Octavio B.

Acuicornios y curiosones: tebeos infantiles.

Aquí va un artículo para Faro de Vigo sobre el buen estado del cómic infantil actual (clic en imagen para ampliar):

VENTILADORES CLYDE, de Seth

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Esos días que desaparecen, de T. le Boucher

Hace semanas publiqué en Faro de Vigo esta reseña de un cómic comercial y bien ajustado.


Las edades del superhéroe… reedición.

He visto el cap01 de The Boys, la serie Amazon que adapta un cómic de Warren Ennis y Darick Robertson.
Lo primero que diré es que el capítulo me ha entretenido y seguiré viendo la serie. Lo segundo, que igual hay algún spoiler en este texto, aunque no determinante. Y lo tercero, que me parce claro y meridiano que el cine (cine, series) contemporáneo -no hablo de los seriales de Capitán América, Batman, etc, hablo de cine digamos de la era moderna- está viviendo su propio ciclo superheróico, más o menos como lo ha vivido en las viñetas.

Una primera edad de tanteos, que intenta el traslado a la pantalla del concepto más destilado del género, con cosas muy reivindicables y hasta joyitas, con las pelis primigenias que comienza, por supuesto, con el Superman de Donner, que tiene conatos en los ochenta pero realmente no arranca hasta el exitazo del hombre murciélago de Burton. Esta época esconde goteos defendibles como Rocketeer, el Darkman de Raimi o casi podríamos añadir a Dick Tracy (no te meses los cabellos, sé que no es un «pijama», que es un detective, serie negra, pero sus modos cinematográficos la emparentan con esta corriente).

Superman II, la súper-pureza de la primera edad

Una segunda edad se inicia con X-Men de Singer (2000) y sus secuelas, y cristaliza con el universo Disney/Marvel. Una época donde por un lado los efectos especiales y una relectura de la estética de los uniformes (convertidos en sofisticadas armaduras de imposible flexibilidad, o chupas de cuero molonas, o…) consiguen un verismo que no se alcanzaba ni con el armazón del Batman de Burton ni con los vuelos de Reeves, y donde por otro lado, lo más importante, se ha conseguido trasladar al cine la idea de «Universo cohesionado» donde 20 pelis forman una única historia (quieras que no, un hito en la Hª del cine). Un cine que reivindica el poder evasivo del género a-la-Wolfman/Pérez/Byrne etc., en una recreación del canon más ortodoxo de la era Marvel (Warner con DC lo intenta también, pero ese es un caso para comentar otro día).

Universo Marvel, hasta el Tato.

Y nos faltaba la fase «adult oriented». Esta se tanteó, qué duda cabe, con cosas como El protegido de Shyamalan (2000) y la trilogía de Batman dirigida por Nolan (2005-2012). Pero es ahora cuando el modelo «british invasion» del cómic de superhéroes (años ochenta, finales) cristaliza con Doom Patrol (HBO) y desde luego con The Boys (Amazon). Series donde se da una pátina a un cliché superheróico para provocar una lectura epatante, de contenidos adultos en la expresión abierta de la amoralidad, la cristalización de la violencia (mucho más allá de los mamporros de Thor a Hulk) y un tono algo cafre que me recuerda mucho al Jupiter’s Legacy de Mark Millar y Frank Quitely (2013), por ejemplo (bueno, y al propio Warren Ennis, obviamente).

The Boys, oro parece.

