Diario de un bicigrino (día 7)

Viernes 10 de octubre. Empezamos la última etapa desde Melide, donde pasamos la noche en un albergue que parecía sacado de una peli de miedo de los años 6o. A la salida paramos en otro de los hitos del Camino Francés: la iglesia románica de Santa María, joya del siglo XII con frescos góticos en su cabecera. Al pasar el punto que indica 50 km para Santiago, comienza esa extraña contradicción que me acompañará toda la etapa: emoción al estar cerca del objetivo y cierta pena por acabar el Camino.

El perfil rompe piernas impide coger el ritmo y rodamos con dificultad pero se compensa con el precioso paisaje repleto de frondosos bosques de eucaliptos. Sale el sol y al colarse entre las ramas deja bonitas estampas con contraluces y sombras. Mi compañero José comienza a sufrir por las molestias de su rodilla. Ni el ibuprofeno ni el fisiocrem consiguen calmar su dolor y en las subidas lo pasa mal. Si no fuera la última etapa no hubiese podido llegar. En medio del bosque, junto a un arroyo encontramos al atleta paraolímpico y viajero Ionut Preda, quien compite y viaja con su pierna derecha amputada encabezando acciones solidarias. Paramos en la parroquia de Santiago de Boente en Arzúa, donde sumamos un nuevo sello en la credencial donde ya quedan pocos espacios libres. Sigue el trazado de toboganes con subidas fuertes, alguna con más de 2 km, y ya seguimos por pistas asfaltadas entre viviendas unifamiliares. Acercándonos a Santiago, solo queda el ascenso al Monte Do Gozo, última parada para disfrutar con sus vistas y contemplar el monumento a Juan Pablo II.

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Ya entramos en la ciudad, y me vienen los recuerdos de ese último tramo que ya hice a pie justo ese mismo fin de semana de El Pilar hace 6 años. Callejeando se llega a la Plaza del Obradoiro y con los ojos llorosos a punto de derramar alguna lágrima nos paramos frente a la Catedral. Fotos, abrazos, encuentros con otros peregrinos y hasta con el presidente de la Xunta y el alcalde de la ciudad. Indescriptible sensación.

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Con ganas de obtener la Compostela nos dirigimos a la oficina del peregrino. Conseguimos dos, la tradicional compostelana que se recibe en esa oficina y la franciscana, llamada la Cotolaya y que emiten en la cercana iglesia de los franciscanos, por ser 2014 el año conmemorativo de los 800 años de la peregrinación de San Francisco de Asís.

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A las 19:30 participamos en la misa del peregrino y admiramos el Botafumeiro en la catedral. Penitencia, comunión y abrazo al apóstol. En el entorno de la Catedral y en Rúa do Franco nos encontramos con varios bicigrinos que hemos conocido a lo largo de la ruta jacobea: los sevillanos, el gerundense Marc, el burgalés Ángel Juan, la chica de Salamanca y a José, un señor de Barcelona que en 58 días ha completado el Camino desde Roma con la compañía de su mujer en un coche de apoyo y que nos hemos ido cruzando desde la primera etapa en Castrojeriz. Oímos que Rosario, la argentina que iba con su bici plegable, había llegado a Finisterre. Increíble. Para terminar también cumplimos con la tradición de acabar el día con una mariscada. ¡Nos lo habíamos ganado!

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Reto superado, el primero de este otoño, experiencia inolvidable y con la compañía tan especial de José. Ya estamos preparando para 2015 el viaje desde Roncesvalles hasta Burgos. Aquí os lo contaré.

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7ª etapa del Camino de Santiago: 54,84 km en 4 horas y 34 minutos. Más detalles según app Runtastic en: https://www.runtastic.com/es/usuarios/Samuel-Casado/sesiones-deportivas/330449952

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Nota 1: He intentado compartir muchas de las vivencias de estos siete días pero la magia y mística del Camino son indescriptibles. Hay que vivirlo. Y también me he guardado alguna experiencia y sentimiento tan personal que, perdón por mi egoísmo, pero prefiero quedarme.
Nota 2: La riqueza cultural, artística y social del Camino de Santiago es brutal. Al ir en bici hemos parado durante largos ratos en lugares que nos gustaban o en los conocidos hitos de la ruta. No hemos hecho una competición, hemos querido disfrutar de cada rincón y de cada instante. Creo que para competir hay muchas carreras y marchas deportivas, y por eso al ver a algunos bicigrinos que hacían etapas de 120 km sin apenas parar, no entendía su motivación, pero cada uno tiene sus razones. Y son tan respetables como las mías.
Nota 3: Ahora que hemos terminado podemos dar gracias porque no hemos sufrido ni caídas, ni enfermedades ni averías. Algún susto con la lluvia y el viento pero sin llegar al suelo, un par de salidas de cadena y los habituales dolores de piernas y trasero son todas nuestras incidencias en siete días, además de esa tendinitis que el último día afectó a José.

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Fui becario antes que empresario. Enredado en lo virtual y enredando en la vida real.