Octavio B.

El pacto del letargo, de Miguelanxo Prado

Recientemente he publicado en Faro de Vigo una crítica a El pacto del letargo, el último libro de Miguelanxo Prado. Se ha publicado en el suplemento «El sábado», lo cual me encanta porque tiene lectores muy heterogéneos, pero como este es en blanco y negro creo que no merece la pena subir el pdf original (quieras que no, en pantalla un pantallazo de un diario en B/N no luce) sino el texto original, que amplío brevemente.

El pacto del letargo, la nueva obra de Miguelanxo Prado

El Premio Nacional del cómic Miguelanxo Prado retorna con un nuevo trabajo que, una vez más, supone un giro del volante.

Si algo ha definido a Miguelanxo Prado es la inquietud de su espíritu, su constante búsqueda de nuevos lugares a los que acudir con cada nueva obra dentro de un tono general 100% Prado. En este sentido su nuevo trabajo va a suponer, posiblemente, aquella obra que más abanico de edades puede abarcar, dentro de su producción. Podríamos decir que frente a sus últimas novelas gráficas (como la crítica social de Presas fáciles, claramente para lectores adultos), El pacto del letargo es un álbum tan atractivo para un adolescente de la E.S.O. como para el seguidor de toda la vida del autor. Es una virtud que no buscaban libros pretendidamente tan profundos como Ardalén, por ejemplo, centrado en una historia madura para lectores igualmente maduros sobre la vejez, la memoria, el tiempo, la realidad…
Ahora hablamos de un relato donde el resurgimiento de la magia y los poderes arcanos o feéricos de un tiempo mitológico generan una historia tensa de intrigas entre anticuarios, coleccionistas, arqueólogos del departamento universitario de turno y personajes que “algo saben” sobre un misterioso triskel. Triskel que es objeto de la codicia de criaturas demoníacas y élficas en su deseo de volver a caminar la Tierra… una idea que aproxima al mundo a un caos nuevo (no necesariamente “malo”, pero eso habrá que descubrirlo en la trilogía). Un argumento entre lo manido y la colisión de dos fórmulas genéricas (fantastique o incluso realismo mágico, y el thriller, incluso el de esa variante de thriller académico en que eruditos desentrañan amenazantes misterios, logias y cosas en cuadros de Da Vinci, si me apuras…), que pese a no suponer ni pretender una renovación de nada, es una lectura ligera con, porqué no, intersantes posibilidades como objeto de deseo para Netflix. Esto es, una trama bien armada, para todos os públicos, que salta entre géneros (algo que gusta mucho a la moderna narrativa popular) y que ofrece discursos sobre el dominio de una civilización prosaica sobre una forma mágica de entender el mundo, o sobre la importancia del patrimonio material y las especulaciones academicistas con dicho patrimonio.

Podemos decir que Prado con este libro (lo dicho: primero de una trilogía) está creando su propio The Sandman (Neil Gaiman y vvaa), si se permiten comparaciones un poco epatantes: una aproximación muy personal a lo mágico y al fantastique, que además es algo totalmente enraizado en el acervo popular gallego.

Lo gallego, como signo de una identidad, es algo muy presente en toda la obra del autor de Trazo de tiza pero quizá nunca con tanta fuerza como en este nuevo relato, pues Galicia es tierra abonada para temas de magia, fuerzas telúricas, poderes del más allá y objetos de poder.

Una historia bien engarzada (destacando sus numerosos saltos en el tiempo y el espacio, bien templados), con personajes más o menos tópicos pero tratados con una suave pátina de humor… o mejor dicho, de retranca (los dos matones de gatillo ligero me recuerdan a los ya míticos sicarios de segunda que Frank Miller suele usar en sus obras), y un cómic con, como decía antes, potencial para atraer desde un rango de edad de, digamos, la pre adolescencia, hasta el momento en que uno pierda las ganas de ver el mundo como un cuento mágico, maravilloso y algo siniestro.

