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Dos ancianos sin estudios que anticiparon la crisis antes que nuestros políticos

A veces basta con escuchar a nuestros mayores. En este fragmento de apenas cinco minutos de un documental que jamás vio la luz, dos abuelos de Soria hablaban en 2007 de las duras condiciones de vida del pasado, de los privilegios contemporáneos y de la debacle que anticipaban para un futuro inminente, esa que estamos padeciendo -casi- todos desde hace unos años cuando llamó a nuestra puerta, mostrándose desde entonces entusiasmada con nuestra hospitalidad.

Vale la pena… [Vía ShowU]

Mis padres se esforzaron en educarme pero me gusta el fútbol

Después de la polémica surgida en este país con respecto al fútbol y sus manifestaciones, decidí hacer una breve reflexión en Facebook que ahora reproduzco aquí. No va contra nadie ni tan sólo pretende aproximarse a la realidad. Sólo es mi verdad y lo único que pretende es aportar otro punto de vista a la jugada, sin renunciar jamás a mi espríritu crítico.

Como lo mejor en estos casos es aportar pruebas, lo hago con dos vídeos. En el primero podréis comprobar mi capacidad para adentrarme en la prehistoria, muchos milenios después, desde el sofá de casa. En el segundo, disfrutaréis de una obra maestra dirigida por la BBC para resumir en dos minutos la Eurocopa 2012.

España ha ganado su segunda Eurocopa en cuatro años. En los 31 anteriores había sido incapaz de verla pasar de cuartos. Y era feliz, relativamente feliz, sin duda. Ahora he podido celebrar el tercer trofeo desde 2008 y lo he hecho sin cataclismos, sin perder el norte, sabiendo dónde está mi pan y el de los míos, sabiendo que hay infinitas prioridades por encima del fútbol. Pero disfrutando el momento, volviéndome loco por un instante -así lo atestigua el primer vídeo-, dejándome llevar por ese sentimiento de haber olvidado aquel «eso, tú y yo no lo veremos, hijo», por el reconocimiento a la excelencia de aquel deporte que creí practicar durante 15 años, por la admiración hacia unos valores que, después de tener un justo reconocimiento en personalidades de otros sectores de la sociedad, ahora vemos representados en futbolistas de casa, esos que se han criado con Cola-Cao, bocadillos de embutido o viendo a Oliver y Benji. Como yo.

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También por ver a Casillas pidiendo clemencia en nombre del rival y cumpliendo, por muchos 10 millones de euros que contemple su nómina, lo que desde el primer día me enseñaron en el club de mi barrio cuando con 5 años me vestí por primera vez de corto: «al acabar el partido se le da la mano al rival, uno a uno»; por un genio despistado llamado Cesc que asume la responsabilidad, reivindicando ese derecho que tenemos -tienen, un lapsus- los jóvenes, y le pide a su entrenador que le deje tirar el último penalti del siglo; por un albaceteño reservado que quiere el balón cuando las cosas no vienen de cara para demostrar que la filosofía rural sigue vigente; por un seleccionador que huye de los focos y recuerda que «esto sólo es fútbol» mientras bate todos los récords sin levantar la voz a las primeras de cambio; por dos clanes, los Capuleto y Montesco, que se retan a muerte permanentemente y durante uno de cada veinticuatro meses nos muestran que siempre hay un camino hacia el entendimiento y los puntos comunes, siempre que cuentes con dos comandantes generales, como Xavi y Casillas, que saben de dónde vienen, lo que han logrado juntos y cuánto les ha costado… Y así podría citarte virtud tras virtud de esta selección, experta en despertar simpatías más allá de nuestras fronteras…

Hoy hay que volver a la batalla. Sin analgésicos, sin pantallas que desvíen atenciones y sin refugios virtuales. Pero habremos disfrutado de una experiencia que lejos de solventarnos la papeleta, nos habrá ayudado a recargar unos milímetros nuestro maltrecho depósito de optimismo, o cómo mínimo a taponar alguna que otra fuga. El reto que tenemos ahora por delante consistirá en saber tomar todos esos valores y aplicarlos a nuestro día a día, no sé si haciéndonos mejores pero seguro que retrasando sensiblemente nuestro empeoramiento.

