Opinión

Víctor Mora o la memoria colectiva

Ayer los aficionados al cómic nos enterábamos (y hoy toda España) del fallecimiento a los 85 años del escritor, teórico y sobre todo, guionista de historieta Víctor Mora.

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Foto al autor procedente de El País: http://elpais.com/elpais/2016/08/17/album/1471454483_355601.html

A nadie debería de escapársele (lo considero cultura básica) que Mora es el creador de Capitán Trueno. Pero también de muchísimas otras cabeceras, como El Jabato, El Corsario de Hierro, Inspector Dan, el sheriff King, Dani Futuro o Las crónicas del sin nombre (exploración de terrenos adultos en la historieta de los setenta).

Si hay un capítulo crucial en la historia de la historieta en España, es el de los cuadernillos apaisados con tebeos de corte aventurero. El otro gran capítulo lo ocuparía la revista TBO y sus consecuencias. Pero si del cómic humorístico tendríamos que desplegar una nómina de autores plural y vasta para ser justos con esa corriente, hasta llegar al colapso inigualado del Mortadelo de Ibáñez, en el caso del tebeo de aventuras la capitalidad la atesora Víctor Mora. Hay otros títulos, muchísimos, y alguno ciertamente famoso (El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, El Cachorro…) pero con El capitán Trueno, Mora y una  lista de ilustradores de la que destaca el inicial Ambrós hicieron el que se señala como mejor de todos, el más vibrante y dinámico, el más progresista (Mora había estado afiliado al Partido Socialista Unificado de Cataluña, PSUC, y su pensamiento era opuesto, en lo político y en lo social, a la pacatería franquista) y qué diablos, cogiendo la manida frase con todas las pinzas que se quiera, sin duda el que mejor resiste el paso del tiempo.

Hace mucho que no leo Trueno, y desde luego no he leído mucho Trueno en mi vida, pero dudo que nadie que luzca más de cuarenta años en 2016 no haya tocado alguna vez en su vida las aventuras del capitán y sus compañeros Crispín, Goliat y Sigrid (eterna novia del héroe que fue más que la constante damisela secuestrada, en la serie). Las historietas de Mora eran chispeantes, alegres, dinámicas y enormemente imaginativas. Además el anacronismo fue sublimado por la fantasiosa pluma de Mora en un clásico de nuestra narrativa escapista:

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Reinventando el tiempo de las cruzadas.

Creo que la primera vez que leí a Trueno debía contar diez, once años, y esa es la edad natural para un lector de El capitán Trueno. Recuerdo vaguísimamente la historia, un relato de acción risueña en países ignotos con bastantes dosis de fantastique. Ritmo vibrante y continuarás impactantes para lecturas semanales.

La historia del aficionado a los cómics se sostiene a través de varias vigas maestras, puntos clave que han mantenido viva la llama. Un Miller haciéndote ver que sigues teniendo edad para asombrarte con los superhéroes, un Eisner a través de cuyas páginas adviertes que sí, es un arte, un Moebius para volverte tarumba, una Satrapi que te descubre el universo de la novela gráfica adulta… un Capitán Trueno durante la niñez tiene esa capacidad, también. En mi infancia esa lectura breve, posiblemente, me hizo persistir, buscar más viñetas plenas de emoción y maravilla. Eran los años ochenta, el tiempo de los cuadernillos apaisados había fenecido hace mucho, pero Trueno me pudo demostrar que la imaginación y la maravilla llevaban cultivándose muchas décadas. En todo caso he olvidado muchas lecturas, muchísmias, pero no aquella. Porque Mora atesoraba un oficio y un talento sin demasiado parangón en su tiempo, y no herraba la diana. Sabía qué hacía y para qué, y lo bordaba.

Yo seguí a lo mío, porque además poco después irrumpió Fórum, el sello que hizo triunfar los cómics Marvel definitivamente en España, y me vicié (ya venía de Vértice, surco y Bruguera, pero Fórum era… otra cosa) pero indudablemente Víctor Mora pudo entrar en mi memoria lectora en un solo flash. Quizá de soslayo pero indeleblemente. Luego supe de su trayectoria, de sus circunstancias, de que toda la inventiva que lucían los diálogos de Astérix o Lucky Luke le debían mucho a él. No leí su incursión en el cómic adulto de los setenta (como Las crónicas del sin nombre con Luis García, seriado entre 1972 y 1980 en Pilote), pero quiero ponerlo también en valor, al nivel del viraje pocos años más tarde de un Carlos Giménez. El rey de “la historieta” entendía que el medio podía también ser un medio para relatos adultos.

Por otro lado la memoria colectiva de toda una generación, los que hoy cruzan la barrera de los sesenta/setenta años, está impregnada de la narrativa de Víctor Mora. Y cuando digo “toda”, digo TODA. Al menos la generación masculina a la que se dirigían los cuadernillos apaisados del género aventurero, los niños del franquismo que descubrieron mundos, historias, peripecias maravillosas en las cabeceras que Víctor Mora inventaba.

