Opinión

Sacamos nuetros pasos de procesión: El Warock de la Expiración

Mi paso de procesión favorito, crucifixión pOp, Marvel de Pasión

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CuCo 2 reflexionado

Observad estas dos imágenes, hay una diferencia.

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Esa diferencia, un pequeño número, encierra 99.299 palabras, las que componen el segundo número de CuCo, Cuadernos de cómic.

El primer número abarcaba 90.647 palabras. Casi diez mil menos. Sin embargo aquel Cuaderno superó las trescientas páginas y el nuevo “apenas” remonta las 260. Este dato significa una evidencia, creo: la maquetación. Hemos ganado ahí, mejorando sobre el error, que es el modo en que la vida, para bien o para mal, nos demuestra que se mejora de verdad. Viendo lo hecho y decidiendo que hay que meter mano por aquí o por allá. Rechazando protocolos que no funcionan, insistiendo en los caminos que sí han permitido que el n.º 1 fuese lo que ha sido (dilo: la leche).

Yo no voy a dar aquí la brasa con contenidos del 2º número, hay nombres vilculados a lo académico que merece la pena leer, y hay autores y amigos del “mundillo” que me encanta haber acogido, firmas absolutamente capitales para entender la salud de la teoría sobre el cómic de hoy. Queremos que el corpus teórico y crítico de la historieta esté a la altura del práctico. Tenemos un cómic que quita el hipo, unos autores que han llevado a la historieta donde, en mi opinión, no había estado aún. Y CuCo quiere aspirar a ser el reflejo teórico, analítico y crítico de esa altura. Es el lector quien debe decidir, por descontado, si lo logra o no.

Toda esta locura la parimos, como mater dolorosísimas, Gerardo Vilches y yo. Ayudan (mucho, imprescindiblemente) Bernardo Pazó en asuntos web y diseño on line (el blog sin él sería otra cosa, peor, la página y su gestión sin él sería otra cosa, ni me atrevo a calificarla), y José Martínez en la nueva edición (insisto, el paso en mi opinión es de gigante: mantenemos el concepto, ganamos la finura de la que carecíamos). Y nada tendría sentido, nada, sin los autores que desinteresadamente colaboran (no hay comercio aquí, así todos ganamos, aunque no sea vil metal). Hay en CuCo 2 cosas colosales, una ilusión y una entrega apasionantes. Me constan muchos esfuerzos personales, horas quitadas al día para estar en este “2″. Los valoro, porque son sinceros y aún encima, joder, agradecidos. Los valoro como oro líquido. Y el agradecimiento es mío.

Y de Gerardo, claro. Pero de Gerardo Vilches no hablaré.

Gerardo y yo estamos mal. Muy mal. Mira lo que hemos hecho.

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Normalizando, un proceso

Este artículo del escritor Antonio Muñoz Molina me ha llevado a cavilar, eso tan peligroso. Y como por aquí tengo la etiqueta de “Opinión” precisamente para compartir estas cosas, aprovecho y escribo.
El autor de “Plenilunio” aborda, con motivo de la Art Spiegelman’s Co-Mix: A Retrospective en el The Jewish Museum, en Nueva York, la obra “Maus”. Y todos aplaudimos que lo haga. Es un personaje mediático, no es un experto en cómics, crítico de cómics o blogger de cómics. Y se nos hace el culo pepsicola. “A Muñoz Molina le gusta Maus!”.

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Pues no te revienta… claro que le gusta. Como a cualquier persona con dos dedos de frente y un poco de perspectiva cultural contemporánea (su estilo gráfico responde a una sensibilidad muy concreta, y ya se sabe que hay quien no lo aprecia). Personalmente leer en 2014 un artículo de fondo (ojo, no digo un ensayo, una tesis, una nueva mirada que estudie la obra, por descontado) sobre la obra magna de Spiegelman me suena como si me hablasen admirativamente y con tono de gran descubrimiento de “Las señoritas de Avignon”, “El padrino” o “La conjura de los necios”. Pero parece que aún tengamos que celebrar, desde mundocómic, que un individuo mediático y “de fuera” venga a decir que blanco y en botella de leche es leche. Y sin embargo… ¡tenemos que celebrarlo!. Porque estamos hablando de una liga que no todo el mundo parece comprender: la de la visibilidad del cómic, y creo que la historieta aún no está tan reconocida como el cine, la literatura o el arte plástico, no tanto ¿verdad? Y que desgraciadamente puede haber muchos lectores de El País que desconocerán totalmente el “Maus”, o que, sabiendo de su existencia, jamás se plantearán que este tebeo pueda estar a la altura de “La lista de Schlinder” (cuando realmente es una narración muy superior, a mi juicio, a la cinta de Spielberg), o del “Diario de Ana Frank” (lo lo leí, no opino).

