02
nov 13

¿Quién prefiere las preferentes?

Una de las cosas que hemos podido aprender con eso de la crisis es que ‘preferir-preferir’, lo que se dice preferir, no es lo mismo para unos que para otros al principio, aunque luego todos hemos acabado igual, sin ninguna preferencia que nos distinga. Los bancos han llamado preferentes a unas cosas que firmabas y te dejaban doblado, al cabo de poco tiempo. ‘Mire, mire, caballero le voy a dejar que me compre un producto preferente, con el que usted va a ser más feliz’ (‘mientras que yo seré inmensamente feliz, si usted pica, y va, y firma’, diría para sus adentros el bancario que te estaba tentando)
Es como si un panadero te vendiera un pan que te acaba matando. Tendría que cerrar el establecimiento, más pronto que tarde, por el exceso de traspaso de clientes al cementerio. La gente que sabía de esto de las preferentes, pensaban forrarse ellos con tu dinero, con mucha más convicción que de que tú te forraras con las dichosas preferentes. Tenían que cerrar el mes habiendo vendido un montón de preferentes más que el mes anterior, o, si no, les despedirían por su falta de productividad.
Y, al final, hemos acabado todos en la calle, eso si contentitos de haber colaborado a que alguien misterioso se forre con tu dinero preferente, sin que se llegue a saber quién es el tal, porque tu bancario y tu estáis en la calle, a lo mejor gritando contra el Gobierno, pero con una mano delante y otra detrás, y tu banco que es también el suyo, recibiendo una pasta gansa para equilibrar el balance, porque también lo ha perdido casi todo en la deriva de los y las preferentes.
La primera vez que los socialistas se presentaron a Eurovisión, con el inefable Calviño, eligieron a una chica que cantaba aquello de: ‘¿quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva?’. Sacó cero puntos, y fue premonitorio de lo que vendría después. Como nosotros, por preferir las preferentes, que todo el mundo prefería, como los navegantes de aquella barca, tan juntitos y tan a la deriva.


27
oct 13

Querer saber demasiado paraliza y entontece

Cada vez resulta más evidente que el exceso de información provoca indiferencia, en vez de una mayor capacidad para actuar. La gente necesita un cierto tiempo para entender lo que le está llegando; y por eso, la mejor manera de paralizar a todos y todas consiste en abrumarles con tanta información, que no les quede más remedio que dedicar mucho más tiempo a leerla y mucho menos a actuar en uno u otro senido.
Es cierto que con los medios a nuestro alcance podemos llegar a saber muchísimas cosas más que antes, pero lo que no se ha multiplicado en la misma proporción es el tiempo del que disponemos cada día. Los días siguen siendo de veinticuatro horas, necesitamos dormir, comer y trabajar, estar con la familia y entender lo que les pasa a nuestros hijos o a nuestra mujer. Y luego intentar seleccionar entre lo que nos aturulla por las redes sociales, aquello que sea verdaderamente interesante para nuestro día a día.
El bueno de Obama ha conseguido paralizar casi todas sus relaciones con los demás países, sólo por querer saberlo todo de todos, pudiendo enterarse así de un montón de tonterías insignificantes, y dificultando el conocimiento de lo verdaderamente interesante, que es cómo llevarnos bien unos con otros. Para él, lo más fácil es tirarle un drone y matar al que sus redes de información le digan que debe hacerlo, pero eso mismo le está incapacitando para entenderse con los otros, para ganar la confianza de los demás.
A nivel personal, pasa lo mismo. Si alguien quiere probar todas las dietas de adelgazamiento que pululan por la red, para averiguar cual le vendría mejor, es casi seguro que morirá antes de alcanzar el peso deseado. No hay tiempo para probar todo lo que se nos ofrece y tampoco para elegir lo mejor entre la barahunda de informaciones desconectadas o inconsistentes que se presentan a la vista de todos.
De ahí la generalización de la indiferencia con la consiguiente pérdida de la solidaridad hacia los demás. Es tan abrumador lo que nos llega que parece lo mejor meterse debajo de la cama y esperar al juicio final, en vez de salir a la calle y arreglarlo entre todos.


