23 de diciembre de 2011. Archivado en Black Mirror. Comentarios: 7 Comentarios

Black Mirror: cuando el medio es el masaje

Soy adicto al zumo de tomate y a Spiked Online, una web de ensayos políticos, sociales y culturales. Gimnasia intelectual de primera, recomendable para ejercitar la disidencia. Una página guerrera, afilada, cuya misión es contrarrestar las muchas falacias asentadas en lo políticamente correcto y esa ideología dominante que tan poco humanista resulta en demasiadas ocasiones. Ahí escribe el siempre sugerente David Bowden sobre ficción televisiva y ahí me picó la curiosidad sobre Black Mirror, lo último del agitado Channel 4 británico (después Alberto, Molti y Raúl multiplicaron mi interés).

Imagen de previsualización de YouTube

The Twilight Zone en la era de Facebook”. Así presentaba Black Mirror su creador, el escritor, guionista y crítico cultural Charlie Brooker. En España suena el nombre por Dead Set, donde ya jugaba a la parábola sociológica: un ataque zombie acababa con toda la humanidad, excepto con los habitantes de la casa de Gran Hermano. Como reseñan en Den of Geek, esta nueva trilogía de Brooker compendia toda su carrera: el enfadado comentario mediático y artístico de sus columnas del Guardian, el patetismo cultural subyacente en la sitcom Nathan Barley o el trabajo entre bastidores de sus programas metatelevisivos: You Have Been Watching y 10 O’Clock Live. En Black Mirror oscurece la pantalla para molestarnos con un reflejo negro, donde la influencia de la tecnología adquiere tintes trágicos.

Pero ahí es donde Black Mirror flaquea. Su mensaje ideológico, alarmista, resulta excesivo y fácilmente reversible. La tecnología nos ha abierto muchísimas puertas y es fuente continua de progreso. ¿Que tiene riesgos? Claro. ¿Que puede despersonalizar? Sí, puede. Pero, en general, las tecnologías son bastante neutras y, ante los discursos catastrofistas, no hay más que oponer el sentido común: Facebook no aísla, simplemente genera una nueva forma de socialización; Internet aliena solo a los que se dejan alienar; las pantallas táctiles no sustituirán jamás el contacto físico y, por mucho que se empeñen, una fotografía en HD de un plato de lentejas nunca se podrá comer. Hay locos, enfermos y adictos en cualquier red social, pero no toda red social genera patologías per se. De hecho, desde hace siglos se vienen repitiendo estos discursos pesimistas, pero la sociedad ha seguido progresando y las profecías, con el tiempo, han resultado vergonzosas, cuando no absurdas.

Charlie Brooker es un tipo listo y, por eso, envuelve todas sus críticas con el celofán de la sátira política y social. Si desde una perspectiva ideológica sus miedos se antojan tópicos (e infundados), desde el punto de vista artístico Black Mirror ofrece una serie absorbente, entretenida y muy original. Recomendable cien por cien. Capaz de combinar la patada en los huevos con el beso de tornillo. Ja.

Dividida en tres episodios independientes, la propuesta nos presenta un presente ligeramente distópico, plausible desde el punto de vista tecnológico. Esto es: que se basa en la aplicación extensiva de artilugios, herramientas y ténicas que hoy ya son populares. Así, el primer capítulo, “The National Anthem”, edifica una trama condicionada por Youtube, Facebook y Twitter. El segundo, “15 Million Merits” -el único de cierta estética kubrickiana, futurista-, se ambienta en los entornos del Ipad, la Wii y la Kinnect, dando de paso una colleja a la telerrealidad. El último, “The Entire History of You”, remite a la obsesión, tan japonesita, por grabarlo todo: el mapa borgiano escala 1:1 en versión íntima y audiovisual.

Los tres son tristísimos.

1..1 “The National Anthem”

(A partir de aquí, espoilers). Éste es el de la patada en los huevos. Recuerden, para obtener una comparación del dilema ético, lo que pasó aquí con Miguel Ángel Blanco y el intento de chantaje de ETA al gobierno de Aznar. La primera secuencia suelta una bomba -el intercambio princesa/sexo porcino- y, después, a la trama le basta con sentarse a mirar cómo crece la bola de nieve. El capítulo le pega un revolcón perverso a The Thick of It (que, a su vez, era una respuesta british a El ala oeste): la comedia -y la premisa es tan macabra como cómica- va metiéndose en un callejón sin salida donde las bambalinas del poder se ahogan ante la marea humana que ha roto todos los diques informativos en twitter, Youtube y demás redes sociales. La democracia y sus mecanismos han quedado ahogados ante el “grito del pueblo” y ni siquiera el periodismo tradicional se libra de la corruptela. “¿Y ahora qué? ¿Qué dice el manual?”, pregunta aterrado el Primer Ministro. “Esto es territorio virgen, Primer Ministro. No hay manual”, le responde su asesora. Solo queda dejarse llevar en un entorno donde la democracia ha quedado sustituida por el trending topic. El pánico mediático va a las urnas. La solución es tan evidente como desoladora: el Premier accede al chantaje para no perder popularidad, el pueblo pasa a otra cosa mariposa y la esposa, ay, aguantá el paripé vomitando cada noche su asco.

