Octavio B.

Uno a la semana. Mayo 2022

Curiosamente en mayo, y en los listados más o menos oficiales, tampoco os creáis que he encontrado una loca abundancia de material altamente apetecible. Ni siquiera el habitual espacio de reediciones (que intento evitar en esta sección  salvo que dicha edición sea un auténtico evento por cualquier cuestión a destacar)  tiene una sobre abundancia de reclamos, ni mucho menos. Pensemos que mayo es el mes del salón por excelencia, el tiempo de la arrolladora tormenta de novedades apetecibles que todas las editoriales ataban y guardaban para precisamente sacarlas en el salón del cómic de Barcelona, Cómic Barcelona o como lo quieras llamar. Da para pensar, pero como diría Hommer Simpson aquí no estamos para pensar, sino para recomendaros cuatro al mes, uno a la semana. Y estos son los que arriba ya veis.

–La guerra de los mundos, nueva obra mano a mano de Santiago García y Javier Olivares en Astiberri , solo por su portada ya merecería algún tipo de mención. De los autores de Las meninas y La cólera solo cabe esperar algo excelente.

–La vuelta de Álvaro Ortiz al cómic infantil, un terreno en el que ya tenía mano cuando era primerizo así que no dudo de las posibilidades de esta nueva historieta.

–Rosa , de Gaëlle Geniller también tiene una pinta magnífica, de hecho vengo de ojearlo de una librería y parece que puede ser uno de los tebeos a no dejar pasar por el radar

–Y volvemos a producto nacional con Goya Saturnalia de Manuel Gutiérrez y Manuel Romero. Posible,ente el lanzamiento más sirnificativo de Cascaborrq ediciones.

Como siempre y obviamente, aunque ya os digo que me ha parecido un mayo flojo, hay más novedades apetecibles, pero el juego es este, uno por semana, así que ahí quedan.

 

 

Uno a la semana. Abril 2022

El bombazo de abril es obviamente Burns. Nueva obra del autor de Agujero Negro, una firma clave para entender el devenir del cómic en los últimos teinta años. Dudo mucho que nos muestre signos e agotamiento, pero vamos, de momento es una de las publicaciones del mes.

Novedad de otro autor a considerar siempre: Bretch Evens, uno de los historietistas que, últimamente, mejor ha adaptado recursos pictóricos al cómic.

En tercer lugar señalo un nuevo tebeo de Bang, por su tema aparenta algo muy interesante, y sobre todo creo que la revitalización de la editorial es intensa y merece toda nuestra atención.

Y nos vamos a mi infancia. Esta historia de Doctor Extraño me impactó en su publicación de Vértice, en blanco y negro, así que en fin, cae.

ADENDA: Madman retrasó y saldrá en abril. Sigue siendo una recomendación sin reservas.

Uno a la semana. Marzo de 2022

Hola a todos. Vuelvo activar este blog, después de un par de días de inactividad, para comentar mi propósito de introducir un nuevo mecanismo en la categoría “Novedades”.
Rápido y fácil. Si te fías de mí deberías volver a seguir este blog, en el cual no creo que cuelgue demasiadas cosas porque uno ya no está para blogs Free For The por la cara — salvo obviamente mi querido Octavio pasajero, mi blog personal desde principios de siglo—, Pero me apetece aunque solo sea por mantenerme un poquillo al hilo de novedades, recomendaros lo que en el mes —o mejor aún al mes siguiente— me parece interesante. Y además reducir la apuesta dolorosamente a cuatro cómics, uno por semana, porque mira al final tú, friki del medio, no necesitas que te aconseje cinco 10 o 15, ya te vas a comprar 35 por ti mismo.
Así que Uno a la semana puede servir para saciar tu curiosidad si me conoces, y ver qué  súper mega ultra destilación de las 200 novedades mensuales me quedaría yo, o bien si algún extraño incauto desconocedor o solo ocasional lector de cómics cae por aquí (cosa que francamente pongo muy muy en duda), ofrecerle algo que sea de utilidad. Porque un lector ocasional no debe sentirse abrumado sino motivado. ¿Y a quién no le gusta uno a la semana?

