Educación

Prevenir el acoso escolar

El acoso escolar, también conocido por la palabra inglesa bullying, tiene una grave incidencia en España. Varios menores se han suicidado tras sufrirlo. Está detrás de miles de casos de depresión infantil y malos resultados académicos de alumnos inteligentes. Las autoridades académicas, los centros docentes, los padres y los medios de comunicación deben actuar concertadamente mediante las siguientes medidas, que son un resumen de las que aparecen en la Asociación Norteamericana de Psicología  y la página específica Alto al Acoso  (Stop Bullying).

Los efectos nocivos de esta práctica no solo recaen sobre los alumnos acosados, sino también sobre los acosadores, a los que degrada psicológicamente, les proporciona una vía de escape para sus problemas en vez de enfrentarse a ellos y puede ocasionarles expulsiones y sanciones académicas.

Autoridades académicas

1. Crear y mantener un teléfono público y gratuito para que los niños denuncien el acoso escolar y reciban consejos. El Ministerio de Educación de España se comprometió  a que estaría operativo en junio de 2016, pero no se puso hasta finales de octubre:

teléfono gratuito contra el acoso escolar
900 018 018
24h/365 días
atendido por profesionales

2. Realizar campañas anuales de sensibilización en centros académicos y medios de comunicación, animando a denunciar el acoso.

Centros docentes

3. Contar con un protocolo antiacoso, firmado por el responsable del centro (por ejemplo, el director de la escuela), que debe exponerse legible y públicamente en la pared de una zona transitada (no vale el cuarto de calderas). Debe cumplirse este protocolo aunque no haya habido quejas por acoso. Si cualquier padre considera que no se cumple, podrá exigir su cumplimiento. El Ministerio de Educación, llamando «convivencia» al deseo de evitar el acoso, un eufemismo lamentable (lo primero que hay que hacer ante un problema es nombrarlo y anunciar que se está en contra, no disimularlo) ha recopilado en esta página  los protocolos contra el acoso de casi todas las autonomías (faltan Castilla y León, Extremadura y La Rioja).

4. Anunciar claramente al comienzo del curso que las agresiones, insultos o humillaciones entre compañeros no se tolerarán. Que los desacuerdos, absolutamente normales en la convivencia, deben plantearse primero a los delegados del curso, y si no se resuelven, al tutor.

5. Anunciar que la mala conducta inevitablemente bajará la nota, por más que se estudie, mientras que, con la buena, bastará con estudiar solo un poco para aprobar. Y llevar esto a cabo, por supuesto.

6. Buscar amigos a los estudiantes que, por sus circunstancias, experimentan dificultades para integrarse. Tratar de que grupos de buenos alumnos con algún interés común los acepten, para que no se conviertan en víctimas de acoso.

7. Expulsar temporalmente, sin miramientos, a los alumnos que agredan a otros. A la tercera agresión, expulsión definitiva de ese centro. Difundir a través de los tablones de anuncios que un alumno del centro ha sido expulsado definitivamente por agredir a otro (sin dar los nombres ni de agresor ni de agredido) y que se recomienda la resolución pacífica de conflictos para que no tenga que repetirse ese hecho lamentable.

8. Como condición para readmitir a un alumno expulsado temporalmente por agresión, los padres del agresor deberán firmar un documento contra el acoso (máximo, una página), redactado por los responsables del centro, por el que se comprometen a encauzar a su hijo. Si se niegan a firmarlo, el centro denunciará a los padres por incumplir el deber legal de procurar una adecuada formación y educación a su hijo. Esto no es ninguna broma: en España se han pagado elevadas multas y hasta hay padres que han ido a la cárcel por ello. En el caso de que se tema una agresión física por parte de los padres a los responsables del centro, estos podrán solicitar la presencia de la policía en la firma.

9. Poner cuidadores en el comedor, en el recreo, y en otras zonas de riesgo.

10. Mantener un buzón de sugerencias y quejas siempre abierto.

11. Si los acosos siguen produciéndose, con el acuerdo de una mayoría de los padres, instalar cámaras.

12. Si un docente observa un caso de acoso en el aula, debe intervenir inmediatamente para impedirlo e informar del incidente al jefe de estudios, que abrirá necesariamente un expediente y tomará declaración, por separado, a todos los alumnos implicados, y al profesor que lo ha presenciado. Con toda la información, decidirá las medidas que deben tomarse.

Padres de acosados

13. Hablar diariamente con los hijos, preguntándoles cómo les ha ido en la escuela y qué hacen allí con sus amigos, y escuchando con atención sus respuestas.

14. Estar pendiente de los posibles síntomas como nerviosismo, tristeza, ansiedad, falta de apetito, insomnio, pesadillas, ropa desgarrada, bajo rendimiento escolar o fobia escolar.

15. Preguntarles también sobre sus actividades fuera de la escuela. Si sale con grupos de amigos, dónde va y que hace.

16. Hablarle del acoso escolar. ¿Se produce en el centro donde va? ¿Cuándo sucede? ¿Qué hacen los profesores? Recordarle que, si le pasa a él, contarlo no es ser un chivato. Al contrario, cuando se tiene un problema que no se puede resolver solo, lo inteligente es pedir ayuda, o el problema se agrava.

17. No comprarle un teléfono móvil antes de que cumpla once años. Cuando lo reciba, enseñarle a bloquear en los chats a miembros que insultan y hacer que comprenda que uno nunca puede rebajarse a ese nivel, porque el odio a quien más daño hace es al que odia. La Guardia Civil da instrucciones para saber si existe ciberacoso y, en ese caso, recomienda que se llame al 062 (teléfono general de la Guardia Civil, no específico contra el acoso) para denunciarlo.

