Opinión

La independencia

Hace poco escuché al responsable de un medio de divulgación digamos cultural hinchar el buche alegando su independencia por no aceptar servicios de prensa (a partir de aquí, SdP). No era un medio de cómics. No era, tampoco,  un medio profesional.

Me parece un pésimo enfoque, debería entenderse que el SdP, como el “pase de prensa” en otras disciplinas, supone sencillamente la profesionalización de los medios en su relación con los mass media. De los medios, no digo siquiera de la crítica.
En el sector de la historieta es muy habitual leer que los cómics gratis son algo así como la prueba irrefutable de la falta de crítica. Esta postura me parece cuanto menos poco cabal. Es similar a decir que la crítica que se emita sobre las películas de estreno en el festival de Cannes por toda la prensa especializada no sirve de nada, porque la hacen señores que no solo no pagan por su entrada, sino que le proporcionan entradas vip y aún encima cobran por todo esto. O que un crítico de música carece de independencia crítica por el hecho de que los discos y los festivales le son proporcionados sin coste alguno, y no paga por su consumo. ¡En realidad, solo faltaría!
Yo francamente pienso que el vínculo es necesario, y es más, el editor no debe reclamar… no diré la crítica positiva: no debe reclamar ni la propia crítica explícita de la obra servida en SdP. Que el crítico profesional esté informado del modo más global sirve para numerosas cosas, algunas directas (cuando sí se critica ese cómic concreto que llega por SdP) y otras más indirectas. Por así decirlo, ese montante es el plancton de conocimiento global del mercado, también para acciones indirectas como votaciones en medios/festivales como jurado (se me ocurre en caliente), textos de encargo que a veces pueden girar alrededor de un tema, un género etc. Y sirve en definitiva para tener una panorámica lo más amplia del sector. Esto es: que el editor cuide y dé la importancia justa a dar el acceso debido a la obra editada, permite una crítica más global y otorga mejor perspectiva general al crítico profesional. Será entonces labor del editor (y/o del autor) ponderar qué críticos y medios incluir en su lista de SdP (según los medios para los que el crítico escriba, o sencillamente porque considera la calidad de su trabajo óptima). Y pienso que ese el el único camino para la objetividad real, el conocimiento profundo del medio sobre el que se trabaja. Un conocimiento que no se ciñe evidentemente a los servicios de prensa, pero que estos no emborronan, sino todo lo contrario, ayudan a enfocar el panorama (al menos, el panorama nacional).

Otro tema es el amiguismo, el círculo estrecho que evidentemente existe en un sector tan pequeño como el del cómic, entre periodistas, críticos, editores y autores. Existe esa cercanía y cordialidad (y punto, no nos pasemos, no nos vamos de despedida de soltero a Las Vegas) y negarlo es falsear el panorama. Pero de ahí a sacar el silogismo de que el roce hace el cariño y nubla la crítica negativa para evitar encontronazos, media un abismo. Para empezar creo que la crítica negativa no se tiene que dar en cualquier medio, sino en el medio especializado (o en un medio cultural en el que cabe una sección fija con batería de reseñas, cuanto menos). Máxime cuando estamos, dicen, en una tormenta perfecta. Personalmente escribo en prensa generalista para apoyar, para animar a la compra de obras que me parecen interesantes, defendibles. No veo útil dedicar 900 palabras a poner a caldo el último cómic de nadie en un diario. Eso lo concibo para la revista especializada periódica.

De todos modos, la crítica y la cercanía del crítico con el autor son dos espacios en los que la intersección, si somos cabales y maduros, no debería darse. Uno puede llevarse bien con autores o/y editores. Y recibir de todos ellos obras “por la cara” (no, por la cara no, escribir una reseña para un medio no es hacerse una manuela: da trabajo, consume tiempo, horas, requiere destreza, conocimiento del medio que abonas con lecturas teóricas, no solo con lectura directa de cómics). Ese roce es bueno, fiabiliza el criterio del crítico al aportarle más “armas” para su labor, al margen de sus compras personales, sus filias y sus gustos subjetivos. Incluso el crítico tiene con esta cercanía la oportunidad de saber de primera mano cuestiones de la obra que se va a reseñar y que por otros medios no están al alcance del crítico. Así su trabajo será mejor, más exacto. Pero la idea, muy extendida, de que por proximidad con autores y editores se pierde perspectiva y objetividad “por roce” me parece errónea. El criterio se demuestra en el ejercicio de la crítica, en el texto que el crítico entrega/publica. En el análisis. Que además no es palabra de Dios te adoramos Señor: cuando uno analiza está siendo testigo de su propio momento. Uno, tiempo más tarde, puede variar su análisis a la luz de nuevas reflexiones, datos… ¡no pasa nada, solo es una crítica! Alguien me dijo hace tiempo que la crítica es un acto de valentía porque te expone. No le quito razón. Expone un momento personal, tu estado, tu capacidad y tu manera de ver el mundo en un momento concreto. Te exhibe en ese sentido, y es muy normal que todos los críticos sintamos pudor al releer nuestro trabajo de hace años. No porque seas amigo o enemigo del autor o porque ese libro se te lo cediese el editor en SdP. Sentimos pudor porque nos recordamos y hemos cambiado -adquiriendo más conocimientos o destrezas, sería lo deseable.