Es importante hacer notar lo que para mí es lo más destacado en El pacto del letargo: la vuelta por parte del autor a un estilo de dibujo aligerado (que no descuidado, ni de lejísimos, vamos) ofrece una viveza casi positiva, incluso en los momentos siniestros el trazo del autor airea la narración, la refresca. Casi tanto como el color, siempre magistral en Prado. Incluso por primera vez en mucho tiempo, el autor ha optado por no colorear las calles entre viñetas, intuyo que en esa búsqueda de una plasmación visual limpia. Por decirlo con ejemplos, Prado se aleja del estilo recargado, pantanoso incluso de Ardalén y e acerca al trazo caricaturesco y ágil de Quotidianía delirante… y le sienta muy bien a la historia

Una historia narrada con una planificación de la página, como es habitual en el autor de Stratos, elegante y cuidada, sin estridencias, de esas que llamamos «invisibles».

Y bueno, barramos para casa. Me encanta identificar esquinas y plazas del Casco Vello de Santiago de Compostela en las páginas de este libro. Libro, por último, que se edita en castellano por Norma y en gallego por Retranca Editorial (c9n numerosos extras).

«Barrios, bloques y basura» de Julia Wertz en Faro de Vigo

Julia Wertz lleva al cómic una historia poco convencional de la Gran Manzana en «Barrios, bloques y basura»

Puede que este verano volemos corto por las circunstancias pero siempre nos queda la literatura, para visitar otras latitudes. Nueva York tiene un atractivo indudable: su historia y su mítica convierten un libro de memorias e investigación a su alrededor, en todo un viaje a sus entrañas

Julia Wertz manifiesta en el prólogo de «Barrios, bloques y basura» (Errata Naturae), una relación tan apasionada como accidental con la ciudad de los rascacielos. Y es a partir de esa primera persona del singular desde donde este libro parte para describirnos Nueva York. No el Nueva York del turismo superficial, sino el profundo, la historia de una ciudad que en las detalladas y absorbentes páginas de este libro se muestra como un organismo casi vivo, mutante, en el que un hecho concreto va a reverberar en su futuro.

Wertz va a relatarnos desde la perspectiva de una investigación metódica un Nueva York amado y sentido, querido hasta en sus peores costuras (como Dead Horse Bay, donde puedes «disfrutar» de la «Playa Botella», de nombre suficientemente descriptivo). Un libro de forma tan sugerente como su fondo. ¿Es un cómic «Barrios, bloques y basura»? Porque a veces lo abres y lo que encuentras no se parece nada a la imagen mental que podemos tener de un tebeo. Pues lo será si esa es la voluntad de la autora, un cómic de parámetros elásticos, en el que cabe historieta convencional de aires gráficos propios del alternativo, con un dibujo espontáneo y algo naive en unas páginas de acabado sencillo (cuatro, seis viñetas más o menos regulares). Pero también meticulosas ilustraciones de edificios a toda página, o de calles a doble página, o de lugares en una época lejana contrastados con ese mismo lugar en años recientes (reflexión del cambio profundo de la urbe) y planos de pisos y casas (como la planta del 740 de Park Avenue como ejemplo de construcción residencial histórica de 1929, en estilo Art Déco).

Visitando Nueva York sin salir de casa

Visitando Nueva York sin salir de casa

Ilustraciones contrastadas con largos textos explicativos de lenguaje muy directo, llano (¡que nadie piense en un tratado académico!). También se preocupa Julia Wertz de brindar al lector fotografías que documentan los hechos y lugares descritos, como los edificios y artefactos que aún sobreviven de la feria Mundial de 1964/65 o del cementerio de barcos de Staten Island. Un verdadero collage de estilos y formas.

El cómic cuestionado.

