10 de septiembre de 2012. Archivado en The Newsroom. Comentarios: 23 Comentarios

Sermonorkin

Al igual que el infierno está empedrado de buenas intenciones, hay una línea separa el idealismo de la misantropía. Sorkin la cruza en The Newsroom (en España, por Canal Plus). Su quijotesca “misión para civilizar” acaba supurando desprecio no solo del que piensa diferente, sino de cualquiera que no comulgue con los estándares del cargante Will McAvoy y su equipo. La superioridad moral como emblema. Porque Sorkin obliga a la realidad (política, informativa, ética) a batirse en duelo contra el ideal. Y un juego así, lo siento pero está amañado.

Tendría que regresar a septiembre de 2008 para lamentar una decepción televisiva semejante: True Blood, la carta blanca de Alan Ball.  El desastre de The Newsroom duele más porque uno ha amado mucho a Sorkin, porque uno jamás podrá olvidar que esta afición a las series nació persiguiendo ideales al tran-tran de Jed Bartlett, Toby Ziegler, CJ Cregg y Josh Lyman, aquella majestuosa política.

Lo malo de mi forma de ejercer la crítica, aguardando al final de la temporada, es que si la serie no evoluciona, uno apenas puede aportar ángulos nuevos. Mucho me temo que lo que voy a exponer no difiere mucho de las críticas que leyeron allá por junio. Sencillamente porque The Newsroom apenas evoluciona durante sus diez capítulos. Empieza con renglones torcidos y nunca endereza ni su escritura autoindulgente, ni su psicología de brocha gorda, ni su espejo mediático ni, ay, sus tics ideológicos para niños de diez años.

Empecemos por ahí. Algo falla si hasta críticos que repiten estar en el mismo espectro ideológico que Sorkin (el centro izquierda del partido Demócrata) se sienten molestos por lo sesgado de The Newsroom. De las muchas energías admirables de Estados Unidos, una de las que más me fascina es la fortaleza de su sociedad civil, alentada ya en los textos fundacionales de la nación. En el ámbito ideológico, esto se traduce en una vitalidad extraordinaria para, en lugar de dejarse en manos del papá estado, asociarse y defender públicamente lo que cada uno cree, ya sea el derecho del feto, la legalización de la marihuana, el libre mercado, la construcción de una mezquita o la segunda enmienda. La siguiente consecuencia viene sola: las élites culturales resultan mucho más diversas que, por ejemplo, en la vieja Europa. Hagan la prueba: uno de los mejores cineastas de las últimas décadas apoya públicamente a Mitt Romney, el líder conservador. ¿Se imaginan algo así en España?

¿Para qué todo el párrafo? Para intentar demostrar que el “prietas las filas” no funciona en USA. Y Sorkin lo que hace en The Newsroom es predicar a los conversos. Que el populista y demagógico Tea Party tenía un buen puñado de chalados, lo sabe todo el mundo (también pulsiones interesantes, como recuerda Vargas Llosa). Intentar combatir algunas de sus más peregrinas ideas, 24 meses después, resulta tan naif como aburrido. Como recordaba Jaina en su excelente reseña, una serie tan diferente como The Good Wife resulta, aunque parezca raro, mucho más atrevida políticamente que The Newsroom; basta comparar su acercamiento al Tea Party, acusado entonces de racista. Eso, lo de Florrick y cía, era sacudir el tópico y tratar al espectador de inteligente; esto, lo de McAvoy y sus héroes, es pasarle la mano por el lomo.

En general, todo The Newsroom acaba levantando un alegato contra el Tea Party y, por extensión, contra el Partido Republicano. Realizada, claro, desde la superioridad moral. Y sí, es muy lícito. Y no, no tengo ningún inconveniente en que le disparen con todo al elefante. Mi problema es que te pongas la camiseta de los hechos, del equilibrio informativo (“¿Is this information we need in the voting booth? Is this the best possible form of the argument?”), que te erijas en defensor del cuarto poder, que vayas dando lecciones contra sectarios y sesgados… y luego no le des ni una sola coz al partido Demócrata y no haya espacio en diez capítulos para buscar una sola noticia negativa de la administración Obama. Aún más, viendo la retórica que gasta McAvoy, lo raro es que no pusieran ni un solo pero editorial a la ejecución de Bin Laden