Y desgraciadamente la firma de un crítico de cómics (pongan ahí el nombre más conocido, el crítico más “mediático” que les venga a la cabeza) pierde visibilidad frente a un personaje como Molina. Porque nadie, en realidad y fuera de los cenáculos habituales del mundo historieta, conoce esa firma. Sin embargo, ah, cuánto más visible es la firma de Muñoz Molina.
Está bien, un creador de prestigio opina y defiende una obra de cómic en El País, ni más ni menos. Pasa en todo, pasa sobre el cine y la literatura,¿porqué no alrededor del cómic? De hecho tampoco es algo nuevo, por supuesto, que un literato se aproxime a la historieta para hablar de ella. Así que bien, está muy bien que Muñoz Molina aprecie “Maus” y se lo cuente al público de El País.

Mientras, la historieta debe entender este presente como un momento de oportunidad, clave y bisagra. Hay que aprovechar este “zeigest de acercamiento” generalista para seguir abriendo brecha. Desde mi punto de vista, el futuro y la visibilidad del cómic depende mucho de conquistar espacios nuevos, ajenos al circuito de librería especializada. Y que un escritor del renombre de Muñoz Molina descubra la pólvora al respecto de Maus (ojo, en un artículo que merece la pena ser leído, está muy bien) es otro signo de que las cosas transitan una vía esperanzadora.

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Futuro

«Solo hace falta pasearte por cualquier librería para descubrir que el lector de historietas ha dejado de ser el bicho raro para pasar a ser el bicho interesado: un público literario con ganas de nuevas experiencias y de oír historias contadas de una manera nueva»
(Diego Moreno, editor de Nórdica)

La cita la tomo de un artículo de El Periódico titulado “La moda del cómic”, donde se analiza el fenómeno de las editoriales literarias (Salamandra, Impedimenta, Principal de los Libros y Nórdica, entre otras) que están comenzando a interesarse, de un modo no puntual, en la edición de cómics. Versión, ah, novela gráfica. Entendida, oh, como aquellos cómics que «Tienen contenidos más literarios que pueden enganchar también al no lector de cómic tradicional. En los últimos años se ha ampliado el espectro de lectores» (Catalina Méjia, responsable de la venidera línea de cómic de Salamandra, en el mismo artículo).
Mientras algunas voces opinan que algunos se inflan en un ciego exceso de optimismo, otros con la prudencia lógica de saber perfectamente el momento que vivimos (de crisis cultural feroz, de crisis económica fiera) creemos que las cosas se van moviendo por un camino bueno, lento, quizás incierto porque la bola no nos devuelve una imagen del mañana (¡quién la tuviera!), pero no equivocado. Noticias como esta que aquí destaco y enlazo, el interés de esas editoriales literarias por el cómic, son buenas. Porque además no atacan a modelos o “targets” diferentes (ojalá crezcan todos) sino que simplemente insisten en un fenómeno que ya se está dando por otro lado. Me refiero, claro, a la apertura de “espectro lector” (ya hay, desde el sector cómic, quienes lo intentan, por supuesto, pero que desde “fuera” se entre y se haga por esta vía debe significar algo).

Quizá llega el momento de querer un lector nuevo (no una sustitución, insisto, esto suma, no resta, y hay que insistir en la captación de todo tipo de lectores, cada cual desde su “nicho de mercado”), ese que de hecho ya se está consiguiendo, el que se interesa por cierto tipo de tebeos sin poseer vínculos culturales o intelectuales con “el mundillo” (esto es, que ni frecuenta blogs como este, ni lee revistas como Zona cómic -hace mal-, pero sí compra El País o el ABC o su diario local y ojea sus páginas de Cultura; un lector nuevo que ni ha leído cómics de joven ni le guarda especial cariño a sus lecturas de infancia, pero que encuentra en la novela gráfica argumentos de interés).

La sensibilidad de varias editoriales centradas hasta hoy en literatura (sensibilidad también mercadotécnica, claro: se juega a sacar rentabilidad de las aventuras) puede ser una pista objetiva del futuro. Uno más sólido que el presente porque se vuelve más plural, y por tanto más visible. O igual derrapan todas estas iniciativas y en dos años cierran todos sus departamentos de historieta. Ojalá no.

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Hicksville, de Dylan Horrocks.

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Remar hacia la Torre del Vigía (o en respuesta a The Watcher and the Tower)

Esto fue una respuesta en comentarios de un post de Gerardo Vilches sobre el tema (ya tratado en este blog) de cómo está el patio de la historieta. Respuesta que puedes leer aquí.

Pero me ahorra un post, así que, con toda la jeta y un par de retoques e imágenes, lo traigo a mi blog.

El cómic no puede entenderse hoy como se hacía en los ochenta, por ejemplo. El modelo es otro ya, su papel de industria de entretenimiento popular ha caído estrepitosamente, con un agujero negro en los noventa ante el que, por comparación, el cómic nacional es hoy un sector positivo y esperanzador.

Ciertamente pocos autores viven de su actividad. Y ciertamente, dado que este panorama no es extraño ni sorpresivo, pocos son los que lo pretenden, o eso parece; desde Max hasta Álvaro Ortiz, raro es el autor que no diversifica su laboriosidad a partir de sus capacidades como creador o creativo. Ilustración, interiorismo, guiones televisivos, cine de animación, video clips… Pero de todos modos, es evidente que existen casos que sí, viven de la historieta. David Rubín lo afirma, y no tenemos por qué dudar de su palabra. Es un ejemplo, hay más. No muchos. Tampoco muchos cineastas viven exclusivamente de hacer cine, menos actores aún (el 72% de los actores españoles NO PUEDE VIVIR de su trabajo actoral, no lo digo yo) , y pocos son los escritores y músicos que viven de su arte. Poetas y bailarines, esos sí, todos forrados.

