Algunos cómics nacionales de 2019.

En Faro de Vigo. Por supuesto no se trata ni de una lista ni de un canon, solo un paquete de recomendaciones personales y (espero) variadas. Clic en la imagen para ampliar y leer.

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De cervezas con Magg y Hope.

Hacía mucho tiempo, años incluso, que no me encontraba con Magg y Hope, que para mí sigue siendo «Hopita», dejadme que la llame así en este texto porque ella, en el fondo, sabe que se lo llamo con cariño.


Mag y Hope son dos tías de puta madre. No hay sordinas que respeten la eficacia de esa frase tan llana. Mag es una tía tan sensible que con cada una de sus miradas, por mucho que se esfuerce en callar, sabes lo que está sintiendo. Y cuando estalla es imposible cabrearte con ella. Tampoco me burlo nunca cuando la veo fuera de sí, porque una hostia de esta mujer guerrera y mecánica de motores seguro que duele.

Hopita es otra pieza. Joder con la Chascarrillo, la bollera loca y salvaje… la veías allá sobre las tablas, echándose un piti (a lo mejor de hierbas de la risa),enganchando su bajo con cara seria y sentías que ser amigo de ella era lo más. De ambas, amigas, amantes, colegas y Locas… ¿Os he dicho que hablamos de una panda de chicanas metidas hasta las trancas en la escena hardcoreta de los EEUU en los primeros ochenta? Poca broma.


Ahora ambas son mujeres de cuarenta y tantos y las cosas han cambiado. Me han contado que hace poco se reencontraron (la vida las había alejado, y sus propias vainas, que menudas son ellas, siempre con cosas) para asistir a un concierto de punk en su barrio de correrías juveniles. Se han reencontrado, con toda esa tranche de vie de décadas y más décadas. Se quieren, se añoran incluso. Pero saben que ya no como antes. Y me ha fascinado charlar con ellas de cómo la vida pasa, y de porqué esas veinteañeras ya no están… solo que sí están. Han cambiado. Han engordado, encanecido, tienen nuevas responsabilidades, amores, vidas, achaques… Es increíble cómo te lo cuentan todo, con qué exactitud reflejan esa sensación que, uf, yo también siento. Porque por mucho que me enganche hoy al disco de Lungbutter y recuerde mi propia locura juvenil (hasta donde la tuve, que tampoco fue tanta), no puedo sentir esa música como sentía los primeros discos de Sebadoh o Superchunk en 1992. Trae recuerdos, eso sí. Y certezas: he cambiado, aunque no he cambiado. Soy el mismo y no lo soy. Madurar, supongo. No está mal, ¿verdad Hopita?


Entonces me doy cuenta… como en un cuento chino de Cuarto Milenio, como en un viaje astral, de que la mirada melancólica, dulce y cálida de mi amiga Hopita se congela. Y yo vuelo, me elevo, veo la escena desde fuera. Y veo la escena que pasó un poco antes. ¡Hasta veo lo que va a pasar! Todo en ordenadas viñetas. Todo dibujado con dominio prodigioso.
Se suele decir que Locas, la obra de Jaime Hernandez, es como la vida y te crees que sus personajes son reales. Volver a ese haiku descriptivo otra vez es cansino, pero lees “¿Es así como me ves?”, el reencuentro de Maggie y Hope y todos sus inevitables flashbacks, y no das crédito a lo que sucede ante tus ojos. Otra vez (y van un puñado de cómics de Locas). Es curioso cómo la mayoría de autores buscan en sus narraciones la sorpresa, la locura y la trama que nos asombre. ¡No me lo esperaba, increíble! Debe ser porque, claro, conseguir llegar a una lectura en la que puedes pensar la reacción inmediata de lo personajes como te sucede en la vida real con tus cercanos, está al alcance de muy, muy, muy poca gente. O de una sola persona, si me apuras. Porque para lograr esa empatía con una ficción es preciso que cuadren varios asuntos rematadamente difíciles de conseguir uno por uno… ya no te digo do minarlos todos juntos: la libertad de un autor con la osadía de no salirse de una ficción y sus universos desde 1981 hasta hoy (la intensidad de ser acompañado por unos personajes tan verosímiles durante tanto tiempo supera la lectura de un libro, ver una peli, una teleserie… son casi cuarenta años acompañando Locas); lograr que esa ficción no decaiga en estos años (esto es absolutamente trascendental, conozco pocos casos iguales…); tener una capacidad para crear situaciones y personajes de drama y comedia cotidianas sin exageraciones (o con las exageraciones necesarias para cada momento); ser un gigante del virtuosismo para el diálogo perfecto y ser un superdotado del dibujo capaz de cegarnos de admiración. No conozco a un dibujante capaz de plasmar con la eficacia de Jaime Hernandez a una persona, su gestualidad (corporal y facial, domina ambas totalmente), y de hacerlo con lo estrictamente necesario. En esto hay que hablar de la evolución de un ilustrador barroco en sus inicios, a la sobrenatural maestría minimalista del Jaime actual.