14
oct 13

los ricos no quieren ser nuevos ricos

Mortimer intenta alguna habilidad para entender los modos que tienen los ricos para comunicarse, mayormente entre ellos. Por ejemplo, Zuckerberg, “el multimillonario fundador y máximo directivo de Facebook”, como se habla de él en la prensa, debe ser una persona con algunos problemas de identidad, pero que los lleva fenomenal. En la película que se hizo sobre su vida, quedaba claro que sus dificultades para ligar fueron el detonante que le llevó a Facebook, y así ese invento se convirtió en un fácil apoyo para los ligones que no encuentran con quién.
Luego, cuando triunfó, todo el mundo quería salir con él, porque había facilitado enormemente la posibilidad de hacerse una foto y que la vieran millones de personas, pinchar ‘me gusta’ y que quedara constancia inmediata de tus gustos, o convertirse en seguidor de tal o cual personaje, como si siempre fuera posible estar a su lado con sólo entrar en su perfil, a ver que era lo que se le había ocurrido ese día, y podérselo contar a todos/as, como primicia que todos/as ya se la sabían, porque también seguían al mismo personaje.
Ahora ya debe estar modulando ese frenesí de todos y todas, y ha decidido poner tierra de por medio con los demás. Está comprando las casas que rodean a la suya y se lleva gastados ya más de 30 millones de dólares en ello, después de haberse gastado los siete millones correspondientes en comprar la propia, para pasar a formar parte, como un vecino más, en el lujosísimo Palo Alto, California.
Y quiere que los vecinos de siempre sigan viviendo en las casas del alrededor que les ha comprado recién llegado, puede que para que no tengan problemas nunca más, como quiere él consigo mismo, después de su agitado contacto con los demás; y que si los tienen, no se les ocurra mudarse, no vaya a ser que vengan vecinos nuevos, tan nuevos ricos como él, y que sería una lata tenerlos cerca.


08
mar 13

el maltrato homosexual

A cualquiera que hubiera hecho esa película, le habrían llamado homófobo, si no fuera Almodóvar, al que se le perdona todo. Los homosexuales son gente más normal, a los que hay que tratar con cariño y respeto, porque su condición personal no es muy llevadera; y necesitan apoyo, particularmente cuando empiezan a estar fondones y les queda todavía una larga vida por delante.
Con esta expresión de la majadería en todo su esplendor, no se les hace ningún favor, sino que se les maltrata y se aprovecha uno de ellos, tal vez para ganar algo de dinero en taquilla, cuando éste va ya menguando. Hay un maltrato específico al generar una imagen de los homosexuales como gente que siempre está haciendo el payaso, con una voz impostada y sobreactuando en cada momento.
No es verdad. Es un cliché, una majadería oportunista, que le dará relumbrón a su autor, pero que despeña a las personas de esa tendencia sexual, que quieren vivir con los demás como uno más, con los problemas de cada día que conlleva cualquier vida sobre esta Tierra, independientemente de la opción sexual con la que se haya llegado a convivir.
No es una cuestión de risitas, ni de aplausos, sino de comprensión y cariño, porque lo suyo es muy difícil, sobre todo si se han metido a ello sin saber muy bien de qué se trataba y ‘metiéndose de todo’ entre pecho y espalda, para estar a la altura. Pasada la adolescencia, que se les suele alargar, lo que viene después no es hacer el payaso ‘fumao’, que hace reír mientras llora por dentro, sino un trato digno, humano y respetuoso, con gente que lo está pasando muy mal, como muchos otros de cualquier orientación sexual, pero a los que no se les está señalando constantemente.
(Publicado en Andalucía Noticias)


27
feb 13

rincón de cine: ‘argo’