Lo importante en la crítica, por tanto, es el fundamento, la chicha vertida.
Hoy es muy habitual ver a youtubbers deshaciéndose en elogios con total ausencia de análisis. “Es increíble, es una maravilla, me encanta su dibujo, una pasada, es el/la mejor, ¡un clásico!…”. Eso es lo que la crítica debe evitar: sea positiva, negativa o intermedia (porque a veces, ¡oh! una obra ofrece bondades y también cartilla de haberes, así es el arte), un buen texto crítico debe aportar un análisis que expone nuestra mirada en tiempo presente. Análisis más o menos profundo dependiendo del medio y la extensión y el target para el que escriba su texto -esto también es importante, el c´ritico escribe para un lector, no siempre universal y abstracto: no e slo mismo escribir para CuCo que para Magnet, para entendernos, tiuenes que variar el tono y el objetivo.
Solo en este término sirve de algo -o no- un texto crítico: si un autor es mi mejor amigo de infancia y me salvó la vida tres veces da lo mismo, importa tan poco como si he tenido mil cristos con él. Lo que importa está en el análisis que hago de su obra. En los razonamientos expuestos que llevan al “veredicto”. ¿Qué importa si en el fondo me gusta o no una obra? Lo interesante será comprender el camino, las razones y el análisis que llevaron a esa conclusión. Si alabo una obra, ¿importa el grado de amistad o el servicio de prensa recibido, o lo fundamental está en el análisis, la propia crítica que os brindo, sus fundamentos? Es más, ¿alguien puede decirme qué libros he criticado con SdP y cuáles comprando yo el ejemplar en mi librería? Mil euros si aciertas diez casos.
Por tanto y volviendo al principio: que un medio se jacte de independiente por rechazar o no recibir servicio de prensa no va a afectar para nada mi mirada hacia el medio. Lo hace lo que diga, cómo razona, cómo se explica. Sea para elevar a los cielos o sea para derrumbar hasta el subsuelo. Cómo, porqué. La labor del crítico, por supuesto, debe ser enjuiciada, para eso se escribe (entre otras cosas), pero debe hacerse con los parámetros adecuados y de justicia. Enjuiciar un portal de crítica porque recibe o no SdP no es el baremo. Opino.

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Entrevista a Begoña García-Alén

Estamos en pleno Salón del Cómic de Barcelona, evento en el que una de las nominadas a autor/a revelación es la viguesa Begoña García-Alén. Con motivo de esa nominación (y a ver quién se lleva el premio final), he entrevistado a la autora para Faro de Vigo hace unas semanas. De postre, pequeño apunte sobre Altar Mutante, fanzine gallego también nominado.
Clic en la imagen y a leer.

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La cuestión de los premios

Nueva batería de premios en el sector del cómic nacional… y nuevamente aplastante ninguneo del cómic realizado por mujeres, en los premios del festival valenciano (que ha ido muy bien por lo que leo, y me alegro de ello).
Algo pasa.

Yo acabo de votar hace poco para los premios del salón del Cómic de Barcelona, que en un nuevo sistema ha decidido mantener una primera fase de votación de los profesionales y demás fauna del medio, y con los finalistas dejar la decisión final para un jurado. Un paso, pero no de gigante en mi opinión.
Personalmente cada vez me convencen menos los premios otorgados por una masa informe, y pienso que el modelo óptimo pasa por la valentía y la responsabilidad de proponer un jurado concreto y público para defender sus premios y las obras seleccionadas. Un jurado paritario, ya que nos ponemos.
Cualquier otra fórmula que convierta las votaciones en algo abstracto e inconcreto estará acercando los premios del “Salón Tal y Cual” al método “yo me lavo las manos”, y me pare que las cosas no están para organizar un premio (entidad privada, subvencionada o pública si hubiere, da igual) mirando a los cúmulos del cielo y silbando como si no tuviera responsabilidad en ese acto.

