10 de marzo de 2014. Archivado en True Detective. Comentarios: 25 Comentarios

‘True Detective’: el jarrón y el vacío

“El jarrón da forma al vacío y la música al silencio”.

No, no creo que Pizzolato anduviera pensando en cubista cuando decidió que la season finale de True Detective se titulara “Forma y vacío” (1.8.). Pero la cita de Georges Braque se clava como una daga mortífera en el corazón de la serie de moda. ¿Dónde termina la pretensión y comienza el drama genuino? ¿Hasta qué punto el artificio ahoga la emoción y lo rutilante de la forma enmascara un fondo insulso? ¿Qué demonios hay dentro del jarrón?

True Detective wallpaper(Espoilers de la primera temporada)

Me temo que True Detective se va a convertir en un caso agónico, de esos para los que el fandom reclama adhesión inquebrantable, un “conmigo o contra mí“. En muchos ámbitos de la vida -política e ideología, por ejemplo- recelo de la equidistancia, puesto que suele enmascarar la complacencia del tópico. Sin embargo, como saben quienes me leen, reinvindico el gris para el ejercicio de la crítica televisiva. True Detective tiene cosas fascinantes, pero también varias piedras en el zapato.

Me ha gustado la serie, pero me he dejado un regusto amargo. La he disfrutado capítulo a capítulo, saboreando ese aroma diferente a todo lo que uno hubiera catado antes. El menú era conocido: dos polis atormentados, héroes aborrecibles, un entorno brutal, saltos en el tiempo, narradores poco fiables, asesinos en serie… Sin embargo, no, no era un déjà vu, sino una hipnótica vuelta de tuerca a un género tan gastado. Ahí, la cohesión visual que ha aportado el director de la serie, Cary Fukunaga, está entre lo más satisfactorio de True Detective. Una forma elegante, contemplativa, rabiosa cuando debe (¡¡los seis minutos de inolvidable plano-secuencia!!), que convierte lo siniestro en cotidiano y lo cotidiano en enfermizo, haciendo el estilo masticable en la distancia corta e inquietante en la larga.

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Para redondear la golosina visual -aparte de una banda sonora de aúpa- siempre ayuda contar con peña del carisma de Matthew McConaughey y Woody Harrelson. El primero con su fraseo arrastrado y esa gravedad existencial en la mirada y la parla; el segundo con su calcetín sureño en la boca y la vehemencia de un tipo iracundo, de esos que siempre han pensado que son mejores personas de lo que realmente son, esa mirada de superioridad que, en el fondo, revela impotencia y fracaso. Es imposible dejar de aplaudir a McConaughey por el constante cortocircuito que transmite, pero es una pena que el sensacional Harrelson no tenga más seguidores. Bastaría ver una y otra vez la cantidad de matices que despliega en este último -gélido- encuentro familiar, victorioso… ¡y derruido anímicamente!

Esa intensidad actoral acompaña dos personajes interesantísimos, Rust y Marty. Dos descensos a los infiernos. Dos obsesiones de tipos buenos que flirtean con la locura. Dos polis que se infectan del mal que combaten (*). Dos exploraciones, ay, de las contradicciones del alma humana, de la puñetera colisión entre el querer y el deber. El texto de Pizzolatto, tan literario en su ambición, trabaja con brillantez el trecho que va desde la herida a la cicatriz. Y, en una sorpresa narrativa que me ha dejado noqueado, se permite un extraño y extrañado happy end para estos héroes apaleados: “Hace tiempo solo había oscuridad. Si me preguntas, la luz está ahora ganando”. Ese optimismo en una serie que ha hecho del existencialismo una de sus marcas autorales hace, si cabe, más arriesgada la propuesta.

(*) En uno de los mejores diálogos de la serie, Marty curiosea: “¿Alguna vez te preguntas si eres una mala persona?”. Cohle: “No. No me lo pregunto, Marty. El mundo necesita malas personas. Mantenemos a otras malas personas al otro lado de la puerta”.

En este punto, aunque suene paradójico, es donde emergen los problemas de True Detective. Su obsesión por intentar algo diferente es lo que le provoca resbalones y magulladuras. “It’s not TV. It’s HBO”. De acuerdo, lo pillo. Pero entonces topamos, de nuevo, con el jarrón y el vacío (**). La originalidad, por sí misma, no es un valor estético ni dramático. Por mucho que la trama de investigación sea una excusa (“No tengo el más mínimo interés en asesinos en serie”, le decía Pizzolato a Sepinwall), no podemos olvidar que una serie de televisión está contando una historia. Y, por mucha floritura que haya, siempre habrá un principio, un nudo y un desenlace. Un protagonista y unos secundarios. Y en este caso, incluso, un misterio que resolver… que deja muchos cabos sueltos.

(**) Emily Nussbaum se despacha a su sabor en The New Yorker. Leedla, tanto si estáis en el bando de los “conmigo” o de los “contra mí”.

En esos aspectos es donde True Detective pierde pie, lo que se acrecienta en el tercer acto, es decir, a partir del capítulo 1.6 (el más flojo de la temporada, a pesar de ser de lo más turbadores psicológicamente). Apenas hay vida dramática más allá de Rust y Marty. La pobre Michelle Monaghan vaga por la trama sin mucho que hacer o decir; Gilbough y Papania jamás abandonan su bidimensionalidad de meros dispositivos narrativos; y el antagonista, más pirado que un Norman Bates y más efectivo que un sioux, parece una presencia más espectral que real.

Algo similar se puede decir de la estructura narrativa elegida. Es lo que más me chirriaba (***) en los cinco primeros capítulos, los que mejor funcionan para mi gusto, por otra parte. Hasta llegar a ubicar la trama en el presente del 2012, me enervaba lo artificioso del dispositivo, ese constante misterio en torno a la declaración ante Gilbough y Papania. En ocasiones, la excusa funcionaba con brillantez, como cuando las imágenes contradecían violentamente el relato (el asalto a Reggie Ledoux, en el 1.5.), pero en muchas otras ocasiones lo sentía como una forma caprichosa de dilatar la tensión y enmarañar gratuitamente el misterio.

