15 de marzo de 2012. Archivado en Blog. Comentarios: 12 Comentarios

Engordar para morir: el gusto por lo irreversible

Desde los folletines del XIX, la regla más sagrada del relato serial consiste en evitar cualquier acto irreversible.

El más oscuro es la muerte, ese viaje que solo expide billete de ida. Por eso Conan Doyle, ante la indignación popular, tuvo que envainársela y resucitar torpemente a Sherlock Holmes tras despeñarlo por las cataratas suizas. Le salvó la elipsis. El bucle pudo restablecerse¹.

La ficción televisiva mantiene, en lo esencial, la mayoría de las características de la literatura por entregas. Pero no cesa en su intento por hacerlo evolucionar. Es una narrativa compleja, ambiciosa y cada vez más gloriosamente ensimismada. Que da pasos al frente. Que innova. Y aún así, resulta chocante constatar como, a lo largo del último año, un buen puñado de propuestas han subvertido esa norma sagrada optando por lo irreversible: sacar de la partida a una pieza principal, asesinar a uno de sus protagonistas.

¡Hay que tener redaños! Como escribí por twitter, me temo que “la mayor innovación narrativa en las series de los últimos años es la facilidad para cargarse protagonistas”.

Parafraseando a Poliptoton, hay espoilers como panes y peces en lo que viene a continuación, así que ojito. Para facilitar la lectura, variaré el estilo del blog y solo pondré en negrita y con enlace los títulos de las series. De este modo, el lector podrá “escanear” cada párrafo y decidir si debe saltárselo.

La muerte es el mecanismo dramático por excelencia, un terremoto para cualquier historia². Muchas series van aligerando roles a lo largo de la trama, ya sea por necesidades presupuestarias o por coherencia del guión. 24, por ejemplo, abandonaba a Jack Bauer en el infierno tras finalizar la primera temporada: salvar al mundo y obtener como “premio” la muerte de tu esposa. Hábil punto de no-retorno, vana melancolía del esfuerzo titánico. Tony Soprano y su banda ajustan cuentas con Pussy Bonpensiero al cierre de la segunda entrega y, paulatinamente, van cayendo legionarios… pero no es hasta el final de la serie -como es lógico- cuando los hachazos se ciernen sobre el reparto principal (Adriana primero, Moltisanti después). Los apaleados de Battlestar Galactica también se condensan en la cuarta temporada, cuando la expedición está ya a un secton de cumplir su tarea imposible.

Lo mismo se puede decir de, qué sé yo, Deadwood, The Wire o Sons of Anarchy, propuestas donde la muerte es moneda corriente. En las tres se atestan los cementerios, pero ningún personaje principal lo visita prematuramente. Bill Hickcock o el predicador son “retirados” en la primera temporada del western de la HBO, pero ninguno de los dos conformaba el cuarteto protagonista (Bullock, Swearengen, Trixie y Miss Garrett). En la epopeya de Simon -otra obra coral donde el concepto de “protagonista” es problemático- mueren pronto peones como Wallace o personajes con un arco limitado, como el Frank Sobotka de los puertos. Incluso un D’Angelo es asesinado cuando su jerarquía en la trama se torna marginal. El resto de combatientes se topan con la guadaña al final del trayecto: Stringer cuando su organización es desplazada por Marlo en la tercera temporada y muchos otros (Omar, Snoop) al despedir para siempre las calles de Baltimore.

El caso de Sons of Anarchy suena más interesante. La falta de agallas para dar jaque mate y llevar la trama a sus últimas consecuencias supone el gran lastre de Sutter y cía. Es algo -el abismo- con lo que amagó la cuarta temporada de Dexter, pero le entró el vértigo nada más asomarse. Al final, el asesinato de Rita se reveló como una excusa para quitarse de en medio a la familia del forense psicópata. Esta variante del “asesinato estratégico para la trama” sí tocó el cielo con The Shield, con aquella quinta temporada que partía en dos al emblema de la FX. Ya en el piloto habían optado por fundar el conflicto limpiándose a un personaje que parecía protagonista. Pero lo que relanzó todo fue la muerte de Lem -ascendido a principal ese año- un acto irreversible que espoleó los dos últimos años en una desquiciada cacería con aromas bíblicos y final estremecedor.

Bien. Este recuento -y muchos otros que habré dejado en el olvido- palidece ante lo visto en los últimos doce meses. En sus intentos por buscar nuevos ángulos, varias historias han afrontado las consecuencias de cargarse a uno de los protagonistas. Vayamos de menos a más. En primer lugar tenemos lo ocurrido en Southland, donde con nocturnidad y alevosía, sin que la trama lo insinuara, se cepillan a uno de los seis protagonistas en un episodio memorable (“Code Four”, 3.4.). No hay nada como flirtear con la mortaja para que un relato gane enteros y Nate Moretta ejerció de mártir para la causa. Fue una temporada memorable.