Reflexionemos el cómic como arte. Obviamente no vamos a ponernos  a hablar de si lo es o no a estas alturas de la vida, sino de las características del medio y la disposición de los seguidores, estudiosos, divulgadores y creadores respecto al cómic como arte en ocasiones. Una disposición a mi juicio equivocada del que he reflexionado en Twitter y retomo y expando un poco en este post (más una relfexión rápida que cualquier artículo serio y trabajado, lo advierto también… ¡que por algo proviene de redes sociales!).
El cómic debe ser visto desde la problemática.

Cadencia, de Roberto Massó (Fosfatina), «esto lo hace mi hijo de 3 años»

Si los que lo analizamos, lo crean y lo leemos no le exigimos al cómic y no entendemos que como medio tiene espacio para crecer, y no pocos problemas como medio, entonces no es arte, es artesanía. Que me parece muy bien consumir y apreciar artesanías, pero el cómic es un arte pleno y por tanto un espacio de búsquedas y cuestionamientos, en el que debería ser moneda común la rebeldía. No de su mensaje/contenido simplemente, ya sabemos, medios contestatarios.

Zap Comix, Robert Crumb, Mensaje de contracultura.

Me refiero a una rebeldía respecto a lo que se suponen sus normas, su canon, su «así debe ser» (que para más delito ha estado poderosamente mediatizado por una primordial función comercial que, poco a poco, va tomando matices, aceptando que no todo cómic busca una rentabilidad de producto masivo como no toda película o novela ansía al nirvana del best-seller)

Sección de cómics en prensa generalista.

Pues bien, existe una corriente de autores y desde hace décadas, cuestionando formas que me parece la manera más potente de elevar al medio. Y hay personas (y personajes del mundo historietístico, lamentablemente también) que cualquier búsqueda la asumen como un despropósito, pedantería, desviarse del “camino”. Una actitud muy nociva, pensar que las búsquedas de Alberto Breccia en su día (o de Roberto Massó hoy) son un camino equivocado. Porque al final los que se reían del Breccia de los primeros setenta o últimos sesenta, de haberlos, hoy inclinan su rodilla, con frasecitas engoladas, «el Maestro». Pues sí, pero no porque un mainstream indeterminado decida señalar a determinados autores como los Magister del medio y ponernos estupendos en redes para iluminrar nuestro ego señalando a pretendidos grandes nombres por la gracia de Dios… Breccia es un maestro por su ética como autor inquieto que quería ir más allá, que rechazaba lo hecho para ir a donde no se había llegado. Así que la búsqueda, el cuestionarse los caminos trillados, opino, es la vía correcta para que el cómic como arte crezca.

En fin, pienso que Breccia aquí lo explica mejor que yo, aunque desde estas declaraciones (de los años noventa) las cosas han cambiado y a mejor (intento que el link caiga en el minuto concreto,me refiero a 9.35):Imagen de previsualización de YouTube

Como divulgador quiero divulgar esa forma de entender el cómic como arte, que nace de la constante discusión con su propio legado (desde su conocimiento y respeto). No de recostarse cómodamente en los «ítems» de los 80 ó de los 40, sino en su cuestionamiento. El camino es lento y más en un medio tradicionalmente de consumo. Pero hay quien lo está caminando, y eso es bueno. Más aún, claro: es necesario.

Otro día hablamos de quienes señalan a esos autores que hoy practican rupturas y buscan, como gato panza arriba, un referente pretérito, defendiendo que «esto ya lo hizo hace veinte años bla bla bla». Ni caso, es una idiotez que describe a ese pseudo Connaisseur del cómic, porque pretender que la mirada de alguien de 2020 ya había sido captada por un belga que trabajaba en 1977 es delirante, o estulta, o intenta revestir miopía de falsa erudición. Que un creador pueda tener (y tendrá, es humano) referentes no equivale a salvoconducto para desacreditar a los experimentales del presente. Solo, en todo caso, una táctica más bien chusca para camuflar lo que realmente se dice: que todo está inventado para el medio cómic. Por tanto, que este es una artesanía sin derecho a la exploración y la búsqueda de nuevos modos. Porque todo está en el pasado. Y cualquier tiempo pasado etc etc. Pues a mis años yo me niego a pensar así, se siente.

