Opinión

Lectores

Hace un tiempo leía un hilo de conversación donde se hablaba del necesario eclecticismo en los lectores (inciso, he perdido el hilo de la charla y ni recuerdo quién la inició en su muro de Face, no puedo acreditarla). La cuestión pasaba por señalar a ese modelo de lector que se pretende conocedor del medio pero no pasa de la Marvel. O del manga, o de, en fin, una parte del todo. Y apostaba por el lector omnívoro que tantea géneros, estilos y latitudes, en vez de asentarse en una parcela determinada.

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Boggey, pulp(o)

Yo la verdad me considero como lector bastante ecléctico, no es cuestión de que sea crítico de cómics y defienda que así debe ser (para el que ejerce la crítica, desde luego abrir el abanico es muy bueno, si no necesario), más bien, en mi caso personal, se trata de una opción cultural. Desde mis querencias, procuro estar al día de lo que se cueza dándome un poco lo mismo que sea Bd tradicional, manga (todo un universo de ramificaciones, por cierto), “pijamas” o novela gráfica. Pero aunque la máxima del eclecticismo pueda ser la que más me define, no discuto que tengo una tendencia de lecturas clara. ¿No nos suceda a todos?
Del mismo modo, ese mantra, el de que debemos leer de todo, cada vez me parece menos acertado si la enfoco como modelo general. Porque mira, en cuestiones culturales cada vez defiendo más que cada cual lea, disfrute y se empape de lo que le de la realísima gana, si a cambio no pretende más que disfrutar su ocio. Es una falla del mundo del cómic, opino, pretender que lo slectores deban ser enciclopédicos y eclécticvos. Falla derivada, en mi opinión, de la posición del medio en la sociedad general. Porque como minoría, parece que el lector hasta ahora se “hacía fuerte” en la especialización, en el modelo de un lector que come de todo y además es glotón, que al final se quiere confundir con un experto. En cómics. Y bueno, esto no sucede en otras artes cuando estas son un acervo cultural general perfectamente integrado en la sociedad, opino. Siempre hay grados, pensemos en literatura: de lectores ocasionales que se acercan simplemente al best seller que machacan en el grupo Prisa día sí día también, al degustador de literatura en los márgenes, a todoterrenos que se conocen Borges y Vale Inclán y siguen los pasos de la novísima novela contemporánea. Y hay lectores de novela romántica, histórica o ciencia ficción. Hay, en fin, DE TODO.

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Audrey Hepburn, patriota

A eso debemos aspirar en la historieta, no únicamente al coleccionista semi (o pseudo) experto. Si a un lector lo que le gusta es meterse de lleno en el universo DC y se la trae floja quién es ese tal Giraud, que lo disfrute. Si lo que le gusta es el universo del fanzinismo y pasa del mainstream, ok. Si es un hacha y lee de todo y gasta la de dios en cómics al mes, oye, genial también. Otro tema es el muy español Defenderse Atacando, que demuestra en el fondo un sentimiento de carencia. Agredir a “lo otro” para defenderse: yo leo X, tú que lees Y y no quieres leer X, entonces eres malo. Y tonto, de paso. Y te huelen los pies, gilipollas. Basta menear un poco la red y dejar que los comentarios crezcan más allá de la primera docena para encontrar este modelito de lector pueril, agresivo. ¡Leamos lo que nos guste y dejemos vivir al tercero!. Pienso que lo mejor, efectivamente, es que nos atraiga la diversidad, pero no pasa nada porque un lector no aspire a ello. Yo (y tú) soy yo y mis circunstancias, mi entorno, mi edad, mis lecturas pasadas y presentes, y con todo ello formo mi gusto, definido. Sé que hay editores que coinciden mucho (pero mucho) con mis gustos, del mismo modo que confío en determinados sellos discográficos más que otros.

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007, mujeriego

Si como lector uno se queda en ese primer hecho, no lo veo mal. El lector no es experto de nada, es eso, un lector, llanamente. Gloriosa circunstancia, ¿porqué matizarla o degenerarla? Si le atrae Jorodovsky y nada más, porque resulta que viene rebotado del cine del argentino, pues perfecto. No se trata de “entendidos”, si no de consumidores de una determinada narrativa. Otro tema será que un marvelzomby o un lector solo de clásicos o únicamente de cómic alternativo canadiense se autodefina como gran entendido en noveno arte y ostentador de la esencia verdadera (generalmente, ostentada contra otro modelo de cómics, y desde hace diez años, generalmente contra la novela gráfica). Y al final eso es lo que veo, aún, y demasiado.

 

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El camaleón, riéndose de todo

Y ya que sale la manida novela gráfica, algo que en España podríamos decir que queda inaugurado en 2004 (once años ya y hay quien no se lo cree aún) con Blankets, más o menos, ahí sí veo un modelo de lector renovador, sano y maduro: lecturas como Persépolis (Marjane Satrapi), Las Meninas (García y Olivares) o Mr Wonderful (Daniel Clowes) han atraído a un “público” generalista, absolutamente alejado del “mundillo” y sus vicios (que yo mismo, como lector del mundillo, debo tener, me temo). Los nuevos lectores que está encontrando la novela gráfica en el siglo XXI son gentes “del montón”, que cantaban Sr. Chinarro, que no saben un carajo de Marvel porque no se ven representados en esas ficciones, ni tienen bendita idea de quién es Tezuka porque incluso pueden rechazar los modos formales del manga más “Toriyama” (por edad, por su bagaje cultural -que no es mejor ni peor, si no otro-). Pues ellos se lo pierden (a Tezuka, y a Kirby, y a muchos otros) pero no pasa nada. No atacan a nadie, solo… leen. De hecho ese lector sabe muy bien lo que quiere cuando entra en el mundo de la novela gráfica, lo busca activamente (muchas veces en librerías no especializadas) y lo consume. Alejados de modelos de correveidiles on line, ajenos a estúpidas polémicas, han reflotado moderadamente (al menos hace unos años, antes de la crisis) un escena que en los noventa languidecía. La del cómic, digo, más visibilizada en prensa y con nuevas editoriales intentando lograr un espacio, e incluso con editores literarios (Mondadori a la cabeza) que apuestan por este cómic. A ver qué queda de todo aquello con esta crisis del carajo…
Yo mientras sigo defendiendo al lector en su libre capacidad de optar por leer de todo o micro especializarse. Inclsuo al lector ocasional despistado, le pongo una alfombra, yo. No pasa nada, todo son tonterías. Lo importante es el cómic, que no decaiga la fiesta, a tope con las grapas y los lomos.

