Reseñas

Novedades de Norma para mazo

Muy poquita cosa me interesa en este momento de Norma. COmo nota curiosa, un cómic histórico dibujado por Beroy, A la sombra del convoy, con guiones de  Kid Toussaint

Resultado de imagen de A LA SOMBRA DEL CONVOY

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DISPAREN AL HUMORISTA, de Darío Adanti

Disertaciones sobre el humor a cargo de uno de sus más importantes abanderados. ¡Y que no tardemos años en volver a disfrutar de un libro suyo!. Para leerlo, como siempre, clic en la imagen para ampliarla :)

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AQUÍ, de Richard McGuire

Un libro de 2015 es percha, porque su autor vuelve a estar de actualidad.

Aquí, de Richard McGuire, es uno de los cómics más importantes publicados en la presente década y de sus virtudes me hice eco para la revista gallega Luzes en un artículo (evidentemente en galego) de diciembre de 2016. Visita su web, es un medio de política, sociedad y cultura que merece la pena.

Este es el texto, ampliable para su lectura con un clic encima de cada página:



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LA GRIETA, y EL SHERIFF DE BABILONIA

Una obra maestra de la novela gráfica y un notable comic book editado en tomos (política de los tiempos que corren) en España. Reseñados en Faro de Vigo. Clic y amplias para leer.

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Compendio de manga alternativo.

Hay mucho manga y muy manga, como diría el presidente de España. De Naruto a Ghost in the shell, pero aujourd’hui en este blog nos interesa el menos comercial, sin desmerecer otras ofertas (eh, Akira sigue estando en mi estantería de Ilustrísimos cómics del siglo XX). En Faro de Vigo acabo de publicar en este sentido este texto:

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Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos

Trump is in da house y que dios nos coja confesados.

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A través de ¡Sapristi!, Pablo Ríos ha entregado un cómic de precio irrisorio (esto es, muy barato) que dialoga directamente con el tema social y político que tiene ocupadas, hoy, a todas las cabezas de occidente (y de oriente también): la incógnita temible y las certezas aterradoras que nos asaltan ante la presidencia de una criatura como Donald Trump, individuo absolutamente tolkiano pero sito en nuestra realidad y nuestro tiempo. Un Saruman recién llegado de veranear en Benidom con ganas de entrar cual elefante en cristalería, sin vara pero con chequera, y al mando del estado más poderoso de la tierra. Madrecita querida.
En Presidente Trump. Dios perdone a América, Pablo Ríos plantea las primeras horas del nuevo presidente de EE UU, publica por primera vez un trabajo netamente humorístico para reír y no llorar ante la figura de Trump (ni Fútbol con Santiago García ni Azul y pálido lo eran, si bien escondían ambos generosas dosis de ironía guasona). Ya sabíamos de su vena puramente cómica por sus goteos en línea (tiras de continuidad con El Hematocrítico, páginas y gags desperdigados por sus redes sociales…), pero creo que podemos decir que este cómic es su primer tebeo de humor editado en papel.
El ejercicio es modesto por su propia génesis (gestación veloz es poco) y de consumo frugal, pero muy bien templado: a partir de una serie de chistes que ya había publicado por redes sociales (y que dieron la voz de alarma a ¡Sapristi!) Ríos desarrolla un mecanismo clásico de gag por acumulación, con un excelente empleo del tempo narrativo en cuatro viñetas (lo que dura cada gag) y con unos magníficos monólogos (o diálogos telefónicos como mucho).
El dibujo está en consonancia con el tono casi casual de la obra, y curiosamente eso le sienta genial al trazo del autor: vivo, expresivo pese a lo elemental, acentúa la pequeñez del monstruo dentro de su despacho, significando ni más ni menos el enorme y temible poder que tiene ese pequeño humano naranja con tupé amarillo pollo.

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Que Dios perdone a América, sí, y a los restantes continentes. Me río, por no llorar, así que lo hago con este librito. Una muy recomendable serie de viñetas.

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Fanzine gallego, una breve panorámica.

Una escena viva y que merecía un texto en el Visado de Faro de Vigo. Insuficiente, claro, pero cuanto menos que conste por mi parte que el fanzinismo gallego merece la atención. Clic en la imagen para ampliar y leer,
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Petiscos de post 03: STILL LIFE, de Luis Bustox

Petisco: Porción pequena de algo que se toma pra probar.

