Novedad editorial: Hechizo total

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[...] pequeños capítulos autoconclusivos en los que Simon Hanselmann va desarrollando una comedia generacional, luminosa y descreída a partes iguales, que irá convirtiéndose poco a poco en una fotografía apenas deformada del Zeitgeist contemporáneo. [NdP]

Hechizo total, de Simon Hanselmann. Fulgencio Pimentel. Abril.

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Novedad editorial: El bus

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Las tiras cómicas de El Bus fueron publicadas en 1978 en la revista Heavy Metal, donde aparecían regularmente durante siete años.
Desde lo sencillo, premisas mundanas de un hombre esperando su bus, las tiras se deslizan rápidamente en un extraño mundo hilarante donde las ciudades son laberintos surrealistas y lo desconcertante está a la vuelta de la esquina.[NdP]

EL BUS, de Paul Kirchner. Ninth Ediciones. Abril

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DANI FUTURO, de Víctor Mora y Carlos Giménez

Artículo publicado en Faro de Vigo, ampliado aquí.

Un clásico español de la historieta recuperado.

“Dan Futuro” se recuerda como una de aquellas historietas infantiles que nacieron en España cuando los tebeos eran, aún, un entretenimiento de masas.

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Los años sesenta fueron tiempos de cambio, de toma de conciencia, y en el mundo del cómic, de renovación radical. En España las cosas, claro, iban a otro ritmo, pero las artes inevitablemente se empapaban de esta ola de renovación general. La historieta, anclada en modelos productivos y destinada exclusivamente a infantes, acusará este brío más bien en los setenta y primeros ochenta, pero en la era hippie comienzan a verse también, aunque con timidez, aires de renovación. Víctor Mora, creador literario de “El Capitán Trueno” y “El Cachorro”, unió en 1968 sus fuerzas con el dibujante Carlos Giménez (“Gringo”, y en el futuro, obras adultas autobiográficas como “Paracuellos” o “Los Profesionales”) de nuevo tras “Delta 99”, para repetir género con las aventuras de un niño transportado a un futuro lejano y naive.

Dani Futuro vivió aventuras desde 1969 hasta 1975 con una historia editorial guadianesca (explicada con detalle por Antonio Martín en el prólogo del recopilatorio que ahora nos ocupa), y supuso una obra infantil, fresca y, para su tiempo, enriquecida con sabias renovaciones formales, tanto de puesta de página como de empleo expresivo del color. Historias de space-opereta con robots, naves, sociedades inocentonamente idílicas y malos malvados que hacían las delicias de los niños.

La cuestión es si hoy funciona para su lector lógico. Han pasado décadas y los niños de hoy no son los de 1971. Ni los cómics para niños de hoy guardan relación con lo que fue “Dani Futuro”. De hecho “Dani Futuro”, con ser un trabajo admirable y, lo repito, renovador para su tiempo, lastra modos caducos, sobreabunda en parlamentos explicativos, se pliega artificiosamente a la necesidad de acumular información, toda la que puede soportar la viñeta, y de sobreabundar en cuestiones ya explicadas. Por tanto, “Dani Futuro” va a aburrir a los chavales de hoy más que un documental sobre amebas en blanco y negro.

Y como obra para el añorante coleccionista, la edición de Panini es bonita, aglutina en un gran libro la obra, y se engalana de extras. Pero la edición en blanco y negro puede alejar al viejo lector, que recuerda un Dani a color de la revista Gaceta Junior o la editorial Bruguera.

La apuesta, pues, es arriesgada, ya que me temo que, por ser vos quien sois, o por venir así vestida, la obra no tiene demasiados boletos para agradar a ninguno de sus posibles compradores. Pero no perdamos otra circunstancia de vista: “Dani Futuro” sin duda figura como una de las más importantes obras de la historieta española y me parece genial que se recupere en 2014 (o 13, vamos, su fecha de lanzamiento).

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Observad estas dos imágenes, hay una diferencia.

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Esa diferencia, un pequeño número, encierra 99.299 palabras, las que componen el segundo número de CuCo, Cuadernos de cómic.

El primer número abarcaba 90.647 palabras. Casi diez mil menos. Sin embargo aquel Cuaderno superó las trescientas páginas y el nuevo “apenas” remonta las 260. Este dato significa una evidencia, creo: la maquetación. Hemos ganado ahí, mejorando sobre el error, que es el modo en que la vida, para bien o para mal, nos demuestra que se mejora de verdad. Viendo lo hecho y decidiendo que hay que meter mano por aquí o por allá. Rechazando protocolos que no funcionan, insistiendo en los caminos que sí han permitido que el n.º 1 fuese lo que ha sido (dilo: la leche).