BBC Euro2012 thriller closing credits

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Cuando el fútbol es lo de menos

He decidido profanar este bendito blog (recordemos que me soporta a diario y eso implica una prima automática de cielo ganado) y hablar de fútbol aunque sea por una vez. Pasar por alto que los cuatro partidos entre las dos medias Hispanias -así no ofendemos a nadie- están consiguiendo lo que no ha logrado la crisis (movilizar a todo un país para defender una causa, ya sea blanca o azulgrana) merece nuestra atención, en el grado que cada uno encuentre oportuno y desde la perspectiva más o menos favorable que decida cada cuál, Mou me libre.

Si bien la primera entrega de la saga más prolífica después de Millenium no fue memorable -salvo para para el responsable del abono del Bernabéu-, sí que en el caso del segundo fascículo el espectáculo exhibido y sus consecuencias han sido contundentes. Gracias a los responsables -y amigos- del blog Zona Mixta que me ceden sus bites de tanto en tanto, me he arrancado por soleares para ofrecer mi visión del asunto, ni mucho menos la correcta. Ellos, como buenos periodistas deportivos, saben que si no fuera por la desgravación fiscal que se asocia a este gesto solidario, no me permitirían tal exceso. Será cuestión de dejarse de rodeos, hincar los tacos y colocarme las espinilleras para prevenir vuestras represalias. Empieza así:

 

El Hachazo | Daños colaterales

Por Héctor Romero

Empezaré por el principio. José Mourinho no me gusta. En concreto, lo que me desagrada especialmente es todo lo que tiene que ver con su puesta en escena lejos de la espesa hierba, retratada en esa cruzada caza-fantasmas fruto de la obsesión por colocar el foco mediático en la dirección que marque su índice, y no al revés. Un intento por encajar en la historia del Real Madrid algunas de sus actitudes requeriría de la intervención de dinamiteros ejerciendo un preciso trabajo de voladura, reduciendo a escoria valores que hasta la fecha han llevado el copyright blanco. Tal vez sea la ausencia de un currículum de primer nivel como futbolista, o tal vez no, el detonante de su goma dos verbal como el único modo de lograr posicionar su discurso a la altura del de sus colegas, que en muchos de los casos cuentan sus carreras calzando botas de tacos a base de entorchados… [SIGUE AQUÍ]

 

