvo unas onomatopeyas muy gráficas, imbricadas en su dibujo de líneas fugadas y perspectivas forzadas).
Iceland es su último trabajo. En él por encima de lo argumental destaca un contenido subrepticio que florece entre los pliegues de ilustraciones enigmáticas y un argumento mínimo casi abstracto. Una considerable ruptura con lo ordinario… Apuesta Yokoyama por un cómic que rompe con la tradición argumentística y con conceptos como empatía lectora, en un alarde distanciador que asombra por su radical mirada patafísica. Todo es asombro brutal y decostrucción de la realidad en Iceland (marca de la casa del autor, por otra parte), como si las páginas del japonés destilasen una deformación ocular que le permite percibir el mundo de un modo único. Por tanto, no irreal, ya que Yokoyama no busca trasladarnos tanto a fantasías como, si acaso, a futuribles. Paisajes apocalípticos, figuras post humanas (¿post nucleares? ¿influjo del movimiento artístico —literario, historietístico, cinematográfico…— de “La nueva carne”?), sociedades de consumo anestesiadas, comportamientos opacos… Iceland describe, que no descifra, una realidad imposible, distinta, incomprensible. Y abunda en los logros estéticos de Yokoyama en Viaje, por citar ese otro trabajo del japonés que se puede intentar encontrar en nuestro mercado.
El diseño de la página espectacular, severo pero también muy recargado. Aporta un mundo propio en el que nos podemos reflejar todos, e interrogarnos sobre el papel del arte y lo estético en la vida. Esta disyuntiva, esta espada que nos pone Iceland en el pecho, también nos arrincona contra la pared de la historia del cómic. El de la historieta es un arte históricamente mercantilizado, obediente a preceptos estéticos “de moda” y a afinidades genéricas según toca. En los sesenta galos, la ciencia ficción lo petaba entre los creadores más “artie” (Metal Hurlant, claro). La prensa americana como soporte masivo impuso para el medio una cárcel tanto de temas como de formas (o tiras, o dominicales). la contracultura norteamericana en el fondo tenía sus propias servidumbres (generacionales), En España ya ni vamos a hablar, con una censura franquista y una idea de que la historieta era algo para niños. Los superhéroes, desde su aparición y consolidación en los cuarenta, han sido el kefkir del medio, algo que crece y crece y que no permite más que hacerlo de un único modo. Ha costado mucho lograr obras superheróicas que no apelen a un target determinado y con un estilo más o menos libre, aunque sea dentro de unas coordenadas claras. Y esos títulos excepcionales son eso, excepciones, una nota discordante. A veces abrumadoramente ruidosa como Watchmen, pero excepciones siempre.
Japón, sin embargo, ha sido un marco diferente. Más industrializado aún que Estados Unidos o Europa, pero dado que esa industrialización ha llevado al manga a las cotas de aceptación que ya todos nos conocemos, también con mayor capacidad de movimiento para sus versos sueltos. Desde los sesenta (con la revista Garo, por ejemplo), esto es una realidad. Yokoyama es un puntal actual de esos caminos alternativos. Iceland como último eslabón de una carrera consolidada desde los límites, es una demostración de que en la historieta cabe de todo, que sus márgenes son demasiado estrechos, hoy, en el occidente más canónico (ese que marca cánones y pautas sin fin como si la sabiduría fuese cercar el campo). Dudo que en su país nadie siquiera apunte sandeces del calibre que se tienen que leer o escuchar aquí sobre autores de vanguardia, y eso marca una diferencia: cuando una sociedad admite la naturaleza completa y compleja del cómic como medio, no cabe acotarlo, todo lo contrario: hay que aplaudir cada atisbo de locura. Y más si se reviste de la calidad despampanante de este Iceland que ha venido a sacar aquí un editor de revistas de diseño y arte. Ojo al dato, de diseño y arte.

Yokoyama tiene en fin la capacidad de unir polos opuestos (lo comercial y lo vanguardista, el diseño gráfico y la historieta, el humor y la morriña) como en sus momentos más libres hace la música de Ruichi Sakamoto, posible banda sonora para la lectura de Iceland.

