La independencia

Hace poco escuché al responsable de un medio de divulgación digamos cultural hinchar el buche alegando su independencia por no aceptar servicios de prensa (a partir de aquí, SdP). No era un medio de cómics. No era, tampoco,  un medio profesional.

Me parece un pésimo enfoque, debería entenderse que el SdP, como el “pase de prensa” en otras disciplinas, supone sencillamente la profesionalización de los medios en su relación con los mass media. De los medios, no digo siquiera de la crítica.
En el sector de la historieta es muy habitual leer que los cómics gratis son algo así como la prueba irrefutable de la falta de crítica. Esta postura me parece cuanto menos poco cabal. Es similar a decir que la crítica que se emita sobre las películas de estreno en el festival de Cannes por toda la prensa especializada no sirve de nada, porque la hacen señores que no solo no pagan por su entrada, sino que le proporcionan entradas vip y aún encima cobran por todo esto. O que un crítico de música carece de independencia crítica por el hecho de que los discos y los festivales le son proporcionados sin coste alguno, y no paga por su consumo. ¡En realidad, solo faltaría!
Yo francamente pienso que el vínculo es necesario, y es más, el editor no debe reclamar… no diré la crítica positiva: no debe reclamar ni la propia crítica explícita de la obra servida en SdP. Que el crítico profesional esté informado del modo más global sirve para numerosas cosas, algunas directas (cuando sí se critica ese cómic concreto que llega por SdP) y otras más indirectas. Por así decirlo, ese montante es el plancton de conocimiento global del mercado, también para acciones indirectas como votaciones en medios/festivales como jurado (se me ocurre en caliente), textos de encargo que a veces pueden girar alrededor de un tema, un género etc. Y sirve en definitiva para tener una panorámica lo más amplia del sector. Esto es: que el editor cuide y dé la importancia justa a dar el acceso debido a la obra editada, permite una crítica más global y otorga mejor perspectiva general al crítico profesional. Será entonces labor del editor (y/o del autor) ponderar qué críticos y medios incluir en su lista de SdP (según los medios para los que el crítico escriba, o sencillamente porque considera la calidad de su trabajo óptima). Y pienso que ese el el único camino para la objetividad real, el conocimiento profundo del medio sobre el que se trabaja. Un conocimiento que no se ciñe evidentemente a los servicios de prensa, pero que estos no emborronan, sino todo lo contrario, ayudan a enfocar el panorama (al menos, el panorama nacional).

Otro tema es el amiguismo, el círculo estrecho que evidentemente existe en un sector tan pequeño como el del cómic, entre periodistas, críticos, editores y autores. Existe esa cercanía y cordialidad (y punto, no nos pasemos, no nos vamos de despedida de soltero a Las Vegas) y negarlo es falsear el panorama. Pero de ahí a sacar el silogismo de que el roce hace el cariño y nubla la crítica negativa para evitar encontronazos, media un abismo. Para empezar creo que la crítica negativa no se tiene que dar en cualquier medio, sino en el medio especializado (o en un medio cultural en el que cabe una sección fija con batería de reseñas, cuanto menos). Máxime cuando estamos, dicen, en una tormenta perfecta. Personalmente escribo en prensa generalista para apoyar, para animar a la compra de obras que me parecen interesantes, defendibles. No veo útil dedicar 900 palabras a poner a caldo el último cómic de nadie en un diario. Eso lo concibo para la revista especializada periódica.

