Charles Burns

CRÁNEO DE AZÚCAR, de Charles Burns

Con este álbum se cierra la última obra de Burns, una trilogía fundamental en su carrera que en su libro final, no onbstante, desconcierta y no positivamente. Con todo, hablamos de un autor que siempre sobrevuela por encima de la media, y que entrega un cierre más que notable. Aunque queríamos haber leído una matrícula de honor.

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Cómics del lado salvaje (PUDRIDERO, ATAJOS, LA COLMENA)

Artículo publicado en Faro de Vigo el 3 de Mayo con el título “Caminar por el lado oscuro”.

Caminar por el lado salvaje.

Hay cómics y autores de historieta que no se contentan con retratar el lado amable de la vida o historias de gozosa evasión. Hay creadores que reflejan el fondo turbio de las cosas.

grupo salvaje

Grupo salvaje

La tradición escapista e infantil de nuestra historieta puede pesar como una losa (falaz) en la consideración que el lector tenga del cómic. Incluso hoy, con el auge del tono adulto, biográfico o comprometido, a lomos de la novela gráfica, puede persistir la sensación de que la historieta es algo así como un medio que navega entre la actualidad callejera (al estilo de las viejas revistas de los ochenta como “El Víbora”) y la lectura infantil o juvenil con ánimo de resultar una eficaz evasión: un entretenimiento frugal o un pulso a su presente.

Pero en realidad existen autores y obras que no bailan con ese ritmo, que se mueven por los rincones oscuros y suponen, en sí mismos, un reto casi inaprensible. Es así porque su perspectiva es extraña, personal y poco acomodaticia. Y porque no ofrecen solo lo que nos reconforta, sino una oscuridad que hay que asumir, atreverse a hacernos partícipes de esa mirada única y turbia.

AtajosRecientemente en España hemos visto tres obras bien distintas pero que participan de ese gusto por “lo otro”, por lo diferente, por el lado salvaje. Martí es un clásico español de la mencionada quinta de “El Víbora”, un autor que se hizo conocido en el boom de los ochenta y que incluso llegó a ser publicado en Estados Unidos. Quien se acerque a “Atajos” (ediciones La Cúpula) leerá reunidas algunas historias cortas que el autor del “Doctor Vértigo” desperdigó entre los setenta y el nuevo siglo en diferentes publicaciones. Asombra lo vivo de su estilo, que apenas envejece (de hecho las diferentes historias, con sus matices, poseen una gran cohesión) y nos interesa en este repaso porque aquí tenemos, efectivamente, una cara nada amable del mundo. Comenzando por una turbadora historia que homenajea al primer David Lynch, este libro surca la España Negra, criminal, pasional, insana y mezquina de los crímenes de barrio, las vendetas de pueblo y las rencillas de vecinos. Tarados, necios, locos, lo peor del tejido social pasa por estas páginas de oscuridad imantada, absorbente y feroz.

pudridero2_portadaAunque para ferocidad, las editoriales Entrecomicscomics y Fulgencio Pimentel al alimón acaban de publicar la segunda parte de ese carrusel de violencia gratuita y “fantastique” que es “Pudridero”, de Johnny Ryan. Poco argumento (en un futuro indeterminado, o en una galaxia más que lejana, un presidiario intergaláctico confinado en un mundo-cárcel se da estopa con todo lo que se cruza en su camino página tras página) para un relato adictivo de mutaciones fisiológicas, imágenes sexuales muchas veces chungas, descuartizamientos como fiestas de cumpleaños y lenguaje directo. Todo, no podía ser de otro modo, servido con un dibujo feísta que engaña al ojo: parecen garabatos toscos, pero resultan el más potente retrato de las consecuencias de un acto de híper violencia. Su efecto acumulativo de sucesos amorales convierte en un artilugio incandescente en las manos a este segundo libro sobre las vicisitudes de un preso en un mundo-pudridero.

la colmenaLados salvajes de la vida: una existencia de retrato social terriblemente cercano, en el caso de Martí, o una de fantasía space-ópera transmutada en holocausto caníbal para freaks en lo de Ryan, pero una vida. Sin embargo “La Colmena”, tercer ejemplo de este tipo de cómics nada complacientes, va más allá de la vida o de plantear una realidad, sea posible o futurista. Charles Burns es uno de los más grandes autores del cómic actual, dueño de un estilo cautivador, meticuloso y gélido, que sobre todo contiene un mundo propio donde realidades y sueños se amalgaman en una tórrida cópula. El lector puede reinterpretar las páginas, decidir cuál de sus mundos es más real para él, si los sueños o los recuerdos o las alucinaciones. Pero sobre todo, en Burns persiste una sensación de que las claves de lectura no se agotarán jamás, que uno puede volver a este universo de signos sutiles (más o menos evidentes, pero siempre complejos) y lograr relecturas sorprendentes. Y desasosegantes. Burns es, más aún que un lado salvaje, un plano diferente por el que hay que reaprender a caminar, por sus sendas. “La Colmena” es una segunda parte de la trilogía iniciada con “Tóxico”, ambas editadas por Random House Mondadori. Hay en sus páginas meta-cómic, realidades paralelas, amores adolescentes, delirios arties, nueva carne y tebeos añejos inventados. Un ensueño fascinante que, si queremos dotar de un titular, sería la más febril pesadilla de Tintín tras comerse los hongos de “La estrella misteriosa”. Entre muchas otras cosas, porque sus lecturas y conceptos, lo repito, son numerosas.