E intuyo que el público no lector de cómics pero consumidor de superhéroes cinematográficos está viviendo su propia «epifanía Watchmen» con esta serie. Una serie que vende «adultez» a base de violencia sin medida (como la de El Comediante, superhéroe que asesinaba con alegría en aquella serie -DC, 1986-), sexo casi explícito (repito al Comediante, y añado la relación más «limpia» pero abiertamente sexual entre Silk Spectre y Buho Nocturno en el mismo cómic) y una doble moral en el superhéroe nada, nada novedosa para el lector del género (los enciclopedistas podrían añadir muchos cómics que anteceden tono, argumentos y situaciones que vi en este primer capítulo, pero no es mi intención hacer aquí un vademécum)
No, no es novedosa, The Boys, pero para esa inmensa mayoría que solo sabe de capas y poderes por las pelis Marvel, esto debe ser enormemente original y «rompedor». Incluso la gestión del supregrupo como producto televisivo de escasa moral, directamente robada a X-Force de Milligan y Allred (2001) por, imagino, Ennis en la serie original, es un refrito y no la nueva gran vuelta de tuerca para el género. En definitiva, se repiten ciclos en otro medio que va, en este sentido, aún por detrás del género en historieta… y un público ajeno a ellos (a esos ciclos ya sucedidos en las viñetas) puede pensar que The Boys es una serie rompedora y atrevida.
Pero superhéroes locos, adictos a drogas, asesinos, violadores, amorales, débiles mentales, héroes falsos y de postín… los ha habido desde hace décadas. En comic books. ¡Los Pupita men! Y repetir esas jugadas en 2019 puede sorprender al abonado a Amazon o a Netflix, bien por ellos, lo van a disfrutar como yo en mi adolescencia.
Pero nuevo, nanai. Rompedor Miracleman (Moore et alii, 1984). Rompedor Daredevil Born Again (Miller, 1986 -¿la historia de Sh más adulta que se ha escrito nunca? y eso que no hay ni un desmembramiento a cámara lenta ni una teta o una picha al fresco… tomen nota, productoras de seriales catódicos!).

Miracleman asesinando a un niño destrozándole la cabeza con su superfuereza. Algo habrá hecho.

Daredevil, un superhéroe psíquicamente triturado estableciendo una conversación telefónica con la nada.

Si os ha gustado The Boys no lo dudéis, hacerlos con estas series, con Watchmen, con X-Force de Milligan/Allred. Ahí está la madre de ese cordero.

Adult oriented pijama? Hurm…

 

Somos sentimientos y tenemos seres humanos: ATMÓSFERA CERO

Sigo sacando cómics añejos de mi librería, sin mirar demasiado lo que de ella estoy extrayendo.
Se dice a menudo de esta que es la adaptación definitiva de una película al cómic. En fin, no sé, pero en todo caso sí recuerdo el aura mítica que para toda una generación tiene este tebeo, apoyada por su inclusión en la entonces sacrosanta «Historia del cómic» de Toutain, que le dio mucha coba, si recuerdo bien. Un tebeo que intuyo hoy ofrece una legibilidad espesa, aburridita incluso, pero cuyo despliegue gráfico seguirá apabullando.

No se puede negar la revolución que Atmósfera Cero, de Jim Steranko, supuso para el cómic en su tiempo. Sus páginas orgánica y enormemente estéticas jamás sacrificaban un ritmo dinámico y que el ojo sigue como si le llevasen en volandas. Uno casi tiende a pensar que Steranko, que en los ochenta aún lucía como el gran rupturista del mainstream, agarró por las solapas este proyecto (¿encargo?) y le dijo algo así como «eres una peli y me dan el marrón de hacerte cómic, tiene que identificarse a Connery y compañía, y tengo que ceñirme al texto del original. Pues ok, a partir de ahí, voy a romper la baraja y me quedo tan a gusto».

La duda será si leído hoy no ha envejecido. Algo me da que, de ser así, solo en parte, solo en cierta farragosidad en textos de apoyo un poco «Mec», pero no en su inventiva visual, blindada en una narratividad fluida que no se riñe con la espectacularidad.

 

Somos sentimientos y tenemos seres humanos: TAKO

«TENEMOS SERES HUMANOS»
Tako,de Yann y Michetz, fue uno de los primeros “Libros de Co&Co”, aquella intentona/estertor, en los primeros noventa, de revitalizar el panorama, moribundo ya, del cómic a través de obras de valía, prestigio, clasicismo en ocasiones y calidad.

