Opinión

No comparemos.

Una puntilla a mi post anterior, que disertaba sobre la objetualización de la mujer en el mainstream estadounidense. Me parecen alucinantes ciertas comparaciones, y desde mi humilde opinión demuestran que hay veces que no merece la pena discutir con según quién.
Juro que he leído a gente escribir que hoy Richard Corben y Robert Crumb serían vilipendiados por su obra. Porque claro, los que no comulgamos con la imagen que de lo femenino proyecta el mainstream norteamericano, debemos ser unos retrógrados.

Eso, ladies and gentelman floating in space (cita melómana) es confundir muchas cosas, demasiadas para explicarlas en un post, así que citaré una: no es lo mismo una táctica industrial transversal, vertical y hasta oblicua para potenciar un producto donde la cosificación femenina busca unas ventas fáciles por la vía de rebajar a la mujer ante un grupo lector mayormente masculino y joven (en teoría), que respetar la intención autoral de un creador singular. Sería como comparar los anuncios de champú en el caribe con Russ Meyer o incluso Federico Fellini y su gusto por lo voluptuoso. De hecho si Russ Meyer hubiese firmado un tebeo de Batwoman yo sería el primero en interesarme por él.

Crumb, Cabanes y una superheroína de DC que se obstina por salvar el mundo, la galaxia y su breve bañador.

Crumb, Cabanes y una superheroína de DC que se obstina por salvar el mundo, la galaxia y su breve bañador.

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Sexismo en los cómics.

La última polvareda en el mundo de la historieta es bastante ridícula salvo por su fondo.
Hace un tiempo Frank Cho, dibujante con una capacidad para hacer pin ups evidente, hizo un chascarrillo que incendió la red.

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A su vez era una coña que citaba otro polémico dibujo, este sí, una portada de Manara que en su día levantó otra brutal polvareda (¿qué portada? esta).

Volvamos a la Spidergwen de Frank Cho: nalgas en pompa como la de Manara, rostro de pícara dominatriz Lolita, y Spider mirando (no a los ojos de la señorita).
Para mí el tema de fondo no era Cho, ni la cuestión concreta del Spidergwen-dibujo, muy circunstancial, si no que veo que cada vez más el mainstream utiliza lo femenino de un modo que no es el que me gusta, y que además está incidiendo en los modos de ver las cosas en el fandom. Ejemplo: cuando en ZN enseñaron el nuevo diseño que Javier Rodriguez ha creado para una Spiderwoman pizpireta, juvenil, dinámica y renovada, hubo bastantes, BASTANTES comentarios sobre las tetas del personaje.
Eso, creo, no pasa en las conversaciones sobre el nuevo Locas de Jaime Hernández, ni sobre Bella Muerte. Obras donde lo femenino no recibe el tratamiento objetual de los posados que borda Cho y tantísimo dibujante Marvel o DC. Y ojo, en estas dos Grandes también hay cosas que van por caminos más cercanos a Jaime Hernández que a Cho (hablo del enfoque de lo femenino, nada más), como el caso de la citada nueva Spiderwoman, lo cual me gusta, y arroja esperanza.
Personalmente prefiero cualquier modelo narrativo que no derive en convertir en objeto a lo femenino (aunque sea en plan coña, no es importante hasta que se hace sistemático), lo cual no quiere decir que un personaje verista no pueda ser cien mil veces más atractivo, sexy y sugerente que una playgirl en una portada Marvel. Pero cada cual que elija el tipo de narración que le interesa. Eso sí, si consumes telebasura, telebasurero al final te volverás.

La sutil diferencia

Spider Woman de Rodríguez, Viuda Negra de Cho. La sutil diferencia

Por otro lado, las redes tienden a exagerar. Que se ha hablado de casi-campaña contra Cho, yo ni flores, el tema me queda muy tangencial, lo leí en Facebook y no investigué más. Ya dije que no me parece, la anécdota, lo importante, sino el marco general en que se desarrolla el caso particular.

Pero por donde no paso es por las reincidentes comparaciones con el tema Charlie Hebdo. Nadie exige nada ni a Cho ni a Marvel, pero todo producto cultural es susceptible de la crítica (lo contrario sería censura), y por supuesto, de decidir si lo quieres consumir o no.

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Pregunta-tipo.

Cuando moderé hace unos días una mesa redonda en Boom!, una pregunta que saltó de entre los asistentes fue: ¿porqué es tan difícil encontrar cómics para niños?

