Recuerdos a la sombra de un baobab
Pasear. Pasear sin prisa y sin obligaciones, sentir la arena de la playa bajo tus pies y el peso de la gravedad encima de ti. Dejarte llevar por el sonido del oleaje. Interiorizar que estás en África y que sus colores están empezando a entrar en tu corazón, para no abandonarlo jamás.
Miradas. Enormes y preciosos ojos que resaltan en sus rostros negros. Miradas impasibles, tranquilas que con curiosidad se preguntan qué hay detrás de este grupo de toubabs, detrás de sus cámaras de fotos, sus gruesos zapatos, relojes, pendientes y ornamentos varios.
Relojes. Aparato electrónico o digital creado por alguna mente brillante occidental para imponernos control, rigor y obligaciones inútiles.
Dejarte llevar por el continente donde el tiempo desaparece y las distancias se dilatan, donde no existen los horarios ni los kilómetros… olvidar la sociedad consumista que te obliga a vivir deprisa. Darte cuenta y aceptar que las preguntas ¿Cuándo llegaremos? o ¿Cuánto falta? pierden todo significado, y que lo único que indica que un día termina es el sol que se esconde temeroso detrás de las ramas de los imponentes baobabs.
Porque en Occidente poseemos lo relojes, pero en África poseen el tiempo.
Alegría. Alegría natural africana, bálsamo tranquilizante para nuestros enfermos corazones y mentes occidentales; que nos cura momentáneamente de la prisa, de nuestra hambre de poseer y de dominar. Para los africanos, esta alegría innata es la forma de encarar un día a día incierto, mucho más pobre, duro y difícil que el nuestro, pero sin duda más rico en solidaridad, fraternidad, amor y respeto para y con el prójimo.
Correr. Cruzar a toda prisa la plaza principal del pueblo donde descansa impasible el gran árbol legendario, testimonio de todos los grandes acontecimientos del poblado: bodas, muertes, juicios, juegos de niños, conversaciones a media voz…. Correr en busca de la puesta de sol perfecta bajo la selva africana, más concretamente, en busca de la preciosa puesta de sol que se puede observar desde lo alto de la colina de Djembering un pequeño pueblo de Cassamance (al sur de Senegal).
Futuro. Porque a nosotros la vida nos pasa por delante de las narices mientras estamos planeando nuestro futuro perfecto (y en muchos casos queriendo olvidar un pasado imperfecto), y porque ellos viven disfrutando del pasado y del día a día, sin saber, preocuparse ni preguntarse qué pasará mañana, pero disfrutando de los pequeños detalles, de los amigos, de la familia, de la naturaleza y de todo lo que les rodea,… En definitiva, disfrutando de la VIDA.





























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