Pues vamos allá:

CUarro propuestas.

Marzo de 2022

Lo que más me apetece este mes de marzo es una muy necesaria reedición de un cómic único y que, me temo, estaba absolutamente descatalogado. El Madman de Allred (editado por PlanetaDeAgostini). El a priori imposible cruce entre el cómic  alternativo de los 90 y y la imaginación desbordada de la edad dorada de los superhéroes.

Grito nocturno de Borja González, en Reservoir Books, es la nueva obra de uno de nuestros más interesantes autores. Ya está en la mesa de lecturas pendientes.

En cuanto a El árabe del futuro, bajo el paraguas de Salamandra, Pues qué vamos a decir, estamos ante la nueva entrega de la más colosal obra en viñetas de Riad Sattouf. Todas esas cosas que los moñas apuntan para odiar la novela gráfica están aquí para demostrar las virtudes de la novela gráfica canónica.

Y si nos ceñimos a uno a la semana o cuatro al mes, otra recuperación que me parece más que estimable es la de la obra de F de Felipe. Autor de finales de los 80 y primera mitad de los 90, resistiendo en el yermo páramo del cómic nacional de aquellos días con una potencia gráfica a la que le debe mucho autores como David Rubín. ADN con Óscar Aibar fue en su día un terremoto. Comprueba, décadas  más tarde, la potencia de sus temblores, en reedición de ECC.

Ahí están, cuatro recomendaciones que son cuatro como cuatro Soles.

 

En una página 2: los Muértimer T01, de Léa Mazé

En estos vídeos no se busca algo «pro» sino espontáneo. No preparo un análisis, lo improviso, por diversión. Pero me ha extrañado la calidad el vídeo y que este haya sido cortado por los márgenes, no me tiene acostumbrado mi Ipad Pro a estos descalabros, así que intuyo ha sido culpa mía.
Sea como sea, no voy a eliminar este vídeo y realizarlo de nuevo, eso conculca el espíritu de esta serie, así que espero que, con todo, lo disfrutes.

Imagen de previsualización de YouTube

Los grandes espacios, de Catherine Meurisse (Impedimenta)

En ocasiones tiendo a pensar que la perfección, ese exótico plus que poseen muy contados creadores, es cosa de tonalidades o de cadencias más o menos inaprensibles, antes que cuestiones de medidas consensuadas. En el arte al menos cabe pensar así: la sensación de trascendente obra maestra que destila, por ejemplo, Los grandes espacios procede de algo que va más allá de claves mesurables para un correcto (o sublime) diseño de la secuencia, la página, el encuadre de la viñeta, la expresividad del trazo o del diálogo.

No deriva tampoco de su tema profundo (obras de una liviandad argumental casi obscena pueden ser perfectas obras maestras, estaremos todos de acuerdo). Más bien se entiende su magia en la capacidad que tiene Meurisse de trasladarnos al interior de su alma desde la primera escena de la obra. “Hace mucho, soñé que tenía en mi piso parisino una puerta especial que daría directamente  a los prados” son las primeras palabras, parcas en una escena muy dinámica, para un libro de verbo torrencial (y muy botánico). Y esa exactitud embriaga: una sola frase nos lleva a la distancia, al ensueño, la añoranza. La memoria, el campo y la naturaleza serán los terrenos que pise esta novela gráfica.

La autora ya nos introduce con un empujón enérgico en el mundo que desarrollará durante novena y dos páginas. Un mundo sencillo pero al tiempo complejo, repleto de matices. El universo de la alegre infancia y la vida familiar, alejada de lo urbano en una casa de campo.