(***) Inicialmente también he tenido un problema personal y probablemente intransferible con el existencialismo de Cohle: esa verborrea autoflagelante de poeta maldito se me atraganta. Quizá porque el existencialismo -derrotista, tristón, misántropo- siempre me ha parecido un sarampión adolescente… que se cura con la edad.

Una pulsión similar -a falta de ser profundos, seamos oscuros- notaba en el énfasis, casi lostiano, en supuestos detalles tan nimios como reveladores. ¿A qué me refiero? Vean esta impagable parodia de “El rey amarillo”:

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La red ha estallado buscando simbologías literarias para Carcosa, interpretaciones freudianas para los dibujos infantiles y teorías cuánticas para la cuarta dimensión apuntada por Cohle. Por supuesto, entiendo que la televisión de pago, como el cine clásico de un Hitchcock, puede manejar varios niveles de lectura, pero la contradicción entre intenciones y resultado me descoloca. ¿No habíamos quedado en que toda la peripecia narrativa no era más que un macguffin?

Quizá tenga razón Andrew Romano. En sus análisis para The Daily Beast ha detallado una teoría muy sugerente: toda la serie establece una reflexión metatextual no solo sobre el género policíaco, sino sobre el propio acto de contar historias, una metáfora, a la postre, de nuestra capacidad para conocer. La compro. Pero con la misma cautela cubista: la de no saber si somos nosotros quienes, en un afán de sentido, le estamos dando forma al vacío.

————

Addenda (12 de marzo)

Como sigue coleando el asunto, me parece pertinente aclarar -aunque sea de forma apresurada- mi postura sobre el final de la serie. No, no esperaba una resolución al estilo CSI ni un procedimental al uso. Además, me gustó mucho (por lo sorprendente y antigenérico) esa repentina conversión de Rust, casi reconciliándose con la fe y las estrellas.

Es más simple: creo que el cierre no está a la altura de la promesa de la serie. Lo noto simplón, tópico, previsible en el tono “misterio con serial-killer” que rodea a la serie. Errol Childress (¡y la pintura verde en las orejas!) desnuda toda la ambigüedad narrativa y moral que había atesorado la serie. Fijaos que tanta vuelta con lo sobrenatural, las oscuras ramificaciones políticas del crimen, el mal emboscado en cada esquina… ¡desembocan en algo tan habitual como un hillbilly más loco que una cabra, una persecución al estilo de El silencio de los corderos y algo tan viejo como la lucha entre la luz y la oscuridad!

Dejan muchos cabos sueltos y, por tanto, transmiten sensación de capricho. Bien. Podemos estar de acuerdo en que lo importante no era el misterio, pero entonces regreso a mi pregunta de más arriba: ¿por qué tanto empeño en suministrar pistas, detalles y huevos de pascua para que el espectador conecte los puntos? No, yo no lo quería todo explicado ni masticado. Mi pega es que conforme se acercaba el final, la serie ha empezado a jugar a otra cosa. Es el propio texto el que se simplifica, perdiendo así eficacia e incrementando la decepción. La excusa narrativa ha ido por un lado diferente de lo que pretendía buscar la serie, que ha sido más compleja en su trayecto (tanto narrativa como dramática como moralmente) que en su meta.

Os dejo también varios enlaces que explican en profundidad estas ideas que he apuntado brevemente, para quien quiera dedicarles un rato:

-“Marty, the Monster” (más una interesante tipología del espectador contemporáneo), en L.A. Review of Books.

-“True Detective‘s predictive, simplistic finale“, en el Washington Post.

-“True Dissapointment“, por el imprescindible Jason Mittel.

-“How the True Detective Finale Demonstrated That It’s Great Small-Screen Cinema, But Lousy Literary TV”, en Pajiba.com

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25 Comentarios

  1. Como tú, notó cierto bajón a partir del episodio 6 punto de inflexión en el que el ese “thriller” fantasmagórico” deja paso a un thriller más realista y lineal, más convencional si se quiere y muy brillante en todos los aspecto (técnicos y dramáticos). Sin dudarlo, la recta final no está a la altura de los primeros 5 episodios.

    No obstante continuar con el nivel de la primera mitad hubiera exigido a los guionistas permanecer en lo fantástico y nadar en la abstracción de no concretar, dejando al espectador generar su propio “infierno”. No hay peor horror que el “No saber”, la forma más pura de la angustia. El propio Pizzolato así lo refleja en una entrevista subrayando que podrían haber terminado la serie dejando a Rust y Marty perdidos en Carcosa. Pero muy valientemente -sí, digo valientemente- han optado por todo lo contrario: saturan al espectador de información. No solo sabemos quién es el asesino y cómo lo eliminan sino que sabemos cómo los protagonistas digieren el acto para pasar a otra “etapa evolutiva”, la de la victoria de la luz ante las tinieblas.

    Creo que olvidamos, también, que es una serie de solo 8 capítulos y creo que se nota -para mal- en el desarrollo de ciertos personajes, especialmente en el dibujo de los secundarios, y de algunas tramas que deja en la oscuridad y a merced de interpretación del espectador, más por falta de espacio que por coherencia narrativa.

    El que se haga una crítica “negativa” esta serie es un claro síntoma que vivimos en una época de una riqueza televisiva sin igual. Cuando se ha degustado The Wire, Carnivale, Breaking Bad, Black Mirror, The Shadow Line, The Shield, etc, el paladar de uno comienza a ser extraordinariamente exigente.

    En resumen, serie impresionante con ciertas irregularidades que la hacen humana. Incluso The Wire flaqueo en su primera y quinta temporada, ¿o no?