Pero quienes juegan al apocalipsis deberían consultar cifras de los que sí se acercan a un modelo de autor deseable (en el contexto que comento al inicio, claro… recordemos, esto-no-es-Japón), esto es, que vende moderadamente bien, no se quedan en 3.000 copias vendidas, ni mucho menos. Ah… No me he matado buscando o preguntando, casi todos los datos los recopila muy bien A. Serrano y los hace públicos, son accesibles.

  • Paco Roca ha salido con 10.000 ejemplares de Los Surcos del azar en Diciembre. Ya se ha impreso una segunda edición. Y más de 50.000 ejemplares ha vendido Arrugas.
  • Mauro Entrialgo ha vendido de Cómo convertirse en un hijo de puta 18.532 ejemplares.
  • La primera edición de Beowulf, de García y Rubín, gozó de una tirada de 4.000 copias, puestas a la venta el 22 de noviembre y ya agotadas. Vamos  por la segunda, en pocos meses.
  • Papel estrujado, de Nadar, ha agotado su primera edición. No sé la cifra. Pero agotar una primera edición en menos de seis meses es una buena noticia.
  • El arte de volar de Altarriba y Kim (Edicions De Ponent) rondaba en ventas los 7.000 en noviembre de 2010 (sumando las dos ediciones, eso sí).
  • El joven Lovecraft, más de 6.000 ejemplares vendidos.
  • De Simiocracia ya ni hablamos, 50.000 ejemplares vendidos hace años…
  • Etc etc.

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La “grapa”, por su parte, ronda ventas con un ancho de banda que va de los 17.000 (Spidermanes y títulos de ese rango) a los 3.000. Está genial, es importante que los superhéroes se mantengan, pues tienen algo de columna vertebral del sector. Me falta buscar datos sobre el manga, animo a completar el asunto en la charla, de haberla.

Pero el tema no es ser comparativos, grapa vs. manga, autores españoles vs. Spiderman… porque bueno, puestos a comparar deberíamos hacerlo con el total. Con la media de las tiradas nacionales en el sector literatura. En este sentido, en 2002 (ergo, antes de la crisis económica que tritura a la sociedad apuntando a su poder adquisitivo desde digamos 2008), según los datos del Instituto Nacional de Estadística, los libros de creación literaria son los que lanzan al mercado unas tiradas más amplias, con una media de 5.646 ejemplares por título. Se encuentra el dato en la red. Hagamos ahora un salto temporal: 2010. “la disminución de la tirada media por libro, que se colocó en 2010 en 1.734 ejemplares, no hace sino confirmar una tendencia a la baja que se ha mantenido constante en los últimos cinco años. Desde el récord positivo de 2005, una media de 4.420 copias por libro, nada ha podido evitar el descenso paulatino, año tras año, hasta el dato de 2010”. Fuente, El País.

Por tanto, y dado que en España evidentemente la literatura es un mercado mayor, y de más prestigio y alcance social que el de la historieta, creo que las cifras de venta de cómics aportadas no son tan malas y podemos entenderlas como claro signo positivo, cifras aceptables o directamente buenas (que son, repito, ejemplos de moderado éxito siempre puntual, pero que aleja el fantasma del catastrofismo, la mentira de los tres mil y, sobre todo acerca una idea… yes we can!). La cuestión es calibrar qué tipo de tebeo es el que potencia una curva ascendente para vencer tormentas perfectas (gran expresión que ya queda para el acervo comiquero merced a Antonio Martín, que con ellas expresó su sincera preocupación por la deriva del medio en nuestro país en marzo de 2013).

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Tormenta Perfecta.

Por otro lado, existe una cuestión: política editorial y autoral, vender es más que sacar el producto y dormirse en los laureles. Promoción, visibilidad en medios y en firmas autorales. Presentaciones, y venta de la obra al extranjero. Las ventas de “Cenizas” generarán beneficios a su autor, pero también la posibilidad de distribuir el cómic en Francia, por ejemplo. Y para que el cómic español pueda ser objeto de deseo en mercados extranjeros también hay que trabajar. Prestigio internacional (redes sociales, salones y eventos, y todo lo que ni se me ocurra, porque uno no edita, claro, ni es autor). Pero creo que parte del prestigio internacional deriva de la calidad bruta de las obras, así que, como opino que esta calidad hoy es mucha, tenemos un potencial claro.

