Octavio B.

El cómic es un arte… pero bueno, da un poco igual

Esas cosas de las redes sociales. Resulta que parece ser que ayer fue el día del beso o una tontería así, y la gente en alardes de originalidad ha empezado a colgar “besos” en la red. Que está bien, mejor besos que culos, quizá… Como otras veces, me disponía a aprovechar la parida del día para hacer proselitismo con una historieta, y llego a la necesidad cascarrabias e imperiosa de hablar en este blog de algo evidente. Luego volveremos a la anécdota que lo origina todo pero ahora centrémonos un poco en cuestiones generales.
El cómic es un arte. No se si alguna vez lo he comentado por aquí. Pero lo es, tengo el convencimiento y evidentemente a estas alturas de la historia del medio quien piense lo contrario ya no solamente no tiene razón, si no que no tiene una base mínima. A mí no me gusta la zarzuela pero jamás pensaría que no tiene valores artísticos. Un arte puede gustar más o menos, pues claro. Pero si se es (por historia, por desarrollar una expresividad propia e intransferible, etc) pues no hay más que discutir. Ni es bueno o mejor, ni malo o peor ser o deja de ser algo artístico. Si acaso, merece la fidelidad, para reconocer una obra no hay que tergiversarla, hay que intentar conocerla en su pureza. Por eso es mejor ver una película en versión original que doblada, ¿no?.
Por otro lado, como producto industrial que también es, la historieta se ha visto sometida a caprichos tan delirantes como las ediciones Vértice en formato bolsillo, que es lo opuesto a no tergiversar un original. Para adentrarse en esa dimensión psicotrópicosomática de Vértice, os recomiendo leer este artículo simplemente maravilloso del Sr. Ausente.
Es así: las editoriales durante mucho tiempo no se paraban en pensar que tuvieran entre manos nada más que un producto-basura de entretenimiento pueril y de consumo rápido, sin importar si ese producto constituía un eslabón más en una larga tradición, si era un arte que hay que respetar. Ellos producían entretenimiento masivo y barato (low cost, se dice hoy). No se ponderaba la fidelidad al original ni el respeto al trabajo de los autores. Por ejemplo: un autor de cómics va a pensar muy bien la página que dibuja. Toda ella es un juego de equilibrios, narrativo y también estético. Es uno de los muchos elementos que deberían importar, y que hacen de la historieta algo único, y maravilloso porque no puede compararse con nada. Una muestra:

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En estas dos páginas del famoso Watchmen, Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins orquestan un juego especular (y espectacular también), aplican un eje central (la separación de ambas páginas) para crear una serie de simetrías entre cada una de sus mitades.
Cuentan, para ello, con la doble pagina. Venías leyendo tan tranquilo tu tebeo y en un determinado momento (mitad del capítulo exacta) doblas la página y te topas con todo esto. El efecto es potente, sí, y evidentemente los autores contaban con ese “pase de página” y su efecto en la narración y sobre el lector.

De hecho en el comic book más comercial (piensa en Spiderman, Superman etc) los tebeos llevan en medio del cuaderno, por cualquier parte, páginas de publicidad. Estas se aprovechan o son contadas también a la hora de programar dobles páginas, por ejemplo. Y claro, hay que tenerlo en cuenta cuando se edita en castellano.
O te encuentras que esta magnífica escena de/con beso (sí, volvemos a la anécdota que origina este post)

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…se convierte, en la edición “de lujo” en castellano -un grueso tomo de más de 400 páginas, que costó en su día 35 € en la edición de Planeta de 2010- en este despropósito:

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No sé si el troceado, infame, es cosa de los autores en un ataque de dineritis para una edición de lujo. En Alan Moore, Stephen Bisette, John Totleben y Tatjana Wood (firmantes de este Swamp Thing #34 en 1985) me extrañaría mucho, y más conociendo la relación de Moore con la editorial DC. Intuyo que realmente debe ser cosa de DC Comics, que la editorial americana haya perpetrado semejante remontado con la edición en comic book para vender el tomo lujoso sin contar con las propiedades de la obra. Puede ser cosa de Planeta, en España.