Pantallas y papel: P menos P o P al cuadrado

El debate de hacia dónde camina el futuro de la prensa, o quizá cómo debe adaptar su  equipaje a la naturaleza del mismo, es una de las preocupaciones que trae de cabeza a las principales editoras de medios del planeta, y por ende a sus consejos de administración. A nivel doméstico la realidad demuestra que no estamos ante una excepción.
Consultando el blog colaborativo 1001Medios, me he dado de bruces con «¿Y qué papel tendrá el papel?» el último debate del BCNMediaLab. Me quedo con la reflexión que Javier F. Barrera publica en su blog y de la que os repongo su conclusión sobre el devenir de los diarios locales/regionales en España:
¿Y cómo serán?
.-Veo una prensa regional fuerte, cabeza de una empresa multimedia, multicanal y multisoporte, y líder en su ámbito de influencia.
.-Los veo más como los Juegos Reunidos Geyper que como unos pliegos de papel prensa.
.-Los veo llenos de análisis
.-Los veo con los temas que son historias humanas universales.
.-Los veo bien escritos: Siglo de Oro el XXI para el Periodismo. Construir imágenes, describir los sucesos, escribirlos. Nuevos Cambas, Lobos, Ruanos, Campmanys, Umbrales, Moranes…
.-Los veo con bien de páginas, con mucho que leer (la gente adora leer) historias y suplementos dentro del papel y revistas compañeras (Mujer, Motor, TV, Ocio, Cultura, Corazón, Viajes, Música).
.-Las promociones, a saco. Los veo convertidos en un canal. Un diario local regaló una botella de Fanta de limón el domingo con la compra del diario. En 1990 el director general de La Vanguardia nos explicó que regalaron cada domingo en Barcelona un sobre de sopa instantánea. Dijo: “Teniendo en cuenta que somos el diario de la burguesía catalana con un 80% de suscripción hereditaria nos temimos lo peor. Nadie protestó, nadie devolvió el sobre de sopa”.
.-Los veo con una calidad infinita.
.-Los veo full color, multiedición
.-Los veo con un núcleo central de actualidad compartido por todos ellos, en donde se explica lo que pasa en el mundo, no lo que ha pasado. Cuidado con el matiz, porque es el análisis.
.-Los veo lleno de caras pero sin corbatas.
.-Los veo reinventados y en comunión con las coberturas multimedia para el canal de TV local propio, la web local.
.-Los veo potenciando la comunidad creada a través de la red social pero desvirtualizada en la organización de encuentros, partidos, reuniones, congresos y llenos de este tipo de información.
.-Los veo lejos de los polígonos, en el centro de las ciudades, junto a los bares, los mercados, las plazas y, por supuesto, la gente.
.-Los veo con muchos periodistas que patean la calle y que surfean la web sin esconderse de sus jefes 😉
.-Los veo con una calidad fotográfica inimaginable hasta ahora.
.-Los veo preciosos, sanos y como referentes del ecosistema. Con menor tirada, sí. Pero bajo el brazo de gente que se distinguirá y querrá ser distinguido por los valores que atesoramos y que, desde ya mismo, compartiremos.
Y para cerrar el círculo -o continuar la espiral, como quiera cada uno- os dejo un fragmento del artículo Sobre la coexistencia de los medios que el escritor Carlos Fuentes publica hoy en El País, a propósito de las revueltas populares -y mediáticas- que se están sucediendo en el norte de África:
¿La nueva edad que se anuncia, la era de la tecnoinformación, matará a las formas de comunicación anteriores? No lo creo. La radio, lejos de perecer, está hoy más viva que nunca y mejor adaptada a los horarios, tempraneros o nocturnos, de la vida moderna. La televisión no hace sino aumentar y diversificar su oferta: los canales televisivos suman varios miles. ¿Es la prensa escrita la víctima propiciatoria de la nueva -o última- modernidad? Sí, hay grandes diarios que cierran o se achican, o se ofrecen por Internet. Acaso, quizás, la prensa escrita, como la literatura, sólo llegue en su forma actual a los menos aunque a los mejores, aunque yo, como escritor, tengo el gusto de mancharme diariamente las manos con la tinta fresca de un periódico y otros ciudadanos, más jóvenes, leen el mismo periódico en una pantalla. Al cabo, sin embargo, yo no creo que lo nuevo desplace totalmente a lo anterior. Creo que las cosas acabarán por equilibrarse, coexistir, subrayar valores y eliminar defectos, aunque con la posibilidad, humana al cabo, de generar nuevos defectos junto con nuevos valores.

A quién corresponda

Siempre que leo a Arturo Pérez-Reverte saco la conclusión de que estoy ante auténticas radiografías de nuestra realidad, sin servilismos a diestra ni siniestra que valgan. Aquí os dejo su último Petente de Corso publicado en la revista XL Semanal:

«¿Qué voy a hacer ahora?»


El segundo gintonic, Pencho se vuelve hacia mí. Hace quince minutos que aguardo, paciente, esperando que se decida a contármelo. Por fin hace sonar el hielo en el vaso, me mira un instante a los ojos y aparta la mirada, avergonzado. «Hoy he cerrado la empresa», dice al fin. Después se calla un instante, bebe un trago largo y sonríe a medias con una amargura que no le había visto nunca. «Acabo de echar a la calle a cinco personas.»

Puede ahorrarme los antecedentes. Nos conocemos hace mucho tiempo y estoy al corriente de su historia, parecida a tantas: empresa activa y rentable, asfixiada en los últimos años por la crisis internacional, el desconcierto económico español, el cinismo y la incompetencia de un Gobierno sin rumbo ni pudor, el pesebrismo de unos sindicatos sobornados, la parálisis intelectual de una oposición corrupta y torpe, la desvergüenza de una clase política insolidaria e insaciable. Pencho ha estado peleando hasta el final, pero está solo. Por todas partes le deben dinero. Dicen: «No te voy a pagar, no puedo, lo siento», y punto. Nada que hacer. Los bancos no sueltan ni un euro más. Las deudas se lo comen vivo; y él también, como consecuencia, debe a todo el mundo. «Debo hasta callarme», ironiza. Todo al carajo. Lleva un año pagando a los empleados con sus ahorros personales. No puede más.

