Gregorio Morán

De hermanos y primos y demás parentela

Llevo tiempo sin escribir en esta trinchera; el motivo es sencillo: soy lector, prefiero leer que escribir. Aún así, sigo con la tripa suelta y más en estos días que anduve alimentándome con documentos de ese periodo que llaman la transición y que para mí fue de transacción. Para entender la lógica por la que se rige este periodo hay que tener muy desarrollado el octavo sentido de la subnormalidad que diría Vázquez Montalbán.

Discípulo de Montalbán es Gregorio Morán, ácido y valiente, en su biografía sobre Adolfo Suárez desvela una serie de claves que nos ponen la medida de golfería de nuestros administradores . Aquí va una perla. Se trata de la carta que Juan Carlos, rey de España por la gracia de Dios, escribe a su primo -al que llama hermano- el Sha de Persia. Se trata de un documento que fue desclasificado cuando el Sha tuvo que salir del país. Dice así:

Mi querido hermano:
Para empezar quisiera decirte cuán inmensamente agradecido estoy porque hayas enviado a tu sobrino, el Príncipe Shahram, a verme, facilitándome así una respuesta rápida a mi petición en un momento difícil para mi país.

Me gustaría a continuación informarte de la situación política en España y del desarrollo de la campaña de los partidos políticos, antes, durante y después de las elecciones (parlamentarias)

Así plantea el monarca el asunto, luego viene el nudo donde, con la prosa oficial que caracteriza este tipo de cartas, hace balance histórico de la época de Franco para finalizar con el desenlace:

Por eso me tomo la libertad, con todos mis respetos, de someter a tu generosa consideración la posibilidad de conceder 10.000.000 (diez millones) de dólares como tu contribución personal al fortalecimiento de la monarquía española.

Qué poca vergüenza. Con ese dinero se podrían haber arreglado las hambres de los españoles, de los persas y de los andorranos pero, claro, no interesa. Esas cosas ocurrían en el periodo ese del que hoy se habla tanto. Mientras la peña se pegaba madrugones para ir al currelo, los bien comidos se dedicaban a lo único que saben hacer, transacciones en nombre del pueblo y la democracia. Periodo oscuro el de la Transición donde se torturaba en las comisarías y los maderos iban a pachas con los delincuentes. La llegada de un farsante al poder como Felipe dio rienda suelta al estado policial con sus torturas y desaparecidos, abriendo heridas en el mapa de nuestro país y generando odios que aún perduran; capítulos que manchan de mierda la palabra democracia convirtiéndola en lo que se vendría a llamar letrinocracia.

Mientras tanto, los rabanitos, así los define bien Gregorio Morán por ser rojos por fuera, blancos por dentro y estar siempre cerca de la mantequilla, los rabanitos, digo, se dedicaban a especular con los dineros públicos. Boyer, Rubio y De la Concha montaron un bingo con las bolas marcadas. Ahora, gracias a Internet, se pueden visitar las noticias de la época. Yo me entretengo, haciendo revisión de nombres y apellidos, algunos cercanos al mundo literario que, créanme, hay veces que siento vergüenza de pertenecer al citado. Sin embargo, mirándolo bien, la gentuza de marras poco o nada tiene que ver con la literatura, siendo ellos -y ellas- los verdaderos intrusos. Farsantes.

Con todo, generalizar siempre me pareció injusto. En las entradas anteriores escribí sobre nuevas editoriales, savia nueva. Blackie Books es un ejemplo a seguir, un chaval valiente que se pone a recuperar textos hasta ahora desconocidos para el gran público. Pero también hay editores que trabajan desde el vientre de la bestia, tal es el caso de Daniel Cladera, editor joven y entusiasta de la buena literatura que desde su posición planetaria está recuperando el catálogo del Ruedo Ibérico para Backlist, sin duda alguna la mejor editorial que tiene el grupo; o ese otro editor, que trabaja textos de combate -entre ellos los de Irene Lozano- y al que se debe la edición del libro que arranca esta pieza, la biografía de Suárez. Se llama Miguel Aguilar y tiene la dificultad de ser zurdo en un negocio de derechas.

En fin, Blackie Books, Daniel Cladera, Miguel Aguilar, desde esta Trinchera Cósmica, bendigo vuestro trabajo.

Para la próxima, escribiré sobre «Pistola y cuchillo»; lo prometo y también daré fechas para arrancar un concurso de micro relatos para El Cultural de El Mundo por facebook y donde os espero. Afilen el bolígrafo o lo que tengan más a mano pues la temporada viene sangrienta.

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