17
jun 15

Sé feliz con alguien

Vamos a ver

La publicidad de un refresco decía: ‘haz feliz a alguien’ y la cosa consistía en darle de beber ese refresco a cualquiera que te encontraras por la calle. Evidentemente, gracias a esa publicidad lo que se garantizaba era que el más feliz de todos sería el fabricante del refresco, si conseguía vender más con ese eslogan, pero difícilmente lo serían quienes tuvieran que bebérselo, así por las buenas, porque te lo ofrecieran por la calle: a lo mejor no te gustaba nada y pasabas un mal rato.
El mejor eslogan sería: ‘sé feliz con alguien’, no tanto porque te dé un bebedizo, sino porque ese alguien te haga feliz al tenerlo cerca, al convivir con él. La mayor felicidad se alcanza intentando estar a la altura de la persona que amas y comprobando que cada día eso te exige más y más de ti mismo. Que si esa persona no existiera, tú serías más vulgar, más tonto, más aburrido, más lo de siempre, lo que siempre solo fuiste capaz de proponerte a ti mismo, sin contar con alguien que mereciera algo más de ti, y que te sacara de tus entendederas.
En cambio, ese alguien que te hace feliz, consigue de ti que alcances límites insospechados, que nunca habrías sido capaz de plantearte, ni siquiera de soñarlo. O si lo llegaste a soñar, sería como un imposible al que nunca podría alcanzar tu mediocridad. Y entonces te conformarías con que alguien por la calle te diera un bebedizo, aunque te reventara beberte ese bebedizo, pero ¿qué le voy a hacer, si no tengo otra cosa que hacer, o no se me ocurre, o nadie me hace más feliz que el beberme el bebedizo?
Por todas partes hay gente que se empeña en que creas que te hace feliz lo que a él más le conviene colocarte, y te zarandean en la red, en la calle, en la tele o incluso llamándote por teléfono, cada vez con más incitaciones a que hagas esto o lo otro, que te vendrá bien. Y si lo haces, si todo lo que te dicen que te vendrá bien, vas y lo haces, lo normal que te pase es que el hartazgo haga que ya no sepas si te viene bien, mal o regular, eso que te proponen para ser feliz. Y no para ser más feliz cada día, porque eso te llevaría a dejar muchas de las cosas que te ofrecen para dedicarle todo tu tiempo a estar a la altura, cada vez más alta, de la persona que te hace feliz. Cuando la encuentras, te das cuenta de lo poco que valen todos los bebedizos que te ofrecen, por aquí y por allá, como señuelos de la felicidad.


10
jun 15

sociedad ‘sin’

Vamos a ver

Cada vez hay más cosas ‘sin’ y parece que a la gente le gusta ese modo de vida o no le queda más remedio que soportarlo. Sin alcohol, sin humo, sin compromiso, sin colesterol, sin preocupaciones, sin trabajo, sin renta, sin esperar nada de nadie… ¿sin nada de nada? La vida de panching total, de no hacer nada y dejar que sean algunos los que hagan lo que quieran contigo, tiene su momento, por ejemplo, cuando llegan las vacaciones y te tomas el gin tonic que ponen en el chiringuito de la playa, ‘sin’ preguntar por la marca de la ginebra ni de la tónica, pero ¿podríamos vivir constantemente ‘sin’ hacer nada de nada, cuando nos ahorraran toda la capacidad de decidir? Eso sería como si las máquinas gobernaran nuestra vida en una novela de ciencia ficción, en la que ya no habrá nada que hacer por nosotros mismos, y llegaremos a la total sociedad ‘sin’, cruzados de brazos a verlas venir.
Como ‘El mundo feliz’ de Huxley, pero a tope, porque las máquinas seguro que no se pelearán entre ellas por consumir más o menos, como seres que son de perfecto diseño, al revés de lo que pasa con los humanos, que en cuanto uno despunta, los demás van a por él. ‘¡Abajo el que suba!’ era el grito de un dictador panameño, con la seguridad y el convencimiento de que si alguien empezaba a destacar, una de dos: o acababa con él lo más pronto posible, o llegaría un momento en que no podría controlarlo, perdería el mando y el otro subiría para quitárselo.
Frente al mundo ‘sin’, algún día habrá que pensar en el mundo ‘con’, en sumar más que en restar, en construir más que en destruir, porque las máquinas sólo saben repetir; y repiten muy bien, mucho mejor que los seres humanos pero sin imaginación para cambiar hacia lo nuevo. Quedarse ‘sin’ quita una cosa de aquí y otra de allá, rebaja por este lado y por el otro, por dentro y por fuera; y no añade nada que lo sustituya. El mundo ‘con’ es el mundo de las decisiones que te lleven, pero que tú también las lleves contigo y con los demás, de ir adelante entre todos, de escuchar y entender. De aprender, cada día algo.
Arriba el que suba, y que cuando esté ahí, ayude a subir a todos y todas, no como esos tipos demasiado inclusivos, que piensan de todo sin mancharse, y quieren que sean los demás quienes se encarguen de sacar las cosas adelante, mientras ellos las critican ‘sin’ despeinarse y rajando de todas y todos.


