Octavio B.

Cómic español.

La reciente aparición de los finalistas en las votaciones de los premios del próximo salón del cómic de Barcelona vuelve a poner en primer plano el tema “premios al cómic nacional”.
A ver, lo primero: felicitemos a los candidatos a “Mejor obra de autor español publicada en España en 2014”, que son,

He visto ballenas de Javier de Isusi (Astiberri Ediciones)
Historias del barrio. Caminos de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri Ediciones)
Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)
La Mondaine de Zidrou y Jordi Lafebre (Norma Editorial)
Las guerras silenciosas de Jaime Martín (Norma Editorial)
Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri Ediciones)
Las oscuras manos del olvido de Hernández Cava y Bartolomé Seguí (Norma Editorial)
Murderabilia de Álvaro Ortíz (Astiberri Ediciones)
Nosotros llegamos primero de Furillo (Autsaider Cómics)
Versus de Luís Bustos (Entrecómics Cómics)
Yo, Asesino de Antonio Altarriba y Keko (Norma Editorial)

A todos, suerte.

Pero los nominados son el pistoletazo de salida, año sí año también, a varias polémicas que nos recuerdan “El día de la marmota”. Una, la supuesta nacionalidad de las obras y la pertinencia de optar a según qué premio. Para el caso concreto, ¿debería un trabajo “mecenado” por una editorial de otro país, poder optar a un premio a mejor obra española cuando sus autores son españoles? Bueno, los premios son los premios de determinado órgano, que emite sus bases. Para el caso del premio del salón “Premio para la mejor obra de autor español publicada en España en el año 2014. Puede ser votado un cómic cuya autoría pueda estar compartida por autores nacionales y extranjeros”. Ergo, dadas sus bases, que son suyas y de nadie más, claro que puede, perfectamente. Volveré al tema en unos párrafos, pero la nacionalidad de la obra trasciende el asunto de los premios.
Yo opino que es un tema que va más allá de premios y óbolos. Simplemente para cualquier estudioso, para un estudio de historia del medio, es pertinente acotar la naturaleza de los trabajos que se estudien. Supone, en plata, conocer y/o justificar tu campo de estudio, y tu método. Personalmente lo más útil en este sentido creo que es, como he comentado en una conversación sobre el asunto en redes sociales, no plantear el tema en términos de gentilicos, “tal cómic es español”. Porque esto no nos aporta demasiado como fuente de estudio. Lo interesante es pensar en origen en tanto que producción, y por otro lado en autoría. Es interesante y casi diría consustancial a la historia del cómic ver que muchas veces se establece cierto grado de conflicto entre lo uno y lo otro (autor de aquí, obra para allá), y es jugoso plantearnos las causas y las consecuencias de ello: migraciones autorales, mercados aperturistas o no, situación de la industria cultural de la historieta en el país de origen del autor, economía local del sector, etc. Plantear las causas porque en ellas, y en la idea de la identidad y naturaleza de determinadas obras, podremos también acercarnos a, por ejemplo, un paisaje sociológico del cómic, o a ampliar quizás las causas de determinadas corrientes estéticas (la british invasion de DC), y sobre todo a comprender a través del arte la sociedad en la que ha crecido.
Un ejemplo. ¿

¿Porqué Jesús Blasco termina trabajando para Fleetway (y otras editoriales extranjeras)? En analizar este hecho (donde contrasta nacionalidad española y producción extranjera) podemos entrever la situación social y laboral de los autores de una determinada época (o cuanto menos la de uno de los más destacados), y la situación laboral que había en Gran Bretaña. También derivadas estéticas al comprobar si el estilo de Blasco se adapta a unos mercados y a otros… ¿Es “española” Zarpa de Acero? La pregunta y su respuesta son improductivas si no se hacen para argumentar determinada idea estética, social, histórica, cultural del hecho y la obra, y al final es preciso desglosarla: quién, dónde, para quién se hace la obra… porqué.