Su legado empapa la intrahistoria de este país, y su fallecimiento es un adiós irremplazable. Vivió 85 años y millones de historias en papel barato que podías conseguir en el quiosco de la esquina.

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El Jabato, Mora y Francisco Darnís. fuente: http://gentedigital.es/comunidad/comics/files/2016/08/6.jpg

 

Las crónicas del sin nombre, cómic adulto por Mora y Luis García

Las crónicas del sin nombre, cómic adulto por Mora y Luis García

 

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Traductor de Astérix

 

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La crítica de cómics hoy.

Vía el muro de David Rubín y su hilo de comentarios descubro esta crítica digna de un amateurismo en crítica de cómic evidente. Se habla de un texto sobre un tebeo que en principio dibujaría Evan ‘Doc’ Shaner al completo y que finalmente es dibujado a pachas por Shanner y… otro autor. Y dice el autor de la crítica:

No me quito el mal trago de que DC vuelva a hacer otra vez de las suyas. A que vuelva a desaprovechar la oportunidad de sacar un número 1 brillante por no haber tenido la planificación adecuada. ¿No era mejor haber sacado un cómic de menos páginas? ¿Os imagináis que el Star Wars #1 de Marvel hubiese salido con 10 páginas dibujadas por otro que no fuera Cassaday? Después de anunciar a bombo y platillo una cosa, queda mal y feo que hagan algo diferente y que, además, desluzca el resultado de un dibujante brillante como Shaner con otro que, sin ser malo, no le alcanza el nivel a pesar de intentar imitarlo.

No enlazo, no se trata de eso, no buscamos quién o dónde, si no que pretendo analizar el hecho. Sí diré que no hablamos de un blog personal o algo así.

El “imitador”, el “sustituto” de Shanner (dibujante en activo desde el siglo XXI y del que conste, no estoy opinando aquí, en absoluto) es… Steve Rude.

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“Nexus”, personaje y colección creados por Steve Rude y Mike Baron en 1981.

La sensación que me ha transmitido el texto es la de un fanboy que desconoce la historia del medio y que además no se ha molestado en contrastar datos. Es facilísimo sacar cuatro conclusiones de la categoría histórica de Rude (no hablo de su calidad, de si gusta o no, hablo de datos, historia, carrera, premios… cuestiones objetivas) paseando diez minutos por la Wikipedia o Lambiek, por citar lugares de consulta sencillos y al alcance de cualquier crítico de cómics.
Personalmente creo que un serio problema en la crítica de historieta actual es la falta de filtros, y el acomodo al método “personal blogger”, que desde luego NO debería ser patrón en una crítica rigurosa.
Todo esto no pretende ser un ataque personal ni al firmante del texto ni al medio que lo ha alojado, pero sí un punto de reflexión, ojalá de inflexión también: creo sinceramente que el “mercado” de medios de crítica se está retrayendo y relajando. Al cierre por agotamiento (Entrecomics) podemos unir la relajación de otros que permiten párrafos como el arriba señalado. No quiero resultar incendiario ni, repito, personalizo en nadie pese a partir de un ejemplo (llamativo), si no dar un toque de atención al respecto de esta sensación, que es mía pero que, apuesto, comparto con algunos colegas. No imagino Dirigido o Rockdelux aceptando un texto tan indocumentado, ni a un colaborador de esos medios escribiendo con piloto automático y sin el sentido de la responsabilidad que debería darnos escribir crítica en medios públicos de información y divulgación.

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Las cosas tras Entrecomics.

Hoy cierra Entrecomics y por eso debemos mirar hacia el futuro.
Para lágrimas, El Secreto de Puente Viejo.

Pero para mirar el futuro mejor conocer e pasado y el presente, y en ambos está Entrecomics (última reseña, publicada hace un rato, calentita, léela). La realidad es que internet ha supuesto un antes y un después para la información relativa a la historieta. Un antes y un después al menos para el usuario. Si hasta hace unos quince años para estar informado tenías que comprar Volumen, o U, o antes El Maquinista Mensual, o el Krazy o lo que fuera, con internet y a un gratuito clic, podías entrar en varias páginas, blogs personales o comunitarios, donde se subían las noticias que los editores mandaban a esos “medios” o que el gestor del blog leía en webs de las editoriales (del mundo entero) u otros blogs. Además, los gestores de las bitácoras publicaban críticas de opinión (y las publican, claro, debería decirlo todo en tiempo presente, sigue habiendo blogs). Podías encontrar a un plumilla de gustos afines de quien “fiarte” o al menos a quien leer para conocer la oferta de actualidad. Y leerlo gratis.