Yo no voy a dar aquí la brasa con contenidos del 2º número, hay nombres vilculados a lo académico que merece la pena leer, y hay autores y amigos del “mundillo” que me encanta haber acogido, firmas absolutamente capitales para entender la salud de la teoría sobre el cómic de hoy. Queremos que el corpus teórico y crítico de la historieta esté a la altura del práctico. Tenemos un cómic que quita el hipo, unos autores que han llevado a la historieta donde, en mi opinión, no había estado aún. Y CuCo quiere aspirar a ser el reflejo teórico, analítico y crítico de esa altura. Es el lector quien debe decidir, por descontado, si lo logra o no.

Toda esta locura la parimos, como mater dolorosísimas, Gerardo Vilches y yo. Ayudan (mucho, imprescindiblemente) Bernardo Pazó en asuntos web y diseño on line (el blog sin él sería otra cosa, peor, la página y su gestión sin él sería otra cosa, ni me atrevo a calificarla), y José Martínez en la nueva edición (insisto, el paso en mi opinión es de gigante: mantenemos el concepto, ganamos la finura de la que carecíamos). Y nada tendría sentido, nada, sin los autores que desinteresadamente colaboran (no hay comercio aquí, así todos ganamos, aunque no sea vil metal). Hay en CuCo 2 cosas colosales, una ilusión y una entrega apasionantes. Me constan muchos esfuerzos personales, horas quitadas al día para estar en este “2″. Los valoro, porque son sinceros y aún encima, joder, agradecidos. Los valoro como oro líquido. Y el agradecimiento es mío.

Y de Gerardo, claro. Pero de Gerardo Vilches no hablaré.

Gerardo y yo estamos mal. Muy mal. Mira lo que hemos hecho.

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Novedad editorial: Fabricar Historias

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En un mundo tomado por lo digital, ediciones como esta son una verdadera maravilla absolutamente necesaria para quienes disfrutan de los libros-objeto y los nostálgicos de las cajas de juegos. Así, dentro de esta caja de recuerdos que Chris Ware nos regala, encontraremos una variedad de material de lectura que hará frente a casi cualquier gusto artístico o poético imaginable. Estas «historias de edificio» son cada una una metáfora de una etapa de la vida, a las que tanto el lector como los protagonistas han de enfrentarse. En vez de descender a los estratos más infernales del alma, lo que hacemos es subir y bajar por los ascensores y habitaciones de esta curiosa representación del mundo. En la parte posterior de la caja encontramos una lista con las sugerencias sobre los lugares apropiados del edificio por los que dejarnos perder. Aunque muchas son inéditas, algunas de estas viñetas sí han aparecido en sitios como The New YorkerThe New York Times o McSweeney. En total, Bulding Stories recoge un trabajo desarrollado por Chris Ware durante más de diez años. En octubre de 2012 se publicó por primera vez en Estados Unidos y ahora desde Reservoir Books lo traemos a España, como un verdadero acontecimiento para los lectores de cómic, los coleccionistas de libros-objeto y los amantes del arte. [NdP]

Fabricar historias, de Chris Ware.Penguin Random House. Marzo.

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Arsène Schrauwen, de Olivier Schrauwen

Pubicado en Faro de Vigo (¿conseguirá la épica chusca de mi texto convencer a lectores del periódico, “out of comic-land”, de las bondades extremas de este libro tan hermoso como experimental?).

“Arsène Schrauwen”, o cuando la novela gráfica es arte.

Olivier Schrauwen ha creado un libro fundamental para conocer los últimos derroteros del más arriesgado cómic contemporáneo.

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Hay cómics que experimentan con la forma, con el lenguaje de la historieta. Pero al hacerlo olvidan, acaso cegados sus creadores por el elemento formal que están desarrollando, que en el fondo la narrativa gráfica es eso, contar una historia. Y esta desaparece o resulta superficial.

Hay historietas que ponen el acento en la historia que nos cuentan. Se atiende con mimo a los personajes, el argumento es interesante, el mensaje valioso y enriquecedor para el lector. Pero en no pocas ocasiones los autores se contentan con esto y dejan la forma en los márgenes de lo ortodoxo o, peor, lo anecdótico.