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Es inevitable que las ficciones tengan una visión del mundo, partan de unos presupuestos ideológicos o dejen entrever filias y fobias políticas. La grandiosa The Wire, por ejemplo, desliza un mensaje claramente de izquierdas (muy crítico con el capitalismo y el mito del sueño americano, como estudié aquí) y, sin embargo, en ningún momento deja que la tesis se imponga a la historia. Existe el gris y hablan las situaciones, no los personajes. No editorializa, para que nos entendamos, ni minusvalora el juicio del espectador. Incluso El ala oeste -un espacio político y moral mucho más adecuado para los grandes discursos sociales e ideológicos- partía de una visión pro-demócrata que no invalidaba su grandeza de miras, puesto que primero estaba la construcción del relato y la coherencia de los personajes y después, mucho después, emergían de ahí las ideas políticas. The Newsroom es todo lo contrario: un púlpito constante que sacrifica a los personajes para reforzar sus soflamas. Por ejemplo, McAvoy no cesa de bautizarse como “republicano registrado”, por más que no diga o haga nada que lo adecue a las ideas de dicho partido. Vamos, como si ahora Joseba Arregi dijera que es nacionalista, Rosa Díez del PSOE o Herrero de Miñón guardián de las esencias populares

Ponerse una etiqueta no es suficiente para caracterizar a un personaje. Le ocurre también a la (lo siento, me resulta histérica y sobreactuada con tanto acento) insufrible periodista interpretada por Emily Mortimer. Al inicio hablan de ella como reportera de guerra en zonas calientes como Iraq o Afganistán. Digo yo que los kalashnikov silbando y las bombas desparramando cuerpos en cada esquina curten tu caparazón y enfrían tu sangre. Pues no: Mackenzie McHale, aparte de estar todo el día gritando lo siento, lo mismo pierde los nervios ante un apagón insulso como que reenvía a toda la cadena un correo-e íntimo.

Porque ahí radica el otro gran problema de The Newsroom: el periodismo. Resulta encomiable que quiera dignificar esta bellísima profesión. Modestamente, a lo mismo aspira este que escribe desde sus clases en la Facultad de Comunicación. Pero, de nuevo, Sorkin logra justo lo contrario: dar una patada en la espinilla al gremio televisivo estadounidense. Al jugar con las cartas marcadas, The Newsroom transmite la idea de que los informativos son siempre sesgados, no comprueban sus fuentes, se dedican al chismorreo, resultan tóxicos para ejercer la tarea ciudadana, se apresuran para errar y solo tienen la mirada puesta en la cuenta de resultados. Todas ellas son críticas razonables y muy necesarias para mejorar la profesión, por supuesto; la trampa está en competir con (¡y ganar por goleada, claro!) esos mismos informativos cuando ya han cerrado la persiana. Eso es apostar a la lotería sabiendo qué números van a tocar. Era la apuesta más arriesgada de la serie: modelar las tramas con material real. Y nunca termina de funcionar. Habría resultado mucho más sensato -y habría alcanzado mayor impacto dramático- inspirarse vagamente en sucesos cotidianos, como hacía El ala oeste o Sports Night, pero nunca emplear los titulares como espina dorsal de tu propuesta.

[Varios apuntes sobre el realismo periodístico de la serie. Obviamente, las redacciones de televisión exhiben mayor ebullición que la registrada en la ficticia y tranquilita Atlantic Cable News. Un lugar, por cierto, donde la peña entra como Pedro por su casa y se celebran cócteles de Nochevieja entre ficheros y ordenadores como si aquello fuera una sucursal de Pachá. Los procesos de recogida de información tampoco es que se ajusten mucho a los cánones (todo el mundo tiene un amigo que…) y sigo sin entender qué pinta el gracioso pero insustancial Dev Patel en las reuniones de redacción, francamente. Una última cosa: ni rastro de twitter como generador de breaking news… Vale. Todo lo perdono por el pacto de lectura, pero hemos de reconocer que el jugar con noticias reales no ayuda precisamente a la necesaria “suspensión de la incredulidad“]

Todo esta madeja ideológico-periodística no sería tan relevante si The Newsroom funcionara como serie dramática (o cómica, que también tiene sus tintes). Sin embargo, ahí también le falta punch. Dejemos a un lado los villanos de opereta que se marcan (¡los dueños de la cadena, qué original, Murdoch!) y esas rocambolescas conspiraciones para bombardear su producto estrella. Se ha criticado por activa y por pasiva la falta de entidad de los personajes femeninos (entre histéricos y veletas, salvo Olivia Munn, la más conseguida) y la constante necesidad que tienen de ser “reafirmadas” por los hombres. Esto le resta fuerza a la vertiente screwball que late bajo la serie, puesto que falta ese frontón que suponían las mujeres, siempre fuertes, en Hawks, Capra o Sturges.  Además, las situaciones adolecen de ritmo, hasta el punto de que uno cree que la rigidez de las networks (42 minutos por episodio, en lugar de los 55 variables de la HBO) le habría venido de perlas a Sorkin para liftar las tramas. Recuerden, por ejemplo, el beso final entre Jim y Maggie (tras la gratuidad de su aparición en el bus de Sexo en Nueva York, uf) y lo calamitoso de sus reacciones posteriores… Eso es cargarse un clímax y lo demás son tonterías.