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Juntos y casi revueltos (Viñetas y Autobán)

Este sábado he pasado, casi de puntillas, por el Viñetas desde o Atlántico y el Autobán. Muy poco tiempo: merecen al menos hacer noche para empaparte bien. Dos eventos alrededor del cómic en mismas fechas y ciudad. Dos propuestas separadas por cinco minutos escasos a pie.carteles

Viñetas capea temporales presupuestarios desde hace tiempo y mantiene el tipo sobradamente, gracias a un prestigio consolidado en años y años de buenas cifras de visitantes, y a la labor insustituible de su director, Miguelanxo Prado. Gratuito al 100%, colmado de exposiciones (este año casi se queda en salón nacional, aunque hubo excepciones como la francesa Chloé Cruchaudet), que convida a los autores expuestos a charlar en conferencias, y a sesiones de firmas de todos ellos. Al tiempo la zona de compras, con decenas de casetas, organizan también firmas con autores (especial mimo ha tenido Astiberri, acercando a muchos de sus autores a A Coruña para las firmas). Insisto, todo, todo gratis.

Como siempre, resulta un evento popular y culto (es un evento cultural, vamos) donde el cómic es la única referencia. Ni robots, ni videojuegos ni magos ni gaitas: el cómic es el eje, y esa médula se acerca a una ciudadanía diversa, no solo a “frikis del cómic” (que también tienen aquí su lugar de referencia en el noroeste, por descontado).

Y Autobán se consolida en una nueva edición como un evento ideal para autoediciones, fanzineos y microeditoriales. Un espectro quizá más especializado (que trasciende el fandom incluso, y atiende a un nuevo tipo de lector especializado más cercano a las artes que al modelo del cómics como “entertainment”). No entiendo porqué no pueden caber en el Viñetas, pero la verdad es que este circuito cada vez se ve más cómodo capitalizando eventos propios, y que sean como Autobán al mismo tiempo que un gran salón y en misma ciudad me parece fabuloso. Yo los veo como hermanos, amigos y complementarios, así que me abandoné al estéril intento de lograr la ubicuidad: había que hacer encajar las agendas para empaparse de ambos festivales (máxime estando allí un único día, y partido por una charla comprometida), para conocer todos los diferentes espectros que ofrecía la historieta en A Coruña estos días, de los nuevos grandes ventas como Moderna de Pueblo (en Viñetas), a la última locura autoeditada por Andrés Magán (en Autobán).

No hay zanjas, ni Capuletos y Montescos del cómic. Es estúpido pensar en bandos, que Autobán responde “a la contra de” o que Viñetas desprecia al pequeño autoeditor. Todo fluye, un autor puede tener su tebeo en una caseta de una librería en la “Rúa da Bd” del Viñetas (el mercadillo del cómic durante el festival) y estar defendiéndolo también en “La Maleta”, el bar donde se celebró Autobán. Emma Ríos ha atendido a colas en sus firmas en Viñetas luciendo la camiseta de Autobán, tras participar allí en una mesa redonda sobre la autoedición de los noventa en Galicia (se celebraron varias charlas en Autobán, y para una tuvieron la amabilidad de convidarme). Los responsables de “O Botafumeiro” lo presentaron en Viñetas para luego dejarse ver en Autobán… y en fin, los vasos comunicantes fueron una constante.

El festival decano mantiene el pulso y espero que con el nuevo gobierno (los presupuestos de la presente edición son aún, si no me equivoco, deudores del gobierno anterior) se mantenga y hasta crezca.

Autobán es algo nuevo y pequeño que evidenció, al menos el poco tiempo que anduve por allí, necesitar para la próxima más espacio físico (sencillamente, abarrotado hasta lo excesivo en horas punta).

En ambos compartí minutos, saludos, presentaciones, reencuentros, charlas y risas con mucha gente: Eduardo Maroño, Sento, Lorenzo Díaz, David Rubín, López Cruces, Bruno Lorenzo, Víctor Rivas, Óscar Iglesias, los “Fosfatinos”, Los Bravú, Javier Olivares, Nieves Rodríguez y el Señor B (Metrópoles Delirantes), Breixo Harguindey y más gente que olvido porque yo soy así y así seguiré, como Alaska.

Faltaron muchos otros encuentros con amigos que sabía que andaban por A Coruña, que me apena haberme perdido, pero ya habrá sarao para ello, pronto o tarde.

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Star o Galaxias

He pillado el número uno, a 1€, de la nueva serie de Star Wars de Marvel. Y su lectura ha resultado en cierto sentido estimulante. No por la mayor o menor calidad de este número, ojo. Jason Aaron es un guionista que me ha divertido en la primera saga que hizo para Thor, me ha aburrido soberanamente con Scalped y la caída en barrena del mencionado Thor me ha defraudado. Poco más sé del guionista. John Cassaday siempre me ha parecido un señor que sabe planificar con estilo, que sabe dar espectáculo visual sin acudir a los trucos de trilero de los noventa en los que nació como autor, y que su definitiva querencia por el modelo fotográfico no siempre le juega buenas pasadas, aunque en general es de lo más soportable en ese palo.

