Loveletter hacia la crítica de cómics

Estos días se vive la enésima y triste polémica entre críticos de cómics, una profesión que no existe, que es mayormente altruista, que tiene una única base: querer al medio, a la historieta. La última, que me niego a enlazar o hacer referencias concretas, alcanza tal grado de bronquedad, tanta bilis, que uno se pregunta si intentos como el loable apunte de Jose A. Serrano para constituirnos en Asociación, no es algo poco menos que un gesto destinado al fracaso.

Bien, yo, que a estas alturas más de uno y más de dos me citan como crítico (y empiezo a aceptarlo) nunca me he visto como tal en tanto que bloguero (ya hoy, claro, publicando en prensa y eso, pues negar la naturaleza del asunto sería falsa modestia). Sí me creo un lector con mucho bagaje (toda mi vida leyendo tebeos) y, en fin, espero tener unos buenos muebles en la cabeza, que me vistan de (algunas) razones cuando escribo. Y pienso que no escribo mal del todo, que en mi estilo hay quien puede encontrar una causa para leerme… bueno, con todo, pertenezco a la tranquila zona minoritaria, no creo que tenga demasiados seguidores ni nada así. Mejor, mejor 🙂

Pero brindo por la crítica, sea yo parte o no de ella, y lo hago como lector, porque desde la tardo-adolescencia ha sido para mí un referente. Y desde que descubrí «Krazy Komics» en el 89, entró en mi vida como un glorioso rompimiento de gloria el ejercicio de la crítica de cómics. Gracias a los críticos, a las revistas sobre historieta, aprendí a ser un lector hererogéneo, que cualquier tipo de cómic, por estilo, tema, latitud que ostente, puede ser interesante. Comprendí leyendo críticas que el entendimiento del cómic debe sostenerse en el conocimiento general (esto atenta contra el espíritu fandom o freak: la cultura es general, global, y alimenta al lector). En todos estos años he leído varias revistas sobre cómic (muchas las conservo, por cierto), y atesoro en el recuerdo muchísimas reseñas y estudios, frases sueltas incluso, que me han hecho pensar y de las que he aprendido.

Dylan Horroks inventó un mundo idílico para el cómic y la crítica de cómics (Hicksville, quizá algún día...)

No supongan mis lectores en esta arenga una entrega cuasi religiosa al mundo de la crítica periodística, sino la capacidad de comprender que puedo aprender algo leyendo a otros que escriban sobre cómics, que dos ven mejor que uno, que la historia secular (y más) del cómic siempre tiene huecos y que otros pueden cubrirlos. Que una mirada lúcida puede revelarme las bondades que se me ocultaban o las debilidades de una obra. Que la crítica es un colchón y un somier en los que siempre es bueno recostarse (pero no hundirse) para salir más sabio cimentando el propio criterio de cada cual. Por supuesto que no todas las plumas son garantes de calidad. Por supuesto. Labor de cada cual será entonces elegir fuentes: yo he desterrado de mi ‘reader’ numerosos blogs que he ido tanteando, por malos. Malos para mí. Y hay revistas que ni me molesto en ojear en la librería, es normal…

En fin, creo que queda clara mi carta de amor a la crítica, escrita en unos tiempos en que agrias polémicas parecen enturbiar este panorama, con un espectáculo de ofendidos y ofensores, chanzas internas, egos, chascarrillos, insultos, desprecios, enfrentamientos directos… los críticos son humanos, claro que sí, y el roce es consustancial a la humanidad. Y el indignarse, claro, también… pero los humanos sólo creceremos aceptando nuestros fallos, recomponiendo las cosas y mirando al futuro. El pozo de mierda que, tristemente, hemos aguantado estos días, las puñaladas directas o traperas, no me interesan.

Así que marcho con un consejo para quien lo quiera (es gratis y bienintencionado): si no hay difamación (por ejemplo, cuando te acusan falsamente de mentir o de estar vendido a una editorial, cosas así) no merece la pena desviarnos de nuestro trabajo, la noble promoción de aquello que algunos consideramos un arte y todos un maravilloso medio de expresión, con una capacidad para entretener y apasionar fuera de toda duda. Mantengamos un panorama crítico respetable, seamos un colectivo digno, cohesionado en lo que debe estarlo (la defensa del medio, el análisis de su actualidad sin personalismos) y sobrevolemos inteligente y elegantemente todo lo demás. Aceptemos la crítica personal como parte del juego, minimicemos su importancia, miremos meollos, contenidos y reflexiones, olvidemos el resto. Los que estamos por el oficio, en fin, hagamos la profesión más digna posible. Porque la meta, nuestra meta, es más noble que cuestiones personales.