Mag y Hopita se han venido, nos han contado sus vidas y se han ido. Espero que nos volvamos a cruzar, son buenas amigas aunque estén un poco Locas.

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Diez años de tebeos (2010/2019)

Si observáis la lista de 15 cómics de la década 2000/2009 veréis casi diez novelas gráficas. Hubo quien auguraba moda pasajera, solución-formato (libro) para vender, y poco más. Una formulita prepotente destinada a arder el la hoguera del olvido.
Diez años más tarde cuento como mínimo trece novelas gráficas (tebeazos como la copa de un pino)  entre las 15 «mejores» en mi lista de 25. Más, por tanto, que en la década anterior.
En resumen: 2010/19 ha callado bocas, ha demostrado que la novela gráfica vino para quedarse al menos una temporada consistente, nada de «modas» (ya lleva sobre la tierra más años que mi hijo) y que además es madre de toda una nueva generación de «outsiders». Esa sangre nueva ha sido lo más excitante de la década. Una generación propia de un tiempo donde la respetabilidad del medio ya es un hecho (aquella lucha de la novela gráfica que tanto sobrexcitaba a algunos). Una generación jovencísima que viene de áreas creativas muy diversas y que ha potenciado un underground fascinante. Uno que por otro lado cohabita otros espacios y es capaz de crear intersecciones (pienso en «Aquí», por ejemplo, o en Schrauwen, imposibles de etiquetar). Mención merece un manga casi testimonial, francamente no te catado cosas japo que me hayan asombrado fuera del margen de la recuperación de clásicos, quizá porque además de constatar sus virtudes intrínsecas, en esos me asombra lo adelantadísimos que estaban frente a lo que se cocía en occidente.
Aquí van mis 25 cómics de la década. La cosa ha ido a más y mejor que en la década pasada. Hay que señalar también cómo los grandes maestros de los decenios previos (Clowes, Max…) mantienen la forma en no pocos casos… Y bueno, ¿constatamos la existencia de un coloso del arte entre nosotros, en el mundo del cómic? treinta años encabezando listas de un modo irrebatible da para estudio tranquilo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Cómic de terror

Clic y a temblar.

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Papaya salad, de Elisa Macellari

Interesante autora a seguir, que demuestra una inicial sensibilidad propia en esta novela gráfica:

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Acuicornios y curiosones: tebeos infantiles.

Aquí va un artículo para Faro de Vigo sobre el buen estado del cómic infantil actual (clic en imagen para ampliar):

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VENTILADORES CLYDE, de Seth

Clic en la imagen para leer el artículo

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Esos días que desaparecen, de T. le Boucher

Hace semanas publiqué en Faro de Vigo esta reseña de un cómic comercial y bien ajustado.


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Las edades del superhéroe… reedición.

He visto el cap01 de The Boys, la serie Amazon que adapta un cómic de Warren Ennis y Darick Robertson.
Lo primero que diré es que el capítulo me ha entretenido y seguiré viendo la serie. Lo segundo, que igual hay algún spoiler en este texto, aunque no determinante. Y lo tercero, que me parce claro y meridiano que el cine (cine, series) contemporáneo -no hablo de los seriales de Capitán América, Batman, etc, hablo de cine digamos de la era moderna- está viviendo su propio ciclo superheróico, más o menos como lo ha vivido en las viñetas.

Una primera edad de tanteos, que intenta el traslado a la pantalla del concepto más destilado del género, con cosas muy reivindicables y hasta joyitas, con las pelis primigenias que comienza, por supuesto, con el Superman de Donner, que tiene conatos en los ochenta pero realmente no arranca hasta el exitazo del hombre murciélago de Burton. Esta época esconde goteos defendibles como Rocketeer, el Darkman de Raimi o casi podríamos añadir a Dick Tracy (no te meses los cabellos, sé que no es un «pijama», que es un detective, serie negra, pero sus modos cinematográficos la emparentan con esta corriente).

Superman II, la súper-pureza de la primera edad

Una segunda edad se inicia con X-Men de Singer (2000) y sus secuelas, y cristaliza con el universo Disney/Marvel. Una época donde por un lado los efectos especiales y una relectura de la estética de los uniformes (convertidos en sofisticadas armaduras de imposible flexibilidad, o chupas de cuero molonas, o…) consiguen un verismo que no se alcanzaba ni con el armazón del Batman de Burton ni con los vuelos de Reeves, y donde por otro lado, lo más importante, se ha conseguido trasladar al cine la idea de «Universo cohesionado» donde 20 pelis forman una única historia (quieras que no, un hito en la Hª del cine). Un cine que reivindica el poder evasivo del género a-la-Wolfman/Pérez/Byrne etc., en una recreación del canon más ortodoxo de la era Marvel (Warner con DC lo intenta también, pero ese es un caso para comentar otro día).

Universo Marvel, hasta el Tato.