18. Dar ejemplo de cómo tratar a todas las personas (familiares, amigos, desconocidos) con amabilidad y respeto.

Acosados

19. No mostrar enojo ni miedo, ni llorar. Decirle con calma al acosador que lo deje en paz. No amenazar nunca «Se lo diré a mis padres», «Vas al director», etc. Vale más «Yo a ti te dejo tranquilo. Déjame a mí tranquilo.»

20. Alejarse a paso normal para evitar problemas, pero no correr.

21. Contárselo a los padres el mismo día y pedirles que lo cuenten a los responsables del centro.

22. Procurar estar siempre acompañado. Tratar de ir al baño con un amigo.

23. En el autobús escolar, sentarse cerca de la parte delantera.

24. Evitar en lo posible las zonas donde actúan los acosadores.

Medios de comunicación

25. Difundir al menos una vez al año los datos sobre acoso, mostrando cómo se va evolucionando con respecto a otros años y otros países.

26. Informar de las iniciativas contra el problema, especialmente las más exitosas, para promover su extensión.

27. Incluir al menos una pregunta sobre el acoso cuando entrevisten a los responsables políticos de educación (ministros de educación o consejeros autonómicos) o cuando pregunten a cualquier candidato electoral sobre sus propuestas educativas.

Padres de acosadores

28. Hablar con ellos. Preguntarles por qué lo hacen, si son conscientes del daño que hacen y del castigo que les puede suponer.

29. Estar expuesto a un comportamiento agresivo o a un entorno demasiado estricto en casa hace que el niño tenga más propensión a ser acosador en la escuela.

30. También es posible que el acosador trate de sacudirse un problema de autoestima (bajas notas, por ejemplo) agrediendo a otros más débiles. En ese caso hay que resolver el problema de la autoestima (por ejemplo, con clases de refuerzo).
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Recomendación de la OCU: en caso de acoso escolar lo primero es comunicar los hechos a los tutores, al equipo psicopedagógico y a la dirección del centro escolar. Si no se interviene de inmediato, hay que hacerlo constar por escrito. Si los padres de la víctima consideran que el centro no la protege, deben denunciarlo ante la Inspección de Educación y, llegado el caso, ante la Fiscalía de Menores. Pero si las instituciones y los padres de los acosadores no actúan, la única solución para los padres de la víctima es cambiarla de centro y actuar judicialmente.

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Los cursos de formación

Los cursos de formación a desempleados, y de reciclaje profesional, son en España, desgraciadamente, pasto de ladrones. Tres de cada cuatro cursos que revisó el Tribunal de Cuentas en noviembre de 2014 presentaban irregularidades: como botón de muestra, hubo un alumno superaplicado que se apuntó A CIENTO UN CURSOS.

En Andalucía el escándalo de los ERE se mezcla con el de cursos de formación . Este último podría ascender a 950 millones de euros (el importe de las subvenciones entre 2008 y 2011 no justificadas debido al sistema de exoneraciones). Hay abiertas investigaciones en siete de las ocho provincias de la comunidad.
En Madrid, el caso Aneri   asciende a diecisiete millones de euros malversados. 

Jordi Évole dedicó un programa entero a esta plaga, y además de los habituales alumnos inexistentes y firmas falsas, denunció que empresas de formación secuestran a la fuerza parte del sueldo de los profesores, acompañándolos al banco a cobrar el cheque, y quedándose con una cantidad. Si no lo aceptan, no los vuelven a contratar. Esto es chantaje mafioso en estado puro. Absolutamente intolerable. 

El Gobierno de Susana Díaz va a cambiar el sistema de adjudicación para que absolutamente todas las convocatorias se hagan por concurso público, y sin exoneraciones. Se fijará también el tope de dinero que una misma entidad puede recibir para que se repartan los cursos entre más adjudicatarios.

En todo el caso, tan malo es que se robe el dinero y no se imparta el curso como que se imparta un curso que no le sirva al desempleado para encontrar trabajo. Un problema menor sería que se imparta a diez parados un curso que efectivamente les facilite salir de esa situación, pero que se cobre al Estado como si se hubiera impartido a quince, por ejemplo falsificando firmas de asistentes.

Hay que acabar con este saqueo de una santa vez. Todo robo del dinero público es inadmisible, pero cuando contribuye a agravar el principal problema del país, lo es doblemente. Para ello es necesario tomar medidas que, primordialmente, aseguren que el curso le va a servir realmente al desempleado (o va a servir efectivamente para el reciclaje profesional del trabajador). Secundariamente, medidas que garanticen que el curso se imparte y se cobra al Estado por el número auténtico de alumnos que lo han recibido. Y en un tercer escalón, medidas para impedir que los profesores sean extorsionados.