De todos modos, la crítica y la cercanía del crítico con el autor son dos espacios en los que la intersección, si somos cabales y maduros, no debería darse. Uno puede llevarse bien con autores o/y editores. Y recibir de todos ellos obras “por la cara” (no, por la cara no, escribir una reseña para un medio no es hacerse una manuela: da trabajo, consume tiempo, horas). Ese roce es bueno, fiabiliza el criterio del crítico al aportarle más “armas” para su labor, al margen de sus compras personales, sus filias y sus gustos subjetivos. Incluso el crítico tiene con esta cercanía la oportunidad de saber de primera mano cuestiones de la obra que se va a reseñar y que por otros medios no están al alcance del crítico. Así su trabajo será mejor, más exacto. Pero la idea, muy extendida, de que por proximidad con autores y editores se pierde perspectiva y objetividad “por roce” me parece errónea. El criterio se demuestra en el ejercicio de la crítica, en el texto que el crítico entrega/publica. En el análisis. Que además no es palabra de Dios te adoramos Señor: cuando uno analiza está siendo testigo de su propio momento. Uno, tiempo más tarde, puede variar su análisis a la luz de nuevas reflexiones, datos… ¡no pasa nada, solo es una crítica! Alguien me dijo hace tiempo que la crítica es un acto de valentía porque te expone. No le quito razón. Expone un momento personal, tu estado, tu capacidad y tu manera de ver el mundo en un momento concreto. Te exhibe en ese sentido, y es muy normal que todos los críticos sintamos pudor al releer nuestro trabajo de hace años. No porque seas amigo o enemigo del autor o porque ese libro se te lo cediese el editor en SdP. Sentimos pudor porque nos recordamos y hemos cambiado.

Lo importante en la crítica, por tanto, es el fundamento, la chicha vertida.
Hoy es muy habitual ver a youtubbers deshaciéndose en elogios con total ausencia de análisis. “Es increíble, es una maravilla, me encanta su dibujo, una pasada, es el/la mejor, ¡un clásico!…”. Eso es lo que la crítica debe evitar: sea positiva, negativa o intermedia (porque a veces, ¡oh! una obra ofrece bondades y también cartilla de haberes, así es el arte), un buen texto crítico debe aportar un análisis que expone nuestra mirada en tiempo presente. Análisis más o menos profundo dependiendo del medio y la extensión y el target para el que escriba su texto, pero análisis al fin y al cabo.
Solo en este término sirve de algo -o no- un texto crítico: si un autor es mi mejor amigo de infancia y me salvó la vida tres veces da lo mismo, importa tan poco como si he tenido mil cristos con él. Lo que importa está en el análisis que hago de su obra. En los razonamientos expuestos que llevan al veredicto. ¿Qué importa si en el fondo me gusta o no una obra? Lo interesante será comprender el camino, las razones y el análisis que llevaron a esa conclusión. Si alabo una obra, ¿importa el grado de amistad o el servicio de prensa recibido, o lo fundamental está en el análisis, la propia crítica que os brindo, sus fundamentos?
Por tanto y volviendo al principio: que un medio se jacte de independiente por rechazar o no recibir servicio de prensa no va a afectar para nada mi mirada hacia el medio. Lo hace lo que diga, cómo razona, cómo se explica. Sea para elevar a los cielos o sea para derrumbar hasta el subsuelo. Cómo, porqué. La labor del crítico, por supuesto, debe ser enjuiciada, para eso se escribe (entre otras cosas), pero debe hacerse con los parámetros adecuados y de justicia. Enjuiciar un portal de crítica porque recibe o no SdP no es el baremo. Opino.

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Entrevista a Begoña García-Alén

Estamos en pleno Salón del Cómic de Barcelona, evento en el que una de las nominadas a autor/a revelación es la viguesa Begoña García-Alén. Con motivo de esa nominación (y a ver quién se lleva el premio final), he entrevistado a la autora para Faro de Vigo hace unas semanas. De postre, pequeño apunte sobre Altar Mutante, fanzine gallego también nominado.
Clic en la imagen y a leer.

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Pantera Negra en Faro de Vigo

Hace unos viernes, con motivo del estreno de la película, hice para el diario una brevísima panorámica del personaje (algo inabarcable en 900 palabras, pero ahí se intentó al menos explicar un poco al personaje del cómic)

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La cuestión de los premios

Nueva batería de premios en el sector del cómic nacional… y nuevamente aplastante ninguneo del cómic realizado por mujeres, en los premios del festival valenciano (que ha ido muy bien por lo que leo, y me alegro de ello).
Algo pasa.