En todo caso, y perdonando la expresión, menudo cagarro.

Bueno, el caso práctico me sirve para la reflexión obvia: que la historieta, si se la quiere como lo que es, un arte, debe ser respetada. Que un editor debe honrarla, mostrarla en toda su riqueza. Toda adaptación por modas (ah, esas “novelas gráficas” que no lo son realmente, esos álbumes europeos reducidos…) o por necesidad (la imposibilidad de recuperar color, por ejemplo) son heridas  a la obra original. A veces inevitables, otras, fácilmente subsanables.Es cuestión de tacto y de entender la historieta como yo, nada más.

¡GARCÍA! 2, de Santiago García y Luis Bustos

350 palabras (aprox.) no pueden hacer justicia a ¡García!, dos volúmenes que cierran uno de los más interesantes tebeos nacionales de última generación. Pero al menos, ojalá, podrían animar en el entorno del diario a la curiosidad del lector generalista.

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INTRUSOS, de Adrian Tomine

Una de las novelas gráficas importantes de la temporada, una temporada, añado, en que se editan bastantes, bastantes trabajos importantes:

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SIRIO, de Martín López Lam

 

 

Sirio, de Martín López Lam, una muestra de cómic explorador que arroja excelentes resultados.2016.3 Sirio.Lam

Mejor donde no te conocen

Psicoexpo

Psicoexpo

Ayer he inaugurado una exposición (información aquí). Bueno, he… hemos, todos los implicados. Yo como comisario hice una “visita guiada” y tengo sensaciones demasiado buenas como para no comentarlas. Creo que es un buen punto de reflexión.
La expo, que hace una panorámica sucinta de la historia del cómic gallego desde Castelao hasta hoy (con paradas significativas, también con ausencias lamentadas) está en un pueblo, Porriño, de algo menos de 20.000 habitantes. Un sitio pequeño, seguramente con una actividad cultural más o menos voluntariosa, pero con todo, nunca un 
epicentro cultural.
Y lo que me ha llamado la atención para bien es comprobar que ante mi charla tenía a unos cuarenta o cincuenta visitantes. No solo las autoridades de rigor y familiares varios, si no gente que efectivamente se había acercado a ver “eso”. Gente muy diversa, además. Había padres con sus hijas adolescentes, había gente mayor y gente joven, hombres y mujeres, un poco de todo.
Hablé (porque se acercaron a hacer comentarios al final de la charla) con algunos de ellos, y creo que en términos generales no se trataba de espectadores “del mundillo” (y cada vez que usamos esa expresión una viñeta de Rob Liefeld sustituye a una de Will Eisner en el cielo de los tebeos, lo sé).
Lo que me interesó de todo este panorama es comprobar, en fin, que quizá es muy buena idea salir de los lugares comunes, los grandes eventos, las potentes capitales: es BUENO llevar el cómic a otros espacios, otros lugares ¿más modestos? Bueno, la actitud de interés genuino de la gente que he visto ayer es enteramente elogiable y digna de alabanza y nada menor. Me gusta pensar que el cómic, como arte, puede llegar a todo el mundo, y que descubrirlo, su historia, sus cualidades, su presente (con tanto, tanto futuro pese a los agoreros) puede ser un objetivo a cumplir en cualquier parte. Se puede descubrir el cómic también en villas más pequeñas que las grandes ciudades, es de perogrullo, pero no sé si se dice suficientemente. Se puede, sí.