Tako en casa

En teoría al menos. Yo recuerdo la revista vagamente como un producto de luxe en un mercado que ya no admitía revistas de cómic. Por tanto e independientemente de sus contenidos, un suicidio a corto plazo. Medio, con suerte. Y su colección de «libros” lo era realmente de álbumes a la usanza del formato ochentas. Versión de lujo también… Cartoné, sobrecubierta, buen papel…
Para un surfista en aguas tan poco profundas como las del cómic en la crisis de los noventa, un lector que a los veintipocos quería crecer arropado por eminencias del cómic de autor (Breccia padre, Alan Moore, Miguelanxo Parado), la propuesta de estos no-libros, álbumes, era golosa. Y ya conocía a Yann por su Sambre, así que… Probé.

«SOMOS SENTIMIENTOS»
Maldición, no me preguntes porque no recuerdo apenas nada del argumento de este cómic. Un asunto en el Japón feudal con amores shakesperianos de por medio. Creo.
No podría, no tendría el cuajo, recomendar -o todo lo contrario- Tako hoy por hoy y sin releerlo. Pero mi recuerdo es muy agradable. Género histórico bañado en cierta mirada personal de un autor que siempre gusta de atarse al reto de estar dando una vueltita más a un género literario. Al género como objeto de deseo.
Un dibujo, quiero recordar, estiloso y elegante dentro de una tradición muy clara, la de la Bd francófona de los ochenta (Michetz es autor de cosas tan clásicas como Kogaratsu, más oriente en occidente) , inclinada para el caso hacia la escuela de la línea clara con personalidad.
Lo arranqué, en fin, de mi librería y al ver la portada me sonreí, recordé sobre todo al universitario o post universitario que no se cansa del cómic como medio y que, en el desierto editorial de 1993 (o 92, más o menos), busca y encuentra aquella chispa que siempre le mantuvo como lector de tebeos. En definitiva, este no lo regalo 😄

Somos sentimientos y tenemos seres humanos (un paseo emo y dislocado)

Hace unos días he visitado el nido, la casa materna, home is where the heart is y todo eso, en la que aún descansan no pocos cómics de mi colección. De hecho, descansan MUCHOS cómics de mi colección, si bien casi todos bastante antiguos. Lecturas de un pasado lejano.

Primeros ochenta. Yo leyendo. Con pelo.

Y me ha dado por sacar tebeos sin mirar , lanzando mi mano a las estanterías, y guardarme varias fotos de dicha «selección azarosa» con la idea de hacer esta sección que supone simple y llanamente… un canto de amor al medio. A las sensaciones que quedan, al recuerdo de añejas compras, viejas lecturas… un paisaje impresionista de pinceladas sueltas para hablar de eso que todos los lectores empedernidos tenemos (y más los de historieta): una memoria emotiva (más allá del juicio crítico) que en ocasiones es el timón de nuestro viaje contra corriente. No se tratará, ojo, una relectura, eso no tiene gracia (de ahí lo de «dislocado» del título)… olvidad análisis, abrazad sensaciones, en ocasiones dispersas, dudosas… esa es la idea.
Aquí hablaré de momentos, recuerdos, sensaciones, el recuerdo de la impresión. La poderosa manera que el cómic tuvo para cambiarme, tutelarme, guiar mi crecimiento. el arte al fin y al cabo también es eso, un vehículo de aprendizaje personal.
Bueno,pues eso, bienvenidos a «Somos sentimiento y tenemos personas», una sección de cómic emocional. Atentos porque sin aviso, pero pronto, arrancamos.

Space is the place (dos cómics de Ci Fi)

Clic en la imagen para ampliar y leer:

Ocultos, de Laura Pérez

Interesantísimo. El texto sobre el tebeo lo publiqué primero en Faro de Vigo. Clic en la imagen para leer la crítica.

SABRINA, de Nick Drnaso

¿Mejor cómic editado en España en 2019? Por ahí anda la cosa… clic en la imagen para leer la crítica.