Reseñas

EL HOMBRE QUE SE DEJÓ CRECER LA BARBA, de Olivier Schrauwen

Artículo publicado en Faro de Vigo el 11 de Mayo de 2012.

La historieta como “art brut”.

Olivier Schrauwen desafía los prejuicios ante los tebeos con una obra “artie”, que va más allá del querer contarnos una historia para proponer una experiencia sensorial e intelectual.

 

En estos tiempos maravillosos para un arte en continuo crecimiento como es el cómic, encontrarse con un trabajo como el inclasificable “El hombre que se dejó crecer la barba”, de Olivier Schrauwen, es un nuevo motivo para admirar más y más al medio. La historieta hoy vive un despegue radical, libertario y gozoso. Nunca antes los autores gozaban de un marco de libertad tan grande como el presente, en que los editores (algunos) no solo persiguen blockbusters a relacionar con la muy noble industria del entretenimiento, sino que más que nunca se buscan autores que plantean su trabajo como arte. Libre y osado, vanguardista, hermoso, experimental, divertido, excitante. ¿Raro?

Olivier Schrauwen es un autor joven y con poca obra (menos aún publicada en España, donde se ha podido leer “Mi pequeño”) y que investiga las raíces y la naturaleza de la historieta para llevarla un pasito más allá como arte. Sí, arte, repetimos, porque basta con abrir al azar este libro (por cierto, exquisito, algo que debemos agradecer a la mimosa editorial Fulgencio Pimentel) para comprender que una cosa son los tebeos de la Marvel y otra la propuesta estética de Schrauwen. El autor belga abreva de las vanguardias artísticas del pasado siglo, de los Fauves y el expresionismo alemán, del surrealismo y el modernismo, o de la vanguardia cinematográfica (sus delirios formales pueden recordarnos a los primeros René Clair o Jean Coctaeau). Pero también de la tradición de la propia historia del cómic, por supuesto, de Sterret a Tardí (autor al que admira, según declaraciones propias).

Viñetartie

“El hombre que se dejó crecer la barba” recopila varias historias cortas de escaso nexo común más allá del espíritu vanguardista y la excelencia visual. Son protagonizadas por hombres barbudos, suelen tratar realidades paralelas, y están todas alumbradas por un refinado humor de fuerte importa surreal. No consiste su lectura, por tanto, en “entender” qué diablos nos relata Schrauwen sino de dejarse llevar por el caudal fantasioso, irreverente y gamberro, ácido.

En las historias que reúne el álbum caben parodias del colonialismo en África, una crítica al sistema educativo, la locura, el deseo sexual, las religiones atávicas y primitivas, o un punzante retrato de la enfermedad. Ideas que no se nos presentan como “mensaje”, sino como sensaciones borrosas en la maraña traslúcida del todo que es este libro: color, humor, surrealismo, arte, mala baba y narración gráfica (sobre todo, por supuesto, narración gráfica… pese a lo delirante de la obra Schrauwen jamás pierde el norte ni olvida que estamos hablando de historieta).

Reflexión final: ¿libro para minorías? Evidentemente Fulgencio Pimentel no es DC cómics, sino una apuesta por otro tipo de tebeo, de un calado diferente y de una exigencia determinada. Sin embargo, si al lector de estas líneas le atrae la pintura del siglo XX o el cine inaprensible del mejor Lynch, sin duda sentirá la misma sensación de plenitud al leer a Schrauwen. Además, aquí hay mucha coña marinera, aunque sea un humor más cercano al meta humor de Miguel Noguera o Muchachada Nui que a “La hora de José Mota”.