Grupo 1

– Solo se podrán impartir cursos que hayan pedido efectivamente los posibles alumnos, o en los que las empresas que podrían contratar trabajadores estén interesadas. Es decir, las Administraciones no podrán tener un catálogo de cursos inútiles, como corte y confección o mecanografía, ofrecerlos, y decir que gastan en formación. Basta de paripés. Serán los alumnos los que, a través de una página específica de Internet, y verificando su identidad, podrán pedir periódicamente un curso en el que estén interesados. Por ejemplo, una secretaria en paro pide un curso de programación de aplicaciones para smartphone. Un tornero que está trabajando solicita un curso de CNC (Computer Numerical Control). Un desempleado tendría derecho a solicitar un curso cada, digamos, dos meses, y un empleado, cada seis. El catálogo de la página sería totalmente abierto, es decir, estaría organizado por temas generales (informática, mecánica, electricidad, albañilería…) pero dentro de cada rama específica, si el curso que interesa al alumno no existe, la página le permite añadirlo al catálogo, y además, que otros que vengan después de él también lo pidan. Para las empresas, igual, solo que en lugar de DNI electrónico se identificarían con el certificado electrónico de la empresa. Obviamente, los alumnos podrían ver cuáles son los cursos más solicitados por las empresas. Las empresas que ejercieran actividades de formación no podrían solicitar cursos (para evitar que solicitaran aquellos que ya imparten, que son muy cucas).

– Cuando se alcance un determinado número de solicitudes para un curso, la Administración estará obligada a impartirlo, especialmente si el número de empresas solicitantes es elevado y hay un número suficiente de alumnos que lo han pedido. No podrá alegar que no hay profesores, material o locales. Que los busque.

– Si un posible alumno solicitó un curso que se va a celebrar, pero en otra localidad, tiene derecho a beca. Se le adelanta primero la mitad del dinero. Cuando termine el curso, debe pasar un examen sobre los conocimientos impartidos. Si lo aprueba, se le da la otra mitad. Si lo suspende, debe devolver lo que se le adelantó.

Grupo 2

– Todos los cursos serán presenciales. Es absolutamente lamentable que la trapacería hispánica obligue a ir contra los tiempos. ¡Con lo baratos y eficientes que serían cursos telemáticos! Pero conociéndonos, no queda otra. Informáticamente es demasiado fácil falsificar asistencias y seguimiento de cursos telemáticos.

– Los cursos solamente los impartirán empresas contratadas por la Administración (los organismos estatales o autonómicos de empleo) a través de concursos públicos y transparentes. No los podrán impartir, ni contratar, sindicatos ni asociaciones empresariales. Dejarán de recibir fondos para este fin. Demasiadas veces han hecho mal uso del dinero público. La Administración se corromperá, por supuesto, pero si todos están en la pomada, será mucho más difícil que se denuncie y combata la corrupción . Ejemplos: las tarjetas de Cajamadrid y el asesinato en el Orient Express: como todos eran cómplices, nadie decía palabra. 

– Antes de empezar cada jornada del curso, el profesor pasa lista de un modo muy riguroso: los alumnos, de pie junto a él, van diciendo su nombre. El profesor comprueba que está en la lista, y en ese caso, el alumno le entrega su DNI. El profesor comprueba que es auténtico y corresponde al nombre. Entonces el alumno firma en su cuadro de la lista, bajo la mirada del profesor, y el profesor introduce el DNI por la ranura de una caja cerrada con llave, que solo él tiene y de la que es responsable. Solo lo entregará cuando termine la jornada del curso (en ningún otro caso, ni para desayunar, ni para almorzar, ni aunque el alumno tenga que irse urgentemente al hospital). 

– Habrá inspectores de formación. Cada día inspeccionarán al menos cuatro cursos, seleccionados al azar por un programa informático entre los que se estén impartiendo ese día en la localidad (o en la provincia). Avisar a la empresa que imparte los cursos de que se la va a inspeccionar será delito grave de revelación de secretos. El inspector llevará una cámara de vídeo portátil que, al entrar en la empresa, pondrá a grabar, y solo parará cuando salga. El profesor entrará en el local donde se imparta el curso, pedirá al profesor que abra la caja y comprobará los carnés con los alumnos que estén efectivamente presentes. Cualquier irregularidad que advierta será causa de la suspensión automática y definitiva del curso, que no se pague a la empresa y las responsabilidades penales a que hubiera lugar. Cuando el inspector vuelva a las oficinas de la Administración, volcará las grabaciones en el sistema informático. Sus superiores tendrán la obligación de revisar al menos una de ellas cada dos días.

– No se podrán presentar a concursos empresas en las que los inspectores hayan detectado irregularidades, ni tampoco empresas que tengan administradores, consejeros o apoderados que lo fueron anteriormente de empresas tramposas.

Grupo 3

– La empresa adjudicataria de los cursos pagará siempre a los profesores mediante ingreso en la cuenta del profesor (no en efectivo ni por cheque).

– La empresa comunicará a la Administración los datos de los profesores que haya seleccionado para impartir el curso.

– La Administración advertirá expresamente a los profesores por carta que, si la empresa les exige parte de su salario para contratarlos, deben comunicar a la Administración esa práctica. En ese caso la Administración denunciará a la empresa ante los tribunales por chantaje y delito contra los derechos de los trabajadores, suspenderá inmediatamente el curso y su pago, y excluirá a la empresa de posteriores concursos.

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Combatir la desigualdad

Podríamos definir la desigualdad como la diferencia entre los ingresos del 20% de los ciudadanos más ricos de un país y el 20% más pobre. En esta entrada trataré solamente la desigualdad dentro de un mismo país. Por supuesto, la desigualdad entre los países ricos y pobres es mucho mayor y mucho más grave, ya que por ella mueren millones de personas de hambre y enfermedades evitables. Pero las medidas necesarias para combatirla son muy diferentes.

En 2011 el 20% más rico de los españoles ganaba 7,5 veces más que el 20% más pobre. En cambio, en Noruega la diferencia es de solo 3,3 veces. Esto no parece necesariamente malo en sí. No parece intrínsecamente malo que haya ricos y pobres; lo intrínsecamente malo es que haya personas que no puedan satisfacer dignamente sus necesidades de comida, calor y vivienda.