Después aterrizó Juego de tronos. La saga de George R. R. Martin es coral, no hay duda. Pero del once titular se fueron al dique seco ni más ni menos que cuatro jugadores, incluyendo lo más parecido a un protagonista: Lord Stark, el personaje de mayor empatía para el espectador. Un ratio altísimo y solo comprensible si entendemos el primer libro como un prólogo.

Hacia final de año llegó la bofetada más sonora. Boardwalk Empire exhibía, básicamente, dos protagonistas: Nucky Thompson y Jimmy Darmody. Dos centros gravitatorios. Dos ambiciones. Solo una ha sobrevivido a la lluvia. Un flujo similar ha agitado The Walking Dead, con ese ya legendario capítulo (“Better Angels”, 2.12.) donde Shane y Rick, por fin, ajustan cuentas con el destino. He leído los cómics y sé cuánto aguanta Shane en el papel, pero volvemos a lo de siempre: la serie de la AMC reclama autonomía narrativa. Y, hasta ahora, Shane (un personaje mucho más conseguido en la versión televisiva que en el cómic) constituía la mitad peligrosa y amoral de los vivos murientes. Por cierto, no ha sido el único personaje del núcleo central que ha caído en la batalla contra el apocalipsis de Kirkman y Mazzara, como analizaremos la semana que viene.

Aún con todo, el movimiento más radical lo ha dibujado la factoría Falchuck-Murphy. En American Horror Story mantienen el género, el aroma insano, el estilo alucinado, la estructura narrativa, la casa encantada… ¡pero resetean a todos los personajes menos uno! Una serie compuesta de miniseries unidas por el cordón umbilical de Constance. ¡Vaya novedad!

Estos tres casos podríamos aglutinarlos bajo la etiqueta “engordar para morir”. Dedicar tiempo en pantalla, esfuerzo narrativo y matices psicológicos para profundizar en un protagonista que, zas, es borrado del mapa con la facilidad de un chasquido. La jugada puede írseles por el desagüe, puesto que el espectador engancha con esas historias precisamente por sus caracteres principales. Sin embargo, hasta comprobar cómo caen al tatami tras estos dobles mortales con tirabuzón, no se puede más que aplaudir la osadía de los creadores, esos iconoclastas de la narración.

——

(1) También los relanzamientos de sagas, las adaptaciones y los remakes hacen tabla rasa y practican el efecto Lázaro, pero ésa -la fertilidad diegética- es otra historia.

(2) Incluso el percutor, como ocurre en propuestas donde un asesinato brutal -en fuera de campo- inaugura la trama: The Killing o Twin Peaks son los más sonados ejemplos al respecto.

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12 Comentarios

  1. Te falto la subestimada “The Vampire Diaries”.

    #15 de marzo de 2012 a las 13:24

  2. Umm, no sé, Luis, me parece que en una serie de fantasía hay poco irreversible. No sé a qué personaje te refieres, pero por lo que llevo visto, va resucitando hasta el apuntador… (voy por el 3.5., donde, por cierto, resucitan un par).

    #15 de marzo de 2012 a las 13:32

  3. A mí me gustó la de Omar de la manera más imprevisible, reflejando la anarquía de las calles de Baltimore, y por como la ejecutaron, también la del personaje de Walton Goggins en The Shield aunque fuera en los estertores de la serie.
    Me suelen fastidiar esas muertes por actores que se van o entran en desavenencias con los creadores de las series, o las que se hacen simplemente para intentar levantar audiencias.

    #15 de marzo de 2012 a las 14:06

  4. Alberto no me puedo creer que no estés viendo Spartacus, lo cual deduzco al ver que no ha entrado en esta lista. Es una de las mejores series que se emiten actualmente, si consigues pasar de los lamentables tres primeros episodios.

    #15 de marzo de 2012 a las 16:26

  5. ¡Ahilasdau, Yurik! El primero me pareció tan flojito que pensé que mejor gastaba el tiempo en otras. Pero, no te creas, me tienta volver. Me lo han dicho ya varios.

    #15 de marzo de 2012 a las 19:44

  6. Gracias por la negrita acusadora, muy útil a la hora de saltarse párrafos.
    Lo que he podido leer, muy interesante ;)

    Tema para otro día, a raíz del poster de “Juego de tronos”, es cuándo caduca un spoiler.

