Un año después: Carta a mis familias FILIPINAS
Apreciadas Nanays,
Parece que fue ayer que el grupo de SETEM aterrizamos en el aeropouerto de Cebú nerviosos, ilusionados y expectantes ante la idea de compartir casi un mes de nuestra vida con vosotros.
Aunque parezca mentira, ya ha pasado un año! Me pregunto como estaréis vosotras, vuestras familias y las comunidades. Me pregunto, si este año os ha pasado a vosotras tan rápido como a mí, ya que tristemente nuestras vidas no son nada comparables.
En mi caso, los días van sucediéndose uno detrás del otro, de forma más o menos apacible y tranquila, sin más dificultad que la de decidir que pantalones me pongo cada mañana. Me pregunto, si a vosotras, que tenéis una vida bastante más complicada, este año os ha pasado igual de rápido, si seguís estando bien, con la misma energía, bondad y tenacidad de siempre. Espero que sí.
No sé si será por el hecho de que se aproxima la fecha del 1r aniversario de mi viaje a Filipinas, pero las últimas semanas he estado pensando mucho en vosotras y en el tiempo que compartimos, y solo se me ocurre daros las GRACIAS.
Gracias por acojerme como si fuera vuestra hija en vuestras casas, por cuidarme lo mejor que pudisteis dándome TODO y más de lo que os era permitido. Pero gracias sobretodo por lo que me enseñasteis, por todos los valores que se reflejan en cada uno de vuestros actos, os caracterizan y que os hacen ser maravillosas: bondad, fuerza, amor, supervivencia, trabajo, persistencia y tenacidad, resignación (también), alegría de vivir, lucha, sencillez, solidaridad,…
Valores mucho más importantes y ricos que por desgracia los valores MATERIALES que gobiernan mi sociedad occidental desarrollada. En este sentido no os imagináis como os envidio, como envidio vuestra forma de vivir más HUMANA.
A mi Nanay Andrea de Aloguinsan quiero agradecerle el esfuerzo de acogerme en su casa a pesar de la imposibilidad de hablar una palabra en inglés y de no tener nadie que nos ayudase a entendernos. Siempre se preocupó de darme lo mejor para que yo estuviese bien y aunque en su momento no lo entendí, aprecio y entiendo su sentimiento de proteccionismo hacia mi. Espero que siga con la misma fuerza e ilusionándose con las pequeñas cosas de la vida, igual que cuando yo la conocí.
Recordar a mi Nanay de Mactan se me hace más duro por la crudeza de la situación en esa comunidad. Lo que le quiero decir a Nanay, es que no debe avergonzarse de la sencillez y pobreza su casa, le agradezco que la abriera para nosotras y que nos trajera electricidad especialmente para que pudiésemos tener un ventilador por las noches o encender la luz (aún sabiendo que no podía pagarlo). “Nosotros” tenemos cosas mucho más importantes por las que se nos tendría que caer la cara de vergüenza, pero somos tan egoístas y nos creemos tan importantes que no vemos más allá de nuestras narices. Aunque parezca que a Nanay le hablo solo de temas materiales, el trasfondo del mensaje es lo que importa. La penuria material de Mactan me sobrecogió, pero también me sobrecogió la actitud de mi familia, la eterna sonrisa de mi Nanay, que de bien seguro nunca olvidaré.
Así podría seguir escribiendo páginas y páginas sobre mi estancia en Filipinas, mis aprendizajes, los cambios personales que esta experiencia forjó en mi gracias a vosotras… pero ahora solo quiero terminar esta carta diciéndoos que un año después vuestro recuerdo sigue vívido en mí y que siempre vais a tener un espacio especial dentro de mi vida y de mi corazón.


Últimos comentarios