2

CÁRCEL DE AMOR, de Sergi Puyol

Un hombre alienado y una sociedad autista. Este podría ser el texto de una publicidad bastante descriptiva para “Cárcel de Amor“, la primera novela gráfica de Sergi Puyol. Un trabajo cercano a las catacumbas mentales de, por ejemplo, un Burns filtrado por el “slice of life” agrio de Daniel Clowes.

planificando el "mood" interior

En “Cárcel de amor”, la historia de un hombre que se obsesiona por una mujer y la encierra en su casa (algo, por cierto, no demasiado irreal, y que nuestro enfermo mundo ya ha conocido varias veces), lo cotidiano se reviste de un tempo angustioso, lento, espeso. La vida vista como algo que no merece demasiado la pena. Y posiblemente en esa cualidad de retratar ese ‘tempo’ especial, que es anímico más que real, en ese diapasón oxidado y retranqueante, encuentro lo mejor de este tebeo, donde por otro lado los personajes pueden ser prototipos bastante evidentes. Aunque sean prototipos del lado oscuro, que eso no es mérito per se, y no alcanzan la categoría y complejidad de algunos seres cronenbrgianos, por ejemplo. Pero es cierto que intentar comparar a un semi-principieante con la madurez de un gigante como el autor de “Spider” es una maldad fuera de lugar… la realidad es que Puyol tiene un mundo personal (aunque con referentes) y una capacidad de hacernos sentir el “mood” de ese mundo con el lenguaje de las viñetas, con una planificación exquisita de cada página, con un dibujo perversamente naive y con una paleta cromática que es excepcional.

Primera obra de empaque, donde quizá su autor a veces resulta innecesariamente enfático por momentos, pero portador de un rosario de logros brillante y dueño de una personalidad que augura futuros trabajos a seguir.

1

SIMIOCRACIA, de Aleix Saló

Artículo publicado el 27 de Abril del 2012 en Faro de Vigo. Un poquito ampliado para este blog.

Si el mundo no se arregla, al menos lo desentrañaremos.

El autor del superventas “Españistán” vuelve con una obra necesaria, crítica y lúcida sobre el mundo, los poderes, y porqué estamos como estamos.

Cuando “Españistán” fue citado en el Congreso de los Diputados ya era famoso. Los vídeos creados como efecto publicitario y casi vírico tenían miles de visitas. Y la obra, el cómic al que promocionaba el You Tube, merecía los aplausos. Aleix Saló es un observador ácido, airado con el presente que le toca vivir pero perspicaz a la hora de analizarlo. No se decanta por partidismos sino que documenta una bola de nieve sociopolítica, y vuelve a hacerlo en “Simiocracia”.
Saló es un lince poniendo títulos, sí, pero además lo es viendo y comprendiendo el mediocre entretejido de política y economía que es el mundo moderno. “Simiocracia” es el análisis de la crisis económica mundial, desde sus lejanos antecedentes (el crack del 29) a las causas inmediatas. Y no deja títere con cabeza: todos monos. Nosotros también. Y todos atenazados por un laberinto de deudas y ambiciones, fracasos, medidas anticrisis absurdas, consumismo cerril, idiotez intelectual y medios de comunicación enquistados.

venimos del mono, volvemos al mono

Aleix Saló es joven, estudió arquitectura y hace tebeos que alguno dirá que no son tebeos. Pero si un cómic es un medio donde palabra e imagen se alían para contarnos una historia que no entendemos sin en concurso de ambos, aquí tenemos exactamente eso, un discurso pespunteado por ilustraciones impagables sobre la caída del Imperio de Occidente en tiempo presente. Es descorazonador pero también revelador. Es un puñetazo en la mesa, una mesa que nos aprieta el cerebro y no nos quiere hacer pensar. Una acción intelectualmente agresiva contra un estatus quo que nos lleva por el desagüe directamente.
Puede que los ciudadanos sintamos, leyendo “Simiocracia”, que “alea iacta est”, y poco podemos hacer salvo cambiar macacos cada cuatro años. O puede que nos levantemos airados y decididos a cambiar las cosas y lo logremos. Pero lo que es seguro es que el lector se va a reír, va a pensar y posiblemente aprenda mucho con este tebeo, famoso con toda justicia.

Por supuesto, “Simiocracia” también tiene vídeo, y merece la pena verlo. Eso sí, estos Ypu Tubes no son sino la punta del iceberg. Lo que cuentan es una presentación del discurso qeu Saló desarrolla en su cómic.