Cinco tragos después, con el tercer gintonic en las manos, Pencho reúne arrestos para referirme la escena. «Fueron entrando uno por uno -cuenta-. La secretaria, el contable y los otros. Y yo allí, sentado detrás de la mesa, y mi abogado en el sofá, echando una mano cuando era necesario… Se me pegaba la camisa a la espalda contra el asiento, oye. Del sudor. De la vergüenza… Lo siento mucho, les iba diciendo, pero ya conoce usted la situación. Hasta aquí hemos llegado, y la empresa cierra.»

Lo peor, añade mi amigo, no fueron las lágrimas de la secretaria, ni el desconcierto del contable. Lo peor fue cuando llegó el turno de Pablo, encargado del almacén. Pablo -yo mismo lo conozco bien- es un gigantón de manos grandes y rostro honrado, que durante veintisiete años trabajó en la empresa de mi amigo con una dedicación y una constancia ejemplares. Pablo era el clásico hombre capaz y diligente que lo mismo cargaba cajas que hacía de chófer, se ocupaba de cambiar una bombilla fundida, atender el correo y el teléfono o ayudar a los compañeros. «Buena persona y leal como un doberman -confirma Pencho-. Y con esa misma lealtad me miraba a los ojos esta mañana, mientras yo le explicaba cómo están las cosas. Escuchó sin despegar los labios, asintiendo de vez en cuando. Como dándome la razón en todo. Sabiendo, como sabe, que se va al paro con cincuenta y siete años, y que a esa edad es muy probable que ya no vuelva a encontrar jamás un trabajo en esta mierda de país en el que vivimos… ¿Y sabes qué me dijo cuando acabé de leerle la sentencia? ¿Sabes su único comentario, mientras me miraba con esos ojos leales suyos?» Respondo que no. Que no lo sé, y que malditas las ganas que tengo de saberlo. Pero Pencho, al que de nuevo le tintinea el hielo del gintonic en los dientes, me agarra por la manga de la chaqueta, como si pretendiera evitar que me largue antes de haberlo escuchado todo. Así que lo miro a la cara, esperando. Resignado. Entonces mi amigo cierra un momento los ojos, como si de ese modo pudiera ver mejor el rostro de su empleado. Aunque, pienso luego, quizá lo que ocurre es que intenta borrar la imagen del rostro que tiene impresa en ellos. Cualquiera sabe.

«¿Y qué voy a hacer ahora, don Fulgencio?… Eso es exactamente lo que me dijo. Sin indignación, ni énfasis, ni reproche, ni nada. Me miró a los ojos con su cara de tipo honrado y me preguntó eso. Qué iba a hacer ahora. Como si lo meditara en voz alta, con buena voluntad. Como si de pronto se encontrara en un lugar extraño, que lo dejaba desvalido. Algo que nunca previó. Una situación para la que no estaba preparado, en la que durante estos veintisiete años no pensó nunca.»

«¿Y qué le respondiste?», pregunto. Pencho deja el vaso vacío sobre la mesa y se lo queda mirando, cabizbajo. «Me eché a llorar como un idiota -responde-. Por él, por mí, por esta trampa en la que nos ha metido esa estúpida pandilla de incompetentes y embusteros, con sus brotes verdes y sus recuperaciones inminentes que siempre están a punto de ocurrir y que nunca ocurren. ¿Y sabes lo peor?… Que el pobre tipo estaba allí, delante de mí, y aún decía: No se lo tome así, don Fulgencio, ya me las arreglaré. Y me consolaba.» [Vía La Huella Digital]

Jubilación 2.0: menos y más tarde, pero mejor

Estoy indignado. No doy crédito. Y no digo defraudado. Para que esto último ocurra debes esperar algo de la gente, y en mi caso no espero nada de los políticos. Ni de los impostores, ni de los amigos de lo ajeno. Sin embargo, me siento como fuera de siglo. Teletransportado a un pasado que no he vivido aunque se empeñen en secuestrarme con su camisa de fuerza propagandística.

