20
dic 10

la perplejidad y el victimismo

La perplejidad es esa cosa que uno tiene cuando no sabe muy bien por donde tirar. Algún sociólogo ha encontrado perplejos a los catalanes ante la situación política, como si no llegaran a estar convencidos de si Mas es más o menos, como si hubieran perdido otra vez una oportunidad de liderazgo que estaba al alcance de la mano. El victimismo es una de las sensaciones más baratas y también de las más letales. Los que caen en él tardan más tiempo en levantarse que los demás. El refrán dice ahora que el que llora, no mama y que todo el tiempo que se les va en llorar a los que pierden, es tiempo que se les añade para retrasar su vuelta.
Pero la perplejidad, afortunadamente, es el estadio anterior al victimismo, es ese momento en el que todavía no se ha caído en la desesperación del “ya no me quiere ni mi padre”, pero tampoco sabe uno bien por donde tirar, a quién seguir, o de dónde sacar fuerzas para mantenerse sin caer, algo que se lleva mucho en estos tiempos convulsos. Si el sociólogo hubiera seguido analizando después de los catalanes a los vascos, gallegos, extremeños, castellanos, madrileños, habría encontrado manifestaciones de perplejidad, tal vez diferentes, pero igualmente abundantes.
Lo que no tenemos los demás es esa persona que recuerda cada cierto tiempo que Cataluña va mal, ya que está sufriendo ataques y desprecios de los demás. Los demás cuando estamos perplejos, tratamos de salir de ese estado y, si no, procuramos convivir con la perplejidad, a la espera de tiempos mejores, que seguramente vendrán, porque nos vamos a poner a buscarlos. Pero como te caiga un victimista cerca, lo llevas claro: las cosas tardarán en resolverse lo que tarden, pero con el tipo que llora siempre a tu lado, son mucho más difíciles de soportar. Que se lo digan a Mourinho y a los catalanes que se quejan de su situación política actual.


23
oct 10

superman o inferman: ¿quién es más feliz?

Hasta la felicidad resulta ser una marca registrada por una bebida efervescente, y por lo visto “la marca más asociada a la felicidad en nuestro país”, según uno de esos estudios de mercado pagados y encargados por ¿quién sabe?, como todo el mundo imagina. La bebida tiene registrada como marca suya el concepto “instituto de la felicidad”, el lugar en el que un conjunto de expertos trabaja para hacernos más felices. Incluso han hecho un decálogo para conseguirlo, con mandamientos y todo: “hay que proponerse ser felices, creer en nosotros mismos, aceptar las cosas como vienen, disfrutar con lo que tenemos” y algunos otros que conforman el manual del perfecto conformista.
El decálogo del Instituto de la felicidad de la bebida efervescente suena como una actualización de aquella canción de Perales: viste como quieras, toma cocacola, vuela con iberia a Nueva York, fúmate un marlboro, tómate un martini, viste cimarrón. La canción se llamaba “Pequeño Superman” y contaba la historia de un chico que cuando fumaba no se sabe qué, empezaba a volar y se creía el rey del mundo: “era un muchacho nada más, y el humo aquel, entre su aroma lo atrapó”, decía Perales, quien nunca llegaba a clarificar exactamente lo que estaba diciendo, aunque sugería cosas terribles: el chico estaba atrapado por el humo aquel que le animaba a consumir compulsivamente. Un Superman pequeño y conformista, un Inferman habría dicho Perales, si lo tuviera más claro.
Un Inferman atrapado en sus manías soñadoras de las que alguna ya no existe o está mal vista: lo de fúmate un marlboro es de lo más incorrecto: las ministras de sanidad actuales habrían prohibido esa canción porque el Inferman ya no puede ni fumar, y sólo le queda para ser feliz tomarse el bebedizo o un martini. Lo de cimarrón quién sabe lo que sería y si vas a volar a Nueva York ya te puedes ir preparando para pasar los controles que te lo permitan. Pero también los del instituto de la felicidad se han quedado anticuados, porque hoy por hoy, la felicidad sólo consiste en pegarle patadas a un balón porque te lo dice Mourinho. Va a conseguir que le demande la marca de bebidas efervescentes por apropiación indebida.