Octavio B.

LAS MENINAS de García y Olivares, en Faro de Vigo

Si no sienes bastante con este texto sobre Las meninas (o si te parece demasiado largo), aquí tienes el que publiqué ayer en Faro de Vigo, una crítica para un lector generalista de diarios. Un clik encima para leerla:

: Visado : Página 6 Cómic Velázquez

LAS MENINAS, de Santiago García y Javier Olivares.

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Esquema de reflejos

Todos conocemos el cuadro Las meninas de Velázquez. Yo así a vuelapluma puedo recordar haberlo estudiado en COU, antes sin duda también, y después en tercero de Geografía e Historia y nuevamente en quinto, en la especialidad Historia del arte. Lo he visto en la tele, en libros, en diapositiva en el aula. Pero no lo vi realmente, nunca antes vi un Velázquez, hasta mi visita al Prado en el tardío 2000. Lo mismo podríamos decir de toda pintura, que es ella y nunca jamás su reproducción, pero la observación directa (entre mareas niponas) de Las meninas radicaliza como pocos otros casos la diferencia entre obra original y cualquier intento de reproducirla. Quizá solo Miguel Ángel pueda superar esa sensación. O no. El italiano provoca una total admiración ya en el libro de Anaya de Bachillerato mientras que para caer anonadado ante el mayor pintor de todos los tiempos hay que estar delante de él. En plata: Velázquez apenas me gustaba hasta que lo vi “realmente”. Y entonces me transportó.

El hecho es significativo, porque Santiago García y Javier Olivares se han acercado a la obra desde un cómic, arte que no concluye hasta ser reproducido por medios mecánicos. De hecho la exposición sobre la confección de la obra sita en el Museo ABC en Madrid entre el 26 de septiembre y el 16 de noviembre de 2014 deberá reflejar esta idea de “lo previo”. Todo lo que antecede a la labor de imprenta es trabajo previo, no final. Lo importante es que aquí, en este concepto, tenemos ya un primer discurso de un cómic que engloba una cantidad de contenido, idea y tesis sencillamente mareante. Las meninas nos obliga a plantearnos qué es el arte y cuál la naturaleza del arte pictórico. Y la del noveno. Como hecho en sí, entonces, esta novela gráfica ya hace pensar, porque una de las respuestas queda reflejada en la diferente naturaleza del concepto de obra acabada que tienen un lienzo y un cómic. Y al comparar estamos comparando también aquello que mueve a los autores, todos. Diego Rodríguez  de Silva y Velázquez quiere hacer Las meninas como García y Olivares quieren hacer Las meninas. Es un juego de reflejos, entre autores, artes, obras, que rebotan en el espejo que eres tú. Porque Velázquez pinta pata ti, y García y Olivares crean para ti. Porque pese a sus diferencias, todo arte tiene un denominador común: lo concluye la mirada. Del rey, del mecenas, del turista, del lector, del espectador. Nosotros hacemos y concluimos la obra, la obra y nosotros somos espejos de un concepto. El arte es concepto, pero es un concepto mutante, inaprensible. Como lo es la imagen del espejo, según quien se enfrente al cristal y según las deformaciones del propio cristal. La restauración, en este sentido, es la técnica que devuelve a la obra su original concepto, reviviendo policromías ocultas por suciedad secular, revelando información escondida por los efectos del tiempo. No hay para el arte y la obra de arte un concepto total e inmutable. Un daño temprano que no se restaura hasta muchos siglos después puede modelar durante generaciones el concepto que de la obra se tiene. Y aún así, el concepto original obedece a un tiempo. La obra restaurada, devueltas sus particularidades organolépticas, ya no recuperará el concepto original, porque su reflejo lo recibe otra gente y otro tiempo. Otra idea poderosa que descansa en las páginas de la novela gráfica y que insisto, tiene mucho que ver con proyecciones y reflejos: el significado de la obra lo modula cada nueva mirada sobre ella, y así Las meninas, la novela gráfica, es una nota más en la sinfonia inacabada (inacabable) de interpretaciones. En este caso, el arte interpreta al arte. El cómic se refleja en la pintura para devolvernos otro reflejo, la mirada de dos artistas, García y Olivares..

