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La filosofía del fontanero

(Foto de CNCPhotos)

Casi ni me acuerdo de la última vez que escribí un post en este blog. Mi amigo Mikel me saca del letargo al contarme esta anécdota por correo electrónico.

Ayer fui a Saltoki (comercial de fontanería) en el polígono de Landaben y oí la siguiente conversación que me hizo mucha gracia:

Fontanero 1 en la cola para pagar (pantalón de chándal, camiseta de propaganda y aspecto desgarbado). Fontanero 2 que entra al almacén

Fontanero 2: «¿Qué tal, Patxi?
Fontanero 1: «Bien, diremos. Más vale dar envidia que dar pena».

La "Serpiente"


Me cuenta H. que la señora que le fue a limpiar la casa el otro día parecía más un bulldozer que una chacha de las de antaño. Los chandríos que me relató fueron innumerables; que si le rompió los grifos del fregadero, que si de un escobazo le destrozó un par de rodapiés… eso sí, la casa resplandecía como el sol.

Pero la mejor fue de la que se enteró al día siguiente, cuando fue a tirar de la cadena del baño del segundo piso y se inundó la planta baja.

Enseguida tuvo que llamar al fontanero. De la pasta que cobraba, prefirió el ofuscado amigo darse a la aventura de intentar desatascar el asunto él mismo. Fue a una ferretería y el dependiente le presentó la última maravilla. La «Serpiente» se llamaba el bicho: un artilugio capaz de estirarse 15 metros y que una vez dentro de la tubería se pone a girar endiabladamente, destrozando lo que encuentra a su paso.

Así, con el animal cibernético, se fue el amigo a su casa todo ufano. Se puso el mono de trabajo, desmontó la taza y, «Serpiente» en ristre, empezó a hurgar en la cañería. El ofidio mecánico penetró sin problemas hasta donde le dio su longitud, pero el tapón al parecer no estaba ahí.

H. salió a la calle y repitió la operación desde el otro extremo de la cañería. Esta vez sí, el reptil de las cloacas empezó a encontrar resistencia, y después de unos minutos, salió de nuevo a la superficie con un enorme trapo enredado en su cuerpo. Parece que a la muchacha no se le había ocurrido mejor lugar donde tirarlo que taza abajo. H. acabó exhausto, lleno de excrementos, y duchándose en unas piscinas públicas para no apestar su casa. Pero la «Serpiente» cumplió.