Lo que hacen juntos en Star Wars, por tanto, no puede decirse que me defraude, pues no esperaba nada del otro viernes, pero tampoco me ha sorprendido. La cuestión del post va por otro camino. Va por la comparación.

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La Guerra de las Galaxias y Star Wars (expandidas)

 

Hace muchos años en una Marvel muy, muy lejana, también el bombazo de La Guerra de las Galaxias generó un comicbook. En aquella ocasión los primeros números reflejaron en viñetas la película original. El equipo creativo era entonces, como lo es en el caso 2015, sobradamente conocido en su tiempo: Roy Thomas a los guiones y Howard Chaykin con el lápiz.

Me he releído el número octavo de aquella colección, que es el primero que desarrolla nuevas historias de Lucke, Han, la princesa y el gorila imbécil ese. Al igual que el nº 1 de la nueva Star Wars comienza con una historia que, supuestamente, prosigue los acontecimientos narrados en la primera película de la saga.

En esa historia el protagonismo recae contundentemente en Solo. El personaje de Ford tenía estrella, era el más carismático para todos los niños de occidente. Queríamos ser Han. Los demás eran en comparación comparsas, inclsuo Skywalker: aún nadie era hijo de nadie, no había efecto culebrón, todo era más sencillito. Y el tebeo elimina lastres con rapidez y se lanza a crear una aventura con personajes nuevos para el vaquero del espacio, personajes que entran y salen vertiginosamente de la acción y plantean una aventura larga (en la que aparecerá un secundario digno del especial navideño aquel, un conejo verde antropomórfico).

Delirio, aventura trepidante y en fin, un trabajo de encargo. Técnicamente se apoya bastante en cartelas con narración omnisciente y mucho diálogo. Las páginas a veces coquetean, “hacen cosas” y juegan. Dentro de un orden, esto es tebeo de encargo comercial. Pero lo hacen aunque sea ocasionalmente, ahí están los ejemplos:

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…y así el Halcón Milenario cruza mundos y galaxias.

 

Un tebeo que juega a ser tebeo desarrollando argumentos a partir de un bockbuster cinematográfico. Ni siquiera es bueno, pero no quiere ser otra cosa que no sea un cómic.

Saltemos a 2015 y veamos la obra de Aaron/Cassaday. De las 34 páginas que conforman su tebeo, las cuatro primeras son de texto. Evocan la célebre apertura de las películas (primera página “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana”, en la segunda y tercera irrumpe el logo de “Star Wars” sobre un cielo estrellado a doble página, y cuarta, un texto imitando la introducción, hacia un horizonte).
En las otras treinta solo dos de ellas carecen de alguna viñeta que no evoque el formato panorámico de pantalla cinematográfica. En numerosas ocasiones, de hecho en diez planchas, toda la página se articula mediante ese tipo de viñetas. No hay textos de apoyo, los diálogos son concisos, evocando el “alma” de cada personaje original. Cassaday, por supuesto, calca rostros y así acartona cada plano, porque una cosa es inventar a J. Snow para Planetary y apoyarlo en fotografías, y otro colar en cada viñeta la fisionomía y expresiones de Harrison Ford. Pero bueno, es la idea. Eliminar todo artificio “de cómic” (en textos y en planificación), emular visualmente el efecto panorámico de una pantalla de cine, y darnos, en un cuadernillo, una sensación de trampantojo: usted está viendo una peli (o una serie de tv)

Usted está en el cine. Star Wars 01, 2015, Aaron y Cassaday

Usted está en el cine. Star Wars 01, 2015, Aaron y Cassaday

Me temo que quien pierde esta Guerra no será ni Darth Vader ni la Resistencia, si no el cómic y sus posibilidades expresivas, que se relegan a un medio para transmitir sensaciones de pantalla oscura, en la medida de sus posibilidades, al lector que quiere, solamente, recuperar a sus personajes (y eso lo tendrá, el efecto mimético, el “espíritu”, está en este tebeo).
Qué diferente manera de ver las cosas, el viejo tebeo de los setenta, y el del siglo XXI

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Qué es Graf

En Barcelona 2014 había quedado para, tras “GRAF​-ear” todo el día, salir a tomar algo con todo el mundo. Gerardo Vilches y yo quedamos en que tras la retirada oportuna (para descansar cada cualo en su hotel, darse una ducha los campeones y campeonas que estuvieron TODO el día en sus stands, relajarse un poco…) en que él me llamaba para la quedada.
Lo hizo. Me despertó. Ni cambiarme ni nada, llegué tan cansado que me tiré en la cama y me quedé dormido. Gerardo estaba también roto. ¡Quién tuviera 21!!! Y creo que ni con 21 tras un día tan INTENSO alrededor del mayor placer (los cómics, sus autores, los saludos…) hubiera podido dar más de mí mismo.
Este es el nivel de gozo tremendo vivido en Graf, una experiencia de aprovechamiento máximo, energía, muy buena onda (mucho “love”, sí), que si te gustan los cómics empieza a ser una cita más vital que la asistencia a salones-como-Disneylandias (que están muy bien, pero te dan otra cosa). Un espacio de cómic de autor, autoedición, fanzines, creatividad alrededor de la historieta en el que además tienes la suerte de las distancias cortas con la crema del cómic nacional.
Este año Graf Barcelona comienza este viernes, hay charlas de primer orden, hay presentaciones, y claro, hay expositores y en cada uno, novedades editoriales y de autores que se plantan allí en persona para firmarte sus obras. Los stands, son unos poquitos:

1. ¡Caramba!
2. 404 Collective Not Found
3. AACE Asociación de autores de cómic de España
4. Agustina Guerrero
5. Alejandra Rubies
6. Amaniaco Ediciones
7. Amazing Monsters
8. Ana Belén Rivero
9. Ana Belén Rivero
10. Apa Apa Cómics
11. Artefakt
12. Astiberri
13. Bad Weather Press
14. Badabum
15. Bang Ediciones
16. Barra de quart
17. Borobiltxo Libros
18. Brigitte Chinchilla Ilustración y Grafismo
19. Chiquita Ediciones
20. Colectivo Electroculo
21. Combustible
22. De la Pulcra Ceniza
23. DeHavilland ediciones
24. Didixtra
25. Diminuta Editorial
26. Disaikner
27. DOSDÉ Fanzine
28. Drawing Diamonds
29. Ediciones La Cúpula
30. Editorial Los Cuscusianos
31. El maña
32. El Nadir
33. El Naufraguito
34. Entrecomics Comics
35. Fanzine Warvel
36. Fool Fighters
37. Fosfatina con Andrés Magán, Begoña García-Alén y Roberta Vázquez 
38. Fulgencio Pimentel
39. Gallo Nero Ediciones
40. Gourmand Gohan
41. Guillermo Carandini
42. Herpe Fanzine
43. Horrorvision
44. Inefable Tebeos
45. Isaac Soler
46. Itzmin
47. JAB Comics
48. Javi de Castro
49. Javier López
50. JOMP
51. Judit G. Talavera 
52. Junkie Python
53. La Malvada Ediciones 
54. La Oscura Ceremonia 
55. La Tribu Ediciones 
56. Lalata
57. Lasigno
58. Laura Pacheco 
59. Letrablanka Editorial 
60. Librería Universal
61. Libros de Autoengaño 
62. Maderfackards
63. Marcos Cabrera 
64. Maribel Carot
65. Minchō + La Decadente 
66. Miscelanea
67. Moderna de Pueblo 
68. Monstruo Espagueti 
69. Nacho Mg
70. nice girls don’t
71. P8ladas
72. Psyclops Graphix studio 
73. Pulpovisión – EruCris 
74. Raquel Córcoles
75. Reino de Cordelia 
76. Revista Tentacles 
77. Sandra Uve
78. Sapristi Comic
79. Siarte Ediciones
80. Simon Artist & Area 51 
81. Tartatatin Fanzine 
82. Teiera autoproduzioni 
83. Tuzeitor 
84. Tyrannosaurus Books 
85. Ultrarradio
86. Vidas de papel
87. Xavi Rodríguez Martín 
88. Xavier Agueda

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Fosfatina movement

Es muy interesante, el momento actual del cómic nacional. Aciago en tiempos de regresión cultural en España y cuesta arriba en un momento de baile en la cuerda floja. Quizás, pero en determinados aspectos a mi entender, momento ilusionante.
La presencia de pequeños editores que luchan por crear un espacio propio, alejado de las grandes ventas pero sostenible, es una de las varias consecuencias, creo, de algo que algunos defendemos: la novela gráfica, mucho más que un formato, ha expandido el mercado, no en el sentido de grandes ventas (que también, en algunos casos) si no en la capacidad del cómic de encontrar nuevos lectores, lugares y modos de venderse. Logrado el objetivo de presencia mediática y de diversificación del target, algunos valientes han decidido explorar las esquinas en sombra, buscando a un tipo de lector muy determinado, quizá “curtido”, quizá simplemente curioso y venido de áreas culturales que vuelven al cómic (el mundo de lo artie, los paladares que gustan de la experimentación literaria o cinematográfica…). Estoy convencido de que ese posible lector que rastrea experiencias nuevas no es tan minúsculo como podría parecer. El asunto es llegar a él, encontrar los modos y lugares, tocar las teclas adecuadas, hacer servicios de prensa a los medios que pueden encontrar a ese lector, seleccionar los lugares físicos de venta sin renunciar, en la medida de las posibilidades de la tirada, a los más habituales, y potenciar la venta directa desde las webs propias.
Como dijo Ata (de Autsaider cómics) en una entrevista radiofónica, “quien quiera forrarse, litio y agua potable”. Submarinos del cómic como la propia Autsaider, Apa-Apa o Ediciones Valientes no aspiran a ventas millonarias aunque en el trayecto también pueden pelear por encontrar obras que no renunciando al decálogo del editor, sean capaces de romper la barrera de lo minoritario. Pienso en la oferta de Entrecomics Comics con Versus de Luis Bustos y Azul y pálido de Pablo Ríos, o Fulgencio Pimentel apostando por Simon Hanselmann, que con Bahía de San Búho y antes Hechizo Total podría ser un sólido caso de historieta generacional (del desencanto).

Mi ciudad, Vigo, descansa sobre una ladera bastante empinada que cae directamente al mar. Estamos acostumbrados, en fin, a que nuestro caminar sea costoso, y empeña el esfuerzo personal con unas cuestas bastante locas. Por eso la presencia de Fosfatina en esta city no me extraña. Hechos al esfuerzo para el avance, los fosfatineros plantean su opción editorial como una búsqueda de valores dentro del cómic más hermético, y en la escena local. Su catálogo es diminuto aún pero cuenta ya con uno de los valores más sólidos del panorama nacional, un Andrés Magán que, puedes apostarlo, está destinado a ser un nombre de los potentes, con una propuesta tan arriesgada como, en ciertos aspectos, de vocación popular (búscalo en Tik-Tok).

