¡CARAMBA! el salto mortal sin (con) red. De redes
Este artículo sobre la editorial ¡Caramba! escrito con la percha de su último lanzamiento (el nº 2 de su fanzine) apareció en Faro de Vigo, sí, pero le añadí aquí la crítica final al susodicho fanzine, ¡Caramba 2!, ya leído… que desglosaré y, supongo, retocaré para publicarla pronto en el diario citado, por lo cual no sé de qué hacerme eco, salvo de que todo pasará por el diario.. o pasó, vamos… o quizá lo haga o lo hizo o lo hace ahora mismo en una nueva dimensión, la Dimensio_prensa, o no, y… ¡Caramba, mi condensador de ciclotrones se ha averiado! (*)
Si una editorial se puede señalar hoy día como revolucionaria, imaginativa e impactante, esa es ¡Caramba!, una apuesta por el futuro con cabeza y corazón.
¡Caramba! debuta en junio de 2011 con el primer número de la revista homónima “¡Caramba!”, pero antes fue el runrún. De las fraguas del salón del cómic de Barcelona (esto es, filmado en mayo del mismo año) surgió en la red de redes un enigmático vídeo donde autores, críticos y gente del mundillo patrio en general, repetían la exclamación “¡Caramba!” sin ofrecerse más explicaciones (puedes verlo aquí ). En la red corrió como la pólvora. Algo iba a suceder, eso estaba claro, pero ¿qué? Pues el qué fue un fanzine, una revista sin ánimo de lucro con colaboraciones desinteresadas y ajustando precios para, eso lógicamente sí, cubrir gastos.
Nacía “¡Caramba!”, la revista, que se vendía solo por internet (en un principio) y ofrecía a los compradores más animosos y veloces suculencias como láminas dedicadas o camisetas exclusivas. Si te das prisa. Esa es la consigna nº 1. Y “por internet” el axioma carambástico. Estas dos facetas han contribuido, en su indisociable modus operandi, a lograr el triunfo de la empresa y a convertir ¡Caramba! en una editorial de éxito desde los márgenes de un producto de culto, pero popular. Por partes nos haremos entender.
Nacido como fanzine, pronto sus responsables Manuel Bartual y Alba Diethelm decidieron crecer a editorial de historietas. Manuel es bien conocido como autor de cómics para, por ejemplo, El Jueves, con libros ya publicados por Astiberri Ediciones, y Alba es creativa publicitaria, y se nota en la empresa. El primer número de ¡Caramba! nació como edición limitada y vendió 999 ejemplares, pero la editorial se reservó un número 1000 para incentivar concursos on line. El fanzine crecía en prestigio (ni una crítica negativa, todo parabienes) y la idea era clara desde el inicio: cómic y humor, una unión que se remonta al origen de la historieta y que Bartual y los demás colaboradores de la revista querían demostrar que sigue siendo una fusión natural, con futuro y sí, popular. Pero el exitazo dentro de sus márgenes de pequeñas ediciones limitadas fue tan absoluto, tan, en fin, de culto, que los dos alegres locos debieron decidir que ¡Caramba! podría crecer. Y lo hizo.
Ya como editores, los señores de la exclamación sorpresiva comenzaron a editar libros de autores nacionales de diverso pelaje. Con tranquilidad, no invasivamente sino en un goteo estratégico. De un ya clásico Manel Fontdevila (el conocido autor de “La Parejita” y colaborador del diario “Público”) a nuevas promesas como las hermanas Pacheco, posiblemente las autoras de mayor crecimiento exponencial de el último año y paradójicamente, surgidas en la red, con un blog.
Siempre claro el objetivo, siempre el humor en primer plano, cada libro nuevo es, además, una exquisitez, cuidado como objeto hasta en sus mínimos detalles. Y de contenido igualmente selecto, con lo que el catálogo de ¡Caramba! comienza a ser algo más que curioso.
Y siempre la red: Twitter, Facebook, el dial directísimo con los lectores, los recursos de las intercomunicaciones (por ejemplo, ¿cuántos casos conoce el lector de presentación por el autor de un nuevo libro, y digo libro, no solo “cómic”… retransmitido en streaming desde una librería y contestando las preguntas que les envían por Twitter en directo?). Así, paso a paso, rompiendo moldes en el modo de publicitarse y afilando el criterio para ostentar un fondo envidiable, llegamos a este Abril, que trae la última pirueta de ¡Caramba!, la más loca quizás.