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Es un estribillo habitual pero que si lo reflexionamos un poco carece de base. Bien, es cierto que yo mismo puedo decir que me resulta difícil comprar cómics a mi hijo, pero también deberé añadir “me resulta difícil comprale… los cómics que a mí me gustan para regalarle”. Si realmente eliminamos el factor selectivo como compradores adultos y dejamos que sean las características intrínsecas de los cómics los que hablen del tipo de lector al que aspiran…¿realmente hay problemas para encontrar hoy por hoy cómic infantil Hablando en plata: si consideramos todos los géneros y latitudes, ¿no hay suficientes cómics infantiles en el mercado?
He jugado, acercándome a la web Whakoom, y he recontado tebeos para niños y chavales, digamos que hasta trece años más o menos. He prescindido de rellenos: si dudo de los contenidos, no lo recuento (así, cabe la posibilidad de que títulos de por ej. Yermo Editorial puedan ser lecturas para “jóvenes” de 12 a 14 años, pero al no haberlas leído, ante la duda sencillamente las descarto) ni caros (ej, más de 20 €: salvo despiste mío, descartado).
El recuento lo he hecho solo con lo editado en marzo e inicios de abril, mes y pico, lo más actual. Y me salen unos cuantos:

Tutor hitman reborn!; Toriko; Star Wars: Darth Maul: hijo de Dathomir; Saint Seiya. Los caballeros del zodíaco; Rin-ne; Little Battlers eXperience; Jaco. The Galactic Patrolman; Dragon Ball; Detective Conan; Buenas noches, Darth Vader; Don Miki; Bim bo gami ga!; Young Ronins (Víctor Santos); The Seven Deadly Sins; Supernatural Law; Sailor Moon Short Stories; Primates. La intrépida ciencia de Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas; Pequeño Peludo; Nisekoi; Martin Mystère; Malicious Code; Las Flores del Mal; Hora de Aventuras; Fullmetal alchemist; El Diamante de Corazón; Death note; Ataque a los Titanes; Your Lie in April; Grey is…; Orange; Nieve en verano; El intrépido Batman; Young Ronins; Mi Ángel Caído; Lucky Luke; Marsupilami.

No cuentes, son treinta y tantos.

Sumemos los que seguramente me he colado, quitemos un par que me han engañado y realmente no son lecturas para críos, añadamos sellos específicos para infantes cuyo catálogo está disponible en cualquier librería aunque en este mes no gocemos de ninguna novedad de su sello (como Mamut, donde podemos encontrar tebeos por franjas de edad que comienzan en la prelectura, tres años), y bueno… un mínimo de 35 posibilidades en 35 días me da para regalar más de un tebeo diferente por día el mes en curso. Me parece una oferta ya no sensata, si no generosa.
Entonces, ¿porqué esa pregunta en una mesa redonda? ¿porqué respuestas-tipo, siempre lamentosas? Creo que francamente nos movemos a menudo por mareas de clichés y conceptos “pre”, que si analizamos con calma y ánimo estadístico se quedan totalmente desmontados. En aquel foro apunté que desde la ACDCómic emitimos semestralmente una lista de lecturas esenciales en la que se particularizan cómics infantiles, de modo que todo el mundo interesado en conocer obras para niños puede apoyarse en fuentes, documentarse, porque las hay. Pero más allá de “soluciones” sería mejor atajar la cuestión como improcedente. Aunque mi recuento no puede entenderse como serio o estadístico, sí funciona en tanto que una muestra aleatoria y no selectiva o malintencionada. Y en un mes previo al bombardeo del Salón de Barcelona, marzo, un mes bueno pero no feroz (como será el pleno abril).
Hay suficiente cómic infantil, quizá no haya “suficiente cómic infantil a color, formato álbum, barato y que me recuerde a Astérix porque es lo que yo leía y quiero que mi hijo o sobrino lea”, pero si no nos autocensuramos podemos encontrar de todo, desde el manga hasta posibilidades más europeas e incluso, sí, algún toque superheróico (ese Batman para chavales, tocaba en este mes). También nuevos Astérix, ya puestos (uno viene en camino). Y si nos estiramos, hay que añadir integrales de clásicos que, personalmente por características de edición y el parámetro del precio, considero diseñados antes para el coleccionista que no para su hijo. Pero bueno, son tebeos infantiles, del palo Johan y Pirluit.
Lecturas fantásticas, aventuras, historias sentimentales, o de humor, acción, amoríos, costumbrismo. Mangas, europeo, cómics nacionales, americanos. Clásicos y novedades. De todo, y para esa franja que va del niño pleno al que está dejando de serlo para pasar a buen mozo. Tebeos para niños y niñas.
A partir de este momento entonces puedo comprar. Bien, ese fue otro sutra lamentoso en esa charla. El fandom, incluso el profesional del mundo del cómic, tiende al quejío, al lacrimae. Hubo en esa charla (muy animada y participativa, por cierto) saetas a las malas ventas del tebeos español (así, sin matices, plaf catapún), pero la que me interesa comentar es “la Otra”cuestión, El Quiosco. Alarguen las “o” al leerlo. El Quiooooscooo… porqué no se vende en el quioooscoo.