Sin embargo todos esos sitios han adolecido de una característica. No son profesionales, la publicación suele ser arbitraria, y más bien libre y sin poda o ponderación de un consejo editorial o siquiera una segunda opinión. Y de existir esta en los blogs de autoría global, evidentemente no hay contratos de por medio, ni siquiera facturas por publicar en esa bitácora, donde todos arrimaban o arriman el hombro por satisfacción personal y poco más (a veces, por proyectarse en el paisaje laboral de los editores españoles, lo cual me parece lícito, por supuesto, y más en un mercado donde no podías demostrar de otro modo tu profesionalidad). La blogosfera, en fin, mira al cómic atendido y mimado como acto de amor, circunstancia que también hay que poner en valor y que personalmente sigo practicando. Pero cuando las cosas se hacen por amor cuando ya no hay mojo simplemente lo dejas. Es lo lógico. Y el mojo, es obvio, acaba flojeando con los años. Es evidente que mi relación con este Serie de Viñetas hoy no es la misma, ni de similar intensidad, a la que tenía cuando nació. Tranquilos, mis cuatro lectores, yo no cierro. Pero esto es distinto, es un poco mi casa, como en El Octavio Pasajero hago lo que me place dentro de un orden (porque el blog pertenece a un grupo de información generalista, pero vamos, aquí hago y deshago a mi sensato antojo). Si hablamos de algo como Entrecomics, hablamos de una estructura de varios integrantes a los que sus tareas “reales” en primer lugar pudiera estar impidiendo mantener una periodicidad que es clave. Se acabó la era de definir los blogs como diarios, eso es evidente, para los de matiz personal. Pero una bitácora creada por un equipo, que no es la voz personal de un firmante único, sí requiere, pienso, cierta cualidad de periodicidad, secciones… un aire, en fin, de revista. O la operación no tiene sentido, pienso.
Que todo (TODO) en  Entrecomics nazca de la pasión por el medio y se mantuviese diez años a base de voluntad y nuevas incorporaciones siempre primando la calidad de los nuevos miembros del asunto, da fe del mucho amor por el medio de los cuatro (cinco en origen) miembros “clásicos” del blog, a los que se uniría esa vela-broma de cumpleaños que soplas, se apaga y enciende de nuevo sin desfallecer que responde al nombre de Gerardo Vilches. Pero hasta esas velas se dan cuenta de que ya ha pasado el momento de arder. Al menos, de arder en
Entrecomics. Mejor soplar una última vez que resistir siendo solo cera.

¿Qué es lo mejor que puede decirse de un momento triste como este? En estos diez años Mar, Fer, Iñaki y Berni, Big Man Berni, con el concurso extra(ordinario) y posterior de Gerardo Vilches (permitidme que al resto os considere colaboradores externos, notables, pero externos) han crecido con el medio pero no han mostrado ni una cana en el blog: Entrecomics se ha mantenido fiel a los tiempos que le tocó vivir respetando siempre el legado del pasado, comprendiendo el presente y aspirando a un futuro desde un hoy que no sea trasnochado. Y eso es importante. Además, siempre desde la transversalidad y sin despreciar ninguna escuela, género, latitud o tendencia. Solo regidos por el gusto crítico, uno en mi opinión exageradamente bueno.

Pero bien, dice el dicho aquello de “a rey muerto, rey puesto”, y ciertamente es una inercia. De momento ya parece que nos estamos empezando a dar cuenta de que Facebook o Twitter no tienen nada que ver con todo esto, las redes sociales son petardazos que se pierden como lágrimas en las viñetas de Geoff Darrow. No garantizan permanencia, no se puede recuperar un tuitt o cuesta dios y ayuda. Las rrss son solo un cacareo ruidoso en una cámara anecónica.