    #15 de marzo de 2012 a las 19:55

  7. ¿Matar al protagonista al principio? Eso no es nuevo. Lo hizo Hitchcock hace la tira de años en Psicosis. Entonces si innovó, pero ¿qué le corten la cabeza a Ned Stark es innovar?¿Qué le claven un cuchillo a Shane? No, eso no es innovar; eso es una moda que inició Charly con Not´s Peny Boat. Y esa si fue una poderosa y sugerente muertes ¿o no?

    #16 de marzo de 2012 a las 22:48

  8. Buffy. La muerte de Buffy al final de la quinta, aunque bien entendido era un final en toda regla, pero en cualquier caso en el Buffyverso la muerte de personajes principales está a la orden del día.

    #18 de marzo de 2012 a las 15:22

  9. Pues yo te recomendaría que vieses Boss, ya que creo que es mejor que algunas de las que has visto últimamente exceptuando el sexo hiperbólico de dos personajes.

    P.D. Da gusto leerte cuando sacas la vena de profesor-investigador.

    #18 de marzo de 2012 a las 18:05

  10. Enhorabuena por el post. Respecto a The Walking Dead es cierto que no tiene nada que ver con los cómics pero eso es algo que me gusta, son dos productos distintos, es algo que echo en falta por ejemplo en Juego de Tronos, la serie es demasiado fiel a los libros y no se permiten ninguna licencia, lo que encorseta un poco el ritmo de la serie. La TV y la novela gráfica (The Walking Dead, Robert Kirkman) son dos medios totalmente distintos, cada uno con sus ventajas e inconvenientes y la serie de AMC ha sabido dar vida a un personaje como Shane o el propio Daryl: personajes complejos llenos de matices y de sombras ¿Acaso no se trata de eso?

    Saludos y espero que disfrutes del último episodio de la temporada 2×13 “Beside the dying fire”.

    #19 de marzo de 2012 a las 1:46

  11. SATRIAN: Claro, pero las dos que citas tienen tanto impacto emocional porque son consecuencia de la trama. No sorprenden. Por cierto, creo que lo de Michael Pitt tenía que ver con estas desavenencias de las que hablas, ¿no?

    POLIPTOTON: Yo ya he anticipado mi postura otras veces: sé que si voy de blog en blog buscando información, es fácil que me coma espoilers. Pero no me parece indignante, vamos. Intento cuidarlo para la gente que lee mi blog, pero me parece un riesgo evidente en esto de las series. En resumen: para mí caducan pronto.

    JOSE: Me parece que no me has entendido (o me he explicado mal). Hay una gran diferencia entre una película de 2 horas y una serie de 60, donde el universo estable y los personajes han de ser una constante.

    BRIAN: Solo he conseguido terminar la 2ª de Buffy (no termino de enganchar). Pero en todo caso, Buffy sí seguía en la 6 y la 7ª temporadas, ¿no? Como decía, en el terreno de la fantasía, esto de matar es siempre un “depende”.

    HEISENBERG: La tengo en el punto de mira, como también lo de catar la de Laura Dern. Pero es que ver series ¡¡lleva tanto tiempo!! Quizá para verano la recupere.

    SERIEMANIACO: Ya lo he visto, ayer en FOX. Hoy escribiré. Ahí te espero, je.

    #20 de marzo de 2012 a las 12:12

  12. Buenas, Alberto,

    Una recopilación interesante de muertos. Yo sabía lo que ocurriría en el último capítulo de ‘Boardwalk Empire’ porque me leí tu crítica. Eso sí. Lo hice con gusto. Vi la historia como una tragedia griega anunciada por los oráculos desde el principio.

    Entiendo que los espectadores tienen distinto grado de madurez o fanatismo respecto a sus personajes. En España hemos visto como Telecinco emitió dos finales de la serie “Sin tetas no hay paraíso”. En uno de los finales muere el protagonista (Miguel Ángel Silvestre), lo que fue un soponcio para las admiradoras. ¡La coherencia del relato a la porra!

    Yo me voy a los dos extremos: no soporto las muertes gratuitas, sólo porque los personajes estorban (me cargué a 15 personajes en una serie autonómica porque estorbaban…) Y no soporto que los personajes, pudiendo morir, no lo hagan. En LOST llegó a ser verdaderamente irritante.

    24 por ejemplo. Sabes que soy fanático de la serie, pero después de la quinta temporada he querido que mataran a Jack Bauer y que otro personaje tomara el revelo. Sería lo “normal” si te dedicas a luchar contra terroristas internacionales.

    El final de nuestro amigo de Juego de Tronos era inevitable. Si no muere, la acción no avanza. Sin embargo, no creo que el atrevimiento vaya más lejos.

    ¡Saludos!

    #23 de marzo de 2012 a las 19:16

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