Damas y caballeros, ya está en sus librerías el número 2 del fanzine. Sí, “¡Caramba! 2” se puede comprar. No on line directamente a la propia editorial, ya que está agotado: edición limitadísima, 500 ejemplares, vendisos todos en medos de un mes. Pero persistan: ¿quién sabe en qué librería no se esconde, secretamente, el último ejemplar de este hito que no se repetirá?
Nómina de colaboradores vertiginosa (¡47 firmas! con ilustres como Max, Olivares o Calpurnio) y una idea sencillamente de premio Guinnes: “¡Caramba! 2” mide treinta centímetros de altura y ¡cinco metros de largo! Sí, leyeron bien. Al modo de un pergamino perdido en las olas del tiempo, pero surgido de una empresa casi virtual, apegado al futuro digital pero queriendo aún demostrar que el objeto, el libro, es importante. Desde luego, la tentación de desenrollar esa locura con viñetas no puede encontrarse en un “upload” internauta, así que la aventura, al menos hoy por hoy, vuelve a ser exitosa.
La experiencia ha resultado satisfactoria. Qué demonios, brillante: partiendo de una doble viñeta gemela con colores diferentes (distintas gamas cromáticas), Manuel Bartual propone un arranque de ciencia ficción chorras al que se irán sumando, a razón de una viñeta por barba, la lista de autores que, evidentemente, no procede citar (casi cincuenta firmas lo acapararían todo).
Dos historias paralelas en dos hileras paralelas, donde cada pincel desafía al siguiente contestando al previo, en una suerte de juego improvisatorio. Hay quien simplemente añade un diálogo a la viñeta anterior (por cierto, que es la única que cada autor ha conocido de la obra… en algunos casos, ni siquiera se tenía idea de que una trama paralela desfilaría al lado de aquella en la que se trabaja), en otras ocasiones el “vacile” va más allá y la viñeta plantea un rompecabezas y un desafío. Un “a ver cómo continúas esto, guap@” que el siguiente autor resolverá con más o menos soltura.
¿Los mejores? Bueno, primero atestiguar un nivel general bueno. Todo es un despropósito donde lo que reluce son las ganas de divertirse con el juego planteado y, efectivamente, cada cual se ha reído del asunto a gusto. Pespunteado con un final de órdago que lo ata todo gracias a un magistral (no uso la palabra como muletilla, es un Maestro) Manel Fontdevila. Pero además, claro, hay de todo, y también aportaciones que brillan por encima de la media. Me quedo con David Aja, autor patrio que endulza cada tebeo Marvel que toca (y ya ha ilustrado unos cuantos, como por ejemplo, los hoy por hoy muy en boga Vengadores) parodiando el estilo de un Jack Kirby; o Mireia Pérez, que simplemente lo borda con una vuelta de tuerca convirtiendo su viñeta (recordemos, dentro de un tebeo-rollo de cinco metros de longitud) en una lectura serpenteante; o Molg H con una estética deliciosa y un chiste a costa de los tópicos narrativos de los tebeos (“¡Deja de narrar en todo momento!”, increpa su personaje a otro).
Y si queremos describir la obra como un todo (difícil tarea), hablaríamos, claro, de no sense, parodia, humor escatológico, y metalenguaje, una experiencia lectora novedosa, interactiva, irrepetible porque nunca más volverá a ser novedosa. Cabe preguntarnos hasta dónde podrán llegar Bartual y Diethelm tras esta pirueta. O si hay necesidad de seguir subiendo… ¿cómics envolviendo bombones? ¿Fanzines regalados al que adivine acertijos on line? En realidad, el futuro de la editorial ¡Caramba! será una nueva sorpresa, que nos hará exclamarlo otra vez:
¡CARAMBA!
1Entrevolution
Los grandes hitos de la civilizzación humana, sí, han tenido, tienen y sin duda tendrán… forma esférica:

el Sol, que nos dió el fuego. La rueda, la tecnología. El dónut, el colesterol. Y ahora Entrecomics...¿qué nos dará Entrecomics?