1

HOLY TERROR, de Frank Miller

Tiene el lector (mira qué desfachatez, lo que voy a hacer) muchos análisis que explican la hecatombe que ha resultado ser lo nuevo de Frank Miller como autor completo (esto es, guión y dibujo). Tienen ésto, y ésto, y ésto

Yo solo quiero unirme al festín de sollozos, y sí, decir que es una lástima.

Porque 01: Holy Terror es un traspiés de esos que te desnuca. Así, a lo bruto: un festival de imágenes impactantes (aquí sí, el “caballero oscuro” se luce, más que nunca) pero esteticistas, vacías y pocas veces útiles.

 

Encuentre a Wally agazapado entre los recovecos de este dibujo

Porque 02: esta vez no encuentro parábola por ningún lado. Miller se me ha vuelto rematadamente tópico y radical (ahora sí) en su modo, personal, íntimo, de encarar el horror de las Twin Towers. Y después de conocer in person la enormidad de la Zona Zero no se lo reprocho, un ser sensible como lo es un artista no siempre va a poder encajar esa barbaridad, sino que el horror lo arrastra… y eso es lo que ha pasado. Por tanto, bien, Frank, eres valiente por enseñarnos sin vergüenza tus sentimientos en forma de venganza en sucesión de splash pages y viñetas (mejor esta vez las primeras que las segundas, parece mentira del autor de Dark Knight Returns), pero no lo comparto y hecho de menos al hombre que utilizaba esa coraza ‘Ultra’ para hablar de valores mucho más abstractos y ancestrales que un animal deseo de cruel vendetta.

Porque 03: los toquecitos de color trivializan un recurso utilizado en Sin City y que no siendo el descubrimiento de América, vamos, al menos tenía entonces sentido.

Y porque 04: debe ser la primera vez en un cómic de Miller en que no identifico a alguna de sus caricaturas (y piénsalo… lleva unas cuantas desde Daredevil) y  esta tontería me da mucha rabia porque certifica, casi simbólicamente, que el hombre está mustio.

Bromas al margen, no sé, igual hay que desdecirse en una segunda lectura… quizá la abstracción conceptual de Miller sigue un pasito por delante y esta vez me adelanta en mis entendederas. Quizá toda esta bacanal de sentimientos fachas a flor de piel ilustrados con ferocidad y utilizando un sentido tan caótico de los recursos del cómic, sea un todo calcualdo y voluntario. Quizá deberíamos deslumbrarnos tanto con el último Miller como con Kago o Ware, a su modo. Pero… no lo veo, no.

Lo peor es que a tenor de esta historieta chulesca y supuestamente macarra, viril, provocadora, cañera, encantada de conocerse… el autor de ’300′ se debe sentir en una 2ª juventud, capaz de hacer tres cómics como este al año, o de encarar ahora sí que sí, la vida de Cristo, la de San Apolodoro de Damasco y la de quien le pida el cuerpo desde un trampolín tan, tan débil como es este Holy Terror (que si tiene bondades y es un adelantado, todo ello se esconde tan bien que lo hace un tebeo in-disfrutable, la verdad). Vamos, que temo que lo hemos perdido para siempre. Ojalá me equivoque.

3

¡CARAMBA! el salto mortal sin (con) red. De redes

Este artículo sobre la editorial ¡Caramba! escrito con la percha de su último lanzamiento (el nº 2 de su fanzine) apareció en Faro de Vigo, sí, pero le añadí aquí la crítica final al susodicho fanzine, ¡Caramba 2!, ya leído… que desglosaré y, supongo, retocaré para publicarla pronto en el diario citado, por lo cual no sé de qué hacerme eco, salvo de que todo pasará por el diario.. o pasó, vamos… o quizá lo haga o lo hizo o lo hace ahora mismo en una nueva dimensión, la Dimensio_prensa, o no, y… ¡Caramba, mi condensador de ciclotrones se ha averiado! (*)

Si una editorial se puede señalar hoy día como revolucionaria, imaginativa e impactante, esa es ¡Caramba!, una apuesta por el futuro con cabeza y corazón.