Pero en el argumento de Las meninas, la historieta, sí que hay un punto final que concluye el cuadro. El rey Felipe IV, como algunas fuentes especulan, acaba la obra con su propia mano. ¿Quién hace a quién entonces? Santiago García propone una segunda mano para terminar, completar la obra y poner en justa medida histórica a la figura del pintor sevillano. Y desde ese momento la historia sabrá que el arte, efectivamente, hizo noble a Velázquez. Otra idea importante que extraigo de la lectura: el poder transformador del arte. ¿Va Las meninas, el cómic, a transformar a Olivares y a García? En la pequeña posteridad de este pequeño noveno arte, y aunque os parezca exagerado, opino que sí (y lo razono, ¡emocionante, sigan leyendo!). Javier Olivares necesitaba algo de la enjundia de este cómic para que de una santa vez todos lo ubiquen en el lugar que se merece. Muy alto, muchísimo. Una de las figuras más importantes, desde su actividad a cuentagotas en un mercado atomizado (los ochenta a punto de derrumbarse por la caída del mercado de revistas, los noventa convertidos en un páramo). Y García se concreta conduciendo todo su bagaje como teórico y creador en una obra, cocida a fuego lento durante años, que pone en práctica del modo más preciso, definitivo y perfecto su idea de ese espacio ya concreto, claro e ineludible que es la novela gráfica. Porque Las meninas no puede ser nada más que una novela gráfica. Y es la mejor hecha nunca en castellano (acaso codeándose con El arte de volar, de Altarriba y Kim).

Para que lo haya sido, un cenit, es importante analizarla de cabo a rabo y extraer todos sus valores, hayazgos e ideas, cosa que no va a suceder en este texto, porque carezco del ánimo y porque sin duda se me escapa mucho de lo que se me ha contado (pero lo presiento… mi sentido arácnido zumba).

Apuntemos a la importancia de su estructura, en capítulos o partes significativas en cuyo desarrollo se juega con las elipsis temporales y los saltos no lineales en la narración, gracias al recurso de la pesquisa (un caballero va buscando datos sobre el pintor, para vetar si puede ser, la admisión del sevillano en la orden nobiliar de Santiago). Este entramado de líneas temporales, espacios en blanco y momentos delicadamente detallados e imaginados, se salpica además con la aparición de  Foucault, Picasso, Dalí, Goya o Buero Vallejo (además de muchos artistas coetáneos del autor de Las lanzas, o maestros rememorados en la narración por los personajes, como Rafael o El Greco). García y Olivares buscan la verdad de Las meninas en los artistas que en este cuadro-espejo han buscado la inspiración. El arte es nuevamente un reflejo que otros recogen. Los otros como motor del concepto de cambio. En fin, que sí: al arte lo hacemos, como el rey ante el cuadro lo hace y conforma la obra en todas sus dimensiones. Pero antes nace del autor. Y precisamente eso, antes que la hagiografía del sevillano o las bondades de la obra, es lo que se cuenta en el cómic. Velázquez ante la necesidad de una obra maestra que lo encumbre en su sociedad y que lo eleve más allá de su época. Parece que la forma de alcanzar tamaña meta es el viaje, la experiencia, el conocimiento, Italia, la Corte madrileña, el reconocimiento… ¿habría sido posible Las meninas sin todo ello?. El vecino, Beowulf, todas las historias de García,  mandolrablog, La novela gráfica (el ensayo) y todo su trabajo como traductor de cómics… ¿Habría sido posible Las meninas sin todo ello? Y ¿qué meninas serían sin el concurso de Javier Olivares? Obligado en su carrera a depurarse en la ilustración, por la falta de espacios para su idea de lo que el cómic es, en su grafismo conviven contrapuestos tan fuertes que hacen de su trabajo algo único. Experimental pero accesible, comercial pero personalísimo, su trazo puede convivir con el de cualquier ilustrador de literatura infantil (disciplina que tamién practica con preciosos resultados) y alojarse en la propuesta más radicalmente artie del mundo del cómic (recordemos que transitó las páginas de Madriz y Medios Revueltos), es acogedor y rupturista, se mira tanto en Muñoz o en Jack Kirby como en Die Brücke o el cubismo sintético, y partiendo de los modos clásicos construye páginas de lectura sencilla que, sin embargo, no se cansan de jugar traviesamente con los códigos del medio, con guiños al mentado Kirby o incluso a Chris Ware (me parece advertirlo en esos edificios habitados… que también remiten a Ibáñez, claro). Variaciones de estilo gráfico sutiles o más evidentes, viñetas de encuadres oníricos, caricatura casi bufa, empleo narrativo del color marcando distintos tiempos y lugares, cambios de tono radical (recargado a veces, minimalista otras, siempre atendiendo a lo que pide cada momento). Todo esto y más nos da Olivares.

