La chispa inflamable de Alex de la Iglesia

Se abre el telón del teatro romano de Cartagena y ¡zas!  Roberto Gómez ( José Mota) aparece con una barra de hierro incrustada en el cráneo. A su alrededor su esposa ( Salma Hayek), el equipo médico ( con Antonio Garrido a la cabeza ) que no sabe cómo sacársela, la prensa, la televisión, los medios acompañando a  las fuerzas vivas (el entrañable Juan Luis Galiardo) en el papel de alcalde cartagenero, acompañado de Blanca Portillo, directora del teatro y jefa de la restauración del mismo, un cruel representante de publicidad… Todos pendientes de Roberto,publicista, padre y  en su día el creador del famoso eslogan de Coca-Cola La chispa de la vida.

Pero ¿que ha pasado?, ¿qué vemos?, ¿un intento de suicidio?, ¿un accidente? El día de Roberto no ha podido ser peor. LLeva dos años parado y ha ido a Mckencie (una parodia de la agencia publicitaria McCann -Erickson) donde sus ex-compañeros, ahora ricos ( momentazo Vigalondo- Segura jugando a la Wii)  ignoran a su antiguo amigo. Este en un ataque de furia acaba en Cartagena al ritmo de AC/DC … y hasta aquí puedo leer.

 

Alex de la Iglesia hace suya la perenne crítica al sensacionalismo de los medios ( de todos los medios) ante el morbo de una situación patética y trágica, tan trágica como la de un hombre muriéndose en directo. Y el director bilbaíno  lo hace a su manera única, con personajes caricaturizados hasta el humor negro en una situación absurda que se vuelve muy creíble. De la Iglesia se acerca esta vez al realismo a partir del drama del paro. Y lo consigue sin dejar de marcar los tiempos en un escenario único.

El espectáculo vuelve al teatro romano dos mil  años después y  aunque ya no haya gladiadores sobre la arena, las aves de carroña vuelven a campar a sus anchas con un traje muy ibérico. Porque a la larga La chispa de la vida es una fábula sobre el egoísmo individual, la hipocresía de todos los intereses creados torno a una situación patética y única en un escenario a medida del director.


Si en 1951 Billy Wilder intentó parodiar la crueldad de los medios en El gran carnaval ( con un memorable Kirk Douglas en un agujero), medio siglo después la historia se repite pero con Twitter y televisiones, con el mundo entero pendiente de la vida del publicista acabado, que intentará sacar tajada de la situación por el bien de su familia.

Aunque la película apenas tiene giros una vez planteado el problema,aquí los buenos muy buenos y los malos malísimos son sólo actores en un circo perfectamente sincronizado, en una obra que termina cuando nuestro protagonista cierre los ojos…o no.

 

Todos interpretan el papel que les ha tocado: Roberto trata de hacer el negocio de su vida a punto de morir , el representante ( Fernando Tejero como publicista sin corazón consigue el odio de la sala entera) , el director de la cadena ficticia cadena líder Antena 5  ( Juanjo Puigcorbé nos podría recordar a otros personajes extremos del director como Sancho Gracia en Balada triste de trompeta o incluso a Jesús Bonilla en La Comunidad) y hasta el alcalde, que se frota las manos viendo como esto es publicidad gratis para su ciudad. Por cierto: la transformación de José Mota al drama es soberbia, espero que se lleve el Goya al Mejor actor revelación.

Solo una persona parece no entrar en este juego, Salma Hayek, preciosa,radiante, íntegra  y rodeada de fieras sin escrúpulos. Es la única que sabe lo que importa, lo único que importa: la vida de su marido. Y un guiño a los medios de la mano de Alexia Bang; la reportera de televisión que ¡oh! aún parece tener dignidad.

En palabras del director en elreferente.es: “La chispa de la vida está en creer que existe una posibilidad de mantener la dignidad. Puede que ya no tengamos respeto por cómo funcionan las cosas, el problema es cuando ya no te tienes respeto a ti mismo”.

Y quizá sea eso, ver la muerte de un hombre en directo mientras un circo se gesta a su alrededor, una pantomima donde los actores suben al escenario tratando de salvar al protagonista, o al teatro, forrarse o salvarse ellos mismo. Esperar un milagro, esa chispa de dignidad y respeto que nos falla a todos: tanto a los medios por darnos alimentarnos carnaza como a los espectadores por seguir pidiéndola.

La chispa de la vida no es una película perfecta, pero abandonas la sala con una dura moraleja, es un ejercicio de crítica colectiva desde un teatro romano. En un escenario histórico que pese a lo que nos pese servía antaño para lo mismo: el circo. Y en un época donde parece que empieza a faltar el pan, desgraciadamente seguiremos pidiendo más  circo.

Y espero que Alex de la Iglesia nos lo siga dando su manera, sin concesiones, con su tono salvaje y afilado, pero esta vez tristemente realista.

NOTA: 3,5/5

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Desde RACCORD esperamos que The Artist arrase esta noche en la 69º edición de los Globos de Oro ¡ Mucha suerte a todos los nominados!

 

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