Fuera coñas.. de verdad, por mucha amistad que tenga servidor con los entrecomiqueros, ni sé ni quiero saber antes de tiempo qué se cuece… pero eso sí, viniendo del mejor blog sobre historieta en castellano (y más importante, el que mejor ha entendido las posibilidades diferenciales del medio web, lo que un blog puede dar de sí que no podría ofrecer una revista, un articulista en prensa, un programa de radio) sinceramente, lo que se esconda tras este misterio seguro que merecerá la pena.
4Charla sobre cómics
Ayer dí una charla sobre historieta en 6º de porimaria, en un colegio. Lo cuento todo AQUÍ
PAUL VA DE PESCA, de Michel Rabagliati
Artículo publicado en Faro de Vigo el 13 de abril de 2012
La pesca y otras trascendencias para hablar de la vida.
Michel Rabagliati nos habla de las cosas profundas a través de anécdotas superficiales en una nueva historia de su personaje, Paul, en un relato de vacaciones estivales.
El canadiense Michel Rabagliati es uno de los puntales modernos de eso que en Estados Unidos se ha venido a etiquetar como “slice of life”, lonchas de vida. Lo que, en fin, toda la vida se llamó por estos lares costumbrismo. Las historias de su personaje Paul son sencillas y cotidianas, historias de trabajos en verano, de mudanzas, recuerdos de juventud… cosas que nos huelen a común, a real, a cotidiano.
La nueva “aventura” de Paul consiste en irse, en familia y con amigos, a pescar a una reserva natural. Así arranca un libro que en su comienzo augura un relato sencillo, cotidiano, casi insulso: trabajo, una cena entre colegas, preparativos de viaje, el bañador que ha encogido (o no, claro), etcétera. Paseando por una sucesión de asuntos ligeros, vamos. Sin embargo uno no se prepara con estos primeros pasos a lo que le ofrecerán las casi doscientas páginas de esta novela gráfica. Porque partiendo de lo anecdótico, “Paul va de pesca” va hundiéndose habilmente en reflexiones personales y profundas, esas que delimitan el sentido de la vida a través de la recreación de pequeños/grandes recuerdos, conversaciones íntimas con amigos, experiencias compartidas en pareja, etcétera. Siempre con ese estilo gráfico elegante y claro, con una narración precisa pero que gusta de juegos formales, por ejemplo en las transiciones (el paso de presente a lo recordado, por ejemplo, suele acentuarse de modos visuales sutiles), con una gama de grises que ofrecen un acabado elegante, y con una diagramación de la página exquisita.
Rabagliati nos conduce así de lo más anodino, como puede ser la elección de un vino que llevar a una cena entre amigos, a lo más trascendente, todos esos momentos que nos han esculpido en nuestra vida hasta convertirnos en lo que somos, de los arrebatos rebeldes de adolescencia al determinante deseo, adulto, de querer ser padres, reflejados todos ellos con sensibilidad desarmante en un tebeo que, página a página, crece en intensidad sin perder nunca el tono, ese aire de sosiego tranquilo, vacacional. De buena pesca matutina.
2Dejadme con mi novela gráfica (a propósito de “Paul va de pesca”)
La verdad, ayer publiqué un artículo breve sobre el cómic de Michel Rabagliati “Paul va de pesca”; lo ‘repescaré’ en breve… de hecho, lo lógico sería hacerlo a continuación de este, en unos días. Pero me quedé con ganas de contar cosas que no proceden en un periódico.
El debate va pasando, a todos nos aburre, y ya cuando reluce, como un rayo de sol vespertino, ponemos nuestras capuchas cubriéndonos el rostro, nos encorvamos y pasamos de largo. Cansancio, lo llaman.
Pero qué puedo decir… la lectura del cómic en cuestión a mí me ha quitado la capucha, me ha estirado la columna y me ha obligado a mirar de frente ese horizonte.
La novela gráfica.
La puñetera novela gráfica.
Y qué puedo contar… pues que he sido un niño muy pillado por los tebeos, en los setenta. Por los de superhéroes en concreto. Y un adolescente y un estudiante universitario tan freak como el que más. Un marvelzombi en toda la regla que se integró en la evolución adulta del género que propició DC a fines de los ochenta. Que leí a esos gansos traviesos del underground cuando tocó, también. Que me metí a saco con el europeo con CIMOC cuando quise “crecer”.
Que amigos, todo eso está en mi sangre.
