De Oscars y Miserables

El (bendito) trabajo y el bombardeo de películas pre-Oscars (y Goyas) hacen que a uno se le acumule el trabajo. A falta de ver mañana sin falta Django, me queda en la recámara Zero Dark Thirty, Bestias del sur salvaje (¿oportunidad real o negocio indie?), Lincoln de Spielberg (o “Soy Daniel Day-Lewis y quiero un merecido Oscar”), Amor…  No se puede abarcar todo. Sin embargo, la que vi “como Dios manda” ha sido Los miserables, os dejo la crítica.

 

Cuando Hollywood quiere sabe meter mano a lo grande a todo tipo de género. Llevan haciéndolo desde siempre y con Les Miserables lo han hecho muy bien. No podemos confundirnos, el género musical es complejo, pero si sabes lo que quieres plasmar y tu película es un reflejo total de uno de los mejores musicales de la historia, es difícil que te salga una mala producción. A esto súmale un reparto de lujo que además, sabe cantar. Antes de seguir leyendo, tened en cuenta mi pasión por este género y la sorpresa inesperada que me encontré al acudir al cine.

La historia de Jean Valjean, el miserable cuya dignidad se eleva en una Francia convulsa donde parecía que la revolución había muerto. La historia de una huérfana, Cosette y de un intento de revolución liderado por un joven demasiado burgués para sangrar, Marius. Una historia con cuajo y trascendencia basados en las canciones del musical, un vestuario español (además, sacado de Cornejo), y un arranque sobrecogedor.

He escuchado todo tipo de críticas a Tom Hooper, el director, por su uso de la cámara en esta película… pero eso es , a mi juicio, lo de menos. Lo brutal de esta película es el increíble despliegue vocal de los protagonistas y del casting al que fueron sometidos, la capacidad de transmitir de la música más allá de lo cabaretero del guion, que adolece de ser plano. Pero estamos viendo un musical, reglas distintas y funciona. No hay que olvidar que nos basamos en un clásico, y los clásicos funcionan por algo.

Imaginad a Lobezno, Catwoman (la de Batman) y a Gladiator cantando en una novela de Victor Hugo, a la parejita ideal de Amanda Seyfried y Eddie Redmayne sumadle a Helena Bonham Carter y a Sacha Baron Cohem como guinda de taberneros codiciosos y malvados. Metedles en un carísimo decorado y ponedles a cantar canciones que funcionan y ya habíamos oído alguna vez. Dejaros transportar.

La única pega que he podido ver es la dificultad de hilar bien ciertas partes de la película, lo más complejo de adaptar musicales con tanta magnitud seguramente sea esto. Aun así, Les Miserables deja a Chicago, Moulin Rouge, Mamma Mia, Hairspray y todos los musicales de los últimos años a la altura de obras menores de patio escolar. Les Miserables es la mejor adaptación que recuerdo a la gran pantalla de un género tan arriesgado como el musical, un punto de inflexión a la hora de futuras adaptaciones. ¡Ah! Y también me he reconciliado con Anne Hathaway como actríz…

Si os gusta el musical, no podéis perdérosla. Bajo ningún concepto. Si se os hace larga, quizá el musical no sea vuestro género.

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NOTA: 4,5/5

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