El dios salvaje nos visita

¿Qué hace una pareja de padres civilizados neoyorquinos, parisinos, londinenses (occidentales al uso) cuando sus hijos pelean con consecuencias físicas? Tratan de aclarar el malentendido de una manera civilizada. Aplacar el dios salvaje de nuestros hijos en una apacible y conciliadora reunión a cuatro.

Y al menos es lo que Penelope Longstreet ( Jodie Foster) mujer de férreos valores pretende hacer convenciendo a su marido Michael (John C. Reilly) para dirimir el asunto con los padres del niño agresor, la adorable y precisa pareja de los Owen formada por Christoph Waltz y Kate Winslet.

Velada agradable, pastel y café. Y la tensión crece por momentos,porque nada es lo que parece. Sin embargo la superficialidad de la situación comienza a volatilizarse a medida que la merienda se convierte en una inusitada pelea, porque, al fin y al cabo,que demonios, mi hijo tiene la razón ¿no?

Lo imprevisible torna en tragedia macerada por las salvajes interpretaciones de los cuatro actores, que durante los 80 minutos más hilarantes en mucho tiempo, desnudan sus verdaderos yos. Y de paso Polanski patea la entrepierna de nuestra corrección política imperante, llevándose por los aires las máscaras que Occidente los pone para tapar nuestra soledad y egoísmo: el progreso y nuestra dependencia de la tecnología, la feminidad, los roles paternos, Occidente, el ego… Nuestro dios salvaje se manifiesta y no podemos controlar sus reglas, reventando ese mundo de las apariencias desde un coqueto apartamento de Nueva York.

Una pelea infantil con consecuencias extrapolada al plano adulto. Una declaración de paz entre progenitores que acaba sacando con fuerza -aunque sin pretenderlo- las miserias de occidente. La obra de Yasmina Reza, estrenada primero en salas de teatro de medio mundo se traslada al cine sin perder la esencia teatral. Divertida, satírica pero dura y reflexiva.  Altamente recomendable, como ir al teatro pero de la mano de la magia del montaje invisible mezclado con unas actuaciones soberbias en donde Waltz y Foster destacan (aunque por exigencias de guión,seguramente)

Quizá el fallo sea que su final no acabe de cuajar, ya que tras la explosión de los protagonistas, la salida sea banal antes la profundidad de los temas tocados. Sin embargo, toque Buñuel surrealista junto a las situaciones Monty Phytonescas de los personajes y la espiral de genialidad verbal del guion logran la empatía del público, que contempla a caracajada limpia como se va nuestra falsa moral por el sumidero.

¿Podemos extrapolar esta crisis de valores occidentales,  o la hipocresía moral de occidente? Viendo el historial del prófugo director y la ambigüedad de su caso con la justicia estadounidense, Polansky  reivindica al dios salvaje que todos llevamos dentro. 80 minutos que removerán tu conciencia, morirás de risa o las dos cosas. Lo hace sin una gran banda sonora, sin efectos especiales, tampoco tratan de moralizar nada aunque lo consiguen, no hay nada heroico en lo que hacen: cuatro personas en una habitación exorcizando a su dios salvaje.

NOTA: 4/5

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