10
jun 15

aburrimiento general

Vamos a ver

Un tema muy primaveral es el aburrimiento, del que la revista ‘Padres y colegios’ hacía un recorrido muy interesante en el último número. ¿Por qué se aburren los niños, si nosotros no nos aburríamos tanto, cuando éramos pequeños?, ¿qué ha cambiado?. Aburrirse lo definen como ‘no encontrar nada alrededor a lo que prestar atención’. Es muy difícil que los niños se aburran si les dejan a su aire, y no hay como verlos jugar en el parque, para percibir que todo lo que ven o hacen les resulta nuevo, aunque lo repitan constantemente.
Para que lo que ven o hacen les pueda resultar aburrido, sencillamente debe ser un tostonazo de tomo y lomo. Y lo más aburrido de todo son sus padres y/o profesores, que quieren tenerlos entretenidos, que saltan de un tema a otro para llamarles la atención, que buscan constantemente no repetirse, que están ansiosos por la novedad y por transmitirla, en vez de disfrutar con lo ya se ha disfrutado tanto, que se puede repetir una y otra vez, como si fuera nuevo, para seguirlo disfrutando.
Tener en la cabeza como único objetivo hacer lo que sea para no aburrirse, es la enfermedad de muchos mayores, que se aburren soberanamente con lo que les toca hacer cada día y buscan constantemente algo que les distraiga de esa pesadez, de ‘no encontrar nada alrededor a lo que prestar atención’. Y buscarlo con saraos que la oculten. El aburrimiento de papá y mamá se transmite a los demás, cuando plantean tener a todo el mundo constantemente en vilo, de acá para allá, de juguete en juguete y de ‘¡qué diver!’ en ‘¡qué diver’!, de planazo en planazo, cuando a sus hijos, a lo mejor, lo que más les gusta es jugar a la pelota con los amigos y, si fuera posible, con sus hermanos.
El hijo único o la parejita reclaman de sus padres el atiborrarles de cositas, a veces, muy poco interesantes, aburridas por la dificultad de tener que elegir entre: si esto que me ponen delante, me va a hacer disfrutar, o es otro peñazo de papá y mamá; con lo bien que estaba yo jugando a la pelota con mis amigos. Porque tal vez el aburrimiento mayor sea el de estar solo, con papá y mamá atendiendo a sus cosas todo el día, y yo en casa con los videojuegos para aprender a ser mayor y aburrirme como ellos. Con la cantidad de cosas, y de personas, interesantes que existen a tu alrededor y que merecen un trato más detenido, para conocerlas mejor.


04
jun 15

aprender a conducir(se)