Otro punto es el de las subvenciones. En Francia, ese paraíso envidiado pero incomparable como bien señalas en tu texto, se subvenciona al sector, claro que sí. Lo dice Tebeosfera y tengo el convencimiento de que lo dice bien: “La industria de los tebeos está considerada en Francia y Bélgica como un estimable patrimonio, de importancia no sólo económica sino (y sobre todo) cultural, amparada por ayudas y subvenciones estatales en muchos casos.” El entrecomillado no da cifras sino qeu habla, y es casi más importante, de “consideración” y cómo esta consideración revierte en el apoyo del estado a la historieta. Yo opino que las subvenciones no son malas, sino todo lo contrario. Un Gobierno que no puja por la cultura de su propio país es Mal, no Bien. Así que poco más añado. Solo que aquí, además, se subvenciona todo. Ejemplos: en 2013 el Gobierno de España destinó 70.000.000 de euros para financiar la compra de coches mediante el Plan PIVE 3. La patronal CEOE, disfruta al año de 400 millones en subvenciones. Y solo el PP se llevó 120 millones de euros públicos en 2011 (lo comenta en su blog Nacho Escolar, yo me fío de él y su gusto por las fuentes contrastadas). Pero miremos más cerca, que cómic y PP no tienen mucho que ver: las subvenciones al cine español en 2014 serán 50,8 millones de euros. ¿Cuántas se ha llevado las editoriales de tebeos nacionales en 2013? Ni idea, pero por mí ojalá fuesen las de la CEOE. Ahora, esto no deja de ser opinar sobre modelos de Estado y de sociedad. Yo lo tengo claro, y es respetable quien piense que todo sistema “subvencionador” es el mal. Dado que yo no pienso de ese modo, no hay más que hablar al respecto.

Algunas voces han propuesto la fusión como una posible vía planteando en cierto grado una sombra de oligopolizar el mercado como posible solución a una tormenta perfecta (exagero, lo sé, pero la fusión de editoriales puede llevar a un “mercado bipartito”, si se me permite la coña). Yo no lo veo ni lo veo interesante, más bien me horroriza la idea. Entiendo (como han sucedido) uniones puntuales o estratégicas para comprar y sacar determinado producto, pero el método absorción (y al final las empresas son personas y unas terminan cortando el bacalao más que otras, ergo, alguien absorbe) no me convence nada.

Pero es que además, soy muy defensor del do it yourshelf, no puedo evitarlo. Es una oción ética. Para que exista, bien es cierto, se precisa de una parte robusta, competitiva, competidora y comercial del sector. La que sea. Pero hablar de Fulgencio Pimentel y plantearlos en el rasero Panini o RH Mondadori es capcioso. Porque Fulgencio, amigos míos, son Ian MacKaye. Son los Dischord del cómic nacional. Su aspiración debe ser el auto sostenimiento (más allá de frases medio en serio en una red social, y conste que desconozco las cifras reales de venta de esa casa). No, el sostenimiento no debe ser su aspiración, digo mal. Eso será lo que les permitirá existir y mantenerse, y estoy seguro de que sudan para vencer a las pérdidas Manuel Bartual lo comentaba en Graf, y también Rubén Lardín espetando que “somos 3.000 en España los que leemos este tipo de cosas” –hablaba de los libros del Butano Popular, creo recordar, y del modelo Caramba!). Fulgencio, Caramba, los libros del Butano Popular (¿atacamos al mercado literario por sus ventas modestas en comparación con lo que vende Planeta? Absurdo, ¿verdad?)… no pretenden mantener un sector o darle empuje y posición de ventas masivas, no es su meta y atacar al sector pretendiendo que las modestas ventas de (digo a boleo) Apa-Apa, son el signo de la debacle, es desde mi punto de vista, equivocado. El problema será si Planeta no vende, o Panini, o una editorial que busca un lector masivo. Vengaaa… ¿cómo vas a pretender vender miles de ejemplares de Olivier Schrauschen si ni siquiera yo (que lo leí y lo difundí en Faro de Vigo) sé escribirlo sin darle al Google (“Olivier Schrauwen”, eso) ? XD.  Su aspiración es otra. Me gustaría ilustrarlo volviendo a Ian MacKaye, a sus siempre sabias palabras relativas al mundo (mucho más lucrativo) del rock, que en el fondo también definen con sabio romanticismo a casas como los Pimentel, Apa-Apa o Entrecómics Cómcis (floten o se ahoguen en la coyuntura del mercado actual).

“Lo que siempre le digo a la gente cuando me preguntan cómo se puede ganar uno la vida haciendo música, contesto [inciso propio: música, no historieta, música, y en EEUU]: ‘Olvídate, no es un puto trabajo’.  No se trata de plantearte si quieres ser camarero, abogado o músico. Es tu propia voz, algo que debes hacer si de verdad lo sientes. Y entonces me preguntan ‘¿Y cómo puedo llegar a ser famoso?’ No sé cuál es el secreto, no lo sé. Es simplemente algo que pasa o no pasa. Lo más importante para todo lo que uno haga es amarlo. Si lo haces, nunca te plantearás la importancia del éxito al cabo del tiempo.”

MacKaye, las cosas claras

MacKaye, las cosas claras

Ian MacKaye, sabiduría y belleza. La historia del hardcore y del alternativo americano. Una de las figuras más importantes de la historia de la música . De la creación y el negocio sabe más que tú y que yo. Más que todos nosotros juntos.