    #10 de marzo de 2014 a las 21:30

  2. Completamente de acuerdo. Dejaron sembrado de migas el camino, y ese contrato literario, desde los cuentos de hadas, debe respetarse. Para ser una serie que finalmente nos dijo “cayeron por inocentes, lo que importaba era la historia de los protagonistas y lo demás fue secundario” rayó en lo ridículamente caricaturesco el despliegue de la pomposa gravedad de Rust. Además, para ser más convincente, el Sr. McConaughey debe aprender a fumar.

    #10 de marzo de 2014 a las 23:11

  3. True Detective es un LP.

    Ya no se vendían LPs, ¡acuérdate!

    El single: THE PLANO SECUENCIA

    Y las mejores canciones las primeras, claro. Vaya y te aburras.

    #11 de marzo de 2014 a las 0:59

  4. Me encantó la serie y su final, tan convencional, como sorpresivo y, sobre todo, coherente. La metanarrativa la estuvimos comentando en el podcast desde el segundo episodio. De hecho, fue lo que me atrapó de la serie, y con esa idea en la cabeza, “ajusté las pruebas a mi propia narrativa”. El domingo escribí en el blog sobre el tema y no escribía desde el final de Breaking Bad, pero tanta teoría me quitó la pereza que siempre me gana. Digo que no escribo más porque no tengo tiempo, pero esa solo es una historia que elegí contarme a mí misma 😉

    #11 de marzo de 2014 a las 1:32

  5. A mi me ha gustado. Es cierto que se dejan mucho colgando en la resolucion… pero aunque quien quiera esta en su perfecto derecho de sentirse estafado por eso, faltaria mas, yo no he hechado de menos esas respuestas: nos hubieran llevado a un final demasiado explicativo, y se me antojan cuestiones poco menos que rutinarias, no es un “lost”, en el que simplemente no sabian las respuestas, aqui me parece mas que esa parte ya la hemos visto mil veces, son respuestas que se puede imaginar cualquiera, el espectador, y cualquier guionista de series de casos, que aporta respuestas para cuestiones similares caga semana… asi que se han ido a por otra cosa, y no me parece mal, no era la unica opcion, pero a mi me ha resultado satisfactorio, creo que mas que si hubieran dedicado este ultimo episodio solo a restregarnos por la cara como hacian encajar hasta el ultimo de los cavos sueltos. No me parece algo ni especialmente dificil de hacer, ni especialmente interesante, y este final, si que me lo ha resultado.

    #11 de marzo de 2014 a las 2:08

  6. Sospecho que las principales decepciones con True Detective vienen de quienes de repente se obsesionaron con buscar respuestas a todo, con buscar un significado a todas las referencias que veían en pantalla. Si para algo servían esas referencias al terror cósmico es para que supiéramos que no había respuestas, que ese mundo no se podía comprender ni “solucionar”, y que realmente hay algo oscuro y terrible bajo la superficie de la realidad aparentemente normal. En ese aspecto, me ha gustado mucho.

    #11 de marzo de 2014 a las 10:26

  7. Aclaración sobre mi comentario que ha quedado un poco ambiguo:

    Creo que True Detective utiliza dos procedimientos al mismo tiempo contradictorios y compatibles. 1)Satura de información al espectador: sabemos quién es el asesino, cómo responden los personajes principales y cómo evolucionan. El epílogo es una muestra de ello 2) Excluye ciertos elementos que quedan en la zona de la sombra (¿sobreinterpretación del espectador?) e inconclusos (qué pasa con los Tuttle?).

    #11 de marzo de 2014 a las 12:42

  8. Van Spoilers

    A mí me ha gustado.. me ha parecido elegante porque enseñan muy poco y consiguen que todo te parezca podrido. Me ha atrapado más por las actuaciones y la ambientación que por la trama en si, como me pasa con The Wire.

    Las movidas esotéricas no me sobran, porque Cohle está grilladísimo y es a donde se agarra, no lo llames adolescencia, es que el tipo está fatal y gracias a eso nos da ese contrapunto delirante con frases muy chulis que gustan mucho y nos hacen más fans. Aunque como tú me sorprendió el repentino optimismo final de Rust, quizás motivado porque por fin se desahoga un poco el hombre.

    Por cierto, ¿el agujero negro/minigalaxia que se encuentra Cohle en la batalla final? ¿parte de su ida de olla o misterio sin resolver para una (porfaporfa) segunda temporada? (que no nos gustará y retomará brillantez sólo al final)

    Para mi un punto fuerte es la instantánea y primitiva lealtad que se establece entre los protagonistas incluso cuando todavía ni se aguantan, tan oldschool, y como saben que van a hacer el bruto y tener que mentir desde el momento en que se miran, sin lloriqueos ni discursos moralistas.

    Y coincido contigo sobre Marty/Woody, Rust hace de loco y llama más la atención, pero el personaje de Marty tiene muchísimos matices, entre gilipollas y tio perdido que da una estupenda replica al McConaughey.

    #11 de marzo de 2014 a las 15:58

  9. Alberto, me he leído todo tu análisis esperando para ver si habías leído la crítica de Andrew Romano en el Daily Beast. Por suerte te has adelantado 😉

    Yo, al igual que tú, compro esa teoría. Me parece que es la que mejor encaja. Llevo semanas obsesionado con esta serie, como ya sabes, y desde hace unos días me parecía que, a un episodio del final, no iban a “resolverlo” todo en el sentido de “atrapamos/matamos al spagueti, desmantelamos la organización de los Tuttle”. Quién quiera ver eso que se vea CSI o Hawaii 5-0. Desde el principio ha quedado claro que True Detective era “meta-algo”. “Meta-detectivesca”, “meta-narrativa” o “meta-lovecraftiana”, eso ya ha quedado por ver.

