AVENTURAS DE UN OFICINISTA JAPONÉS, de José Domingo

Artículo publicado en Faro de Vigo el 20 de enero de 2012

Aventuras increíbles en un Japón imposible.

José Domingo da un salto sin red de ánimo explorador, una obra arriesgada, sorprendente y divertida que supone uno de los últimos grandes tebeos del 2011.

Japón me mata...

 

Un hombre sale de su oficina. Es un tipo común, gris, del montón. Vestido discretamente, con su cartera bajo el brazo, bien peinado su cabello canoso. Cruza la calle en silencio. Esto es lo primero que podremos leer de “Aventuras de un oficinista japonés”, el sorprendente nuevo trabajo del coruñés José Domingo editado en un libro exquisito y sorprendente por Bang! Ediciones. Es una escena anodina, cotidiana y que podría presagiar un cómic costumbrista. Quizá, cierto, el estilo de dibujo ya sea un aviso: personal, limpio, es deudor de clásicos nacionales como Max y de revolucionarios contemporáneos como Chris Ware. También de la línea clara, y de los autores más estilizados de la tradición del básico “TBO” (por ejemplo, a uno no le extrañaría leyendo estas páginas percatarse de un cameo de “La familia Ulises” escondida en alguna de sus abigarradas viñetas). No es el típico estilo para un relato cotidiano…

Pero sobre todo, si alguien a partir de esta primera escena esperaba una historia de la vida normal, tranquila y anodina de un sencillo administrativo, hay que advertir que pasando la página aparece una guerra a muerte de gángsters, que poco después el protagonista se convierte en una especie de Hulk, que luego descubrirá el hogar de una familia de serial killers, que morirá y resucitará, que descubrirá sectas ocultas y que será amado fervorosamente por una camionera.

En fin, Domingo ha partido de un punto para arrastrarnos por el vertiginoso tobogán de su fantasía desbocada, gamberra, inocente, ácida, sorprendente, contradictoria y sólida, un mundo autoral bien apuntalado, ya maduro, tan cercano al Mortadelo más destroyer como a las ensoñaciones de David Lynch. Y el resultado es un cómic fascinante, un tour de force donde se prescinde de la palabra escrita y la acción es sostenida con un ritmo endiablado. Esto resulta meritorio, cómo consigue “enganchar” al lector con un argumento casi inexistente, una sucesión de disparates, un pelotón de viñetas abigarradas donde cada detalle cuenta. Y además, la elección de José Domingo es un triple mortal en la forma. ¿Cómo puede ser posible que algo mudo se narre desde un picado fijo, como si el lector flotase suspendido a pocos metros de la cabeza del oficinista y con un ángulo invariable? Pues sí; Domingo ha fijado su ojo desde un punto, omnisciente, universal pero inmutable. El prodigio es que desde la primera viñeta se advierte como la mejor decisión, otorga ese aire entre irreal y cómico, absurdo y pormenorizado que desprende la obra. Y con todo ello, con una aventura loca, un punto de vista fijo y un esquema casi imperturbable de cuatro viñetas por página, nace una pieza que, pueden apostarlo, va a quedar como uno de los trabajos más importantes del cómic nacional de última hornada.

Además, hay que decirlo, “Aventuras de un oficinista japonés” apuesta por la novela gráfica como objeto de gran belleza en sí mismo: el tacto de sus hojas, la cuidada observación de las gamas cromáticas en cada página, el tamaño enorme de este cómic, el mimo en cada detalle puesto en el libro, lo convierten en otro peldaño en la idea de entender a la historieta como material perdurable antes que mera lectura fungible.

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