Entrevista a Begoña García-Alén

Estamos en pleno Salón del Cómic de Barcelona, evento en el que una de las nominadas a autor/a revelación es la viguesa Begoña García-Alén. Con motivo de esa nominación (y a ver quién se lleva el premio final), he entrevistado a la autora para Faro de Vigo hace unas semanas. De postre, pequeño apunte sobre Altar Mutante, fanzine gallego también nominado.
Clic en la imagen y a leer.

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Pantera Negra en Faro de Vigo

Hace unos viernes, con motivo del estreno de la película, hice para el diario una brevísima panorámica del personaje (algo inabarcable en 900 palabras, pero ahí se intentó al menos explicar un poco al personaje del cómic)

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La cuestión de los premios

Nueva batería de premios en el sector del cómic nacional… y nuevamente aplastante ninguneo del cómic realizado por mujeres, en los premios del festival valenciano (que ha ido muy bien por lo que leo, y me alegro de ello).
Algo pasa.

Yo acabo de votar hace poco para los premios del salón del Cómic de Barcelona, que en un nuevo sistema ha decidido mantener una primera fase de votación de los profesionales y demás fauna del medio, y con los finalistas dejar la decisión final para un jurado. Un paso, pero no de gigante en mi opinión.
Personalmente cada vez me convencen menos los premios otorgados por una masa informe, y pienso que el modelo óptimo pasa por la valentía y la responsabilidad de proponer un jurado concreto y público para defender sus premios y las obras seleccionadas. Un jurado paritario, ya que nos ponemos.
Cualquier otra fórmula que convierta las votaciones en algo abstracto e inconcreto estará acercando los premios del “Salón Tal y Cual” al método “yo me lavo las manos”, y me pare que las cosas no están para organizar un premio (entidad privada, subvencionada o pública si hubiere, da igual) mirando a los cúmulos del cielo y silbando como si no tuviera responsabilidad en ese acto.

Eventos como los que acaban de emitirse (Valencia ComiCon) o los que pronto se emitirán (Salón del Cómic de Barcelona) en mi opinión deberían dejarse de votaciones anónimas y concretar en un grupo responsable y público que otorgue el premio: como Angoulême, sin irnos demasiado lejos. Y si cae chaparrón, que caiga. Al jurado votante, el que nomine y premie, como corresponde cuando lo que emites es un premio de repercusiones contrastadas (económicas o simplemente mediáticas). Porque acusar a un salón por un premio cuando ni se sabe quién demonios ha votado en dicho premio (ni cuantos/as) tampoco lleva a nada. Ese sistema cuasi abierto, es, en primera instancia, un escudo, o vaselina. Y en segunda, al ser “abstracto” pienso que pierde cualquier valor, empezando por el de la transparencia.

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“J + K” de John Pham

Crema. Si te gusta Simon Hanselmann o Roberta Vázquez, o El asombroso mundo de Gumball incluso,  NO lo dejes escapar. Amplia haciendo clic, y lee cómodamente.

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LA ENCRUCIJADA, de Paco Roca y Seguridad Social

Roca, maestro de nuevo. Clik encima y lee

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Mariscalada (reflexiones de otras cosas)

No había hablado del cartel de Mariscal hasta hoy y va siendo hora de pronunciarme.