Vamos a ver

Todos sabemos que, detrás del volante de tu coche, estás fundamentalmente tú. Nadie te puede sustituir al ir para acá o para allá. Eres tú el que toma la gran cantidad de decisiones necesarias para llegar a dónde te haga falta, con la suficiente soltura como para hacer algo, después de haberte llevado hasta allí. Que no se agote todo en ir de un lado para otro, de atasco en atasco, sino en llegar frescos y con ganas. Los coches que van sin conductor, de momento sólo existen en prototipo, aunque podrían llegar a funcionar, con lo que llegaríamos mejor a todas partes, si conseguimos que funcionen a nuestra voluntad.
De momento, lo que se puede ver todavía en las calles o carreteras, es ese espectáculo grandioso de que todavía somos bastante civilizados, cuando esa multitud variopinta va cada uno a lo suyo, procurando interferir lo mínimo en la marcha de los otros, intentando que también los demás puedan llegar cada uno a donde tenga que hacerlo. Naturalmente, hay atascos y accidentes, pero son muy pocos en comparación al volumen de las personas que se mueven, que van, y que llegan a donde quieren, sin incordiarse demasiado unos a otros.
A nadie le extraña que para llegar a eso haya que aprender a conducir, ir a la autoescuela. Luego, das los primeros pasos con una L en tu coche, sabiendo tú y los demás, que todavía no sabes conducir bien; y que los demás no se enfaden demasiado si metes la pata. Después, conforme aumenta la experiencia, ya todos vamos como si tal cosa: como si conducir formara parte de nuestra vida desde siempre.
Y vamos de aquí para allá, guiados por una reglas y señales que todos asumimos como necesarias. Lo sorprendente es que eso que sabemos para conducir un coche, no somos tan capaces de proponerlo y adquirirlo para nosotros mismos, para conducirnos directamente a la meta que esperamos alcanzar.
Conducir(se) se complicaba hasta ayer por el exceso de opciones disponibles en las redes y fuera de ellas, no se sabe si buenas o malas, ni si te estaban engañando con un pirulí llamativo, pero, en cualquier caso, excesivas, que te ocupaban demasiado tiempo y saturaban la atención disponible. Tenemos que dar gracias hoy a esa crisis, que nos ha sacudido hasta los tuétanos, porque hemos experimentado todo más cerca de su auténtico valor y hoy conducimos mucho más sueltos, sin tantas cosas inútiles o innecesarias.


04
jun 15

en qué mejorar

Vamos a ver

Como está todo tan revuelto, la sensación de que no sabes nada forma parte de cada día. ¡Ay aquellos tiempos en los que todo estaba claro! La verdad es que esos tiempos añorados no existieron nunca, siempre ha habido algo de bollo desde Adán y Eva hasta antesdeayer, pero la melancolía distorsiona los recuerdos y se convierte en una palanca para desear volver a un mundo feliz. Particularmente, en estos momentos, hay mucha gente que desea y/o necesita que los demás sean mejores, que mejoren los demás antes que yo, para que tenga un ejemplo a seguir, porque si me pongo yo a mejorar por mi cuenta, a lo mejor me equivoco y no mejoro, sino que voy para atrás.
Por eso cada día hay alguien que te dice en qué hay que mejorar. Se ven muchos así en las campañas electorales entre los candidatos, que no paran de decirte qué es el lo que falta para ser felices en tu pueblo, como si allí hubiera existido, o pudiera llegar, algún momento similar a lo que te proponen. Para conseguirlo hay que hacer esto y lo otro, te dice cada uno; y te lían, porque son propuestas dispares e incluso, opuestas.
En qué mejorar para mejorar, es una de las mayores incógnitas de hoy. ¿Hay que saber idiomas para marcharse corriendo otro sitio y que no se note que no eres de allí? ¿Debes ser menos rígido y más flexible para no chocar, o por lo menos, para chocar más blando con los demás? ¿tienes que saberlo todo por ti mismo o puedes confiar en lo que te digan, sin temor a que te engañen? O te compras un teléfono inteligente, que piense por tí, que te diga dónde estás, y si debes ir a la derecha o a la izquierda. Y tú a seguir las indicaciones sin preocuparte de nada para ser así lo más parecido a completamente feliz, la dulce ignorancia, la tranquilidad de dejarse llevar por lo que te dicen que hagas: compra esto, viaja a tal sitio, usa tal dentrifico, sigue a Pepito o a Juanito que son los que tienen razón.
Parece de lo más sensato que te fijes en la gente que lo pasa bien. Y que no se empeña en decirle a los demás lo que tienen que hacer, sino que lo hace y ya está. Es curioso que en esto de la corrupción muchos quieran que los demás sean los incorruptos y que a ellos les perdonen todo. Se les nota su fragilidad en lo que piensan de los que no piensan como ellos. El ‘dime de qué presumes y te diré de lo que careces’ es lo que le pasa a la gente que no lo pasa bien