Tal vez la irrupción de algo tan “exótico” como una exposición de cómic en un Porriño no genere una peregrinación de lectores “de casta”, típicos habitantes de “sus” librerías especializadas. Quizá el caballero que ayer se presentó como desconocedor del cómic pero vinculado a los archivos de prensa histórica, e interesado por ese aspecto, los cómics antiguos, pueda ser un tan buen objetivo para el noveno arte este como el fiel lector de DC. O mejor, porque un lector, fiel o no, si lo es ya está ganado. Además hay una diferencia. Uno acudirá a una exposición a ver algo que le ya le gusta (lo cual es genial, aquí me tienes haciendo lo propio siempre) y el otro lo hará por curiosidad ante algo cultural novedoso, que quizá, quién sabe, empiece a atraerle como nunca.
Sea así o no, creo que micromuestras de cambio como esta, una exposición en pequeños pueblos de provincias (será itinerante, sí), tienen mucho que ver con el presente. Estamos ya en 2016, hace por tanto unos ocho años que algo ha cambiado y los que no quieren comprender como fenómeno la novela gráfica no se van a desenrocar, pero lo que ese término ha traído es una nueva percepción, al menos en casos. Se tiene que salir del camino trillado, porque igual ya no es válido hoy (es otro tema, la “industria”, término caducado para el cómic hoy, o las expectativas para el medio en la sociedad actual y las que tiene la tradición menos dúctil del sector de la historieta), y sobre todo porque es bueno hacerlo, como modo de revolucionar las expectativas personales, singulares, que cualquiera puede llegar a tener respecto al cómic. Creo que es más importante convencer a un archivero que no ha leído un cómic en su vida de las posibilidades del medio, desde un interés genuino por el mismo, que no a diez lectores fandom de que todas las iniciativas para sacar al cómic de sus muchos tópicos (bienes coleccionables, librerías especializadas, endogamia…) es a la larga buena.

HEAVY 1986, de Miguel B. Núñez

Generación heavy:

heavy

LA FAVORITA, de Matthias Lehmann

Mathias Lehman - La favorita - cubierta (100)En una gran casa victoriana vive Constance, una niña de diez años a cargo de sus abuelos. Él, un hombre afecto a beber hasta llegar a cierto nirvana interno, amniótico, que le hace olvidar el mundo y vivir hacia adentro. La abuela, un ser de regusto dickensiano, trasunto de autoridad castrante, de autoritas desmedida y locura personal.
En La Favorita Matthias Lehmann nos presenta un relato victoriano sobre el desafecto y la infancia. Es un cómic que logra embebernos de esa sensación agridulce que tienen tantos acercamientos a lo infantil, de los cuentos del mencionado Charles Dickens a Las cenizas de Ángela de Frank McCourt, y que explota habilmente el contraste entre los universos interiores de infancia y las pesadillas de la edad adulta. Como metáfora, quizás, de un mundo irremediablemente disfuncional, un lugar entre lo hermoso y lo espantoso. Los juegos en medio de la naturaleza, los castigos corporales, los sueños y los miedos se entremezclan en una vida de pesadilla, la de esta niña encalustrada, aislada en una caserona familiar donde la ausencia de los padres es sustiruida por figuras totémicas de todo a cien: un abuelo quizá bondadoso pero neutalizado, y una abuela que es la destilación de todas las malvadas madrastras de los cuentos infantiles. Este microcosmos asfixiante cambiará (o más bien, se tensará) cuando Constance entre en contacto con la familia da Costa y sus vátagos, unos portugueses que entrarán a trabajar en la finca. Este nuevo mundo si salir de su pequeño mundo supondrá para la niña un universo de nuevas sensaciones, entre las cuales las sexuales no serán las de menor peso, precisamente.
Pero el argumento de La Favorita, que quizá hasta este momento os puede parecer de manual, dará un poderoso giro inesperado, que parte la estructura decimonónica y el retrogusto clásico del relato, sin llegar a reventarlo por los aires. Así el mayor logro de esta novela gráfica puede ser ese equilibrio entre el cuento para adultos de un Dickens y la deoconstrucción posmoderna a la que lo somete su autor. Desde ese momento en que todo deja de ser lo que era (lo cual sucede bien avanzada la narración, en un golpe de timón de los más sorprendentes que leo en mucho tiempo) Lehmann propone ya no solo una historia, si no un discurso sobre la naturaleza del relato clásico, el folletín llevado al extremo (por eso de los giros argumentales) y, por supuesto, de la naturaleza humana en un cuento sobrecargado de disfunciones, y en el que parece indicarnos que la desgracia solo puede generar desgracia.
Por otro lado es interesante observar la técnica y los recursos de Lehmann en este cómic. Hay en su dibujo unas cualidades concretas que lo acercan a la técnica del grabado, con sus efectos de sombreados con gusto por acentuar lo volumétrico (inciso, el autor practica el grabado, habitualmente). Pero el estilo de dibujo es moderno, caricaturesco y expresivo, manteniendo así la forma esa noción de diálogo que también (y tan bien) utiliza en el fondo: si argumentalmente este es un cómic de contrastes para establecer un diálogo intelectual con el lector, lo gráfico acentúa también los contrastes entre formas, técnicas y estilos. Bien entonces, porque todo ello nos habla de un autor nada bisoño, inteligente y sensible que además luce un estilo apropiado. Un estilo que por cierto me recuerda bastante a algunas cosas de Craig Thompson o el Will Eisner final. El propio Lehmann ha citado como influencia a autores japoneses como Tsuge, Tatsumi o Mizuki. Y ha expresado su admiración por Charles Burns, Chris Ware o los hermanos Hernández. Son todos buenas pistas para aproximarse a us estilo juguetón con la página y las formas.
Finalmentehay que ser poli malo, porque no todo me parece perfecto aquí: no considero La Favorita una novela gráfica redonda. En ocasiones algo derivativa, le beneficiaría, a mi juicio, mayor contención y sobre todo concentración. Sin embargo los peros, sutiles, no ensombrecen una historia creada con un magnífico dominio de los recursos del cómic, que hace gala de un universo personal y de temas que el autor quiere contarnos, así como una indudable originalidad partiendo de la más férrea (o rancia, si quieres ser malo) ortodoxia. Dinamitando el clasicismo bienpensante. Me gusta la idea.