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Pues por el mismo motivo que el barco de vapor ha muerto como máquina para desplazarnos. Porque las cosas cambian, así de simple e impepinable. Y porque la industria del entretenimiento va por otros lados y debemos aprender de una vez que el cómic ya no es una parte sustantiva en ese universo. Hoy los niños tienen (gratis) tres o cuatro canales infantiles de televisión activos las 24 horas del día, media docena más de canales generalistas donde picotear espacios para su edad, cine en streaming (ni entro en lo de descargas ilegales), juegos on line, estrenos de animación a cascoporo, consolas, tablets, mucha literatura infantil… ¡por haber hasta hay, aún, cromos y gogos! El cómic puede existir en medio de todo esto, pero se ha redefinido. El problema es que mientras los editores reasignan su lugar de supervivencia y sostenimiento (que en España ya no es en los medios de masas ni en las tiradas astronómicas, salvo contadísimas excepciones), muchos lectores, a golpe de cliché, quieren volver a ver los años ochenta en 2015. Los quioscos se extinguen pero queremos verlos morir colmados de tebeos. Pues no vamos a ver eso, ni hoy ni, intuyo, nunca. Es una vía que ha fenecido, que tuvo su día. Hoy el cómic es otro tipo de producto, menos popular, lo cual no es bueno ni malo, solo diferente (al menos mientras pueda ser sostenible en su propia escala, lo cual es otro tema que da para más posts).
En fin, me parece importante que comencemos a analizar los lugares comunes y pensemos si no hay que revisarlos. Urgentemente.

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Cómic español.

La reciente aparición de los finalistas en las votaciones de los premios del próximo salón del cómic de Barcelona vuelve a poner en primer plano el tema “premios al cómic nacional”.
A ver, lo primero: felicitemos a los candidatos a “Mejor obra de autor español publicada en España en 2014”, que son,

He visto ballenas de Javier de Isusi (Astiberri Ediciones)
Historias del barrio. Caminos de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri Ediciones)
Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)
La Mondaine de Zidrou y Jordi Lafebre (Norma Editorial)
Las guerras silenciosas de Jaime Martín (Norma Editorial)
Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri Ediciones)
Las oscuras manos del olvido de Hernández Cava y Bartolomé Seguí (Norma Editorial)
Murderabilia de Álvaro Ortíz (Astiberri Ediciones)
Nosotros llegamos primero de Furillo (Autsaider Cómics)
Versus de Luís Bustos (Entrecómics Cómics)
Yo, Asesino de Antonio Altarriba y Keko (Norma Editorial)

A todos, suerte.

Pero los nominados son el pistoletazo de salida, año sí año también, a varias polémicas que nos recuerdan “El día de la marmota”. Una, la supuesta nacionalidad de las obras y la pertinencia de optar a según qué premio. Para el caso concreto, ¿debería un trabajo “mecenado” por una editorial de otro país, poder optar a un premio a mejor obra española cuando sus autores son españoles? Bueno, los premios son los premios de determinado órgano, que emite sus bases. Para el caso del premio del salón “Premio para la mejor obra de autor español publicada en España en el año 2014. Puede ser votado un cómic cuya autoría pueda estar compartida por autores nacionales y extranjeros”. Ergo, dadas sus bases, que son suyas y de nadie más, claro que puede, perfectamente. Volveré al tema en unos párrafos, pero la nacionalidad de la obra trasciende el asunto de los premios.
Yo opino que es un tema que va más allá de premios y óbolos. Simplemente para cualquier estudioso, para un estudio de historia del medio, es pertinente acotar la naturaleza de los trabajos que se estudien. Supone, en plata, conocer y/o justificar tu campo de estudio, y tu método. Personalmente lo más útil en este sentido creo que es, como he comentado en una conversación sobre el asunto en redes sociales, no plantear el tema en términos de gentilicos, “tal cómic es español”. Porque esto no nos aporta demasiado como fuente de estudio. Lo interesante es pensar en origen en tanto que producción, y por otro lado en autoría. Es interesante y casi diría consustancial a la historia del cómic ver que muchas veces se establece cierto grado de conflicto entre lo uno y lo otro (autor de aquí, obra para allá), y es jugoso plantearnos las causas y las consecuencias de ello: migraciones autorales, mercados aperturistas o no, situación de la industria cultural de la historieta en el país de origen del autor, economía local del sector, etc. Plantear las causas porque en ellas, y en la idea de la identidad y naturaleza de determinadas obras, podremos también acercarnos a, por ejemplo, un paisaje sociológico del cómic, o a ampliar quizás las causas de determinadas corrientes estéticas (la british invasion de DC), y sobre todo a comprender a través del arte la sociedad en la que ha crecido.
Un ejemplo. ¿

