Entrevistas

«En esta vida nada vale la pena. En todo caso vale la alegría de ser reconocido de una puta vez, qué coño. A la pena ya nos tienen acostumbrados»

MIGUEL BAQUERO · Literaturas, julio de 2008

Montero Glez. es, posiblemente, el escritor más original de cuantos en la actualidad pululan por esos sufridos campos, barbechos y barranqueras de la Literatura española. Desde su primera novela, Al sur de tu cintura, publicada hace ya una década, Montero ha ido levantando un universo característico y forjándose un estilo genuino, bien lejos de la inercia y la comodidad en la que han encallado tantos otros. Sin hacer más concesiones que las inevitables, y éstas a regañadientes, y sin más atajo que su propio talento, Montero acaba de ganar el premio Azorín con una novela sobre Mateo Morral, aquel anarquista que a principios del siglo pasado arrojó una bomba al paso de la carroza nupcial de Alfonso XIII y a punto estuvo de cambiar el triste curso de nuestra historia. Escrita, como es norma en él y como se dice de los boxeadores valientes, con los puños prietos y sangre en el ojo, Pólvora negra, como se llama la nueva novela de Montero Glez., es mucho más que una novela histórica al uso; es también, o sobre todo, el reflejo de un tiempo y de un país.

Miguel Baquero
En primer lugar, nobleza obliga, muchas felicidades por el premio. ¿Es el primero al que te presentas?

Montero Glez
Gracias, nobleza obliga a agradecer pues no es la primera vez que me presento a un premio. Te cuento. Con Sed de champán, al ser rechazada por Alfaguara, lo que hice fue presentarla al Nadal. Ese año ganó Martín Garzo. Luego me volví a presentar al Nadal con Cuando la noche obliga y ese año lo ganó Trapiello. Como soy obstinado, cual picapedrero, una vez terminada Manteca colorá, la presenté al Primavera de Novela y no sé quién gano en esa edición. En fin que felicidades a los premiados, de todo corazón.

Miguel Baquero
Los premios literarios, y en especial los españoles, que no son precisamente (hablo en general) un dechado de riesgo y afán de innovación, suponen en muchas ocasiones la puerta de entrada al establishment literario. Supongo que es un trance inevitable y que, en todo caso, vale la pena por cuanto a partir de ahora ganará la difusión de tu obra.

Montero Glez
En esta vida nada vale la pena. En todo caso vale la alegría de ser reconocido de una puta vez, qué coño. A la pena ya nos tienen acostumbrados.

Miguel Baquero
Vamos con tu novela. Mateo Morral. ¿Qué tiene de interesante este personaje histórico?

Montero Glez
Era un flaco que, con premeditación, alevosía, y unos gramos de dinamita, quiso cambiar la Historia de España. ¿Te parece poco?

Miguel Baquero
No te has ceñido mucho, sin embargo, a los hechos, y tampoco pretendes hacer un relato fiel de lo sucedido. Muchas circunstancias están deformadas, llevadas hacia lo grotesco y son evidentes las exageraciones…

Montero Glez
Me he ceñido a los hechos, lo que pasa es que he invertido los términos. Según la versión oficial, Mateo Morral es un loco enamorado. Se le aplica la teoría lombrosiana de que el ridículo mata. Y, por eso, se le deja en ridículo ante la Historia. Yo he presentado al Mateo como lo que era, un fulano de calibre. Y el ridículo se lo ha llevado la parte monárquica. Un ridículo muy literario, vaya, pues he aplicado la técnica goyesca del esperpento. El esperpento lo inventó Goya y lo bautizó Valle Inclán.

Miguel Baquero
¿Podría decirse que las vicisitudes de Morral durante la preparación del atentado y su posterior huida son la excusa para tratar, con mayor profundidad, aquellos tumultuosos primeros años del siglo XX?

Montero Glez
Podría decirse. Pero, ya que estamos diciendo, vamos a seguir con Valle Inclán.

Miguel Baquero
Estamos en los años justamente posteriores a 1898. Era una de aquellas épocas en que borboteaba con mayor fuerza lo mejor y lo peor del carácter español. Destacaría la aparición, no en balde, en la novela de Vallé Inclán, uno de los escritores, con sus esperpentos, más profunda y poderosamente hispánicos.