¡Caramba! debuta en junio de 2011 con el primer número de la revista homónima “¡Caramba!”, pero antes fue el runrún. De las fraguas del salón del cómic de Barcelona (esto es, filmado en mayo del mismo año) surgió en la red de redes un enigmático vídeo donde autores, críticos y gente del mundillo patrio en general, repetían la exclamación “¡Caramba!” sin ofrecerse más explicaciones (puedes verlo aquí ). En la red corrió como la pólvora. Algo iba a suceder, eso estaba claro, pero ¿qué? Pues el qué fue un fanzine, una revista sin ánimo de lucro con colaboraciones desinteresadas y ajustando precios para, eso lógicamente sí, cubrir gastos.
Nacía “¡Caramba!”, la revista, que se vendía solo por internet (en un principio) y ofrecía a los compradores más animosos y veloces suculencias como láminas dedicadas o camisetas exclusivas. Si te das prisa. Esa es la consigna nº 1. Y “por internet” el axioma carambástico. Estas dos facetas han contribuido, en su indisociable modus operandi, a lograr el triunfo de la empresa y a convertir ¡Caramba! en una editorial de éxito desde los márgenes de un producto de culto, pero popular. Por partes nos haremos entender.

...¡qué sorpresa!

Nacido como fanzine, pronto sus responsables Manuel Bartual y Alba Diethelm decidieron crecer a editorial de historietas. Manuel es bien conocido como autor de cómics para, por ejemplo, El Jueves, con libros ya publicados por Astiberri Ediciones, y Alba es creativa publicitaria, y se nota en la empresa. El primer número de ¡Caramba! nació como edición limitada y vendió 999 ejemplares, pero la editorial se reservó un número 1000 para incentivar concursos on line. El fanzine crecía en prestigio (ni una crítica negativa, todo parabienes) y la idea era clara desde el inicio: cómic y humor, una unión que se remonta al origen de la historieta y que Bartual y los demás colaboradores de la revista querían demostrar que sigue siendo una fusión natural, con futuro y sí, popular. Pero el exitazo dentro de sus márgenes de pequeñas ediciones limitadas fue tan absoluto, tan, en fin, de culto, que los dos alegres locos debieron decidir que ¡Caramba! podría crecer. Y lo hizo.
Ya como editores, los señores de la exclamación sorpresiva comenzaron a editar libros de autores nacionales de diverso pelaje. Con tranquilidad, no invasivamente sino en un goteo estratégico. De un ya clásico Manel Fontdevila (el conocido autor de “La Parejita” y colaborador del diario “Público”) a nuevas promesas como las hermanas Pacheco, posiblemente las autoras de mayor crecimiento exponencial de el último año y paradójicamente, surgidas en la red, con un blog.

Siempre claro el objetivo, siempre el humor en primer plano, cada libro nuevo es, además, una exquisitez, cuidado como objeto hasta en sus mínimos detalles. Y de contenido igualmente selecto, con lo que el catálogo de ¡Caramba! comienza a ser algo más que curioso.
Y siempre la red: Twitter, Facebook, el dial directísimo con los lectores, los recursos de las intercomunicaciones (por ejemplo, ¿cuántos casos conoce el lector de presentación por el autor de un nuevo libro, y digo libro, no solo “cómic”… retransmitido en streaming desde una librería y contestando las preguntas que les envían por Twitter en directo?). Así, paso a paso, rompiendo moldes en el modo de publicitarse y afilando el criterio para ostentar un fondo envidiable, llegamos a este Abril, que trae la última pirueta de ¡Caramba!, la más loca quizás.

¡Pero qué rollo!...

Damas y caballeros, ya está en sus librerías el número 2 del fanzine. Sí, “¡Caramba! 2” se puede comprar. No on line directamente a la propia editorial, ya que está agotado: edición limitadísima, 500 ejemplares, vendisos todos en medos de un mes. Pero persistan: ¿quién sabe en qué librería no se esconde, secretamente, el último ejemplar de este hito que no se repetirá?

Nómina de colaboradores vertiginosa (¡47 firmas! con ilustres como Max, Olivares o Calpurnio) y una idea sencillamente de premio Guinnes: “¡Caramba! 2” mide treinta centímetros de altura y ¡cinco metros de largo! Sí, leyeron bien. Al modo de un pergamino perdido en las olas del tiempo, pero surgido de una empresa casi virtual, apegado al futuro digital pero queriendo aún demostrar que el objeto, el libro, es importante. Desde luego, la tentación de desenrollar esa locura con viñetas no puede encontrarse en un “upload” internauta, así que la aventura, al menos hoy por hoy, vuelve a ser exitosa.