¿Porqué Jesús Blasco termina trabajando para Fleetway (y otras editoriales extranjeras)? En analizar este hecho (donde contrasta nacionalidad española y producción extranjera) podemos entrever la situación social y laboral de los autores de una determinada época (o cuanto menos la de uno de los más destacados), y la situación laboral que había en Gran Bretaña. También derivadas estéticas al comprobar si el estilo de Blasco se adapta a unos mercados y a otros… ¿Es “española” Zarpa de Acero? La pregunta y su respuesta son improductivas si no se hacen para argumentar determinada idea estética, social, histórica, cultural del hecho y la obra, y al final es preciso desglosarla: quién, dónde, para quién se hace la obra… porqué.

Pero el asunto de los premios que dejábamos momentáneamente aparcado no es tema menor. No lo es porque en el fondo se trata de definir qué pretenden valorar los premios, para qué nos sirven en España, este país de precarísima industria alrededor de los cómics. Quiero decir, es perfectamente lícito pensar que un premio otorgado en España premie a un autor español publique donde publique. En ello se atiende a la excelencia del susodicho y también, oye, si trabaja para Francia o Estados Unidos o Japón o lo que sea, al posible efecto “embajada”. Tanto de la calidad de nuestros autores como a la capacidad de abrir mercado para un trabajador que realmente, para lograr vivir del cómic, tiene mucha pelea que librar.

Pero un premio dado en España puede también pensarse para premiar a autores y editores de aquí que insisten en hacer del cómic nacional algo vivo y, de paso, parte de nuestro patrimonio cultural. Se puede premiar, en fin a un engranaje completo, autóctono y nacional, para quizá así dar impulso al sector. Al de aquí. Esta opción advertida en unas normas para las votaciones excluiría, ciertamente, el trabajo de autores que han decidido trabajar para el mercado extranjero (este es el punto polémico). Es francamente fácil exigir para las votaciones a mejor obra nacional aquella que es creada en castellano o idioma cooficial por autor o autores españoles y editada en su primera edición por editorial española. Me parece lo más justo, sin duda, aunque mientras las bases de determinados premios sean las que son, solo cabe aceptarlas y felicitar a los autores que obtengan el premio (y alegrarse mucho cuando son obras fabulosas).

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El nuevo código penal

Está en boca de toda la profesión del mundo del cómic, la reforma del código penal impulsada por el Partido Popular desde su mayoría absoluta incide en la pornografía infantil de un modo totalmente desacertado, represivo incluso. Me permito enlazaros un artículo muy interesante de la web de Almeida abogados asociados que lo explica perfectamente, hasta poner los pelos de punta, aquí  (lee el enlace, por favor, es importante para continuar la lectura).

Bien, la verdad es que este panorama censor ante la representación dibujada de menores en actos “impuros” me parece tremenda, ya no solo supone todo lo que el texto enlazado explica perfectamente, sino que vuelve a asestar un machetazo, desde la cerril derechaza, a la cultura. Porque un asunto nada menor está en la feroz descategorización de la representación gráfica del acto sexual delictivo (nadie duda que lo es, en la vida real o el la imagen captada, sea fotográfica o fílmica). Restarle al cómic su condición de artefacto creativo, de discurso no verídico y fantasía intelectual es una opción muy equivocada. Y ningunea al cómic como arte, de paso. Convierte procesos creativos en meras postales manufacturadas, degrada el arte a mero hecho físico:

esto no es una fantasía narrativa, esto es pedofilia.

Torpedo 1936: “Lolita” (Abulí y Bernet, 1990). Esto no es una fantasía narrativa, esto es pedofilia.

Y es una degradación del cómic, porque parece ser que la recreación literaria del estupro se entiende no como un delito y enaltecimiento de un acto nauseabundo; una novela es arte y por tanto un proceso decosntructivo que partiendo de la realidad llega a otra cosa, que es la ficción artística. Las novelas, por tanto, no son reales, son una construcción metafórica aunque ilustren actos sexuales de adultos con menores (y todos estamos pensando ahora en ciertos clásicos literarios, ¿verdad?). Pero esta representación de infantes procaces son ya simples gruarrindongadas para la delectación de depravados que se excitan con niños:

Cabanes, La gallina ciega, 1985: van provocando.

La gallina ciega (Cabanes 1989): ilustración de menores provocando a menores para el placer de lectores pedófilos. Delito.

Desposeer al cómic, en fin, de sus cualidades fabulescas, quitarle todo su engranaje de proceso mental para crear ficciones me parece tremendo.

