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May 11

Democracia Real Ya y No-Violencia

Los responsables de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid y del Gobierno central decidieron levantar el campamento de los indignados ante lo que está sucediendo. No sirvió de nada porque se volvió a levantar un día después. Eso me llevó a mí a solidarizarme con ellos, con los que están hartos de ser las víctimas de la crisis económica y de la complicidad del bipartidismo con los poderosos.

Democracia Real Ya es un movimiento en el que caben todos los indignados y al que ahora unos quieren demonizar porque son antisistema y manipulables (¿ellos no lo son por el FMI y el resto de siglas que violan nuestros derechos?) y otros conseguir sus votos. Sé que hubo algún altercado con los medios de comunicación televisivos  e incluso algún pasote desagradable. Los que llevan la cámara al hombro y el micrófono en la mano son, en muchas ocasiones, explotados e indignados con sueldos de miseria y no los que editan la pieza que vemos. Vi muchos carteles en los que ridiculizaban las pegas para acampar por la dignidad y la democracia democrática, en comparación con los acamparon a la espera de ver el concierto de Justin Biber, y otros en los que se pedía rebeldía desde la no-violencia. En algunos se leía “violencia es cobrar 600 euros al mes”.

Quizá no salieron en las teles. Yo los vi porque estuve allí. Muchos gritos contra el bipartidismo y muchas ganas de ser tenidos en cuenta. También por los que se presentan a las elecciones. Es necesario llenar las urnas el 22 de mayo, cada uno votando según su criterio y su conciencia. Yo acabo de decidirlo, pero no lo diré porque podría dar la sensación de que apoyando este movimiento, anunciando a quién,  podría desvirtuar el sentido mayoritario de los indignados acampados.

Pensaba hacerlo en blanco porque la partitocracia hace poco bien a la mayoría social y a la propia democracia. A última hora, después del desalojo policial, consideré oportuno prestar mi voto temporalmente.  La violencia de los salarios de mierda y otras muchas, sibilinas, sin duda, como  la de los desahucios por no pagar las hipotecas, la de los que se creen algo por estar  mamando del poder que les pone a dedo o la del desempleo que arrasa familias enteras, no puede tener otra respuesta que la no-violencia. Criticar los excesos del sistema y a los que se aprovechan de él -desde la resistencia no violenta- no es ser antisistema y pedir participación en lo que nos atañe, tampoco.