La experiencia ha resultado satisfactoria. Qué demonios, brillante: partiendo de una doble viñeta gemela con colores diferentes (distintas gamas cromáticas), Manuel Bartual propone un arranque de ciencia ficción chorras al que se irán sumando, a razón de una viñeta por barba, la lista de autores que, evidentemente, no procede citar (casi cincuenta firmas lo acapararían todo).

 

donde todo comienza.

Dos historias paralelas en dos hileras paralelas, donde cada pincel desafía al siguiente contestando al previo, en una suerte de juego improvisatorio. Hay quien simplemente añade un diálogo a la viñeta anterior (por cierto, que es la única que cada autor ha conocido de la obra… en algunos casos, ni siquiera se tenía idea de que una trama paralela desfilaría al lado de aquella en la que se trabaja), en otras ocasiones el “vacile” va más allá y la viñeta plantea un rompecabezas y un desafío. Un “a ver cómo continúas esto, guap@” que el siguiente autor resolverá con más o menos soltura.

¿Los mejores? Bueno, primero atestiguar un nivel general bueno. Todo es un despropósito donde lo que reluce son las ganas de divertirse con el juego planteado y, efectivamente, cada cual se ha reído del asunto a gusto. Pespunteado con un final de órdago que lo ata todo gracias a un magistral (no uso la palabra como muletilla, es un Maestro) Manel Fontdevila. Pero además, claro, hay de todo, y también aportaciones que brillan por encima de la media. Me quedo con David Aja, autor patrio que endulza cada tebeo Marvel que toca (y ya ha ilustrado unos cuantos, como por ejemplo, los hoy por hoy muy en boga Vengadores) parodiando el estilo de un Jack Kirby; o Mireia Pérez, que simplemente lo borda con una vuelta de tuerca convirtiendo su viñeta (recordemos, dentro de un tebeo-rollo de cinco metros de longitud) en una lectura serpenteante; o Molg H con una estética deliciosa y un chiste a costa de los tópicos narrativos de los tebeos (“¡Deja de narrar en todo momento!”, increpa su personaje a otro).

Y si queremos describir la obra como un todo (difícil tarea), hablaríamos, claro, de no sense, parodia, humor escatológico, y metalenguaje, una experiencia lectora novedosa, interactiva, irrepetible porque nunca más volverá a ser novedosa. Cabe preguntarnos hasta dónde podrán llegar Bartual y Diethelm tras esta pirueta. O si hay necesidad de seguir subiendo… ¿cómics envolviendo bombones? ¿Fanzines regalados al que adivine acertijos on line? En realidad, el futuro de la editorial ¡Caramba! será una nueva sorpresa, que nos hará exclamarlo otra vez:

¡CARAMBA!

1

PAUL VA DE PESCA, de Michel Rabagliati

Artículo  publicado en Faro de Vigo el 13 de abril de 2012

La pesca y otras trascendencias para hablar de la vida.

Michel Rabagliati nos habla de las cosas profundas a través de anécdotas superficiales en una nueva historia de su personaje, Paul, en un relato de vacaciones estivales.

El canadiense Michel Rabagliati es uno de los puntales modernos de eso que en Estados Unidos se ha venido a etiquetar como “slice of life”, lonchas de vida. Lo que, en fin, toda la vida se llamó por estos lares costumbrismo. Las historias de su personaje Paul son sencillas y cotidianas, historias de trabajos en verano, de mudanzas, recuerdos de juventud… cosas que nos huelen a común, a real, a cotidiano.
La nueva “aventura” de Paul consiste en irse, en familia y con amigos, a pescar a una reserva natural. Así arranca un libro que en su comienzo augura un relato sencillo, cotidiano, casi insulso: trabajo, una cena entre colegas, preparativos de viaje, el bañador que ha encogido (o no, claro), etcétera. Paseando por una sucesión de asuntos ligeros, vamos. Sin embargo uno no se prepara con estos primeros pasos a lo que le ofrecerán las casi doscientas páginas de esta novela gráfica. Porque partiendo de lo anecdótico, “Paul va de pesca” va hundiéndose habilmente en reflexiones personales y profundas, esas que delimitan el sentido de la vida a través de la recreación de pequeños/grandes recuerdos, conversaciones íntimas con amigos, experiencias compartidas en pareja, etcétera. Siempre con ese estilo gráfico elegante y claro, con una narración precisa pero que gusta de juegos formales, por ejemplo en las transiciones (el paso de presente a lo recordado, por ejemplo, suele acentuarse de modos visuales sutiles), con una gama de grises que ofrecen un acabado elegante, y con una diagramación de la página exquisita.

