El caballo al que le miré el diente
La semana pasada, camino a Jacksonville, nos detuvimos en un área de descanso para rellenar la andorga. Lucía un sol primaveral. Nos bajamos del coche y buscamos una mesa libre en los merenderos. Divisamos una a lo lejos, junto a la cual creímos ver… un caballo pastando. Nos acercamos a una distancia en la que la vista no daba lugar a dudas. Efectivamente era un caballo. Un lustroso corcel que pacía alegremente en el césped. Me llamó la atención la tranquilidad y parsimonia con que desmenuzaba las briznas entre sus dientes, ajeno a mi presencia. Y viéndolo con semejante desenvoltura, almorzando como un humano más, pensaba que en esta sociedad, tan plural y singular a la vez, puede llegar a ser borrosa la línea que separa al hombre del animal.
¿Somos cada vez más animales, o los animales son cada vez más humanos?

Este blog es obra de Allendegui, un periodista navarro que emigró hace más de una década para hacer las Américas, y todavía no las ha terminado. Sus anacrónicas hablan por sí mismas, después de intensas sesiones de logopedia. También han ganado premios, como el 