Pero el problema es que dejar crecer la desigualdad empeora progresivamente la situación de la inmensa mayoría de la población y hace al país más vulnerable a las crisis económicas. Porque si los ingresos están repartidos de una forma más homogénea, hay más empleos (más gente tiene dinero para gastarlo en bienes y servicios diversos, que han de proporcionarse sirviéndose de otras personas), mejor pagados y el país es económicamente más estable. En cambio, la concentración de ingresos en un sector reducido de la población crea menos empleos (los empleos generados por cada unidad monetaria de más ingresada por los más ricos son muy inferiores a si esa unidad la ingresan los más pobres) y fomenta la economía especulativa, las burbujas y los reventones.

Por ejemplo, dice Paul Krugman: «Después de que estallase la crisis, el trasvase continuo de los ingresos de la clase media a una pequeña élite lastró la demanda de los consumidores, de manera que la desigualdad tiene que ver tanto con la crisis económica como con la debilidad de la recuperación posterior.»

Según el Fondo Monetario Internacional, la igualdad económica favorece el crecimiento de un país más que la baja corrupción, la baja deuda, el libre comercio o la inversión extranjera.

Un reciente metaestudio basado la comparación de más de 150 artículos científicos revela que los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores problemas de salud mental y drogas, menores niveles de salud física, menor esperanza de vida, peores rendimientos académicos y mayores índices de embarazos juveniles no deseados.

Suscribo por tanto las siguientes propuestas del artículo Intervenir en el mercado publicado por Pedro Saura García en El País del 28 de enero de 2014:

  1. Apuesta decidida por unas relaciones económicas internacionales que eviten el dumping social, medioambiental y sanitario.
  2. Evitar la competencia a la baja de los impuestos entre países.
  3. Combatir los paraísos fiscales, idealmente hasta conseguir la total transparencia de las finanzas internacionales, tanto empresariales como personales.
  4. Educación que elimine cualquier tipo de segregación.
  5. Impuestos altos sobre sucesiones y grandes fortunas.
  6. Política económica que gravite sobre la incorporación de la innovación y el conocimiento.
  7. Políticas públicas que estimulen la participación de los trabajadores en la toma de decisiones de la empresa.
  8. Mayor transparencia para que los accionistas y los trabajadores conozcan las razones que explican los emolumentos de sus ejecutivos y directivos.
  9. Negociación colectiva equilibrada entre trabajadores y empresarios que evite condiciones de trabajo y salarios indignos.
  10. Reforma del mercado de trabajo que permita un empleo más estable al principio de la vida laboral de los jóvenes.
  11. Incremento del salario mínimo acompasado al aprendizaje y a la productividad del trabajador.
  12. Regeneración de nuestras instituciones que elimine privilegios de todo tipo, posibilitando una verdadera competencia en los mercados de bienes y servicios.
  13. Igualdad en el acceso al crédito de todoslos empresarios.
  14. Que paguen impuestos los que no lo hacen.
  15. Asignación por méritos objetivos y contrastados de los puestos no políticos en los organismos que controlan el mercado y luchan contra el fraude (Agencia Tributaria, Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, Tribunal de Cuentas, Banco de España, etc.) en vez de asignarlos por amiguismo, fidelidad o conveniencia política.

 

En todo caso, añado, la mejor forma de combatir la desigualdad es consiguiendo que el paro sea bajo (inferior al 5%) sin rebajar el salario mínimo. Esto se logra, por un lado, combatiendo eficazmente el fraude fiscal (cosa que produce mucho mejores resultados que freír a impuestos a los ricos) y pagando con el dinero recaudado una buena educación, una buena sanidad y unos buenos centros de cuidado de niños y mayores (todo ello genera muchísimos empleos). Y por otro lado, formando a los trabajadores en los conocimientos que el mercado requiere (esto ya lo he dicho varias veces en este blog, pero lo seguiré repitiendo hasta que suceda).

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Fomentar la lectura

Fomentar, no solo el hábito de leer, sino la comprensión de lo que se lee y el disfrute con esta actividad, es, desde una perspectiva humanística, esencial para que una persona se mueva por el mundo actual y acceda a las partes que desee de su infinita cultura. Y desde una perspectiva económica es imprescindible para que los trabajadores se formen y se desarrollen las industrias y las sociedades de la cultura, la investigación y el conocimiento.

El contacto con la lectura debe comenzar en cuanto los niños (y empleo el masculino en su sentido de género no marcado, englobando, por supuesto, también a las niñas) comienzan a entender las palabras de sus padres (algunas fuentes aconsejan incluso que antes, cuando son recién nacidos): el padre o la madre debe sentar al niño en sus rodillas, abrir delante de él un libro (adecuado a la edad: muy corto, muy coloreado, con muchos dibujos, con muy pocas palabras y muy grandes) y leer las palabras despacio, con su voz más agradable. No más de cinco minutos al día, unos días el padre y otros la madre, pero todos los días.

El libro debe ir avanzando según progresa la comprensión del niño. Creo inútil intentar hacerle saltar etapas. Todo ha de ser suave, paulatino, sin imposiciones.

Cuando el niño ya pueda leer alguna palabra, se le señalará, para que la pronuncie, continuando la voz de su progenitor. Poco a poco se le irá animando a que pronuncie más palabras. Al terminar la sesión de lectura diaria, cuyos minutos se pueden ir alargando si se ve que el infante sigue interesado, se deben hacer algunas preguntas, obviamente de su nivel, para comprobar que lo ha entendido y activar sus mecanismos mensales de comprensión y elaboración.