Algunos apuntes más sobre “The National Anthem”:

-La perversidad de Brooker está en convertir todo el sarao en un puñetero happening, una diabólica ejecución artística. Figuras de éstos hay muchos en el arte contemporáneo. Recomiendo leer una novelita excepcional, de hace 10 ó 12 años: La cabeza de plástico, de Ignacio Vidal-Folch. Trata de estos chantajes pseudoartísticos… y de todos aquellos que los aplauden.

-En cada capítulo siempre hay un par de detalles de trama muy discutibles. Aquí hay dos: esa periodista sin escrúpulos que se cuela entre un cordón de militares armados hasta los dientes y, sobre todo, lo del dichoso dedito seccionado. ¿De verdad que los servicios de inteligencia no son capaces de notar la diferencia entre el grácil dedo de una princesa y el índice del asesino?

-No se despeña por la ladera de la parodia gracias a los actores, en especial al sensacional protagonista Rory Kinnear, un tipo formado en la Royal Shakespeare Company. Su cara de incredulidad, de títere, de agobio, de impotencia, de asco. Su cara. Punto.

-No tiene nada de futurista ni de dimensión desconocida. Este episodio parece, de hecho, un capítulo de Spooks (algún día hablaré, por fin, de este drama de espionaje británico).

1.2. “15 Million Merits”

El más ambicioso estéticamente, también resulta el más aburrido de los tres. La premisa de esta fábula remite a clásicos de la ciencia ficción distópica como el 1984 de Orwell o el Un mundo feliz de Huxley. Hay gregarismo, neolengua, control social absoluto y un ambiente aséptico y reluciente, que, sin embargo, esconde una monstruosidad totalitaria.

La cotidianidad en un cubículo así es un coñazo, por lo que el ritmo del capítulo se contagia: es lento. También los grafismos quedan algo rudimentarios. Aún así, el episodio funciona como pesadilla futurista donde enmarcar una historia de amor imposible. Hasta en eso son pesimistas los creadores, puesto que ya vemos cómo acaba todo: no hay redención y la rebeldía se domestica -y se recicla en espectáculo de masas- a golpe de click.

El hecho de no aportar explicaciones ni contexto de cómo se ha llegado a esa situación es un acierto: basta con detalles como que la energía del mundo se fabrica en bicis como ésas. El resto, que cada espectador rellene su línea de puntos (catástrofe ecológica o nuclear, debacle política, dictadura tecnológica, etc.). La explicitud, cuando no es imprescindible, mata la curiosidad.

Una última idea: la sátira de la telerrealidad musical (en este caso, de The X Factor) queda tan gruesa que no merece la pena tomársela como una crítica ideológica. Eso sí, sirvió para un registro inédito en Rupert Everett (ejerciendo de Simon Cowell), un actor al que le tenía completamente perdida la pista.

1.3. “The Entire History of You”

Ha sido el capítulo menos apreciado por la crítica y, sin embargo, yo le vi muchísimas cosas interesantes. El entronque con la ciencia ficción era, en este caso, primo segundo de Minority Report y de otros relatos de Philip K. Dick (como el delicioso “Podemos recordarlo por usted al por mayor”, germen de Desafío total). El “grain”, ese chip implantado que te permite grabar toda tu vida, se le podría haber ocurrido al novelista estadounidense sin ningún problema.

También revoloteaba por aquí el referente de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (¡Olvídate de mí! fue su horrible traducción). De hecho, “The Entire History of You” traza el viaje inverso al realizado por Gondry en aquella onírica fantasía interpretada por Jim Carrey y Kate Winslet. Aquí es la búsqueda exhaustiva, enfermiza, de los recuerdos. El grain es el sueño de cualquier adicto a la melancolía: vivir la vida para revivirla y darle a la moviola una y otra vez, una y otra vez, escrutando detalles, cerrando el foco, releyendo el yo. Por eso, la escena más turbadora no es la de unos amigos que reviven una conversación o la de un tipo que le da vueltas a su reciente entrevista de trabajo, sino la de un matrimonio que, en la cama, se excita con su propio pasado juntos. ¡Demoledor! Vivir la vida con retrovisor.

Al final, este capítulo es un culebrón emocional con una intriga donde las sospechas pueden ser verificadas. Simplemente. Sin embargo, el giro interesante es, otra vez más, que el paranoico tenía razón. Los celos masculinos (que algún psicólogo ha definido como “el miedo a que tus hijos sean de otro”) se topan con la amarga realidad: tus hijos son de otro. Los celos retroactivos están mostrados de manera magistral, como un descenso a los infiernos donde la razón deja paso a la obsesión incontrolada y autodestructiva.