Mini carta de amor al cómic.

Buscando informaciones sobre Intrusos, lo nuevo de Adrian Tomine, llego a un texto de The Guardian, que comienza categóico del mismísimo Chris Ware:

As a serious cartoonist, one secretly hopes to create “That Book”: a book that can be passed to a literary-minded person who doesn’t normally read comics; one that doesn’t require any explanation or apology in advance and is developed enough in its attitude, humanity and complexity that it speaks maturely for itself. Comics have come a long way in the last 25 years, finding a grown-up audience with the memoirs Maus, Persepolis and Fun Home, the cartoonists of these works writing about real human life in a flexible visual language that for decades was a medium of puerile adventure pamphlets and daily newspaper gag-administration. (Fuente, este texto)

Es un hecho, por supuesto. Es lo que está pasando: pienso que el cómic es un medio hoy más excitante, vivo y pulsante que muchos otros ya asentados. Quizá porque, consciente de que tenía camino por recorrer, lo está haciendo justo ahora, y nosotros lo estamos viviendo.

Creo que amar al cómic en 2016 es fácil, en fin. Incluso si no has leído uno en toda tu vida.

Los Krudles, de Robert Goodin

Hay quien se ha extrañado del avance por los caminos de lo infantil de una editorial pionera en lo adulto como La Cúpula.
Bueno, si se trata de publicar cosas tan interesantes como Los Kurdless, ande yo caliente.
Aquí os dejo el “recorte de prensa”, mi artículo de hace quince días en Faro de Vigo. Clic para leer ampliando.

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SPIDERWOMAN, de Dennis Hopeless y Javier Rodríguez

Reconozco que lo que me interesaba de esta Spiderwoman, a priori, era el trabajo de Javier Rodríguez, que sí, se posiciona definitivamente con la mujer araña como uno de los más importantes dibujantes de superhéroes actuales. Pero la realidad me ha ofrecido un tebeo además muy, muy entretenido argumentalmente. Sin romper patrones y con referentes clarísimos en la historia de la casa Marvel, entrega una historia con sublecturas enriquecedoras y una trama de intriga muy bien hilvanada, que nos hace, sencillamente, seguir para ver qué está pasando o como decía aquel, “quién lo hizo”.

Muy notable, y sin duda la serie, a la luz d elo que vamos viendo, va a más. Este es el tebeo Marvel, ahora que Ojo de Halcón (el de Aja y Fraction) ha concluido.
El texto, como siempre, una crítica para Faro de Vigo

: Visado : Página 6