Eventos como los que acaban de emitirse (Valencia ComiCon) o los que pronto se emitirán (Salón del Cómic de Barcelona) en mi opinión deberían dejarse de votaciones anónimas y concretar en un grupo responsable y público que otorgue el premio: como Angoulême, sin irnos demasiado lejos. Y si cae chaparrón, que caiga. Al jurado votante, el que nomine y premie, como corresponde cuando lo que emites es un premio de repercusiones contrastadas (económicas o simplemente mediáticas). Porque acusar a un salón por un premio cuando ni se sabe quién demonios ha votado en dicho premio (ni cuantos/as) tampoco lleva a nada. Ese sistema cuasi abierto, es, en primera instancia, un escudo, o vaselina. Y en segunda, al ser “abstracto” pienso que pierde cualquier valor, empezando por el de la transparencia.

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Mariscalada (reflexiones de otras cosas)

No había hablado del cartel de Mariscal hasta hoy y va siendo hora de pronunciarme.

No, es broma, que ya os veo las caras, qué coño me voy a pronunciar a estas alturas, qué cansinez… pero sí me ha interesado en medio del tsunami una frase (no recuerdo de quién, la copié pero no su autor, lo siento): “Mariscal es muy conocido pero en el mundo del cómic no se asocia al mainstream“.
En esta suerte de contradicción hay mucha y desgraciada verdad. Y si la cultura del cómic sigue escindida de la cultura global, el cómic seguirá siendo el referente de 3ª. La novela gráfica (o si lo prefieres, vamos por títulos sin etiquetas: Arrugas; María y yo; Las meninas; La grieta; Barcelona, los vagabundos de la chatarra; las obras de Moderna de Pueblo…) ha roto esto, creo. Ha aportado nuevos lectores que no son “mundo del cómic”.
Pues quizá entonces ahora es el momento de reimplementar la cultura histórica del cómic a esa nueva generación, divulgar la tradición del medio para que se sepa de dónde vienen las cosas, que hay un legado admirable (propio de un lugar, tiempo y circunstancias) que se llama historia del cómic (nacional e internacional).
Y también puede ser buen momento para combatir contra la idea de que el lector de cómics, como una tribu aborigen amazónica, sabe de unos usos (trepar altas palmeras sin ayuda externa a sus manos y pies) que el resto de la humanidad desconoce. Estamos en un buen momento, hay muchos tipos distintos de historieta y cada “estilo” consigue asentar su nicho de lectores, y hay que intentar que el cómic, sin etiquetas, sea aceptado y normalizado por todos de un modo transversal.
En esto creo que la solidificación de publicaciones teórico-divulgativas es importantísimo, y como hace poco ha censado Gerardo Vilches en Cactus, vivimos un momento de arrancada en esto también. Es importante traer la historia al presente, en libros que atraigan al lector moderno, consiguiendo licencias para reproducciones, atractivos al lector “de a pie”. Por tanto, hablo de una literatura de divulgación, no solo de trabajos académicos que se quedan en un ámbito reducido, el estudio universitario… ese es otro tema también muy valorable y en auge.

Antoni Guiral, paladín de la divulgación histórica con fundamento

Creo que las cosas van funcionando paulatinamente bien, poco a poco, dentro de la miseria como negocio que hoy supone dedicarte al cómic y la dificultad marciana que conlleva rescatar obras del pasado por derechos, licencias etc. (campo en el que últimamente también ha habido esperanzadores movimientos, cuidado ahí). Han pasado años y sigo sin ver tormentas perfectas, más bien soy consciente de que mal-flotamos un Mar Muerto con exceso de sal que lo hace un hábitat, para la cultura en general y el cómic en particular, anecuménico. El cómic no es la fértil Babilonia con sus jardines colgantes, sus enhiestos zigurats, su compleja y estratificada sociedad próspera… el cómic es tribus nómadas sobreviviendo o prosperando en desiertos, es así. De hecho no hay “un cómic”, nada tiene que ver Panini con Ediciones Valientes, soy consciente de que estoy reduciendo, ¡esto es un blog, una reflexión rápida! Pero creo que me entiendes, ese medio hostil en el que es duro desenvolverse, desarrollarse y crecer es un mal general que hay que asimilar a día de hoy: también al sector de los actores de cine, teatro, tv… no te quiero contar el gremio de bailarines, los escritores de poesía, o el de músicos de percusión, les va de puta madre. Pues va a ser que no: la cuestión es el papel de la cultura como generadora de trabajo y prestigio real en un país que valora más meter fábricas de motores Ford en sus ciudades que intensificar su actividad cultural.