    Si algo había dejado claro Pizzolatto era que el no quería ser más inteligente que el espectador, ni sorprenderle, ni jugar con él. De hecho, en una entrevista dijo que le parecía un “insulto para la audiencia” si todo se resolviera en el ya manido “todo lo que has visto era mentira”. Por lo tanto, uno ya se podía oler como iba a terminar todo.

    En cuanto a Lovecraft, el Yellow King y Carcosa, si uno investiga un poco, forman parte del “horror cósmico” algo que ya han explicado por aquí arriba: el ser humano no llegará jamás a entender ni solucionar el mal del mundo. Por lo tanto me parece coherente que para Pizzolatto esto sea “decoración”. Window-dressing, que dice el de Daily Beast. Profunda, vasta y perturbadora, pero decoración al fin y al cabo. True Detective ha acabado siendo una historia sobre dos personajes y su contacto con la oscuridad. Y sí ese es el sello, bienvenidas sean más temporadas.

    Y ya para terminar el rollazo que acabo de soltar, última cosa: la falta de giro del final me parece una evidencia de lo grande que es esta joya. Nos hemos acostumbrado a los giros finales de temporada, de capítulo, los asesinatos masivos de Game of Thrones, la ansiedad que provocaban los finales de Breaking Bad… Esta serie no lo usa porque no lo necesita.

    #11 de marzo de 2014 a las 21:33

  10. Alberto, estaba esperando el post de True Detective desde hace algún tiempo, y ahora no puedo más que pedirte que pongas alguno de House of Cards, que ha sido la serie que me ha ayudado a mantener a raya mi Breaking Bad withdrawal. Kevin Spacey está que se sale del pellejo, y Robin Wright es el complemento perfecto. Es otra de las series de moda de calidad, así que espero que te pronuncies pronto…

    #11 de marzo de 2014 a las 23:55

  11. reo que la clave esta en la frase de Xabi “el ser humano no llegará jamás a entender ni solucionar el mal del mundo”. Si hubieran resuelto el caso al estilo CSI, se hubieran cargado esa sensacion de que el mal lo impregna todo y no es algo resoluble, por eso manejan a ratos al “villano final” casi mas como una presencia que como un personaje al uso, y por eso quedan mil cavos sueltos, y no estan mas cerca de haber pillado a todos los responsables de lo que lo estuvieron la primera vez… de todas formas, tampoco creo que para los que necesitan una solucion clara al caso, dejen las cosas tan en el aire como las quejas hacen creer: las pistas estan todas ahi, no es muy dificil hacerse una imagen mental de lo que estaba pasando, si tanto lo necesitas. Solo que explicarlo todo, resolverlo, y ponerle cara a ese mal, convirtiendolo en algo que podrias detener, juzgar y encerrar, no puede estar mas lejos de las intenciones de la serie.

    #12 de marzo de 2014 a las 0:32

  12. Lo de Romano no es ya una teoria, Nic Pizzolato lo afirma literalmente en varias entrevistas post-finale como esta, donde afirma que :

    And to me, if there’s one governing thing in “True Detective” that encompasses everything that is happening in “True Detective,” and that the show is telling you — constantly, the show keeps telling you — is that everything is a story. (…) So if there was one overarching theme to “True Detective,” I would say it was that as human beings, we are nothing but the stories we live and die by — so you’d better be careful what stories you tell yourself.

    http://www.hitfix.com/whats-alan-watching/true-detective-creator-nic-pizzolatto-looks-back-on-season-1/3

    Y tu problema con el existencialismo de Cohle…. En primer lugar, creo que su verborrea autoflagelante, que en otro personaje seria tremendamente impostada y exagerada, está plenamente justificado cuando conocemos al background del personaje, su tortuosa vida tras la muerte de su hija y su infiltración en narcóticos. ¿Como no va a odiar al mundo y a adoptar una postura derrotista, tristona y misántropa despues de semejante desdicha?

    Y sé que es personal Alberto, pero aún así no estoy nada de acuerdo en que la adscripción a un corriente filosófico de semejante importancia e influencia se pueda reducir a una cuestión generacional que “se cura con la edad”.

    Nic Pizzolato lo cuenta mucho mejor, claro:

    “For people who thought Cohle’s philosophy was simply hogwash, be aware that you’re calling Arthur Schopenhauer and Friedrich Nietzsche hogwash. Just be aware of that. That is not, in fact, a college freshman stoned eating a pizza talking about life; that’s Arthur Schopenhauer’s thoughts on life.”

    #12 de marzo de 2014 a las 20:30

  13. Es una serie de detectives clasicos. El titulo tal vez no funciona en España, porque hace referencia al nombre de una coleccion de novelitas (pulp) de detectives de los años 40 donde publica Dasiell Hammet, por ejemplo. Esa es la clave. El género. Por eso puede ser una serie tipo antologia. Por eso si nos da lo que promete. Lo mismo que sentimos al leer Cosecha Roja o al ver Chinatown.
    Pensad en Spade y en Marlow y en tantos otros. Una atmosfera. Un misterio turbio de ricos. Una chica perdida en medio. El detective clasico: duro, oscuro, borracho, cinico, desengañado de las personas porque sabe mejor que nadie de lo que son capaces pero, sin embargo, una roca de integridad ética en medio de la corrupcion social, politica, policial,… En donde siempre es el mismo mensaje: todo esta podrido, solo el empeño individual de justicia y reparación pueden darnos esperanza personal. No hay manera de salvar el mundo. “el ser humano no llegará jamás a entender ni solucionar el mal del mundo.” que decia alguien antes. Solo podemos un poco, Esas estrellas en la negrura de la noche. Aunque nos cueste la vida o la chica. Ese es Rust. Y claro, la lucha entre la luz y la oscuridad, qué si no?. Nunca en el genero la trama detectivesca tuvo importancia. Alguien se acuerda luego?
    Y la atmosfera y la presencia de la “tierra podrida”. Esas imagenes finales sobre los pantanos de Louisiana. Generaciones de sordidez, de corrupción… es esa tierra el verdadero culpable. Un pantano de corrupcion, supersticion, fanatismo e ignoracia.
    Y la estructura circular. Os acordais de Cien años de Soledad?
    Creo que es una gran serie de… detectives. Ni mas ni menos.