Lo mejor que tiene ‘Argo’ es que es una película acerca de cómo hay que hacer para que parezca que estás haciendo una película… de Hollywood, naturalmente. Cuando los oscars premian algo, es porque los miembros de la Academia han votado a lo mejor de la cosecha de ese año entre las películas que han realizado ellos mismos. Se votan entre sí para escoger al mejor de todos ellos.
Y lo que cuenta ‘Argo’ es que las pelis son de verdad. Hasta tal punto cree la gente de Hollywood que es real lo que hacen, que premian a Ben Affleck por dirigir una película en la que hace de tecnico de una película. La película la dirige él y la intrepreta también él. Y funciona. También es un espía de la CIA, pero eso no es ningún problema. Se puede ser las dos cosas a la vez, y cuela; y nos lo tragamos todos porque de lo que más sabemos es de contar historias inverosímiles, que cuelan como lo más verdadero que hay.
Cada cierto tiempo, la industria de cine de Hollywood se da un homenaje a sí misma. Como si dijera: ya que hemos engañado durante tanto tiempo a tanta gente contando historias inverosímiles de héroes y villanos de cualquier pelaje y condición, ahora vamos a contar otra historia inverosímil de héroes y villanos que hacen de actores, directores, guionistas, y cualquier otro personaje de la patulea cinematográfica, haciendo más de lo mismo, interpretándose a sí mismos.
Y no sólo cuela entre ellos, que se premian unos a otros, sino que esa peli sobre una falsa peli de un cineasta falso, que también es agente de la CIA, dirigida por él mismo como director verdadero, y protagonizada por él, cuela en todo el mundo, la gente va a verla aquí y en Kuala Lumpur; y en todas las partes del mundo mundial los espectadores confirman que, efectivamente, eso se puede hacer. Y muy bien. Y funciona perfectamente. Y a todo el mundo le parece de lo más natural, porque esas películas son de verdad: son verdaderas películas, verdaderas dos horas de contar como se intenta solucionar un enigma imposible y complicarlo lo más que se pueda, para luego, al final, resolverlo. Y decir: a ver quién es capaz de hacerlo mejor que yo. Eso es una peli de Hollywood pata negra como es ‘Argo’.
El colmo del asunto es que se pueda decir, al final, eso de ‘basado en un hecho real’; y es también verdad, porque la CIA ha hecho tantas cosas inverosímiles, que hemos visto tantas veces tan magníficamente retratadas, que ¿por qué no va a ser cierta una más; y que se inventó una peli para sacar de Irán a unos norteamericanos, que se habían quedado allí atascados por la revolución? Evidente. Esto es Hollywood, y no hay más que hablar.
(Publicado en ‘Padres y Colegios’)


24
feb 13

los enigmas del ‘do ut des’