Pero el asunto de los premios que dejábamos momentáneamente aparcado no es tema menor. No lo es porque en el fondo se trata de definir qué pretenden valorar los premios, para qué nos sirven en España, este país de precarísima industria alrededor de los cómics. Quiero decir, es perfectamente lícito pensar que un premio otorgado en España premie a un autor español publique donde publique. En ello se atiende a la excelencia del susodicho y también, oye, si trabaja para Francia o Estados Unidos o Japón o lo que sea, al posible efecto “embajada”. Tanto de la calidad de nuestros autores como a la capacidad de abrir mercado para un trabajador que realmente, para lograr vivir del cómic, tiene mucha pelea que librar.

Pero un premio dado en España puede también pensarse para premiar a autores y editores de aquí que insisten en hacer del cómic nacional algo vivo y, de paso, parte de nuestro patrimonio cultural. Se puede premiar, en fin a un engranaje completo, autóctono y nacional, para quizá así dar impulso al sector. Al de aquí. Esta opción advertida en unas normas para las votaciones excluiría, ciertamente, el trabajo de autores que han decidido trabajar para el mercado extranjero (este es el punto polémico). Es francamente fácil exigir para las votaciones a mejor obra nacional aquella que es creada en castellano o idioma cooficial por autor o autores españoles y editada en su primera edición por editorial española. Me parece lo más justo, sin duda, aunque mientras las bases de determinados premios sean las que son, solo cabe aceptarlas y felicitar a los autores que obtengan el premio (y alegrarse mucho cuando son obras fabulosas).

Buenos tebeos, no tan “grandes”.

surferAcabo de leerme, hace unos días, Silver Surfer, nuevo amanecer. Fue una lecura pegada  ala de Caballero Luna (crítica aquí).
La red y más las redes sociales son caldo de cultivo para polarizar las opiniones y llevarlas, en 140 caracteres, a los extremos. Es evidente que dentro del seno de Marvel hoy se pueden rastrear algunas series interesantes (recomiendo leer al respecto este artículo de hace unos meses en Entrecomics) y eso ha llevado a hablar tanto de que hay series y autores que SÍ, como, desde el otro lado del espejo, despreciar los intentos de ser modernos llamando “Marvel Hipster” despectivamente a esas obras que, siguiendo la estela del Daredevil de Mark Waid y dibujantes como Martín, Rivera, Shamee o Rodriguez, estilizan las aventuras empijamadas de personajes ya tan breados como ese Hombre sin Miedo.
La cuestión, opino es fallida desde ambos polos. Respecto a la caterva de frikis que pretenden reirse de quienes quieren aportar frescura a unos pocos títulos (que por minoritarios en el entramado cinematográfico que hoy es Marvel, tienen más posibilidades de recibir algunos mimos autorales), sencillamente supone otro peldaño en el hundimiento cultural e intelectual de cierto fandom que no me interesa nada, cuya opinión no valoro y que aportan cero a cualquier posible debate sobre Marvel hoy. Pasando.
Pero tampoco estoy del todo con quien ve un palmario brillo, o títulos maravillosos, modernos y defendibles como punteros en el panorama del cómic actual. En un Graf barcelonés Javier Rodriguez (qué ganas tengo de leer su versión de Spider Woman) comentaba que para comer a veces vas a El Bulli y otras al menú del dia del bar del vecindario. Que son cosas distintas y que él sabe entenderlo. Y que en ambos manteles lo servido debe tener calidad. Bien, pienso que la última vez que Marvel presentó una deconstrucción estrella Michelín fue, posiblemente, con Born Again de Miller (¡1986!). Hubo luego cosas puy potentes, claro. ¿Ejemplos? Practicó también la alta cocina Milligan (y Michael Allred, nuestro dibujante de hoy en este post) con su gamberrada mutie para la era Gran Hermano (Vip), y sin duda la mirada post-todo de David Aja y el guionista Fraction con Ojo de Halcón, negando al género desde dentro para conseguir que siga vivo, puede entrar en el saco de lo excelente (inciso, me duele no citar a coloristas, en Hawkeye el de Hollingsworth es importantísimo).
Pero a partir de ahí, sí, hay que hablar de milanesa con patatas, y buscarlas bien hechas, quizá porque en algo tan comercial y plagado de intereses como Marvel la audacia no está de moda, ni interesa. Estela Plateada: Nuevo amanecer no inventa nada ni ofrece algo demasiado elaborado. Es un tebeo de superhéroes que, cambiando un pelín el tono, hubiera firmado John Byrne en Los 4 Fantáticos que condujo durante los años ochenta. El papel del guionista Dan Slott es hacer algo muy Marvel vestido con la mejor moda de temporada, que sea una lectura fresca, aunque nada rompedora con el estilo de la casa. Así tenemos una aventura cósmica de tono lúdico y maravilloso donde viejos conceptos (Eternidad, lo más parecido a Dios del “Marvelverse”) se remozan creándoles un doppelgänger (resulta que tiene una choni, y le han robado el corazón). Igual que a veces sucedía en los tebeos del mencionado Byrne, la introducción de personajes “de la calle”, son hábiles y pertinentes, son “nuestra mirada” a lo maravilloso. Y a mayores tenemos la suerte de que esto lo dibuje, y sin sustitutos, Michael Allred, un caballero que cada vez es mejor, sin haber sido jamás menos que excelente.