    #12 de marzo de 2014 a las 20:52

  14. He incluido una addenda en el post y 4 enlaces que explican, en largo, los problemas del cierre. Por si queréis echarles un ojo.

    MIKEL: Jo, es que terminar las historias es tan, tan díficil. De acuerdo a que ocho capítulos tienen limitaciones, pero, ¿habría sido mejor estirar una historia con tanto misterio abierto y una mitología tan rica… para una resolución tan controvertida, narrativamente hablando? No sé, no sé. Y totalmente de acuerdo con lo del paladar exigente: True Detective aceptaba esa batalla, además, desde su misma concepción.

    TERESA: A mí sí me ha gustado McConaughey, pero sí es cierto que el exceso verbal de su personaje se me ha atragantado a veces.

    RISU: ¿Y caras B, qué?

    VALEN: Joer, si la serie te ha hecho volver a escribir, entonces tengo que replantearme mi post, jeje. Debes escribir más. Voy a leerte.

    HERB: En la addenda que he incluido pensaba, entre otros, en tu respuesta. No quería todo masticado. Acepto el misterio y la ambigüedad. Al revés, mi problema con el final es, precisamente, su simplismo. Que le quita esa ambigüedad que tenía la serie, tanto narrativa (el final carece del perverso juego de narradores no fiables y composición temporal de otros capítulos) como “emocionalmente” (¡si hasta la familia de Marty acaba adorándole, sin solución de continuidad!).

    MACGUFFIN: Ya sabes que yo no soy muy de esos, je. Mira, échale un ojo a la tipología del espectador que aparece en el enlace del LA Review of Books. Me temo que muchos de los que querían buscar respuestas a todo… ya estaban convencidos de que les encantaba la serie, con independencia de lo que ocurriera en los últimos sesenta minutos.

    TERESA: Si a mí hay muchas cosas que me gustan de la serie, sobre todo por esa coherencia visual que otorga Fukunaga. Pocas veces la televisión ha imprimido un sello autorial tan marcado. Lo que me saca son esas otras cosas que he comentado.

    XAVI: Te respondía también en la addenda. Me gusta el giro final desde el punto de vista narrativo, pero no me convence desde el punto de vista, no sé cómo llamarlo, ¿ideológico?, por el simplismo que destila. Tanta oscuridad, horror cósmico, alucinaciones, tramas enrevesadas… para concluir algo muy habitual que, por cierto, también forma parte del fondo del género: los buenos contra los malos (sí, sé que es un pelín más complejo, pero la serie no lo muestra mucho más complejo que eso). Lo de la metanarración me gusta como idea, pero no deja de inquietarme que, entendido el relato en conjunto, es otro adorno más, como el Rey Amarillo, el supuesto misterio en torno al padre de Michelle Monaghan o la identidad dramática de Gilbough y Papania.

    MARÍA: No hemos terminado aún de ver la segunda. Como sabes, ahora me cuesta más sacar tiempo para escribir en el blog, pero sí, lo tengo en mente. El problema es cuándo…

    HERB 2: Pero, entonces, volvemos a un problema habitual -probablemente irresoluble- del arte: el de cómo de abierta debe ser una obra y cuánto ha de poner el espectador de su parte para completarla. Por eso precisamente hablaba yo del jarrón y el vacío. Si llevamos ese planteamiento al extremo, nos ubicamos en una especie de todo vale donde la culpa de que algo no se entienda, sea incoherente o dramáticamente mejorable… siempre se sitúa en el espectador. Y ahí es donde creo que el pacto de lectura que establece “True Detective” no es tan hermético. En primer lugar, porque es televisión (un medio comercial, narrativo, etcétera, etcétera). Y en segundo lugar porque el propio relato anima explícitamente al espectador a interesarse por el misterio, a atar esos cabos (que luego deja sueltos).

    JESSE: Es que el propio Romano elaboró su idea partiendo de una entrevista con Pizzolatto, también. En todo caso, una precaución (sin entrar en grandes disquisiciones ni citar “la muerte del autor” que preconizaba Barthes): yo manejaría con cautela las propias interpretaciones del autor sobre su obra. No digo que no sean relevantes, pero en muchas ocasiones el autor puede pensar que su obra dice cosas que no dice. Mejor analizar el texto por sí mismo, desde su coherencia interna. Y en cuanto a lo del existencialismo, no pretendía quitar de un manotazo una doctrina filosófica tan influyente, por supuesto que no. Qué va. Quizá lo expresé mal. Mi problema era con un personaje que no para de expresar en público esos pensamientos nihilistas. Fíjate que el propio Pizzolatto, al defender las críticas, trae a colación a un veinteañero fumado. A eso precisamente me refería yo: todos hemos tenido amigos que cuando se venían arriba pensaban que con tres frases de Nietschze mal digeridas ya eran más profundos y atormentados que nadie. El Cohle inicial me parecía que tenía algo impostado; el tono literario del texto (y la extracción novelística de Pizzolatto) quizá le hizo caer en un exceso de verbalización. Luego, en efecto, el background hace entender esa postura.