Estúpido. Lo has logrado. Ya lo sabes. Tu locura ha obtenido el premio. El coste ha sido alto. La verdad ha emergido. ¿Mereció la pena? No, por supuesto que no. Ahora te arrepientes, pero no puedes, no sabes olvidar. Tenías que haber leído antes este poema de Borges para recordar que la memoria está hecha, precisamente, de olvido.

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7 Comentarios

  1. Alberto, gracias por enlazarme

    Coincido contigo en que el segundo es el más flojo.

    Respecto a Spooks, voy por la 8ª temporada. Es una serie fabulosa. Acción de calidad, inteligente

    #23 de diciembre de 2011 a las 18:26

  2. Me vi los tres anoche de un tirón.
    El primero me pareció altamente perturbador, por lo absurdo de la situación. El segundo, me recordó estéticamente al inicio de La Isla y si, es el más lento. Y del tercero, entiendo la necesidad de saber la verdad, aunque con ello solo consigas la autodestrucción.
    Por otro lado, en las series británicas siempre es agradable reconocer a los actores de Downton Abbey, Doctor Who, Strike Back, Sirens…

    #23 de diciembre de 2011 a las 19:36

  3. Estoy contigo, Alberto, y con Raúl, el segundo me parece el más flojo de los tres. Mientras veía el primero, también recordé el chantaje de ETA en el secuestro de Miguel Ángel Blanco. Muy bien traído. Por eso quizás se me hace casi imposible pensar que la población fuera capaz de obligar de semejante manera a un primer ministro a ceder ante el chantaje terrorista.

    El tercero me parece sensacional. Los celos son, como dices, una paranoia, normalmente sin fundamento y capaces de destrozarte la vida. Él no es celoso por naturaleza, pero se da cuenta de que su mujer le ha mentido y junto a la posibilidad que tiene de recuperar cada recuerdo de cada instante, se le va de las manos… hasta descubrir que tiene razón.

    #28 de diciembre de 2011 a las 3:21

  4. He tenido la oportunidad de encontrar esta serie por internet, me encuentro en México, y hasta el momento he visto solo los dos primeros capitulos, los cuales me han dejado un grato momento. National Anthem refleja un poco lo que hasta cierto punto todos los que habitamos este planeta vemos suceder por ejemplo con el movimiento de ocupación, cuantos no quisieran vengarse de esta forma revolucion-artística de muchos de quienes gobiernan los diferentes países, pero también señala el paple que hoy juegan las redes sociales y las encuestas de opinión para quienes están al frente de un mandato. y difiero en cierto modo sobre que no es una dimensión desconocida, creo que eso no sucedería en este planeta.

    Por otra parte 15 Million Merits nos lleva a través de un escenario orwelliano a entender primero, que el amor es algo que se quedó tirado atrás y donde importa la fama rápida y e dinero y todo lo demás pasa a segundo plano, inclusive la rebelión contra lo establecido puede comprarse, demostrándonos que todo y todos tienen o tenemos nuestro precio, volviendo cds, dvds e ideologías en simples materiales intercambiables “es esto o la bici”

    #29 de diciembre de 2011 a las 11:50

  5. Para mi el mejor es el tercero, más allá de lo soprendente e impactante de la premisa de partida del primer capítulo. Creo que el tercero es el que mejor transmite el mensaje de cómo las nuevas tecnologías pueden potenciar el lado más oscuro del ser humano. Obviamente las nuevas tecnologías no son más que herramientas, ni buenas ni malas en sí mismas. Es el hombre el que se encuentra con tecnologías que avanzan a una velocidad muy superior a su capacidad para asimilarlas, especialmente desde el punto de vista moral.

    También me parecieron interesantes las referencias constantes a “La naranja mecánica”, no solo las evidentes desde el punto de vista estético, sino las éticas, lo que también viene a demostrar que esto ya pasaba antes de que exisitiera internet y el iPad. Y la escena de la pareja en la cama reviviendo anteriores polvos me pareció de lo más desasosegante que he visto últimamente.

    Enhorabuena por el blog, me parece de lo mejorcito que se puede leer en castellano sobre series en internet.

    #11 de enero de 2012 a las 12:06

  6. Fantástico texto sobre la serie Alberto. Hace poco la he visto y también he escrito un artículo sobre ella en mi blog. Quedó enlazado, pingback, por que cito este al final, ya que me sirvió de referencia. Espero tengas un rato y lo leas. Un saludo y gracias!

    #27 de abril de 2012 a las 16:21

  7. Muchas gracias por la reseña.

    Soy de los pesimistas: no creo que haya tecnología neutral.

    Por dos razones. La experiencia demuestra que la tecnología transforma el mundo y a las personas. Además, la idea de “neutralidad” me parece borrosa. Hasta aquí lo pedante. Espero.

    He disfrutado mucho todo Black Mirror. Los tres episodios. Tiene críticas muy acertadas; por ejemplo, me parece brillante que el cristal con que el protagonista de “15 Million Merits” casi se suicida acabe siendo un objeto de consumo más.

    Vamos, que la recomiendo tanto por ideas como por ejecución.

    #3 de marzo de 2013 a las 17:29

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