Por tanto, sigamos construyendo, seamos salmones contra ríos adversos, insistamos, y de momento acabemos con esa dicotomía inicial, y aplaudamos la modestísima prosperidad de la línea editorial interesada en la divulgación del acervo del medio. Movámonos todos (críticos, autores, por supuesto editores, medios culturales, lectores de cómics…) para que esta línea de divulgación teórica e histórica llegue un poquito más allá de lo que lo haría con silencio  su alrededor. Es importante. También un día alguien decidió que enterrar un hueso, una semilla, y vigilar a ver qué pasa, fue un gesto humilde, pero menuda montó.
En novecientos siglos el homo sapien comicatus sólo leerá cómics, no tendrá otra actividad cultural, será nuestro momento y se conocerá la historia del medio sin separar “los lectores de cómics” del resto de la población. Os lo juro, lo veo con mi bola de cristal, pero será gracias a nosotros y a la actitud que decidamos tener: llorar, o plantar.

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Museos y cómic

Hace unos días publiqué en Faro de Vigo este texto sobre cómics y espacios museísticos:

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Foto non-finish

Cíclicamente se pueden leer reflexiones alrededor de la (poca) presencia del cómic en, por decirlo de algún modo, “la esfera de la vida real”. El razonamiento liga la intensidad de propuestas actual, variada y nutritiva, con la —supuesta— campana de vacío a la que está sometido el medio y su ausencia en el radar del potencial consumidor.
Se puede leer en tono quejumbroso que no es un medio suficientemente visibilizado, que el común de los mortales no sabe que los cómics existen, y que hay muchos muy aptos para el solaz de todo tipo de lector (del niño al más adulto). A veces la queja se acompaña de posibles ideas, medidas… pero uno sigue pensando que el problema hay que contemplarlo desde los matices. Y que hay que abrir el foco. Porque para empezar, y en el brochazo grueso, el problema lo tiene la cultura, en general.
El Anuario de Estadísticas Culturales 2016 presentado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte arroja un moderado incremento cuantitativo de puestos de trabajo generados en el tericarismo cultural, pero si se enfoca el mismo hecho cualitativamente se desprende otro dato: “el 69,2 % es asalariado, cifra inferior a la observada en el total, 82,7 %” (yo no tengo tiempo ni fuerzas para comerme el informe del Ministerio y extraer datos, pero aquí lo comentan).
En el artículo enalzado ofrecen otro dato: la Fundación de Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión (AISGE) presentó un Informe Sociolaboral de los Actores y Bailarines Españoles, según el cual sólo ocho de cada cien (8/100) actores españoles ingresan al año más de 12.000 euros por ejercer su profesión y de los actores y bailarines que sí trabajan, más de la mitad no superan los 3.000 euros al año.

Decía alguien una frase lapidaria: “Si quieres ganar pasta, agua potable y litio”.
En un panorama social en el que lo cultural se entiende asunto menor como es el español (siento verlo así, pero me parece evidente) el asunto de la visibilización del cómic como un globo aerostático, un todo gaseoso enorme, volátil y encerrado en una fina membrana lanzada a las alturas para ver si alcanza los Cielos, creo que no es el modelo de “desiderata” que el sector y los aficionados deberían adoptar. Es un sinsentido, porque hay muchos modelos de cómics, y cada uno de esos subsectores tendrá sus propias aspiraciones. Me parece de perogrullo reincidir en estos argumentos a estas alturas, no es ninguna revelación ni un concepto nuevo, pero creo que conviene insistir de vez en cuando por iluminar a quienes se mantengan en el piñón fijo de “el cómic debería…”
El deber del empresario (el editor) es plantearse unos objetivos realistas para su producto, para cada libro o título que saque al mercado, para cada “línea”, como mucho. Y acompañarlo de una estrategia que optimice las posibilidades reales (los objetivos concretos) de cada oferta que saca a la luz. En esta idea se incluye también la relación contractual con los autores, por supuesto.

Dicho en plata, la edición de estos dos cómics responde a intenciones diferentes, y a públicos cualitativa y cuantitativamente diferentes:

En las tierras de Horus (Isabelle Dethan, Yermo Ediciones); Fearless COlours (Sampleman, coedición de Ediciones Valientes/Kus!Komikss/MMMNNNRRRG

En las tierras de Horus (Isabelle Dethan, Yermo Ediciones); Fearless Colours (Sampleman, coedición de Ediciones Valientes/Kus!Komikss/MMMNNNRRRG).

Y la estrategia y aspiraciones de estos dos cómics no pueden meterse en el mismo saco, como no emparejas un nuevo disco de David Bisbal y uno de Bala (espero). Así  que de un modo grueso yo ya iría separando dos vías claramente: el cómic que aspira a un público generalista, y el cómic que busca otros circuitos, quizá “arties”. En el primer sector tradicionalmente se opera desde el género más codificado, pero no me cabe duda de que en la última década larga la novela gráfica con su explosión de temáticas ajenas al rodillo ochentero ha supuesto un emocionante dinamizador.