Montero Glez
A la entrada de mi casa, en lo que llaman recibidor y que es donde hay puesto un armario lleno de zapatos, en la misma pared, también tengo un retrato de Valle Inclán todo él barbudo y desmangado, A las visitas les digo que es mi abuelo. Y se lo creen. Algunos me sacan parecido en las mejillas. Otros en la nariz. Y los más atrevidos me dicen que como siga haciéndome pajas con la mano zurda, el brazo se me va a quedar igualito.

Miguel Baquero
¿Hay también en la novela un intento de acercamiento al movimiento anarquista, en auge en aquella época?

Montero Glez
Quería hablarte de pajas pero, en fin, sigamos con el Mateo y su periplo por nuestro solar manchego. En Madrid apenas había grupos de inspiración anarquista. En Madrid los que se llevaban el gato al agua eran los socialeros. Los focos anarquistas más importantes de la época eran Barcelona y Andalucía. Barcelona por ser ciudad industrial y Andalucía por ser tierra campesina. La conciencia de clase en los Madriles se daba entre artesanos. Y su tendencia era socialera. Construir justicia social a partir del Estado. Esa era la diferencia de los madrileños de ideas avanzadas, frente a los libertarios catalanes y andaluces que negaban el principio de toda autoridad. Es una época apasionante donde muchos aprendieron a caminar persiguiendo la utopía.

Miguel Baquero
Mateo Morral, quien se supone es el protagonista, y todos los demás personajes, quedan en cualquier caso eclipsados por la figura del teniente Beltrán, el encargado de sofocar y represaliar a todos aquellos elementos subversivos.

Montero Glez
El protagonista es el Mateo que en el arranque de la novela es ya cadáver; un cadáver que las autoridades exponen en la Cripta del Buen Suceso  para que los testigos le reconozcan. El teniente Beltrán es el encargado de coger a una camarera de la horchatería donde paraba el Mateo y conducirla hasta el cadáver. Tanto el teniente Beltrán como la Chelo, así se llama la camarera, tanto el uno como la otra son personajes secundarios. Lo que pasa es que están más redondeados que el Mateo, al que dejé como personaje plano aunque con una vida interior que le asoma por los ojos. Pero, coños, no te voy a desvelar aquí la carpintería.

Miguel Baquero
Lo que más me ha llamado la atención del teniente Beltrán, antes que sus métodos digamos poco pulcros, es su profundidad psicológica. Beltrán respira rencor en cada una de sus acciones; rencor contra sus superiores, contra el sistema que le ha arrinconado a un puesto secundario, y también contra los anarquistas, porque sabe que estos le superan en el plano moral. Es un tipo rodeado por su mediocridad y que sólo sabe salir de ella utilizando la violencia.

Montero Glez
Tú has entendido bien esto. Mira, esta novela es un homenaje al movimiento libertario donde se apunta que la violencia no nos hace más fuertes pero sí más mediocres.

Miguel Baquero
¿Seguirás cultivando la novela histórica “a tu modo”? En la historia reciente, lejana e incluso prehistórica de nuestro país hay material sobrado para una novela de Montero Glez.

Montero Glez
Acabo de salir de una buena vomitada. Ahora lo que necesito es un caldito casero que me arregle el cuerpo y que me ponga a punto para el próximo asalto del que no voy a adelantar nada. Me gusta intrigar y será una sorpresa.

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«Date cuenta que los que escribimos es que no servimos para otra puta cosa»

GABRIEL RUIZ-ORTEGA · Literaturas.com, febrero de 2007

Roberto Montero González, o mejor conocido en el mundo navajero de la literatura como Montero Glez, hoy en día está catalogado como uno de los mejores escritores españoles, y su novela, Sed de Champán, ya es considerada un clásico contemporáneo. Su segunda novela,Cuando la noche obliga, ha recibido la fidelidad de los buenos lectores y la crítica ha caído rendida a sus pies. A fines de 2005 entregó su tercera novela, Manteca colorá, la que cimentó su condición de narrador corrosivamente bueno. Montero Glez apareció por primera vez para el público latinoamericano en el segundo número de la revista peruana Pelícano. Quiero aprovechar para agradecer especialmente a la directora de la revista, Ana María Falconí, la difusión de esta entrevista.