Pero, oiga, ¿le gusta algo de The Newsroom? Sí, tiene cosas. Sorkin hace clic y transmite energía y emoción cuando pone a todos sus personajes superando juntos una adversidad, mirando en la misma dirección, como si fuera una comunión profesional (aunque también se le va la mano con el forzado sentimentalismo de algunas secuencias de montaje). Hay frases sueltas de los personajes que son, sencillamente, brillantes. Resplandecientes. Me emociona la estirpe de los aburridos créditos, me apasiona el ping-pong con el psiquiatra y me gusta el sexto capítulo, cuando por fin un entrevistado le canta las cuarenta ante su matonismo retórico. De hecho, el Will del final de la temporada resulta mucho más humano y masticable que el moralista autosuficiente de la primera mitad y la serie lo nota, exhala algo de frescura. Y, sobre todo, lo que más me gusta es que creo que el potencial  de la serie sigue ahí a pesar del naufragio de estos diez primeros capítulos. Si Sorkin escuchara las críticas y no solo a sí mismo:

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En ese último informativo, su obra maestra, McAvoy define al Tea Party como “los talibanes de América”. Hombre, hombre, tanta energía civilizando, tanto énfasis en los hechos para acabar con una comparación tan inmoral. Es lo peor de The Newsroom: que con tanto sermón, Sorkin ha acabado adoptando las formas periodísticas que pretendía erradicar.

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23 Comentarios

  1. Olé Alberto, una crítica para enmarcar y no sólo por lo que dices sino por cómo lo dices 😉

    Por cuestiones de tiempo no he podido escribir sobre la serie ni en su estreno ni en su final, aunque hace unos días publiqué un comentario en ¡Vaya Tele! donde prácticamente coincido en todo lo que comentas.

    Lo de tratar hechos del pasado para mostrar cómo se deberían haber tratado es algo ventajista, un recurso fácil por parte de Sorkin. Lo mismo ocurre con las constantes críticas al Partido Republicano (y al Tea Party en concreto). Vale que tienen mil cosas criticables, ¿pero de verdad no ha encontrado nada mala del Partido Demócrata? Y mira que yo soy casi tan demócrata como él, pero cuando pretende dar una visión objetiva “chirría” un poco. ¿Que McAvoy es republicano? Eso me da que está puesto ahí para intentar darle un tono más “objetivo” a las críticas, pero sinceramente no funciona. Como bien dices, puede que McAvoy sea republicano en papel pero en la práctica

    El tratamiento de la muerte de Bin Laden es otra cosa que no me esperaba. Cuando lo comenté, algunos me dijeron que al tratarse de gente de NY la reacción era natural, a fin de cuentas Bin Laden les atacó frontalmente y sin piedad. Puede ser, sí, pero sinceramente no me esperaba esta visión por parte de Sorkin, sino quizás una manera de vivirlo más crítica y más acorde con el idealismo que Sorkin quiere impregnar a la serie.

    Aún así, yo sí voy a estar ahí para una segunda temporada. A pesar de los fallos, sigue siendo Sorkin. Los diálogos son de lo mejorcito que hay en televisión ahora mismo y, si bien los personajes no me han terminado de convencer, quiero ver por dónde sigue y qué depara al equipo de McAvoy.

    #10 de septiembre de 2012 a las 19:51

  2. Yo ya lo comenté un día por Twitter.
    Me parece que a esta temporada, le ha marcado mucho el hecho de que estén en elecciones, y Sorkin quiera hacer su particular campaña electoral. Me parece que siendo las fechas que son, quería que fuese una clara arma propagandística.

    Yo espero que para la próxima temporada cuando ya no haya elecciones a la vista. Deje algo de lado esa propaganda y le atice ya a ambos lados. Y obviamente que se centre más en la calidad de la trama y no en querer ganar votos.