Pero ayer compré “Vengadores secretos” y me pareció papel mojado, mientras que la lectura recientísima de “Paul va de pesca” me ha emocionado hasta las lágrimas. ¿Sabes porqué?. Porque muchas cosas que me cuenta esa novela gráfica las he identificado perfectamente. Porque Batman puede ser glorioso pero la necesidad de unas vacaciones, lo íntimo del enamoramiento adulto, la responsabilidad, las charlas con amigos, el milagro de tener hijos, o el drama de perderlos, es algo que hoy por hoy me resulta más cercano y que me habla de la vida, de la muerte, de la pérdida, de las cosas que los años y la vida me han obligado a comprender y que no se comprenden si no has vivido (o, una vez vividas, las comprendes mejor, al menos). Me hablan de mi bendita vida privada. ¿Ha ocurrido antes? quizá, pero ahora también, y más.
Porque, sea un 17×24 centímetros o sea un movimiento generacional, cuando leo cosas como esta última tierna y preciosa historia de Paul, me da igual qué quieres que sea. De Autor, NG, cuestión de centímetros… es un cómic que me habla de mí como en cierto sentido y desde la metáfora lo hacían los “4 Fantásticos” de Byrne en el 84 y “Odio” en el 93. Pero con otra edad. Y, ojo, importante, es un cómic que aplica para su ejecución una impronta artística antes que otra de tipo artesanal, manual. Sé que me explico.
Eso es, para mí, la novela gráfica, un cómic que me habla de cosas que, por edad, por experiencia, me tocan hoy, con los cuarenta bien cumplidos, como otro tipo de historieta lo hacía con veinte y otra con catorce. Y que lo hace desde lo conceptual, no desde lo manufacturero/artesanal.
Lo demás, me sobra.
Ahora digamos todos “qué cansancio de debate, de verdad paso” etc. Pero aquí, tras leer esta novela gráfica, doy gracias al cielo de ser lector de cómics en esta época, en que todo se propulsa a un infinito excitante y en múltiples direcciones. Y que además, poco a poco, se va haciendo un hueco más allá de oscuras (y benditas) librerías que atomizan con su rayo Zeta en la entrada a quien no sepa recitar sin trastabillar la lista de los diez primeros editores Marvel o los autores más representativos de la escuela de Marcinelle”
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Brevísima aproximación a ¡Caramba! #2
¡Caramba! es un fanzine con la Clave de Humor el tono Mayor siempre bien arriba.
Acaba de salir el 2º número, un delirio enrrollado de 30 cm. de alto por 5 metros de largo del que hablaremos con calma en otro momento o lugar.
Por ahora, foto casera y una recomendación. Es edición limitada de 500 ejemplares (numerados, el mío es el 183, está escrito a mano con tinta roja) quedan trece (en este momento exacto y vía Twitter). Sí, nada más. Uno de ellos puede ser tuyo, se compra on-line en http://carambacomics.com/.
Por lo demás.. no sé si ¡Caramba! nº 2 es gracioso (bueno, sí lo sé) pero sí que es sorprendente. Por formato, por idea narrativa (el despipote bidimensional, el ritmo impro…), por la lista de colaboradores (47 firmas), por la exquisitez del producto (formato, aquí sí hay que hablar de formato) y porque esto es de Premio Guinnes, sin duda.
ACTUALIZACIÓN: ala, no dije nada. ¡Caramba! 2 ya está agotado. Pero eh, si lo ves en una librería, ni lo dudes, ¡material de culto desde ya!
3LOS MELONES DE LA IRA, de Bastien Vivès
Artículo publicado en Faro de Vigo el 6 de abril
Erotismo d’auteur.
Bastien Vivès sigue en la cresta de su particular ola, la del novísimo autor (bueno, ya no tan novísimo, pero sí joven, muy joven) que trabaja sin descanso entregando nuevas obras cada poco tiempo. Una al año, al menos. Y en cada nuevo libro, un paso adelante, un cambio de aires y de estilo que solo merece el aplauso.
Dicho lo cual, hay que reconocer que “Los melones de la ira” es un trabajo fallido por sus resultados, aunque con unos cuantos asideros de consolación (o que serán, en último caso, los que argumente el fan para justificar el dispendio y la lectura).