Por otro lado, yo y Geraddo Vilches ya hemos recibido algún mensaje proclamando CuCo, Cuadernos de cómic como “el sustituto” de Entrecomics. Y no, NO LO ES. Porque además es otra cosa. De hecho me atrevo a decir que en un aspecto es mucho más profesional que Entrecomics, en tanto que su crédito académico es efectivo, y esa es la meta de los cuadernos, y no la divulgativa (presente en una sección de crítica, de acuerdo, pero no de estricta actualidad). Y qu eesa profesionalidad (no de lo remunerado, si no d elo reconocido) nos “obliga” a mantener en una determinada vía al proyecto, sin dedicarnos a experimentos con gaseosa. CuCO existe porque no hay dos como él, creemos, y por tanto, porque era necesario y pertinente. No nació para sustituir nada. Tampoco estoy por la labor (ni creo que Gerardo) de convertir nuestro blog, un discreto y tranquilo medio de avanzar asuntos del proyecto nada más, en un confeti de noticias y novedades. No verás eso en El nido del CuCo, me temo.
Otros blogs del palo entrecomiquero (de grupo, vamos) persisten con energía, pero carecen de la transversalidad de Entrecomics. Son, por así decirlo, sectoriales.
Pero ¿porqué en todas estas ecuaciones la parte débil es la palabra “profesional”? Este es el futuro que tenemos que tratar. Qué ha pasado lo sabemos: muchos fans han montado pequeños milagros que han servido, en parte, para lograr levantar un paisaje, el de la historieta, que languidecía.
La cárcel de papel (blog personal de Álvaro Pons que alcanzó cotas de popularidad intuyo que difícilmente soportables por un único par de hombros) traspasó las fronteras del fandom un par de veces. Entrecomics se convirtió en referente para los editores, hasta yo recibo mails de editoriales que desconozco y que se aproximan por mis labores como divulgador. Pero quizá el fin de Entrecomics pueda servir para plantear un escenario nuevo. ¿Es eso posible? Si nos vamos dando cuenta d eque se están perdiendo sitios de referencia con información, divulgación y crítica que no sean volátiles, ¿puede pasar “algo” para cambiar esto? Por ejemplo: si hay un tejido de críticos interesantes que pueden aspirar a profesionalizarse, esto es, cobrar por su trabajo :O, y si los editores ven a ese círculo de firmas como un sustancioso activo para la promoción de su oferta editorial, quizá habrá que plantearse algo. No sé, ¿La ACDCómic, se ha apuntado ya? Difícil porque caeríamos otra vez en el “dejar hacer dejar pasar” como táctica editorial y porqu ela misión de la asociación no pasa por facturar colaboraciones. Pero sí a lo mejor los propios editores pueden ser un nuevo motor. Creación de una plataforma común que centralize un servicio de novedades, y que gestione un cuadro crítico, pero al tiempo pienso que debería de tratarse de una plataforma que garantice la libertad del crítico, claro, para trascender lo meramente publicitario. Si no son los editores como conjunto o colegio, uno de ellos con arrestos (después de todo, El País tiene Babelia, referente de crítica y actualidad al que podemos poner peros, pero que ahí está, marcando e influyendo, y dinamizando el sector).

¿Sería una vía? La veo tan atractiva como peligrosa, tan posible como imposible. No pretendo haber analizado la realidad y encontrado las soluciones en Diez Recetas Místicas, son solo ideas que se me ocurren como posibilidad evolutiva. Pueden ser otras. Pero es o eso, mover ficha, o seguir viendo cómo la gente se cansa y cierra sus proyectos altruistas en beneficio del twitt rápido.
El peligro es quién tiene el caudal y los recursos para crear ese medio  y qué supondrá una plataforma semejante para los editores independientes, los micro editores y la amplísima oferta de la autoedición en nuestro país. 
Puede que ahí jugase un papel activo el compromiso de los críticos dentro de esa Gran Plataforma, pero no lo sé. Creo sinceramente que no tantos plumillas se fijan en mucho más que lo que publican cuatro editores cañón y tres curiosas editoriales literarias que se han arrimado (benditas sean) a la novela gráfica. El equilibrio para ser justos tiene que ser absoluto. No creo que Gran Danés, de Julia Huete, merezca menos atención hoy que Cuaderons Japoneses de Igort o Chiisakobe de Mochizuki, y mucho menos porque unos los edite un editor “potente” y otra un francotirador “micro”. El peligro de un gigante divulgativo pasa por el peligro de toda corporación capitalista en bruto, y eso NO me gustaría.

Pero pase lo que pase, me parece que el momento es interesante, respecto a la divulgación de cómics. Y el cierre de Entrecomics merece la pena ser contemplado no como un cierre abrupto y un vacío a rellenar rápidamente con algo parecido (pero peor, ni lo dudes, peor), si no como un signo del aquí/ahora. Si todos analizamos estos tiempos (lectores, críticos, editores y autores) puede que saquemos algo más interesante que un llenahuecos, y el cierre de Entrecomics habrá servido para algo de un modo que ni sus patronos sospechaban.

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FOSFATINA2000

La editorial viguesa Fosfatina se hizo un pequeño nombre como abanderada de cierta vanguardia en sus primeros pasos. Publicando cosas de autores osados y muy jóvenes, pudo llamar la atención en ciertos lugares ad hoc, salones de la autoedición, por ejemplo.
Pero su pequeño hito está siendo ahora, y supone una idea tan romántica como cabal. Si el producto Fosfatina tiene algo de amateurismo (dentro de una estructura profesional, de una microeditorial hermana menor de otra literaria), mucho de mimo y todo de singularidad, ¿porqué no navegar ciertas aguas reservadas, se diría, a los autoeditores y el do it yourself? Si la era de la novela gráfica (¿está mutando, está pasando o es un concepto más elástico de lo que muchos creían?) promovía la autoridad del autor sobre todas las cosas, apegada pero no sumisa a un formato-libro que funcionaba en obras “para lectores maduros”, ¿porqué un editor que defiende la vanguardia y cierto espíritu de artesanato asalmonado (quiero decir, a contra corriente de todo) no va a investigar desde la raíz, esto es, desde la propia editorial, con el formato? Así nace FOSFATINA2000, una bomba artie con forma de micro-píldoras artesanales. Una colección de intencionalidad bimensual que frente a lo que ha sido y es la novela gráfica, sí imprime unos patrones físicos totalmente preestablecidos a sus autores. El juego es usar sobre todo papel reciclado o papel volumen, formato DIN A4, y la técnica de reproducción es la risografía.
Si no sabes qué es la riso, puedes leer este post del blog de Sergi Puyol, autorazo enamorado del asunto que lo explica magníficamente.