Cada vez que das menos por lo que recibes, la gente que recibe se empobrece; y cada vez que das más, esa gente se enriquece. Cuando cobras más de lo que vale no es lo mismo que cuando cobras menos. En el segundo caso estás creando riqueza y en el primero, te estás enriqueciendo a costa de los otros, y como no tienes modo de gastar con ellos, caminas aceleradamente a ser el más rico del cementerio, más solo que la una, acumulando riqueza que ya no puedes gastar.
Y, no digamos, si lo que fabricas para los demás es una tontería o una cosa inútil que no sirve para nada, más que para que te enriquezcas. La crisis nos está trayendo un desprecio cada vez mayor por el gasto inútil. En el correo de google, al lado de un mail interesante, había los siguientes anuncios: una oferta de aprender quiromasaje, un viaje a medida a Jordania, una invitación a hacer el hogar más accesible con sillas salvaescaleras y una oferta de precios bajos para viajar a Grecia. ‘Estos anuncios se basan en los mensajes de tu buzón’, decía el que los había puesto allí. Y eso que es uno de los mejores buscadores/encontradores del mundo.
¿Qué pensará de las necesidades de sus clientes el fabricante de calzoncillos que pone a correr a Beckham casi sin ellos, por una calle? Parece un gasto inútil, para todo aquel que no sea Beckham o que comparta con él esa curiosa afición. Uno de los más famosos strippers de la televisión, sólo ha conseguido acabar de colaborador en ‘El País’: tampoco es para tanto.
A lo mejor, en algún momento, un viaje a Jordania o unos calzoncillos para correr casi sin ellos por la calle, puede que hubieran tenido algún interés para pagar algo por ellos, pero no parece que sean ahora la necesidad más imperiosa de una persona que abre su correo para leer los mensajes que le envían.
Los expertos dicen que hay un exceso de oferta, que hay demasiadas cosas disponibles a nuestra disposición, pero también parece que hay una incapacidad para entender la demanda de lo que se demanda. Ofrecen cosas bastante inútiles que resultan demasiado caras, aunque sólo sea por el tiempo que se tarda en descubrir para qué sirven realmente, si es que sirven para algo; y a lo mejor, sólo para que Beckham luzca palmito y se lleve un pastón, con la consiguiente subida del precio de los gayumbos, a mayor gloria del fabricante.
No parece que sea el problema de la gente que quiere resolver los problemas de los demás al menor coste posible, que también los hay, pero lo que pasa es que no se les ve con tanta facilidad. Los telediarios están llenos de extravagancias y la publicidad rebosa con ellas, cuanto más inverosímiles, más publicitadas: coches que vuelan y corruptos a go-go, como si tuvieran que distraernos con lo que sobra, y no es eso lo que necesitamos.
(Publicado en Andalucía Noticias)


17
feb 13

lo emergente es multiplicar

El problema que tenemos es que si hay algo emergente siempre es a costa de que haya algo que se vaya sumergiendo. Y eso hace que todo nos vaya fatal. No conseguimos entender que todos deberíamos poder estar a flote. Lo que significa que no te sumerjas o te sumerjan antes de tiempo, sino cuando te toque. La vida ha sido pensada con el ‘creced y multiplicaos’ y ni siquiera vale el ‘creced y sumaos’.
Tengo un amigo que tiene cuarenta nietos y seis biznietos, lo que le garantiza que su vida emergente será prolongada, porque cuando esté pachucho, tendrá un montón de personas para ayudarle, aunque sólo sea porque los sueldos de los nietos, si se ponen todos juntos, son o serán un pastón, en el momento que llegue de atender al abuelito, y pasárselo de unos a otros para que no se convierta en una carga insoportable, con sus manías y esas cosas que les pasan a los viejos. O sea, todos a flote durante el tiempo que haga falta.
Los países emergentes, las empresas emergentes y las instituciones emergentes, son los que tienen más gente y, a ser posible, más joven, mientras que los países y lo demás que se están sumergiendo es porque hay cada vez más ancianos que niños, y eso no hay quien lo aguante, aunque sólo sea porque los viejitos son bastante pesaditos; y el tiempo y el dinero que cuesta mantenerlos se te va por las nubes.
Los jóvenes y los niños también son pesaditos para sus padres, sobre todo por lo que gastan en ropa, en juguetes, en chuches, en teléfonos y tabletas; y lo que comen, y lo que gritan y se mueven. Tengo otro amigo que dice que el mayor índice de soledad es llegar a casa y que todo esté en su sitio, tal y como lo dejaste cuando saliste de allí, hace, a lo mejor, bastantes horas. Todo está igual, como si ningún ser vivo hubiera pasado por allí en ese tiempo.
En las familias emergentes, como en los países, empresas e instituciones emergentes, las cosas cambian a velocidades a veces vertiginosas porque están vivas, crecen, dan patadas, lloran y ríen casi al mismo tiempo; y no queda ni un minuto para andarse con milongas de esto no me gusta o no me lo quiero comer. Hay que comer lo que hay, y salir pitando para trabajar todos los que puedan, en cuanto tengan la edad, y que siga habiendo algo que comer en aquella familia.
Así se dispara la imaginación, el consumo, las ganas de todo, que se multiplican y dividen entre más gente: los problemas y las soluciones, mucho más que el solitario, o la parejita, que va sumando y sumando para tener lo suyo a salvo, y que nunca llega a tener bastante. Sumando no vamos a ninguna parte, hay que multiplicar y luego saber dividir entre todos.
(Publicado en Andalucía Noticias)