Paul y los detalles

Rabagliati nos conduce así de lo más anodino, como puede ser la elección de un vino que llevar a una cena entre amigos, a lo más trascendente, todos esos momentos que nos han esculpido en nuestra vida hasta convertirnos en lo que somos, de los arrebatos rebeldes de adolescencia al determinante deseo, adulto, de querer ser padres, reflejados todos ellos con sensibilidad desarmante en un tebeo que, página a página, crece en intensidad sin perder nunca el tono, ese aire de sosiego tranquilo, vacacional. De buena pesca matutina.

2

Brevísima aproximación a ¡Caramba! #2

¡Caramba! es un fanzine con la Clave de Humor el tono Mayor siempre bien arriba.

Acaba de salir el 2º número, un delirio enrrollado de 30 cm. de alto por 5 metros de largo del que hablaremos con calma en otro momento o lugar.
Por ahora, foto casera y una recomendación. Es edición limitada de 500 ejemplares (numerados, el mío es el 183, está escrito a mano con tinta roja) quedan trece (en este momento exacto y vía Twitter).  Sí, nada más. Uno de ellos puede ser tuyo, se compra on-line en http://carambacomics.com/.

 

Sí, el Spider-llavero friki es de mi hijo, pasa?

Por lo demás.. no sé si ¡Caramba! nº 2 es gracioso (bueno, sí lo sé) pero sí que es sorprendente. Por formato, por idea narrativa (el despipote bidimensional, el ritmo impro…), por la lista de colaboradores (47 firmas), por la exquisitez del producto (formato, aquí sí hay que hablar de formato) y porque esto es de Premio Guinnes, sin duda.

ACTUALIZACIÓN: ala, no dije nada. ¡Caramba! 2 ya está agotado. Pero eh, si lo ves en una librería, ni lo dudes, ¡material de culto desde ya!

3

LOS MELONES DE LA IRA, de Bastien Vivès

Artículo publicado en Faro de Vigo el 6 de abril

Erotismo d’auteur.


Bastien Vivès sigue en la cresta de su particular ola, la del novísimo autor (bueno, ya no tan novísimo, pero sí joven, muy joven) que trabaja sin descanso entregando nuevas obras cada poco tiempo. Una al año, al menos. Y en cada nuevo libro, un paso adelante, un cambio de aires y de estilo que solo merece el aplauso.
Dicho lo cual, hay que reconocer que “Los melones de la ira” es un trabajo fallido por sus resultados, aunque con unos cuantos asideros de consolación (o que serán, en último caso, los que argumente el fan para justificar el dispendio y la lectura).
Vivès parece sentir que ha tocado un techo con “Polina”, su análisis del mundo de la danza clásica a través de la vida de una niña que crece hasta alcanzar la fama. Fue un trabajo donde posiblemente entregó su mejor dibujo y pretendió su obra más densa y compacta. Por eso sorprende en el buen sentido que tras un trabajo sensible y “de qualité” como aquel, se haya desmarcado con un cómic pornográfico (o de erotismo abrupto, si prefieren) sobre una moza de desproporcionado pecho que es violada (ante su desconcierto inocentón) por todo médico y político local que la recibe. Hacer un cómic porno es un acto travieso y quizá valiente, que se beneficia de un dibujo siempre exquisito, ahora reducido a rasgos básicos y expresivos, líneas nerviosas y abocetadas. Y es un golpe de timón desconcertante, en un artista hasta ayer preocupado por los sentimientos, la sensibilidad y el misterio femenil.