    FERNANDO: Soy un gran fan del cine y la novela negras y, totalmente de acuerdo, la trama no era lo relevante. Ya sabes, incluso, la anécdota de “The Big Sleep” cuando le preguntaron a Faulkner (que había adaptado el guión de Chandler a la pantalla) quién había asesinado al chófer: “Ni puñetera idea”, respondió. True Detective es una historia de detectives, noir, pero también se ha disfrazado, como decían acá arriba, de horror cósmico y de thriller (el clásico serial-killer, la forma de rodar tan inquietante). Eso quizá cambia algo. Pero, bueno, más allá del género, mi problema no es tanto con los detalles de trama como con lo simplista de la resolución, como explicaba en la addenda. En el noir, al final, la excusa narrativa sí servía para mostrar la corrupción institucional, lo podrido del sistema, el hard-boiled style… Aquí, la excusa narrativa ha ido por un lado diferente de lo que pretendía buscar la serie, que ha sido más compleja en su trayecto (tanto narrativa como dramática como moralmente) que en su meta.

    #13 de marzo de 2014 a las 8:41

  15. Buenísima. Yo me la pongo para dormir.
    Zzzzz zzzz

    #15 de marzo de 2014 a las 0:18

  16. Y por eso amo una serie como Justified: honesta y apr anada pretenciosa, siento entretenida y profunda a la vez (temporada 2). True Detective caìa en ser pretenciosa, aspiraba a ser mucho màs, y temrinaba como una màs de polis. Esa aspiracò terminò matando una serie que no estaba mal. Esosì, si de atmòsfera e incomodidad se trata, aprendan de Hannibal. Ese es un serión.

    Richard

    #15 de marzo de 2014 a las 19:01

  17. Vaya, chicos, bienvenidos a la vida real, donde la mayoría de los crímenes no se resuelven completamente, donde existen las pistas falsas, donde muy rara vez se llega a una conclusión cerrada.
    Pretender que se mantenga el misticismo de los primeros capítulos incluso en el final supondría o introducir elementos sobrenaturales (que habría sido una pifia), o dejar la serie en el aire (que habría sido una cutrez) o que fuese un sueño de Resines. El guionista ha sabido elegir el mejor final: imperfecto (en términos de justicia), realista, verosímil, conservando cierta epicidad…

    Lo único que podría chirriarme son algunos puntos como lo de las orejas verdes y alguna revelación por el estilo. Pero incluso esas, que me hacen fruncir el ceño, puedo creermelas si no suponen un abuso. Si conocéis a algún policía, periodista o a alguna otra profesión relacionada con la investigación de homicidios, preguntadle. Seguro que conoce casos resueltos por pistas más extrañas e iluminaciones. La realidad supera a la ficción.

    #18 de marzo de 2014 a las 0:44

  18. Buenas Alberto,

    Mi opinión.

    Coincido contigo en que True Detective es una buena serie pero no es una obra maestra…creo que el halo que se le ha dado viene porque estamos en un momento en que no hay ninguna serie (tras el final de Breaking Bad que no he visto por cierto) con ese aura de “algo diferente”.

    Mi principal problema es que parece ser una cosa, con un tipo de narración y estilo discursivo y a partir del capítulo 7 cambia todo y se convierte en una narración lineal contando una investigación. ¿me parece mal? No, pero me perturba y me distrae y me saca del “ambiente” creado en los capítulos anteriores.

    Siempre he mantenido que cuando te distraes de una serie pensando que han quedado cosas sueltas es porque la serie no está bien resuelta. El problema con True Detective es que parecía que no iba a caer en eso y te obligaba a estar muy atento y al final te das cuenta de que no hacía falta.

    Ellos dos están inmensos en sus papeles.

    Ah…y se os ha ido a todos muchísimo la pinza con el dichoso plano secuencia, un arabesco artificial que NO aporta nada a la trama. Me hubiera encajado mucho más ese plano secuencia al final o cuando encuentran a Reggie…ahí no tenía sentido más allá de “Ehhhh..mirad que plano secuencia”….a mí me pareció tan superfluo que lo único que pensaba era “como se parece esto a The Wire y Baltimore”.

    Saludos.

    #19 de marzo de 2014 a las 11:43

  19. El famoso plano secuencia de 6 minutos, creo que en realidad son 2 de 3, cuando la cámara enfoca al helicóptero, funciona como fundido a chaqueta de la Soga

    #19 de marzo de 2014 a las 17:28

  20. Me explico mejor: True Detective es como un disco de los de antes. Pongamos un LP (podría ser un CD pero pierde encanto).

    De esos que te comprabas sin haber escuchado, Que les quitas el plastiquito en casa. Ese ritual.

    La portada es magnífica. El libreto fascinante, sugerente. Lo repasas una y otra vez. Esas fotos, esos símbolos… lo más de lo más.

    Ocho temas, pone. Dos caras, quizás tres.

    Empiezas y no puedes dejarlo. Nunca habías escuchado una cosa igual (seguramente sí, pero no te acuerdas, o no te quieres acordar). Guau, te sientes el puto amo. Lo que has descubierto.

    Cuando acaba le das la vuelta al LP. Discazo, te repites. Vuelves a sentirte conectado a esa magia… etc.

    La última canción quizás flojea pero da lo mismo. El disco es lo mejor del año, sin duda.. Lo vuelves a poner.

    La segunda escucha captas matices, te afirmas en las sensaciones. Ya puedes salir y contarlo aunque… uf ¿Cómo explicar lo que te provoca descubrir un disco?.

    El single, luego te enteras en los baretos, se llama EL PLANO SECUENCIA.

    También te enteras que es el disco de moda pero eso ¿qué más da?

    Lo guardas con cariño.

    Pasa el tiempo, de vez en cuando miras las fotos.

    Luego te compras un ipod. Luego un iphone. Luego dejas de escuchar música.

    Lees más. Ves más la tele, esas cosas. Deja de importarte ser moderno y tal.

    Un día te vuelves a reunir con los amigos y sale la conversación.

    –Yo lo tengo. –Exclamas orguilloso.

    Lo vuelves a escuchar entre amigotes. Abrís otra botella.