A partir de ahí ya se pueden dejar a su alcance libros adecuados por si se anima a leer solo. Eso sí, aunque lo haga, la lectura diaria por parte de los padres debe seguir (salvo que el niño la rechace, claro está) al menos hasta los siete años.

Es imprescindible que en la selección de libros se sigan (no «se tengan en cuenta»; sesigan) los gustos y capacidades del niño. Pretender que nuestros hijos lean libros que a nosotros nos gustaron cuando teníamos su edad es un error. Ha de tomarse como guía única su gusto. Por supuesto, en la librería infantil hay que mostrarle, además de lo que le gusta, otras cosas que pensemos que le pueden gustar. Pero si no le molan, ningún problema. Que extraiga placer de lo que lee, y que lo comprenda, es mucho más importante que el contacto con temas que nosotros creamos interesantes, o con las grandes obras de la literatura de su nivel.

Al niño se le debe poner en contacto con textos en todas las formas que le puedan atraer: no solo libros ilustrados, sino también cómics, revistas especializadas en algún tema que le interese o páginas de Internet análogas.

Leer es un medio magnífico de ir adquiriendo vocabulario. Cuando en las sesiones diarias los padres se encuentren con una palabra que el niño podría no conocer, se la deben preguntar, sin esperar a que pregunte él, y en caso de que no la sepa, explicársela. Evidentemente un libro con muchas palabras nuevas se haría cansino. Por eso han de elegirse muy cuidadosamente los libros, como peldaños de una escalera que lleva a una mente abierta, despierta, ágil, capaz y de éxito académico. Deben evitarse los tropezones y, por todos los medios, que el niño se aburra.

En la escuela, y niveles académicos superiores, bajo ningún concepto se debe imponer la lectura de obras determinadas, por magníficas que sean. Las clases de lengua y literatura deben basarse en obras (no solo novelas; también poemas o letras de canciones) elegidas por los propios alumnos, analizando sus personajes, sus elementos simbólicos, sus posibles influencias. También se debe enseñar a diferenciar un libro bien escrito de uno mal escrito, y a rechazar este último. Asimismo debe crearse admiración hacia las grandes obras de la literatura, y proporcionar herramientas para que, repito, solo los que se atrevan, se adentren en ellas y suban así su nota. Por ejemplo se podría sacar un aprobado o un bien sin haber leído El Quijote, pero para ir más allá, tendría que leerse.

Y por último, evidentemente, los niños deben ver que sus padres leen libros y disfrutan con ellos.

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El mejor sistema educativo del mundo

El sistema educativo de Finlandia logra los mejores resultados del informe Pisa, empatado con el surcoreano, pero sin someter a los alumnos a presiones insoportables, con un número de horas lectivas anuales (608) reducido (en primaria los españoles reciben 875) y con un fracaso escolar mínimo (8%). Este artículo de ABC da las claves:

  1. No empiezan temprano con la guardería; al revés: la mayoría de los niños no empiezan a ir al colegio hasta los 7 años.
  2. Durante los primeros seis años de la primaria los niños tienen en todas o en la mayoría de las asignaturas el mismo maestro, que vela por que ningún alumno quede excluido.
  3. La educación es gratuita desde preescolar hasta la universidad, incluyendo comedor, libros y material.
  4. Los padres tienen la convicción de que son los primeros responsables de la educación de sus hijos, por delante de la escuela y complementan el esfuerzo que se hace en el colegio.
  5. El 80% de las familias van a la biblioteca el fin de semana.
  6. Para ser maestro se necesita una calificación de más de un 9 sobre 10 en sus promedios de bachillerato y de reválida, y una gran dosis de sensibilidad social. La selección de los maestros es la más dura del país.
  7. El presupuesto de educación supera el 11% del PIB.
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El pago de las carreras universitarias

No se discute que la educación obligatoria debe pagarla el Estado. ¿Pero quién debe sufragar las caras carreras universitarias? ¿También el Estado? ¿La familia del estudiante? ¿El propio estudiante, pidiendo un crédito que pagará cuando obtenga un buen trabajo con los conocimientos adquiridos en esa carrera? El País publicó el 10 de octubre de 2012 un extenso artículo sobre el particular, ya que está siendo objeto de polémica en España, Reino Unido, Chile, EE.UU. y otros países, que han adoptado diversas soluciones.

Opino que el Estado debe fomentar, ante todo, el buen funcionamiento general de un país y el aprovechamiento de sus recursos. Para que un país funcione se necesitan médicos, ingenieros, filólogos, historiadores, periodistas… y un larguísimo etcétera, ciñéndose solamente a las enseñanzas universitarias. El recurso más valioso en estos tiempos es el talento. El sistema que propongo es perfectamente aplicable a la formación profesional superior.

Mi tesis es que, si para una determinada enseñanza se calcula que el país va a necesitar N titulados al año, los N * (1+F) mejores estudiantes que se matriculen en esa enseñanza solo pagarían anualmente un 5% de los ingresos netos de la unidad familiar de cada estudiante, con un límite del coste medio anual de esa enseñanza por estudiante. F es la tasa de fracaso, definida como F = (E – T) / E, siendo E el número de alumnos que empezaron esa enseñanza hace A años y T el número de estudiantes que la terminaron el año anterior. A es el número de años de los que consta la enseñanza.