Así que juntos escritor y dibujante, porque es obra indivisible, han creado una obra que habla de demasiadas cosas para abordarlas ahora. El papel del mezenazgo en el arte (ahora decimos “la Industria”); la ruptura entre arte y artesanía; la leyenda del artista como alma “dotada”; la nobleza del artista, que no es un artesano que ensucia sus manos en labores manuales; la casta (entonces, nobleza); la importancia de la cultura como valor, motor y patrimonio de los pueblos a los que define (ahora y entonces, siempre, o somos cultura no no somos nada); el cómic y sus aspiraciones reflejadas en las de un pintor del siglo XVII; y los reflejos, todo el rato los reflejos, como esa doble página en que el rey mira el cuadro que le mira, y al hacerlo, nos mira, y nosotros vemos otro reflejo, pues tras su majestad miran también los grandes artistas que han sentido el peso velazqueño. Me hace gracia que en esa maravillosa composición, reflejo, como no, de la del cuadro, los retratos de García y Olivares ocupen el lugar que en Las maninas corresponde a José Nieto Velázquez, el aposentador de la reina, personaje del que no se puede saber por su gesto si entra o sale de la estancia. Santiago García y Javier Olivares, entre el cuadro y el cómic, habitan también dos espacios, ambos obras maestras. Lo repito: esta novela gráfica es una obra maestra. Punto pelota.
MeninasPortada

TORPEDO 1936 de Abulí y Bernet

Aunque es una lectura de hace muchos años, la edición integral me pareció suficientemente enjundiosa para darle un espacio en Faro, en tanto que me parece uno de los más potentes iconos del cómic adulto de la era de las revistas mensuales.
Lo de siempre, un clik encima para leer bien:
: Visado : Página 6 Stigmata

ERRATA STIGMATA, de Beto Hernández

Tirando de títulos chorras pero epatantes. Intentando abrir al lector generalista de Faro de Vigo a los cómics del gran Beto con el motivo de la edición de Errata Stigmata. Un clik y se abre la imagen con el artículo:

: Visado : Página 6 Stigmata

Uniendo cabos sueltos o no tan sueltos

Acabo de leer Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares. Obra de la que hablaré largo y tendido, pero no aquí. Ahora querría detenerme en algo que me ha llamado la atención en las tres últimas novelas gráfica de García (y que sin embargo no usa en sus dos tebeos para ¡Caramba!, acaso porque hablamos de un formato, el cómic-book, que exige determinado ritmo, acaso porque alguno de estos tebeos, El Fin del mundo, se somete a un esquema de página cerrado e inmutable, por cuestiones narrativas).
Si nos fijamos, tanto Beowulf (2013, con David Rubín) como Fútbol (2014, con Pablo Ríos) se abren con una intro de pocas páginas o de tan solo una, que deriva en una ilustración a doble página. La obra maestra sobre Velázquez (queda dicho, lo es: compradla ya) se inicia con una doble página ya a bocajarro, pero pronto tras varias páginas añade otra. Valdrían ambas, la verdad, para seguir exponiendo mi tesis, pero la inaugural en esta ocasión hace antes las veces de telón cerrado, un marco previo de ubicación física y temporal y la segunda opera mucho más en el sentido que estoy intentando explicar (tercera imagen a continuación)

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Beowulf, el paisaje desolador

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Fútbol, el deporte más grande del mundo

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Las Meninas y la angustia del artista.