Pero hay más, y lo último de Fosfatina es una apuesta de, otra vez, riesgo y arrojo. Subamos con ellos la cuesta, porque su última ocurrencia pasa por ser una carta de amor a la risografía. Y esa carta se divide en seis partes, una colección de nombre Fosfatina 2000 con autores de lo más interesante y que expande el radio de acción de la editorial más allá de lo local, en un crecimiento muy lógico. Estos breves tebeos a medio camino del fanzine y el objeto exquisito saldrán a razón de uno cada dos meses, y los puedes comprar en su web o en templos de la sabiduría como Fatbottom, la tienda barcelonesa. En Vigo los encontrarás en el café-librería Detrás do Marco (mmm… ¿alguien de Vigo es lector de este blog?).

 

Al final del viaje, cierre en broche de oro con una antología alrededor del experimento risográfico.extrasolar

De momento ha salido dentro de la colección “Extrasolar”, de Roberto Massó. Massó es conocido por su debut Medieval Rangers, de DeHavilland Ediciones, un libro de lujo, visualmente poderosísimo e impactante. En su último trabajo Massó lleva su estética a la página de cómic más tradicional, y crea una historia nuevamente cargada de iconografía pop (lo espacial, lo psicodélico). El tebeo, 16 páginas prácticamente mudas, es como un haiku sobre un traslado en nave espacial con delirio “kubrickiano” incorporado. Todo contado con el tono costumbrista del “slice of life” (qué redundancia acabo de escribir, je). Melancolía y tranquilidad para un hecho portentoso. Además “Extrasolar” es naración gráfica, y gran parte de su discurso lo arroja el cuidado, el equilibrio de la página, y los juegos cromáticos que se logran con la “riso”. Como todo poema, en fin, además del mensaje hay que contar con lo que la forma expresa.

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Y en junio, Pepa Nieto, que os avanzo, promete. Y luego ni más ni menos que José Ja Ja ja, y Begoña García-Alén (que ya colaboró con Fosfatina), ¡Ana Galvañ! y cerrando, el ya citado Magán.

Fosfatina subiendo la cuesta, sí, pero con ganas.

¿No apetece seguirles?

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No comparemos.

Una puntilla a mi post anterior, que disertaba sobre la objetualización de la mujer en el mainstream estadounidense. Me parecen alucinantes ciertas comparaciones, y desde mi humilde opinión demuestran que hay veces que no merece la pena discutir con según quién.
Juro que he leído a gente escribir que hoy Richard Corben y Robert Crumb serían vilipendiados por su obra. Porque claro, los que no comulgamos con la imagen que de lo femenino proyecta el mainstream norteamericano, debemos ser unos retrógrados.

Eso, ladies and gentelman floating in space (cita melómana) es confundir muchas cosas, demasiadas para explicarlas en un post, así que citaré una: no es lo mismo una táctica industrial transversal, vertical y hasta oblicua para potenciar un producto donde la cosificación femenina busca unas ventas fáciles por la vía de rebajar a la mujer ante un grupo lector mayormente masculino y joven (en teoría), que respetar la intención autoral de un creador singular. Sería como comparar los anuncios de champú en el caribe con Russ Meyer o incluso Federico Fellini y su gusto por lo voluptuoso. De hecho si Russ Meyer hubiese firmado un tebeo de Batwoman yo sería el primero en interesarme por él.

Crumb, Cabanes y una superheroína de DC que se obstina por salvar el mundo, la galaxia y su breve bañador.

Crumb, Cabanes y una superheroína de DC que se obstina por salvar el mundo, la galaxia y su breve bañador.

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Sexismo en los cómics.

La última polvareda en el mundo de la historieta es bastante ridícula salvo por su fondo.
Hace un tiempo Frank Cho, dibujante con una capacidad para hacer pin ups evidente, hizo un chascarrillo que incendió la red.

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A su vez era una coña que citaba otro polémico dibujo, este sí, una portada de Manara que en su día levantó otra brutal polvareda (¿qué portada? esta).

Volvamos a la Spidergwen de Frank Cho: nalgas en pompa como la de Manara, rostro de pícara dominatriz Lolita, y Spider mirando (no a los ojos de la señorita).
Para mí el tema de fondo no era Cho, ni la cuestión concreta del Spidergwen-dibujo, muy circunstancial, si no que veo que cada vez más el mainstream utiliza lo femenino de un modo que no es el que me gusta, y que además está incidiendo en los modos de ver las cosas en el fandom. Ejemplo: cuando en ZN enseñaron el nuevo diseño que Javier Rodriguez ha creado para una Spiderwoman pizpireta, juvenil, dinámica y renovada, hubo bastantes, BASTANTES comentarios sobre las tetas del personaje.
Eso, creo, no pasa en las conversaciones sobre el nuevo Locas de Jaime Hernández, ni sobre Bella Muerte. Obras donde lo femenino no recibe el tratamiento objetual de los posados que borda Cho y tantísimo dibujante Marvel o DC. Y ojo, en estas dos Grandes también hay cosas que van por caminos más cercanos a Jaime Hernández que a Cho (hablo del enfoque de lo femenino, nada más), como el caso de la citada nueva Spiderwoman, lo cual me gusta, y arroja esperanza.
Personalmente prefiero cualquier modelo narrativo que no derive en convertir en objeto a lo femenino (aunque sea en plan coña, no es importante hasta que se hace sistemático), lo cual no quiere decir que un personaje verista no pueda ser cien mil veces más atractivo, sexy y sugerente que una playgirl en una portada Marvel. Pero cada cual que elija el tipo de narración que le interesa. Eso sí, si consumes telebasura, telebasurero al final te volverás.