04
jun 15

marca personal

‘Vamos a ver’

Hay un asunto verdaderamente lúgubre que se llama ‘marca personal’. No basta que los coches, o los yogures tengan una marca, sino que cada uno de lo humanos estamos llamados también a crear una ‘marca personal’, como el modo más adecuado para que nos distingan a unos de otros. La diferencia está en que a los coches o los yogures la marca se la ponen, mientras que la ‘marca personal’ es algo que uno tiene que darse a sí mismo.
Conforme pasa el tiempo mientras el paro permanece, cada personaje de marca tiende a engrandecerse; primero porque dispone de tiempo libre para mirarse y remirarse; y luego porque, si continúa en el paro, eso quiere decir que su ‘marca’ no funciona, que no te contrata ni el que asó la manteca, con esas prestaciones que te das a ti mismo; y, por consiguiente, hay que cambiarlas, ‘enriquecerlas’, que tu currículum brille más, que seas más notorio, a ver si así alguien se compadece de ti y te da un trabajo. Así consigues presentarte cada día más alambicado y orientar la compasión ajena hacia la idea de que eres superman, que si te contrataran, sería demasiado para la pyme que querría hacerlo o el bar que busca alguien para repartir los cafés.
Hay gurús de ‘marca personal’, lo mismo que hay vendedores de zapatillas o de relojes: abundan por todas partes; y en seguida se percibe que sobran, por lo obvio que dicen de engrandecer tu marca, que parece que se han puesto de gurús para sacarle unas perrillas al aprensivo que no encuentra marca adecuada y la busca desesperadamente.
Con eso resulta que lo peor de la marca personal son los gurús que te dicen que para lograrlo debes ser simpático, honesto, trabajador, tener iniciativa, saber idiomas, ir a un cursillo del patatín que te dan ellos si les das un pastón, y tal cantidad de cosas y cosas, que cuando más tiempo lleves construyendo tu marca personal, más liado estarás con mil innecesarias para encontrar trabajo, pero muy útiles para darle trabajo a los gurús.
Las elecciones son el momento culminante de la ‘guruancia': ¿tengo que votar a Pepito o a Juanito?, o tengo que ser yo el que cree ese partido que va a resolver los problemas de todos los demás, e incluso los míos. Está de moda decir que el trabajo te lo tienes que fabricar tú, y así colaborarás decididamente a que disminuyan las cifras de paro. O sea: hazte gurú de marca en política. Algo saldrá, seguro.


26
may 15

colorear o colorearse

Vamos a ver

Hay una nueva pasión por las cajas de lápices de color y el papel de dibujo, como elementos fundamentales del aprendizaje y el descanso. La civilización actual ha priorizado el gusto sobre el tacto; y así, por ejemplo, se insiste en que señales ‘me gusta’ cuando algo te parece bueno de lo que la máquina ofrece: ‘me gusta’, su primer significado es ‘me lo comería’, lo interiorizaría, lo haría parte de mi. Como si todo estuviera al servicio de lo que pudieras admitir dentro de lo que te gusta a tí, más que de lo que pondrías fuera para verlo con mayor objetividad.
En realidad, todo lo que ponemos fuera de nosotros, no sólo pueden contemplarlo los demás, sino nosotros mismos desde todos los ángulos posibles. Eso hace que el dibujo, el uso de lápices de colores sobre un papel, se esté convirtiendo en una de las mejores maneras de expresar lo que somos, y de separarnos de todas esas cosas impuestas para que las interioricemos como propias, aunque vengan de fuera. Colorear se ha convertido en un modo de salir de la vida gris a la que nos lleva la rutina, los horarios, o hacer siempre lo mismo cada día, dependientes de lo que nos digan los jefes, la publicidad, o de lo que se le haya ocurrido a otro para que lo hagas tú.
Incluso, para liberarse, dibujar es mejor que escribir, porque la escritura se hace con palabras copiadas de aquí o de allá, mientras que el dibujo expresa con mayor facilidad la relación de cada uno con lo más auténtico que existe fuera de uno, con la realidad que tú ves, que tu sientes, no con la que quieren imponerte unos u otros, a saber con que intenciones de sometimiento o dominio. O para venderte una moto que no necesariamente sea lo que más necesites.
La gente que se colorea a si misma, en realidad no llega a saber bien qué es lo que está haciendo. Por eso los maquillajes o los tatuajes son siempre imperfectos: solo pueden verse por uno mismo como una imagen reflejada en un espejo, no como hayan quedado a la vista de los demás. Es un modo de representar la inseguridad de uno mismo, la necesidad de crear una apariencia diferente, porque se duda de la que uno tiene.
Hay otras actividades que también son muy relajantes, como hacer punto o cuidar un jardín. La cosa es salir de uno mismo y objetivar lo que uno hace ante si mismo y ante los demás. Y lo más sencillo es pintar en un papel con lápices de colores.