Ergo, un Buen tebeo, filete tierno y sin nervios, patatas caseras. Nada más, y así hay que aceptarlo.
Lo curioso es que Allred es también un guionista contrastado, ahí está Madman. Si algún día le dejan el control completo de un personaje Marvel, como ya le dieron los guiones finales de FF a su mujer Laura (y fue el despipote, lo mejor de esa serie), podríamos tener algo loco y maravilloso. Falta hace en la casa de Iron Man, pero ¿para qué hacerlo, porqué echar toda la carne en el asador cuando Allred ya tiene su personaje, el citado Madman, sobre el que además ostenta los derechos?
Pero eso es otra historia. De momento, nos quedamos con un buen tebeo de Estela Plateada que gustará (o debería) a los amantes del heraldo de Galactus.

NOSOTROS LLEGAMOS PRIMERO, de Furillo

Publicado en Faro de Vigo. Clic para ampliar.

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MURDERABILIA, de Álvaro Ortiz

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Me interesa la carrera de Álvaro Ortiz, sobre todo desde que dio un salto del álbum infantil más o menos correcto a un mundo personal inserto en el panorama de la novela gráfica. Universo generacional y al tiempo propio, Cenizas supuso un arranque “de autor” que guarda aún paralelismos con historias previas infantiles (la búsqueda, por ejemplo, como motor del argumento y del devenir vital de los protagonistas).
Sin ser redondo, sí fue un cómic sorpresivo y muy bien armado, donde el dibujo depurado y la página, muy estudiada, ponían a Ortiz en mi punto de mira. En crecimiento y ya con muchas cosas muy buenas que se resumen en la más importante: personalidad.
Hace unos meses salió su nuevo trabajo, Murderabilia. No sorprende tanto porque, claro, no supone un salto. Seguimos en la novela gráfica más ortodoxa (esto es, preeminencia de lo autoral, el universo propio, en un relato cerrado y para lectores adultos) y supone un afianzamiento. El dibujo mejora, la técnica narrativa mejora (me gusta cómo el protagonista dialoga como el narrador, provocando varias rupturas de cuarta pared dentro de la narración sin despeinarse, provocando un uso del narrador en primera persona eficaz en un medio visual) y el relato gana matices, sobre todo por la zona de grises oscuros. Sin duda la idea del coleccionismo de souvenirs del mundo de los asesinatos es lo más atractivo de la obra, así como insertar este asunto en un lugar forestal muy lynchiano, también muy Perros de paja. Esto es, las referencias siguen, como las había en Cenizas, pero menos a flor de piel y más necesarias (crean atmósfera, dan el tono, son ganchos que como lectores recibimos como información necesaria para comprender el relato).
Pueden anotarse puntos débiles, sí, la fuerza del asunto del coleccionista como amistad peligrosa hace palidecer a los otros vectores de la narración. La relación del protagonista (sexual y afectiva) con una mujer del pueblo es casi secundaria aunque sea el detonante en la historia, y la descripción del lugar de la acción podría dar más de sí. Y el final me interesó bastante menos que el desarrollo de todo el entorno desasosegante que rodea al protagonista y su feeling con un tipo que se dedica a coleccionar objetos de asesinos en serie. Desarrollo además que crece poco a poco, sutilmente, y que, insisto, me parece lo mejor del relato.
Pero Murderabilia ofrece más cosas buenas, como un crecimiento en lo gráfico, más seguro que nunca, capaz de adaptar Ortiz su estilo gráfico a asuntos que parecen difíciles para ese dibujo naive, como los escarceos sexuales o los ambientes asfixiantes.