La sutil diferencia

Spider Woman de Rodríguez, Viuda Negra de Cho. La sutil diferencia

Por otro lado, las redes tienden a exagerar. Que se ha hablado de casi-campaña contra Cho, yo ni flores, el tema me queda muy tangencial, lo leí en Facebook y no investigué más. Ya dije que no me parece, la anécdota, lo importante, sino el marco general en que se desarrolla el caso particular.

Pero por donde no paso es por las reincidentes comparaciones con el tema Charlie Hebdo. Nadie exige nada ni a Cho ni a Marvel, pero todo producto cultural es susceptible de la crítica (lo contrario sería censura), y por supuesto, de decidir si lo quieres consumir o no.

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Pregunta-tipo.

Cuando moderé hace unos días una mesa redonda en Boom!, una pregunta que saltó de entre los asistentes fue: ¿porqué es tan difícil encontrar cómics para niños?

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Es un estribillo habitual pero que si lo reflexionamos un poco carece de base. Bien, es cierto que yo mismo puedo decir que me resulta difícil comprar cómics a mi hijo, pero también deberé añadir “me resulta difícil comprale… los cómics que a mí me gustan para regalarle”. Si realmente eliminamos el factor selectivo como compradores adultos y dejamos que sean las características intrínsecas de los cómics los que hablen del tipo de lector al que aspiran…¿realmente hay problemas para encontrar hoy por hoy cómic infantil Hablando en plata: si consideramos todos los géneros y latitudes, ¿no hay suficientes cómics infantiles en el mercado?
He jugado, acercándome a la web Whakoom, y he recontado tebeos para niños y chavales, digamos que hasta trece años más o menos. He prescindido de rellenos: si dudo de los contenidos, no lo recuento (así, cabe la posibilidad de que títulos de por ej. Yermo Editorial puedan ser lecturas para “jóvenes” de 12 a 14 años, pero al no haberlas leído, ante la duda sencillamente las descarto) ni caros (ej, más de 20 €: salvo despiste mío, descartado).
El recuento lo he hecho solo con lo editado en marzo e inicios de abril, mes y pico, lo más actual. Y me salen unos cuantos:

Tutor hitman reborn!; Toriko; Star Wars: Darth Maul: hijo de Dathomir; Saint Seiya. Los caballeros del zodíaco; Rin-ne; Little Battlers eXperience; Jaco. The Galactic Patrolman; Dragon Ball; Detective Conan; Buenas noches, Darth Vader; Don Miki; Bim bo gami ga!; Young Ronins (Víctor Santos); The Seven Deadly Sins; Supernatural Law; Sailor Moon Short Stories; Primates. La intrépida ciencia de Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas; Pequeño Peludo; Nisekoi; Martin Mystère; Malicious Code; Las Flores del Mal; Hora de Aventuras; Fullmetal alchemist; El Diamante de Corazón; Death note; Ataque a los Titanes; Your Lie in April; Grey is…; Orange; Nieve en verano; El intrépido Batman; Young Ronins; Mi Ángel Caído; Lucky Luke; Marsupilami.

No cuentes, son treinta y tantos.

Sumemos los que seguramente me he colado, quitemos un par que me han engañado y realmente no son lecturas para críos, añadamos sellos específicos para infantes cuyo catálogo está disponible en cualquier librería aunque en este mes no gocemos de ninguna novedad de su sello (como Mamut, donde podemos encontrar tebeos por franjas de edad que comienzan en la prelectura, tres años), y bueno… un mínimo de 35 posibilidades en 35 días me da para regalar más de un tebeo diferente por día el mes en curso. Me parece una oferta ya no sensata, si no generosa.
Entonces, ¿porqué esa pregunta en una mesa redonda? ¿porqué respuestas-tipo, siempre lamentosas? Creo que francamente nos movemos a menudo por mareas de clichés y conceptos “pre”, que si analizamos con calma y ánimo estadístico se quedan totalmente desmontados. En aquel foro apunté que desde la ACDCómic emitimos semestralmente una lista de lecturas esenciales en la que se particularizan cómics infantiles, de modo que todo el mundo interesado en conocer obras para niños puede apoyarse en fuentes, documentarse, porque las hay. Pero más allá de “soluciones” sería mejor atajar la cuestión como improcedente. Aunque mi recuento no puede entenderse como serio o estadístico, sí funciona en tanto que una muestra aleatoria y no selectiva o malintencionada. Y en un mes previo al bombardeo del Salón de Barcelona, marzo, un mes bueno pero no feroz (como será el pleno abril).
Hay suficiente cómic infantil, quizá no haya “suficiente cómic infantil a color, formato álbum, barato y que me recuerde a Astérix porque es lo que yo leía y quiero que mi hijo o sobrino lea”, pero si no nos autocensuramos podemos encontrar de todo, desde el manga hasta posibilidades más europeas e incluso, sí, algún toque superheróico (ese Batman para chavales, tocaba en este mes). También nuevos Astérix, ya puestos (uno viene en camino). Y si nos estiramos, hay que añadir integrales de clásicos que, personalmente por características de edición y el parámetro del precio, considero diseñados antes para el coleccionista que no para su hijo. Pero bueno, son tebeos infantiles, del palo Johan y Pirluit.
Lecturas fantásticas, aventuras, historias sentimentales, o de humor, acción, amoríos, costumbrismo. Mangas, europeo, cómics nacionales, americanos. Clásicos y novedades. De todo, y para esa franja que va del niño pleno al que está dejando de serlo para pasar a buen mozo. Tebeos para niños y niñas.
A partir de este momento entonces puedo comprar. Bien, ese fue otro sutra lamentoso en esa charla. El fandom, incluso el profesional del mundo del cómic, tiende al quejío, al lacrimae. Hubo en esa charla (muy animada y participativa, por cierto) saetas a las malas ventas del tebeos español (así, sin matices, plaf catapún), pero la que me interesa comentar es “la Otra”cuestión, El Quiosco. Alarguen las “o” al leerlo. El Quiooooscooo… porqué no se vende en el quioooscoo.

