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Posted by on Abr 15, 2015 in Destacados, Punto de encuentro | 0 comments

La química del amor

La química del amor

La atracción, el enamoramiento, la infidelidad o los celos son procesos químicos que afectan a doce zonas del cerebro y al sistema endocrino, que libera un cóctel de hormonas capaces de producir una serie de respuestas fisiológicas estudiadas. Explicamos las fases del amor.

La atracción, el enamoramiento, el dolor asociado a una ruptura amorosa, la infidelidad o los celos son cuestión de química (o de magia para los más románticos). Empezando por el principio, tanto el  enamoramiento como el resto de las fases del proceso afectan a doce zonas del cerebro, de allí pasan a las neuronas y de estas al sistema endocrino, que libera un cóctel de hormonas capaz de producir una serie de respuestas fisiológicas comunes a todas las personas, sin excepción. Todos sabemos que la primavera, la sangre altera, así es que en la estación del año más  propensa para el amor, explicamos sus fases.

La atracción

Aunque los más escépticos lo pongan en duda,  los flechazos existen y son reacciones químicas estudiadas y, paradójicamente, los chicos son mucho más propensos a experimentarlos que las chicas.

Los expertos aseguran que el 25 % de los hombres se enamora antes de la cuarta cita, mientras que el 50% de las mujeres necesita al menos veinte. Esto sucede porque ellos son mucho menos selectivos y se enamoran a través del sentido de la vista, mientras que ellas son más racionales y se enamoran con el oído. Ambos, además, se guían por el sentido del olfato, gracias a las feromonas o sustancias químicas cuyo olor se percibe de forma subconsciente.

Las respuestas fisiológicas de la atracción pueden resumirse en: pulso acelerado, mejillas ruborizadas, sudoración en manos, risa floja, ansiedad (mariposas) en el estómago y tartamudeo.

El enamoramiento

En esta fase, el cerebro libera feniletilamina (más conocida como FEA o molécula del amor), una sustancia con propiedades estimulantes similares a las de las anfetaminas. Una sobredosis de FEA puede explicar una transpiración excesiva o un aumento considerable del ritmo cardiaco.  Además, la secreción de FEA estimula la de dopamina, asociada con el placer, que posibilita la transformación de la atracción física en enamoramiento; la de oxitocina, conocida como la sustancia química del abrazo, porque se libera cuando hay contacto físico entre dos personas que se atraen; y la de norepinefrina, que induce euforia en el cerebro haciendo que el corazón lata más fuerte y la presión sanguínea aumente.

En esta fase se idealiza a la pareja, aumenta la necesidad de estar con ella y de realizar planes juntos y hay obsesión por agradar al otro.

El apego

Tras un año de relación, el organismo se acostumbra a los efectos de estas sustancias y la pasión disminuye. La pareja experimenta seguridad y comodidad vinculadas con otras dos sustancias: las endorfinas, compuestos químicos opiáceos que potencian el sistema inmunitario y tienen propiedades anti-estrés; y la vasopresina o sustancia química de la monogamia, cuya ausencia es la (principal) culpable de la infidelidad.

El desenamoramiento y el despecho

La ruptura o el desenamoramiento hacen que el nivel de FEA disminuya y aparezca una especie de síndrome de abstinencia. Si la separación es dolorosa o traumática, es probable que el amor se transforme en odio, porque químicamente son procesos similares. Lo contrario, es la indiferencia.

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