El proyecto sistematiza así una línea de cómics experimentales en lo formal (el método risográfico tiene cada vez más adeptos en el mundo del cómic de vanguardia, y en el de la ilustración artística en general) y en el fondo , pues las obras que se acogen al sello son osadas, investigan, atomizan y reconstruyen el medio, hasta en ocasiones soslayar lo narrativo. En su seno han cabido ya trabajos diversos: Roberto Massó, Pepa Prieto, Begoña García Alén, el incraíble José Ja Ja Ja, Ana Galvañ, Andrés Magán, que es una de mis actuales firmas de cabecera,  (su trabajo es por cierto el que me falta de esta colección, prometo ir a por él pronto) y Julia Huete. Todos abrumadoramente interesantes, aunque si me apuntas con esa escopeta y me pides un podio, partiendo de que me falta una lectura (Magán), apuntaría a Huete y Galvañ sin demérito del resto. Porque en serio, hay que ser muy fosfatino para hacer maravillas como esta colección, toda ella.

Gran Danés de Julia Huete

Gran Danés de Julia Huete

La editorial, además, ha inaugurado una suscripción anual, para hacerte con todos los números de la “serie”, el Club Fosfatina 2000, que claro, incluye descuentos, ahorros y regalitos. Y que acercará a tu humilde morada los trabajos ya editados o venideros de Huete (el mencionado arriba), María Ramos, Cynthia Alfonso, Berliac, Nacho García, Los Bravú, Óscar Raña y Berto Fojo.

2000 razones para apostar por “la 2000”

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Los medios y el cómic.

Me he encontrado este artículo en un diario de papel. Muy interesante, leedlo, por favor, antes de seguir con mi post:

DEFdiario

Vale, sí, es una broma, lo he escrito yo. ¿Pero a que leer ese razonamiento nos resulta a todos disparatado? Nadie en su sano juicio y moderada capacidad cultural, intelectual, dudaría de que a través de la literatura se puede tratar cualquier tema que un escritor se proponga. Como lenguaje no presenta trabas para el artista, en ese sentido. En realidad esta máxima se debe aplicar a cualquier disciplina narrativa: literatura, cine, teatro…. cómic, pues claro. Solo son medios distintos de contar historias. Y cualquier tipo de historia.
Somos conscientes en esta casa, sin embargo, de que pese a la formidable capacidad del lenguaje historietístico como arma narrativa, ha habido condicionantes, de tipo industrial, que prácticamente imposibilitaron durante muchos años la proliferación en el mercado de un espectro amplio y sin trabas, respecto a temas y tonos. Más aún en España. Además no nos engañemos: cuando un medio crece voluntariamente maniatado por sus mecenas (para el caso: las empresas editoras, los autores que gustan del marco de trabajo que tienen, y los lectores que quieren eso exactamente), los artistas no se mueven en el campo más óptimo para el crecimiento.

Pero creo que nadie con un poco de inquietud pone en duda hoy porhoy, en 2016, digo, que al menos desde que Maus abrió una determinada espita en los setenta, el cómic puede tratar cualquier tema y de hecho, hay ejemplos de ello. Por eso andamos todos los amantes de la historieta loquísimos con este artículo del áspero e insigne ABC (clic en la propia imagen para leerlo entero):

abc

La cuestión no es la mera denuncia del hecho puntual. Hay que pensar que en fin, es verdad que a nivel mediático se ha abierto una vía ancha que hasta el presente siglo no había. No la de las ventas o la consideración del cómic como producto con capacidad de enganche, si no la de la empatía con una nueva tendencia: cada vez hay más lectores de cómics, de novelas gráficas, que no tienen una cultura previa en lectura de cómic, que han accedido al medio ya adultos. Y en general, lo hacen gracias a la labor de los medios generalistas, que también han evolucionado.
Pero no tanto, en casos, como nos gustaría a algunos. Aún reverbera en mi cabeza, profundo pero insistente, Carles Francino cuando hace años, tras hablar de “36/39, malos tiempos” de Carlos Giménez, dio paso a otro tema diciendo (más o menos) “y ahora vamos a seguir con literatura, pero de la seria, de la de enjundia”. Ojo, despachaba así una obra sobre recuerdos personales de la guerra civil…