Santiago García emplea estas dobles páginas con el acierto de quien entiende el medio que usa. El cómic es un espacio libre que el autor acota, un inmenso blanco sobre el que desplegar la narración visual. No dudo que en cada caso los dibujantes han aportado su punto de vista y puede que incluso la presencia de estas dobles páginas sea una casualidad, pero qué casualidad más grande… porque en todos los casos este recurso tiene algo unificador, un modo de entender su función que va más allá de lo estético, conformando siempre una suerte de apertura del telón, por seguir con la imagen de arriba. Como si de una ópera se tratase, el inicio de estos cómics es una obertura, la melodía introductoria y preparatoria antes de que se abra el telón y muestre un primer cuadro. Por primera vez, en estas páginas dobles, contemplamos la realidad tanto física como, sobre todo, emocional de lo que se nos viene encima (de lo que vamos a leer, en fin) y lo hace, a la manera operística, del modo más grandioso. De un golpe de “grandeur” se nos ubica, sobre expuesta nuestra vista ante una imagen poderosamente significativa de muy escaso texto. La imagen a doble página ubica sobre todo emocionalmente, retrata el pathos de lo que vamos a leer: el marco de desolación que enfrentará Beowulf, el héroe; el fútbol como mucho más que un deporte rey; la angustia de la creación, el reto del artista, íntimo e interiorizado.

No conozco ningún medio narrativo que pueda hacer algo así, modular los contenidos y la información que se ofrece al lector/espectador haciéndonos ralentizar el ritmo con el que estamos asimilando la narración, porque aunque esa doble página (ver arriba de nuevo) carece de densidad literaria y podría sobrevolarse de un vistazo y tirar millas, que aún tenemos unos cientos de páginas por leer, la densidad real en la narración que suponen, esa focalización de información importante en una ilustración que abarca todo lo que en ese momento podemos ver del cómic, nos obliga a respetar el parón que nos reclama. No se puede pasar de puntillas por estas dobles páginas. No se puede porque los autores asumen que su contenido es importante y dominará el resto de la obra, que obedecerá a reflejar o solucionar o resolver esa doble página.

Curiosamente García y Manel Fontdevila emplearán una doble muy significativa en Tengo Hambre, su tebeo de 24 páginas, ya bien entrada su segunda mitad. Pero como he dicho la obra obedece a una forma, extensión e intención, y el efecto buscado es muy distinto. Nuevamente, sin embargo, estamos ante la magia del cómic: lo mismo (emplear una doble página con efectos narrativos e informativos) se utiliza de modos muy distintos según la obra, las pretensiones y si me apuras, el formato.

Para menores de 18 años.

Estos días he tenido algunos encuentros propiciatorios para unir cómics e infancia. De estas “tranches de vie” hay que sacar ideas ¿no? Así que las comparto sin ánimo de presentar ningún estudio sociológico ni similar, por supuesto. Pero es interesante plantearnos qué piden los críos de los cómics (si alguna vez llega alguno a sus manos) y cuál es la actitud adulta al respecto. Me temo que todo esto trasciende el tema Historieta, pero para averiguarlo hay que andar el camino. Y escribirlo.

Lo primero, la historia de un regalo. Hace poco he regalado “Beowulf” a un niño de unos doce años. Todos convenimos en la naturaleza adulta del artefacto firmado por Santiago García y David Rubín. Es la transcripción nada posmoderna, relativamente fiel, de un texto sajón sobre gestas heroicas y monstruos temibles. Es también un trabajo de metacómic donde se habla de la historia tras la obra, merced a un final fabuloso y un necesario epílogo de un artista invitado. ¿No es entonces un buen regalo para un chaval de doce años? Pues claro que lo es. Acción, violencia, lecciones éticas de fondo (el comportamiento heroico frente al derrotismo, por ejemplo)… y sale una polla eyaculando.
¡Ave María Purísima, se ilustra una “pijote action”!. Pues sí. Esa escena, por cierto, es de las cosas que más ha “molado” al crío, que parece ser que la leyó entre atónito y divertido, plan “¡mira mamá, mira!” ¿Y qué pasa? ¿es algo malo, obsceno, pornográfico, o es una descripción descarnada de una bestia amoral?