Lo que se dijo de él

«Monterito, lo mejor de tu novela es el estilo», Fernando Sánchez Dragó, Negro sobre Blanco, TVE

«Ojalá yo con mis cifras de venta fuera capaz de escribir imágenes que he leído en este libro», Arturo Pérez-Reverte sobre Sed de Champán

«Le envidio la prosa a ese hijo de puta. Lo juro», Arturo Pérez-Reverte sobre Montero Glez.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Al parecer, hoy en día, la meca literaria ya no es París, sino Madrid o Barcelona, por hablar de los referentes a los que aspiran a llegar la gran mayoría de narradores latinoamericanos, sumado al hecho que los escritores españoles, al menos, los mejor marketeados, viven en ese par de ciudades. Tú vives o vivías en Tarifa, prácticamente, lejos de todo, ¿por qué tan alejado del centro editorial español?, ¿qué es lo que te atrae, o te atrajo, de Tarifa?

Montero Glez.- Vivo distanciado, pues la distancia es más literaria que la cercanía. La distancia te da margen de movimiento. Nací en Madrid y allí viví y escribí hasta los 32 años. De aquí a poco cumplo 40. Hago recuento y llevo 8 años de distancia, en contacto con la naturaleza. Hasta ayer mismito anduve por Tarifa, Cádiz. Ahora vivo en la isla de Fuerteventura, en un pueblo marinero de pocos habitantes. En Tarifa estaba en contacto con el viento, el agua y la tierra. Me cansé de poner el fuego, por lo mismo me vine hasta aquí, que es tierra volcánica.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Tu amigo, Arturo Pérez-Reverte, ha declarado en muchas ocasiones que él desde siempre quiso ser escritor ya que creció en un ambiente atiborrado de libros. Montero, ¿cómo llegaste a la Literatura y en qué momento de tu vida decidiste ser escritor?

Montero Glez.- Vengo de una familia de clase trabajadora, donde el ocio apenas existe. Aprendí a leer en los tebeos que me compraba mi padre a la salida del Racimo de Oro, un bar que ya no existe y que quedaba en el barrio de Cuatro Caminos. Allí íbamos los viernes, cuando mi padre salía de currelar. Cenábamos bocadillos de calamares y a la salida siempre me compraba tebeos que vendían en una manta, en el suelo, en mitad de la calle. Yo era el niño más feliz del mundo. Por aquél entonces no sabía a qué carajo me iba a dedicar. Sólo contaba los días que me quedaban para llegar al viernes y comer bocadillos de calamares y salir del Racimo de Oro y encontrar el puesto de los tebeos. Lo de escribir me vino más tarde cuando me di cuenta que era un puto inútil y que no valía para nada. Date cuenta que los que escribimos es que no servimos para otra puta cosa.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Una gran mayoría de narradores españoles ha dejado sentir su pesar en sus novelas usando como tópico los años del franquismo, como si lucharan por mantener el recuerdo de lo que significaron esos años para la cultura española, pero a las nuevas generaciones, que no vivieron  esos años, como que el tema parece interesarles muy poco. Sin embargo, lo acaecido el 11 de marzo de 2004 es la vuelta a la realidad de quienes creían que el terrorismo se daba de forma esporádica ya que no se esperaba tamaño atentado. ¿Consideras que España es otra después de aquella fatídica fecha?, ¿crees que hayan escritores que intenten paliar este pesar usando este tópico como un crisol para pergeñar sus ficciones, como lo hicieron los narradores que vivieron el franquismo?

Montero Glez.- Lo ocurrido el 11 de marzo del 2004 es un crimen contra la clase trabajadora. Lo mismo que lo ocurrido el pasado julio en Londres. El objetivo es crear el pánico en la población. Los verdaderos culpables de este delito son los políticos, pues son los verdaderos beneficiados. Ellos no montan en los trenes de la muerte y además les viene de puta madre que exista el terrorismo, la población acojonada y ellos justificando el sueldo. Ese es mi parecer, el de los demás escritores lo desconozco. Quise hacer un volumen de cuentos con algunos escritores de Madrid para sacar dinero para solucionar problemas prácticos para la gente afectada. Choqué primero con la burocracia editorial, luego con algún que otro autorcillo. Qué quieres que te diga, pandilla de mariconazos.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Cuéntame cómo es que tu deliciosa novela, Sed de Champán, llegó a ser publicada.

