Los descendientes: circunstancias y decisiones

Incluso en el paraíso estamos limitados. Limitados por las circunstancias y definidos por nuestra elecciones. Y los personajes de Alexander Payne tienen mucho de esto. Matt King (George Clooney) tiene una mujer en coma, dos niñas déspotas a las que apenas conoce y su familia es propietaria del último pedazo de tierra virgen del archipiélago, ya que son descendientes de una princesa indígena. Casi nada. Están a punto de cerrar la venta del terreno (10.000 hectáreas de selva y costa), algo que  les hará muy ricos, cuando su mujer Elizabeth sufre un terrible accidente. Por si esto fuera poco Matt se entera de que le ha sido infiel…

¿ Y entonces que? Matt se encuentra en una encrucijada vital, de las que el director Alexander Payne es especialista. ¿Que hará Matt King ahora? ¿como afrontar la infidelidad de la mujer que amaba y su enfermedad? ¿ su trabajo le ha separado de su familia y ha provocado los cuernos de su postrada mujer? ¿afectará a la venta del terreno?

Capaz de convertir una tragedia familiar en una broma bien llevada, un capricho del destino pese que los protagonistas tratan de decidir en todo momento sus acciones, la maestría del director de A propósito de Schmidt y Entre copas se ve aquí: la contraposición del control del narrador sobre la situación y la verdad de la cámara. El narrador puede hablarnos de su verdad, pero la cámara nos dirá la verdad que vemos, a partir de ahí nosotros, espectadores,  juzgamos.

No es una tragicomedia cualquiera, es un ejercicio de cirujano cinematográfico que conoce muy bien su obra: las debilidades de sus personajes y su ambiente. Encontramos otra de las genialidades del director en la construcción de los personajes, de dentro a fuera, consistentes y necesarios (hasta el amigo de las niñas tiene un trasfondo intenso). Nos damos cuenta cada minuto que pasa de la torpeza de Matt King en sus decisiones y aciertos, en lo poco que conoce a sus hijas y lo mucho que puede perder o ganar.  Satírica y divertida sin tocar el mal gusto o el humor negro, Los descendientes avanza a ritmo de ukelele, fluida y sin muchos giros reseñables.

Junto con la que dicen que es la mejor actuación de George Clooney (que le ha merecido un Globo de Oro y una nominación al Oscar) tenemos que hacer una mención acerca de la magistral interpretación de las hijas de Matt: la mayor Alexandra  (Shailene Woodley) que pasa sus dulces 17 entre cogorzas y mal carácter, madura radicalmente ante una situación que la desborda, al igual que la precoz y deslenguada Scottie (Amara Miller) de 10 años, que madurará más deprisa de lo previsto.

Y todo ello con un envoltorio perfecto. Hawai, que nos muestra toda su belleza sin exóticas bailarinas ni cócteles con sombrillitas, con su día a día habitual, intentando pasar desapercibida pero fundamental en la trama. Un paraíso demasiado humano para lo que estamos acostumbrados a ver, pero sin perder su magia… El archipiélago es lo que da vida a la trama y su banda sonora, música celestial .

Circunstancias y decisiones. Los descendientes es una película familiar sobre eso. La recomposición de una familia desde prácticamente cero. Aunque basada en la novela homónima del hawaiano  Kaui Hart Hemmings, Payne produce, adapta y dirige una una historia de amor real, sin ningún tipo de freno o censura, divertida y dolorosa a la vez, auténtica comedia humana que trasciende y se convierte en universal (seas de Sevilla, Arkansas o Tokio).

Los descendientes es una de las grandes apuestas del año por parte de un Hollywood sin muchas ideas, una de las mejores películas en cartelera a día de hoy, tanto a nivel de actuación , como de fotografía, música y guión… Sus cinco candidaturas a los Oscar son la guinda de un trabajo pulcro y sublime. Muy atentos a la noche de los Oscar, ya que es una de las favoritas con razón… (aunque sigo apostando por The Artist). Muy recomendable para reflexionar y pasar un buen rato en familia. O no.

 

NOTA: 4/5

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Entre todo esto y con la noche del cine acercándose, hemos perdido a uno de los directores más grandes, el griego Theo Angelopoulos, desconocido por el cine comercial (pero ganador de la Palma de Oro en Cannes y del León de Oro en Venecia) . Sus películas buscaban la verdad honesta. Realismo mágico dijeron de él, pero era poesía: os dejo el trailer de, para mí, su mejor película: La mirada de Ulises

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