«El Maestro», sí.

La cólera de Santiago García y Javier Olivares en Faro de Vigo

Homero como inspiración.

Los ganadores del Premio Nacional del Cómic 2015 con «Las meninas» regresan con «La cólera», que toma «Ilíada» como punto de partida
Octavio Beares / Publicado originalmente en Vigo en 01.06.2020


Los ganadores del Premio Nacional del Cómic 2015 con «Las meninas», Santiago García y Javier Olivares, se han tomado su tiempo en encontrar una buena causa para colaborar. Amalgamar la Ilíada con un relato capaz de transportarnos a tantos lugares como este libro bien pudo ser un nacimiento natural para ambos, del mismo modo que tutti y concertino se replican con grácil sencillez para dar una obra perfecta a partir de algunas melodías agraciadas. Pero para llegar a la forma excelsa, aunque esta parezca natural, grácil, se requiere de trabajo y talento.

«La cólera» (Astiberri ediciones) es también bastante perfecta. Bueno, nada es perfecto en esta vida, pero esta novela gráfica se le acerca bastante y se posiciona como un referente narrativo en este turbulento 2020. Un trabajo de imágenes impactantes y vigorosas, mutantes, que fascinan al lector. Un libro con una historia reconocible por familiar (casi en nuestro tuétano) pero también de una densa profundidad capaz de lanzar ideas a nuestra cabeza: el heroísmo a la Frank Miller («300») se cruza con una historia de identidad sexual; un libro clásico (el primero, insistimos) se perturba con un giro de timón impensable pero necesario en el relato; las guerras ancestrales (ya saben, la de Troya) se convierten en metáforas del presente, de la división oriente/occidente; Europa es hija de un sentimiento de ira… Lo dicho, ideas y más ideas.

Acompañar a Aquiles en «La cólera», quede claro, no supone enfrentarnos simplemente a la enésima versión actualizada del canto homérico a otro lenguaje y otro tiempo. «Ilíada» es más bien un punto de partida. Más aún, es el cruceiro entre caminos, poderoso tótem pétreo a partir del cual Olivares y García no eligen un camino de los posibles: los exploran todos. Participar de esa indagación profunda, serena pero también lúdica y hasta delirante, es una de las cosas más sugerentes que pueden hacerse en estos días de desescalada.

«La cólera», un volumen imponente y de gran tamaño, se distribuyó a todas las librerías de España el doce de marzo de 2020. El mejor de los días para iniciar una carrera comercial, sí. Por eso pensamos que sería una injusticia que fuese olvidado tras tantas semanas de consumo «random» y gratuito de cultura para distraer el confinamiento. Porque el nuevo trabajo de Santiago García y Javier Olivares merece toda la atención que pueda otorgarse a una obra de ficción. Pero con una advertencia: no ojeéis el volumen, leedlo en orden y hacedlo con la reverencia que se debe a un objeto mágico, página uno, página dos… O la cólera caerá sobre todos vosotros.

MÁS pasta que el cine y los videojuegos juntos

¿Cuál es el punto de «popularidad» del cómic hoy, junio de 2020? ¿Vivimos un tiempo comparable a 2010, 2005, 2000? Yo veo que el lector ocasional no solo existe sino que ha sido ganado con bastante eficacia (con dificultades, volveremos al tema). Es un lector que cada vez es más objetivo de los editores. Cuando Planeta pone toda la carne en el asador con «Patria» lo hace pensando en ese lector, no en el consumidor coleccionista. Astiberri en estos decenios de vida ha apostado por la librería generalista, el formato de libro (de tamaño más reducido que el álbum europeo e incluso que el comic-book, y de más páginas) y la idea de novela gráfica como «el cómic que gustará al lector de novelas» (y que no te enfade una frase publicitaria) y que te cuenta una historia en un libro ha ayudado muchísimo a la visibilidad. Y en lo empírico, desde luego en mi trato con editores no conozco ni uno que minusvalore la utilidad de «salir» en un diario generalista (y os aseguro que en otros sectores digamos «de ocio» me han negado el servicio de prensa de su producto aludiendo a que «No es para todos los públicos», y se quedan tan lirondos porque entienden que con su venta directa a su fandom y cubriendo primeras ediciones en ese circuito, ya están triunfando… los que tenemos memoria histórica sabemos a qué llevó esta actitud en el sector historieta, y por eso el sector historieta ha abandonado al menos parcialmente esa «estrategia fandom»).