Montero Glez.- Tardaría mucho, pero así, a la rápida, fue gracias a Pérez-Reverte que se hizo una foto con un editorcillo de la burguesía catalana. Y mientras Arturo se hacía la foto, yo me colé. Luego se dieron cuenta y me echaron, pero mi amigo Mario Muchnik me dio el empujoncito y volvió a colarme.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Cuando recorro las páginas de Sed… puedo notar una marcada influencia estilística de un narrador extraordinario como Louis Ferdinand Celine, fusionado con los padres de las irreverencias, al menos para la onda narrativa que marcó la hora en latinoamericana en la década del 90 en el siglo pasado, como lo son Henry Miller y Charles Bukowski. Y por la temática de tu novela, se puede percibir, subrepticiamente, la influencia delHard-Boiled, o Dashiel Hammett, para ser más exacto, ¿cuánto han influenciado estos narradores en ti?

Montero Glez.- El que menos me ha influenciado de todos los que has citado es Bukowsky. Pero servidor es lector de todos ellos sin distinciones ni prejuicios. Celine me parece que no ha sido superado. Y si lo ha sido no ha sido en Norteamérica ni en Europa, qué va. Ha sido en Latinoamérica. El mago: un colombiano rompeculos que vive en México. Uno de los maricones más grandes de la literatura contemporánea. Fernando Vallejo. El otro es Pedro Lemebel, chileno. Lo que no voy a negar es el sedimento policíaco que llevo dentro, los hard-boiled, autores como W. R. Burnett, J. Thompson, Horace McCoy, fueron los que vinieron después de los tebeos. Y con Miller, Henry Miller, tuve mis primeras poluciones nocturnas.

Gabriel Ruiz-Ortega.- La oralidad que empleas en Sed… dista mucho del habla popular española que conocemos, no sé si para bien o para mal, por medio de las películas españolas que llegan a estos lares, léase Pedro Almodóvar, Julio Medem, Alejandro Amenábar, etc… Sin embargo, el lenguaje por el que se sostienen tus personajes pertenece a aquellos que no tienen voz, a los relegados, a la clase social que España no quiere proyectar al mundo, que encuentran a través de la violencia, al igual que las películas de San Peckinpah, un camino que lleve a la reflexión a los lectores. ¿En qué tradición literaria descansa este estilo?

Montero Glez.- Folclore cósmico, llamo al estilo que he conquistado. Pluraliza lo singular, pero no es otra cosa que el hablar de la calle, de los barrios. Es el hablar poco académico, es la tradición que arranca más atrás de Quevedo y que don Francisco dignifica y lanza al futuro. Y allí la recoge Valle Inclán, luego Cela y Umbral. Y cuando cruza el charco la conquista Cabrera Infante. Amenábar y Medem son demasiado académicos, les falta gracia. Almodóvar fue un fulano de la calle, ahora se ha reformado. Pero el Pedro de antes tenía su puntazo.

Gabriel Ruiz-Ortega.- ¿Consideras saludable los parricidios literarios?, ¿cuáles son los escritores de la historia de la narrativa española a quienes siempre vuelves?

Montero Glez.- Me gusta un relato de Ambroise Bierce, otro maricón, que se titula el Club de los parricidas. Yo recordaría este libro a cualquier maniático. Y al igual que a Stevenson recurro a Baroja. Ese sí que era buen novelista.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Antonio Muñoz Molina sostiene que los escritores del Boomlatinoamericano, Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y Cortázar fueron quienes le insuflaron de frescura a la narrativa española en la década del 70 del siglo pasado, y como bien sabes, este cuarteto bebió a más no poder de la narrativa norteamericana, siendo William Faulkner, el responsable estilístico y temático de novelas como La Casa Verde o Cien años de soledad, por citar un par de ejemplos. Montero, ¿qué opinión tienes de la literatura latinoamericana?

