La vuelta al cole

Samir (8 años, Homs) desfila cabizbajo entre las vías del tren. Aunque lleva la mochila sobre los hombros hoy no irá a clase. Está perdido en algún país que no conoce lejos del suyo. Hace semanas que salió de su casa, y meses que desapareció el cole. Bajo su brazo izquierdo aprieta una manta arrebujada que será su cobijo esta noche. A ratos salta de traviesa en traviesa mientras se entretiene en su avance hasta la siguiente frontera que no podrá pasar, el siguiente policía enfadado, la siguiente mirada furtiva. Se acuerda de sus amigos del patio y sonríe tristemente. Su asignatura ahora mismo es sobrevivir.

Sentada en su cama Susan (10 años, Tristán de Ulloa) mira la bolsa de la escuela colgada de la silla del escritorio de su habitación. Vive en la isla habitada más remota del mundo y aunque lo tiene todo preparado desde hace días para volver a su aula, no podrá sentarse en el pupitre porque no tiene quien la enseñe. A más de dos mil kilómetros del siguiente lugar poblado del planeta, y con siete días de navegación por barco para llegar hasta allí, nadie quiere ser profesor en su pueblo. Veintidós niños más con ella esperan algún maestro explorador. La aventura de aprender tiene que esperar este curso.

Los ruedines de la flamante mochila Star Wars de Hugo (9 años, Burgos) repiquetean al girar sobre las simétricas baldosas de la calle Vitoria. Camina hacia el colegio de la mano de su madre ajeno a toda preocupación que no sea el partido del recreo. Ignora que inaugura este año el enésimo plan educativo que hipoteca su porvenir y pone en riesgo el de todos. Hasta que no sea demasiado tarde para él, no se dará cuenta de que su país lleva décadas tirando el futuro de generaciones al tratar la educación como una herramienta de marketing político. Otros niños en el mundo llevan mochilas más pesadas que la suya cargadas de barbarie y olvido, pero él no será capaz de cambiar sus destinos cuando sea mayor porque los que deben mandar no alcanzan a entender que su formación es la salvación y, con eso, no se juega.

Publicado en la edición impresa de Diario de Burgos el 18 de septiembre de 2015

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