Quiero decir: no pasa nada. Seguro que Francino no lee un cómic desde que usaba pantalones cortos, y no creo que fuese ni de Giménez y su producción infantil. Su criterio me importa y afecta tan poco como el del Pozí, respecto al medio. Pero la cuestión es que Hoy Por Hoy mueve miles de oyentes. Y el ABC también. Y los medios, en fin, deberían ser conscientes del papel vertebrador de lo cultural en una sociedad. El cómic es cultura, una pequeña parcela, pero debería cuidarse. Hay medios que no dejan el tema a cualquiera. Que requieren a periodistas expertos para hablar de historieta cuando creen que procede. Mientras esto no suceda en todos los periódicos, revistas, espacios radiofónicos y mass media en general, mientras los divulgadores no nos hagamos valer y protestemos (sorda protesta, pero bueno) cada vez que detectamos una barbaridad como el titular capturado, creo que aún hay camino que recorrer. Y francamente, yo quiero recorrerlo,ver que el camino hacia la respetabilidad emprendido por Art Spiegelman, Marjane Satrapi o Paco Roca conquista el universo.
Es bueno para todo el medio, de quien quiere publicar en DC a quien camina la senda autoeditora, pasando por la teoría profesionalizada, claro, porque el texto de portada/entradilla del ABC es cualquier cosa menos eso, crítica profesional.
Me ha espantado TANTO leerlo que me he largado corriendo al terminarlo:

Master Race, de Albert Feldstein y Bernard Krigstein ( revista Impact # 01 de marzo-abril del año 1955, EC Comics)

 

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El camino hacia adelante

Refexión tras leer ayer Dios ha muerto de Irkus (M) Zebeiro y Gran bola de helado de Conxita Herrero. No es este post un análisis ni una crítica (ambos me gustaron, uno por sus destellos increíbles, otro por su monumental ambición y resultado).Pero lo primero que pensé es que al cómic ya no lo conoce ni la madre que lo parió (cita de un político de la transición) y que mejor así, y que si mandaran los rancios por doquier no tendríamos los discos de Aries o el cine de Carlos Vermut, por ejemplo. Y que todo sería Capitán América Civil War (peli que me gustó, con lo cual esto no es un ataque a la convención, digamos, si no una defensa de la ruptura, que no es lo mismo).

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Páginas de irkus (M) Zebeiro y Conxita Herrero, respectivamente.

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Darwyn Cooke

Toca hablar de Darwyn Cooke (Toronto, Ontario, 16 de noviembre de 1962–Florida, 14 de mayo de 2016), cuya muerte ayer, triste e injusta, noticiamos estos días. Su carrera es vasta y enmarcada en las más grandes editoriales de cómic del mundo: DC, Marvel. Además ha creado Parker, un poco lo que sería su proyecto personal al margen de la “industria”.
Se posicionó con fuerza a partir de su colaboración con Bruce Timm en las series de animación de Batman y Superman, éxitos catódicos que le abrieron las puertas a DC Comics. Su relación con las grandes editoriales fue intensa (con obras del calado de New Frontier, posiblemente su obra más exitosa) pero no por ello acrítica. De DC llegaría a decir que “solo me llama cuando quiere hacer algo divertido. Soy algo específico para ellos.”

No soy un gran seguidor de la obra de Cooke, pero reconozco sus virtudes. Con su dolorosa y temprana muerte perdemos un gran dibujante de cómics, dueño indudablemente de un dibujo fabuloso donde, prevaleciendo por encima de modas generales del maistream más hueco, siempre se ha mostrado estilizadamente exquisito y elegante:

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Tonterías sin importancia.

En un hilo de comentarios de un diario generalista me topaba esta mañana con una de esas frases descalificativas y prejuiciosas hacia los cómics. “La literatura, la de verdad, es otra cosa. El cómic es entretenimiento, con más o menos ínfulas”. Uno cuando lee estas cosas se siente Teseo en el laberinto, en medio de una encrucijada.

¿OCTAVIO LEYENDO MAUS? No, no... "Octave Maus Reading", de Theo van Rysselberghe (1883-84)

Ínfulas: ¿OCTAVIO LEYENDO MAUS? No, no… “Octave Maus leyendo”, de Theo van Rysselberghe (1883-84)

Encrucijada, sí: es evidente que este tipo de comentarios no buscan nada, solo cierta ofensa gratuita. Lo que la era virtual ha denominado “trollear” y que la era sensata siempre ha denominado “querer tocar las pelotas sin más”. Por otro lado quien piense eso respecto a la historieta, y con esa llanura y atrevimiento público, no es objeto de mi interés. El no aprecio es lo mejor en esos casos.
PERO… cuando este tipo de boutades las manifiesta alguien en un medio generalista este Teseo se siente en el dilema: lo mejor es no apreciar, cierto… pero si contestamos, educada y razonadamente, quizá otro lector del medio —uno que no es un troll “con más o menos ínfulas” de intelectual diletante a 140 caracteres— razone sobre mi respuesta (siempre gloriosa, iluminadora y brillante, no puedo evitarlo) y decida que, bueno, igual no es así, quizá hay que entender los cómics como algo más que pseudo literatura ocasionalmente pretenciosa. Quizá puedan gustar a cualquiera y solo sea cosa de buscar el que te puede ser enriquecedor, dentro de los gustos de cada cual.
Tampoco creo que sea algo importante. Para lograr eso lo que hay es que escribir ponderada y sensatamente en todas partes sobre cómics, los buenos, los que te gustan. Hacerlo honradamente, da igual que lo hagas en tu muro de Facebook o en El País, en tu blog o en una web cultural. Lo que varía es el alcance, claro, pero no el objetivo y, con suerte, los resultados.