11
feb 13

la depre de verdad

La buena depresión, la que no se quita ni para atrás, no es la que tienen los parados, sino los que todavía trabajan, pero están cada vez más aburridos de hacerlo. A los parados les das un trabajo y se les quita la depre, el mal humor y las ganas de tumbarse; incluso aunque no se lo des, mogollón de parados se lo están buscando por su cuenta; y se hacen autónomos, ponen un chiringuito por su cuenta y salen adelante; o se van a Alemania, como hizo una buena parte de sus abuelos, o a América, o a donde sea.
La depre que nos están contagiando los bancos, las empresas y los gobiernos es la de los que se han cansado de trabajar, de hacer siempre lo mismo, ir a fichar y estar allí hasta que llega la hora de fichar para volverse, quererlo todo seguro, siempre lo mismo, la misma paga, los mismos moscosos, las mismas vacaciones; y un día y otro sin ninguna ilusión especial, más que dejar que pase el tiempo.
Los depres del sistema son los que se encargan de que nada cambie, los que miran para atrás y dicen: que no me toquen lo que ya tengo, posiblemente porque entonces me lo quitarán. Se tienen en tan poca estima que están seguros de que lo que hacen no sirve para nada y, como piensa el ladrón que todos son de su condición, propagan a los cuatro vientos que están cansados de hacer lo mismo siempre, sin ilusión, sin ganas; y que así somos todos, que nunca cambiaremos, ni falta que hace, para seguir llevando esa vida lánguida y pesarosa.
La depresión económica es la de la gente que no le encuentra gusto a ir a trabajar, hacer cosas nuevas, inventar algo, mejorar lo que hay, tener ilusión de que los días puedan ser distintos; son los que no quieren trabajar para que haya trabajo para todos, y que mejoren las condiciones de vida, trabajar por ello, disfrutar haciendo las cosas cada vez mejor.
No es fácil imaginarse a Steve Jobs cansado de ir a la oficina, o a cualquiera que tenga ganas de hacer algo para que mejoren las cosas. En cambio, cuando la depre llega hasta a los futbolistas, vemos que se cansan de jugar, piensan que ya no van a ganar nunca nada más de lo que ya hayan ganado, y entonces lo pierden todo.
(Publicado en Andalucía Noticias)


04
feb 13

los pícaros y la realidad hispana

Hay una actriz india que ha dicho que el aumento de las violaciones en la India se debe a que aumentan, a mayor velocidad incluso, en las películas indias de Bollywood. Siguiendo ese razonamiento se podría decir que una de la mejores aportaciones hispánicas a la cultura mundial, sin duda debe ser la novela picaresca. Desde hace unos cientos de años, y con una frecuencia que se repite una y otra vez, el pícaro, el ladronzuelo de algún ingenio y poca monta, preside los relatos más enjundiosos que los españoles comparten con absoluto gozo e identificación.

Por ejemplo, la película ‘Blancanieves’, es pura picaresca y está citada entre las mejores de este año. La malvada malísima que quiere quedarse con todo, podría formar parte del patio de Monipodio, sin rechistar. Incluso parece que va a ser también la mejor película catalana del año, con su historia de toreros y toreras, enanos y chóferes, que debe ser de lo que más abunda en Cataluña, a juzgar por el fervor con que ha sido recibida la película allí, tal vez porque el director sea catalán y ya por ello es catalana la historia, aunque rezume España cañí por los cuatro costados.