Beowulf y el sexo

Beowulf y el sexo

Es obvio que ni yo ni tú iremos por ahí enseñando a los niños escenas de sexo gratuito, eyaculaciones porno o violaciones, por ejemplo, pero en el contexto “Beowulf” la naturalidad lógica de ese momento “fuerte” lo convierte en algo, me atrevo a decir, enriquecedor hasta para un chaval que aún no es ni adolescente (o casi). El problema no es la mirada del crío. La mirada del niño es limpia, se empapa con una pureza fortísima. Esa escena se le grabará como tengo yo grabadas las hostias de Spiderman a El Tigre Blanco en un “Peter Parker”.
Y luego tenemos la objetividad irracional de un niño. Es interesantísimo conocer qué le parece a un alumno de la ESO algo como “Beowulf”: sin dejar de disfrutar la historia narrada, alucinando con la potencia gráfica, es lo visual antes que nada lo que parece atrapar a nuestro “objeto de estudio”. También de un modo casi diría abstracto, los elementos que le disgustan son inexplicables. A mí de crío se me atragantaban los labios que ilustraba Gil Kane. Hoy resulta que un niño no disfruta de los ojos tal como los dibuja Rubín habiéndole gustado mucho el trabajo del dibujante en general. Me fascina este poder en la imagen narrativa. Aprenderá, claro, que la mirada del ilustrador a veces aleja a su dibujo del naturalismo para lograr ciertos efectos de narración y/o estéticos (por cierto, NADIE dibuja labios tan bien como Kane, por supuesto). Pero la forma de leer de un niño, creo, es libre y liberadora. Nos enseña a veces, o nos recuerda, a los adultos, un poder maravilloso de la historieta. Que es narración, pero que también es dibujo, y ese dibujo se aprehende de un modo irracional en primera instancia. Sí, luego viene el adherirnos a escuelas estéticas (somos más de línea clara, de manga, de…), entender la importancia de la planificación de las páginas y por supuesto que el cómic es relato ante todo. Pero esa fuerza irracional del primer golpe de vista mueve montañas. No en tanto que crítico de cómics, pero sí, desde luego, como lector. Ojalá nunca me olvide de disfrutar de ese modo casi abstracto de los cómics. He dicho muchas veces que el cómic se aleja hoy de lo artesanal y del acabado “verité” para entenderse a sí mismo como concepto. El dibujo debe desentrañarse en función de la historia porque el dibujo ES la historia también. Pero lo bueno de la historieta es que aún sabe del valor de lo artesanal. Es lógico que un chaval lo flipe con la escenas de Beowulf enfrentado al enorme dragón a doble paginaza (así ocurrió en nuestro caso), y con las canas debemos saber mantener esa capacidad. Hay un equilibrio que pocos medios/artes mantienen hoy, el que se da entre concepto y realización, entre arte y artesanía, y el cómic aún lo tiene. Al menos, en numerosas ocasiones aún lo mantiene. Y además salen pijotes.

Cambiamos de tercio. ¿Habéis visto esa… cosa… “Hora de Aventuras”? Es una serie de televisión con su correspondiente tebeo. Nota al margen, buen tebeo, además. Pero no me gusta que mi hijo lo vea, porque mira, es como surrealista de más y bueno, hacen cosas que en fin…

Por supuesto estas palabras en cursivas NO son mías. “HdA” es la mejor serie para chavales que recuerdo desde… es la mejor serie para chavales, punto. Además de un portento visual de imaginación que no parece tocar techo, es divertida, loca, algo irreverente que no soez o inadecuada para horario infantil, y tiene aguijón. Es punzante. Y esta semana he topado con quien me soltó exactamente lo que os intenté colar al principio. ¿Qué es bueno para niños pues? Quizá una serie de suaves dibujos en un marco natural, didáctica, que nuestros hijos aprendan valores para la ciudadanía. Igual si la protagoniza un bonito delfín y lo bautizamos, a ver , algo cursi y gilipollas… “Delfy”. Y que viva aventuras rescatando cangrejos que se pierden en el coral y… Hacemos de nuestros hijos monstruos de baba. O seres babosos, vamos. “Hora de Aventuras” es perfecta porque sí, mantiene y potencia valores importantes (el más obvio, la amistad) pero su alergia a la cursilería la hace ser una serie divertidísima, irreverente e imaginativa. atDeberíamos tomarnos una relaxing cup of LSD in la Plaza Mayor, destensar, ver el mundo de otro modo, vamos (lo de la droga era broma, no os metáis nada, anda). Hay que ser pOp y hasta un poco trash, olvidar los patrones burguesitos del buen gusto (Puaj!) que nos guiarán en la tutoría eficaz de nuestros pequeñuelos. Y darles candela. Vigilando, claro, que los cómics que les pasamos son acordes a nuestros principios éticos, porque no lo olvidemos, un niño está creciendo y por tanto aprendiendo.