    #10 de septiembre de 2012 a las 21:11

  3. Menos mal que aún hay rincones en la blogosfera donde las series se analizan de forma más distante, que hay demasiado sorkiniano (¿o sorkinista?) que sigue al autor (¿otro vicio europeo, esto de la autoría por encima del valor de cada obra individual?) y no sean capaces de ver más allá del contenido.

    Esto, de hecho, me preocupa. Al final, si nos quedamos con la idea que una obra defiende, entonces habrá, quién sabe, series de izquierdas y series de derechas, y sus correspondientes defensores según se coloquen en el espectro político. O mejor dicho, matizo, ya hay series conservadoras y series más liberales (siempre hubo ideología en el audiovisual), pero el peligro es que uno se adhiera a ella no por sus valores como obra (estéticos, narrativos) sino por lo que dice.

    Mucho de ello ya pasa en la literatura y el cine de este nuestro querido país. Si el mensaje es social, entonces allá que se lanzan sus defensores.

    El tema, pienso, no es que Sorkin o cualquier otro no pueda, ni siquiera que no deba expresar su ideología, sino si lo hace con trampa y con cartón, o de una forma inteligente.

    #10 de septiembre de 2012 a las 22:23

  4. Muy de acuerdo en muchas cosas, sobre todo en lo molesto que resulta que de algunos personajes se nos digan cosas que tenemos que creer simplemente porque nos las dicen, aunque se contradiga con absolutamente todo lo que vemos por nosotros mismos. Y también, claro, con el ventajismo que supone utilizar material real dos años después (el atentado contra Gabrielle Giffords es el caso más obvio). Por no hablar de que Sorkin, a base de ser tan “fiel a sí mismo”, ha acabado consiguiendo que lo conozcamos como si lo hubiésemos parido y la mitad del tiempo podamos adivinar sus réplicas y el final de sus discursos sin mucho esfuerzo. O de que los toques de comedia de “The Newsroom” (los tropezones o, glups, el Bigfoot) son simplemente desastrosos.

    Peeero reconozco que con sus trucos de trilero barato me fue engatusando semana tras semana. Y volvía a por más. Y hasta se me pasaban volando los capítulos, a pesar de esas estructuras tan caprichosas que gastaban a veces. No sé, ago tendrá el desgraciado. Oficio, supongo. Yo qué sé.

    Y mi duda: ¿alguien se cree que un informativo como el de Will McAvoy reviente los audímetros? ¿Realmente alguien vería una hora de sermón cada día en prime-time? Uf. Hasta yo me pasaría a la competencia, para ver a quién se había zumbado el congresista Weiner.

    #11 de septiembre de 2012 a las 0:42

  5. Estoy cansado de leer tantas críticas negativas a The Newsroom.
    Es una puta serie para entretener, joder, lo dice el mismo Sorkin. No pretende ser una The Wire o Six Feet Under.
    De hecho, yo he disfrutado más con The Newsroom que con estas otras. Me río muchísimo. Y con esto ya me vale.

    #11 de septiembre de 2012 a las 2:56

  6. No he visto la serie y de momento tampoco tengo la intención de hacerlo. De El ala oeste de la Casa Blanca he visto dos temporadas, la tercera llevo casi un año para intentar terminarla y tampoco me convence. El presidente de EEUU y el creador de facebook (siempre según Sorkin) son practicamente la misma persona, tienen respuestas para todo y todos, siempre quedando por encima de cualquier persona. Se respita americanismo por los cuatro costados.

    #11 de septiembre de 2012 a las 7:04

  7. Ojalá la mayoría de las series fueran tan malas como ésta. Sabiendo lo que hay detrás (Sorkin no deja de ser un yanqui con todos sus defectos) hay que reconocer que no es fácil construir una serie así. Excepto el episodio de Bin Laden, patrióticamente nauseabundo, cada entrega ha mantenido un nivel entre el mensaje y el entretenimiento, entre la crítica política y las relaciones personales. Para mí es la serie del año no porque yo sea muy de Sorkin, que tampoco. Pero saber que es de Sorkin, y no de otro, te hace comprender mucho mejor la intención de su creador.

    #11 de septiembre de 2012 a las 9:41

  8. Ha coincidido que he visto The Newsroom en paralelo con Studio 60 y, oh sorpresa, me han parecido la misma. The Newsroom es la continuación de Studio 60 por otros medios. Pero a mi me gusta.

    Respecto al sesgo político que se le critica, yo he acabado perdonándoselo tras ver los primeros capítulos de la segunda de “Boss” y el sonrojante capítulo en el que se recrea el episodio Lewinsky. No hace falta aclarar que Kelsey Grammer (productor) es un declarado republicano y que Chicago es un feudo demócrata y que Obama fue senador por Illinois. Y Boss también me gusta.