    –Ah, cómo molaba Rust Cohle.

    –¡Y Cheers!

    –Ja, ja, jajaja…

    (NOTA: Este comentario, NO es inédito).

    #19 de marzo de 2014 a las 23:17

  21. He visto el último episodio y he conseguido superar la pereza que siempre se apodera de mí a la hora de poner mis impresiones por escrito, así que aquí va mi comentario de “True Detective”:

    Estoy de acuerdo con que la serie flojea en algunos aspectos, pero creo que en lo fundamental consigue un triunfo aplastante. Aunque la trama es detectivesca, me parece que el corazón de la historia se halla, y valga la redundancia, en el corazón de los personajes, esto es, en el corazón humano. Claro, se puede argumentar que toda buena historia actúa como un espejo del alma humana, pero en este caso concreto, yo entiendo que el retrato interior de los personajes no es solo una parte importante sino el todo, el centro sobre el que gravitan el resto de elementos. El desarrollo del caso se amolda a esta exploración psicológica y actúa como una metáfora del itinerario interior que realiza Cohle. Es por eso que entiendo perfectamente el comentario del creador acerca de que no tiene el más mínimo interés en los asesinos en serie, porque todo esta parte es “incidental” como dicen en EEUU, esto es, una excusa, pero no gratuita, para ahondar en la gran paradoja y misterio de la existencia humana.

    Hay una escena que me parece brillante porque resume el tema principal de la narración: una vez se ha resuelto el asunto del asesino y Cohle se halla en el hospital, justo cuando muestran que se ha despertado del coma, el personaje aparece retratado como Jesús en el Calvario. Dura tan solo unos segundos, pero lo vemos de frente incorporado sobre la cama y con el pelo suelto (por primera vez desde que aparece con la melena), el sufrimiento reflejado en el rostro y “pretty beaten up”, de modo que la comparación surge en la mente de manera inmediata. De hecho, la similitud es demasiado inquietante como para ser casual.

    Durante toda la serie vemos a Rust como a la brújula moral de la historia, brújula muy poderosa además porque él se declara ateo convencido y tiene un pasado más que sospechoso, mientras que su compañero de batallas, Marty, es cristiano y padre de familia, pero engañador compulsivo y agresivo hasta el punto de la locura. Vemos así una verdadera paradoja entre la fe que profesan los protagonistas y sus acciones.

    De este modo, la diferencia esencial entre ambos personajes no se encuentra tanto en su background, carácter, o circunstancias personales como en su actitud, que afecta a sus decisiones y comportamiento. Ambos son pecadores, pero mientras Rust así lo reconoce, Marty se considera mejor de lo que es en realidad. De hecho, resolver el crimen es para el primero una especie de redención, aunque él mismo no sea del todo consciente de esto hasta el final. Esto se refleja en sus acciones: Rust es consciente en todo momento de sus fallos y limitaciones, de la fragilidad del ser humano; podemos decir que es el personaje más “self-aware” de su maldad, por otra parte inherente a todo ser humano. Lo vemos cuando rechaza a la prostituta que le ofrece favores, cuando decide cortar su relación con la novia porque sabe que es alguien tóxico, cuando echa de casa a la mujer de Marty después de saberse cómplice de una traición. Cohle conoce su maldad pero no la estima. La aborrece pero sabe que no puede luchar contra ella. Pero lo intenta. Y lo intenta, y lo intenta. Y lo hace sin saberlo del todo. De eso va la serie.

    Rust es el más sincero y el más íntegro de los personajes, porque para él hallar la verdad de lo ocurrido es una cuestión moral, personal, mientras que para el resto es otro trabajo más, otro deber que hay que cumplir y por el que no merece la pena desvelarse en exceso. Rust es así el verdadero héroe: es un “true detective”, “true” en este sentido más profundo de sinceridad: está dispuesto a sacrificar todo no solo por descubrir la verdad de lo ocurrido, sino por traer un poco de justicia a un mundo oscuro y sin esperanza. La gracia está en que nosotros, la audiencia, lo vemos, pero él no. Discurso y corazón corren paralelos. Debajo de toda su verborrea existencialista late un verdadero corazón esperanzado de que sus esfuerzos no serán en vano.

    Ya vemos en otras ocasiones que True Detective quiere mostrar la complejidad y la realidad del ser humano, de modo que no nos podemos fiar de lo que nos cuentan los personajes—piénsese en la famosa secuencia de lo que ocurrió en realidad con Reggie Ledoux. Si Rust de verdad fuera tan cínico como aparenta ser no se tomaría el caso tan a pecho, cantaría a pleno pulmón “Let it go” y se quedaría tan campante en su apartamento ahogándose en pensamientos acerca de la miseria humana y la vanidad de la existencia. Un hombre que no aprecia la vida no se pasa quince años tratando de vengarla. Y más por unas jovencitas que no conocía de nada. Pensaría la suerte que han tenido, en cierta manera, de que esta haya cesado y por tanto, el sufrimiento haya tocado su fin. Un verdadero existencialista es pasivo, porque la muerte, su regodeo obsesivo, es estática. Y Cohle es lo contrario de un personaje pasivo. De hecho, es él el que lleva adelante toda la investigación en sus múltiples “breakthroughs”, aunque el que se lleva toda la gloria es Marty.

    Vamos a detenernos un momento en este último asunto porque merece la pena y tiene que ver con lo que estamos hablando: ¿Por qué dice Marty que Rust le juzga? No es porque se crea superior, porque condene sus acciones desde un punto de vista moralista, porque le dé rabia que el otro se lleve el mérito. Es simplemente que le molesta su hipocresía. No es que sea intransigente con sus deslices extramatrimoniales, esto no es de su incumbencia y no está ahí para juzgarle, sino que siente frustración ante su doble moralidad: que predique una cosa y luego haga otra y además se justifique. El problema de Marty no es la infidelidad, el problema es que no ve la maldad de su acción. O más bien, no la quiere ver. Ahí se halla la cuestión, el porqué Rust lo saca de quicio: porque su mera presencia le obliga a quitarse la venda, a reconocer su fracaso como ser humano.