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LAS AMAPOLAS DE IRAK/EL PIANO ORIENTAL/EL ÁRABE DEL FUTURO

El cómic reflejando otras realidades, cercanas pero distantes. Amplíalo con un discreto clic encima:

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El día de Batman recomendamos.. un tebeo de Batman

Pues dicen que hoy es el día de Batman. Valiente celebración, “el día de” uno de los iconos más populares del siglo XX. Como si necesitase mimitos y promos… pero bueno, me uno a la fiesta porque…

Hay gente que nunca ha leído un tebeo del hombre murciélago

Lo entiendo perfectamente, sobre todo porque la mayor parte de la población mundial no lee tebeos de superhéroes. Eso, aunque nos duela como una epidural puesta por Chiquito de la Calzada durante la feria de Abril (esto es, borracho), es la realidad.
Además el hombre murciélago puede arrastrar cierta fama pop y naive gracias a la teleserie de los años sesenta, y si los ciudadanos no han entrado en otras realidades del famoso milloneti metido a justiciero nocturno (Batman Adventures, las muy serias películas de Nolan…) pues… no creo que le tire mucho leer algo de Batman cuando puede pillarse el Persépolis. Seguimos desgajando verdades dolorosoas, lo siento.

PERO la realidad es que en la historia de Batman hay verdaderas JOYAS. Recomiendo al paciente o curioso la lectura de “La noche del murciélago”, un libro escrito por Santiago García hace años sobre la historia del personaje queel propio autor legó “free” en su blog. Alli descubrirá alguna de esas perlas.
Y la cuestión es que en este día tan importante podríamos intentar mostrar a posibles lectores las bondades del personaje. Yo creo que quien se atreva con…

Batman año uno

…va a asombrarse muy mucho, si es la primera vez que lee nada de Batman, o del género de superhéroes.
Escrito por un Miller en estado de gracia, ilustrado por un David Mazzuchelli superlativo, su tono de cine negro, su argumento verista (o casi verista, solo falta que realmente cuando se pone el disfraz, lo maten a tiros, que es lo qeu sucedería en el mundo real) y su tono seco, casi bruto, acercan este libro antes que a cualquier aventura fantasiosa de señores con capa lila y calzones azul cielo, a una película de Scorsese, por ejemplo.
La comparación es odiosa y mema, soy consciente, pero este post busca animar a posibles nuevos lectores, así que si te gusta “Uno de los nuestros”, puede gustarte “Año uno”.

Aquí una doble página de mi recomendación (que está editada en castellano por ECC). Se amplía con un clic, como siempre:

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ROBERTA VÁZQUEZ EN TELEVISIÓN ESPAÑOLA

BOMBA:
Llevo años diciendo que Roberta Vázquez tiene el potencial de convertirse en autora referente para una nueva generación.13882471_1307358725942706_1315588471301429262_n
Que sea objeto de atención en “Página dos” (en TVE 2) supone también la demostración o una prueba, cuanto menos, de que las novísimas generaciones de autoras y autores de cómic “alternativo” español, las abonadas a salones de autoedición y circuitos “artie”, no son carne de endogamia y en casos (Roberta, insisto, a la cabeza) podrán trascender.
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Potencial enorme, realidad palmaria.

Minuto 4’54, clik it!

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UN VERANO EN LAS DUNAS, de Seth

unveranoenlasdunas-731x1024Seth ha sido una de las firmas más importantes del cómic en los últimos 25 años. Lo es no tanto por un talento singular e inabarcable, a lo Chris Ware, como por la pertinencia de su sensibilidad en determinado momento histórico, que ha permitido avanzar al cómic por cauces narrativos intimistas y por tonos nebulosos como son el recuerdo añorado y el papel de la memoria en nuestras vidas.