El Premio Nacional, la aparición de obras con temas renovados (de Arrugas a La grieta) y el empleo del formato del libro literario —que ha sido un inteligente ardid comercial, que además ha influido en el propio lenguaje del medio, como influye todo formato de edición— han visibilizado los cómics de un modo impactante cuanto menos en términos de atención mediática y subversión de las expectativas del lector neófito —dicho de otro modo, ha abierto el mercado de la historieta a un nuevo target—. Pero claro, esto hay que ponerlo en relación con el arranque de este post. Hablamos de cultura (no de agua potable o litio) y por tanto los editores saben qué pueden “sacar” de esos títulos, que no serán ventas de seis ceros (¡ya me gustaría!). Por otro lado nadie tiene la receta mágica, ni Astiberri, quizá la principal abanderada de la novela gráfica en España, puede adivinar al 100% qué títulos de su planning del trimestre entrante van a cascarla y cuales pueden dar la campanada. Así que no seré yo quien largue frases lapidarias y venda ungüentos milagrosos. La del editor es una actividad de riesgo en la que siempre juega una apuesta personal. Pero que algo se mueve gracias a los movimientos tectónicos producidos por la novela gráfica lo refuta, pienso, la implicaciòn de editores de literatura, de Salamandra a Oberón, en la edición de hisotrieta. Me parece muy positivo y digno de análisis más profundo que esta cita rápida. 

Se me ocurre hablar también de la sinergia entre Hollywood y los cómics mainstream, que sin duda da oxígeno e ilumina a su vez una zona del cuadro muy personal, la del cómic de superhéroes. Aunque me temo que el cine comercial actual tiene más que ver con los videojuegos que con la pulpa de papel, tampoco hay que dudar de que las grandes editoriales intentan aprovechar los tirones del séptimo arte. Sin embargo no es el tema: aquí el género de superhéroes, al fin y al cabo, no deja de ser un producto netamente estadounidense que nos viene dado (él, sus características y circunstancias) por la vía del derecho de edición, y sus vaivenes en el fondo están dinamizados o ralentizados por factores externos a los editores concesionarios. Está claro que si Batman vendió a sacos en 1989 en España se debió a lo que se debió, un señor que le iba mejor con frikis jardineros mecánicos que con el Joker, pero que hizo un éxito mundial del icono DC, una moda internacional.

Mientras, tenemos a Sampleman (por seguir con el ejemplo aportado), que hace unas cosas que también tienen su “público objetivo”, pero que no difiere del espectador tipo de la danza de vanguardia y del cine experimental. Quiero decir, es inevitablemnte minoritario, y tan contento de serlo…
A falta de un cuerpo de subvenciones estatales importante para el cómic o cuanto menos para el sector más artístico y menos comercial del cómic contemporáneo (creo que la subvención cultural bien entendida es algo muy positivo), el editor, los autores e incluso los lectores y consumidores de este tipo de obras están ahora, en estos años, construyendo un espacio propio en España, con capacidad de intersecciones, pero en el que se sienta representado y protagonista. Cuando un mega salón atrinchera al lado de las cocinas o los urinarios los stands de fanzines, yo no me escandalizo ya. Porque el Salón de Barcelona no es el lugar. Hay, por fortuna, otros espacios y son exitosos (a su nivel, en sus objetivos).

Graf Barcelona 2015 (original de La guía del cómic)

No Tengo Mamá en Vigo (foto personal)

Creo que en este paisaje variadísimo el cómic menos comercial está “buscándose la vida” y lo consigue. No creo que un solo autor de este tipo de historieta pretenda copar vitrinas de Fnac ni vivir de su obra historietística, pero sí darla a conocer, comunicarla, crear feedbachk con “su público” y desde luego, volvamos a lo empresarial, buscando dinamizar su mercado natural para que las tiradas no tengan que asumir pérdidas, sino cubrir costes y hasta beneficios.
En resumen, pienso que tenemos una novela gráfica que se ha impuesto, es el modelo de cómic comercial en el espectro contemporáneo y ha penetrado en los mass media (radio generalista, prensa…), que la atiende con interés. 
Pienso que el cómic que tradicionalmente se señala como comerical, de género, sigue peleando por abrir más brecha y me parece lógico y natural. Creo que es el tipo de tebeo que más tiene que luchar por sí mismo, ya que en el fondo proviene de una tradición, el panorama del “boom” de los ochenta, y porque, opino, puede hermanarse a una tradición de literatura best seller y de cine comercial. Donde triunfa el Dunkerke de C. Nolan podría ubicarse por ejemplo 14-18. Volumen 1, Agosto y septiembre de 1914, de Corbeyran y Étienne Le Roux (Yermo ediciones). Tebeo que no he leído pero que advierto dueño de unas características temáticas (histórico, bélico) y formales (gran tamaño par aun estilo visual naturalista, detallista y de factura minuciosa) que lo emparejan a esas series de luxe que tanta gente consume en sus canales on line —por cierto: es un modelo de cómic que, ya sabréis, no desprecio en absoluto y comprendo en sus intenciones.