Esta fórmula no tendría en cuenta a los alumnos que terminan la enseñanza en un número de años superior al programado, pero me parece importante emplear fórmulas sencillas. Si una familia tiene a más de un miembro estudiando entre los mejores, se aplica el límite conjuntamente: es decir, si una familia tiene 2 estudiantes, por cada uno pagaría el 2,5%.

¿Cómo se determinaría quiénes son los mejores estudiantes? Por su nota media en todas las asignaturas del ciclo anterior, corregida por centros mediante una prueba objetiva de nivel igual para todos los alumnos realizada y puntuada por el Estado. Por ejemplo, si la nota media en todas las asignaturas del ciclo de los alumnos de un centro es de 7,2 y en la prueba objetiva la nota media de todos los alumnos de ese centro es 6,6, a cada alumno de ese centro se le resta 0,6 de su nota media para competir por las plazas que se abonan al 5% de ingresos netos de la unidad familiar. Como ejemplo de prueba objetiva tenemos la actual Selectividad, aunque para calcular la nota de corte de entrada en las facultades se hace la media de la selectividad y las asignaturas.

El resto de los estudiantes que quieran matricularse en esa enseñanza, hasta cubrir las plazas académicamente disponibles, pagan el coste medio anual completo. Y que se les deje claro que pueden estar haciendo el canelo, pagando un alto coste para a lo mejor no trabajar cuando acaben la carrera.

Por cada asignatura que suspendan, a los alumnos del inicial 5% se les aumenta un punto este porcentaje. Así, uno de estos alumnos que el primer año suspendiera dos asignaturas, al matricularse en el segundo año se le exigiría el 7%.

¿Cómo se determinaría el coste anual medio de una carrera? Dividiendo la suma del salario anual de profesores y otros trabajadores, más el coste de mantenimiento y funcionamiento de los edificios, más el material académico, por el número de alumnos matriculados ese año. No se tendría en cuenta el valor de los edificios, ni su amortización. Obviamente esto arrojaría diferentes costes para la misma carrera en distintas facultades. Todas estas cifras se publicarían con estricta puntualidad en la web del Ministerio de Educación (en 2012, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte) y proporcionarían información muy valiosa, especialmente de costes disparados, que habría que inspeccionar.

¿Y cómo se calcula el número de titulados de una determinada enseñanza que el país va a necesitar? Fácil: para cada enseñanza se van anotando las personas que se titulan en ella cada año. Un año después se mira cuántas de ellas están dadas de alta en España como trabajadores o como empresarios autónomos. Si por ejemplo un año se han licenciado por universidades públicas 700 médicos y 365 días después se ve que trabajan 650, esos 650 son los que el país necesita (a efectos del coste para los alumnos de las universidades públicas; las privadas pondrían los precios que quisieran). Si el año siguiente esta cifra sube a 670, para el otro habrá que considerar que se necesitan 690. Vuelvo a repetir que todas las cifras se calcularían anualmente y estarían disponibles públicamente, no solo las del año en curso, sino las de años anteriores, que serían del máximo interés para estudiantes, gestores y sociólogos.

Por supuesto este sistema generaría déficit a las universidades públicas. No puede ser de otra forma. Solo las universidades privadas pueden aspirar a ser rentables económicamente. Las públicas deben aspirar a ser rentables socialmente, que sus licenciados se coloquen, que su enseñanza e investigación sean de calidad y que sus costes permanezcan moderados.

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La formación profesional

Extractos de un artículo publicado en Cinco Días y en El País Negocios el 16 de septiembre de 2012.

La fuerte tasa de abandono escolar en España y los errores cometidos a la hora de organizar la FP en nuestro país han llevado a que actualmente haya 11 millones de trabajadores españoles sin ningún tipo de cualificación, al tiempo que se calcula que hacen falta al menos 1,4 millones de nuevos graduados para cumplir con las necesidades del mercado laboral español en los próximos años.

En el Consejo de Cámaras apuntan que el Ministerio de Educación apenas ha tenido en cuenta los resultados de un estudio llevado a cabo por esta institución hace unos dos años y que destacaba los principales problemas que tenía el sistema y el modo de corregirlos. Aspectos, explica Huergo, «como el lentísimo desarrollo y puesta en marcha de la ley de 2002, hasta el punto de que 10 años después muchos aspectos de la misma sigan sin desarrollarse, la obsolescencia de muchas titulaciones o las dificultades para revisarlas rápidamente y adaptarse así a las necesidades de la empresa». Pese a que el Consejo de Cámaras envió el documento a todas las instancias pertinentes, al Servicio Público de Empleo o a Educación, «no se logró absolutamente nada. Todo siguió como estaba» dice.

[¿Y dónde esta este informe? Porque en el sitio del Consejo de Cámaras no hay forma de encontrarlo.]

Está claro que con la formación profesional hay que hacer lo siguiente:

  • Desarrollar la ley de 2002.
  • Fomentar la actualización permanente de las enseñanzas, en cuanto a profesores, material y prácticas. Por ejemplo, así.
  • Adaptar al mercado los alumnos admitidos en cada titulación, aumentando aquéllas para las que hay demanda y reduciendo las que no tienen salida.
  • No permitir la trampa de que un alumno estudie una titulación sin salida. Si no hay trabajo en la profesión que un alumno elegiría «por hacer algo», es mejor que curse otra donde sí lo hay.
  • Coordinar a los centros de formación profesional con las empresas: invitar a dar prácticas en los centros a trabajadores de las empresas; si es conveniente, convencer a las empresas para que vendan a bajo precio o donen la maquinaria recién sustituida o material ligeramente defectuoso para que los alumnos puedan hacer prácticas lo más parecidas posible al trabajo real.
  • Crear un sistema de colaboración y favores mutuos entre cada centro de formación profesional y las empresas cercanas. Por ejemplo, cenas semestrales. Por ejemplo, grupos en Facebook donde las empresas podrían escribir qué ofrecen, sus necesidades… y los centros leerlo.
Pedí el informe al Consejo de Cámaras y me mandaron un PDF: La Formación Profesional a examen. Sus recomendaciones, que suscribo salvo la última, son las siguientes:
1. Completar el Catálogo de Cualificaciones. Elaborar los Títulos y los Certificados
necesarios, adquiriendo públicamente el compromiso del cumplimiento de la programación y presentándola anualmente ante la opinión pública.
2. Elaborar los Títulos y los Certificados de manera que tengan coherencia interna, realizando un estudio riguroso, con relaciones con el sector productivo y que tenga efectos sobre los itinerarios formales de los trabajadores. Además deben actualizarse cuanto antes los Títulos con mayor riesgo de obsolescencia.
3. Desarrollar una campaña de alfabetización digital masiva de trabajadores y de pequeños y medianos empresarios.
4. Poner en marcha un sistema de evaluación de la calidad aplicando inicialmente metodologías ya conocidas, como EQFM o normas ISO, que permitan avanzar al sistema y que sean parte de un proceso experimental para desarrollar indicadores específicos, que puedan medir no sólo los  procesos sino también los resultados, entre ellos el impacto sobre la productividad y competitividad de las empresas.
5. Desarrollar todo un extenso sistema de orientación e información, con la mayor participación de actores que complementen y apoyen a los servicios públicos de empleo, como centros de FP, Cámaras de  comercio, Ayuntamientos u otras entidades de carácter público.
6. Configurar la plataforma a distancia para la Formación Profesional con cursos de carácter modular y de corta duración, de manera que se puedan acumular conocimientos, habilidades y destrezas que permitan reconocer Unidades de Competencia.
7. Dar importancia a la formación y las prácticas de profesores en empresas.
8. Llegar a un convenio entre el Ministerio de Educación y las Cámaras para un programa de largo alcance que garantice las empresas suficientes para que todos los alumnos realicen prácticas en empresas y la formación de los tutores de empresa, sobre todo en cuestiones pedagógicas.
9. Revisar a fondo los métodos y estructuras del Instituto Nacional de Cualificaciones. El Consejo de la Formación Profesional tiene que adquirir valor y debería responder a las exigencias tanto del ámbito  productivo como de la sociedad en general.
10. [no estoy de acuerdo]
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Educación para el empleo

En España se ha introducido recientemente la asignatura de Educación para la ciudadanía. En su momento fue muy cuestionada, pero no por su necesidad, que se aceptaba sin reservas, sino por el sesgo ideológico que podía introducir en el alumnado.

Yo no cuestiono su necesidad, pero no parece que en España seamos malos ciudadanos, o incívicos: hemos batido la marca mundial de trasplantes, hemos reducido los accidentes de tráfico a unas cifras de las que podemos estar orgullosos y si hay bastante desafección hacia los políticos, parece ser más bien motivada por la conducta de éstos en vez de por la falta de instrucción de los ciudadanos.

En cambio, tenemos un gravísimo problema de desempleo. Deberíamos investigar si se podría paliar con una asignatura de Educación para el empleo. Se impartiría al final de la Educación Secundaria Obligatoria y los contenidos podrían ser los siguientes:

  • Profesiones a las que actualmente se les ve más futuro.
  • Enseñanzas con más paro entre quienes las han cursado.
  • Aptitudes necesarias para cursar cada enseñanza.
  • Búsqueda de empleo en portales de Internet.
  • Cómo redactar un currículo.
  • Las entrevistas de trabajo.
  • Los tests previos a una posible contratación.
  • Creación de empresas: pasos necesarios y ayudas disponibles.
  • El espacio europeo de empleo. Cómo instalarse para trabajar en una ciudad diferente.
  • Previsiones de necesidad de las diferentes profesiones en distintos países de la UE.

Para comprobar si estos saberes ayudan a colocarse a los alumnos, se podría impartir la asignatura a un número reducido de ellos, unos centenares, de varias localidades, y tomar otros grupos de  las mismas poblaciones como grupos de control. Cinco años después se mediría el nivel de empleo, tanto de los que hubieran cursado la nueva asignatura como de los otros. Caso de que fuera significativamente mayor el de los primeros, habría que pensar en una implantación más amplia.

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Que las empresas configuren las carreras universitarias

El artículo de El País Salidas para los graduados (04/09/2011) nos indica una vía para aumentar el empleo:

En España hacen falta divulgadores científicos, una profesión para la que no hay formación específica, pero que el mercado laboral demanda. ¿Cómo se solventa? Según el rector de IE University, Juan Luis Martínez, incluyendo asignaturas de comunicación en el grado de Biología que permitan formar a un divulgador sin confeccionar una carrera propia para él. Así es como la Universidad trata de ajustar su oferta formativa a los requerimientos de las empresas para sus plantillas y cubrir la brecha que separa los estudios teóricos de la realidad laboral.