En definitiva, pocas veces (porque el cómic es un arte joven y por muchos años atenazado por decisiones complejas que lo maniataron) nos encontramos con obras donde el reto de llevar al noveno arte más allá del punto en que se encontraba vaya parejo a historias fecundas, densas y valiosas en sí mismas. “Arsène Schrauwen” lo es, y logra la equidistancia entre forma, fondo, mensaje, tono, profundidad y riesgo que solo alcanzan las obras maestras.

No abundan, créanlo, las obras magnas. En el arte en general, y en el cómic en particular. Chris Ware ha creado alguna; Art Spiegelman una; “Paracuellos” de Carlos Giménez, el primer volumen, podría serlo también. Hoy en día, cuando la novela gráfica supone el mayor margen de libertad expresiva que haya gozado nunca un autor de cómic, comienzan a aparecer algunas nuevas obras maestras, tebeos que se lanzan a la búsqueda de lugares nunca explorados en el cómic, y temas y enfoques de una madurez pocas veces presente hasta el siglo XXI en los tebeos. No es exagerado (aunque sí atrevido, porque nos falta la perspectiva del paso del tiempo) señalar a “Arsène Schrauwen” como, sí, otra obra maestra de la nueva hornada. Pongámoslo en la librería al lado de “Maus”, “Fabricar historias”, “El Fotógrafo” o “Agujero negro”, porque se lo merece (y si el lector desconoce las obras citadas, hágase con ellas, de paso).

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“Arsène Schrauwen” lo edita, como siempre en un ejercicio de clase y gusto, la editorial Fulgencio Pimentel. Es cómic defendido como objeto bello a la vista, al tacto, al oído (pasar las páginas se escucha, por supuesto) y al olfato (¿quién no huele sus libros?). Y es la última obra de Olivier Schrauwen. Del autor natural de Bélgica teníamos ya en castellano dos obras notables, excelentes, que quedan en poca cosa comparadas con esta biografía de su propio abuelo. La vida de Arsène se relatará en tres libros, y este primero arrebata desde la portada, deudora (y  por petición expresa de Olivier Schrauwen) de las de la editorial Insel Verlag. Pero es el interior el que deslumbra.

Este cómic es una constante apuesta por asombrar usando el dibujo narrativo, el color, lo que se muestra, lo que se oculta y lo que se transforma, como el modo perfecto para contar una historia. Schrauwen parece tener una fe ciega en las posibilidades del cómic como arte, pero también como artefacto ideal para la narrativa, y así cada apuesta por una ruptura formal viene a hacernos empatizar más y más con la personalidad (aventurera, ensimismada, enigmática, enamoradiza) del abuelo del autor que se está describiendo. Dibujos símbolo, grafías ondulantes, imágenes en espejo, confluencias y metáforas visuales para alumbrar una narración maravillosa sobre la distancia, el futuro y quizá el amor.

Cuando se completen los tres libros que compondrán esta obra, y si se mantiene el nivel, estaremos hablando de una de las novelas gráficas más importantes de la década.

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Novedad editorial: Pulgarcito

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Pulgarcito es el menor de seis hermanos (los otros son quintillizos) que, acompañado de su gato Medianoche, vive sus aventuras entre la realidad y la ficción de la literatura infantil: Nunca Jamás, el País de las Maravillas, cuentos tradicionales…  [NdP] Un clásico recuperado.

PULGARCITO 1/PULGARCITO 2, de Jan. Ediciones B. Abril

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PLANETA TIERRA, de Aisha Franz

Prepublicado en Faro de Vigo

El costumbrismo, la introspección y un mundo “freak”.

Aisha Franz debuta en el mundo de la novela gráfica extensa con “Planeta Tierra”, una obra inesperadamente sólida sobre tres generaciones de mujeres.
PLANETA TIERRAAisha Franz es una autora alemana que ronda los treinta, y que debutó en el mundo de la historieta (tras foguearse en fanzines varios, incluido en español “Colibrí”) con “Planeta tierra”, editado aquí por La Cúpula. En 212 páginas de tamaño bolsillo (bolsillo grandote, de gabardina) la obra desgrana la vida de una familia sin figura masculina: una madre y dos hijas, una de ellas de apenas diez años, y la mayor está comenzando a descubrir la edad adulta y sus sinsabores. Adolescencia, lo llaman.