Ala, me he quedao tan a gustito.

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3 Comentarios Dejar comentario

  1. Int #

    Hola. No tengo ni idea de a qué polémica te refieres (no estoy muy metido en este mundillo) pero comparto tu defensa del crítico, una profesión muy denostada por desconocimiento y prejuicios. Yo, por supuesto, estoy más metido en la crítica de cine, pero creo que en esencia viene a ser lo mismo.

    Y sí, la figura del crítico es imprescindible para separar el grano de la paja, para iluminar algunos caminos oscuros o para demostrar como se pueden concretar sensaciones a través de palabras. Y si tú te formaste como lector a través de Krazy Komics lo mismo puedo decir yo del Fotogramas o incluso algunas reseñas de periódicos.

    Como bien dices, hay de todo: bueno y malo. Siempre he visto el ejercicio de la crítica como un género literario más, en el que no importa tanto la opinión (si una peli es buena o mala, terreno muy subjetivo) como el estilo, la forma, el placer de la lectura en sí misma considerada. Y, por supuesto, su lado docente: querer descubrir, informar e, incluso, formar al lector. Nunca me ha gustado la crítica destructiva (aunque a veces es muy divertida de leer). En este sentido, pienso que un problema (y más ahora con la proliferación de los blogs y webs personales) es no saber discernir a un crítico de alguien que simplemente da su opinión.

  2. Buenas. Yo sí estoy (más o menos) al tanto de la polémica, aunque reconozco que ésta me ha parecido absolutamente irrelevante.

    Entrando al tema de fondo de este artículo: justamente yo estoy actualmente dando mis primeros pasos como crítico de cine. Es decir, que hasta ahora escribía en mi blog artículos muy libres sobre pelis, series, música, etc., pero en las últimas semanas me he propuesto hacer crítica «real». Algo que no es en absoluto lo mismo que, como dice Int, decir si algo te ha gustado o no. Al igual que vosotros, defiendo la figura del crítico como aquél que puede ofrecer conocimiento (no simplemente datos sacados de la Wiki o IMDb) a los que desconocen. Una figura que para mí ha sido siempre providencial a la hora de derribar prejuicios, acercarme a obras desconocidas y hacer nuevas lecturas de un material que ya creía comprendido. De hecho, siempre he preferido leer una crítica a posteriori, pues posiblemente aporte matices nuevos a lo que yo ya hubiera podido percibir en mi acercamiento a la obra.

    Temo, sin embargo, que exista un ego importante en lo que respecta a los teóricos. Que sus etiquetas se conviertan para ellos en dogma. Que sus versiones de las cosas se postulen como «movimiento» y que se enfrenten de un modo personal a otros «movimientos» que los contradigan. Así, del mismo modo en que la animadversión de un crítico hacia un artista/autor invalida para mí su reseña (¿para qué leer una crítica de Carlos Boyero a Pedro Almodóvar si son todas intercambiables?), el cabreo entre críticos se filtra a sus argumentaciones y las inutiliza…

    Finalmente opino, como Int, que la proliferación de webs y blogs personales parece haber convertido a prácticamente cualquiera en, digamos, «crítico legítimo». Espero que no suene a soberbia por mi parte (por eso que decía al principio de que yo sí aspiro a serlo), pero lo cierto es que iniciativas como Filmaffinity demuestran que en cuestiones artísticas la votación democrática no es un sistema efectivo, y que ponerte delante de un teclado a emitir una opinión no la hace tan válida como la de cualquiera. Son el bagaje como espectador, la capacidad analítica e interpretativa y la facultad de establecer relaciones entre obras y autores, además del buen hacer literario, quienes separan la paja del grano…

  3. The Watcher #

    Octavio, podría decir muchas cosas, pero sólo voy a decir que estoy de acuerdo contigo en todo. La polémica es sólo el enésimo revuelo en un mundo demasiado pequeño para que haya tanta gresca. Hablemos de tebeos, que al final es lo que quedará.

    Un saludo.

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  • Octavio Beares - mi postura en EL TEMITA que ya sabemos y que no cesa, y no pienso volver al tema: http://t.co/AOdClvz