«Proponemos al mercado combinaciones de grados por si cambian las necesidades de profesionales. Nos enfocamos hacia la empleabilidad…»

¿Quién y por qué decide el contenido de las carreras universitarias y de las enseñanzas de formación profesional? Respuesta: el Ministerio de Educación, no en función de las necesidades de formación de los alumnos, sino en función del número de profesores de cada materia y de las instalaciones disponibles. Es decir, si por ejemplo el mercado necesita anualmenta 14.000 operarios de fabricación de piezas asistida por computador, pero sólo hay profesores para formar a 1.000, se formará a 1.000, y el resto de los alumnos que quisiera aprender una profesión que garantizaría su futuro, tendrán que elegir entre corte y confección, secretariado o cualquier otra materia, que en el pasado quizás fue necesaria, pero que ahora está absolutamente saturada.

Es, por tanto, completamente necesario, que los responsables de formación de cualquier empresa española de más de cien empleados dispongan de acceso con capacidad de sugerencia al sitio del Ministerio donde aparecen todas las enseñanzas universitarias y profesionales que se pueden cursar en España. Para que puedan sugerir nuevas titulaciones y sus contenidos, tomándolos de titulaciones ya existentes o añadiéndolos; para que puedan recomendar que a una titulación se le eliminen asignaturas, o se le añadan. Y para que esas sugerencias sean tenidas muy en cuenta por una sociedad cuya primera preocupación debería ser reducir su insoportable tasa de paro.

¿Que eso pone a la Universidad en manos de la empresa? ¿Que mercantiliza la enseñanza? ¿Que se pone como objetivo único el empleo y no la formación de la persona? Todo falso. El saber es inmenso, inconmensurable. Nadie puede monopolizarlo. Es como poner diques en medio del océano. A la persona hay que enseñarle a navegar en ese piélago para que adquiera los conocimientos que ella desee, pero es necesario que entre esos conocimientos figuren los que le permitan ganarse la vida y no hundirse en el desempleo, que es lo que verdaderamente destruye a la persona.

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Lo necesario en educación (2 de 3): contra el abandono

¿Por qué en España es tan alto el abandono escolar (porcentaje de jóvenes entre 18 y 24 años que deja de estudiar después de la educación obligatoria)? En 2006 fue del 29,1%, cuando en la UE15 era del 16,9. Es decir, en España es el doble que en los países de nuestro entorno. ¿Por qué? Una posible respuesta nos la da la diferencia por Comunidades Autónomas: en el País Vasco, donde se da la cifra más baja, el abandono fue de solamente el 12,5% en 2005. Y si miramos los porcentajes de repetidores, (curso 2005-2006), hallamos que allí son también los más bajos (28,9%), cuando la media en España fue del 42,3% (datos de Los repetidores se multiplican, artículo de El País del 2 de noviembre de 2007). Además, los varones repiten (48,5%), y por tanto abandonan, mucho más que las mujeres (35,9%). ¿Qué hay detrás de todo esto? No puede ser la dificultad específica de las asignaturas, la falta de inteligencia de los alumnos, el escaso presupuesto educativo o la baja capacidad del profesorado.

Yo solo puedo explicarlo por el fenómeno en el que me vi inmerso en mis años de estudiante y que explicaba por qué suspendían tantos de mis compañeros: simplemente porque no estudiaban. Y no digo «No estudiaban lo suficiente», no. Simplemente no estudiaban. Solo el día antes del examen se pegaban el atracón. La empanada mental resultante abocaba frecuentemente al suspenso. Para mí está claro: ¿quién no se sentiría tentado de abandonar una actividad aburrida, que no te da satisfacción, y además, para la que cada tres meses, tienes que pasarte noches en vela, y a pesar de ese esfuerzo, suspendes?

Lo que hay que hacer es exigir al alumno de la actual Educación Secundaria Obligatoria entre una y dos horas de estudio diario. El alumno, al comenzar el curso, debe firmar este compromiso. En cada clase debe preguntarse quién no estudió la lección de ayer. A los que digan que no la estudiaron, punto negativo para su evaluación continua. A algunos de los que no digan ni palabra, y por tanto afirmen implícitamente que la estudiaron, se les pregunta, y si no se la saben, diez puntos negativos (se trata de estimular la sinceridad). En este plan. Si alguien cree tener una solución mejor, que la proponga. Para eso está este blog.

Para la educación primaria también se debe exigir al alumno estudio diario, pero un tiempo inferior: entre media y una hora.

Abandono universitario

Una cuestión diferente es el abandono universitario: en 2006 más de 90.000 alumnos abandonaron la carrera universitaria en la que habían entrado. Las causas son múltiples: dificultad de las asignaturas, decepción, despertarse la ilusión por otras carreras… Estos abandonos costaron al Estado 1.200 millones de euros. Creo imprescindible para reducir estos abandonos que en la web del Ministerio de Educación haya información mucho más detallada sobre cada carreras: porcentaje de los que la terminan sobre los que la empiezan; plazo medio en que los titulados hallan empleo, y media del primer sueldo; lista completa de todas las asignaturas; ejemplo de una lección de cada asignatura, e incluso vídeos de algunos minutos de cada clase de cada asignatura. Si esta información no redujera significativamente el número de abandonos, habría que pensar en doblar las tasas de matriculación por cada nueva carrera que escogiera el alumno sin haber terminado la anterior. Seguramente así se lo pensaría mejor.

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Mete "Lo que hay que hacer" en Google y mira qué te sale: enlaces a un libro "Lo que hay que hacer con urgencia" del que las primeras páginas no están disponibles para descargar. Y mientras, tu ciudad, tu país, tu planeta bullen de problemas a los que no se pone remedio adecuado, cuando existen soluciones para todos. Escribo este blog desde Madrid, España, la Tierra, para unir mi voz a los que proponen estas soluciones y presionan para que se apliquen.
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