La madre es una mujer frustrada con su vida, que vive amargamente los recuerdos del pasado. La hija adolescente se enfrenta a la autoridad materna, como suele pasar, y descubre el amor, el deseo y el desamor, todo ese vendaval de emociones que atrapan más fuerte cuando menos preparado se está para enfrentarlas. Y la hija pequeña es una niña, juega, le gustan los globos y tiene un secreto. El relato avanza con su ritmo muy marcado, contemplativo, en una cadencia tranquila donde los acontecimientos se van desflorando en vez de estallar vertiginosamente. El estilo gráfico es casual pero de acabado delicado, que empapa en gris las pequeñas viñetas.

Hasta aquí lo normal en un relato “novela gráfica”, introspectivo y sensible. Para bien o para mal (si lo de uno es el reparto de galletas a doble página mientras enormes onomatopeyas omiten el fondo urbano de la acción, posiblemente este no será su cómic). Pero en Aisha Franz habita un espíritu freak, un ánimo autoral que aleja lo cotidiano de lo real y nos crea una sensación de extrañeza con la lectura. El secreto que esconde la pequeña de la casa es un extraterrestre. Real o imaginario, no queda del todo claro, pero físico en la narración, presente.

Lo fantástico irrumpe así en lo vulgar, y lo hace alejado de patrones previsibles. El alien aquí no es un encantador monstruito que llora por su casa y eleva bicicletas por los aires. Tampoco una amenaza palpable. Ni siquiera como hemos apuntado cabe la certeza de que sea real, y no una fantasía infantil. Es una presencia muda y quieta, un observador dócil pero que, como se deja intuir en uno de los mejores momentos del cómic, tiene pulsiones muy reconocibles.

Una de las buenas ideas de “Planeta Tierra” es que lo fantástico no capitalice el relato, sino que se manifiesta como un elemento de misterio y extrañeza elusivo, en el seno de una célula familiar entre lo común y un peldaño por debajo de lo común. Si bien no se trata de un grupo de seres mezquinos, sus vidas tristes y su infortunio tampoco obedecen a la mala suerte, sino a no saber capear tormentas. Esta novela gráfica trata antes de la pérdida personal que de otra cosa, y puede que su Alien (título original) permanezca mudo porque no entiende qué pasa en esa casa, porqué tanto dolor y tan poco cuajo para enfrentarlo o luchar por evitarlo.

Merece la pena adentrarse en este libro porque aunque no es una obra maestra sí resulta un debut muy personal, de una autora a seguir en el futuro.

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“La cuenta atrás”, en crowfunding

En 2008 la crisis (económica , política y social) no había comenzado, o no se sentía como en 2014. Quizá por eso hoy el relato/denuncia de La cuenta atrás sea más necesario, si cabe, que entonces.

El crowfunding nos traerá la conclusión de este tebeo.

LaCuentaAtras01

(NdP)
A Coruña, 18 de marzo de 2014
Una novela gráfica sobre el “Prestige”, en busca de financiación
El guionista gallego Carlos Portela y el dibujante catalán Sergi San Julián
publicaron en 2008 la primera parte de la novela gráfica “La cuenta atrás”,
inspirada en la catástrofe del “Prestige”. El álbum recibió excelentes críticas y
fue nominado al Premio a Mejor Guionista en Expocómic 2008.
Seis años después los autores han decidido autoeditar la segunda parte
siguiendo el modelo del micromecenazgo (o “crowdfunding”). El 19 de marzo
comienza la campaña de financiación de “La cuenta atrás 2″ en Verkami, una
de las plataformas de crowdfunding más populares. Por delante cuentan con
tan solo 40 días para cumplir su objetivo.
Padrinos de lujo
El proyecto está arropado por algunas de las figuras más reconocidas del
mundo del cómic y de la cultura de nuestro país. En 2008, el escritor Manuel
Rivas escribió el prólogo de la primera parte. En 2014 es el dibujante
Miguelanxo Prado el encargado de introducir “La cuenta atrás 2″.
Lo que han dicho sobre “La cuenta atrás”
Manuel Rivas, escritor: “Es la primera gran novela gráfica a nuestro alrededor
en una línea de thriller político-social. Una obra artísticamente madura y
valiente”.
Miguelanxo Prado, dibujante: “No podemos resignarnos a que no llegue a los
lectores en su totalidad”.

Juan Díaz Canales, guionista: “Es un cómic brillante y necesario”.
Álvaro Pons, crítico: “Abre todas las heridas para demostrar que el chapapote
todavía está pegado en la conciencia colectiva”.
David Rubín, dibujante: “No veía el momento de poder leer el final de esta
estupenda novela gráfica”.