Sí que creo que todo puede mejorar y pueden darse más y más estrategias, porque las estrategias son moldeables a las circunstancias y el mercado 2020 (y más el 2020 post virus) no es el de 2010. También creo, y este es nuestro problema a superar, que la cultura y más aún las culturas más minoritarias tienen un techo de cristal, eso es lo difícil de encarar porque se debe a muchísimos factores que escapan a las estrategias de ventas de un editor. O de un coreógrafo, o de un poeta, que ojo, la precariedad es del sector cultural entero, no solo del viñetero. Pero claro que sí, hay que intentar romper ese techo, o al menos colocarlo más y más arriba… Hoy (y en resumen) el cómic es un medio con un fandom por un lado -variopinto, diverso, estratificado: de superhéroes, de manga, de underground…- y por otro lado con un espectro clientelar generalista hace ya muchos años se ha alcanzado (con obras como «María y yo» por no ir al ejemplo de siempre).
Afortunadamente no percibo hacia el cómic nacional esa animadversión del lector medio que le ve algún autor, lo que percibo es que el lector ocasional (ese que va a la Casa del libro a comprar una «ng», no a Akira ni a Alita) se interesa por determinados temas (sociales, costumbristas, etc) y tantea en directo el apartado gráfico… es un comprador donde se mezclan intereses temáticos con intuiciones de quien piensa que humildemente «No entiende», pero esto que ojeo me atrae. ¡Como si hiciera falta algo más! ¿Verdad? 😉
Hay que mimar a ese lector, ocasional pero amplio y con un potencial de crecimiento importantísimo, porque además él es al tiempo el techo de cristal (se llega hasta donde se llega) y el posible martillo que rompa el techo de cristal (por ahí se puede crecer mucho).

¿Pero cómo? En caliente pienso que ahora que el consumo de internet se ha disparado, es el momento de aprovechar ese canal mucho más. ¿Cómo? va un brainstorming, insensato y sin pensar mucho:

  • Dar muestras generosas de novedades en línea (¿quizá restringiendo temporalmente la lectura de, por ej, 1/3 o incluso más de una obra?¿Qué pasaría si de «Patria» Planeta libera durante siete días 80 de sus 300 páginas?),
  • tantear whasapp y no me preguntes cómo, no soy editor, pero hoy Whasapp es más vivo y potente que cualquier red social pública de ordenata.. y no solo eso: lo usa gente que no usa redes sociales… qué digo «no usa», que desprecia las redes sociales pero está el día entero mirando Whasapp,
  • proponer foros con autores en lugares atractivos (museos, el pueblo del autor… huele a chorrada de La Sexta, pero igual vende más que ver un careto distorsionado con biblioteca de fondo ante el PC),
  • o charlas entre autores y personajes mediáticos (¿porqué no una conversación en línea, un decir, entre Berto Romero y una Mamen Moreau? Sería la caña, pero hay que invertir medios, tiempo, y obviamente pagarlo, lo sé).
  • ¿Realmente algo tan innovador como el Astiberri Show no ha sido un éxito? Porque yo durante el confinamiento le he mandado el enlace a mi madrecita del alma querida, que vive en otra provincia y sola, y se ha zampado un par al menos, y los ha disfrutado mucho sin ser consumidora de cómics (vamos, no más allá de algunas cosas que le deja su pesado hijo… fin de nota autobio).
  • Arriesguemos, juguemos, hagamos experimentos con gaseosa para agitar ese techo cristalino… alguno saldrá bien, otros menos bien, el montante será positivo, seguro

Pueden ser ideas peregrinas, lo que quiero explicar es eso, que la cosa la veo bien, y que hay que mejorar siempre, hasta que el cómic dé más pasta que el cine y los vídeo juegos juntos. Por lo menos y por supuesto.