Ayer me propusieron -y seguro que a ti también- alargar mi jubilación hasta los 67 sin contar conmigo. Está de moda. En Alemania ya lo hacen, en Reino Unido están en ello y no sé cuántos países más se han puesto solidarios con el tema. Conviene recordar que Haití no está entre ellos. La línea argumental es clara: la esperanza de vida ha crecido mucho y un pensionista está cobrando una media de 15 años una paga que hace tres décadas tan solo disfrutó durante cinco. Mi pregunta es la siguiente: ¿Con la pasta que ha ganado Europa en las últimas décadas, este magnífico invento de la UE no ha sido capaz de prever un fondo o sistema de reserva para garantizar el bienestar de nuestros mayores? Creo recordar, si la memoria no me falla, que muchos de los tipos que conducen el timón de la nave continental, y cómo no sus asesores, tienen formación universitaria que tengo entendido que da para avanzarse a los acontecimientos. Pero quizá me equivoque. No sería la primera vez y las urnas lo saben.

Se me ocurre una malicia. Sería posible -es un suponer- que las rentas anuales superiores a 1 milloncete de euros -poca cosa-, las empresas con beneficios por encima de los 3 milloncejos -calderilla-, e incluso algún que otro voluntario, tuvieran que depositar anualmente, y por ley -para hacerlo formalmente aunque seguro que no sería necesario-, un porcentaje de sus beneficios en un fondo social, llamémosle «geriátrico», con el que garantizar las jubilaciones de todos esos empleados que le han dado tanto a sus empresas y/o patrimonios personales. Nada, una estupidez más de las mías. Que lástima que por ellas no me paguen ni un chavo como a otros. Y generosamente bien, por cierto. En el supuesto de que lo anterior no dé con mis huesos en chirona, tal vez proponga un plan B: reducir las prejubilaciones de tipos con 52 tacos a los que les quedan más de 30 como pensionistas. Por cierto que los que las padecieron en TVE están muy agradecidos. No es lo mismo ver por en la pantalla Mira quien baila que que te hagan corresponsable de ese programa.

Para reforzar mis argumentos en esa travesía que nos conduce a tiempos en blanco y negro, os cuento otra. Mi padre, prejubilado en su día y ya jubilado mientras escribo estas líneas, me mostró lo que va a ser su pensión para 2010. Cobrará algo más de 32 euros menos que el año pasado. Esta es España. Y lo deprimente es que si miro hacia el otro lado no la imagino mejor. La ecuación es simple. El pasado ejercicio le retenían cerca de un 13% cada mes, mientras que para este año el porcentaje le ha subido a un 16. La causa: los 400 euracos que el Estado nos prestó en 2009. La forma de hacerlo, por supuesto, fue disminuir las retenciones. Pero para este año, que arranca con más parados que la audiencia de El Tiempo de Tve, parece que ya no necesitaremos ayudita. Si como dicen, el optimista es un pesimista desinformado pues a seguir viendo la botella medio llena… Hasta cuando no nos den ni un céntimo por el casco.

Para terminar, e intuyendo que no lo están haciendo por mí, les recuerdo a nuestros amigos legisladores que si les preocupa el que no vaya a saber qué hacer con mi vida a partir de los 65, no tienen nada que temer. He aprendido a entretenerme, a disfrutar de mi vida lejos de la oficina y me temo que en mi caso nadie tendrá que pronunciar la frase: «la jubilación le ha sumido en una depresión por no saber qué hacer con su tiempo libre». Aprovecho para mandarle un mensaje de calma al ministro de economía de turno: no consumiré un euro por ese motivo en atención psiquiátrica de la sanidad pública. Agradezco vuestro interés, pero os habéis equivocado de ventanilla. Sin embargo, y con esto acabo, todo mi apoyo a aquellos a los que su cuerpo les pida aumentar su edad laboral hasta los 90, si fuera necesario, picando piedra o defendiendo legalmente a los bisnietos del corrupto de turno. Así que: cada uno es cada cual o vive y deja vivir; cualquiera de los dos me vale.