13
may 15

escuchar dos minutos

Vamos a ver

Escuchar debe ser algo que hace mucha falta, porque es de lo primero que se echa de menos: ‘es que no me estás escuchando’ se oye cuando el otro pone cara de panoli y asiente a todo, como sin darle mucha importancia. A los políticos les acusan de no escuchar el clamor de la calle, o peor de que sólo andan permanentemente escuchándose unos a otros. Escucharse a uno mismo es hablar para que no te entienda nadie más que tú.
Esos teléfonos de atención al cliente, a los que llamas cuando estás enfadado por algo; y te responde una voz metálica: ‘si quiere tal, marque uno; si no quiere tal, marque dos; si desea salir, marque almohadilla’ Y tu te sientes impotente: ‘si lo que quiero es hablar y que alguien me escuche’. Entonces,en el mejor de los casos, te dice la voz metálica: ‘espere un momento, que le paso con un operador'; y al cabo de algunos segundos, que parecen eternos, se oye una voz: ‘hola, soy Jenny, ¿en qué puedo servirle?’. Y tú te das cuenta de que estás hablando con alguien que está allá en el otro mundo, o en las quimbambas. ¿Cómo va a saber responder a tu demanda, personal e inmediata, y tan apurada, que te has puesto a llamar al teléfono de atención al cliente, con la esperanza de que te atiendan, lo que ya sabes que no pasa casi nunca?.
Se vende caro escuchar con atención; y no sólo escuchar, sino entender bien lo que te dicen. Entre vendedores, se llama ‘actuar en tiempo real'; y la definición es: ‘Actuar en tiempo real es poder dar respuesta a la necesidad del usuario, en menos de dos minutos’. Eso es el sumum: dos minutos; lo que pase de ahí es tiempo perdido, para el usuario y para el vendedor: ‘marque almohadilla y déjenos en paz’. Luego viene el supervisor y los sanciona por no haber cerrado la venta con la atención que necesita un resultado positivo, naturalmente, para la empresa y no siempre para el usuario.
Escuchar con atención es un oficio cada vez más demandado; hay muy poca gente que tenga la paciencia de enterarse de lo que sea, aunque tardes más de dos minutos en decirlo. Incluso hay escuchadores profesionales que se dedican a tomar nota de cualquier cosa que les digas, no tanto para resolverte el asunto, como para contarle a quien les pague, lo que más demanda tiene; te atufan llamando a deshora para tratar de entender lo que tú no has conseguido explicar. Y luego te piden que digas si lo han hecho bien.