Vivès parece sentir que ha tocado un techo con “Polina”, su análisis del mundo de la danza clásica a través de la vida de una niña que crece hasta alcanzar la fama. Fue un trabajo donde posiblemente entregó su mejor dibujo y pretendió su obra más densa y compacta. Por eso sorprende en el buen sentido que tras un trabajo sensible y “de qualité” como aquel, se haya desmarcado con un cómic pornográfico (o de erotismo abrupto, si prefieren) sobre una moza de desproporcionado pecho que es violada (ante su desconcierto inocentón) por todo médico y político local que la recibe. Hacer un cómic porno es un acto travieso y quizá valiente, que se beneficia de un dibujo siempre exquisito, ahora reducido a rasgos básicos y expresivos, líneas nerviosas y abocetadas. Y es un golpe de timón desconcertante, en un artista hasta ayer preocupado por los sentimientos, la sensibilidad y el misterio femenil.
Pero el ánimo provocador o las ganas de divertirse no han venido acompañados en esta novela gráfica de la inspiración. Más allá del portento como ilustrador, poco hay aquí del mejor Vivès. De trama simplona y moralizante, de osadía erótica más bien escasa (mucho tópico) y dejando una sensación de poca imaginación (demasiado lugar común y poco renovar el género), sólo resta insistir en la perfección sublime de su nivel como ilustrador
13El recoloreado en la historieta.
Ha pasado otra vez. Un cómic que en su día fue celebrado, vuelve hoy a venderse pero recoloreando el original. Las técnicas infográficas revistiendo de nuevos colores, tonos, degradados, sfumattos, lo que hace diez años ya tenía un determinado color.
Qué mal, qué feo. Vale, pero no vale.
Permítame el lector quitarme el traje de crítico/friki/loquesea de cómics y volver a lucir bata de restaurador de arte, para abordar el problema desde una perspectiva más, digamos, científica, que la opinión a partir del examen meramente organoléptico de los nuevos resultados. La diferencia entre el restaurador técnico y el artesano, de hecho, estriba en mi humilde opinión en trascender la organolepsia de marras, que al final nos avoca al “me gusta”/”no me gusta” y el “me parece que”, para aplicar métodos de análisis (sí, la organolepsia lo es, un primer acercamiento analítico, pero muy insuficiente).Métodos científicos, históricos, de conservación y de restauración.
Tranquilos, no pierdo el norte. Esto es un blog sobre tebeos.
El caso es que no es la primera vez que sucede lo que le va a suceder al “Flex Mentallo”":
Desde mi experiencia a la hora de enfrentarme con “arte en conflicto” (la convivencia de dos manifestaciones artísticas en un mismo espacio, vamos), la respuesta científica erradica lo meramente opinativo. Un ejemplo: se plantea restaurar un retablo del siglo XVII. A la hora de trabajarlo, se descubre, tras el mismo, pinturas del XIII. Conflicto artístico. ¿Retiramos el retablo, lo reubicamos falseando la historia, el locus original, para tescatar arte perdido? Soluciones complejas. Más difícil: una pintura barroca cubre una policromía anterior, románica. Esto pasa, mucho, ¿eh?. Imaginemos que la “tapada” es exquisita a todas luces, por las catas, las pruebas, etc. Y que la barroca nos parece mediocre en un análisis formal, de acabado artesanal, de concepción artística y de materiales empleados. ¿Qué hacemos?
No daré soluciones (he intervenido en alguna de ellas en la zona aragonesa, por ejemplo, y tengo las que se adoptaron en la memoria) sino que os daré una alegría: el cómic es otro rollo, mucho más fácil por ser un arte industrial, y por lo tanto la intervención no suele ser sobre originales sino sobre indicaciones a un taller de máquinas, claro. No habría problemas, pues si ante cualquier intervención existiese la posibilidad de que se encuentren en el mercado ambas obras (porque modificando los colores originales en el fondo recreamos lo previo), no hay conflicto. Pero claro, como actividad induscrital, y comercial, esto rara vez sucede. Si se recolorea “Flex Mentallo” olvídate de poder encontrar el original a la venta (hay no obstante un caso curioso, e”El Incal”, que sí se puede encontrar, creo, en la versión original, no sólo la infocoloreada).