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Alan Moore y los superhéroes hoy

Qué grande el barbudo.
Qué listo, inteligente, el chamán.
Hablamos de un tipo que es tenido por el más grande guionista de todos los tiempos, así que para una vez que quiere dar una entrevista, se viste de Black Emperor y, Godspeed you!, la arma buena.

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Señor de las tormentas

Veamos las frases que recuerda El País en el artículo de la polvareda:

... abrazar lo que son sin ambages personajes infantiles de mediados del siglo XX indica una retirada de las abrumadoras complejidades de la existencia moderna.

nos encontramos con la nostalgia del siglo pasado dominando posesivamente el ámbito cultural y negándose a permitir que esta era sin precedentes desarrolle una cultura propia, relevante y suficiente para los tiempos que corren

Encuentro preocupante que el público de las películas de superhéroes esté ahora prácticamente compuesto por adultos, hombres y mujeres en sus 30, 40 o 50 que se apuntan ansiosamente a ver personajes expresamente creados hace medio siglo para entretener a chavales de doce a quince años.

Así que ahí lo tenemos, un Moore icono engrandeciéndose por una sabia y diletante actitud como entrevistado. Y el gallinero, aquí abajo, todo revuelto… Pero realmente ¿Ha dicho Moore algo que no sea bastante cierto (paso por alto que cada sentencia suele comenzar con un “para mí” bajo el cual toda discusión debería apagarse… esto va de gustos personales)?

Que los superhéroes son en origen, y es su naturaleza serlo, fantasías para niños y adolescentes no me parece ningún secreto, sino una obviedad. Y que la industria del entretenimiento los ordeña hoy, pues también es evidente. Por cada creación nueva, ¿cuántos reborns vacíos hemos leído/visto? Pues eso.

Pero además, si analizamos un poco los acercamientos más claros a lo superheróico de Moore, caramba, es que creo que claramente es un autor que nunca ha “apoyado” el género. Miracleman es una barbaridad que viene a demostrar el terror de alcanzar la semi divinidad. Watchmen no solo se centra en personajes tremendos sino que parece venir a reírse de las edades Golden y Silver. Quizá Supreme (que no leí entero, de hecho, leí poco porque me aburrió) sea el más “cariñoso”, aunque intuyo que también tiene mucho d crítica hacia la deriva del género en cambios de siglo. La ABC va más allá de ser género sin más, y digamos que llega a él a partir de sus referentes previos en el tiempo (mitología, ficción pulp, novela decimonónica…)

Yo personalmente me he criado leyendo Marvel, y DC-Zinco, que me pilló con la bisagra de Moore y Miller cuando yo tenía la edad adecuada, 16 años más o menos. Así que disfruto el género pero sí, pocas veces lo veo como algo más que un divertimento… lo que ya es mucho, por cierto. Que vamos, no le pido a Hawkeye de David Aja y Matt Fraction que me hable de la corrupción del sistema capitalista y del modelo posible de nueva sociedad para el s. XXI,  o de las relaciones de pareja con un seropositivo a tu lado, sino algo que me divierta y entretenga. Si además resulta que sus aspectos técnicos son superlativos, pues no me empacho nada al decir que fue uno de los mejores tebeos del 2013, por encima de, no sé, Playground de Berliac, una maravilla (tomen nota) donde se analiza la función del arte a través de la figura del cineasta Cassavettes. Pues mira, por su impacto “gramatical” me parece superior lo del super-arquero y sus cuitas con mafiosos de barrio y chica-quiere-a-chico.

Por otro lado tenemos el tema del reciclaje. Que es algo preocupante, que Marvel y DC pueden perpetuar sus iconos, pero es una operación carente de sentido. Oye, ¿que en la nueva tanda de revisionismos Marvel aparecen cosas aceptables o más que aceptables y que la peli de vengadores da el tebeo de Sh perfecto, en su media hora final? Pues bien, me alegro, pero como novedoso, dar una vuelta de tuerca a Power Man o llevar al cine a Iron Man, no va a serlo. Ojalá me equivoque, pero temo que los tiempos de hacer algo nuevo con el género han pasado hace mucho. Ahora solo queda el posmodernismo, y el oficio. Yo si hay oficio, aplaudo.

Moore, más radical, piensa que con eso no basta, que hay otros temas a los que el cómic debe atender. Lo que por otro lado ya sucede, y más que nunca, diría.

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Una malvada de cómic

Es verde, su carácter, irascible. Es malvada y peligrosa…

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No hombre… Hulka es buena, es de los buenos…¿no veis que fue de Los 4 Fantásticos?

Como os decía… es verde, es mala, MA-LA, tiene carácter, y otra pista… tiene un mojo algo subidillo. Que se nota que quiere marcha, vamos…

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Breaking Bed

Que no, no insistas, no es Hulka. Hablo de…

¡¡¡La bruja Verde!!! 

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Se trata de la villana del tebeo Blue Bolt, un cómic de ciencia ficción totalmente “Soap”, de Joe Simon y Jack Kirby, nacido en 1940. Podemos disfrutar de sus maldades de opereta naive en el maravilloso Science Fiction editado, hace relativamente poco, por Diábolo. Habrá que hablar de este libro en otro momento, una delicia muy de su tiempo, al que solo cabe acercarse con una sobredosis considerable de hormonas del candor encima y que atesora el genio creativo de dos firmas mayúsculas.

