Invictus: intento de cine épico a partir de un ensayo

- Al tratarse de un análisis de guión , se presupone que todos los lectores conocen la historia o han visto la película-

 

La película Invictus, dirigida por Clint Eastwood en 2009, nos traslada a Sudáfrica a mediados de la década de los 90. Entramos como espectadores al resultado del fin del apartheid. La nación se encuentra en una situación sin igual: una encrucijada histórica sin precedentes, con gran esperanza por el futuro pero cargado de tensión por el cruel pasado racista de un país considerado “desarrollado”. En este contexto, la figura de Nelson Mandela es indiscutible e intocable como líder. Luego tenemos el Mundial de Rugby de 1995, que se narra en el filme de la forma más veraz posible. El Mundial fue una de las herramientas con las que el nuevo presidente Mandela trató de integrar las aspiraciones de reconciliación de la minoría blanca dominante y los negros (que son nada menos que el 85% restante de la población).

 

¿De qué temas tratamos y cómo? ¿Es un biopic de Mandela, de la selección de Rugby, del capitán de la misma, del pueblo sudafricano? Más bien un película histórica, película de superación deportiva que toca temas complicados en un contexto bastante tabú: racismo, posibilidad de conflicto y genocidio… con tintes de biopic. Pero sin olvidarnos del perdón, de la adaptación a los cambios y la superación. Un film muy radiante, demasiado optimista que busca la complicidad fácil con el espectador. Y esa complicidad se torna difícil al final de la película, ya que uno nota que al precioso puzzle de un equipo mediocre impulsado por un líder como Mandela le hace falta algo más. Ya que todo discurre demasiado bonito, lineal y sin conflicto aparente.

De algún modo el espectador medio no consigue conectar con la historia. No podemos olvidar que es un guión adaptado a un ensayo magnífico del británico John Carlin sobre la situación de Sudáfrica en aquel momento. El libro  titulado  “El factor humano” inspiró el guión y le da ciertos sesgos de documental a la película. Me explico: es necesario hacer explícito el marco histórico de la misma en multitud de ocasiones al espectador.

Y eso suele cansar. Esto se percibe en multitud de diálogos y situaciones que  sobran desde el punto de vista de la trama, ya que no aportan nada al relato. Afirmaciones como cuando el padre de François Pienaar recuerda que es posible que el nuevo gobierno haga con los blancos lo mismo que pasó en Angola, Mozambique u otras colonias europeas de África o la escena de la misionera calvinista blanca, bastante irreal, ya que a uno se le escapa que la abnegada religiosa desconozca el contexto racial y lo que

significaba la camiseta de los Springboks para la parte negra de la población.

También decir que la mayoría de los diálogos tienen un tono grandilocuente y vacío, que rozan lo artificial, por las razones antes mencionadas y por la búsqueda sin cesar de un tono épico para esta película.

 

Son cuestiones del guión ponen al descubierto la pretensión de explicárselo todo al espectador, ya que de otra manera, se puede perder.  Da la impresión que el guión es dirigista. Es necesario explicar el contexto y hay buenos ejemplos, como la sesión de entrenamiento con los niños negros, pero que también sirve de excusa para recalcar las diferencias y la desconexión de la mayoría de la población con un deporte de blancos. ( la llegada de Chester, el único jugador de color en la selección es lo que consigue la empatía de los niños al principio de esa escena, demasiado obvio).

Las interpretaciones ayudan a este dirigismo, ya que vemos unos personajes arquetípicos sin remedio ( aunque con una muy buena interpretación por parte de los dos protagonistas). Mandela a veces roza la caricatura en manos de Freeman, tratando de dar ese toque épico e inmortal al personaje. Y Matt Damon como capitán de la selección parece recobrar la fe en su rebaño de jugadores gracias al impulso del primero.

 

En cuanto a las tramas de Invictus, decir que resaltan el carácter dirigista y perfectamente milimetrado del ritmo de la película. Tenemos dos historias principales, inseparables: el cambio de la sociedad sudafricana con Mandela al frente del ejecutivo y por otro el Mundial de Rugby y de los Springboks, un equipo que llega a alzarse con la Copa del Mundo contra todo pronóstico.  Orbitando junto a estas dos tramas tenemos otras muchas tramas secundarias que terminan maravillosamente bien: la familia destrozada de Mandela por su sacrificio político, que terminan comprendiendo el ideal del padre, la relación entre blancos y negros en diferentes estratos de la sociedad: los guardaespaldas multirraciales del presidente, la asistenta de los Pineaar y la familia afrikáner del capitán… Todas las subtramas tratan de justificar y dar brillo a las acciones de los protagonistas.

 

Todo este dirigismo del film, tanto de sus tramas, como de los diálogos y hasta sus personajes, le dan un tono algo sombrío a una película que pretende ser muy épica (y que en parte consigue gracias a una banda sonora efectiva  y una dirección artística y de fotografía muy bien llevadas) pero falla a la hora de conectar con el espectador.

 

 

Quizá un mayor esfuerzo al construir el guión ( no de manera tan lineal, ya que no me creo que en seis meses a todo el país le encantase el rugby o al engrandecer a los personajes de manera artificial) hubieran ayudado al espectador a meterse más en una historia de la Historia que terminó –aparentemente- llevando a la reconciliación a un país.

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