Montero Glez.- Estoy de acuerdo con Muñoz Molina. Incluso te diría que después de la llamada Edad de Plata, época comprendida desde principios de siglo pasado hasta la Guerra Civil Española, después de Valle, Baroja, Galdós y posteriores como Lorca o Bergamín, después nada. Y así hasta nuestros días. Si no es por latinoamérica vaya puta mierda. Me interesa más Onetti o García Márquez que Faulkner. Vargas Llosa me parece el mejor contador de historias que tiene la lengua castellana. Releo Conversación en la CatedralLa ciudad y los perros y las gozo como la primera vez. Todos ellos, incluyendo a Muñoz Molina, son discípulos aventajados de Faulkner.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Volviendo a Sed…, no puedo dejar de expresarte mi impresión de que cuando uno lee esta novela siente que es parte de un montaje cinematográfico ya que las acciones vuelan a un ritmo videoclipero entre párrafo y párrafo. ¿Cuánto ha influido el cine en tu obra?

Montero Glez.- No creo que tenga que ver. O por lo menos yo no la pensé para la gran pantalla. A la hora de contar una historia prefiero el soporte literario al soporte cinematográfico. La literatura entra directa al cerebro mientras que el cine pasa por el filtro de la retina.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Claro. Cualquier escritor mataría por gozar de las palabras que Arturo Pérez-Reverte tuvo contigo, y mediáticamente, gozas del apoyo de Fernando Sánchez Dragó. Sueles decir lo que piensas sin tapujos, ¿cómo se maneja el mundo editorial en España?

Montero Glez.- Editorcillos babosos que se inventan a escritorcillos más babosos aún que ellos y que tienen los originales que les mandan los buenos escritores en los pasillos de la editorial, como enfermos en los hospitales. Sánchez Dragó o Pérez-Reverte nada tienen que ver con esa puta mierda. Ellos son lectores de Montero Glez. Y Montero Glez siempre estará agradecido a sus lectores.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Tu irreverencia me lleva a pensar en el periodista norteamericano Hunter S. Thompson. ¿Cuál crees que ha sido el legado que nos dejó el Gonzo?

Montero Glez.- La primera persona del singular que pluraliza todo lo que vive. Y que lo vive al límite.

Gabriel Ruiz-Ortega.- La influencia de Borges se está dejando sentir con fuerza en los nuevos narradores latinoamericanos, como bien sabes, la figura del escritor, como tema literario, está ganando terreno en las opciones temáticas de muchos narradores, ¿Qué opinas de la obra de Roberto Bolaño y Rodrigo Fresán?

Montero Glez.- Mi opinión es de respeto ante Bolaño pues no se puede defender. Me gustaría que estuviese vivo para poder argumentar el por qué de que no me guste su literatura. A Rodrigo Fresán tan sólo lo he leído en prólogos. Es muy didáctico, pues lo de los prólogos es asunto delicado y hay que tener cierta muñeca para presentar una obra en poco espacio. Llevo retrasos de lecturas. Y tengo pendiente su novela en la que aparece el creador de Peter Pan.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Hace poco se celebró en Casa de las Américas un congreso que intentó reunir a los escritores peruanos más representativos de los últimos 25 años. Más allá de tu conocimiento de nuestro trípode literario: Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce, ¿hay algún narrador peruano que últimamente te haya llamado la atención?

Montero Glez.- Fernando Iwasaki, creo que es de por esas tierras. Y si no lo es da igual, pues para mí, como para el Che toda Latinoamérica es un solo país. Pero lo que te iba a decir, ahora mismito estoy leyendo la última novela de Iwasaki aparecida en España, no sé si allá está como última. Bueno, se titula Neguijón y aquí la venden como novela histórica. Pero es algo más, es la peripecia de un sacamuelas andaluz del Siglo de Oro. La recomiendo.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Sé que esta pregunta ya te la han hecho, pero, ¿te interesa pasar a la historia de la Literatura?

Montero Glez.- No. Si ponen mis obras obligatorias en los colegios juro levantarme de la tumba.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Si no fueras escritor, ¿qué estarías haciendo por la vida?

Montero Glez.- Escribir.

Gabriel Ruiz-Ortega.- Muy buena. Alguna sugerencia para quienes quieran lanzarse a escribir.

Montero Glez.- Que lean y que lo disfruten.

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