melones soft

Pero el ánimo provocador o las ganas de divertirse no han venido acompañados en esta novela gráfica de la inspiración. Más allá del portento como ilustrador, poco hay aquí del mejor Vivès. De trama simplona y moralizante, de osadía erótica más bien escasa (mucho tópico) y dejando una sensación de poca imaginación (demasiado lugar común y poco renovar el género), sólo resta insistir en la perfección sublime de su nivel como ilustrador

13

MISTER WONDERFUL, de Daniel Clowes

Artículo publicado en Faro de Vigo el 23 de Marzo, ampliado para este blog.

El amor en la crisis de los cuarenta.

Daniel Clowes es uno de los autores más vitriólicos del cómic contemporáneo. Retratista de inadaptados de todo pelaje, ha captado en su obra un cambio de siglo que va, emocionalmente, a la deriva: los caracteres y situaciones de la obra de Clowes no dan respiro. O no lo daban: “Mister Wonderful” trae vientos de ligero cambio.
Prepublicado dominicalmente en el “New York Times”, Random House Mondadori edita su versión en libro, con lo que tenemos una nueva y muy disfrutable novela gráfica del dibujante de Chicago. Algo ha cambiado, cierto. Puede que por pura necesidad de variar, aunque sea un poco, su registro más agrio, o porque escribir para uno de los periódicos más leídos en el mundo impone cierta mesura y un tono más suave que en sus otras radiografías del “American Dream”.
“Mister Wonderful” vuelve a detenerse en la vida de unos perdedores. Un cuarentón fracasado se cita a ciegas con una mujer de su edad, y lo que rodea a esa cita es lo que Clowes ha querido contarnos. Siempre desde el punto de vista masculino de Marshall, este “mr. Maravilloso” que no lo es ni en sus ensoñaciones. Lo interesante del asunto es que asistimos a una obra emocional. Lejos de ser solo un pobre imbécil o un desgraciado cabrón, Marshall logra nuestra empatía, sentimos lástima de sus dudas casi patológicas, comprendemos sus inseguridades… qué lejos de los adultos retratados en “Ice Haven”, por ejemplo, donde no dejaba títere con cabeza… ¿serenidad de quien ya ha soltado toda su bilis y busca nuevos asideros? ¿Búsqueda autoral, ganas de contar algo nuevo, o al menos, “lo de siempre” pero desde otra óptica?
Dejamos las respuestas al lector, pero recomendaremos esa lectura. Atrapa y emociona. Y resuelve sus escenas desde una batería de recursos envidiable. El ya conocido truco de utilizar diferentes estilos gráficos se acopla aquí con mayor acierto que nunca, pues la ausencia del estilo episódico convierte esa operación en una apuesta más arriesgada, más difícil de lograr un resultado homogéneo, natural. >>Lo que cuenta es que no despiste de lo importante, la lectura, y que aporte capas de significado a esta (como siempre en sus últimos trabajos, por otro lado).

Clowes y la batería de recursos sin hacer ruido

Y lo logra. El virado formal, los cambios de estilo del dibujo, actúan narrativamente y jamás nos abstraen de lo importante: la lectura. Las ‘filacterias’ de monólogo interior actúan como elemento icónico y a la vez narrativo. Su ubicación en la viñeta entendida desde su solidez plástica es en sí misma contenido (como explica y muy bien Gerardo Vilches aquí), con lo que dibujo y escritura se combinan en el todo final que supone la lectura de un cómic. Impresionante cómo tapa con estas cartelas  rostros o diálogos de la acción.

Pero hay más, está el sabio aprovechamiento de un formato marciano, apaisadísimo, que utiliza para lograr poderosos efectos dramáticos. Su empleo de la viñeta gigante a toda página (o a doble página) posée una cualidad dramática impactante, una potencia que no había visto antes en Clowes, autor más dado a descomposiciones de página que juegan con la ortodoxia, antes que a lo que a priori hubiera sido un simple golpe de efecto. Sin embargo, aquí la usualmente grandiosa splash page incrementa la desazón, la amargura que vive el protagonista. Se desnuda de todo acento épico y no viene a remarcar momentos claves de acción alguna… adquiere, pues, visos de monólogo interior… de expreiencia vívida interna, anímica, intensa, por supuesto. Una especie de monólogo visual que se entrelaza con el textual.