Los grandes espacios, de Catherine Meurisse | Zona Negativa

Allí la familia vivirá la vida de un modo nuevo y al tiempo ancestral. Meurisse lanza tantos temas que no es sencillo enumerarlos: por supuesto, el mundo de la infancia y la vida vista desde los ojos de la niñez; la importancia del amor familiar; el contacto con la naturaleza, cada vez más perdido en el presente; la protección necesaria a esa naturaleza, para preservarla; las bondades del trabajo constante y apasionado, que siempre da bellos resultados; la necesidad de poner fantasía en nuestras vidas, de usar más la imaginación; la belleza del arte (pintura, literatura…).

Los grandes espacios nos habla de todo ello y parece no hacerlo, por culpa (gracias a) una estructura tan equilibrada como de apariencia circunstancial. En cierto modo, podría decir que este libro practica el impresionismo pictórico a través de la narrativa. Nos hacemos con el todo viendo el conjunto entero, más que deteniéndonos con lupa en cada escena. Y hablar de pintura nos lleva directamente al apartado gráfico, a ese dibujo ya clave en Meurisse, con amarre siempre en lo cómico, en la caricatura rápida. Es algo que embelesa. Lo hace en titanes como Riad Sattouf, o en autores como Christophe Blain. Y quizá en ese terreno, el de llevar el trazo en clave de gozoso humoresque a otros géneros, se me antoja que Catherine Meurisse es la más grande. ¡Y qué bien sienta ese tono a todas sus obras!

Si además, y hay que destacarlo, la colorista está a la altura como es el caso, el negocio final es redondo. Isabelle Merlet, su paleta y su estilo dúctil son indisociables al resultado altamente evocador de las páginas del libro. Un libro que tiene, en fin, ese algo inasible del que hablábamos al principio, y que sin embargo fija como cincel en granito la más exacta descripción de este cómic: una perfecta obra de arte. Y uno de los cómics (quizá El cómc) de 2021.

10 pasajeros. Mayo 2021

Recomendaciones y apetencias para el mes.

Imagen de previsualización de YouTube

En una página 1: Vida rana de Roberto Massó

Inicio algo. ¿Durará o no? Tiendo a no perseverar y a ciosnsiderarme anima de anonimato visual y producción escrita, ante todo. Pero al menos creo que con este divertimento (que realizo con un programilla sencillo en el PD y una maravillosa tableta con lápiz digi) ofrezco algo distinto al youtuberismo habitual de novedades y proselitismo/prescripción (para eso, «Los 10 pasajeros»). Tampoco quiero restringirme a un ejercicio de análisis con forma de lección de Bachillerato, a ver si se me ocurren más ideas… pero para empezar a hacer experimentos con gaseosa me parece ok, lo suficiente para compartirlo.
Por el tono observaréis que NO hay que tomar esto más en serio de lo que es, una improvisada mirada a una página de un cómic.

Vamos allá:

Imagen de previsualización de YouTube

Diez pasajeros

Imagen de previsualización de YouTube

PATRIA, de Toni Fejzula.

“Patria” también es una novela gráfica.

(Texto publicado originalmente en el suplemento «Sábado» de Faro de Vigo)

Toni Fejzula adapta al lenguaje del cómic la novela homónima de Fernando Aramburu, un relato sobre el dolor que ha supuesto la existencia de ETA en el País Vasco.

OCTAVIO BEARES

Francamente, parece que hablar hoy de “Patria” no precisa de demasiados prólogos. Lamentablemente el ya famosísimo escándalo político con el cartel promocional de HBO, que emitirá la adaptación de la novela de Fernando Aramburu al formato de serie televisiva, ha levantado polvareda en el camino. No vamos a ir más allá al respecto porque aquí se habla de una novela gráfica y su portada no genera la más mínima duda: la mujer que nos da la espalda en esa ilustración es la viuda de una víctima de la banda terrorista, y es, en cierto grado, protagonista de “Patria” (Planeta Cómic). No hay equidistancias. Sí que hay, con todo, un acercamiento honesto a todas las partes. Sin caricaturas, con profundidad y mucho dolor.