Incluso con 16 años. Este fue el otro tema, me pidieron consejo comiquero para un regalo a una chica de 16 que ya es lectora de manga. Sobre la mesa sobrevuela “Bone”, que no está mal pero francamente lo veo, sobre todo su primera parte, la carrera de vacas y tal, para otra edad. Más joven. Sugiero “The Sandman”. La de Gaiman lastra un dibujo sobre el que el tiempo ha caído como una losa, poco/nada atractivo a un joven/jóvena de hoy. Al menos durante sus primeros arcos argumentales, me temo. Pero su argumento fantástico aunque distópico (nada de reinos tolkianos y tal), su terror contemporáneo y el tono ese lánguido de la serie me parecen perfectos para una lady sixteen.
Sin embargo mi contertulio difiere. Por el tema del dibujo, de acuerdo, pero también por demasiado sórdida. ¿Mande? ¿A qué edad hemos visto “Alien” o mejor, “Pesadilla el Elm Street”? ¿Un dibujo de un tipo con fauces en los ojos es inadecuado para un lector de 16, en serio?

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The Sandman, EL Corintuio y sus dientes.

Creo que el prejuicio distorsionador que hay sobre los cómics, incluso entre alguna gente que es lectora de cómics, sigue muy presente en nosotros. Es el mismo prejuicio que arrastramos desde siempre, esa consideración del cómic como algo para niños que siempre hemos intentado rebatir pero que era imperante. La otra cara de la moneda pasa por asegurar que no es solo para niños, y por tanto otorgar a las narrativas que se nos ofrecen, cuando se alejan de lo 100% infante, una categoría “madura” que tampoco es exacta. El espejo deformante actúa también en el caso. Y nos decimos que “Mundo Mutante” e Corben es material adulto, y que”The Sandman”, una serie ideal para la adolescencia, resulta compleja de más, o sórdida de más, o que una violación de un escritor a un… hada, es material no recomendado para menores de 18.

Bueno, si algo define a la novela gráfica supongo que es romper esa mecánica drasticamente, ofrecer material realmente maduro, a partir del cual podemos redimensionar la naturaleza y el lector real para cada cómic. Aunque si “el mundo real” sigue habitando los clichés de hace 25 años, el crecimiento será diminuto y solo dentrr del pequeño círculo de los lectores de cómic. De algunos lectores de cómic, mejor.

Y en fin, hasta aquí. Hemos (he) recorrido un camino con tres tramos con base en una simple experiencia personal y singular (ergo, espero que parcialmente equivocada): experimentar cómo un chaval realmente es mucho más esponjoso a la experiencia lectora de lo que nos pensamos (“Beowulf”), comprobar que los padres seguimos siendo unos carcas finos (“Adventure Time”) y nos preguntamos si no sobredimensionamos lo que es un cómic (y muchas veces “para mal”) en comparación con el cine o la literatura (“The Sandman”). Y como única conclusión, recomiendo que nos acerquemos todo lo que podamos a menores de edad, les hagamos colisionar brutalmente con la historieta con la menor cantidad de filtros posibles (claro, no le pases a tu sobrina de 5 “Alec”, no es para ella) y veamos los resultados. Pueden resultar sorprendentes.

PUTOKRÍO, de Jorge Riera y… muchos dibujantes.

Un tebeo intenso, que nace ortodoxo (salvo por el baile d eilustradores), cfrece sincero y termina en una pirueta fabulosa. En Faro lo comenté ya:

: Visado : Página 6 Cómic Igort

CUADERNOS RUSOS, de Igort

Faro de Vigo de luxe. Un tebeo d elos que más me han impresionado últimamente. Igort con una de las obras del año, un hostiazo contundente que deja huella tras la lectura. Xomo siempre, a un clic amplías el artículo:

: Visado : Página 6 Cómic Igort

 

GRIZA ZONO, de Andrés Magán

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A Andrés Magán podíamos rastrearlo en fanzines del calibre de Kovra, en colaboraciones como las cajas de Autsaider cómics y, si eres de Vigo, en bastantes carteles de bandas y eventos musicales (recuerdo una cerca de mi casa anunciando un combinado de Lisabö, Unicornibot y unos holandeses, creo que eran, y el propio Magán es parte d euna banda que… pero coñe, esto es un blog de cómcis, no de rock).
Ahora estrena trabajo largo en solitario para la editorial viguesa Fosfatina -¡EH, VIGUESA, SÍ!-.
Y ya que estrenamos editorial comentar que el cuaderno de Magán está bien. Pide, eso sí, más gramaje de página, pues transparenta, pero el cómic es elegante, detallista y se nota que hay ganas de hacerlo bien.
Ahora hablemos de “Griza Zono”. Un tebeo sin palabras donde Magán pule su registro feista y underground para filtrar influencias excitantes: yo veo en sus dobujos  cosas de Yuichi Yokoyama, Jason, Jim Woodring o incluso el ultimo Max.