Y por supuesto, hay respuesta para la astracanada del anónimo comentarista del que parte toda esta diatriba sin importancia: no hay literatura “de verdad “como no hay literatura “de mentira”. La literatura ES, es algo, una disciplina, arte, con sus propios códigos de creación, desarrollados a lo largo del tiempo. Y el cómic NO es literatura como el teatro griego no es música. Son cosas distintas. De hecho, desde el “lado defensor” creo que se le hace flaquísimo favor a la historieta cuando se argumenta que “también es literatura”, porque insisto, NO lo es. En todo caso, como ella, tiene la capacidad, en tanto que arte narrativo, de emocionarnos y de tratar cualquier tema, del más banal al más trascendente. Eso sí.

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El cómic es un arte… pero bueno, da un poco igual

Esas cosas de las redes sociales. Resulta que parece ser que ayer fue el día del beso o una tontería así, y la gente en alardes de originalidad ha empezado a colgar “besos” en la red. Que está bien, mejor besos que culos, quizá… Como otras veces, me disponía a aprovechar la parida del día para hacer proselitismo con una historieta, y llego a la necesidad cascarrabias e imperiosa de hablar en este blog de algo evidente. Luego volveremos a la anécdota que lo origina todo pero ahora centrémonos un poco en cuestiones generales.
El cómic es un arte. No se si alguna vez lo he comentado por aquí. Pero lo es, tengo el convencimiento y evidentemente a estas alturas de la historia del medio quien piense lo contrario ya no solamente no tiene razón, si no que no tiene una base mínima. A mí no me gusta la zarzuela pero jamás pensaría que no tiene valores artísticos. Un arte puede gustar más o menos, pues claro. Pero si se es (por historia, por desarrollar una expresividad propia e intransferible, etc) pues no hay más que discutir. Ni es bueno o mejor, ni malo o peor ser o deja de ser algo artístico. Si acaso, merece la fidelidad, para reconocer una obra no hay que tergiversarla, hay que intentar conocerla en su pureza. Por eso es mejor ver una película en versión original que doblada, ¿no?.
Por otro lado, como producto industrial que también es, la historieta se ha visto sometida a caprichos tan delirantes como las ediciones Vértice en formato bolsillo, que es lo opuesto a no tergiversar un original. Para adentrarse en esa dimensión psicotrópicosomática de Vértice, os recomiendo leer este artículo simplemente maravilloso del Sr. Ausente.
Es así: las editoriales durante mucho tiempo no se paraban en pensar que tuvieran entre manos nada más que un producto-basura de entretenimiento pueril y de consumo rápido, sin importar si ese producto constituía un eslabón más en una larga tradición, si era un arte que hay que respetar. Ellos producían entretenimiento masivo y barato (low cost, se dice hoy). No se ponderaba la fidelidad al original ni el respeto al trabajo de los autores. Por ejemplo: un autor de cómics va a pensar muy bien la página que dibuja. Toda ella es un juego de equilibrios, narrativo y también estético. Es uno de los muchos elementos que deberían importar, y que hacen de la historieta algo único, y maravilloso porque no puede compararse con nada. Una muestra:

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En estas dos páginas del famoso Watchmen, Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins orquestan un juego especular (y espectacular también), aplican un eje central (la separación de ambas páginas) para crear una serie de simetrías entre cada una de sus mitades.
Cuentan, para ello, con la doble pagina. Venías leyendo tan tranquilo tu tebeo y en un determinado momento (mitad del capítulo exacta) doblas la página y te topas con todo esto. El efecto es potente, sí, y evidentemente los autores contaban con ese “pase de página” y su efecto en la narración y sobre el lector.

De hecho en el comic book más comercial (piensa en Spiderman, Superman etc) los tebeos llevan en medio del cuaderno, por cualquier parte, páginas de publicidad. Estas se aprovechan o son contadas también a la hora de programar dobles páginas, por ejemplo. Y claro, hay que tenerlo en cuenta cuando se edita en castellano.
O te encuentras que esta magnífica escena de/con beso (sí, volvemos a la anécdota que origina este post)

swampthing34-2

…se convierte, en la edición “de lujo” en castellano -un grueso tomo de más de 400 páginas, que costó en su día 35 € en la edición de Planeta de 2010- en este despropósito:

swampcollage
No sé si el troceado, infame, es cosa de los autores en un ataque de dineritis para una edición de lujo. En Alan Moore, Stephen Bisette, John Totleben y Tatjana Wood (firmantes de este Swamp Thing #34 en 1985) me extrañaría mucho, y más conociendo la relación de Moore con la editorial DC. Intuyo que realmente debe ser cosa de DC Comics, que la editorial americana haya perpetrado semejante remontado con la edición en comic book para vender el tomo lujoso sin contar con las propiedades de la obra. Puede ser cosa de Planeta, en España.