Manifiesto: "En defensa de los derechos fundamentales en Internet"

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales
de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial –un organismo dependiente del Ministerio de Cultura–, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles
y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

NOTA: Este manifiesto fue redactado conjuntamente por periodistas, bloggers e internautas, en una maratoniana sesión durante la tarde-noche de ayer -por el pasado martes-. Si estás de acuerdo, difúndelo por todas las vías que puedas.

Educación para la prepotencia

La cosa mejora. En Pozuelo montan la segunda parte de Gladiator sin avisar. La Espe nos sorprende con una buena ocurrencia: dotar a los profesionales de la educación de la condición de autoridad pública. Dicen que el plan b es subvencionar un chaleco antibalas para cada docente. Todavía recuerdo el primer día en que entré en un aula para impartir mi amable clase de ofimática, y un mochuelo de doce primaveras me recibía con los pies sobre la mesa embargado por la emoción y quizá también por María, la seglar. Ahí supe que lo mío era vocación. Vocación por comer cada día.

Si me pongo a pensar -con moderación es hasta beneficioso- en la manera en que hemos dejado que discurra este tinglado, me crispo. Y es que cuando un guajiro se dirige a mi con aires de suficiencia se me acciona involuntariamente un resorte corporal, cuyo mecanismo nervioso transforma la estupidez del tucán en energía voltaica biodegradable, que recorre mi nervio ciático hasta el sótano de mis pezuñas. Si el lechón prosigue en ese intento por consagrar su memez, está en vías de lograr desviar mi riego sanguíneo a fin de cargar mi extremidad inferior derecha con temible mala leche. A partir de ese punto, cualquier desenlace es posible. Hasta que prosiga escuchándole como si nada. Es lo que tiene anteponer siempre el ahorro de energía inútil a cualquier decisión. Y si no, que se lo digan a W. Bush.

Ciertamente, los individuos con pose de superioridad tienen la habilidad de poner a trabajar a destajo mi flora intestinal. Un tipejo que propone una relación con los demás desde su altiva mirada, se merece un cólico testicular de proporciones similares a cincuenta años de celibato.

Cita postuaria: «El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad». (Ludwig van Beethoven, 1770-1827).

Spain is different

Os dejo dos reflexiones findesemanales que me han llegado al alma en estos últimos días. Proceden de la caja tonta, también conocida como ‘negociazo de las pelotas vascas’ o ‘con que poquito ganamos tanto’. Suelto lastre:
  • (Se le pregunta a un menda si tiene documentación) ¿Qué zi tengo carné de conducí? ¡Pero zi yo me zaqué er DNI a la cuarta!
  • (A la pregunta de qué viene a hacer habitualmente a la playa) Ir más borrasho que el cuñao de Rocky.

Seré condescendiente y esta vez no os reclamaré remuneración alguna por tan exquisito servicio cultural. Siempre vuestro.

Para los que no encontrasteis razones

Después de que menos de la mitad de vosotros -me refiero a los que os acostáis como europeos cada día- ejerciera su derecho a voto en las pasadas elecciones europeas, he echado en falta algún que otro análisis autocrítico de la familia política en general, por cierto cada día menos numerosa. Entre lo que he podido (esta vez sinónimo de querido) leer y escuchar en las últimas semanas me quedo con está dura reflexión que expresaba Agustín Pery, director de El Mundo-El Día de Baleares, el pasado 14 de junio. En ella enfoca la realidad política y social de nuestros días sin paños calientes. No habla de colores ni de tendencias. Habla de las personas que los abanderan. Que nos representan. O eso creen.

Por ciento (y pico) razones

Diseccionados los resultados, leídos todos los articulistas propios y extraños, escuchados en confesión tirios y troyanos y consciente de que lo que escriba es hoy más que nunca papel mojado, me dejarán que al menos felicite al verdadero vencedor de la cita europea: el partido de la abstención. Y_como ya saben que siempre intento ser original, aunque casi nunca lo logre, esculpo esta columna con el ritmo de un anuncio de Coca-Cola. Son las razones, algunas, por las que los baleares pasaron de votar. Se las ofrezco gratis a los políticos. Ya saben, entiendo el periodismo como un servicio público:

—Porque no les creo.

—Porque si les creí, me defraudaron.

—Ellos cada vez son más ricos y yo cada vez más pobre.

—Porque qué más da que vengan los otros.