Pero es más, cuando alguien expurga sus demonios internos como Debbie Drechsler relatando su infancia, víctima de abusos sexuales paternos, ahora está cometiendo delito, y si tú lo lees, compras, guardas este cómic… con la reforma del código penal que viene de camino delinques.

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Debbie Drechsler, La muñequita de papá (1996), porno infantil explícito según la nueva ley en ciernes, aunque sea la terrible confesión de la infancia de la autora.

Es acojonante, es estulto, es no ver más allá, pero digo “más allá” y me refiero a medio centímetro más allá de la línea de dibujo. Parece mentira, en fin, que en 2015 haya que explicarle al Gobierno de una nación (la nuestra, lástima, estamos en el sitio equivocado en el momento equivocado) este concepto:

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Magritte en 1929: “Esto no es una pipa”

 

En realidad me temo que todo esto es algo que entronca con una política del Partido Popular por atomizar la cultura, considerada como un bien, sí, al menos si lo promueve el Gobierno y sus instituciones (esto es afín a otros gobiernos sufridos en la piel de toro, no nos desgarremos los trajes ahora) pero que no conviene alimentar en su total libertad. En los mismos días en que una nueva Wertada pretende reducir a tres años lo que a mí me costaba cinco (unos estudios superiores) parece que el deterioro de la cultura de nuestra nación sea un plan maestro que se está ejecutando con precisión cirujana. IVAS astronómicos, cavernas mediáticas atacando a nuestro cine, leyes convirtiendo el acto de dibujar en mera acción mecánica que no filtra creatividad alguna…

Que las Musas nos coja confesados si España sigue este camino.

 

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Charlie Hebdo

Sobre los terroristas crímenes de la semana pasada contra Charlie Hebdo, a condenar sin matices, he escrito en mi blog personal. Aquí.
También sobre comportamientos que se estaban viendo, los “Pero” más obscenos que recuerdo. Aquí.

La manifestación abrumadora de ayer en París, por la libertad (1.500.000 almas indignadas) y la próxima salida al mercado de la revista atacada, con un nuevo número que, aparentemente, no se va a cortar un pelo, debería hacernos reflexionar. Y yo, sin intentar convencer ni aleccionar a nadie, concluyo cuatro reflexiones personales.

1.- La vida es sagrada, no hay excusa, ni causas, ni ríos y lodos cuando se está asisitiendo al asesinato de un ser humano.
2.- El humor es un bien social, nos mejora, nos hace pensar, nos desafía intelectualmente. Y no hay límites para su ejercicio.Todo merece el escarnio bufo.
3.- Solo la ley (siempre que sea de raíz democrática) puede anteponerse a la libertad de expresión. Si te sientes agraviado por una portada o un cómic o un chiste, acudirás a la ley. No al crimen. La ley dirimirá objetivamente.
4.- El fundamentalismo yihadista es una minoría, nociva, ultrarreligiosa y política, a combatir. No hagamos el todo de una parte pequeña.

Creo que en este momento, además, vivimos una disyuntiva crucial. O abrazamos la idea del humor, el pensamiento libre, la expresión sin mordaza, libre también (repito, de iure), o estamos autocensurándonos.

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Libertad

 

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Destacando 2014

Sin ser un año brillante,2014 ha sido el de tres trabajos excepcionales: Fabricar historias, de Chris Ware, Arsène Schrauwen de Olivier Schrauwen (dos tomos, a la espera de la conclusión en 2015) y Las meninas de García/Olivares. Pero hubo más tebeos, muy defendibles y, lo diré de paso como quien no quiere la cosa, posible regalazo en estas fechas.

Cito los que más me han marcado. Hay muchos más (por eso una codilla final, era demasiado injusto no citar otros trabajazos), pero mi idea no es ser exhaustivo y proponer unas pocas obras esenciales (¿he dicho que muy regalables, además?). No incluyo portada sino un ejemplo de su interior, para que lo “cates” mínimamente si no lo conocías. Haciendo clic en la imagen puedes ampliarla para leerla con detenimiento. Haciendo clik en el título os mando a la descripción editorial, donde acaparar datos para pedir cada libro en tu librería favorita:

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Con FABRICAR HISTORIAS Chris Ware ha superado sus propios límites en una novela gráfica que indaga en el concepto del formato de los cómics: esto es lo nunca visto, una GRAN caja contenedora de tiras, comic-books, álbumes, “periódicos” y hasta lo que parece un tablero, todo albergando cómics de luxe que mantienen todo el ánimo innovador de su autor. La historia de un edificio y sus habitantes como (agrio) reflejo de la sociedad moderna. ¿El cómic de la década?