Anda Álvaro Ortiz ahora por Italia, trabajando en un cómic sobre el pintor Caravaggio. Huelga decir que me interesa mucho seguir la pista a ese cómic.

 

PD, Álvaro me brindó la oportunidad de estrenar una nueva sección en mi blog personal, El Octavio Pasajero, donde autores de cómic me ofrezcan playlists. La suya, “Murderabilia, bosques y penurias”, es el complemento NECESARIO para la lectura del cómic (bueno, necesario… tampoco, era broma, pero sí, mola ese extra que os regala vía mi blog). Escúchala AQUÍ.

El nuevo código penal

Está en boca de toda la profesión del mundo del cómic, la reforma del código penal impulsada por el Partido Popular desde su mayoría absoluta incide en la pornografía infantil de un modo totalmente desacertado, represivo incluso. Me permito enlazaros un artículo muy interesante de la web de Almeida abogados asociados que lo explica perfectamente, hasta poner los pelos de punta, aquí  (lee el enlace, por favor, es importante para continuar la lectura).

Bien, la verdad es que este panorama censor ante la representación dibujada de menores en actos “impuros” me parece tremenda, ya no solo supone todo lo que el texto enlazado explica perfectamente, sino que vuelve a asestar un machetazo, desde la cerril derechaza, a la cultura. Porque un asunto nada menor está en la feroz descategorización de la representación gráfica del acto sexual delictivo (nadie duda que lo es, en la vida real o el la imagen captada, sea fotográfica o fílmica). Restarle al cómic su condición de artefacto creativo, de discurso no verídico y fantasía intelectual es una opción muy equivocada. Y ningunea al cómic como arte, de paso. Convierte procesos creativos en meras postales manufacturadas, degrada el arte a mero hecho físico:

esto no es una fantasía narrativa, esto es pedofilia.

Torpedo 1936: “Lolita” (Abulí y Bernet, 1990). Esto no es una fantasía narrativa, esto es pedofilia.

Y es una degradación del cómic, porque parece ser que la recreación literaria del estupro se entiende no como un delito y enaltecimiento de un acto nauseabundo; una novela es arte y por tanto un proceso decosntructivo que partiendo de la realidad llega a otra cosa, que es la ficción artística. Las novelas, por tanto, no son reales, son una construcción metafórica aunque ilustren actos sexuales de adultos con menores (y todos estamos pensando ahora en ciertos clásicos literarios, ¿verdad?). Pero esta representación de infantes procaces son ya simples gruarrindongadas para la delectación de depravados que se excitan con niños:

Cabanes, La gallina ciega, 1985: van provocando.

La gallina ciega (Cabanes 1989): ilustración de menores provocando a menores para el placer de lectores pedófilos. Delito.

Desposeer al cómic, en fin, de sus cualidades fabulescas, quitarle todo su engranaje de proceso mental para crear ficciones me parece tremendo.

Pero es más, cuando alguien expurga sus demonios internos como Debbie Drechsler relatando su infancia, víctima de abusos sexuales paternos, ahora está cometiendo delito, y si tú lo lees, compras, guardas este cómic… con la reforma del código penal que viene de camino delinques.