Pero de momento dejadme reír a placer con esta Bruja Verde que cada cuatro viñetas se pone berraca con el guapo héroe. Wetxcelsior!.

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A propósito de la Historia.

Una historia. Mi abuelo se casó (con mi abuela, digo) y tras otros destinos se fue a vivir a Cartagena, donde fue destinado ya que, de carrera militar, era capitán de corbeta de la artillería de la armada. En Cartagena le sorprende el “Glorioso” Alzamiento Nacional. Es zona roja y él, artillero, está destacado en un polvorín.
Me cuentan en casa (y las biografías, como la de Borobó, aunque este parece ser que inventa más que investiga): en su base no triunfa el movimiento faccioso (será la última base naval republicana en resistir, tomada por el ejército sublevado el 31 de marzo de 1939), y finalmente se sufrieron las consecuencias que esperan a los perdedores, el bando rojo. Los fusilamientos están al orden del día, pero mi abuelo salva su pellejo. Él, que libra fortuitamente del pelotón de fusilamiento (fusilamientos aleatorios, contaría… libra por suerte) escapa de Cartagena y llega a pie hasta zona nacional con la intención volver a reunirse con mi abuela (en estado), e incorporarse al ejército en tanto que militar no político, ni levantista ni resistente. Para ello presenta documentación cartaginense que entiende le permita el reconocimiento como militar no sublevado. Cuántos casos de similar pragmatismo se vivirán en la guerra… Pero el intento resulta infructuoso, pues es enjuiciado como rojo y sufre cárcel aproximadamente durante 2 años por venir de zona republicana. Consecuencia de este juicio, además de la cárcel, es su baja y expulsión definitiva de la marina (con la democracia, será rehabilitado de cargo y sueldo). Casi diré ¡qué suerte!, pues lidiaba con el pelotón de fusilamiento.

El protagonista de “Los surcos del azar” es un republicano heroico que participó en “La Nueve”. Una historia mucho mayor que la de mi abuelo, pero que viene del mismo lugar y se imbrica con ella en mi cabeza.

“Los surcos del azar”, de Paco Roca, una novela gráfica magistral, honda, necesaria, me ha traído al recuerdo a mi abuelo, y necesariamente debe provocar una reflexión sobre tantas figuras que, en aquella España hundida, perfilan un enjambre de perdedores con historias tan absorbentes como terribles. Reflexión general, de toma de conciencia, y si la obra es el éxito que merece ser, debería avivar la memoria y la reflexión particular de tantos españoles que tienen historias parecidas a la mía (que no es mía, claro, sino de mi abuelo). Es una España que la transición no ha querido recuperar, y seguimos ahí en un limbo de olvidos nada inocentes. Es la intrahistoria que debería ser Historia verdadera, noble, reivindicable y necesaria para completar de una vez este país.

Hay que darle gracias a Paco Roca por la enorme valentía de entender la urgencia y necesidad justa de una verdadera memoria histórica, aplicándola a un cómic de valor aún por calcular. El tebeo, además, es una pasada, pero de esto hablaremos otro día.

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Lo mejor de 2013

Es inútil, este año no puedo.

Las listas son gracietas, sobre todo una realizada por un único votante, pero tienen su coña así que yo solía hacer la propia. Sin embargo esta año no puede ser. La calidad y variedad de obras me deja noqueado y no sé cómo dar un orden, porque según lo que mire en cada momento el orden cambia. Así que quede dicho. Hay tantos tebeos tan, tan recomendables y tan, tan distintos unos de otros, que solo puedo preguntarme si puedo valorar más ese  monumental Fran y su antecedente La cuerda del laúd (Jim Woodring) que una pieza ya tan esencial para el cómic nacional como es Los surcos del azar (Paco Roca). Si la potencia de Beowulf de García/Rubín me gusta más que la reflexión de La infancia de Alan (Guibert).

Luego tenemos los pijamas, tebeazos, este año. Los mejores, El rayo Mortal (Daniel Clowes) y Ojo de Halcón (David Aja y Fraction demostrando que un Marvel jugoso es posible).

¿Y cabe comparar algo como No os indignéis tanto (Manel Fontdevila) y Grandes Preguntas (Anders Nilsen), que se parecen lo que un huevo a una castaña en tantos aspectos, se puede decidir que uno esté “por encima” del otro? ¿Juzgamos  La Colmena (Burns) como una parte en medio de una obra inacabada o valoramos su hondura al nivel de una obra unitaria como Maestros Antiguos (Mahler)?

Quizá todos esos deban lidiar en el podio como los hermanos Marx en su camarote, y dejar aún un hueco para Conspiraciones (José Domingo), pequeña grandeza, el tebeo más divertido del año (bueno, la que Domingo monta en “Panorama” no es manca tampoco). 