FARIÑA, de Luis Bustos y Nacho Carretero

Novela gráfica sobre el libro. Clic para ampliar

Marvel today, ¿queda oxígeno en «La casa de las Ideas»?

Respuesta: sí, queda, gracias a algunas colecciones recomendables. De hecho, no son pocas. Las he comentado en Faro de Vigo. Clic en la imagen para ampliarla y leer el texto.

Algunos cómics nacionales de 2019.

En Faro de Vigo. Por supuesto no se trata ni de una lista ni de un canon, solo un paquete de recomendaciones personales y (espero) variadas. Clic en la imagen para ampliar y leer.

De cervezas con Magg y Hope.

Hacía mucho tiempo, años incluso, que no me encontraba con Magg y Hope, que para mí sigue siendo «Hopita», dejadme que la llame así en este texto porque ella, en el fondo, sabe que se lo llamo con cariño.


Mag y Hope son dos tías de puta madre. No hay sordinas que respeten la eficacia de esa frase tan llana. Mag es una tía tan sensible que con cada una de sus miradas, por mucho que se esfuerce en callar, sabes lo que está sintiendo. Y cuando estalla es imposible cabrearte con ella. Tampoco me burlo nunca cuando la veo fuera de sí, porque una hostia de esta mujer guerrera y mecánica de motores seguro que duele.

Hopita es otra pieza. Joder con la Chascarrillo, la bollera loca y salvaje… la veías allá sobre las tablas, echándose un piti (a lo mejor de hierbas de la risa),enganchando su bajo con cara seria y sentías que ser amigo de ella era lo más. De ambas, amigas, amantes, colegas y Locas… ¿Os he dicho que hablamos de una panda de chicanas metidas hasta las trancas en la escena hardcoreta de los EEUU en los primeros ochenta? Poca broma.


Ahora ambas son mujeres de cuarenta y tantos y las cosas han cambiado. Me han contado que hace poco se reencontraron (la vida las había alejado, y sus propias vainas, que menudas son ellas, siempre con cosas) para asistir a un concierto de punk en su barrio de correrías juveniles. Se han reencontrado, con toda esa tranche de vie de décadas y más décadas. Se quieren, se añoran incluso. Pero saben que ya no como antes. Y me ha fascinado charlar con ellas de cómo la vida pasa, y de porqué esas veinteañeras ya no están… solo que sí están. Han cambiado. Han engordado, encanecido, tienen nuevas responsabilidades, amores, vidas, achaques… Es increíble cómo te lo cuentan todo, con qué exactitud reflejan esa sensación que, uf, yo también siento. Porque por mucho que me enganche hoy al disco de Lungbutter y recuerde mi propia locura juvenil (hasta donde la tuve, que tampoco fue tanta), no puedo sentir esa música como sentía los primeros discos de Sebadoh o Superchunk en 1992. Trae recuerdos, eso sí. Y certezas: he cambiado, aunque no he cambiado. Soy el mismo y no lo soy. Madurar, supongo. No está mal, ¿verdad Hopita?