En fin, entonces hay que posicionarse: ¿a favor o en contra? Hablo de método, no de resultados. Decidir si el revisado nos gusta es, otra vez, producto del análisis visual, personal. Nada que objetar, pero como método, algo está claro: cuando una editorial retoca una obra, la falsea. Falsea su historia. “Astérix el galo” se coloreó en los cincuenta y por tanto no proceden degradados cromáticos, porque no se aplicaban en la obra original. Me da igual si a tí te parecen “pocos y discretos”, falsifican la historia.
Un apunte para los exaltados: me encanta la reedición, me gusta el color nuevo. Pero como ejemplo de desfigurar el hecho histórico, es perfecto… porque no se degradaba infográficamente en 1959, salvo casos de color aplicado directamente en el original, claro. No es el de Astérix.
Otor caso peliagudo. “Sandman”, sus primeros capítulos, han sido radicalemnte recoloreados, y quien lea la nueva obra no verá ni rastro de los modos y métodos de coloreado de 1988 (que eran revolucionarios en la industria del comic book, además, adhiriéndose a la corriente que enarbolaban “La Cosa del Pantano” o “Animal Man”)
Sin embargo, hay matices, nuevamente. Sin desdecirme y centrándome en el ejemplo de la obra de Gaiman, no es lo mismo que una empresa pague a un tercero para recolorear (en el sentido reinterpretativo del verbo) la obra de un autor que no está en el proceso (ejemplo notorio, “Prince Valiant”, donde Foster evdentemente falleció hace muchos años) a que se contacte con los responsables y se les ofrezca semejante negocio. No cabe especular; si Gaiman, responsable y padre de la serie como concepto global, y uno de sus principales coloristas (Daniel Vozzo) aceptan rehacer el trabajo (ojo también: sobre los colores de otro autor, no implicado), las cosas cambian. Las causas tampoco entran en disputa con la legitimidad de un autor para rehacer su obra (artísticas o vacunas…de ordeñar la vaca). La implicación directa y activa del principal responsable de la obra (sea este ejemplo o sea cualquier otro, caso del citado Astérix, donde Uderzo está al pie del cañón) es un valor con todo el peso del mundo sobre la decisión.
La intervención daña, inevitablemente, porque repito, atenta contra el hecho histórico, pero si es el propio artista quien decide retomar el acabado visual de SU arte para modificarlo, está volunatariamente trasladando el hecho histórico al presente, que será historia de la obra también. de su obra. El caso es muy otro si sobre unos derechos adquiridos y despóticos una editorial decide a su cuenta y riesgo recolorear, maquillar y dar una solera más “contemporánea” a un cómic, ahora sí (ya que la autoría se compra pero no se ostenta) sin más razón que la pecuniaria. e interviniendo sobre una obra de un artista euque no está implicado. Mal asunto.
Por tanto en cuestiones de recoloreado, nada es fácil, nada se concluye con una frase, y sí que debemos advertir una cosa: la historia está ahí, y tocar un hecho histórico para hacerlo más “de hoy” es una primera traición. Luego tendremos el “a mí me gusta” (por ejemplo, a mí me gusta el recoloreado en el Absolute Sandman, que además unifica la obra, ya que se volvió chupi-infográfica algún tiempo más tarde). Y sobre todo, contaremos con la participación activa del autor o autores de la obra al valorar las cosas. Si Picasso hubiese decidido diez años más tarde de su primera exposición pública dar unas nuevas policromías pastel al “Guernica”, recargarlo de verdes pistacho, azul cyan y rojos vermellón… al margen de que me gustase, ¿tengo derecho como restaurador a eliminar esas capas de óleo dadas por Picasso años más tarde? Es fácil hacerlo, puedo hacerlo, ¿eh?. Tú dame N-Dimetilformamida, una máscara, y alejaos que es cancerígeno, y ya verás… Pero es muy difícil decidirlo.
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Nuestra Semana Santa, el cómic doloroso
Sin ánimo de ofender, pero como los tiempos están para echarse unas risas antes que regodearnos en el dolor, les presento mi paso procesionario:
3MISTER WONDERFUL, de Daniel Clowes
Artículo publicado en Faro de Vigo el 23 de Marzo, ampliado para este blog.
El amor en la crisis de los cuarenta.
Daniel Clowes es uno de los autores más vitriólicos del cómic contemporáneo. Retratista de inadaptados de todo pelaje, ha captado en su obra un cambio de siglo que va, emocionalmente, a la deriva: los caracteres y situaciones de la obra de Clowes no dan respiro. O no lo daban: “Mister Wonderful” trae vientos de ligero cambio.