    #11 de septiembre de 2012 a las 9:47

  9. Hola Alberto,

    Te sigo desde hace varios años y éste es sin duda, mi blog preferido sobre televisión. Me gusta el “cambio” en las últimas críticas, más largas y profundas, relacionando aspectos que transcienden bastante del s”me gusta o no” e incluso de las características técnicas.

    Sobre todo, me encanta la sensación de no coincidir contigo en algunas ideas o en algunas series pero que quiera seguir leyendo esas posiciones contrarias y los argumentos que das. Ayuda mucho a no acomodarse, jeje.

    En fin, solamente era para darte la enhorabuena por el blog (era lo mínimo, aunque tarde) y lamentar que te haya decepcionado lo nuevo de Sorkin. Yo tenía bastantes esperanzas en ella pero así pierde posiciones en la lista de pendientes.

    Lo dicho, y perdona la parrafada, muchas gracias.

    #11 de septiembre de 2012 a las 11:14

  10. Hola Alberto.

    Completamente de acuerdo con tu critica. Aun asi, a mi me ha resultado entretenida, y he disfrutado con ella durante el verano, pese a lo sesgado de la misma.

    Lei que para la segunda temporada iban a cambiar a todos los guinistas (salvo a Sorkin, claro esta). Veremos si ese hecho, y el final de las elecciones (como alguien apuntaba mas arriba) hace que la serie eleve el tono en su segunda temporada.

    Un saludo

    #12 de septiembre de 2012 a las 17:22

  11. Estimado amigo:

    Creo yo que con esto de The Newsroom no se ha enterado usted de la misa la media: relea sus líneas, por humanidad. Impartiendo magisterio e investigando ha olvidado usted todo lo demás. Por eso, siga impartiendo magisterio e investigando, deje la crítica y asuma que es muy difícil estar en misa (¿lo pilla?) y repicando.

    Saludos y respetos desde un seudónimo preventivo.

    #13 de septiembre de 2012 a las 23:16

  12. Para poliptoton:
    >>Y mi duda: ¿alguien se cree que un informativo como el de Will McAvoy reviente los audímetros? ¿Realmente alguien vería una hora de sermón cada día en prime-time? Uf. Hasta yo me pasaría a la competencia,

    Bueno, es lo que hizon san Iñaki Gabilondo primero en la SER -alguien tenía ue parar los pies a Aznar- y luego en Cuatro, antes de ser jubilado.

    Por cierto, Gabiñondo, d familia de periodistas – y algún ministro- estudióen la misma universidad donde imparte docencia el autor de este blog. Nada sospechosa, creo, de izquierdismo.

    Sí, las cosas a veces no son tan blanco y negro como nos lo pinta Hollywood. Ahora, quw no hay nada en Newsroom que ahora critiquemos ue no estuviese eb Buenas noche y buena suertre que nos pareciese la octava maravilla del mundo

    #15 de septiembre de 2012 a las 1:55

  13. Por fin tengo tiempo para pasarme, Nahum. Antes de nada gracias por la cita, y de paso completar la referencia a TGW. Mira que habrán llovido capítulos que no me acordaba exactamente de cómo calificaban al Tea Party. Y ya que han salido las elecciones USA en los comentarios, justo habrá que seguir TGW para ver cómo abordan el tema.

    Sobre The Newsroom, nada que añadir, maestro.

    #16 de septiembre de 2012 a las 0:35

  14. He leido el articulo de Vargas Llosa que enlazas.Si ese articulo no es sectareo que baje Dios y lo vea.
    Defender las libertades individuales es,por ejemplo,permitir a las mujeres embarazadas realizar el aborto,si así lo desean.
    Instaurar una Seguridad Social universal no es exceso de burocacia ni freno de libertades,es apoyar al debil….y como esas,unas cuantas.
    Ah!!,la superioridad moral,que jodida es!!!
    Vergonzoso y sectareo.es decir,más o menos como The Newsroom,¿no?.
    Es increible como los que más claman por la libertad son los más…no se,como decirlo….bueno,mejor no lo digo.
    por cierto,y yo que pensaba que los informativos son siempre sesgados,aquí y en pekin…ahora resulta que la información es libre y no es tendenciosa!,¡ja!.