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Cosa seria lo de LAS MENINAS. Adentrándose en Velázquez y su cuadro Las meninas, Javier Olivares y Santiago García practican la más noble espeleología posible: la búsqueda del sentido, el fin y la incidencia del arte en el ser humano. Un guión asombroso en manos de uno de los dibujantes más fascinantes del cómic nacional solo podían arrojar una obra maestra. No lo digo por decir, así que lo repito: una obra maestra.

Olivier Schrauwen se me antoja la única figura del cómic mundial que podría hacer sombra al gigante Ware. Completamente diferente al americano, Schrauwen brinda igualmente un catálogo de novedades formales vertiginoso en su obra. Y siendo toda su producción necesaria, es esta historia sobre su propio abuelo la más destacable. ARSÈNE SCHRAUWEN (ya dos partes, será una trilogía) es un relato que desde la experimentación formal más osada puede llegar a un lector generalista, al evidenciar tanto las potencialidades del cómic como la sensibilidad de la historia que el autor tiene entre manos.

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En CUADERNOS RUSOS Igort desprecia las reglas consensuadas sin llegar a hacer ruptura pero sí buscando un camino particular. Y narra su historia preocupándose solo del resultado final. En la cabeza de Igort se diría que ese resultado deberá ser el impacto profundo en el lector. La verdad terrorífica de la Rusia contemporánea que destilan las páginas de esta novela gráfica es el sostén principal de la permanencia de este cómic en la memoria.

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OJO DE HALCÓN, o los superhéroes cuando molan. Aunque Matt Fraction y David Aja se divierten subvirtiendo las normas que el fandom diría inamovibles: no hay disfraces, no hay grandes peleas (acaso una acción muy setentera, casi una coreografía a ritmo de wah wah) y predomina cierto tono de comedia sofisticada. Pero el top aquí es la imaginaciòn del ilustrador, un Aja brillante en cada número con un culmen, “Pizaa is my business”, que es pura magia comiquera. Guau.

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Un clásico redescubierto, COWBOY HENK de Seele y Kamagurka es surrealista, irreverente, salvaje y tierno, un caleidoscopio para carcajearse a gusto con los más impensables disparates, y un abanico de humor que va de lo refinado (ecos de Groucho Marx) a lo tosco (muy underground por momentos). El post humor ya estaba aquí, en los ochenta.

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CULTO CHARLES ha sido el cómic nacional necesario. Un mini escandalete en las cavernas más cerradas (“¡Esto no es historieta!”) que realmente vino para hacerle preguntas al cómic, no para resolverlas. ¿Se puede contar las cosas de otor modo?¿Desandar la autopista para tirar por caminos de tierra asilvestrados?¿Reinventar las formas? José Ja Ja Ja responde: sí, sí y sí. Y con este semi debut (poquitas cosas previas) augura un autor imprescindible.

También me han gustado

  • Versus de Luis Bustos, el tebeo con pegada,
  • Fútbol, la novela gráfica (de Santiago García y Pablo Ríos): fútbol es vida, vida es historias, historias es mentir (a veces),
  • Una blanda oscuridad, de Sergi Puyol, esa mirada muy personalísima
  • Hechizo Total de J. Hanselmann, tu juventud ahora,
  • Tiempo de canicas de Beto Hernandez, tu infancia siempre,
  • lo que salga de la caja negra que es la cabeza de Gabriel Corbera,
  • o el caso que se debería estudiar en los libros de historia de la historieta, la revista en línea “Orgullo y satisfacción”, en la línea 2’0 de las cosas de Panelsyndicate, donde…
  • …Albert Monteys me ha alegrado el fin de año con ¡Universo!, el © del cosmos infinito.
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Fulgencio Pimentel en Faro de Vigo

A propósito de la edición del maravilloso Vampir, L’Amour, he dedicado hace unos días (¡se me pasaba el subirlo aquí! cabeza) un artículo a la casa Fulgencio Pinmentel, a mi juicio una de las editoriales más interesantes del panorama nacional.

Zasca, a un clic, te lo lees enterito.

: Visado : Página 6 Cómics Fulgencio

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Graf Madrid 2014: space is the place

Apetece reflexionar sobre Graf, el festival alrededor del cómic de autor, la autoedición y adláteres (ilustración, vamos) que con la de hace una semala y pico en Madrid ya lleva cuatro ediciones, entre la capital y Barcelona.

Hablamos de un evento que en esa última jornada ha ubicado su feria del cómic (33 stands entre editoriales “independientes”, galería de originales y autoeditores/fanzineros) y sus charlas en el Museo ABC de Madrid, y esto no es algo por lo que se deba pasar de puntillas. La asunción de un crecimiento natural, que no pierda la perspectiva de lo que uno es y ha sido, pero que sepahasta donde quiere llegar, es parte fundamental de todo proyecto con visos de permanencia. El inmovilismo gangrena porque nunca es tal: o te mueves o te estás moviendo hacia abajo sin darte cuenta, por inacción. Pero el movimento debe ser ponderado, para no perder la esencia cuando esta es tan buena como la de Graf.