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Debbie Drechsler, La muñequita de papá (1996), porno infantil explícito según la nueva ley en ciernes, aunque sea la terrible confesión de la infancia de la autora.

Es acojonante, es estulto, es no ver más allá, pero digo “más allá” y me refiero a medio centímetro más allá de la línea de dibujo. Parece mentira, en fin, que en 2015 haya que explicarle al Gobierno de una nación (la nuestra, lástima, estamos en el sitio equivocado en el momento equivocado) este concepto:

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Magritte en 1929: “Esto no es una pipa”

 

En realidad me temo que todo esto es algo que entronca con una política del Partido Popular por atomizar la cultura, considerada como un bien, sí, al menos si lo promueve el Gobierno y sus instituciones (esto es afín a otros gobiernos sufridos en la piel de toro, no nos desgarremos los trajes ahora) pero que no conviene alimentar en su total libertad. En los mismos días en que una nueva Wertada pretende reducir a tres años lo que a mí me costaba cinco (unos estudios superiores) parece que el deterioro de la cultura de nuestra nación sea un plan maestro que se está ejecutando con precisión cirujana. IVAS astronómicos, cavernas mediáticas atacando a nuestro cine, leyes convirtiendo el acto de dibujar en mera acción mecánica que no filtra creatividad alguna…

Que las Musas nos coja confesados si España sigue este camino.

 

CABALLERO LUNA, de Warren Ellis, Declan Shalvey y Jordie Bellaire

caballeroEs verdad. En ocasiones nos apoltronamos en nuestra esquina de la red social de turno y despotricamos contra el género de los superhéroes. Cada movimiento mercantilista de las compañías Marvel o DC (sbre todo, ellas) es visto con la ironía del que está de vuelta, porque tenemos una edad de merecer y efectivamente, venimos de vuelta. Los movimientos de estas mayors huelen a la legua. El fandom que se enoja pero compra, los hype, los artículos-río en blogs fandom sobre maniobras que aún ni han aparecido, tan solo una imágen, una declaración en la Comic-Con… todo eso nos es ya cansino, repetitivo, y nos bajamos de ese tren. Pero no dejamos de leer superhéroes (o al menos yo no dejo) porque el género es válido. Al menos lo fue. Yo creo que su ciclo de vida natural ha acabado hace mucho, pero eso no quiere decir que a veces no aparezcan obras singulares que demuestren que, aunque no como caudal torrencial (los setenta), el género puede destilar pequeñas dosis de excelencia. O cuanto menos, de buen hacer.
Excelente sería Ojo de Halcón de Fraction, Aja y Hollingsworth, y buen hacer es lo que demuestran Ellis, Shavey y Bellaire en Caballero Luna. Un tebeo de “supes” que se mira en los ochenta, remodelación del héroe incluida. Un tebeo de historias autoconclusivas que se publican mensualmente en comic-book (aquí no, aquí, tomo) y que serviría para tener un frugal entretenimiento mensual (aquí no, aquí te tragas el tomo). En el primer capítulo en dos patadas presentan al héroe, y en otras dos, los cambios habidos, el retorno. Y de cabeza a resolver el caso. Caballero Luna es una calcomanía en negativo de Batman que ahora Ellis retoca para hacer más interesante que nunca, al acentuar la locura patológica del tipo. Siempre fue un pallá con personalidad múltiple, pero es evidente que a Ellis es eso precisamente lo que le gusta del personaje. Semejante tarado se nos presenta sin mayores evoluciones o complejidades psicológicas en aventuras de 20 páginas, de tono conciso, seco incluso, perfectamente diseñadas por el guionista de Planetary. Menciono Planetary porque allí ya usó el guionista el formato autocontenido para una serie que poco a poco desarrollaba una trama general. Trama para hablar de la realidad y cosas grandes, algo que aquí, quizás afortunadamente, no va a pasar. El tono de Caballero Luna es otro, mucho mas al grano, sin apenas chascarrillos “cool”, poniendo el énfasis en un estilo pulp que recuerda incluso a Sandman Mystery Theatre pero mucho más básico, más tuétano.
caballero_luna_02Seguimos sumando logros: Shalvey (no conocía nada de este) dibuja que es un primor, acierta al buscar el tono polvoriento, contaminado y húmedo (aplausos también a la colorista Bellaire) y la página es limpia como un sueño de Alan Moore. En ocasiones los autores recurren al juego experimental (el número 2) pero suele contentarse con la limpieza, la claridad y el estilazo.
En resumen: no se inventa nada, pero los autores saben entretenerse creando un serie B majete y que es una gozada de lectura.
Esta es la marvel que me gusta. La llaman Marvel Hipster (insultando la originalidad, mira tú), pero yo la llamaría Marvel Countdown: como todas las series decentes de la “casa de las ideas”, esta etapa duró solo estos seis números incluidos en el tomo de Panini. La calidad nace en cuenta atrás. Luego otras firmas continuarían las historias del héroe (porque, y sé que esto os va a sorprender y doler, pero es así, Caballero Luna es propiedad de Marvel, y hace con él lo que le sale de los huevos, matarlo o continuarlo). ¿Bien o mal? Pues ni idea. De momento, relectura del Caballero Ellis.

