Hugo también es Scorsese

Corre el año 1931. París ha renacido de sus cenizas tras la I Guerra Mundial. Hugo Cabret (Asa Butterfield), un niño huérfano, vive cual fantasma en la estación de Montparnasse tratando de reparar un autómata plateado, lo último que le queda de su padre (Jude Law). Para ello hace todo que tiene en su mano, incluso robar piezas al juguetero de la estación, un tal Georges Méliès (Ben Kingsley en todo su esplendor).

Mientras Hugo persigue su sueño, la estación parisina bulle contando las vidas de sus inquilinos, como Isabelle, la ahijada de Méliès que endulzará la vida de nuestro protagonista, pero también músicos famosos, kiosqueros enamorados, libreros con mucha clase (Christopher Lee), floristas coquetas (Emily Mortimer)  y el salvaje inspector de la estación (Sacha Baron Cohen), especialista en mandar niños al orfanato bajo cualquier pretexto.

Basada en el libro La invención de Hugo Cabret del escritor norteamericano Brian Selznick, aunque parece ( y también lo es) una fábula familiar con toques de Dickens o Zola… la película va mucho más lejos de todo ese mundillo parisino de pilluelos y croissants.

La historia de Hugo y su autómata es, a mi juicio, solo una excusa de Scorsese para homenajear a uno de los pioneros de la cinematografía, Georges Méliès: mago, actor, montador, productor y genio. Un desconocido a los ojos del gran público pero al que la ficción debe mucho. Un innovador caído en el olvido cuya figura se reivindica con fuerza en la película, ya que reivindicar a Méliès es reivindicar al cine en mayúsculas. Y cuando lo hace Scorsese ese homenaje no puede ser nada desdeñable, aunque vaya dentro de una película familiar.

También resulta paradójico que para homenajear a un innovador Martin Scorsese haya utilizado el 3D más vanguardista, pero con auténtica maestría ya que la profundidad de campo en la película es todo un prodigio. Como apunta el crítico cinematográfico Israel Arías “el 3D de Hugo no salta hacia el espectador, no lo apabulla ni invade su espacio, sino que consigue que se sienta plácidamente dentro de la historia, dentro de la estación, dentro de su reloj y, también, dentro del taller de Méliès”. Si sumamos la dirección artística convencional  y una  fotografía envidiable, combinado con la música de Howard Shore nos queda una película técnicamente perfecta. Y sus 11 nominaciones, incluyendo mejor película, lo avalan.

Si al entrar en la sala esperas encontrar al Scorsese de Shutter Island, Infiltrados Taxi Driver mejor que ni te lo plantees, si lo que quieres es descubrir el lado cinéfilo y tierno del italoamericano y no lo has hecho aún, esta es tu película. Nada mejor que el homenaje de un maestro a otro para que tus hijos aprendan cine.

La invención de Hugo no es ni  lo mejor ni lo peor de Scorsese: es una película familiar con mucha clase. Con homenaje incluido al arte más completo: el cine. Y solo por eso merece la pena verla.Podrá romper los registros previos del director pero para nada su compromiso con el cine en mayúsculas. Es la afirmación clara de que un buen realizador puede moverse en todos los registros: desde el cine de gánsters, al de época, hasta brillantes documentales… Para el que no lo sepa todavía Scorsese es mucho más que asesinos a la italiana.

NOTA: 4/5

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Por último,quisiera mostrar mi alegría por el triunfo de No habrá paz para los malvados en los Goya. Os dejo lo que a mi juicio fue lo mejor de la noche. No vamos a hablar del discurso del presidente de la Academia, Enrique González Macho por aquí.

¡Ah! Como todos ya sabéis mañana por la noche son los Oscar. Mucha suerte a Alberto Iglesias y Chico y Rita en sus categorías.Aunque tengo mis esperanzas puestas en el triunfo apabullante de The Artist ,otro gran homenaje al cine.

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