Quiosco_Watchmen

Pues por el mismo motivo que el barco de vapor ha muerto como máquina para desplazarnos. Porque las cosas cambian, así de simple e impepinable. Y porque la industria del entretenimiento va por otros lados y debemos aprender de una vez que el cómic ya no es una parte sustantiva en ese universo. Hoy los niños tienen (gratis) tres o cuatro canales infantiles de televisión activos las 24 horas del día, media docena más de canales generalistas donde picotear espacios para su edad, cine en streaming (ni entro en lo de descargas ilegales), juegos on line, estrenos de animación a cascoporo, consolas, tablets, mucha literatura infantil… ¡por haber hasta hay, aún, cromos y gogos! El cómic puede existir en medio de todo esto, pero se ha redefinido. El problema es que mientras los editores reasignan su lugar de supervivencia y sostenimiento (que en España ya no es en los medios de masas ni en las tiradas astronómicas, salvo contadísimas excepciones), muchos lectores, a golpe de cliché, quieren volver a ver los años ochenta en 2015. Los quioscos se extinguen pero queremos verlos morir colmados de tebeos. Pues no vamos a ver eso, ni hoy ni, intuyo, nunca. Es una vía que ha fenecido, que tuvo su día. Hoy el cómic es otro tipo de producto, menos popular, lo cual no es bueno ni malo, solo diferente (al menos mientras pueda ser sostenible en su propia escala, lo cual es otro tema que da para más posts).
En fin, me parece importante que comencemos a analizar los lugares comunes y pensemos si no hay que revisarlos. Urgentemente.

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Cómic español.

La reciente aparición de los finalistas en las votaciones de los premios del próximo salón del cómic de Barcelona vuelve a poner en primer plano el tema “premios al cómic nacional”.
A ver, lo primero: felicitemos a los candidatos a “Mejor obra de autor español publicada en España en 2014”, que son,

He visto ballenas de Javier de Isusi (Astiberri Ediciones)
Historias del barrio. Caminos de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri Ediciones)
Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)
La Mondaine de Zidrou y Jordi Lafebre (Norma Editorial)
Las guerras silenciosas de Jaime Martín (Norma Editorial)
Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri Ediciones)
Las oscuras manos del olvido de Hernández Cava y Bartolomé Seguí (Norma Editorial)
Murderabilia de Álvaro Ortíz (Astiberri Ediciones)
Nosotros llegamos primero de Furillo (Autsaider Cómics)
Versus de Luís Bustos (Entrecómics Cómics)
Yo, Asesino de Antonio Altarriba y Keko (Norma Editorial)

A todos, suerte.

Pero los nominados son el pistoletazo de salida, año sí año también, a varias polémicas que nos recuerdan “El día de la marmota”. Una, la supuesta nacionalidad de las obras y la pertinencia de optar a según qué premio. Para el caso concreto, ¿debería un trabajo “mecenado” por una editorial de otro país, poder optar a un premio a mejor obra española cuando sus autores son españoles? Bueno, los premios son los premios de determinado órgano, que emite sus bases. Para el caso del premio del salón “Premio para la mejor obra de autor español publicada en España en el año 2014. Puede ser votado un cómic cuya autoría pueda estar compartida por autores nacionales y extranjeros”. Ergo, dadas sus bases, que son suyas y de nadie más, claro que puede, perfectamente. Volveré al tema en unos párrafos, pero la nacionalidad de la obra trasciende el asunto de los premios.
Yo opino que es un tema que va más allá de premios y óbolos. Simplemente para cualquier estudioso, para un estudio de historia del medio, es pertinente acotar la naturaleza de los trabajos que se estudien. Supone, en plata, conocer y/o justificar tu campo de estudio, y tu método. Personalmente lo más útil en este sentido creo que es, como he comentado en una conversación sobre el asunto en redes sociales, no plantear el tema en términos de gentilicos, “tal cómic es español”. Porque esto no nos aporta demasiado como fuente de estudio. Lo interesante es pensar en origen en tanto que producción, y por otro lado en autoría. Es interesante y casi diría consustancial a la historia del cómic ver que muchas veces se establece cierto grado de conflicto entre lo uno y lo otro (autor de aquí, obra para allá), y es jugoso plantearnos las causas y las consecuencias de ello: migraciones autorales, mercados aperturistas o no, situación de la industria cultural de la historieta en el país de origen del autor, economía local del sector, etc. Plantear las causas porque en ellas, y en la idea de la identidad y naturaleza de determinadas obras, podremos también acercarnos a, por ejemplo, un paisaje sociológico del cómic, o a ampliar quizás las causas de determinadas corrientes estéticas (la british invasion de DC), y sobre todo a comprender a través del arte la sociedad en la que ha crecido.
Un ejemplo. ¿

¿Porqué Jesús Blasco termina trabajando para Fleetway (y otras editoriales extranjeras)? En analizar este hecho (donde contrasta nacionalidad española y producción extranjera) podemos entrever la situación social y laboral de los autores de una determinada época (o cuanto menos la de uno de los más destacados), y la situación laboral que había en Gran Bretaña. También derivadas estéticas al comprobar si el estilo de Blasco se adapta a unos mercados y a otros… ¿Es “española” Zarpa de Acero? La pregunta y su respuesta son improductivas si no se hacen para argumentar determinada idea estética, social, histórica, cultural del hecho y la obra, y al final es preciso desglosarla: quién, dónde, para quién se hace la obra… porqué.