Prepublicado dominicalmente en el “New York Times”, Random House Mondadori edita su versión en libro, con lo que tenemos una nueva y muy disfrutable novela gráfica del dibujante de Chicago. Algo ha cambiado, cierto. Puede que por pura necesidad de variar, aunque sea un poco, su registro más agrio, o porque escribir para uno de los periódicos más leídos en el mundo impone cierta mesura y un tono más suave que en sus otras radiografías del “American Dream”.
“Mister Wonderful” vuelve a detenerse en la vida de unos perdedores. Un cuarentón fracasado se cita a ciegas con una mujer de su edad, y lo que rodea a esa cita es lo que Clowes ha querido contarnos. Siempre desde el punto de vista masculino de Marshall, este “mr. Maravilloso” que no lo es ni en sus ensoñaciones. Lo interesante del asunto es que asistimos a una obra emocional. Lejos de ser solo un pobre imbécil o un desgraciado cabrón, Marshall logra nuestra empatía, sentimos lástima de sus dudas casi patológicas, comprendemos sus inseguridades… qué lejos de los adultos retratados en “Ice Haven”, por ejemplo, donde no dejaba títere con cabeza… ¿serenidad de quien ya ha soltado toda su bilis y busca nuevos asideros? ¿Búsqueda autoral, ganas de contar algo nuevo, o al menos, “lo de siempre” pero desde otra óptica?
Dejamos las respuestas al lector, pero recomendaremos esa lectura. Atrapa y emociona. Y resuelve sus escenas desde una batería de recursos envidiable. El ya conocido truco de utilizar diferentes estilos gráficos se acopla aquí con mayor acierto que nunca, pues la ausencia del estilo episódico convierte esa operación en una apuesta más arriesgada, más difícil de lograr un resultado homogéneo, natural. >>Lo que cuenta es que no despiste de lo importante, la lectura, y que aporte capas de significado a esta (como siempre en sus últimos trabajos, por otro lado).
Y lo logra. El virado formal, los cambios de estilo del dibujo, actúan narrativamente y jamás nos abstraen de lo importante: la lectura. Las ‘filacterias’ de monólogo interior actúan como elemento icónico y a la vez narrativo. Su ubicación en la viñeta entendida desde su solidez plástica es en sí misma contenido (como explica y muy bien Gerardo Vilches aquí), con lo que dibujo y escritura se combinan en el todo final que supone la lectura de un cómic. Impresionante cómo tapa con estas cartelas rostros o diálogos de la acción.
Pero hay más, está el sabio aprovechamiento de un formato marciano, apaisadísimo, que utiliza para lograr poderosos efectos dramáticos. Su empleo de la viñeta gigante a toda página (o a doble página) posée una cualidad dramática impactante, una potencia que no había visto antes en Clowes, autor más dado a descomposiciones de página que juegan con la ortodoxia, antes que a lo que a priori hubiera sido un simple golpe de efecto. Sin embargo, aquí la usualmente grandiosa splash page incrementa la desazón, la amargura que vive el protagonista. Se desnuda de todo acento épico y no viene a remarcar momentos claves de acción alguna… adquiere, pues, visos de monólogo interior… de expreiencia vívida interna, anímica, intensa, por supuesto. Una especie de monólogo visual que se entrelaza con el textual.
Hay que quitarse el sombrero ante “Mister Wonderful”, en fin, porque todas sus decisiones formales son un acierto. Y porque emociona desde una implicación nueva en su autor, o porque demuestra que el artista, lejos de anquilosarse en un determinado estilo (algo muy del artesano, en el fondo), sabe evolucionar y lo hace sin piruetas, sin aspavientos, de un modo natural y pausado. Qué lejos queda el radiografista de la adolescencia desencantada de “Ghost World”, el diletante rapsoda freak del Guante de Seda… pero qué compacto continúa siendo su universo, cambiante, maduro pero siempre parte de un todo…
Este Daniel Clowes que se ubica ya entre lo mejor del 2012, definitivamente, y rubrica la realidad de que el autor de “Wilson” es uno de los más importantes del cómic mundial. Ala, chúpate esa.
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Octavio Beares (Señor Punch)


