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Cuando el fútbol es lo de menos

He decidido profanar este bendito blog (recordemos que me soporta a diario y eso implica una prima automática de cielo ganado) y hablar de fútbol aunque sea por una vez. Pasar por alto que los cuatro partidos entre las dos medias Hispanias -así no ofendemos a nadie- están consiguiendo lo que no ha logrado la crisis (movilizar a todo un país para defender una causa, ya sea blanca o azulgrana) merece nuestra atención, en el grado que cada uno encuentre oportuno y desde la perspectiva más o menos favorable que decida cada cuál, Mou me libre.

Si bien la primera entrega de la saga más prolífica después de Millenium no fue memorable -salvo para para el responsable del abono del Bernabéu-, sí que en el caso del segundo fascículo el espectáculo exhibido y sus consecuencias han sido contundentes. Gracias a los responsables -y amigos- del blog Zona Mixta que me ceden sus bites de tanto en tanto, me he arrancado por soleares para ofrecer mi visión del asunto, ni mucho menos la correcta. Ellos, como buenos periodistas deportivos, saben que si no fuera por la desgravación fiscal que se asocia a este gesto solidario, no me permitirían tal exceso. Será cuestión de dejarse de rodeos, hincar los tacos y colocarme las espinilleras para prevenir vuestras represalias. Empieza así:

 

El Hachazo | Daños colaterales

Por Héctor Romero

Empezaré por el principio. José Mourinho no me gusta. En concreto, lo que me desagrada especialmente es todo lo que tiene que ver con su puesta en escena lejos de la espesa hierba, retratada en esa cruzada caza-fantasmas fruto de la obsesión por colocar el foco mediático en la dirección que marque su índice, y no al revés. Un intento por encajar en la historia del Real Madrid algunas de sus actitudes requeriría de la intervención de dinamiteros ejerciendo un preciso trabajo de voladura, reduciendo a escoria valores que hasta la fecha han llevado el copyright blanco. Tal vez sea la ausencia de un currículum de primer nivel como futbolista, o tal vez no, el detonante de su goma dos verbal como el único modo de lograr posicionar su discurso a la altura del de sus colegas, que en muchos de los casos cuentan sus carreras calzando botas de tacos a base de entorchados… [SIGUE AQUÍ]

 

El triunfo del hombre bueno

He disfrutado horrores leyendo un extraordinario artículo de Luis Gómez sobre Vicente Del Bosque en el suplemento Domingo de El País. Cuando llegas al último punto has entendido qué ha sido el señorío, de dónde ha mamado y cómo esos valores que parecían casposos y trasnochados se han convertido en el paradigma del actual manual de éxito sobre gestión de grupos. Resulta curioso como los que hace años fueron los detonantes de su salida del Real Madrid -diálogo y convicción frente a imposición o mano dura, moderación frente a impulsividad- ahora son ejemplos de la vanguardia en la gestión de recursos humanos. Y con ellos parece que también se puede ganar un Mundial. Me quedo con este extracto del reportaje:
[…] «Se podría decir que Del Bosque cumple con el perfil del líder del siglo XXI. Ha sabido dirigir y crear un equipo humano con los valores y la actitud que exige la sociedad actual. No avasalla con sus decisiones, sino que convence y da seguridad con su templanza… Del Bosque […] ha sabido repartir papeles haciendo sentir a todos que eran parte de la victoria y parte de la derrota. Se ha cumplido de esta forma con una de las teorías en la gestión empresarial y gestión de los recursos humanos que más importancia tiene en la actualidad: la orientación hacia los grupos de interés, es decir, hacia sus jugadores, técnicos, personal de apoyo, afición, periodistas y especialmente a sus rivales, a quienes siempre ha demostrado el máximo respeto, tanto a través del juego de sus jugadores como fuera del terreno de juego»… [Aquí puedes leer el reportaje completo]