Yo acabo de votar hace poco para los premios del salón del Cómic de Barcelona, que en un nuevo sistema ha decidido mantener una primera fase de votación de los profesionales y demás fauna del medio, y con los finalistas dejar la decisión final para un jurado. Un paso, pero no de gigante en mi opinión.
Personalmente cada vez me convencen menos los premios otorgados por una masa informe, y pienso que el modelo óptimo pasa por la valentía y la responsabilidad de proponer un jurado concreto y público para defender sus premios y las obras seleccionadas. Un jurado paritario, ya que nos ponemos.
Cualquier otra fórmula que convierta las votaciones en algo abstracto e inconcreto estará acercando los premios del “Salón Tal y Cual” al método “yo me lavo las manos”, y me pare que las cosas no están para organizar un premio (entidad privada, subvencionada o pública si hubiere, da igual) mirando a los cúmulos del cielo y silbando como si no tuviera responsabilidad en ese acto.

Eventos como los que acaban de emitirse (Valencia ComiCon) o los que pronto se emitirán (Salón del Cómic de Barcelona) en mi opinión deberían dejarse de votaciones anónimas y concretar en un grupo responsable y público que otorgue el premio: como Angoulême, sin irnos demasiado lejos. Y si cae chaparrón, que caiga. Al jurado votante, el que nomine y premie, como corresponde cuando lo que emites es un premio de repercusiones contrastadas (económicas o simplemente mediáticas). Porque acusar a un salón por un premio cuando ni se sabe quién demonios ha votado en dicho premio (ni cuantos/as) tampoco lleva a nada. Ese sistema cuasi abierto, es, en primera instancia, un escudo, o vaselina. Y en segunda, al ser “abstracto” pienso que pierde cualquier valor, empezando por el de la transparencia.

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“J + K” de John Pham

Crema. Si te gusta Simon Hanselmann o Roberta Vázquez, o El asombroso mundo de Gumball incluso,  NO lo dejes escapar. Amplia haciendo clic, y lee cómodamente.

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LA ENCRUCIJADA, de Paco Roca y Seguridad Social

Roca, maestro de nuevo. Clik encima y lee

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Mariscalada (reflexiones de otras cosas)

No había hablado del cartel de Mariscal hasta hoy y va siendo hora de pronunciarme.

No, es broma, que ya os veo las caras, qué coño me voy a pronunciar a estas alturas, qué cansinez… pero sí me ha interesado en medio del tsunami una frase (no recuerdo de quién, la copié pero no su autor, lo siento): “Mariscal es muy conocido pero en el mundo del cómic no se asocia al mainstream“.
En esta suerte de contradicción hay mucha y desgraciada verdad. Y si la cultura del cómic sigue escindida de la cultura global, el cómic seguirá siendo el referente de 3ª. La novela gráfica (o si lo prefieres, vamos por títulos sin etiquetas: Arrugas; María y yo; Las meninas; La grieta; Barcelona, los vagabundos de la chatarra; las obras de Moderna de Pueblo…) ha roto esto, creo. Ha aportado nuevos lectores que no son “mundo del cómic”.
Pues quizá entonces ahora es el momento de reimplementar la cultura histórica del cómic a esa nueva generación, divulgar la tradición del medio para que se sepa de dónde vienen las cosas, que hay un legado admirable (propio de un lugar, tiempo y circunstancias) que se llama historia del cómic (nacional e internacional).
Y también puede ser buen momento para combatir contra la idea de que el lector de cómics, como una tribu aborigen amazónica, sabe de unos usos (trepar altas palmeras sin ayuda externa a sus manos y pies) que el resto de la humanidad desconoce. Estamos en un buen momento, hay muchos tipos distintos de historieta y cada “estilo” consigue asentar su nicho de lectores, y hay que intentar que el cómic, sin etiquetas, sea aceptado y normalizado por todos de un modo transversal.
En esto creo que la solidificación de publicaciones teórico-divulgativas es importantísimo, y como hace poco ha censado Gerardo Vilches en Cactus, vivimos un momento de arrancada en esto también. Es importante traer la historia al presente, en libros que atraigan al lector moderno, consiguiendo licencias para reproducciones, atractivos al lector “de a pie”. Por tanto, hablo de una literatura de divulgación, no solo de trabajos académicos que se quedan en un ámbito reducido, el estudio universitario… ese es otro tema también muy valorable y en auge.