Podría aportar d ejemplo también cualquier obra de ese montón de integrales enormes, gordos, con temas “europeos” (nos entendemos, ¿verdad?) y que de hecho ya tienen su tirón, o no seguirían editándose.

Y finalmente, ya que los hemos mencionado y por supuesto siguen siendo la médula espinal de la edición de cómics en este país, creo que los superhéroes como género de historieta (que fue el gran motor del cómic durante varias décadas) están viviendo su fumada de hierba personal, y que habrá una bajona importante. El Marvel Cinematic Universe coloca a lo bestia, lo ves todo perita y al tiempo da mucha euforia, pero en el fondo, a medio plazo, a mí me da miedo. Da la impresión de que poco a poco está “residualizando” al cómic. Lo importante en el género parece suceder en la pantalla grande, no en la grapa vivaracha. La salida pasa no por los cantos de sirena de las salas oscuras, sino por la cimentación de buenos trabajos, como La Visión, por poner un ejemplo reciente de “pijamas” notablemente buenos.

En definitiva, ¿lo ves? no existe “el cómic”, solo “los cómics”, y en un paisaje general poco benévolo para lo cultural. Pintan bastos, pero estamos en esto porque nos gusta soplar el cuerno al filo del acantilado, contra el viento. Seguiremos tocando.

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La Térmica y el Cómic

Caliente aún el último Graf en Barcelona y la cosa no para. Arranca hoy Termicómic, en Málaga, un proyecto que ya lleva recorridas varias ediciones, en el seno de La Térmica.

CARTEL-TERMICOMIC_2017_color-copia

Cartel de Termicomic 2017 por Natasha Bustos

Recomiendo en primer lugar pasar a ojear este enlace para comprender qué es La Térmica.

Desde la distancia se me antoja un lugar ideal para el desarrollo de proyectos culturales, y Termicómic, por supuesto, lo es: una serie de charlas con estudiosos, autores y expertos de diverso pelaje que disertarán sobre determinados aspectos del medio, en lo que dado el programa que una vez más se ha elaborado, se me antoja uno de los eventos más sólidos del panorama patrio.

Este es el programa, quienes se han inscrito que no lo duden, es de luxe.

Y algún día tenemos que pensar en hacerle la ola a Borja Crespo, por cierto, responsable último de esta y otras muchas locuras afines a la hisotrieta.

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Anuarios del cómic (Jot Down y hace muchos años)

