03
jun 11

100 diputados y adiós a los coches oficiales

Dentro de pocos días se celebrará la sesión constitutiva de la Asamblea de Madrid, tras los comicios del 22-M. En esta ocasión, habrá cuatro fuerzas políticas, en vez de tres. Socialistas (36), populares (72) y miembros de IU (13) tendrán que apretarse un poco para que los ocho parlamentarios de UPyD ocupen sus despachos. Jurarán o prometerán su cargo 129 parlamentarios, nueve más que en la actualidad por el crecimiento poblacional. En el Hemiciclo hay espacio para 147 diputados y sitio para otra decena más de parlamentarios.

El partido de Rosa Díez, en el que hay de todo y caben todas las ideologías, por lo que puede parecer un cajón de sastre, tiene intención de pedir a las primeras de cambio que se reduzca el número de escaños y propone que sean 100. Su portavoz, Luis de Velasco, sin duda un personaje interesante, culto y de izquierdas -con un pasado de militante del PSOE y miembro del Gobierno de Felipe González-, tiene claro que además de que haya menos cobrando de los demás, pasa de tener coche oficial, como el resto de portavoces parlamentarios. Considera que montado en un vehículo con chofer se pierde el contacto con la calle y sus gentes y sobre todo porque es bueno dar ejemplo a los demás sobre las bondades del servicio público de transportes.

El que será portavoz del PSM, Tomás Gómez, dice ahora que no le parece mal y que se han usado hasta el abuso coches oficiales y, en algunos casos, escoltas por cuestiones de seguridad. Menudo morro. Es indudable que estas pequeñas cosas no guardan relación con los problemas de los madrileños, entre ellos, el paro y la reducción de determinados servicios sociales, pero el cambio en la política requiere de gestos y detalles. Neil Armstrong dijo nada más pisar la Luna en 1969, “este es un pequeño paso para un hombre, y un gran salto para la Humanidad”. Sin ser tan pretencioso, este pequeño paso para que la clase política no tire de cartera, a nuestra cuenta, como un nuevo rico, puede ayudar a que el político viva como los demás y sienta en sus propias carnes las quejas ciudadanas.