Pero el asunto de los premios que dejábamos momentáneamente aparcado no es tema menor. No lo es porque en el fondo se trata de definir qué pretenden valorar los premios, para qué nos sirven en España, este país de precarísima industria alrededor de los cómics. Quiero decir, es perfectamente lícito pensar que un premio otorgado en España premie a un autor español publique donde publique. En ello se atiende a la excelencia del susodicho y también, oye, si trabaja para Francia o Estados Unidos o Japón o lo que sea, al posible efecto “embajada”. Tanto de la calidad de nuestros autores como a la capacidad de abrir mercado para un trabajador que realmente, para lograr vivir del cómic, tiene mucha pelea que librar.

Pero un premio dado en España puede también pensarse para premiar a autores y editores de aquí que insisten en hacer del cómic nacional algo vivo y, de paso, parte de nuestro patrimonio cultural. Se puede premiar, en fin a un engranaje completo, autóctono y nacional, para quizá así dar impulso al sector. Al de aquí. Esta opción advertida en unas normas para las votaciones excluiría, ciertamente, el trabajo de autores que han decidido trabajar para el mercado extranjero (este es el punto polémico). Es francamente fácil exigir para las votaciones a mejor obra nacional aquella que es creada en castellano o idioma cooficial por autor o autores españoles y editada en su primera edición por editorial española. Me parece lo más justo, sin duda, aunque mientras las bases de determinados premios sean las que son, solo cabe aceptarlas y felicitar a los autores que obtengan el premio (y alegrarse mucho cuando son obras fabulosas).

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El nuevo código penal

Está en boca de toda la profesión del mundo del cómic, la reforma del código penal impulsada por el Partido Popular desde su mayoría absoluta incide en la pornografía infantil de un modo totalmente desacertado, represivo incluso. Me permito enlazaros un artículo muy interesante de la web de Almeida abogados asociados que lo explica perfectamente, hasta poner los pelos de punta, aquí  (lee el enlace, por favor, es importante para continuar la lectura).

Bien, la verdad es que este panorama censor ante la representación dibujada de menores en actos “impuros” me parece tremenda, ya no solo supone todo lo que el texto enlazado explica perfectamente, sino que vuelve a asestar un machetazo, desde la cerril derechaza, a la cultura. Porque un asunto nada menor está en la feroz descategorización de la representación gráfica del acto sexual delictivo (nadie duda que lo es, en la vida real o el la imagen captada, sea fotográfica o fílmica). Restarle al cómic su condición de artefacto creativo, de discurso no verídico y fantasía intelectual es una opción muy equivocada. Y ningunea al cómic como arte, de paso. Convierte procesos creativos en meras postales manufacturadas, degrada el arte a mero hecho físico:

esto no es una fantasía narrativa, esto es pedofilia.

Torpedo 1936: “Lolita” (Abulí y Bernet, 1990). Esto no es una fantasía narrativa, esto es pedofilia.

Y es una degradación del cómic, porque parece ser que la recreación literaria del estupro se entiende no como un delito y enaltecimiento de un acto nauseabundo; una novela es arte y por tanto un proceso decosntructivo que partiendo de la realidad llega a otra cosa, que es la ficción artística. Las novelas, por tanto, no son reales, son una construcción metafórica aunque ilustren actos sexuales de adultos con menores (y todos estamos pensando ahora en ciertos clásicos literarios, ¿verdad?). Pero esta representación de infantes procaces son ya simples gruarrindongadas para la delectación de depravados que se excitan con niños:

Cabanes, La gallina ciega, 1985: van provocando.

La gallina ciega (Cabanes 1989): ilustración de menores provocando a menores para el placer de lectores pedófilos. Delito.

Desposeer al cómic, en fin, de sus cualidades fabulescas, quitarle todo su engranaje de proceso mental para crear ficciones me parece tremendo.

Pero es más, cuando alguien expurga sus demonios internos como Debbie Drechsler relatando su infancia, víctima de abusos sexuales paternos, ahora está cometiendo delito, y si tú lo lees, compras, guardas este cómic… con la reforma del código penal que viene de camino delinques.

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Debbie Drechsler, La muñequita de papá (1996), porno infantil explícito según la nueva ley en ciernes, aunque sea la terrible confesión de la infancia de la autora.

Es acojonante, es estulto, es no ver más allá, pero digo “más allá” y me refiero a medio centímetro más allá de la línea de dibujo. Parece mentira, en fin, que en 2015 haya que explicarle al Gobierno de una nación (la nuestra, lástima, estamos en el sitio equivocado en el momento equivocado) este concepto:

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Magritte en 1929: “Esto no es una pipa”

 

En realidad me temo que todo esto es algo que entronca con una política del Partido Popular por atomizar la cultura, considerada como un bien, sí, al menos si lo promueve el Gobierno y sus instituciones (esto es afín a otros gobiernos sufridos en la piel de toro, no nos desgarremos los trajes ahora) pero que no conviene alimentar en su total libertad. En los mismos días en que una nueva Wertada pretende reducir a tres años lo que a mí me costaba cinco (unos estudios superiores) parece que el deterioro de la cultura de nuestra nación sea un plan maestro que se está ejecutando con precisión cirujana. IVAS astronómicos, cavernas mediáticas atacando a nuestro cine, leyes convirtiendo el acto de dibujar en mera acción mecánica que no filtra creatividad alguna…

Que las Musas nos coja confesados si España sigue este camino.

 

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