PÁGINA DEL PROYECTO EN VERKAMI

http://vkm.is/cuentaatras2

(Página activa a partir del miércoles 19 de marzo a las 10:00 AM).

REDES SOCIALES
Facebook – http://on.fb.me/1idIz7S
Twitter – twitter.com/lacuentaatras2
YouTube – http://youtu.be/JzMyhNNHufA

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BATTLING BOY, de Paul Pope

Nuevo superhéroe para la muchachada.

“Battling Boy” intenta recuperar, desde la libertad creativa de la novela gráfica, el sabor de los mejores tebeos de superhéroes.

BattlingBoy-pope-portada

Se dice que el género de los tipos en pijamas coloridos que hacen justicia a sus anchas están en crisis. Su historia arrancó con Superman allá por 1938 y parece que ya todo ha sido contado. Más en un subgénero tan acotado. Pero por otro lado, las aventuras escapistas y frenéticas de Linterna Verde o los X-Men suponen un material tan idóneo para captar la pasión de lectores infantiles o adolescentes que es lógico pensar ¿por qué no seguir? ¿Por qué no refrescar ese legado? La cuestión es no hacer una papilla más, sino algo con personalidad.
Paul Pope es uno de los autores más destacados del panorama estadounidense. Su estilo gráfico es impactante y poderoso, y sus guiones suelen ser livianos pero eficaces. Y le gustan los superhéroes. Battling Boy es su nuevo cómic, y es, precisamente, de superhéroes. Lo es en todos los sentidos, una historia de iniciación donde el hijo de una especie de Thor moderno debe viajar a la tierra para culminar su tránsito de la adolescencia a la edad adulta. Ese paso consiste en enfrentarse a los peligros del mundo, monstruos imposibles y villanos malignos y sádicos. Tiene poderes para conseguirlo, pero aún no sabe usarlos demasiado bien. El tuétano d elo que hace que los superhéroes gusten está aquí, por tanto, pero filtrado por una suerte de steampunk. La estética se acerca más a Heavy metal que a DC, en fin, pero los mimbres están por debajo. Ahora, ¿funciona Battling Boy?
Cuando uno ya no tiene (ni nunca volverá a tener) catorce años y lee una obra pensada para esa edad le resulta muy difícil entrar el ella, porque, evidente, no es una narración pensada para él. Consecuentemente la distancia es inevitable. El Chico Batallador no consigue la empatía del lector si no se tiene la edad adecuada, pero esto no debe nublar el juicio. Es normal que, pongamos, un lector acostumbrado a Joe Sacco encuentre inane “Battling”, pero ¿debería ser de otro modo? Lo importante es ver que este cómic de dioses, monstruos y chicas “cool” hijas de superhéroes fallecidos mola.
Y “Battling Boy” efectivamente debería molar a, digamos, su target (perdón por el anglicismo), porque abreva de los clásicos, los mastica bien y factura un producto fresco que no inventa nada de nada pero lo presenta elegante y fresco. Y cada página, cada personaje y dialogo, está inteligentemente enfocado a un chaval o chavala que, se intuye, va a enamorarse de Battling o de Aurora (el superhéroe y la hija del superhéroe difunto, respectivamente), y sobre todo va a querer seguir leyendo las aventuras que a partir de este tomo puedan venir. Las próximas, por cierto, dedicadas a Aurora West, serán dibujadas por el gallego David Rubín.
Pero hay un problema. Uno que, nuevamente, nos pone en conflicto, el no ser este un tebeo para adultos, y serlo nosotros. Pope ha elegido un formato, de pequeño librito, para su obra. Y Penguin Random House lo ha editado miméticamente. Pero el dibujo de Pope es abigarrado, barroco, con un precioso y sabio contraste entre el vacío (ese algo nipón que desprenden a veces sus composiciones espartanas) y lo absolutamente recargado. Y no ha variado pese a la reducción de tamaño. “Battling Boy” es un desacierto formal porque pide, a gritos, un formato de álbum a la europea. Pero a la vez se intuye que la opción por el librito de tamaño bolsillo busca al joven lector a que se dirige, y ahí posiblemente esté acertado Pope. Hubiera sido el momento para tantear evoluciones formales, dejar que la forma final (rústica. 15 x 21 cm.) influyese en el estilo gráfico final, también.

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