¿Y Graf qué es? No es un salón “mainstream”, desde luego. Su espíritu es más DIY, su alma, una intensa apuesta por la creatividad.  Pero en su abrazo aspira a ser otra cosa diferente a un ferión del fanzine. Conozco en mi entorno eventos interesantes en este aspecto, pero Graf no da la espalda a editores como Astiberri, por citar a los que tienen un perfil más, digamos, “potente”. Y esto es buenísimo. Hacer compartir una misma vitalidad a quien edita “Arrugas”, una galería de originales (Vidas de papel) y un grupo de fanzinerosos sacando sus locuras es importante porque es una apuesta ética que comparto. Detrás de este espacio que hermana propuestas tan diversas hay un aglutinante: repseto por el arte del cómic, por la creatividad, por el autor y la obra.

Los stands: vender, comprar, mirar y charlar con mucha gente.

Los stands: vender, comprar, mirar y charlar con mucha gente.

 

He comprado bien poco, al final, aunque hubiera podido llevarme cincuenta mil cosas, pero maleta obliga ;) Y lo que he ojeado sin llegar a llevarme era ciertamente interesante. Pero Graf es más que comprar y vender (aunque ello es importante, es la parte contratante de la primera parte), hay una… una segunda parte contratante: las ideas. Las charlas. Las que vi (enteras o parte), fueron excepcionales, interesantes, divertidas y hasta marcianísimas en algún caso. Y participadas (llenazo perpetuo, también la zona de stands fue un “no se cabe” brutal en las horas “calientes”). Y bueno, fue una gozada escuchar a Luis Bustos, David Aja (me perdí su charla del viernes pero su participación en la de Bustos fue sobresaliente), Eva Vázquez hablando de su trabajo para prensa, o David Sánchez reduciendo a cenizas el postureo al describir una obra propia como algo que se le ocurrió, le gustó y lo hizo por eso, porque le gustaba, sin más discurso. Espero que todas las charlas se bajen a You Tube, porque merecen la pena.

Charlas en Graf. Pensar el cómic, hablarlo.

Charlas en Graf. Pensar el cómic, hablarlo.

Otro evento importante fue la visita guiada por Javier Olivares a su exposición sobre el cómic “Las meninas”. Asistir a una explicación con tantísimo discurso, desenfadada pero rebosante de chicha y mandanga, conceptos, ideas, revelaciones… ha sido impagable. Y llegamos así a hilvanar con el inicio de este post. La exposición llevaba tiempo ya en el ABC, pero el ojo de la gente de Graf ha sido sabio. Unir su propuesta a esta exposición fue un modo de imbricar con enorme naturalidad a un museo notorio con una propuesta de creatividad insobornada. Y así se da un pequeño salto más, que engrandece al proyecto y le da nuevos matices. Rompiendo barreras imbéciles que pretenden separar culturas por pisos (altos, bajos…) y demostrando que sin sinergia con el “real world” el cómic pierde la partida, el hermanamiento Graf/ABC se ha demostrado natural, lógico y con futuro.

Las meninas expuestas.

Las meninas expuestas ante la mirada de su autor.

Graf se ha redimensionado en su edición Madrid 14, porque apostando por la creación y el autor ha querido (ha sabido) buscar un locus donde su visibilidad crezca más allá de la presencia de los habituales a este tipo de fiestas (porque Graf es fiestas también, pub, conciertos y dj sesiones, aunque yo no llegué, vamos mayores y los viajes nos matan, me temo). Y con esta voluntad de crecer sin negarse, su triunfo ha sido completo. No es necesario hablar de cifras para constrastar ese éxito. Las hay ya, han contentado a la organización y suponen crecimiento, pero el tema no es cantidad, sino cualidad. Graf Madrid 2014 ha sido un dechado de buenas cualidades, mucha calidad, y es ya algo insustituible en España alrededor del cómic.

Pero más allá del análisis, para mí Graf es una oportunidad de reencuentros y emociones personales, así que no puedo acabar sin citar con pasión, devoción y amor a la gente con que he charlado, comido, cenado o al menos saludado con más o menos fugacidad: Martín López Lam, Juan Berrio, Manuel Bartual que se merece tres saludos efusivos (broma privada), David Aja, Javier Olivares, Pablo Ríos, los Rantifusos, Luis Bustos, Borja Crespo (uno de “los Graffers”), Los Bravú, David Sánchez, Nacho García, José Ja Ja Ja, Eva Vázquez… y la tripulación de Entrecomics Cómics, y César Fulgencio, Christian Osuna y por descontado Gerardo Vilches, co-chalado en esa cosa que hacemos bajo el nombre de CuCo y que esperamos de señales de vida pronto (¡parte del número 3 se cocinó en Graf, amigos!)… y debería citar a más gente, seguro, que olvido ahora. Dense por besados, abrazados y genuflexionados todos.