—Los buenos son cada vez más malos.

—Los malos se parecen cada vez más a los buenos.

—Porque son como Juan Palomo y yo ni guiso ni como.

—Bruselas está muy lejos… afortunadamente.

—El Parlament está muy cerca… desgraciadamente.

—Porque mienten hasta cuando dicen la verdad.

—Porque miran hacia dentro y hace tiempo que estamos fuera.

—Cuando miran hacia fuera es para seguir estando dentro.

—Porque si te tapas la nariz te toca respirar por la boca.

—Una urna vacía es un corte de mangas.

—Porque nada es lo que parece, ni mucho menos.

—No podré con el enemigo pero jamás me uniré a él.

—Antes que morir de pie prefiero tumbarme en la playa.

—Ojos que no ven corazón que no siente. El mío es una piedra.

—Porque lo peor está por llegar.

—Porque a mí que me registren.

—De ilusión también se vive pero con los políticos se acaba en la tumba.

—Ya tropecé demasiadas veces con la misma piedra.

—Creo en otra forma de hacer política y la mía es ésta.

—Porque se parecen tanto que ya no los distingo.

—Porque sigo esperando.

—Porque estoy desesperado.

—Dejé de admirarlos.

—Empiezo a despreciarlos.

—Porque siempre ganan los mismos.

—Porque siempre pierdo.

—A mí ya no me pillan.

—Porque me pillaron demasiadas veces.

—Porque no se dan cuenta de que es mejor estar sólo que mal acompañado.

—Yo no soy como ellos.

—Es mentira que si no votas no puedes protestar.

—Es verdad que si no votas te van a mandar igual.

—Porque así tengo la conciencia tranquila.

—Porque no son conscientes de lo que pasa.

—Quiero castigarles.

—Porque les conozco.

—Ellos a mí no.

—Se ríen de nosotros.

—Así me río yo.

—Porque nunca pasa nada.

—Para que algún día pase.

—Porque si pasa, me sentiré orgulloso.

—Porque viven de nosotros.

—Porque nos dan muy mala vida.

—No cuentan con nosotros.

—Nos van a contar igual.

—Para que el malo conocido no cuente conmigo.

—Porque a mí que no me pillen.

—Porque les da igual.

—Porque a mí también.

—Porque si ganan ellos, yo pierdo.

—Porque si pierden, yo gano.

—Porque son el conjunto vacío.

—Porque ya no me llenan.

—Porque fuera de la política hay mucha vida.

—La política está muerta.

—Porque creo en la democracia.

—Porque ellos no.

—Porque en política todo vale.

—Valgo más que ellos.

—Porque sigo esperando.

—Porque de ellos ya no espero nada.

—Porque unos son corruptos y los demás callan.

— Porque grito con mi desprecio.

— Porque lo controlan todo.

—A mí no me controlan.

—Yo me iré.

—Ellos se quedarán.

—Porque espero una revolución.

—Son unos ignorantes.

—No hay mayor castigo que ignorarlos.

—Nunca están cuando los necesitas.

—Ellos me necesitan más que yo a ellos.

—Porque les veo venir.

—Nunca les veo irse.

—Cuando se van parece que huyen.

—Nunca dan la cara.

—Tienen demasiada.

—Viven en otro mundo.

—Porque lo pagamos entre todos.

—Por si las moscas.

—Contra los moscones.

—Porque no se dan cuenta.

—Porque yo sí.

—Porque siempre tienen excusas.

—Porque no me hacen falta.

—Porque no valen nada.

—Porque mi voto vale mucho.

—Porque no saben nada.

—Creen saberlo todo.

—No tienen remedio.

—Me niego a ser su solución.

—Prometen mucho.

—Yo no les prometí nada.

—Me quedo tranquilo.

—Por si se ponen nerviosos.

—No solucionan mis problemas.

—Quiero ser el suyo.

—Nos dan por hipotecados.

—Yo a ellos también.

—Porque no saben lo que les espera.

—Porque yo sí.

—Porque se agarran a la silla.

—Porque no dan ni golpe.

—Por dárselo.

—Porque ¡ya vale!

—¿Por qué tendría que votarles?

Que se abstengan de explicármelo.

agustin.pery@elmundo.es