Y no olvidarnos de Baco (Ed Campbell), recuperación reivindicable, la mirada autoral al cómic comercial, de uno de los defensores internacionales del concepto de novela gráfica. Ni de Nela (Rayco Pulido), revisiones literarias para demostrar que el cómic no es literatura dibujada. Brillante en lo formal, intenso y bello. O de Virus Tropical (Powerpaola): quien piense que la autobiografía es un cliché debería dejarse llevar por la intensidad de Powerpaola.

¿Y el manga? He leído poco, pero Tezuka está ahí siempre, claro…

Y una mención especial, para Panorama (VVAA) coordinado y cocinado por Santiago García. 30 autores de aquí, y de ahora. Debe estar en las listas, porque debe existir este tipo de producto antológico, y debe salir de los márgenes del lector especializado.

Evidentemente quien quiera cansarse de leer recomendaciones, mi consejo, que acuda a la ACDCómics, donde muchos profesionales de la crítica hemos elaborado, por democrático voto, una lista de recomendados hace unos meses (aquí) a la que puedes apostar, seguirá una segunda ronda que complete el 2013.

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Remar

Este fin de semana ha pasado por Vigo David Rubín, en su mastodóntica gira nacional presentando, defendiendo y firmando “Beowulf”, su última obra al lado ahora de Santiago García. En mi ciudad tuvimos la suerte de un programa doble: si por la tarde se orquestó la firma de ejemplares, por la mañana hubo una charla del autor que terminó con unas cañas/tapeo (ya que se dio el encuentro en un café-bar con sala de actos).
En ambos ámbitos una idea importante del debate trascendió la defensa del propio libro para hablar del acto en sí. La gira. Y no es baladí porque al final pasa por replantearse el negocio de la historieta en este país. Un negocio industrial que considero debe renegociar su identidad y estrategias (alguna editorial lo hace ya), no diré para sobrevivir o evitar la crisis, porque la crisis es un tsunami demasiado grande ante el que cabe poca estrategia, solo el torerío de cada cual. Pero al mismo tiempo, este momento de brutal zozobra no puede capearse con las tácticas de unos años ochenta en que el cómic aún era un entretenimiento popular (al menos en la primera mitad de la década).
Es necesario recordar de dónde venimos y porqué la cosa se derrumbó. Lo hizo, pienso, por varios motivos. El 1º, la caducidad inevitable de un sistema podrido (endogamia, revista de pre-publicación). El 2º la pérdida generacional. Una industria potente, la de la historieta, se reconvierte en los ochenta en una… potente industria microcósmica. Cerrada en sí misma. ¿Cómo terminamos de fastidiarla? Pretendiendo ignorar la biología. Perpetuando el fandom, lectores que pese a crecer, madurar, sigan leyendo lo que leían en 1986. Sin captar nuevos lectores, y sin mirar el crecimiento natural, la maduración lógica, emocional y vital, de los viejos lectores. En vez de eso, freak scene! Así hubo un momento en que el cómic dejó de crecer. Y hubo, intuyo, mucho abandono porque no todo el mundo pasa por el aro de admitir la gracia del día del orgullo friqui.
Pero hoy las cosas son diferentes, ¿no? Los juegos de salón y consola son el nuevo King of the world y los cómics no aspiran a robar su papel. No pueden. Mucho menos en España, que quieras que no, lastra una crisis, la de los noventa, en su lento crecer del presente siglo. Pero hoy no es 1994, por suerte. Y el cine de superhéroes ha arraigado y podría aprovecharse y quizá se hace, aunque me parece una fórmula que vuelve a incidir en la verticalidad, una captación casi especializada que tendría como estrategia un tipo de lector endogámico (del género, ya no del medio). Lo cual no estaría mal, si se consigue. Luego tenemos el manga, que fue el pulmón de aquellos críticos noventa y hoy tiene otra suerte, intuyo que cómoda pero ya no masiva pese a los llamativos salones y sus disfraces chorras. Y bien, finalmente el cómic ha adoptado aquello de la novela gráfica. Lo que me parece interesante aquí es su capacidad de transversalizar al cómic, de crear lectores en horizontal. Ni coleccionistas ni fandom endogámico sino un lector generalista que pasa de Zafón a Roca con naturalidad. Porque el formato libro mire usted, es de éxito probado, y porque los temas de la nueva hornada de autores pasa por la memoria y la actualidad, que increíble, resulta una temática que interesa fuera de la librería de cómics. El problema es que ahora está empezando a generarse este modelo, o por lo menos a apostar por él. Y la cosa está aún verde.
Aventuro que lo seguirá estando, que el cómic seguirá el modelo literatura a menor escala: tenemos nuestros best sellers (el mencionado Roca, sin duda) y tenemos un cómic de élite “artie” (pongamos la línea editorial de Fulgencio Pimentel). Y los sectores verticales, claro (superhéroes, manga, incluso el álbum galo, que por su naturaleza debería ser el best seller con su narrativa pulcra, clásica, pero que no ha roto el perímetro del círculo de lectores especializados). La cuestión es que en ese “best sellerismo” se ha instalado un modelo de potencial enorme. Si funcionan “Arrugas”, Miguel Brieva, “Ardalén” o “Maus”, con tiradas agotadas comprobables y presencia mediática, ¿por qué no la obra de Guibert, “El arte de volar”, “Entretelas” o Rayco Pulido (cuya trascendencia imagino mucho menor que la de Spiegelman)?
No lo sé, pero sí creo que hay estrategias a defender. Estrategias editoriales. Una, publicidad. Se dice que se ha demostrado que no sirve para el mundo del cómic. Se dice, quiero decir, desde hace lustros. Bien, algún día alguien debería romper esa inercia y probar suerte. Para empezar, hay que blindar cada premio Nacional con quilos de acciones publicitarias, porque está claro que el eco que provoca es tremendo. Pero es cierto, empiezo la casa por el tejado.
Antes hay que crear un “tejido de expectación” en los mass-media. El Premio citado es un excelente ejemplo al respecto, pero es un punto del calendario, no una estrategia general. Y es sobrevenido, una iniciativa del Ministerio, no del mundo del cómic. Lograr ese tejido de expectación es un proceso lento pero, creo, se va por el buen camino. Creo que el servicio de prensa es un arma importante en este sentido. Entiendo que según editoriales se sea más o menos selectivo o universal al respecto, claro. Que no siempre se puede disponer de un libro para toda la prensa del país, vamos, o para los profesionales del medio. Pero desatender el servicio de prensa o despreciarlo como beneficioso medio expansivo y publicitario, o tener todos que justificarnos ante el fandom, es tercermundista. Aún recuerdo cuando hace años acusaban (¡!) a Álvaro Pons (en pleno apogeo de su blog ¿tengo que decir cómo se llamaba ese sitio?) de que en el Salón de Barcelona salía con una mochila llena “de gratis”… no es de gratis, es para leer en tiempo, escribir, publicarlo pasando por un editor que da visto bueno (El País), a lo mejor seleccionar la imagen que ilustre el artículo… Es un sistema que beneficia al medio.
La prensa, la radio, la televisión (pienso en un “Página 2”) deben ser el objetivo de las editoriales. Cada editorial siendo muy consciente del tebeo que pone en el mercado y su target, y donde, por tanto, debe “colocarlo” la editorial. No es lo mismo Batman que “Vapor”, “Azul y Pálido” que “Star Wars”. Estrategia editorial en su planificación de prensa y publi, vamos. Aunque pienso que jamás salir en un diario es inútil, hablemos de Spiderman o de “Pulir”, siempre es eco, es conquistar poco a poco, aunque no lean el artículo, simplemente una imagen, una portada que entra por la retina, ya es algo positivo. Hasta, en este sentido, y sé que esto espantará al 80% de autores, creo que cosas como esta son buenas:

pacoroca

Se llama foto promocional de autor, y que me jodan si no vende. Dar imagen, la que sea, es bueno, en este mundo mezquino de la mercadotecnia, es así.
Todo esto es una base para aquel tejado, poder armar un buen aparato promocional algún día. Y otra, y vuelvo a David Rubín, es la implicación de los autores en un todo con su producto que trasciende la creación del mismo. Como en cine o literatura o rock, la obra entregada no es el final de la obra. Es el principio. Hay que estar durante mucho tiempo dando entrevistas tediosas, en todo medio posible, con profesionalidad. Yo no sé si David estaba cabreado ese sábado porque se le jodió el termo de agua caliente o si tenía fiebre. O si estaba de buen humor porque tuvo una buena noticia personal. Presumo que con servidor hay una cercanía a base de conocernos, y fue una gozada cañear con él, por supuesto… pero Rubín estuvo encantador con todo dios. Está trabajando su obra, tanto como cuando rotula la misma. Y gira, como un poseso, por media España. Y en el salón de Barna, allá por abril, puedo apostar que, al menos será su intención, estará firmando durante horas, otra vez, su obra. Y lo hace con una disposición absoluta, un respeto por sus lectores ejemplar (incluso hacia quienes le hacen las observaciones más estériles) y con una entrega por su trabajo de aplauso. Promoción, trabajo. Hay quien no comparte esta actitud. Pero es necesaria, incluso a un principiante que va a firmar tres libros.
Conquistar los mass media (publi, servicio de prensa) y lograr una vida natural del libro mayor que el mes de lanzamiento son cosas importantísimas. Y buscar, con estas acciones, la horizontalidad: publicidad en revistas de literatura como “Qué leer”, firmas en librerías no especializadas, en grandes superficies, y claro que sí, también en los lugares especializados.
Hay más vectores que se pueden tratar, pero ya estás cansado de leer, lo se. La distribución alternativa y el papel de las redes sociales, el crowfunding (¿es viable realmente?) y un etc que os regalo para los comentarios, si alguien quiere tocarlo. De momento cierro y concluyo.

Creo, en fin, que todo lo escrito se resume en una palabra que ya he usado: horizontalidad. Y en las estrategias para lograrla algún día. Otros defienden el fenómeno del cómic vertical, que es necesario también, y está muy bien. Pero cada quién defiende su ideario. Y mi jauja comiquero para por un cruce continuo de caminos entre el cómic y la sociedad en la que vivo, y no creo en otros caminos para lograrlo.

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