Toni Fejzula, autor de esta novela gráfica, nació en la antigua Yugoslavia y, aunque lleva décadas viviendo en Barcelona los temas del libro le tocan muy de cerca (no solo lo ha declarado, el lector lo siente). Sabe lo que supone una sociedad fracturada por una guadaña de violencia. De muchas violencias: de las miradas encontradas en una panadería al disparo a bocajarro en el callejón. Una fractura que, me temo, solo puede entender del todo quien la ha padecido de algún modo, directa o indirectamente, y eso es uno de los aspectos más destacables de este cómic: transpira empatía y emana conocimiento del dolor, del horror. Se condena sin proclamas, se denuncia sin políticas ni didactismos, se llora, entre viñetas, porque en definitiva una sociedad secuestrada por la violencia extrema no es una sociedad libre. Ni feliz.

Por supuesto toda esta floración de sentimientos intensos ante la lectura del cómic sería imposible sin una ejecución técnica más que buena y de la que deben destacarse no pocos hitos.  Hay que hacer las cosas fabulosamente bien para sostener un drama coral tan cercano a nuestra memoria, nuestro corazón y nuestras tripas, pero que nunca contraría al lector sino que le hace reflexionar. Y es necesario talento para que esas trescientas páginas nos atrapen, incluso bajo el peso de una narrativa densa, difícil, fragmentaria: los diálogos son exactos y cortantes (se dice, pero también se calla); las escenas están impregnadas de una presión de difícil descripción sin el empleo del dibujo y el color (creo sinceramente que muchos matices emocionales se logran no con “la trama”, sino con el color y con ese  dibujo duro, áspero)

Este cómic es un tour de force, unas páginas magníficamente diseñadas, de enorme elegancia, con un empleo del color abrumador (un poco impresionista, un poco expresionista, que nos involucra y nos genera estados de ánimo). No es una lectura sencilla. No lo es por el fondo, obviamente duro, pero tampoco por la forma, que aprieta un poco al lector para obligarle a penetrar su interior, zambullirse. Sin cabriolas excesivas, solo sabiendo muy bien qué se quiere contar y cómo contarlo.

Aprovechen que “Patria”, de HBO, va a ser sin duda la serie de la temporada y háganse con esta otra versión de la novela. Y con la obra original, que por algo fue en su día Premio Nacional de Narrativa 2016. Intuyo que en todas sus versiones va a merecer la pena. Es necesario reflexionarnos también en los rincones más dolorosos, y “Patria “lo hace con un tacto y sentido emocional impecables.

El pacto del letargo, de Miguelanxo Prado

Recientemente he publicado en Faro de Vigo una crítica a El pacto del letargo, el último libro de Miguelanxo Prado. Se ha publicado en el suplemento «El sábado», lo cual me encanta porque tiene lectores muy heterogéneos, pero como este es en blanco y negro creo que no merece la pena subir el pdf original (quieras que no, en pantalla un pantallazo de un diario en B/N no luce) sino el texto original, que amplío brevemente.

El pacto del letargo, la nueva obra de Miguelanxo Prado

El Premio Nacional del cómic Miguelanxo Prado retorna con un nuevo trabajo que, una vez más, supone un giro del volante.