Antoni Guiral, paladín de la divulgación histórica con fundamento

Creo que las cosas van funcionando paulatinamente bien, poco a poco, dentro de la miseria como negocio que hoy supone dedicarte al cómic y la dificultad marciana que conlleva rescatar obras del pasado por derechos, licencias etc. (campo en el que últimamente también ha habido esperanzadores movimientos, cuidado ahí). Han pasado años y sigo sin ver tormentas perfectas, más bien soy consciente de que mal-flotamos un Mar Muerto con exceso de sal que lo hace un hábitat, para la cultura en general y el cómic en particular, anecuménico. El cómic no es la fértil Babilonia con sus jardines colgantes, sus enhiestos zigurats, su compleja y estratificada sociedad próspera… el cómic es tribus nómadas sobreviviendo o prosperando en desiertos, es así. De hecho no hay “un cómic”, nada tiene que ver Panini con Ediciones Valientes, soy consciente de que estoy reduciendo, ¡esto es un blog, una reflexión rápida! Pero creo que me entiendes, ese medio hostil en el que es duro desenvolverse, desarrollarse y crecer es un mal general que hay que asimilar a día de hoy: también al sector de los actores de cine, teatro, tv… no te quiero contar el gremio de bailarines, los escritores de poesía, o el de músicos de percusión, les va de puta madre. Pues va a ser que no: la cuestión es el papel de la cultura como generadora de trabajo y prestigio real en un país que valora más meter fábricas de motores Ford en sus ciudades que intensificar su actividad cultural.

Por tanto, sigamos construyendo, seamos salmones contra ríos adversos, insistamos, y de momento acabemos con esa dicotomía inicial, y aplaudamos la modestísima prosperidad de la línea editorial interesada en la divulgación del acervo del medio. Movámonos todos (críticos, autores, por supuesto editores, medios culturales, lectores de cómics…) para que esta línea de divulgación teórica e histórica llegue un poquito más allá de lo que lo haría con silencio  su alrededor. Es importante. También un día alguien decidió que enterrar un hueso, una semilla, y vigilar a ver qué pasa, fue un gesto humilde, pero menuda montó.
En novecientos siglos el homo sapien comicatus sólo leerá cómics, no tendrá otra actividad cultural, será nuestro momento y se conocerá la historia del medio sin separar “los lectores de cómics” del resto de la población. Os lo juro, lo veo con mi bola de cristal, pero será gracias a nosotros y a la actitud que decidamos tener: llorar, o plantar.

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ROCO VARGAS (AT HIS VERY BEST)

¿Algo que añadir al título? Solo el artículo, que puedes leer de un clik en la imagen

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Sattouf, el jefe (aujourd’hui)

No hay más que añadir. Sattouf llena con dos obras diferentes mi última colaboración con Faro de Vigo del 2017. Un gigante. Para agigantarlo y leer mi texto, clic encima, como siempre.
[y me lanzo flores sobre la cabeza y hombros por ser mi primer post de 2018: lo gráfico ha sido trabajo mío, el montar ambas obras en una sola imagen, y francamente, para una vez que quedo contento de algo, lo reconozco, sin falsas modestias :)]

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Museos y cómic

Hace unos días publiqué en Faro de Vigo este texto sobre cómics y espacios museísticos:

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