No, es broma, que ya os veo las caras, qué coño me voy a pronunciar a estas alturas, qué cansinez… pero sí me ha interesado en medio del tsunami una frase (no recuerdo de quién, la copié pero no su autor, lo siento): “Mariscal es muy conocido pero en el mundo del cómic no se asocia al mainstream“.
En esta suerte de contradicción hay mucha y desgraciada verdad. Y si la cultura del cómic sigue escindida de la cultura global, el cómic seguirá siendo el referente de 3ª. La novela gráfica (o si lo prefieres, vamos por títulos sin etiquetas: Arrugas; María y yo; Las meninas; La grieta; Barcelona, los vagabundos de la chatarra; las obras de Moderna de Pueblo…) ha roto esto, creo. Ha aportado nuevos lectores que no son “mundo del cómic”.
Pues quizá entonces ahora es el momento de reimplementar la cultura histórica del cómic a esa nueva generación, divulgar la tradición del medio para que se sepa de dónde vienen las cosas, que hay un legado admirable (propio de un lugar, tiempo y circunstancias) que se llama historia del cómic (nacional e internacional).
Y también puede ser buen momento para combatir contra la idea de que el lector de cómics, como una tribu aborigen amazónica, sabe de unos usos (trepar altas palmeras sin ayuda externa a sus manos y pies) que el resto de la humanidad desconoce. Estamos en un buen momento, hay muchos tipos distintos de historieta y cada “estilo” consigue asentar su nicho de lectores, y hay que intentar que el cómic, sin etiquetas, sea aceptado y normalizado por todos de un modo transversal.
En esto creo que la solidificación de publicaciones teórico-divulgativas es importantísimo, y como hace poco ha censado Gerardo Vilches en Cactus, vivimos un momento de arrancada en esto también. Es importante traer la historia al presente, en libros que atraigan al lector moderno, consiguiendo licencias para reproducciones, atractivos al lector “de a pie”. Por tanto, hablo de una literatura de divulgación, no solo de trabajos académicos que se quedan en un ámbito reducido, el estudio universitario… ese es otro tema también muy valorable y en auge.

Antoni Guiral, paladín de la divulgación histórica con fundamento

Creo que las cosas van funcionando paulatinamente bien, poco a poco, dentro de la miseria como negocio que hoy supone dedicarte al cómic y la dificultad marciana que conlleva rescatar obras del pasado por derechos, licencias etc. (campo en el que últimamente también ha habido esperanzadores movimientos, cuidado ahí). Han pasado años y sigo sin ver tormentas perfectas, más bien soy consciente de que mal-flotamos un Mar Muerto con exceso de sal que lo hace un hábitat, para la cultura en general y el cómic en particular, anecuménico. El cómic no es la fértil Babilonia con sus jardines colgantes, sus enhiestos zigurats, su compleja y estratificada sociedad próspera… el cómic es tribus nómadas sobreviviendo o prosperando en desiertos, es así. De hecho no hay “un cómic”, nada tiene que ver Panini con Ediciones Valientes, soy consciente de que estoy reduciendo, ¡esto es un blog, una reflexión rápida! Pero creo que me entiendes, ese medio hostil en el que es duro desenvolverse, desarrollarse y crecer es un mal general que hay que asimilar a día de hoy: también al sector de los actores de cine, teatro, tv… no te quiero contar el gremio de bailarines, los escritores de poesía, o el de músicos de percusión, les va de puta madre. Pues va a ser que no: la cuestión es el papel de la cultura como generadora de trabajo y prestigio real en un país que valora más meter fábricas de motores Ford en sus ciudades que intensificar su actividad cultural.

Por tanto, sigamos construyendo, seamos salmones contra ríos adversos, insistamos, y de momento acabemos con esa dicotomía inicial, y aplaudamos la modestísima prosperidad de la línea editorial interesada en la divulgación del acervo del medio. Movámonos todos (críticos, autores, por supuesto editores, medios culturales, lectores de cómics…) para que esta línea de divulgación teórica e histórica llegue un poquito más allá de lo que lo haría con silencio  su alrededor. Es importante. También un día alguien decidió que enterrar un hueso, una semilla, y vigilar a ver qué pasa, fue un gesto humilde, pero menuda montó.
En novecientos siglos el homo sapien comicatus sólo leerá cómics, no tendrá otra actividad cultural, será nuestro momento y se conocerá la historia del medio sin separar “los lectores de cómics” del resto de la población. Os lo juro, lo veo con mi bola de cristal, pero será gracias a nosotros y a la actitud que decidamos tener: llorar, o plantar.