Si algo ha definido a Miguelanxo Prado es la inquietud de su espíritu, su constante búsqueda de nuevos lugares a los que acudir con cada nueva obra dentro de un tono general 100% Prado. En este sentido su nuevo trabajo va a suponer, posiblemente, aquella obra que más abanico de edades puede abarcar, dentro de su producción. Podríamos decir que frente a sus últimas novelas gráficas (como la crítica social de Presas fáciles, claramente para lectores adultos), El pacto del letargo es un álbum tan atractivo para un adolescente de la E.S.O. como para el seguidor de toda la vida del autor. Es una virtud que no buscaban libros pretendidamente tan profundos como Ardalén, por ejemplo, centrado en una historia madura para lectores igualmente maduros sobre la vejez, la memoria, el tiempo, la realidad…
Ahora hablamos de un relato donde el resurgimiento de la magia y los poderes arcanos o feéricos de un tiempo mitológico generan una historia tensa de intrigas entre anticuarios, coleccionistas, arqueólogos del departamento universitario de turno y personajes que “algo saben” sobre un misterioso triskel. Triskel que es objeto de la codicia de criaturas demoníacas y élficas en su deseo de volver a caminar la Tierra… una idea que aproxima al mundo a un caos nuevo (no necesariamente “malo”, pero eso habrá que descubrirlo en la trilogía). Un argumento entre lo manido y la colisión de dos fórmulas genéricas (fantastique o incluso realismo mágico, y el thriller, incluso el de esa variante de thriller académico en que eruditos desentrañan amenazantes misterios, logias y cosas en cuadros de Da Vinci, si me apuras…), que pese a no suponer ni pretender una renovación de nada, es una lectura ligera con, porqué no, intersantes posibilidades como objeto de deseo para Netflix. Esto es, una trama bien armada, para todos os públicos, que salta entre géneros (algo que gusta mucho a la moderna narrativa popular) y que ofrece discursos sobre el dominio de una civilización prosaica sobre una forma mágica de entender el mundo, o sobre la importancia del patrimonio material y las especulaciones academicistas con dicho patrimonio.

Podemos decir que Prado con este libro (lo dicho: primero de una trilogía) está creando su propio The Sandman (Neil Gaiman y vvaa), si se permiten comparaciones un poco epatantes: una aproximación muy personal a lo mágico y al fantastique, que además es algo totalmente enraizado en el acervo popular gallego.

Lo gallego, como signo de una identidad, es algo muy presente en toda la obra del autor de Trazo de tiza pero quizá nunca con tanta fuerza como en este nuevo relato, pues Galicia es tierra abonada para temas de magia, fuerzas telúricas, poderes del más allá y objetos de poder.

Una historia bien engarzada (destacando sus numerosos saltos en el tiempo y el espacio, bien templados), con personajes más o menos tópicos pero tratados con una suave pátina de humor… o mejor dicho, de retranca (los dos matones de gatillo ligero me recuerdan a los ya míticos sicarios de segunda que Frank Miller suele usar en sus obras), y un cómic con, como decía antes, potencial para atraer desde un rango de edad de, digamos, la pre adolescencia, hasta el momento en que uno pierda las ganas de ver el mundo como un cuento mágico, maravilloso y algo siniestro.

Es importante hacer notar lo que para mí es lo más destacado en El pacto del letargo: la vuelta por parte del autor a un estilo de dibujo aligerado (que no descuidado, ni de lejísimos, vamos) ofrece una viveza casi positiva, incluso en los momentos siniestros el trazo del autor airea la narración, la refresca. Casi tanto como el color, siempre magistral en Prado. Incluso por primera vez en mucho tiempo, el autor ha optado por no colorear las calles entre viñetas, intuyo que en esa búsqueda de una plasmación visual limpia. Por decirlo con ejemplos, Prado se aleja del estilo recargado, pantanoso incluso de Ardalén y e acerca al trazo caricaturesco y ágil de Quotidianía delirante… y le sienta muy bien a la historia

Una historia narrada con una planificación de la página, como es habitual en el autor de Stratos, elegante y cuidada, sin estridencias, de esas que llamamos «invisibles».

Y bueno, barramos para casa. Me encanta identificar esquinas y plazas del Casco Vello de Santiago de Compostela en las páginas de este libro. Libro, por último, que se edita en castellano por Norma y en gallego por Retranca Editorial (c9n numerosos extras).