Gerardo Vilches y Octavio Beares (the CuCO Experience) charlando en Graf con Martín López Lam, autor, editor y mejor persona.

Gerardo Vilches y Octavio Beares (the CuCo Experience) charlando en Graf con Martín López Lam, autor, editor y mejor persona.

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Uniendo cabos sueltos o no tan sueltos

Acabo de leer Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares. Obra de la que hablaré largo y tendido, pero no aquí. Ahora querría detenerme en algo que me ha llamado la atención en las tres últimas novelas gráfica de García (y que sin embargo no usa en sus dos tebeos para ¡Caramba!, acaso porque hablamos de un formato, el cómic-book, que exige determinado ritmo, acaso porque alguno de estos tebeos, El Fin del mundo, se somete a un esquema de página cerrado e inmutable, por cuestiones narrativas).
Si nos fijamos, tanto Beowulf (2013, con David Rubín) como Fútbol (2014, con Pablo Ríos) se abren con una intro de pocas páginas o de tan solo una, que deriva en una ilustración a doble página. La obra maestra sobre Velázquez (queda dicho, lo es: compradla ya) se inicia con una doble página ya a bocajarro, pero pronto tras varias páginas añade otra. Valdrían ambas, la verdad, para seguir exponiendo mi tesis, pero la inaugural en esta ocasión hace antes las veces de telón cerrado, un marco previo de ubicación física y temporal y la segunda opera mucho más en el sentido que estoy intentando explicar (tercera imagen a continuación)

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Beowulf, el paisaje desolador

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Fútbol, el deporte más grande del mundo

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Las Meninas y la angustia del artista.

Santiago García emplea estas dobles páginas con el acierto de quien entiende el medio que usa. El cómic es un espacio libre que el autor acota, un inmenso blanco sobre el que desplegar la narración visual. No dudo que en cada caso los dibujantes han aportado su punto de vista y puede que incluso la presencia de estas dobles páginas sea una casualidad, pero qué casualidad más grande… porque en todos los casos este recurso tiene algo unificador, un modo de entender su función que va más allá de lo estético, conformando siempre una suerte de apertura del telón, por seguir con la imagen de arriba. Como si de una ópera se tratase, el inicio de estos cómics es una obertura, la melodía introductoria y preparatoria antes de que se abra el telón y muestre un primer cuadro. Por primera vez, en estas páginas dobles, contemplamos la realidad tanto física como, sobre todo, emocional de lo que se nos viene encima (de lo que vamos a leer, en fin) y lo hace, a la manera operística, del modo más grandioso. De un golpe de “grandeur” se nos ubica, sobre expuesta nuestra vista ante una imagen poderosamente significativa de muy escaso texto. La imagen a doble página ubica sobre todo emocionalmente, retrata el pathos de lo que vamos a leer: el marco de desolación que enfrentará Beowulf, el héroe; el fútbol como mucho más que un deporte rey; la angustia de la creación, el reto del artista, íntimo e interiorizado.

No conozco ningún medio narrativo que pueda hacer algo así, modular los contenidos y la información que se ofrece al lector/espectador haciéndonos ralentizar el ritmo con el que estamos asimilando la narración, porque aunque esa doble página (ver arriba de nuevo) carece de densidad literaria y podría sobrevolarse de un vistazo y tirar millas, que aún tenemos unos cientos de páginas por leer, la densidad real en la narración que suponen, esa focalización de información importante en una ilustración que abarca todo lo que en ese momento podemos ver del cómic, nos obliga a respetar el parón que nos reclama. No se puede pasar de puntillas por estas dobles páginas. No se puede porque los autores asumen que su contenido es importante y dominará el resto de la obra, que obedecerá a reflejar o solucionar o resolver esa doble página.

Curiosamente García y Manel Fontdevila emplearán una doble muy significativa en Tengo Hambre, su tebeo de 24 páginas, ya bien entrada su segunda mitad. Pero como he dicho la obra obedece a una forma, extensión e intención, y el efecto buscado es muy distinto. Nuevamente, sin embargo, estamos ante la magia del cómic: lo mismo (emplear una doble página con efectos narrativos e informativos) se utiliza de modos muy distintos según la obra, las pretensiones y si me apuras, el formato.

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