    #17 de septiembre de 2012 a las 5:59

  15. KYRA: Me habías entrado en spam, junto con YONOMEABURRO, qué cosas. Yo también estaré para la segunda temporada. Es más, intuyo que las críticas, al ser muy razonables, harán variar a Sorkin, limar esos excesos ideológicos, por llamarlos de alguna forma.

    MOBIUS: Pues no había pensado lo de las elecciones. Pero, en ese caso, tampoco sería muy eficaz: insisto en que las críticas que recoge son ya del paleolítico (dos años es una barbaridad en actualidad informativa) y, sobre todo, predica para los convencidos, por lo que no veo a republicanos cambiando su voto por The Newsroom, francamente.

    FERNANDO HUGO: Sí, lo del mensaje social ha escondido muchas carencias estéticas o narrativas. Pero no solo en España, ojo. En este caso, las críticas (a mi crítica) han venido más por la idea de que The Newsroom es solo entretenimiento. Lo que digo yo es que Sorkin nos recuerda constantemente que no es solo entretenimiento (al tomar la realidad política como material de ficción) y, por otro lado, que ni siquiera el entretenimiento puede ser neutro.

    POLIPTOTON: Hombre, claro que tiene oficio, ha sido un grande. En cuanto a lo repetitivo, yo diría que es un rasgo de estilo. No solo en los diálogos, sino también en estructuras temporales (incluso en obsesiones como el alcohol, las relaciones con el psiquiatra, etc.). En cuanto a tu última pregunta: es arriesgado en un medio como la televisión. Gabilondo, por ejemplo, lo intentó en España y las audiencias no le acompañaron. Sin embargo, durante años, los informativos de TVE han huido del sensacionalismo, han durado mucho más que el resto y, bueno, eran líderes sí o sí (sí es cierto que no tenían el “editorialismo expreso” de Cuatro). Misterios de la tele y el periodismo.

    ELOI: Yo no me he reído mucho, la verdad. Tienes razón en que ha habido muchas críticas negativas, pero intuyo que tiene que ver precisamente con las expectativas que ofrecía una serie de HBO y de Sorkin, que es tener el listón muy alto. En lo que discrepo es en lo que de sea solo entretenimiento: como decía arriba, no es neutro, ni mucho menos. Y es sano juzgarlo también periodística o ideológicamente, no me parece descabellado en una serie que habla de periodismo e ideología, por mucha finalidad de entretenimiento que tenga. La cultura popular también habla de la sociedad.

    CARLOS: Una de las críticas que se le hace a Sorkin es que hasta los señores de la limpieza hablan como si hubieran leído a Shakespeare y Virgilio.

    YONOMEABURRO: Jo, yo es que ni haciendo abstracción del entorno me sale un entretenimiento fetén. Me parece que las tramas están alargadas y los mecanismos dramáticos me resultan tramposos. Las partes cómicas tampoco van muy allá (los constantes golpetazos del capítulo 4 o la cansina referencia a Bigfoot, por ejemplo, son muy flojitos). Claro que tiene cosas buenas (y, como te dices, ojalá todas las series malas fueran como esta), pero en frío tampoco me parece una gran serie.

    MORENOGORDO: Estilo Sorkin, sí. Y, ay, que voy por el 1.5 de Boss (y me está gustando), por lo que esperaremos a ver lo que cuentas de la segunda temporada.

    JAVI: Gracias. Precisamente hice un blog para comentar con gente, así que a ver si te animas en próximas críticas a explicas las disensiones que tengamos…

    PIXPUT: Creo que luego Sorkin negó eso del cambio de guionistas… No sé, no he seguido mucho ese tema interno, la verdad.

    ASKN: No he entendido mucho de su ungimiento episcopal, pero reconozco que lo del seudónimo preventivo es muy bueno.

    MARTIN: Sí, Gabilondo estudió aquí. Y sus hermanos (al menos uno que también es periodista). Ah, a mí no me gustó mucho “Buenas noches y buena suerte”.

    JAINA: Ya te dije que tu crítica era excelente, excelente. Básicamente ahondaba en todo lo que ya habías expresado tú.

    JESSE: Me parece que te equivocas con respecto a Vargas Llosa. Él, precisamente, está a favor del aborto. Y no niega, como también digo yo, que haya muchos chalados en el Tea Party: tan solo contextualiza el movimiento y rescata cosas interesantes que tiene. Precisamente porque no es sectario y no ve todo blanco o negro. Me parece sana su actitud, francamente. Y, por cierto, ¿quién ha dicho que los informativos no son sesgados? Claro que lo son. Lo que le criticaba a Sorkin es pensar que el suyo no lo era. O dar lecciones desde una supuesta defensa del periodismo… cuando lo que hace es justo lo contrario. No sé, creo que no nos hemos entendido aquí. Grazie, de todas maneras.