En todo caso, y perdonando la expresión, menudo cagarro.

Bueno, el caso práctico me sirve para la reflexión obvia: que la historieta, si se la quiere como lo que es, un arte, debe ser respetada. Que un editor debe honrarla, mostrarla en toda su riqueza. Toda adaptación por modas (ah, esas “novelas gráficas” que no lo son realmente, esos álbumes europeos reducidos…) o por necesidad (la imposibilidad de recuperar color, por ejemplo) son heridas  a la obra original. A veces inevitables, otras, fácilmente subsanables.Es cuestión de tacto y de entender la historieta como yo, nada más.

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Mejor donde no te conocen

Psicoexpo

Psicoexpo

Ayer he inaugurado una exposición (información aquí). Bueno, he… hemos, todos los implicados. Yo como comisario hice una “visita guiada” y tengo sensaciones demasiado buenas como para no comentarlas. Creo que es un buen punto de reflexión.
La expo, que hace una panorámica sucinta de la historia del cómic gallego desde Castelao hasta hoy (con paradas significativas, también con ausencias lamentadas) está en un pueblo, Porriño, de algo menos de 20.000 habitantes. Un sitio pequeño, seguramente con una actividad cultural más o menos voluntariosa, pero con todo, nunca un 
epicentro cultural.
Y lo que me ha llamado la atención para bien es comprobar que ante mi charla tenía a unos cuarenta o cincuenta visitantes. No solo las autoridades de rigor y familiares varios, si no gente que efectivamente se había acercado a ver “eso”. Gente muy diversa, además. Había padres con sus hijas adolescentes, había gente mayor y gente joven, hombres y mujeres, un poco de todo.
Hablé (porque se acercaron a hacer comentarios al final de la charla) con algunos de ellos, y creo que en términos generales no se trataba de espectadores “del mundillo” (y cada vez que usamos esa expresión una viñeta de Rob Liefeld sustituye a una de Will Eisner en el cielo de los tebeos, lo sé).
Lo que me interesó de todo este panorama es comprobar, en fin, que quizá es muy buena idea salir de los lugares comunes, los grandes eventos, las potentes capitales: es BUENO llevar el cómic a otros espacios, otros lugares ¿más modestos? Bueno, la actitud de interés genuino de la gente que he visto ayer es enteramente elogiable y digna de alabanza y nada menor. Me gusta pensar que el cómic, como arte, puede llegar a todo el mundo, y que descubrirlo, su historia, sus cualidades, su presente (con tanto, tanto futuro pese a los agoreros) puede ser un objetivo a cumplir en cualquier parte. Se puede descubrir el cómic también en villas más pequeñas que las grandes ciudades, es de perogrullo, pero no sé si se dice suficientemente. Se puede, sí.

Tal vez la irrupción de algo tan “exótico” como una exposición de cómic en un Porriño no genere una peregrinación de lectores “de casta”, típicos habitantes de “sus” librerías especializadas. Quizá el caballero que ayer se presentó como desconocedor del cómic pero vinculado a los archivos de prensa histórica, e interesado por ese aspecto, los cómics antiguos, pueda ser un tan buen objetivo para el noveno arte este como el fiel lector de DC. O mejor, porque un lector, fiel o no, si lo es ya está ganado. Además hay una diferencia. Uno acudirá a una exposición a ver algo que le ya le gusta (lo cual es genial, aquí me tienes haciendo lo propio siempre) y el otro lo hará por curiosidad ante algo cultural novedoso, que quizá, quién sabe, empiece a atraerle como nunca.
Sea así o no, creo que micromuestras de cambio como esta, una exposición en pequeños pueblos de provincias (será itinerante, sí), tienen mucho que ver con el presente. Estamos ya en 2016, hace por tanto unos ocho años que algo ha cambiado y los que no quieren comprender como fenómeno la novela gráfica no se van a desenrocar, pero lo que ese término ha traído es una nueva percepción, al menos en casos. Se tiene que salir del camino trillado, porque igual ya no es válido hoy (es otro tema, la “industria”, término caducado para el cómic hoy, o las expectativas para el medio en la sociedad actual y las que tiene la tradición menos dúctil del sector de la historieta), y sobre todo porque es bueno hacerlo, como modo de revolucionar las expectativas personales, singulares, que cualquiera puede llegar a tener respecto al cómic. Creo que es más importante convencer a un archivero que no ha leído un cómic en su vida de las posibilidades del medio, desde un interés genuino por el mismo, que no a diez lectores fandom de que todas las iniciativas para sacar al cómic de sus muchos tópicos (bienes coleccionables, librerías especializadas, endogamia…) es a la larga buena.

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