Y nos faltaba la fase «adult oriented». Esta se tanteó, qué duda cabe, con cosas como El protegido de Shyamalan (2000) y la trilogía de Batman dirigida por Nolan (2005-2012). Pero es ahora cuando el modelo «british invasion» del cómic de superhéroes (años ochenta, finales) cristaliza con Doom Patrol (HBO) y desde luego con The Boys (Amazon). Series donde se da una pátina a un cliché superheróico para provocar una lectura epatante, de contenidos adultos en la expresión abierta de la amoralidad, la cristalización de la violencia (mucho más allá de los mamporros de Thor a Hulk) y un tono algo cafre que me recuerda mucho al Jupiter’s Legacy de Mark Millar y Frank Quitely (2013), por ejemplo (bueno, y al propio Warren Ennis, obviamente).

The Boys, oro parece.

E intuyo que el público no lector de cómics pero consumidor de superhéroes cinematográficos está viviendo su propia «epifanía Watchmen» con esta serie. Una serie que vende «adultez» a base de violencia sin medida (como la de El Comediante, superhéroe que asesinaba con alegría en aquella serie -DC, 1986-), sexo casi explícito (repito al Comediante, y añado la relación más «limpia» pero abiertamente sexual entre Silk Spectre y Buho Nocturno en el mismo cómic) y una doble moral en el superhéroe nada, nada novedosa para el lector del género (los enciclopedistas podrían añadir muchos cómics que anteceden tono, argumentos y situaciones que vi en este primer capítulo, pero no es mi intención hacer aquí un vademécum)
No, no es novedosa, The Boys, pero para esa inmensa mayoría que solo sabe de capas y poderes por las pelis Marvel, esto debe ser enormemente original y «rompedor». Incluso la gestión del supregrupo como producto televisivo de escasa moral, directamente robada a X-Force de Milligan y Allred (2001) por, imagino, Ennis en la serie original, es un refrito y no la nueva gran vuelta de tuerca para el género. En definitiva, se repiten ciclos en otro medio que va, en este sentido, aún por detrás del género en historieta… y un público ajeno a ellos (a esos ciclos ya sucedidos en las viñetas) puede pensar que The Boys es una serie rompedora y atrevida.
Pero superhéroes locos, adictos a drogas, asesinos, violadores, amorales, débiles mentales, héroes falsos y de postín… los ha habido desde hace décadas. En comic books. ¡Los Pupita men! Y repetir esas jugadas en 2019 puede sorprender al abonado a Amazon o a Netflix, bien por ellos, lo van a disfrutar como yo en mi adolescencia.
Pero nuevo, nanai. Rompedor Miracleman (Moore et alii, 1984). Rompedor Daredevil Born Again (Miller, 1986 -¿la historia de Sh más adulta que se ha escrito nunca? y eso que no hay ni un desmembramiento a cámara lenta ni una teta o una picha al fresco… tomen nota, productoras de seriales catódicos!).

Miracleman asesinando a un niño destrozándole la cabeza con su superfuereza. Algo habrá hecho.

Daredevil, un superhéroe psíquicamente triturado estableciendo una conversación telefónica con la nada.

Si os ha gustado The Boys no lo dudéis, hacerlos con estas series, con Watchmen, con X-Force de Milligan/Allred. Ahí está la madre de ese cordero.

Adult oriented pijama? Hurm…

 

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Somos sentimientos y tenemos seres humanos: ATMÓSFERA CERO

Sigo sacando cómics añejos de mi librería, sin mirar demasiado lo que de ella estoy extrayendo.
Se dice a menudo de esta que es la adaptación definitiva de una película al cómic. En fin, no sé, pero en todo caso sí recuerdo el aura mítica que para toda una generación tiene este tebeo, apoyada por su inclusión en la entonces sacrosanta «Historia del cómic» de Toutain, que le dio mucha coba, si recuerdo bien. Un tebeo que intuyo hoy ofrece una legibilidad espesa, aburridita incluso, pero cuyo despliegue gráfico seguirá apabullando.

No se puede negar la revolución que Atmósfera Cero, de Jim Steranko, supuso para el cómic en su tiempo. Sus páginas orgánica y enormemente estéticas jamás sacrificaban un ritmo dinámico y que el ojo sigue como si le llevasen en volandas. Uno casi tiende a pensar que Steranko, que en los ochenta aún lucía como el gran rupturista del mainstream, agarró por las solapas este proyecto (¿encargo?) y le dijo algo así como «eres una peli y me dan el marrón de hacerte cómic, tiene que identificarse a Connery y compañía, y tengo que ceñirme al texto del original. Pues ok, a partir de ahí, voy a romper la baraja y me quedo tan a gusto».

La duda será si leído hoy no ha envejecido. Algo me da que, de ser así, solo en parte, solo en cierta farragosidad en textos de apoyo un poco «Mec», pero no en su inventiva visual, blindada en una narratividad fluida que no se riñe con la espectacularidad.

 

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