    #17 de septiembre de 2012 a las 11:50

  16. Alberto, en relación a lo que dices sobre las elecciones (en caso de que tenga relación con la falta de imparcialidad de The Newsroom), no creo que Sorkin este intentando convencer a los republicanos, sino que en todo caso, esta dirigiéndose a todos los votantes demócratas que se sienten defraudados por Obama con el mensaje “cuidado que si no votáis demócrata, viene el lobo”. Como estrategia de campaña es muy básica, y sin embargo ha funcionado infinidad de veces a lo largo de la historia…

    #17 de septiembre de 2012 a las 12:00

  17. PIXPUT: Pues sí, toda la razón. No lo había visto así, pero cuadra: el voto del miedo puede ser muy efectivo. Aquí, allí y en China. Se puede contrarrestar ese cierto desencanto que hay con Obama (solo un 20 por ciento de los jóvenes iría a votar hoy) con el miedo a la alternativa. En España funcionó algo similar (aquel famoso vídeo del doberman).

    #17 de septiembre de 2012 a las 12:44

  18. “En la sociedad moderna, donde el Estado es Dios, el individuo es cada vez menos responsable, porque la realidad apenas le permite serlo, lo empuja cada días más a ser un mero dependiente del Estado. Para casi todo: estudiar, curarse, obtener un trabajo, disfrutar de un seguro, participar y disfrutar de la vida cultural, jubilarse, cuenta con el Estado.”
    ¿Habla de EEUU o de China,Vargas Llosa?.Lo siento,me he perdido aquí.
    Ciudadanos de un pais donde uno puede comprar un arma en muchos estados,casi sin requisitos,poniendose en pie de guerra por la LIBERTAD individual.
    Ciudadanos de un pais donde no hay seguridad social gratuita,por que atenta contra sus valores fundacionales,pidiendo que el estado sea aun más pequeño.

    E insisto,esos que piden más libertad individual son los mismos que se oponen al aborto,a las bodas gays etc etc.Es una incongruencia.
    No buscan más libertad individual.Buscan imponer sus valores,anulando los de los demás,enarbolando la bandera,cada vez más sucia,de la libertad.
    Estaría bien conocer la definición de Libertad para el Tea Party.

    “Hey,estamos a favor de las libertades individuales,pero tu no puedes abortar,y vosotros dos,pervertidos pecaminosos gays,no os podeis casar.Pero ojo,defendemos la libertad del individuo”

    Si,es brocha gorda,pero es que ellos son brocha gorda.

    Igual no me entero,pero lo que rescata Vargas Llosa del Tea Party es la idea del individuo frente al estado.¿Para que sirve el estado,me pregunto,si no es para hacerse cargo de la sanidad,la educación,la justicia,la economia y la defensa?.Lo común,vamos.
    Es esa defensa a ultranza de las libertades individuales frente al estado lo que me parece sectareo.Por que en esas condiciones solo sobreviven los más fuertes.
    Y Vargas Llosa,sin ser extremista,entiende y defiende este punto.
    Tiene todo el derecho del mundo a pensar así,faltaría más.Pero yo también tengo derecho a decir que es inhumano,poco fraternal y egoista.Jamás verás a un pobre clamando en favor de las libertades individuales.Y solo los ricos con corazón aceptarán de buen grado que parte de su dinero sirva para facilitar la vida a los más desfavorecidos.Al final todo se reduce al dinero.Que el estado no gaste,para que yo no tenga que pagar impuestos y que cada unos se busque sus abichuelas.Pues muy bonito,si señor.Esa es la libertad del Tea Party y eso es lo que rescata Vargas Llosa.pueden intelectualizarlo,pero se les ve el plumero.
    Perdón,yo aquí vengo a leer reseñas de series y se que no es un blog politico,asi que disculpame por esto.Se que no nos vamos a entender,que seguramente no capto lo que quiere decir Vargas Llosa,pero para mi hay cosas moralmente indefendibles,por muy premio nobel que sea quien las defiende.