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Turbio y lírico, entre la poesía y la pesadilla, el universo de “Griza Zono” puede ofrecer sabores reconocibles, y aunque ya no nos vamos a dejar sorprender por una trama más o menos indescifrable y surreal no dejo de rendirme a su enorme atractivo. Magán es personal, inquietante, y “Griza” te obliga a perderte en sus enigmas una y otra vez. Esto es más de lo que muchos dan.
Espero con ganas su futuro.

ASTÉRIX Y LOS PICTOS (Jean-Yves Ferri y Didier Conrad)

Cubiertas.inddNo he podido resistir la curiosidad y el mínimo grado de tentación, cuando se ha puesto el objeto a mano, de leer Astérix y los Pictos, el último pero fundamental peldaño en la historia de Astérix ™. Ya sabéis, el primer artefacto historietístico de las aventuras del galo y sus amigos que realizan nuevos equipos autorales (texto de Jean-Yves Ferri y dibujos de Didier Conrad, que no son unos recién llegados al mundo del cómic, precisamente).
El tebeo se lee agradablemente, recupera un poco de pulso respecto a “la deriva Uderzo” y se deja reposar en uno de los grandes clichés de la saga: los viajes a países o lugares que reflejan su contemporaneidad. Para el caso, Escocia, un caramelito que inexplicablemente nunca habían pisado los de la pócima y el menhir. Hay chistes que arrancan la sonrisa -al menos a mí, devoto desde infancia de la obra de Goscinny y Uderzo- y muchos lugares comunes. Usar de este lugar común (el papel del bardo, la diferencia de sexos en la aldea, los juegos de palabras, por supuesto… incluido un guiño al de los champiñones, un clásico ya) es acertado, por identificativo con la serie. Como bueno podría decir que no se trata de una autoparodia sin gracia, como lo es casi todo lo que ha parido el ilustrador original tras la muerte del guionista. Como malo, todo lo demás, pero comencemos por decir que ese tono agradable en el gag y los diálogos queda enlodado por su mecánica insistente, de repetir la gracia una y otra vez con escasas variaciones (cf. los desvaríos del picto protagonista, con diálogos que remiten a canciones contemporáneas). Y bueno, el dibujo de Didier Conrad es mimético y con más punch que el último (y blandiblú) Uderzo, pero no me interesa nada su esmerado mimetismo, francamente.

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Sin embargo el mimetismo es posiblemente su gran logro. Triste gran logro, pero claro, no hablo de resultados artísticos con autores que imprimen su carácter y avivan la saga con su mirada, sino de objetivos generales a largo plazo en un Negocio. Lo que más me interesa, aunque sea un evento triste, es lo que supone este “Pictos”, la materialización de un sueño de Empresa, ya que Astérix ™ ya es un emporio de parque de atracciones, muñecos, libro-juegos, disfraces carnavaleros y un largo etcétera. Así que un ya mayorcito Uderzo, y tras no pocas polémicas, ha conseguido lo que quería: que el personaje como marca productiva trascienda al autor vivo, y que la autoría de los nuevos se invisibilice en favor del estilo clásico para perpetuar la saga sin que se noten las manos implicadas (de ahí que hable de logro de los autores). Julio César continuará intentando conquistar la aldea gala muchos años. Así todos los niños y grandes podrán comprar su ración de Astérix periódica (creo que de momento en el imperio Astérix el peso de los álbumes es aún importante, algo así como el sostenimiento “Moral” de todas sus extensiones). Mantener la llama de la marca “on”, no apagarla, para que todo lo que la rodea siga dando dinerito (ej: pronto se estrenará su película de animación 3D).

PD Por cierto, ¿este Obélix es odioso, o soy yo que hacía mucho que no leía Astérix y he crecido y lo eo?