06
may 15

tronos tronados

Vamos a ver

Alguna gente vive ‘Juego de Tronos’ como anticipo de la sociedad futura, en la que espera vivir y que vivamos los demás; y por eso va, y le regala la serie al Rey en cuanto puede estar cerca de él, para que él también se vaya haciendo esa idea de lo que le va a venir. Porque el jefe de ‘Podemos’ parece que ya sabe con certeza el futuro que nos espera, hacia dónde se dirige su actividad política; y encuentra en la serie un relato para la sociedad actual, y para la futura que está empeñado en construir. La cosa está tan clara, que a nadie le ha sorprendido la pasión ‘tronera’ de Pablo Iglesias, como si no encajara en su personalidad y estilo de vida; y esas ganas que tenía de que todo el mundo lo supiera, como si supusiera alguna novedad.
Y es verdad que la serie refleja bien una parte del mundo en el que ya viven algunos, y otros tratan de imitar. El chaval que se lleva la ballesta a clase, y un puñal en la mochila, es tan posible que se haya inspirado en ‘Juego de Tronos’ com en la infinita cantidad de videojuegos en los que se matan unos a otros para quedarse con el trono. Una estadística imposible dice que los chicos de 13-15 años matan a 1.500 personas a la semana, a través de los videojuegos. Pueden ser muchas más, o no tantas; depende de la pasión con que cada uno afronte personalmente ese modo de ocio.
Pero que haya cada semana muchos mas muertos en los videojuegos que en la realidad, parece evidente, gracias a Dios, aunque sólo sea porque el enorme revuelo que ha desatado el episodio del instituto Joan Fuster, lo refleja como algo excepcional, que no pasa todos los días, ni que sea una ocurrencia de cualquier chico de 13 años eso de ir al colegio cada día, con la idea de matar a alguien.
Hay también un mundo infantilizado y adolescente más allá de los colegios, que quiere arreglar las cosas con arco y flechas, con ideas que ya eran viejas cuando se le ocurrieron a alguien, en su simpleza de dividir el mundo en buenos y malos, opresores y oprimidos. Para bien o para mal, ya no vivimos como en las pelis del Oeste, cazando indios molestos, o como en las series de la tele, por más populares que sean, y sabemos, algunos, que las cosas no se arreglan a tiros, ni ninguneando a los demás, sino hablando, escuchando, y respetándose unos a otros. Hombre; y estudiando, que tenemos un 30 por ciento de fracaso escolar, un record casi mundial.


29
abr 15

menos jóvenes progres

Vamos a ver

El progrerío total está que se sube a la lámpara ante la posibilidad de que sus descendientes no quieran ser tan progres como ellos. Hay una tendencia entre los jóvenes de 18 a 25 años a ser cada vez más conservadores, según un estudio publicado por la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción. “En los últimos años, quizá a causa de la crisis, los jóvenes españoles se han hecho más ortodoxos, más formalmente correctos, más proactivos frente a lo comunitario, más implicados en lo común y mucho más preocupados por la seguridad” se puede leer en ese informe.
Es como si los progres de toda la vida, los del botellón, toda la noche sin dormir, bebiendo cantando y sin parar de reír, como decía la canción; pues que se hubieran hecho mayores, un poco tarrillas, ya muy fumados por las drogas y eso, y que hayan llegado a cuarentones de repente; eso es lo que parece: sin que nadie les siga, ni les tome demasiado en serio.
El modelo de ‘me paso el día de juerga, toda la noche sin descansar, tarareando con mi guitarra, con las chavalas cerca del mar’ está peligrosamente dejando de ser icónico, frente a “la cultura del esfuerzo, el ahorro, la prudencia en las relaciones, el orden y la seguridad ciudadana”, valores en alza, dice ese estudio. Y sus progenitores están que trinan: ‘pero ¿dónde ha aprendido eso mi chavalito? Si yo no le he enseñado más que el desenfreno, y le he quitado de la Iglesia, del colegio y de todo lo que olía a rancio. ¿Y ahora resulta que el rancio soy yo?’.
Parece que sí. Que tus chicos, tus vecinos, tus amigos, y tus colegas están hartos de ti, de cómo te comportas a tu edad y no quieren vivir como tú. Que te has quedado fondón, torpe, desaliñado y pareces más viejo que Matusalén. Y estás para llevarte a ‘alcohólicos anónimos’ o a esas monjitas que cuidan de los desamparados, porque ya no hay quién te aguante, ni aguante tus desplantes, tus ‘esto se hace así porque yo sé qué es lo mejor para todos’, aunque lo digas completamente cocido y a veces ni te reconozcas a ti mismo. ‘¡Si el progreso y el futuro, es no reconocerse, confundirse con los demás y tirar para adelante, mantenerse siempre adolescente!’. Mira, déjalo, que tus hijos se han hecho mayores que tú. Y tus sonrisas, ese aspecto, tu cháchara, tu frivolidad permanente, sólo dan cada vez más pena a los que te rodean y unas ganas terribles de no ser como tú.