ORGULLO Y SATISFACCIÓN, CHARLIE HEBDO, EL HUMOR Y LA LIBERTAD

Algo apresurado (se nota en la redacción en ocasiones, cuanto menos), más de lo que yo hubiera deseado (entre mi agenda y las fechas de entrega, sacar este texto, que no quería posponer, fue una pequeña gesta). Pero aquí está mi aportación en prensa a una serie de cuestiones que creo importantes recordar. El humor, la libertad. A través del último movimiento de a revista “Orgullo y satisfacción” a propósio de la matanza en la redacción de “Charlie Hebdo”.

Clik para ampliar.

: Visado : Página 6 Cómics O&S

INERCIA, de Antonio Hitos

Tebeo generaconal, obra primeriza de Antonio Hitos, que no dubitativa: rica, llena de matices, inventiva y personal, merece mucho la pena. Clik y ampliamos para cómoda lectura.

: Visado : Página 6

Charlie Hebdo

Sobre los terroristas crímenes de la semana pasada contra Charlie Hebdo, a condenar sin matices, he escrito en mi blog personal. Aquí.
También sobre comportamientos que se estaban viendo, los “Pero” más obscenos que recuerdo. Aquí.

La manifestación abrumadora de ayer en París, por la libertad (1.500.000 almas indignadas) y la próxima salida al mercado de la revista atacada, con un nuevo número que, aparentemente, no se va a cortar un pelo, debería hacernos reflexionar. Y yo, sin intentar convencer ni aleccionar a nadie, concluyo cuatro reflexiones personales.

1.- La vida es sagrada, no hay excusa, ni causas, ni ríos y lodos cuando se está asisitiendo al asesinato de un ser humano.
2.- El humor es un bien social, nos mejora, nos hace pensar, nos desafía intelectualmente. Y no hay límites para su ejercicio.Todo merece el escarnio bufo.
3.- Solo la ley (siempre que sea de raíz democrática) puede anteponerse a la libertad de expresión. Si te sientes agraviado por una portada o un cómic o un chiste, acudirás a la ley. No al crimen. La ley dirimirá objetivamente.
4.- El fundamentalismo yihadista es una minoría, nociva, ultrarreligiosa y política, a combatir. No hagamos el todo de una parte pequeña.

Creo que en este momento, además, vivimos una disyuntiva crucial. O abrazamos la idea del humor, el pensamiento libre, la expresión sin mordaza, libre también (repito, de iure), o estamos autocensurándonos.

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Libertad

 

VIÑETAS DE VIDA, VVAA.

El viernes publiqué un artículo, más divulgativo que de opinión o crítica, sobre una obra que considero un hecho importante para el cómic aquí, y que además como lectura nos aleja de la barbarie de estos días y nos acerca a la verdadera humanidad, colaborativa y empática, que debería reinar en el mundo (clic y agrandar paa leer):

: Visado : Página 6