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ROCO VARGAS (AT HIS VERY BEST)

¿Algo que añadir al título? Solo el artículo, que puedes leer de un clik en la imagen

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Sattouf, el jefe (aujourd’hui)

No hay más que añadir. Sattouf llena con dos obras diferentes mi última colaboración con Faro de Vigo del 2017. Un gigante. Para agigantarlo y leer mi texto, clic encima, como siempre.
[y me lanzo flores sobre la cabeza y hombros por ser mi primer post de 2018: lo gráfico ha sido trabajo mío, el montar ambas obras en una sola imagen, y francamente, para una vez que quedo contento de algo, lo reconozco, sin falsas modestias :)]

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Museos y cómic

Hace unos días publiqué en Faro de Vigo este texto sobre cómics y espacios museísticos:

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Sombra, de Brais Rodríguez

Cualquier arte crece y se dinamiza gracias a los pequeños experimentos con gaseosa. Con las aportaciones singulares que generan debate al diluir las fronteras del medio que practican. En ocasiones del laboratorio solo se obtienen singularidades curiosas, pero incluso esos casos de caminos explorados y finalmente impracticables son necesarios. Hay veces que la búsqueda ofrece mayores posibilidades y se convierte en referente para futuros artistas. Se me ocurre citar en este sentido al referente ineludible desde hace 25 años, Chris Ware. Lo que en origen fue una subversión de las formas predominantes hoy es una línea de tendencia.
Todo esto viene a propósito de Sombra, un fanzine creado por Brais Rodríguez, quien puede sonaros por su participación en numerosos fanzines (Barsowia, ARGH!, Fanzine Enfermo, Dos Veces Breve, Usted está aquí …), y por aquel A man do diaño que fue editado por Demo y traducido por Astiberri (La mano del diablo, 2011). La carrera de Rodríguez, desde entonces, ha discurrido por la penumbra de la autoedición (su sello es Carne líquida) y ahí está desarrollando propuestas a vigilar. Entre 2012 y 2013 entregó una singularidad en dos partes titulada La gente del perro, y en 2016 publicó La chica con el sol en la cabeza. Son tebeos donde el todo es el mensaje final. Se trata de obras creadas mediante la técnica del collage, ofreciendo un aspecto de serigrafía decimonónica pasada por la lente disruptora del surrealismo ―con aire de pascín victoriano.
Sin embargo el nuevo trabajo de Brais vuelve al dibujo y a un dibujo que lógicamente nos evoca su estilo en La mano del diablo, entre la línea clara europea y el influjo del alternativo norteamericano. Pero se mantiene, bendito ánimo de ruptura, en las búsquedas.


Sombra no puede definirse por cuestiones argumentales, sin ser un relato abstracto tampoco. Hay unos personajes, un encargo artístico y lo que podría entenderse como situación de bloqueo creativo. Pero la obra parece más interesada en fijarse en “lo que no cuenta” para esa historia: los objetos, los animales, el paso del tiempo muerto. Y al final todo ello sí que tiene su peso en la narración, pero Sombra no busca contarnos una historia del modo, digamos, normativo. Es antes la captura de sensaciones y estados de ánimo a través de una trama que, en otras manos, sería género noir (sí, creedme) y en las de Brais Rodríguez se hermanan, quizá, con el último Andrés Magán. Los cuadros en las paredes, una sombra que evoluciona, un gramófono e incluso los bocadillos se convierten en no-personajes de este cuento breve y enigmático relatado con una economía espartana: páginas de nueve viñetas simétricas encerrando siempre planos generales dibujados desde el punto de vista de un observador, ausencia de diálogos ―que no de bocadillos, insisto―, repeticiones rítmicas.
Dadle una oportunidad al experimento. De esta gaseosa ha salido un ponche rico, y como decía el otro, con fundamento.

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