Bustos_CoctelDemente-8La forma musical de la fuga suele encontrar en su estructura la base ideal para transmitir sentimientos de melancolía, tristeza, euforia, serenidad…

Hay en el cómic muchas cosas que me recuerdan, en ocasiones, a las virtudes de la música y no las de la ilustración, la literatura, el cine etc. La música obedece a estructuras concretas que el artista maneja (o rompe) para transmitir sensaciones, conceptos o incluso una narración. Con sus mecanismos estructurales la historieta puede llegar igualmente a transmitirnos conceptos, estados anímicos, o elementos narrativos.

Still Life es una pieza breve de Luis Bustos donde las viñetas actúan a modo de fuga musical, ofreciendo repeticiones y variaciones, más o menos mínimas o significativas, que al final son las que construyen realmente el relato. Creo que antes que el argumento en sí o la “secuencia”, lo que ha intenta Bustos es precisamente trasladarnos como lectores una sensación a través de una planificación de ritmos que se pasean entre lo casi idéntico y lo disímil, entre la repetición y la variación.

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Además Still Life es un artefacto humorístico, con lo que todo nos conduce a reírnos un ratico. Lo cual se agradece porque, añado, lo consigue desde la misma portada. Empleando códigos de humor cuñao (o cuanto menos, de chistes clásicos), ofrece variaciones desde la primera imagen que ofrece (el oso “tuneado” de sexo hard) y a partir de esa primera mínima melodía la historieta desarrolla su propia fuga cómica.
Experimental y a mi juicio, brillante.

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Enter the Kann (Víctor Puchalski) y Nubes de talco (Amanda Baeza)

Next generation. El título me lo han cambiado, pero vale, aproximación a dos obras que me han gustado bastante.

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LITTLE TULIP, de Jerome Charyn y François Boucq

tulipPermitidme que vaya directo al grano: esto es un blog especializado en cómics, no tiene objeto aburrir a sus lectores con las andanzas previas y más que conocidas de Jerome Charyn y François Boucq. Digamos que en los ochenta colaboraron con gran éxito, en los noventa se tiraron los trastos a la cabeza y Little Tulip, hoy, levantó una enorme expectación por el reencuentro.

Lo que me interesa es hablar de el gran fallo de Little Tulip.

Primero, hay que decirlo, recomiendo la lectura de este álbum de Bd “a la clásica”. Sus 88 páginas a formato álbum y a todo color son en primera instancia un despliegue del poderío de Boucq, un titán del dibujo barroco al que pocos igualan en ese terreno. Preciosista exagerado, recargado sin perder legibilidad y, en plata, portentoso, lo de Boucq supera etiquetas y modas. No es un mero pope del cómic naturalista, tampoco del underground, pero abreba de ambas tendencias para crear un estilo único, efectista y alucinante.
Por leer a Boucq, y por perderse en sus dibujos y en su fabulosa planificación, ya merece la pena este libro.

Pero como relato, como estructura narrativa y dramática, pincha sin paliativos. ¿Porqué? Por su final. En unas seis páginas Charyn decide finiquitarlo todo, ofrecer un pasaje onírico/mágico que no viene a cuento ni se integra bien en el relato, y explicar con diálogos sobreabundantes todo. Velocidad, que esto acaba. Cuesta creer que esta pareja creativa haya tenido impedimentos editoriales para extender su relato más allá de estas 88 páginas, y cuesta creer más aún que un autor del recorrido de Boucq no caiga en lo endeble del final de la obra, su estructura frágil, su incapacidad para convencer al lector.
Es tan exagerado que me atrevo a decir que este tomo debía haber rematado antes, y que su recta final merecía otro volumen entero para articular un final convincente y que logre la empatía. Porque Little Tulip es una historia que busca nuestra empatía como lectores: un niño que sobrevive a la dura vida de un gulag siberiano, una historia de pérdidas en la infancia y de luchas en la edad adulta para reencontrarse en paz y superar el pasado. Pero si como historia todo su equilibrio se rompe en la recta final, ¿qué nos queda? Pues nos queda un quiero y no puedo que en vez de emocionar nos hace olidar ptontito el desaguisado.

Todo esto me lleva a pensar en cómo muchas veces la insistencia comercial (que no artística) en respetar formatos, número de páginas etc, ha originado toneladas de obras parcialmente fallidas por sometidas a corsés editoriales insalvables. Sin duda Little Tulip es ejemplo de ello.

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