Ya se puede gestionar la adquisición, en “precompra” del anuario Cómics esenciales editado Jot Down. La información sobre el tomo la tienes toda aquí. Se trata libro creado por esta cabecera de prensa cultural y con la colaboración de la ACDCómic (sí, colaboro con dos artículos-crítica, que aunque sea participar bajo mínimos cuantitativos, ha sido poniendo toda la carne en el asador en cada crítica, dos tebeos y autores que me ha encantado abordar, con especial ilusión para un proyecto como este).
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La cuestión es que desde que me anunciaron el proyecto, doy vueltas sobre un recuerdo al que guardo enorme cariño: en 1994 la editorial Glenat publicaba 1993. Un año de tebeos, editado por Tino Regueira y con colaboradores como Jordi Sánchez, Pepe Gálvez, Juan Carlos Gómez, Toni Guiral, Josep Rom, Ana Mª Meca, Felipe Hernández Cava, Alfredo Arias, Trajano Bermúdez, Jordi Costa, Juanvi Chuliá, Lorenzo Díaz, Yexus, Andrés Hispano, Alfons Moliné, Francisco Naranjo, Jesús Palacios, Agustín Oliver, Francisco Pérez Navarro, Jesús Palacios, Alvaro Pérez, Carlos Portela, Alex Samaranch, AntonioTrashorras y Enrique Vela.
1993-Un-Año-de-Tebeos
Sus 98 páginas incluían textos genéricos y sectoriales (sobre manga, sobre Ediciones B o sobre el cómic adulto), entrevistas y una selección de cómics destacados del año 1993, cada uno con su correspondiente crítica. Os incluyo capturas fotográficas de un vendedor del libro en Todocolección.
1993 2 1993 1
Y me ha dado por reflexionar en cuánto han cambiado las cosas.
A nivel formato (claramente este anuario emulaba a modo de gancho el formato del álbum europeo), maquetación (bastante austera, por decirlo con suavidad) y recursos (en blanco y negro, supongo que para abaratar el precio final del libro), todo en este libro huele formalmente a crisis de los noventa. El propio Joan Navarro recordaba en un post de su blog en 2012 “Otro maravilloso fracaso de ventas, de estos que trata de ponerte en tu sitio, ante la realidad de nuestro patético mercado”. La intención inicial era crear un anuario “de verdad”, hacer el año de tebeos 1994, 95… hasta el infinito y más allá. ¿Cuántos ejemplares vendió aquel primer eslabón de una cadena que nunca llegó a ser? Pues pocos, tan pocos que la cosa quedó en aquella circunstancial y elogiable iniciativa.
Hace mucho que no vuelvo a sus páginas, pero mi recuerdo del libro es muy grato, visto en su día como iniciativa necesaria y repleta de las firmas que yo por entonces leía con fruición, en lo que a crítica se refiere. Pero el proyecto se estrelló contra una realidad: en 1994 no existía un tejido capaz de soportar esa propuesta. En plata, había muy pocos lectores de cómics, el famoso boom de los ochenta se había desvanecido y quien atendía a la historieta era un lector “experto”, coleccionistas sectoriales (superhéroes, clásicos -los pocos que se publicaban-, europeo etc) a los que empezaba a unirse un nuevo pulmón, los lectores de manga (Dragon Ball se empezó a editar en cuadernillos por Planeta en 1992, para hacernos una idea). Circuitos eléctricos cerrados formados por electrones expertos y coleccionistas, antes de la socialización del término (despectivo o no, pero sociológicamente significativo) de frikis. Esto es, los consumidores de historieta en 1994 eran aficionados acérrimos de visibilidad mediática bajo cero, cuatro gatos que, de lo que consumían, sabían hasta el nombre de las mascotas de los autores y no sentían la necesidad de comprar un tomo orientativo.
En este contexto un anuario comercial y profesional (sin ánimo de ser un voluntarioso fanzine, en definitiva, sino de proporcionar un producto rentable al catálogo general de su editor), con un formato tradicionalmente reservado al cómic, y editado por un editor de cómics fue un suicidio en términos de producto vendible. Tampoco 1994 era un año en que los puntos de venta se hubieran diversificado; las librerías generalistas no eran el de los editores de cómics, que navegaban las aguas cada vez menos plácidas de la librería especializada. Esto es, un artefacto como Un año de tebeos, con una aspiración proselitista, estaba restringido a la pequeña librería especializada, en la que se le reservaba un puesto más o menos secundario en medio del aluvión de novedades mensuales, comic-books sobre todo: recordemos que hablamos de la época de saturaciòn del mercado por parte de Planeta con sus licencias de Marvel y manga, cuestión que el propio anuario hacía visible en sus estadísticas.
Veinte años y pico más tarde las cosas han cambiado. El cómic no campa a sus industriales y capitalistas anchas como el estos días centenario TBO, eso no es el horizonte del medio ya. Pero que un medio diversificación interesante que, al margen de su futuro a medio o largo plazo (sí, la tormenta perfecta llegará, todo es cíclico), se advierte hoy desde el consumo cultural como un producto más, del mismo nivel que la literatura o el cine, o cualquier medio narrativo. No sacaré de nuevo los clichés que creo son grandes verdades, lo que supuso la novela gráfica y el Premio Nacional y todo eso, pero si alguien duda de que el cómic como medio hoy de una visibilidad y un reconocimiento mucho más amplio que el que tenía en los noventa, pensaré que está ciego y sordo, o que quiere mirar a otro lado y considera otro proyecto para el medio, diferente al que hoy vive.
Pues aquí estamos, y en 2017 surge, para mi alegría (independientemente de mi vinculación, modesta pero entusiasta), una nueva iniciativa de formalizar un anuario con intención de continuidad, de primer eslabón de la cadena. Me recuerda mucho al espíritu de aquel “año de tebeos”, un montante de reseñas de obras editadas el año pasado, acompañadas de entrevistas y textos de fondo sobre determinados aspectos generales del sector. Pero todo cambia. Esta vez se presenta en un formato de libro (de 19×26 cm.) de 240 páginas a color, y editado por un medio ajeno a la edición de cómics, una revista cultural que se acerca al medio “desde fuera”. No es la primera vez, por descontado, que lo hace, no es un “extraño en el paraíso” sino un medio cultural generalista que, por tanto, ocasionalmente atiende a la historieta, y esto me parece que no es excepcional, sino signo de los tiempos y de la “externalización” del cómic.

Las solapas del libro de Glenat abrían con un texto firmado por Joan Navarro que comenzaba sin rodeos: “El mundo de los tebeos no suele tomarse en serio a sí mismo. Y en general nadie nos hace caso”. 1993. ¿Abriría hoy alguna introducción al medio con una frase semejante?
En cierto modo han sido necesarios casi cinco lustros para que el panorama cultural y editorial pueda asumir un anuario como este, destinado a lectores de cómic, sí, pero también a lectores circunstanciales de novela gráfica, por ejemplo. Todo ha cambiado en veinte primaveras: el target, los editores, los puntos de venta (el anuario se puede reservar ya on line, por supuesto) y hasta la reverberación de un artefacto como este en la prensa diaria.
Viva y bravo.