La vida está bien si no te rindes es sin duda su trabajo más importante, posterior al que nos ocupa, y refinado de las constantes que encontraremos en Un verano en las dunas. La vida está bien marcó profundamente a una generación que reinventaba al lector de cómics, un lector adulto o en tránsito a la maduración personal que encontraba en este cómic una respuesta a su necesidad de seguir leyendo historietas sin apelar al fan fatal interior. Seth creó en su cabecera, Palookaville, historietas intimistas, de calado profundo incluso cuando los asuntos, como los narrados en Un verano en las dunas, son de lo más cotidianos y comunes: una anécdota desgraciada, y una historia de primer amor.

La primera, un recuerdo sobre una paliza propiciada en el metro en su juventud, cierra el libro. La historia de amor adolescente lo abre y da el título general al tomo. “Un verano en las dunas” es simplemente el reflejo de muchísimos relatos. Me viene a la cabeza el librito Verano del 42, de Herman Raucher, guionista también de la película homónima donde brilló la belleza de  Jennifer O’Neill (como para no enamorarse de ella, con 15, 25 o 75 años). La vida cotidiana, el entorno, el amor y el desamor. Cuestiones nada baladí pero trilladas que Seth aborda con buen gusto y no demasiada profundidad. Lo mejor, sobre todo, es ver su capacidad narrativa, el empleo ya sagaz del texto de apoyo, el dominio de los tiempos muertos y de las conversaciones aparentemente banales. Y la belleza de cada página.

“Dichosa la hora” es la segunda historia. Aquí vuelve a interesar el empleo de recursos (para el caso, desmitificadores de todo lo narrado), y la capacidad para crear una tensión progresiva. El golpe de genio es su prólogo y epílogo, casi irónicos.

El libro es un amor de edición (Fulencio Pimentel) que se completa con un cuadernillo con más Seth, a todo color. El libro en sí mismo, como es habitual en el autor canadiense, es un alarde del bitono, demuestra pasión y estudio de los clásicos de prensa humorística norteamericana y revela el estilazo y la potencia estética de Seth, incluso en una obra menor, y me provoca ciertas reflexiones. ¿Cómo abrazaría yo este tipo de cómic en 1991? Para empezar, se editarían (como fue el caso, de hecho) en revistas de comic-book seriales (no diré mensualmente porque hablamos de una artesanía unipersonal, no de trabajo en cadena a la Marvel), no gozaría de las cualidades táctiles del libro de Fulgencio, que hacen su magia habitual otra vez. Y su calado sería mucho más profundo. Porque entre 1991 y 1993 este tipo e lecturas  se percibía como un burladero siempre cerrado que por fin se abría al cómic (otro ejemplo más o menos de esos tiempos, Optic nerve de Adrian Tomine): el del relato confesional, costumbrista, hondo (o pretendidamente hondo al menos: la intención era lo que contaba), alejado de los clichés genéricos que en los ochenta habían sido el caudal por el que la historieta TENÍA que transcurrir. La sensación de libertad creativa plena en Seth, de retorno a raíces (el dibujo, la manera de entenderlo) y de ambición adulta real imprimía a tebeos como este un aura especial.

Hoy el cómic ha aprovechado ese camino que firmas como la de Seth abrían hace 25 años, y ha consumado la idea de que la novela gráfica es un terreno en el que todo tiene cabida. Nos hemos acostumbrado, para bien, a dicha idea, y cuando ya has leído de todo, y llevas leyéndolo 15 años o más, volver a estas historias tiene más de recuperar un momento clave a través de los huecos inéditos en nuestro mercado que de otra cosa.
Dicho de otro modo: la obra clave será La vida está bien, o alguna posterior del propio Seth, que ha navegado mucho desde aquellos tebeos formalmente ortodoxos. Pero la huella de estas historietas sigue marcando el devenir del cómic contemporáneo en su reflexión final: en el cómic, de todo.

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EL ALA ROTA, de Altarriba y Kim

¿Cómic nacional del año?

: Visado : Página 6 Cómics La Visión

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LA VISIÓN, de Tom King y Gabriel Hernández Walta

A veces el género de los superhéroes ofrece cosas muy disfrutables, caso de esta notable revisión de La Visión en clave sitcom muy, muy negra.

Ampliar con un clic, para leer:

_ Visado  La Visión-001

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