Jul 182017
 

En su afán por presentar los réditos económicos de su gestión, el gobierno liderado por Mariano Rajoy sigue dispuesto a sacar a colación cualquier pequeño elemento que le permita presentar sus acciones como exitosas. La última de estas noticias ha sido el anuncio de que el PIB del estado será de un 3%, según las previsiones oficiales del gobierno, que lo situaban hasta hace pocos días en torno al 2,7%. Además, tras el Consejo de Ministros de la semana pasada, el ejecutivo liderado por Mariano Rajoy también ha rebajado sus previsiones para las cifras del paro futuras y aumentado, de paso, el escenario que esperan para 2018 también en cuanto a datos del PIB.

Y no solo eso, sino que el propio ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos, también definió a estas previsiones como “prudentes y muy inferiores” a las de muchos de los analistas, que colocan a la economía española en guarismos superiores a los comunicados por el Gobierno.

Gracias a estos argumentos, la Moncloa parece decidida a seguir jugando el argumento de la gestión económica como su principal baza de cara a los votantes españoles. Con ellos y con el consecuente apoyo de las instituciones europeas, el PP quiere vislumbrar un futuro prometedor para el partido, en el que se mantendría como el primerísimo partido del país, engalanado como el único que puede mantener a España bajo la férrea estructura económica europea.

Dicha noticia, además, puede conllevar un efecto positivo sobre el mercado Forex, donde puede ser que el euro se refuerce gracias a estos resultados de la economía española. Así, todo ello, sin duda, aumentaría la reputación del ejecutivo español entre los ortodoxos burócratas de la Unión Europea y de Alemania, que son los principales actores del escenario en el que juegan España y el euro.

Los problemas internos

Sin embargo, los datos no lo son todo en este mundo. Y, por mucho que quisiese el ministro De Guindos quisiese transmitir todo lo contrario la pasada semana, la gestión económica del PP sigue enfrentándose a problemas y criticismos, tanto fuera como dentro del partido. Aunque el primer punto ya se da más que por supuesto, el segundo es el que más daño puede hacer a la propia imagen de solvencia económica sobre la que está trabajando el Partido Popular.

Así las cosas, ciertos barones territoriales del partido dirigido por María Dolores de Cospedal ya han vertido ciertas críticas contra el modelo implantado por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, por ciertos bandazos respecto al déficit de las Comunidades Autónomas. Entre estas voces discordantes con el cambio de opinión de Montoro, que relajó recientemente el objetivo del déficit para las comunidades al 0,4% tras un choque con las regiones lideradas por el PSOE, se encontraba la propia Pilar del Olmo, que calificó el cambio como “poco serio”. Además, Del Olmo aseguró que le parecía un «desprecio» a Castilla y León, ya que se «podría haber ahorrado [su apoyo al 0,3%] si el otro día [Montoro] da la posibilidad del 0,4%».

Estas declaraciones y otras muchas desde dentro del partido (algunas anónimas y otras no, como las de Cristina Cifuentes), hacen que, pese al gran bombo que se la han dado a sus reformas económicas, parezca que el PP sigue caminando descalzo y entre brasas. Y eso sí puede ser un gran problema. Mayor que cualquiera de los que, a día de hoy, puede plantear Bruselas.

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