La invitación
Recibió un sobre vacío, sin remitente ni tarjeta ni sello. Se puso muy contento y lo guardó celosamente en el bolsillo de su desgastada levita. Dos semanas después acudió al banquete. Se sentó en la última silla de la mesa llena de manjares, solo. No probó bocado. Simplemente se sació paladeando la emoción de que alguien se hubiera acordado de él para invitarlo.
Este blog es obra de Allendegui, un periodista navarro que emigró hace más de una década para hacer las Américas, y todavía no las ha terminado. Sus anacrónicas hablan por sí mismas, después de intensas sesiones de logopedia. También han ganado premios, como el 