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Fanzine gallego, una breve panorámica.

Una escena viva y que merecía un texto en el Visado de Faro de Vigo. Insuficiente, claro, pero cuanto menos que conste por mi parte que el fanzinismo gallego merece la atención. Clic en la imagen para ampliar y leer,
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Sobre el Doctor Extraño

Para el diario Vgo é he escrito hace unas semanas este texto que con sus imágenes podéis ver aquí.

 

El Doctor Extraño, magia de papel.
Ahora que el cine ha popularizado a la figura del enigmático mago Marvel, es buen momento para recordar brevemente al personaje y recomendar algunas de sus más importantes historietas.

Dr. Extraño nació en julio de 1963 en las páginas de “Strange Tales”, un magazine periódico que contenía historias breves de personajes de la editora, Marvel, y otras protagonizadas por monstruos de serie B y seres con poderes ocultos. En este marco la creación de Steve Ditko y Stan Lee resultaba en cierto modo lógica. Un mago arcano, pero pese a su aspecto amenazante y a su afinidad por la magia negra (a la que invoca directamente no pocas veces desde su primera aparición), como nuevo justiciero urbano. Como Los 4 Fantásticos o Spiderman. O no.

Porque antes que maravillosos poderes, Extraño lo que tenía era, para entendernos, un doctorado en ciencias ocultas por la escuela mística del Himalaya, impartido por un venerable y anciano maestro oriental dado a tener poquísimos alumnos. Así los enemigos de Extraño serán ladrones y patibularios de todo pelaje como los de un Daredevil de andar por casa, porque eso tocaba en un cómic para adolescentes en el 63. Pero muy por encima de ese marco, sus grandes villanos eran el rey de Pesadilla, la dimensión onírica; díscolos alumnos del venerable maestro; o criaturas de universos paralelos, como el temible e ígneo Dormammu. En las primeras historias de Doctor Extraño, Lovecraft se codea con la psicodelia (o pre psicodelia, más bien), con el atractivo misterio del Tibet y con el ritmo canalla de la calle neoyorquina.
El talento del guionista Stan Lee con la verborrea alcanza una de sus cimas en los diálogos de esta serie, cargados de nombres imposibles como el ojo de Agamotto, los siete anillos de Raggadorr o las bandas carmesí de Cyttorak. Pero lo más espectacular es el imaginario gráfico de Ditko, un verdadero “viaje” a costa de un mago que se dedica a hacer paseos astrales por dimensiones inventadas ad-hoc, por donde retuerce su cuerpo de modos imposibles, hieráticos. Toda esta etapa acaba de ser oportunamente editada por Panini en un volumen de coleccionista. Es un libro inadecuado para un chaval de 2016, pero supone una pieza insoslayable en la historia de los cómics, por su fecunda imaginación y por representar perfectamente el espíritu de aquella Marvel “sixties” que, en pocos años, estaba inventando a Spiderman, los X Men, los Vengadores y Hulk.

Pero resumir en unas pocas líneas una carrera editorial de cincuenta y tres años es imposible, así que nos centraremos en recomendar algunas reediciones disponibles como la etapa del giuiosista Roger Stern y el apoyo de diversos dibujantes, bajo cuya batuta incluso se orquestó una operística guerra entre el mago y…¡Drácula!.
También cabe mencionar que “el hechicero supremo” disfruta ahora de colección mensual de comic-book, a cargo del competente Jason Aaron y el dibujante “hot” Chris Bachalo. Y bien, hay mucho editado sobre el personaje pero ya agotado. Afortunadamente sí puede encontrarse aún “Primera temporada: Doctor Extraño”, un volumen que recrea el origen del mago (algo que también conocerás si has visto ya la película), y que está escrito por Greg Pak y dibujado, atención, por la gallega Emma Ríos, una de las mejores firmas del panorama norteamericano.

Extraño es un personaje oscuro pero protector de la ley y el bien. Sus poderes arcanos lo llevan a luchar con informes demonios de otras realidades, a poder resucitar cuando le han asestado una puñalada mortal, a conocer a la personificación del mismísimo Universo e incluso a luchar con el rey de los vampiros, todo ello sin despeinarse y anclado a universos psicotrópicos con toques “goth” a lo fanfarria de Aleister Crowley. Ahora que cuanto menos Stephen Strange ya te suena por la película, no dejes escapar sus locos tebeos.

 

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