Hay que quitarse el sombrero ante “Mister Wonderful”, en fin, porque todas sus decisiones formales son un acierto. Y porque emociona desde una implicación nueva en su autor, o porque demuestra que el artista, lejos de anquilosarse en un determinado estilo (algo muy del artesano, en el fondo), sabe evolucionar y lo hace sin piruetas, sin aspavientos, de un modo natural y pausado. Qué lejos queda el radiografista de la adolescencia desencantada de “Ghost World”, el diletante rapsoda freak del Guante de Seda… pero qué compacto continúa siendo su universo, cambiante, maduro pero siempre parte de un todo…

Este Daniel Clowes que se ubica ya entre lo mejor del 2012, definitivamente, y rubrica la realidad de que el autor de “Wilson” es uno de los más importantes del cómic mundial. Ala, chúpate esa.

3

SOBRE LA ESTRELLA, de Moebius

Moebius, la geometría esencial (y publicitaria)

Volver a Moebius (porque yo siempre fui más de Moebius que de Giraud, y hablamos de un acto emocional a la muerte de un artista) suponía para mí buscar la chispa, el primer contacto. En este sentido aparece una primera imagen mental, muy ‘kubrickiana’. Me veo como un mono ante el Monolito, un pobre hombre ante imágenes de una potencia cósmica. “Sobre la estrella” no es, por supuesto, el mejor Moebius, pero en mi caso fue el primero, y al recorrer de nuevo sus páginas me asalta una primera idea. En este tebeo nacido por encargo para la Citroën encontramos una historia mínima de un contacto en tercera fase metafísica, un futuro donde la humanidad es andrógina y ha conquistado el universo, espacio infinito que comparte con miles de razas extraterrestres. En este marco, dos pilotos aterrizan abruptamente en un mundo sin geografía, una verdadera bola de billar polvorienta, donde se ha generado una ciudad en torno a una misteriosa pirámide.

Es pertinente recordar ’2001′ porque la base es casi un plagio de aquello: el contacto con lo superior a nuestra realidad es el asunto que se agazapa tras la anécdota. Pero yo lo referí en otro sentido. He leído hace poco que Giraud es un místico pobre, de baratillo. Sobre la letra es así, pero sus ideas filosóficas, vitales y trascendentes se filtran de un modo nada burdo, en absoluto pobre, en us estilo más ascético. “Sobre la estrella” es su obra más pura en cuanto a iconicidad (o lo fue en su momento), se libera de lo superfluo, del barroquismo de Arzak, de la planificación cuidada de Giraud para Blueberry, de sombras y volúmenes, de materia incluso (después de todo la gran y enigmática pirámide tiene una primera acción: levita y se transparenta). Es una traslación directa de un ideario místico, telúrico y astral al tiempo, de brocha gorda, sí, pero qeu se traslada como en pocas ocasiones en la historia del cómic con enorme precisión a una forma de entender el arte gráfico. El dibujo de historieta como espejo de una meta-realidad trascendente.

No es por tanto un cómic interesante en tanto que argumento (curioso, circunstancial, una aventura quieta de dos Ecce Homo perdidos, para lectores adolescentes) sino como visualización de un ideario estético que refleja una visión mística. Sencillos ambos, puros, revalorizaando lo esencial para alcanzar la perfección, esa misma a la que la pirámide podría llevar al universo vivo. O un coche Citroën, por supuesto.

Este cómic, años más tarde, originó una serie, “El mundo de Edena”, que desarrolla argumentalmente lo acaecido aquí. Entre lo curioso, lo insulso y lo interesante (recuerdo muy gratamente una civilización nariguda), supongo que la idea fue perdiendo fuelle, igual que yo perdí interés y la abandoné a su tercer o cuarto álbum. Lo mejor de Edena estaba en este arranque, sin duda.

3