Una cierta picaresca con las subvenciones y otras artes han debido de ser puestas en práctica para conseguir que todos y todas sintamos la peli como si fuera nuestra. Pero no nuestra, sino nuestrísima: nada parece mejor a un lado o al otro del Ebro; la han presentado a los oscar sin mayor fortuna, porque allí deben estar hartos de películas mudas en blanco y negro, que ya se lo dieron a una el año pasado y esta de Blancanieves es tan trilera y oportunista como buena película de pícaros que se quieren llevar el santo y la limosna haciendo ni/ni para gustar a todos.

Les han visto el plumero en todas partes, menos aquí, la tierra de pícaros por excelencia, la que alaba el pelotazo del que lo da, aunque lo critique porque él lo hubiera hecho mejor, se lo habría llevado crudo y no se le habría notado tanto. Constantemente vemos elogios del pelotazo, como esta peli de ‘Blancanieves’: qué bien hecha está, qué bien cuenta el sueño de acceder a la mamandurria que pasa por allí.

Es lo que gusta y lo que van a premiar, como lo mejor que sabemos hacer aquí y allá, en la vieja España y en la vieja Cataluña, que son tan viejas como la realidad que cuenta la peli. Y que no salimos de ahí, ni para atrás.
(Publicado en Andalucía Noticias)


12
ene 13

rincón de cine: ‘La vida de Pi’

Aunque pueda resultar sorprendente, el personaje de Dios es el que más brilla en esta película. El otro personaje es el mundo creado por El, la realidad: las cosas, los animales, el mar, la gente; esa realidad que participa e interviene en la vida de todos, cambiándola para bien o para mal, conforme avanza la acción.
Es la mirada de Ang Lee, el director del filme, la que sabe recrear ese lugar maravilloso en el que las personas vivimos, nos peleamos y/o tratamos de sobrevivir, entre otras personas, animales, naufragios, tormentas, tempestades, o días de sol.
No hace falta saber de cine, ni de nada, para disfrutar de esta película irrepetible y sublime, en la que Lee consigue mostrar bellisimamente el misterio de lo que hay ahí, lo que Dios ha creado, lo que está presente en nuestras vidas a cada momento, sin que a veces sepamos darnos cuenta.
Se trata de un viaje desde India a Canadá de los propietarios de un zoo, que se van con los animales cuando les incautan el terreno y les obligan a marcharse de allí. El viaje sirve para ver cómo pasa todo, hasta lo más increíble de la supervivencia de un hombre y un tigre de Bengala en un bote salvavidas.
Pero da igual que pase eso u otra cosa; no hace falta creer en lo que está sucediendo; basta contemplarlo para percibir la maravilla de este mundo poblado de seres vivos, animales, plantes, peces, que conviven o se pelean sin que puedan destruirlo, y sin que puedan finalmente destruirse, al verse obligados a convivir con lo que puede resultar distinto a uno mismo, pero completamente necesario.
La naturaleza tiene espesor y da espesor a quienes la habitan; no es una superficie de buenos y malos empeñados en imponer su criterio unos a otros, con mayor o peor fortuna, sino el lugar pensado para que aprendamos a convivir y a respetarnos unos a otros, magníficamente retratada con todo su esplendor en esta película, tan desconcertante para la mirada habitual con la que nos han enseñado a ver las cosas y a vernos a nosotros mismos..
En medio de tantas películas de falsa violencia, de imposturas, asesinatos o persecuciones, que parecen más pensadas para sobresaltar continuamente al espectador, esta ‘La vida de Pi’, parece diseñada para sentir la vida que todos llevamos dentro, con sus contradicciones y momentos difíciles, pero también con la alegría que provoca una vida vivida en plenitud, dentro de las posibilidades que Dios le concede a cada uno, para que disfrute lo que sea capaz de asimilar uno mismo. No se puede decir más: hay que verla.
(publicado en Padres y colegios)