Son tres ejemplos, en fin, de una corriente que entiende al cómic como medio ideal para explorar lo que nos rodea alumbrado por lo que anida dentro de uno mismo. Donde la narrativa y el dibujo se combinan para expresar cualquier cosa. Atrévanse a probar.

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TÓXICO, de Charles Burns

La abducción del lado oscuro.

Artículo publicado en Faro de Vigo el 15 de Abril de 2011. Ampliado para este blog.

La nueva obra de Charles Burns, “Tóxico”, nos enfrenta a la experiencia de leer a uno de los autores más subversivos del noveno arte.

Antesala Tóxica: las guardas del libro ya nos abren a un mundo oscuro

 

Burns es a estas alturas una de las firmas más personales y cautivadoras de la historia del cómic norteamericano. Comenzó a editar sus trabajos en los primeros ochenta bajo el paraguas de la revista “Raw”, cabecera dedicada a atender a autores de cómic de vanguardia, dirigida por Art Spiegelman, el célebre autor de “Maus”. Charles Burns irá desde entonces cociendo a fuego lento un estilo personal y turbador que implosiona en obras donde lo oscuro se mixtura con la estética pop, y la añoranza por un pasado icónico se funde con las teorías de “la nueva carne” en una línea que lo emparenta a William Burroughs o el cine de David Cronenberg. Su obra es rica en referencias populares y oscuros signos de deformación física y mental, pero todo este particularísimo universo no cristalizará hasta una de las cumbres de la historieta, la novela gráfica “Agujero Negro”. Adolescencia, deformación, alienación, cultura trash, inseguridades de la era “teen”, necesidades afectivas, crítica social… todo cristaliza en un negrísimo agujero que ha situado a su autor en un lugar muy alto dentro de la cultura de fines del siglo XX.
Es pertinente realizar esta introducción: “Agujero Negro” se editó durante una década en forma de serie de doce números, y finalmente verá la luz como gran novela gráfica en 2005. Se ha convertido en referente de este nuevo cómic de aspiraciones autorales, exigente con el lector, cargado de significados implícitos, que parece hacer madurar al medio. Y además, era el último trabajo de Burns hasta ahora. La aparición de “Tóxico” (Random House Mondadori) es de las más esperadas en los últimos tiempos, y supone una alegría enrome. Primero porque su forma no deja de impresionar: uno de los padres del cómic alternativo norteamericano y constante referente de la nueva novela gráfica, se acoge a las maneras del más clásico álbum europeo. Su nueva serie constará de tres entregas de las que ya disponemos una. Es un álbum de menos de cien páginas, de gran tamaño y por primera vez en la carrera como autor de tebeos de Burns, a todo color. Evoca, pues, modelos muy queridos en la vieja Europa (y directamente a Tintín, y directísimamente al álbum “La estrella misteriosa” ya en su portada) desde el otro lado del charco. Pero al tiempo domina el paisaje del nuevo cómic con una modernidad indiscutible.
Además, con este movimiento Burns consigue renovar su universo sin abandonarlo en absoluto. De entre sus viejos lectores quien espere domesticación y contenidos dóciles, se llevará una sorpresa. “Tóxico” vuelve a insistir en universos pavorosos, pesadillescos, para reflejar (¿deformar?) el mundo. Y renueva la categoría de turbador feroz que sin duda posee Burns, porque estamos ante un trabajo que navega entre el sueño y la enfermedad, la adicción y la alucinación, el recuerdo y un presente irreal. Y repite todas sus febriles obsesiones: el desasosiego, lo monstruoso externo como reflejo de lo interno, la necesidad de amor y afecto, el pasado como arcadia deformada, sacudida y devuelta como túnel de los horrores…

Y por último, al mismo tiempo que reincide en ese fondo turbio, oscuro, que tiene algo de fango sin forma, arenal que, de atraparnos, nos engulle sin misericordia a su huera negrura, Burns hace malabarismos formales y no se queda en logros pretéritos. No es solo el color, ese nuevo juguete del Burns narrador (que por supuesto emplea con gusto estétio exquisito y sometido a la narración, cuidando las gamas cromáticas, mimando la limpieza de sombras o su sobreabundancia según nos encontremos en sueño o vigilia). Es que hay momentos de una osadía narrativa que ponen  a Burns (otra vez) muy alto. Así por ejemplo es fascinante ver como, de un modo sutil , casi de puntillas, desafía el concepto de narración secuencial, en páginas donde la sucesión de viñetas no nos cuenta una acción temporal, sino que convierte a la página en un todo orgánico de cuya contemplación deviene un mensaje, revela una alteración de conciencia, de ánimo, de percepción vital. Transmite una sensación, un tono y una idea sin “contarnos cosas que pasan de una a otra viñeta”, vamos.

Tóxico: manual de cómo turbar sin "narrar"

Definitivamente las sesenta y cuatro páginas de este libro son la introducción a un universo que sabemos tendrá continuidad, es un aperitivo, pero se manifiesta de una solidez atroz, hipnótica y malsana. Uno no puede apartar la mirada de ese límpido dibujo de falsa línea clara (Tintín, lo repetimos, es claro referente/homenaje en algunos pasajes), y las visiones permanecerán tras la lectura. Así es el verdadero talento, una capacidad inexplicable para imbricarse en nuestro hipotálamo y hacernos crecer con la experiencia vivida. Burns, no hay duda, es uno de los mayores talentos contemporáneos, aunque se dedique a una disciplina que algunos consideren “menor”. No caigan en el cliché, “Tóxico” merece mucho la pena y es muy, muy grande.

 

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