Alberto García-Alix

Con el pasado por delante

(Aparecido en revista Standdart nº3)

Camarón. Foto de García Alix en Venta de Vargas

Mucho antes de que existieran los relojes y las máquinas de fotos, vino Heráclito a contarnos el paso del tiempo. Lo hizo con palabras, sirviéndose de la imagen de un río. “Nadie se baña dos veces en el mismo rio pues nuevas aguas corren tras las aguas”, dejó dicho. Siglos después y de manera parecida, el fotógrafo Alberto García-Alix sigue contando el paso del tiempo. Lo hace con imágenes que igual saca de una cartuchera colgada de una pared como de un muñeco de futbolín cubierto de herrumbre o de una mano tatuada con la estrella de David y la luna mora. Metáforas con las que el fotógrafo logra detener el tiempo y la mirada.

Hay una nostalgia salvaje en cada una de sus fotos, ya sea en un par de zapatos gastados por el uso o en la carne en cautiverio de una mujer amarrada a una silla. Sus exposiciones son una sucesión de imágenes que nos llevan de viaje. Un paseo donde nos reciben rostros en blanco y negro, algunos ocultos tras una máscara mientras que otros esconden los ojos detrás de un chuchillo. Estímulos visuales que acarician lo más oscuro. Fotos que descubren el hechizo venéreo de una mujer que reta a la cámara, o esa otra donde aparece la misma mujer con el cuerpo forzado hasta conseguir una apariencia natural, sin límites. Al igual que un artista de la cuerda floja, Alberto García-Alix mantiene el equilibrio entre lo real y lo imaginario, entre lo bello y lo obsceno. Porque sin duda alguna es un contador de historias, un narrador puro que juega con el tiempo a la manera de Heráclito, como si tuviera todo el pasado por delante.

En los últimos años, su trabajo me ha acompañado. En especial las fotos que le hizo al Camarón, convirtiendo al de la Isla en lo que ya sería para siempre. Fotos donde quedaría reflejada la encarnadura del cantaor, gastada ya por el dolor y la risa. Retratos en blanco y negro que le tiró a José y donde el cantaor mira a cámara con hondura de mar bravo. Imágenes que han trascendido fronteras y que, vistas ahora, me arrastran hacia lo que Federico García Lorca denominó la terrible noria del tiempo. Se mire por donde se mire, lo que Alberto García-Alix viene a decirnos en cada una de sus fotografías es que, al final, el paso del tiempo es lo único que perdura.

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