El modelo de negocio de los museos

 

De una manera muy básica, el modelo de negocio de una empresa es la manera por la que ésta buscar generar ingresos y beneficios. Conceptos, estos últimos, tratados por el mundo de la cultura en general, y  por el de los museos en particular, de forma banal cuando el factor económico no era un problema. El dinero entraba y salía pero pocas veces importaba cuánto quedaba. Resultaba irrelevante si el balance cuadraba al final del ejercicio cuando la partida estaba garantizada, en el mayor número de casos, por la administración, demasiado ocupada en otros menesteres como para pedir cuentas. El beneficio indirecto justificaba lo que faltaba.

 

Pero cuando se cerró el grifo, muchos proyectos museísticos, los que no fueron capaces de generar patrones autosostenibles, se vieron con el bastidor al aire, y sin margen de maniobra. La tijera llegó casi hasta el lienzo y se sucedieron las reducciones, las supresiones de servicios, los recortes de horarios, y para los más atrasados de la clase, los cierres.

 

Y a lo mejor, tanto bastidor caído no nos deja ver las posibilidades de negocio que puede ofrecer un museo, de la índole que sea, simplemente haciendo un repaso a vuelapluma por sus activos.

 

Un museo cuenta con infraestructuras ya creadas, en muchos casos, frutos de la “arquitecturitis” que ha sufrido la cultura en la última década en la que se ha impuesto el inaugurar a toda costa proyectos construidos a la manera de los santos vestideros del siglo XVII, todo vestido y debajo nada. Aprovechar las dotaciones para fines extramuseísticos es una importante fuente de financiación. El museo, es museo desde que abre sus puertas hasta que las cierra, después puede ser el escenario de un spot publicitario, el marco de un reportaje de boda, el espacio donde se desarrolle un evento, o el lugar donde una marca presenta una campaña. Eso sí, para atraer marcas y particulares, es decir, clientes, hace falta una figura en la que nunca se ha reparado en el organigrama técnico de estos proyectos: un comercial.

 

Se impone buscar vías de recaudación alternativas a la captación por entradas, primero porque la crisis económica también afecta al turismo cultural, y segundo porque una doble o triple vía de negocio paralela a la recaudación por visitar el museo, permite jugar con las colaboraciones a la hora de rebajar el importe de la entrada para implementarla en un proyecto más grande. Así, un museo pequeño puedes aprovechar el flujo de visitantes de un museo más grande si regala su entrada al visitar este segundo. El pequeño ganará en visibilidad y visitantes, y puede compensar la perdida de la entrada con la tienda del museo, un segundo modelo de negocio; mientras, el museo grande, gana en prestigio y fidelización de sus visitantes al colaborar con una entidad afín, y lo más importante al  ofrecer más por el mismo precio.

 

Bajo esta premisa, el merchandising y la oferta gastronómica deben ser dos proyectos obligatorios y paralelos al propio proyecto museístico desde su nacimiento, y programarse coordinadamente con la línea estratégica que se le imponga a la colección. Muchos han visto ya en cafeterías y restaurantes una manera de captar recursos independientes al propio museo. Se puede externalizar y obtener una renta anual o gestionarlo personalmente y hacer coincidir plan expositivo con cartas de temporada. Es el modelo IKEA, comes, compras pilas y dejas a los niños en la zona lúdica, y ya de paso te venden un sofá mientras se hacen los suecos.

 

Y no nos podemos olvidar de la financiación privada de patrocinadores o mecenas. Entidades que buscan un rendimiento publicitario, cubrir su responsabilidad social corporativa o conseguir una imagen de marca positiva patrocinando un proyecto cultural. Lo ideal sería provocar una concordancia que beneficien a las dos partes creando proyectos conjuntos, de manera que al museo le complete su programación y a la empresa patrocinadora le den un beneficio en forma de visibilidad: las famosas sinergias. A la espera de una ley de mecenazgo que nunca llega, y mirando con envidia los modelos americanos, franceses o ingleses, si el patrocinio económico supone algún impedimento fiscal, siempre existe la posibilidad de hacerlo en especie, del trueque salimos y al trueque volvemos. Aquí la diversificación del negocio también es clave, cuantas más posibilidades de amortizar su inversión le des a un posible mecenas, mayores serán las posibilidades de éxitos.

 

La financiación de los museos ha cambiado, y solo los que sean capaces de utilizar sus recursos para autofinanciarse se convertirán en pájaros, el resto dejará de recuerdo una polvorienta icnita.

 

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