    #17 de septiembre de 2012 a las 18:01

  19. Pillada a Romney:

    “Hay un 47% de votantes que respaldarán al presidente pase lo que pase. Está bien, hay un 47% que está con él, que dependen del Gobierno, que piensan que son víctimas y que además creen que el Gobierno tiene la responsabilidad de cuidar de ellos”, defiende el candidato. El republicano argumenta además que su trabajo no es preocuparse “de esta gente”. “Nunca les voy a convencer de que deberían asumir sus responsabilidades y ocuparse de sus vidas”, dice Romney en una de sus referencias a los votantes de Obama. “Ellos no pagan impuestos, así que nuestro mensaje sobre la reducción de impuestos nunca va a resonar entre ellos”.

    Vaya,esta “idea” es,basicamente,lo que Vargas Llosa “rescata” del Tea Party,lo que le parece “interesante” y a ti sano que lo diga.Ahora lo dice Romney,sin la fineza e intelectualidad del escritor.
    Tienes razón en que es sano que Vargas Llosa pueda defender esto,pero sería aun más sano que llamaran a las cosas por su nombre,sin adornos,colorantes ni aditivos.

    A esto es a lo que se refieren cuando defienden menos intervención del Estado,ni más ni menos,eso si,se le puede dar una mano de pintura para que quede más bonito o como decia Mary Poppins “con un poco de azucar esa pildora pasará”.

    No se si el bueno de Clint Eastwood se atrevería a defender a semejante pimpollo tras escuchar estas declaraciones.¿O acaso nuestro heroe piensa igual que Romney?.Ummmmmm…

    La derecha,los conservadores,los capitalistas…se acaban retratando y la imagen que nos suele dejar el retrato es,sistematicamente,de desprecio a los desfavorecidos.Nunca lo dirán publicamente,pero de vez en cuando,algún micro abierto,alguna camara sin apagar nos acerca a la verdad.

    Menos estado,mas individualismo,porque la gente,en esencia,es buena.¡Viva!

    #18 de septiembre de 2012 a las 17:14

  20. JESSE: Creo, sinceramente, que muchos de tus argumentos son erróneos, tanto con respecto al liberalismo (incluso a la socialdemocracia) como doctrina política como con respecto al sistema económico-social de Estados Unidos.
    Incluso asumes que la sociedad (y las personas que la componen) no pueden hacerse cargo de nada (justicia social, redistribución, etc.) si no es por medio del Estado. Y, jo, la realidad y la historia demuestran que eso no es así. De veras, me parece que el asunto es muy, muy matizable pero, como dices, esto es un blog de series. No me importa nada discutir de política e ideas, pero quizá sea mejor que continuemos tú y yo por correo-e, para no tostar al personal. ¿Te parece? Saludicos.

    #19 de septiembre de 2012 a las 12:08

  21. Como siempre, una gozada poder leer tus reseñas. Me parece que tienes toda la razón, en todo, y sin embargo no me molesta q

    #3 de noviembre de 2012 a las 19:15

  22. Como siempre, una gozada poder leer tus reseñas. Me parece que tienes toda la razón, en todo, y sin embargo me parece que de ahí, de la propia serie, de lo idealista que es, de lo poco disimulado que está todo el embalaje (el mensaje está claro: vamos a poner un pastel rosa al oficio más guai del mundo, y vamos a concienciar a la gente) no dejamos de tener una bonita postal que más de uno firmaría: que el espectador vea cómo funcionan las noticias, cómo se dan, que tenga en cuenta cómo deberían ser (el ideal omega de la crítica filológica) y lo que en realidad es (la que nos dan, la que vemos cada día, etc.). No deja de ser un discurso ingenuo, pero bellamente escrito. Como dicen más arriba, salvo por el patriotero séptimo (Bin Laden ha muerto, podemos sonreír y besar las barras y las estrellas) los demás se centran más en aspectos que tampoco había visto antes. Anoche lo discutíamos con unos amigos: no se centra en los personajes, apenas hay evolución de ningún tipo, ni interiorización, ni profundización: un mensaje moral exagerado que aun así merece la pena ser visto antes que otras series. Por el simple hecho de ver cómo se trabaja, para que se aprenda un poco, para que se extrapole (insisto en ello). Eso del docere/delectare, pero con mucho de lo primero. Para los no-periodistas, para los un poco críticos, para los que prefieran ver algo bien escrito -me refiero a los diálgos-, la presentación de la acción narrativa: los temas tratados en América serán de sobras conocidos, pero aquí nos llega una información que, desconociendo el mundo americano, nos la complementa.

    #3 de noviembre de 2012 a las 19:24

  23. Esta serie se merecía una segunda temporada, disfruto mucho ver a Emily Mortimer y compañía en esta nueva entrega de The Newsroom.

    #30 de agosto de 2013 a las 22:10

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