    ¿Qué pasa con la resolución de los crímenes? Es cierto que hay lagunas, que hay cuestiones que se quedan sin resolver, pero es que los detalles son lo de menos, pues el propósito no es construir un cuadro realista sino impresionista. Si te fijas con atención hay trazos borrosos y que no dicen nada, pero la impresión general cuando lo miras desde lejos es fantástica, porque el dibujo cobra un sentido inequívoco. El caso, que muestra hasta donde llega la degradación moral de un grupo que se denomina “cristiano”, sirve también para demostrar que la bondad, o el bien, no es un asunto de religión en el sentido de ritos, tradiciones o creencias, sino de acciones.

    Asimismo, el caso actúa como una metáfora del tema de la luz contra la oscuridad. No hay buenos y malos en un sentido determinista biológico: todos somos malos, esto es, falibles, pero a la vez, tenemos elección. Esto dice Rust cuando rescatan la vieja discusión que llevó a la ruptura de su amistad: “we all have a choice”. Y lo vuelve a decir cuando Marty le echa en cara que a uno no lo utilizan si no se deja: “we all have a choice”, es decir, “yo también tuve elección en este asunto y elegí lo incorrecto, asumo mi responsabilidad”.
    El asesino, un loco, que sí, estoy de acuerdo parece más un personaje de ficción que uno real, también la tuvo. Su infancia, su familia, todo su pasado fue “messed up”. Y eligió el camino de la venganza: ojo por ojo, diente por diente. Me lo hicieron a mí, y ahora lo hago yo, no solo a ti, sino a todos los “hijos e hijas de la tierra”. Rust también tuvo un pasado duro y perdió a su mujer y a su hija, y siguiendo la lógica del asesino, podría haberse dedicado a matar a todo hijo de vecino, para que así “experimenten mi sufrimiento”. O por lo menos podría haber ahogado sus penas en la bebida mientras esperaba la muerte. Pero no lo hace. De hecho, decide hacer lo que él considera correcto aguantando carros y carretas. Sigue adelante a pesar de los obstáculos y de no tener ninguna obligación más allá de su propia conciencia. No lo valoran en el trabajo aunque es el más competente, dedicado e inteligente, no tiene familiares ni amigos, lo acusan injustamente, lo suspenden sin razón, Marty le agrede en un gran acto de hipocresía y le retira su amistad, y sin embargo, no descansa hasta descubrir quién cometió esas barbaridades.

    Por eso volvemos a la imagen que describía al principio: Cohle es un mártir, un true detective, que en su largo y angosto recorrido: incomprendido y maltratado, se entrega en las manos de su asesino (y sí le vuela los sesos en el proceso, pero está dispuesto a caer en su lucha), y muere en la caverna para resucitar en un nuevo hombre. Por el gusto de aclarar no es que Rust sea un nuevo Jesucristo (recordemos que este no tuvo pecado y Rust sí, y de hecho, hemos visto como este es uno de los puntos principales de la serie) sino que se asemeja a él en muchos rasgos del carácter que va demostrando a lo largo de la serie.

    El final me parece satisfactorio porque durante todo el recorrido es él el que va quitando la venda a los demás (“soy el que menos necesita terapia de todos vosotros”, les dice, y yo digo “yes, sir”), pero al final es él el que tiene que quitarse la venda a sí mismo. ¿Qué descubre? Algo que ya sabía, en el fondo, desde hace tiempo: que la vida es valiosa, que merece la pena ser vivida, y que el amor es el único poder redentor que existe. ¿Suena muy cristiano, no? De ahí que al final Marty reconozca en Cohle un ejemplo: “Don’t ever change, man”. El desenlace es la última pieza del puzle para que la historia resulte redonda, completamente coherente. Marty reconoce que Cohle tiene razón, es decir, da un paso de humildad, mientras que Rust se cura definitivamente de su “sarampión adolescente”, por citar a Alberto en su descripción del existencialismo.

    Quizá la serie no es perfecta, encuentro resbalones y doy crédito a las objeciones presentadas por otros, pero a la postre, por lo menos para mí, el jarrón no está vacío sino que rebosa contenido.

    #22 de marzo de 2014 a las 0:18

  22. Maria, lo has clavado. Coincido contigo absolutamente.

    #22 de marzo de 2014 a las 10:14

  23. Para mí justamente el problema estuvo en el final: simple, algo previsible y sin esa sensación de malestar y soledad que rodea a toda la serie. El personaje de Rust me encantó, sobre todo por su discurso aunque sea tachado de pesimista (lo que yo llamo realista). Las divagaciones del personaje sobre religión a mí me han llegado al alma, no tanto la conversión final de Rust, aunque no le hayan dado claramente un toque religioso. Es como si se hubiese quedado en un “ahora creo en la ordenación del universo”. No sé, me despierta sentimientos contradictorios, y también mis capítulos favoritos fueron los primeros cinco, que no se me hicieron lentos tal como leí por ahí.
    Ya veremos qué nos trae la segunda temporada de True Detective, yo compro.

    #7 de abril de 2014 a las 19:42

  24. ¡Es estupenda! Es una serie fuera de serie, además las frases que ha tenido la primera temporada sin duda inmortalizaron la historia. En la nueva etapa se ve que se va a poner bueno.

    #4 de julio de 2015 a las 1:43

  25. Mi segunda serie favorita después de Braking Bad, es excelente la segunda temporada ya la podemos ver por HBO http://www.hbomax.tv/true-detective-2, y ha superado las expectativas que me había hecho al ver los spoilers, es genial

    #15 de julio de 2015 a las 22:32

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