JUEGO DE MANOS, de Jason Lutes: el sueño americano triste

Un joven mago alcoholizado, fracasado en la vida y en el amor. Su mentor, anciano y aquejado de senilidad, escapado de un asilo. Un timador de poca monta que recorre la ciudad con su hija. La otra cara del sueño de la libertad, la que pierde la partida en el intento, la de los sin techo, sin clase, sin esperanza. “Juego de manos” (editorial La Cúpula) es un retrato agridulce de esa otra faceta de la “Tierra de las Oportunidades”, y sorprende por varias cuestiones.

La primera, la juventud de su autor. Jason Lutes prácticamente se estrenó en el mundo del cómic con este trabajo con 27 años, y demuestra una claridad de ideas digna de un creador ya maduro. Maduro, porque retrata con elegante exactitud el sentimiento universal de los corazones rotos, pero también la autoconciencia del que “se está apartando del mundo”, quien por vountad o destino ya no es visible para la sociedad del éxito y la opulencia. Estos pobres individuos buscan, quizá, encontrar de nuevo el camino, saben que es difícil, y que posiblemente sólo lo hayarán encarando los dolores personales más arraigados, y por supuesto reencontrando el amor. En una hija, en una ex, en el placer de vivir.

Lutes, afortunadamente, no cierra excesivamente su historia, aunque sí ofrece la salida esperanzadora como algo posible. No recluye a sus personajes en un agrio bucle sin solución. Apuesta, en definitiva, por la vida. Y todo este discurso lo empaqueta en un estilo sencillo, en unas páginas efectivas (y a veces efectistas), en una narrativa pausada que prima la lenta descripción de personajes y sentimientos a la acción, y con un dibujo entre el “indie” y la influencia del cómic europeo (Lutes admira por igual los cómics de superhéroes, la revista alternativa “Raw”, y el “Tintín” de Hergé).

Un cómic profundo y delicioso, de una ligereza digna de aplauso pese a la densidad del tema, liviandad que perderá en su siguiente trabajo, la faraónica “Berlín”, aún inclonclusa, sobre la Alemania pre-nazi.

Artículo publicado en Faro de Vigo el 4 de Marzo
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