Entonces me doy cuenta… como en un cuento chino de Cuarto Milenio, como en un viaje astral, de que la mirada melancólica, dulce y cálida de mi amiga Hopita se congela. Y yo vuelo, me elevo, veo la escena desde fuera. Y veo la escena que pasó un poco antes. ¡Hasta veo lo que va a pasar! Todo en ordenadas viñetas. Todo dibujado con dominio prodigioso.
Se suele decir que Locas, la obra de Jaime Hernandez, es como la vida y te crees que sus personajes son reales. Volver a ese haiku descriptivo otra vez es cansino, pero lees “¿Es así como me ves?”, el reencuentro de Maggie y Hope y todos sus inevitables flashbacks, y no das crédito a lo que sucede ante tus ojos. Otra vez (y van un puñado de cómics de Locas). Es curioso cómo la mayoría de autores buscan en sus narraciones la sorpresa, la locura y la trama que nos asombre. ¡No me lo esperaba, increíble! Debe ser porque, claro, conseguir llegar a una lectura en la que puedes pensar la reacción inmediata de lo personajes como te sucede en la vida real con tus cercanos, está al alcance de muy, muy, muy poca gente. O de una sola persona, si me apuras. Porque para lograr esa empatía con una ficción es preciso que cuadren varios asuntos rematadamente difíciles de conseguir uno por uno… ya no te digo do minarlos todos juntos: la libertad de un autor con la osadía de no salirse de una ficción y sus universos desde 1981 hasta hoy (la intensidad de ser acompañado por unos personajes tan verosímiles durante tanto tiempo supera la lectura de un libro, ver una peli, una teleserie… son casi cuarenta años acompañando Locas); lograr que esa ficción no decaiga en estos años (esto es absolutamente trascendental, conozco pocos casos iguales…); tener una capacidad para crear situaciones y personajes de drama y comedia cotidianas sin exageraciones (o con las exageraciones necesarias para cada momento); ser un gigante del virtuosismo para el diálogo perfecto y ser un superdotado del dibujo capaz de cegarnos de admiración. No conozco a un dibujante capaz de plasmar con la eficacia de Jaime Hernandez a una persona, su gestualidad (corporal y facial, domina ambas totalmente), y de hacerlo con lo estrictamente necesario. En esto hay que hablar de la evolución de un ilustrador barroco en sus inicios, a la sobrenatural maestría minimalista del Jaime actual.


Mag y Hopita se han venido, nos han contado sus vidas y se han ido. Espero que nos volvamos a cruzar, son buenas amigas aunque estén un poco Locas.

Diez años de tebeos (2010/2019)

Si observáis la lista de 15 cómics de la década 2000/2009 veréis casi diez novelas gráficas. Hubo quien auguraba moda pasajera, solución-formato (libro) para vender, y poco más. Una formulita prepotente destinada a arder el la hoguera del olvido.
Diez años más tarde cuento como mínimo trece novelas gráficas (tebeazos como la copa de un pino)  entre las 15 «mejores» en mi lista de 25. Más, por tanto, que en la década anterior.
En resumen: 2010/19 ha callado bocas, ha demostrado que la novela gráfica vino para quedarse al menos una temporada consistente, nada de «modas» (ya lleva sobre la tierra más años que mi hijo) y que además es madre de toda una nueva generación de «outsiders». Esa sangre nueva ha sido lo más excitante de la década. Una generación propia de un tiempo donde la respetabilidad del medio ya es un hecho (aquella lucha de la novela gráfica que tanto sobrexcitaba a algunos). Una generación jovencísima que viene de áreas creativas muy diversas y que ha potenciado un underground fascinante. Uno que por otro lado cohabita otros espacios y es capaz de crear intersecciones (pienso en «Aquí», por ejemplo, o en Schrauwen, imposibles de etiquetar). Mención merece un manga casi testimonial, francamente no te catado cosas japo que me hayan asombrado fuera del margen de la recuperación de clásicos, quizá porque además de constatar sus virtudes intrínsecas, en esos me asombra lo adelantadísimos que estaban frente a lo que se cocía en occidente.
Aquí van mis 25 cómics de la década. La cosa ha ido a más y mejor que en la década pasada. Hay que señalar también cómo los grandes maestros de los decenios previos (Clowes, Max…) mantienen la forma en no pocos casos… Y bueno, ¿constatamos la existencia de un coloso del arte entre nosotros, en el mundo del cómic? treinta años encabezando listas de un modo irrebatible da para estudio tranquilo…